Archive for the 'Reportajes' Category

06
Mar
16

Chema, el sanjuanero


Rodrigo ya no está tan solo. Las manos de San Miguel no sujetan solitarias la bandera de Aragón en la Liga Endesa. Un chico espigado ha venido a su rescate. José María González Calvo (Zaragoza, 1991) se consolida esta temporada en la ACB como jugador del Montakit Fuenlabrada. Su ficha señala su nacimiento maño. No tanto su trayectoria como canterano. Nadie puede recordarlo en una pista de formación de la capital aragonesa. “Pero me siento aragonés por mi familia y estoy orgulloso de serlo”, sentencia el aludido con rotundidad.

chema

Chema salió a los siete años de Zaragoza. Ahí se resuelve el dilema. Su padre, militar en la Academia General, fue trasladado y con él se movió toda la familia. “Luego estuvimos varios años en Jaca porque le mandaron al destacamento de Montaña y después nos marchamos a Madrid”, cuenta estirando tras su último entrenamiento en el Pabellón Fernando Martín. La salida del hogar no cortó sus raíces. Su madre es natural de Zaragoza y las visitas a los abuelos eran frecuentes. “Pasé gran parte de mis vacaciones con mis yayos. Los tres meses los pasaba con ellos y era muy feliz. Vivían en una casa en el Paseo María Agustín. Tengo mucho cariño a mi familia, a la ciudad y mi pasado”, dice desde sus 206 centímetros visiblemente emocionado.

El cariño colorea sus palabras cuando habla de sus orígenes. Muchos de ellos se humanizan en la figura de su grupo de colegas y los recuerdos de la infancia y la adolescencia, paseando en bici por las calles de San Juan de Mozarrifar, su pueblo. “Mi abuela tiene allí una casa en la que nos reuníamos todos. Está en la plaza de la Iglesia, cerquita por donde ponen las vaquillas”, apunta el ‘sanjuanero’ amante confeso del Pirineo oscense.

Asentado en Madrid, Chema destacó desde joven por un físico perfilado para la práctica del baloncesto. Alto y coordinado, como si fuera un guiño a su gen maño, comenzó a jugar en el céntrico colegio El Pilar. De allí pasó por la cantera del Real Canoe y luego se trasladó al San Agustín. Siendo ya junior, recibió una llamada que le hizo una ilusión tremenda. Era el verano del 2008, el verano de la Expo. “Me llamaron del CAI Zaragoza. Fui a hacer una prueba y tuve la opción de incorporarme con ellos. Estuve una semana entrenando. Recuerdo que las sesiones eran en la pista lateral del Príncipe Felipe. Incluso llegué a jugar un amistoso con la camiseta del CAI”, recuerda Chema. Sin embargo, las prioridades académicas mandaron e impidieron un regreso que no oculta le hubiera hecho más que ilusión. ”Lo meditamos en casa muchísimo, pero decidí que lo mejor para mis estudios era permanecer en Madrid”. dice este chico que no fue captado por el rádar del Real Madrid ni del Estudiantes.

Esta decisión le llevó hasta Fuenlabrada. Y fue una apuesta acertada. Su recorrido hasta el baloncesto profesional ha sido pausado y seguro. Creciendo escalón a escalón. Al cerrar su etapa formativa fue inscrito en los distintos equipos vinculados y avanzando de categoría. Desde el Getafe de EBA al Ávila de LEB Plata, alcanzando incluso un ascenso con un protagonismo destacado (9,3 puntos y 6,3 rebotes) bajo las órdenes de Armando Polo y debutando fugazmente en la Liga Endesa en 2014. Chus Mateo lo convocó para cubrir la baja temporal de Marcus Arnold y su relevo, Luis Casimiro, lo mantuvo en varias convocatorias. Debutó ante el Madrid y le hizo nueve puntos al Barça, en un partido que se recuerda por su enorme tapón a Joey Dorsey. El gorro del año.

Estos destellos confirmaron que la tercera categoría se le quedaba pequeña, y la entidad del Sur de Madrid lo mandó al Cocinas.com de Logroño para que madurase un año en la LEB Oro. Una lesión en el pie le privó de poder empezar a ritmo la campaña de su confirmación. Los malos momentos fueron superados y finalmente, de nuevo con tesón y trabajo con el que le describen sus técnicos, se hizo un hueco y terminó refrendando su potencial con 5,3 puntos y 4,6 rebotes de promedio.

Regreso a casa

Este verano volvía a hacer la pretemporada con el Fuenlabrada de la Liga Endesa. En cada entrenamiento se fue ganando la confianza del escrupuloso Zan Tabak. “Desde un primer momento Tabak decidió apostar por Chema y le concedió más minutos y un rol más predominante dentro de la plantilla”, indican desde el cuerpo técnico del Fuenla. Este respaldo provocó que su incursión en el campeonato fuera todo un fogonazo. Las dos primeras jornadas ante Manresa (16 de valoración) y en Málaga (14) desplegó con buenos números esta confianza como relevo al croata Josip Sobin y el serbio Oliver Stevic. Diez minutos por partido atestiguan que no está sólo para ser un cupo o el testimonial canterano y que su progresión sigue en ascenso, aunque sigue ganándose las broncas de su técnico. “Hay que reconocer que cometemos errores y que hay que mejorar. Negarlo sería engañarme.  Ese es el camino para seguir aprendiendo”, subraya el zaragozano.

La llegada de Jota Cuspinera, un formador por excelencia, confirmó que el aragonés había encontrado su lugar entre la élite. En este camino, Chema vivió un momento especial. Pudo por fín jugar en casa. La jornada 17 le llevó al Príncipe Felipe de Zaragoza. 6 puntos y 4 rebotes de Chema sumaron en el triunfo de un Fuenlabrada al que se le resistía el CAI desde hace varias temporadas. “Fue muy especial. En la grada estaba mi yaya, mis tíos y tantos amigos”, subraya el ‘sanjuanero’ del Fuenla. Y a eso añadan el pase logrado para jugar la Copa de A Coruña que celebró en familia.

chema

A la espera de las próximas simientes como Alvaro Sanz empiecen a germinar en la élite, Chema González toma el relevo de la prestigiosa cantera aragonesa. Quizá criada fuera del caparazón maño, pero en su interior late el orgullo de Aragón. No lo duden. Solo hay que mirarle a los ojos cuando habla de su tierra. O leer su perfil de twitter.

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03
Jun
15

Coopera o revienta


Las altas tasas y los problemas para homologar sus vetustos campos de arena llevaron en 1933 a varias agrupaciones de los barrios más populares de Barcelona a desligarse de las competiciones de la Federación Catalana de Baloncesto. A la llamada de un anuncio en prensa que publicó el BB Monserrat, equipo vinculado al Ateneo del barrio proletario del Hortafrancs,  acudieron varios clubs deportivos y excursionistas, entidades culturales y obreras que decidieron crear su propio campeonato: la Agrupació de Basket.ball de Catalunya que se desarrolló en el ambiente en ebullición política y social de la II República Española. El primer campeón fue el equipo de la Biblioteca Popular de Montgat. Sólo la explosión de la Guerra Civil truncó un proyecto que resistió a las trabas que mantuvo la Federación impidiendo a los clubs y jugadores ‘federados’ jugar en la ‘ABC’.

Nueve largas décadas más tarde, un grupo de jóvenes de los barrios madrileños de Hortaleza y Prosperidad se vieron sin saberlo en un dilema parecido al de sus ‘abuelos’ catalanes. Los elevadísimos precios que impone para jugar al baloncesto organizado el consistorio de Madrid chocaban con sus ganas de disfrutar de este deporte. Hartos de pagar cuotas severas o tener que dejarse sus ahorros en alquilar pabellones, decidieron tomar las canchas de la calle y poner en marcha una competición gratuita abierta a todos los que compartiesen ese sentimiento. Así nació en 2012 la Liga Cooperativa gratuita de Madrid en mitad de la crisis política y económica que vive la España de principio del Siglo XXI. “Redactamos un escrito que distribuimos por las canchas del barrio. La idea principal era hacer una liga con la gente que jugara en las distintas canchas del distrito. El básket como medio y como fin para conocernos entre todos/as”, comenta un portavoz de la Liga.

Este domingo en el ‘Campo de la Cebada’ se cierra la tercera temporada de una idea que ahora es un proyecto consolidado. Y no se puede utilizar otro adjetivo para una iniciativa que se ha ampliado al fútbol sala y a abierto un hueco para el tan necesitado baloncesto femenino, una Liga en la que se han jugado más de 300 partidos y en la que se han agrupado más de 40 equipos, cuando en su primera experiencia participaron ocho plantillas. La pequeña cobertura que reunió a una decena de amigos se ha extendido gracias a su éxito y al boca a boca por barrios de todo Madrid y es ahora un excelente ejemplo de que el deporte puede desarrollarse desde la autogestión y el sentido común. “Una frase que últimamente utilizamos es ‘coopera o revienta’. Siempre en algún momento puede haber miedo a que se nos vaya de las manos porque cada año estamos creciendo, pero un grupo donde desde el primer día vives el ambiente que hay, si tu dinámica no está ligada con nuestra filosofía… con el tiempo acabaras fuera de una forma natural”, explican desde la Liga.

Cooperativa

La ‘Cooperativa’ mantiene un espíritu diferente, libre y participativo. Los equipos pueden ser mixtos y no hay límite de edad o conocimiento del juego. Tanto es así que puedes encontrarte en un mismo equipo a exjugadores profesionales con otros que van sólo a probar. Incluso se ha desarrollado una ‘Escuela de paquets’ para enseñar a los menos expertos el arte de anotar canastas. “La liga es diversión, conocer gente, aprender y admirar a los equipos amigos, es un punto de encuentro de ocio y deporte. Es un espacio distinto, todos formamos una familia y hacemos las cosas cómo las decidimos entre todos”.

Así son los propios involucrados, en asamblea, los que deciden la organización de la Liga y grupos de trabajo se encargan de que la maquinaria se mantenga en funcionamiento en el duro día a día. Los equipos deciden cuándo y dónde disputan sus encuentros, respetando un calendario acordado y teniendo en cuenta los horarios laborales o académicos de sus jugadores y la cercanía de las canchas, habitualmente pistas callejeras. Las redes sociales son un aliado inestimable para la coordinación de todo el tinglado.

Quizá es en el contexto del arbitraje dónde se palpa el ambiente comunitario y abierto que pretenden sus impulsores. En la pista, las faltas las asumen los propios equipos y si hay un problema de criterio, se utiliza el diálogo como resolución. Aunque no pueden evitarse roces y malentendidos, las dinámicas son más que positivas y menos crispadas que en campeonatos reglados. La buena predisposición y el saber en qué tipo de Liga estás ayuda para eliminar excesos de competitividad maliciosa: “Existe un sentimiento de pertenencia a un colectivo muy grande, saber que formas parte de una Liga de Baloncesto única y pionera. Formar parte de esto es sinónimo de sentir orgullo porque tienes que aportar tu granito de arena tanto para el éxito como para el fracaso”. Este carácter ha ayudado a que se integren este curso colectivos que trabajan colectivos en riesgo de exclusión social o con discapacidad intelectual.

En el contexto politico-social actual que vive España podría incluirse el fenómeno de la Liga Cooperativa con otros procesos de autogestión popular, sin embargo, desde el marco organizativo de la misma se desvinculan de movimientos como el 15-M. “La única similitud que mantiene es que nace de la calle, de la ilusión de creer y demostrar que podemos construir sin la necesidad de depender de instituciones gubernamentales”, afirman desde el grupo de trabajo de comunicación.

La ‘Cooperativa’ no recibe ningún tipo de subvención y su financiación, al no tener que pagarse ninguna cuota para participar, nace de eventos especiales, torneos, ventas de productos o rifas que promueven los propios involucrados. “Aunque los eventos sirven sobre todo para conocernos entre todos”, afirman desde la Liga, que incluso ha mejorado las infraestructuras de las canchas públicas donde se juegan partidos, responsabilidad de mantenimiento que recae sobre el Ayuntamiento de Madrid, o lucha para que se amplíen los horarios de iluminación de las mismas. “Algún partido se ha terminado antes de tiempo porque nos hemos quedado sin luz”, recuerdan.

El modelo ha demostrado ser un éxito desde su raíz, tanto que ya se trabaja por desarrollar una división solo para equipos del Sur de Madrid o se escuchan que hay competiciones similares en Castilla La Mancha o en Gijón. “Nosotros estaríamos encantados de ayudar y aportar toda nuestra experiencia para extender este modelo y que llegara a ser una referencia del básket a nivel nacional”, aclaran. Un éxito que radica en utilizar el baloncesto como punto de encuentro, desnudándolo de los valores comerciales y crispados del mundo profesional y que se transmiten a otras competiciones ‘oficiales’. Haciendo del baloncesto lo que es: un juego para divertirse y conocer a gente.

16
Feb
15

Transformer Rabaseda


La Copa supone un buen momento para parar y analizar cómo va la temporada. En Estudiantes da la sensación de que la cosa no anda mal. O al menos no tan mal cómo pintaba el cuadro cuando se compró el lienzo. Los colegiales no estarán en Las Palmas, como sí estuvieron en Gasteiz hace dos temporadas en la presentación de Txus Vidorreta, pero miran más cerca a los puestos de ‘playoff’ que del descenso en el ecuador de la Liga. Y esto en los últimos años de intranquilidad ya es un logro por la falta de lujos de la calle Serrano.

Las dos victorias ante el Real Madrid y el Barcelona catapultaron a un ‘matagigantes’ que enhebra seis locas alegrías ante su Demencia y, antes de ceder en Fuenlabrada, escalaba posiciones con una racha de tres victorias sin fallo. Nada se percibe de las primeras pinceladas temblorosas, factura que pagó Nunnally con su marcha. El desembarco del bello Pietro Aradori y, más importante, de un patrocinador, Movistar, que paga las cuentas retrasadas y da solidez de futuro ha cambiado los colores de un cuadro ahora ganador. Estos factores han solidificado la idea de ‘grupo’ que propone Txus Vidorreta, con nueve jugadores capaces de asomarse a la pista sin complejos y con carácter ganador. La falta de un pívot físico o de un tirador puro ya no se ven como las lacras que ensombrecían en los primeros compases el tercer proyecto en Magariños del entrenador vasco.

Esta transformación es plural, pero se hace más explícita en un hombre: Xavi Rabaseda. El alero gerundense ha recuperado la sonrisa y su brillo de perla de la cantera del Barcelona. El ‘Ruso’ que llegó hace dos veranos con la idea de engrandecerse fuera del Palau, de ganarse un hueco en la selección, se está reencontrando y convirtiéndose en la pieza más regular del Estu. Recuperado el rol de titular, ya no es ese exterior tembloroso, ensombrecido y azuzado por la presión, sino que ha vuelto al recorrido ascendente de su carrera.

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La machada del derbi madrileño supuso un punto de inflexión para el Estudiantes, pero también para Xavi Rabaseda. Sus números se ha multiplicado desde esa décima jornada. El alero de Ripoll colaboró con 14 puntos y comenzó su particular ascensión. Todas sus estadísticas han crecido desde ese encuentro, pasando de un promedio de 7 de valoración hasta los doce en este tramo de renacimiento, cuota que le mantendría en el top20 de toda la Liga Endesa. En todo este periodo sólo se ha quedado sin dobles figuras en este apartado estadístico en dos partidos, rebajando mucho su media el -7 que sufrió en la hecatombe de todo el equipo en Vitoria (94-59).

El catalán está despedazándose de los clichés de exterior físico e irregular en el tiro que le arrinconaron en el banquillo del Palau. Rabaseda vuelve a anotar como lo hacía con las selecciones inferiores cada verano o en su año cedido en el Fuenlabrada (2010-11). La mutación es bestial. Esta campaña sólo en el Buesa Arena se ha quedado con un rosco en su ‘box score’, mientras que hace un año encadenó cuatro partidos sin ver aro.

Culpable se puede señalar al aumento de la confianza, que se nota en su selección de tiro y en la tranquilidad para anotar lanzamientos claros, donde el run run de la grada ya no acompañan a su ejecución. El 70% de tiro de dos puntos y el 39% en triples chocan con los demoledores 36% y 28% del anterior curso, en los que estuvo siete jornadas sin marcar por detrás del arco del 6.75. El cénit de efectividad llegó en el Fernando Martín, casa donde aún conserva su tope de 22 puntos en ACB: Rabaseda firmó este fin de semana una actuación de 3/3 en tiros de campo y 8/8 de tiros libres.

Más visible si cabe es el desnivel desde esa distancia de castigo. Rabaseda se ha ‘liberado’ de la condena de estos tiros sin oposición. Del mejorable 75% ha pasado a un 90% que le convierten en el octavo mejor de toda la ACB. Otro dato definitivo. En 21 partidos ya ha anotado más puntos que en los 34 duelos de su debut ante la Demencia.

Solo Luke Sikma roba más balones al rival que el propio Xabi Rabaseda (1,61). Su intensidad defensiva ha contagiado a sus compañeros. Pero su ascendencia sobre el grupo no es sólo desde un perfil de ‘especialista’, clavo al que se agarró durante el mal viaje. Es el cuarto máximo anotador del Movistar Estudiantes (175 puntos totales), el segundo valorado, el tercero que más juega (562 minutos) y también el segundo que más rebotes recupera de los tableros (69). Aquí también tiembla cualquier comparación. Siendo el segundo más utilizado en la temporada anterior, su rentabilidad dentro del vestuario era francamente mínima (séptimo en anotación y noveno en valoración).

Los fríos números no pueden reflejar el calentón real que lleva Rabaseda en el cuerpo. Su mirada azulona brilla como el escudo de su pecho y ya no vaga lánguida por los pasillos del Palacio. Rabaseda ya no teme al fallo ni a las críticas de promesa sin despegue. Afianzado en el equipo, motivado, es capaz de firmar mates sobre defensores hercúleos, acertar desde las esquinas y sentirse importante de nuevo. Transformado.

10
Dic
14

El único


Hace un tiempo me preguntaron por qué Rodrigo San Miguel era el único jugador aragonés de la Liga Endesa. La respuesta es complicada porque va directa al corazón de la nostalgia. La obsesión por recuperar un pasado glorioso persiguió al nuevo CAI en sus torpes gateos. Los retornos de ‘hijos pródigos’ como Fran Murcia, Alberto Angulo, Rafa Vidaurreta o Jesús Cilla simbolizaban el romanticismo de los tiempos en los que Zaragoza era la Pequeña Belgrado y el CBZ un caladero de inagotable talento. Bajo ese sentimiento mentiroso de recuperar lo irrecuperable se sacrificó a un imberbe base que aún estudiaba en el instituto y que, para ayudarle menos, le pusieron en la espalda el número 10 de Pepe Arcega. Ese pequeño Rodrigo ya lleva más de 150 partidos en ACB. Ninguno con el CAI.

Los años han pasado y esos efluvios se han quedado sepultados por los sucesivos escalones que ha superado el proyecto. La bandera aragonesa quedó plantada en el banquillo con José Luis Abós como capitán, pero sin soldados en un ejército que ya no podía ‘resucitar’ a los viejos guerreros del CBZ. El paso del tiempo y con él la ausencia de valores locales que aparecen sobre el parqué del Príncipe Felipe han llevado al desánimo a los que aún tienen esa idílica visión de los que es la identidad de un equipo de la tierra.

Pero más allá de buscar razones o culpables, en este reportaje me gustaría hacer una revisión matemática de si existe una desigualdad entre la cantera de Aragón y la de otras regiones españoles, valorar su eficacia. El análisis, reducido a datos, sí es eficiente para razonar que Aragón está muy por debajo de su potencial en el mundo del baloncesto. ¿Hay razones para el desánimo, hay alguna tara o la situación es la que es porque no hay más?

Rodrigo San Miguel entrena en la pista de Doctor Azúa //  Heraldo de Aragón

Rodrigo San Miguel entrena en la pista de Doctor Azúa // Heraldo de Aragón

De las 17 comunidades autónomas del Estado, excluyendo Ceuta y Melilla, sólo hay dos que no tienen representación en las plantillas oficiales del inicio de temporada en la Liga Endesa: Extremadura y La Rioja se quedan huérfanas de jugadores en primera línea. Aragón, con el único, se sitúa en la última fila de la clase como compañera de pupitre de Asturias, Murcia y las dos Castillas. En el otro rincón están Cataluña (27 representantes), Madrid (11), Andalucía (8) y Baleares (7). En mitad de la tabla se quedan Euskadi, Navarra y Canarias (3) y un pelín por detrás desfilan Cantabria, Valencia y Galicia (2), uniéndose a este pelotón la Andorra (2) de los hermanos Colom.

¿Es esta 11ª posición justa para Aragón? Depende de los indicadores con los que se busque la comparación. Mirando la relación con índices generales como población sí está en el lugar apropiado (también es undécima en habitantes a escala nacional), pero no tanto si se iguala con su posición con respecto al PIB (quinto). Evidentemente, estos datos son muy generales y poco vinculados al ámbito deportivo y del baloncesto.

Una medida más real puede establecerse con el número de licencias que tiene en la actualidad la federación regional. Aquí Aragón sale mucho peor parada. En el último registro, recogido por el Consejo Superior de Deportes y correspondientes a la temporada pasada, nuestro baloncesto es el décimo por cantidad de practicantes masculinos con 7.081 inscritos. Andalucía lidera esta liga de ‘licencias’ con 58.726, completando el podio Catalunya (47.925) y Madrid (35.618). En total, en 2013, jugaban al baloncesto masculino federado 255.405 chicos y adultos.

Una aproximación más certera a la realidad lo aporta otro baremo. ¿Cuántos jugadores se necesitan en una comunidad para que aparezca uno de élite? La división en el caso aragonés es obvio. Unas 7.000 licencias con respecto a la temporada actual, lo que es el doble de la media (3.498). Solo hay cuatro regiones por detrás: Andalucía (7.340), Castilla-La Mancha (7.476), Valencia (11.028) y Castilla y León (19.649). Los modelos más eficaces son Baleares (599), Navarra (957). Cantabria (1.110) –ninguno de ellos con escuadra en Liga Endesa–, Catalunya (1.775) y Canarias (2.431). Madrid, el otro caladero en potencia del básket FEB, se queda por detrás sustancialemte (3.238).

Luis Arbalejo posa en la grada del Príncipe Felipe // ANGEL DE CASTRO (El Periódico)

Luis Arbalejo, jefe de la cantera del CAI // ANGEL DE CASTRO

¿Y a nivel competitivo? Tiene alguna equivalencia disponer de campeones en formación en su traslado al mundo profesional. En los campeonatos regionales hay un claro dominio de cuatro federaciones. Tomando como marco los últimos diez años, solo equipos de Madrid (10), Catalunya (9), Andalucia (8) y Canarias (3) han conquistado los títulos en las categorías Minibásket, Infantil y Cadete.

La división de estas cuatro potencias se repite en el lado de las competiciones de clubs, donde son equipos de las mismas regiones las que han copado los primeros puestos en esta década. Aquí Catalunya alarga su dominio con 21 campeonato entre los nueve del Joventut (cinco en infantil, tres cadetes y un junior) y los doce del Barcelona (cinco junior, cuatro cadetes y tres infantiles). Madrid le persigue con cuatro títulos conseguidos por el Madrid (tres, uno en cada categoría) y el Campeonato Infantil que Estudiantes celebró recientemente. Andalucía iguala con otro cuarteto (tres junior para Unicaja y un cadete de Sevilla). Canarias aparece en la lista por la edición cadete que se adjudicó el Gran Canaria.

¿Qué importancia puede tener esta estadística? Quizá ninguna, pero si configura el potencial de futuras estrellas que los clubs ACB tienen en sus canteras. Entre los años ochenta y noventa, el CBZ, famoso por sacar jugadores a la élite, conquistó cuatro campeonatos nacionales (tres junior y uno infantil) y otros dos subcampeonatos junior. Desde la fundación del nuevo proyecto, el CAI cuenta con una cuarta posición, en el cadete del 2010 (generación de Javi Marin), como mejor clasificación, igualando la que obró su vinculado del Stadium Casablanca en el junior del 2003 con Rodrigo San Miguel al frente. Doctor Azua, Alierta o CBZ son los otros equipos aragoneses que se han colado en puestos de mérito en los Nacionales, aunque de forma esporádica.

Este conjunto de ganadores condensa dónde se sitúan las mejores vetas baloncestísticas en España: Badalona, Barcelona, Madrid y Unicaja. La Penya es la ‘fábrica’ que más miembros aporta a la familia de la ACB. Hasta 13 jugadores formados bajo los colores verdinegros han llegado esta temporada al máximo nivel. Detrás están Unicaja y Barcelona, con una decena entre ambos, y empatados por el bronce los dos semilleros de la capital, el Madrid y el Estudiantes. Por detrás viene Manresa (5), Valencia (4) y Sevilla y Baskonia (3). Los centros formativos del Siglo XXI (4) y de tecnificación de la federación balear (2) tienen un hueco en esta lista. Actualmente, el CAI, tras la salida de Javi Marín hacia el Lucentum de Adecco Plata ha perdido a su único representante, y tiene en el escalafón anterior a Marcos Portalez dentro del Planasa Navarra de Adecco Oro. A ellos se añade el oscense Jorge Lafuente en el Peñas. Ellos parecen los más cercanos para poder mejorar la estadística aragonesa.

Son sólo fríos números, un análisis matemático que no arroja optimismo para los románticos de los tiempos en los que había aragoneses a puñados en la primera plantilla del CAI, en la ACB e incluso en la selección absoluta. Más allá de que las circunstancias del mercado no son las mismas, que han entrado los jugadores extranjeros en las plantillas de formación (hay cinco senegaleses formados en España en Liga Endesa), los cupos, la Ley Bosman, los COTONOU, los pasaportes… y que el parón de la élite durante seis años ahogó el trabajo hecho anteriormente, el futuro de la cantera aragonesa no se vislumbra prometedora en el horizonte. Al menos en sus salidas al ‘mundo profesional’. La apuesta del CAI Zaragoza por jugadores de otras regiones, sobre todo baleares (Sergi García y Marc Martí como máximos exponentes) aprovechando el conocimiento de Luis Arbalejo y Willy Villar, no mejora la previsiones. Aunque aquí los números ‘probaleares’ apoyan la tesis de la dirección de la calle Zurita. Aunque son ´solo estadísticas’.

26
Nov
14

Aragonesas y dementes


Rocío y Alicia se llevan de maravilla. Sus sonrisas cómplices las delatan. Son amigas. Su juventud se enreda en sus miradas confidentes y en las anécdotas divertidas de sus primeros meses de convivencia. Su piso en Cuatro Caminos debe ser una fiesta, un escenario rebosante de esa energía vital de cualquier veinteañera ‘de provincias’ que se ha ido a la capital para progresar con su carrera. Pero ellas encima son algo más ‘especiales’ de lo normal. Son estudiantes al cuadrado… por culpa del baloncesto. Estas simpáticas mañicas son jugadoras del mítico club colegial de Madrid.

Rocío Torcal Barba recogió la pasada temporada el testigo aragonés de la montisonense Pepa Castán y este verano Alicia Lapuente Casanova se le unió en el grupo de Liga Femenina-2 del Tuenti Móvil Estudiantes. El origen del viaje tiene nombre propio. Fue el técnico Sergio Josa quien apuntó a ambas en la misma dirección. “Es mi entrenador de toda la vida, Sergio Josa, el que se pone en contacto con varios equipos que estaban interesados, entre ellos, el Estudiantes. Desde el momento que pisé Magariños supe que ese seria sin duda mi nuevo equipo”, explica Torcal, que promedia 11 puntos y es titular en la presente campaña. Extrovertida y dicharachera, esta zagala de Escolapios ha introducido a Alicia, dos años menor que ella, en una entidad especial que encima este curso celebra el 25 aniversario de su sección de baloncesto femenino.

De clase a la pista

Deporte y estudios. Una ecuación que es inviolable y más en un mundo como el baloncesto femenino, de presupuestos mínimos y oportunidades raquíticas. Rocío cursa un grado superior de educación deportiva y Alicia se ha matriculado en la Complutense porque quiere ser criminóloga. Combinan las horas de ‘codos’ con los entrenamientos, normalmente a última hora, bajo las órdenes de Adolfo ‘Fito’ González. Estar juntas ayuda. Y mucho. “Vivir juntas ha ayudado mucho a llevar mejor tanto entreno y tanta clase. Para mi es muy importante en mi día a día”, explica Alicia, natural y orgullosa de Tarazona.

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Saben que la posibilidad de ganarse la vida con el baloncesto es una quimera y más en Aragón, pero ellas quieren intentar jugar al máximo nivel, aunque ello suponga salir de su entorno. “Las chicas de mi generación que destacábamos nos hemos tenido que ir fuera. En Zaragoza sólo hay un equipo de élite. Hay pocos huecos y el resto son de un nivel inferior. Si quieres progresar tienes que salir”, dice Alicia Lapuente, que en su etapa de formación ya tuvo que marchar a Navarra a jugar en el Arenas de Tudela. Para ambas vivir lejos del entorno familiar es una nueva experiencia. “Tengo días en los que echo mucho de menos mi casa, a mis padres, mi hermano, mi abu, mis amigas… y tener la comida hecha”, ríe Lapuente. Pero la independencia y una ciudad tan grande y con tanta oferta de ocio como Madrid tiene su lado positivo. “Al principio cuesta adaptarse porque es una ciudad muy grande y con mucha gente, pero todo hay que decirlo… la capital mola y ¡¡¡mucho!!! –suelta la sonriente Rocío– Pero los Pilares no nos los perdimos”.

Su procedencia salta en el habla. Su acento maño es más cerrado que el de Alicia “y eso que la de pueblo soy yo”, afirma Lapuente. Rocío se crió en el CB Almozara antes de pasar al Mann Filter, donde no coincidió por ser de diferente generación con ‘Ali’ aunque sí se enfrentaron en varias ocasiones. “Yo era muy mala de pequeña. Pero era muy grande y me captó la federación aragonesa. Después de estar en Tudela me fichó el Mann Filter”, afirma esta alero de 180 que la pasada temporada compitió con Helios. Su hermano pequeño Sergio juega en el cadete B del CAI Zaragoza que entrena… Sergio Josa.

Un lugar especial

Su imagen fresca ha encajado a la perfección en un club con una estirpe canterana interiorizada como en pocos lugares. El Estudiantes es en esencia el patio del colegio Ramiro de Maeztu, es mil jugadores correteando por un rincón histórico del baloncesto español, es tradición de formación. “No es un club cualquiera, no solo es un sitio donde formarte como jugador sino como persona. Transmite magia. Ser del Estu es un sentimiento que se contagia”, dice la ‘demente’ Rocío. “Es un club con un ambientazo especial y en el que te acogen desde el minuto uno”, avala Alicia Lapuente. Su involucración es tal que ellas fueron las modelos que presentaron las nuevas equipaciones del Tuenti Móvil Estudiantes y a los equipos femeninos del club en un reportaje de televisión.

A 200 metros de la entrada de Magariños se encuentra la Casa de Aragón, el centro regional en la capital. “Sí, nuestro entrenador nos ha hablado de él. Tenemos que ir”, dice Rocío. Una fotografía inmensa del Pilar gobierna un comedor donde se bebe Ambar y se sirve ternasco y pollo a la chilindrón. En el salón de arriba hay una foto autografiada de Paco Martínez Soria, el icono del inmigrante aragonés durante la grisacea y triste España franquista. “Yo también soy de Tarazona, pero no vine con las gallinas”, sonríe Alicia Lapuente. Sin gallinas ni choricicos y en colores vivos de una ilusión y una sonrisa enorme, unas ganas de triunfar y experimentar contagiosas se han venido pa’Madrid estas dos mañicas para plantar la bandera de Aragón en mitad del Estudiantes.

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01
Abr
14

El otro Dream Team


Ateo, anarquista, surrealista y tozudo aragonés, Luís Buñuel vivió durante unos años en la efervescencia del Hollywood del lujo desmedido y la pompa del estrellato. En pleno exilio tras la Guerra Civil, la Warner Brothers le contrató como jefe de los doblajes de sus películas para América Latina. Eso le permitió ver centenares de películas comerciales. En su biografía comentaba que ese empacho de cartelera le permitió desglosar el argumento y el final feliz de los largometrajes viendo solo los primeros minutos del metraje.

Siempre tengo esa misma sensación buñueliana cuando veo una película de deportes. Parecen que los guiones los sacan de una fotocopiadora. Una tras una, pocas son las que se desvían del estereotipo del grupo desunido que supera todas las dificultades y pronósticos para lograr una victoria en la que solo creía un terco entrenador con métodos cuestionables y geniales. Echen un vistazo a su videoteca y tendrán varias referencias (también maravillosas excepciones).

Cuando me dijeron que había una producción sobre el Europeo de 1935 me quedé a cuadros. ¿Quién podía hacer un film de un campeonato del que casi no existe documentación? ¿Cómo habrán adaptado la historia? ¿Sería acertada la caracterización de la pista, de los equipos, de los españoles…? La curiosidad se adueñó de mi con mil preguntas por contestar y no reblé hasta que encontré una copia y en ella todas las respuestas. La digerí sin pestañear, rebuscando los detalles de todo lo que he leído sobre este evento, que no es poco, en el que España obtuvo la primera medalla internacional de su historia, y esperando impaciente como habrían afrontado la producción, el vestuario, la adaptación del estilo del juego de entonces, de las reglas… y la interpretación de la final.

La nacionalidad de Dream Team 1935, como se llama esta rareza, colocaba de antemano muchas de mis dudas en un punto de vista distinto al mío. La peli es letona, es decir, del país que se llevó el primer torneo continental que se celebró, exactamente en Ginebra. Y como tal, ensalza y centra la historia en todos los problemas y soluciones que el seleccionador Valdemars Baumanis halló para obrar la proeza. La catarsis de un técnico en el que nadie creía, que tuvo que fusionar a un grupo de enemigos locales a base de disciplina y esfuerzo, costearse todos los gastos y trabas que le ponían sus propios federativos para vivir una aventura imposible que terminó en gloria por un orgullo de superación incomparable. En fin, un ‘Hossier’ con un tufo a nacionalismo letón que echa para atrás, pero que fue candidata a los Oscar de habla no inglesa.

Más allá de esta interpretación patriota del asunto (enmascara la superioridad física de los balcánicos que les llevó al triunfo y silencia la derrota dos años después ante Lituania), la cinta es todo un descubrimiento y en conceptos generales, tiene un cuidado estricto sobre la historia y es sobresaliente la confección de los trajes de juego y del desarrollo de los partidos, pese al dramatismo argumental que se añade en la final contra España. No es tanto la adecuación de la forma de jugar, difícil de cuadrar por la falta de imágenes en movimiento (vean estas de 1939), aunque si de las reglas (había salto entre dos tras canasta). Tampoco clavan la escenografía de la cancha, de la que hay fotos que no cuadran como las reconocibles canastas de armazón blanco, ni aspectos tácticos como el scouting que hace el protagonista cuando apenas se sabía quienes iban a ser los equipos participantes (varias naciones se descolgaron a última hora) y menos había informes sobre los contendientes (España fue a la cita tras jugar solo un partido previo contra Portugal). En el bloc de Baumanis se señala el peligro español como ‘Little Devil’, el pequeño diablo, refiriéndose a Rafael Martín, un pequeño y escurridizo jugador que catapultó a España a la semifinal con una actuación estelar ante la favorito Checoslovaquia. En el duelo decisivo, según las crónicas, su acaparador egoísmo restó fuerzas a los hispanos y precipitó su derrota.

Después de leer tanto sobre Mariano Manent, los hermanos Alonso, Emilio y Pedro, Joan Carbonell, Armando Maunier, Rafael Ortega, Cayetano Ortega, el citado Martín (al que apodaron en Ginebra el pequeño Zamora, por el famoso portero español del momento) y mi amado Fernando Muscat verlos en carne y hueso tras esos actores letones con las camisetas republicanas del león me ha dado un escalofrío, pese a que la versión en inglés es cómica en los comentarios en español e inglés que Manent da a sus pupilos en los tiempos muertos. Solo por eso Dream Team 1935 se merece un vistazo.

Las malditas guerras, esas que llevaron al exilio a Buñuel, rompieron ambos equipos. El español no pudo acudir a los Juegos de Berlín (Ortega murió en la contienda como aviador republicano), la primera cita olímpica del baloncesto porque pocos meses antes un gallego bajito le dio por triturar la democracia de todos. El letón sucumbió en el intercambio de tiros de la Segunda Guerra Mundial. En los típicos rotulitos de ‘que fue de…’ que sitúan el futuro de los personajes en los minutos finales se descubre el desenlace de los jugadores bálticos, unos asesinados por los nazis, otros por los soviéticos en Siberia, en el frente o defendiendo la resistencia. Una de esas historias calladas de nuestro baloncesto que no deberíamos olvidar.

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El equipo letón a su llegada a Riga tras vencer el primer Europeo

El equipo letón a su llegada a Riga tras vencer el primer Europeo

12
Feb
14

Lo normal


“La normalidad”. Cuando Ichiro pregunta cuál es el valor del buen entrenador, Carlos Jiménez se baja de nuevo con sus palabras a jugar en pantuflas a un recodo de la calle Urgel. Gastadas las suelas de volar tan alto, ahora con zapatos de ejecutivo, su zancada sigue siendo cauta y prudente, transmitiendo el mismo saber hacer en la pose que cuando era el amo de los intangibles. “He estado en Japón en dos ocasiones. Es un país que me encanta”. Sus orígenes carabancheleros y sus presentes guinderos trazan esa línea recta del ser corriente, al que Carlos señala en respuesta al técnico ideal por el que le pregunta este alegre japonés.

Pepu se cruza en el paso. Ha sido él quien ha ido a su encuentro. Tan normal. Ha reconocido a quienes hace unos meses le preguntaban los secretos del éxito de Saitama. Apretón de manos y sonrisas sin interés escondido entre los dientes. Recoge el calendario de San Fermín y se preocupa por los chavales que andan por el barrio sin una minibásket a la que echarle el triple. Sigue su camino sin decirle a nadie que no a una foto.

Lucas es un apellido. Es la cara B de un club profesional. Vive en la sombra que cobija al obrero que curra a destajo con humildad para que los focos alumbren a otros. Bien formado informa bien. Ha preparado una presentación especial para los japoneses. Nadie se lo había pedido. El aforo de nipones apunta al detalle lo que cuenta.

Sato está en tercera fila. Escucha en silencio para no perderse ni una gota de la explicación. Habla poco y se esconde detrás de una pequeñas gafas. Se arrima al señor Sasaki con el cariño ancestral por los mayores que conserva su pueblo y ofrece su atención cuando el maestro toma la palabra. “Tuvimos que acoger a los equipos en nuestra zona. Cerca de la costa no se podía jugar”. Relata el dolor que vivieron en Fukushima, su región, y la solidaridad de todos los clubs con aquellos que se vieron afectados con el desastre nuclear.

Sasaki-san tiene 74 años. Es entrenador de minibásket. Lleva más de cuatro décadas entre disciplinados renacuajos, pero ha venido hasta la Copa del Rey de Málaga a “aprender”. El cansancio no evita que se eche alguna cabezada entre partido y partido en el Carpena. La última noche anda con más destreza. La cena de pescaíto y cervecita desplaza la postura honorable de todo anciano japonés a una dimensión más cercana. Rápido se abraza a su guía español y tartamudea una palabra que ha aprendido estos días: ‘Gracias’.

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Juan Carlos carga la maleta de la emisora. Acaba de llegar al pabellón. Coloca los bártulos sobre la pequeña mesa. Empieza el partido. Vocaliza las canastas con la precisión que le dan los años de profesión y cierra el puño con cada acierto de su equipo. Ha viajado a última hora y dormirá esa noche en un hotel apartado. La radio ha hecho recortes y desplazado a un compañero a Informativos. Ya solo son dos en Deportes. Historias similares se desperdigan por la zona de prensa, punto de reencuentro anual de muchos periodistas precarios que cenan en el cátering montado en un gimnasio de taekwondo.

La peluca roja se le desparrama por un lado de la cara. Sin embargo, la sonrisa de Pascual no descarrila. Ni se acuerda que su equipo ha perdido hace unas horas. Se aleja del grupo con un objetivo. “Tengo que cambiar mi bufanda por una del Gran Canaria”. Desaparece entre la niebla de cánticos y tragos compartidos. Atmósfera de buen rollito entre todos los aficionados otro año más. Esta es la Copa real. Pascual reaparece al rato. La tela amarilla en su cuello simboliza una nueva victoria. “El año que viene la Copa en bañador”.

Francis atiende a la llamada con una disculpa. ‘Estamos en huelga’. Secunda el parón de sus colegas taxistas y no trabajará durante la Copa. Medida de presión para buscar una solución con la Junta. El sábado en las pistas exteriores de Los Guindos verá jugar a su hija Aída rodeado de amigos. Está preocupado por el futuro de uno de ellos, pero pronto alarga los chistes cuando se ve entre el aforo apropiado.

Dentro no cabe ni un alfiler en la final de la Minicopa. La gente se aprieta para dejar pasar a uno más. Unos señores de Valladolid cabecean cuando se les pregunta por su club, del que fueron directivos. “Todos los años venimos a la Copa”. El speaker lanza un ‘konichiwa’ a los trece japoneses que desde la grada se visten de verde antes de que Jaume se acerque a saludarles tras impartir un clinic modélico de entrenar divirtiendo y comunicar de forma positiva. A su lado los padres de un jugador del Unicaja aplauden deportivamente el triunfo del Madrid. Por sus bocas no ha salido ni un alarido de mala educación en todo el partido. “Ahora a animarle y a que siga estudiando”. Otro clínic modélico de comportamiento.

Kenji tiene la agenda ocupada. El triple de Llull solo es el preámbulo de otra carrera. Pronto al hotel para tomar su maletón y pirarse a Lituania. “Hago escala en Helsinki y luego a Vilnius. Estaré diez días en la academia de Sabonis”. De Tautvydas al original en menos de una semana. Espera en la única cafetería abierta a esas horas a que abran el mostrador para embarcar su equipaje. A su alrededor somnolientos viajeros no se pueden imaginar que aquel grandullón era seleccionador de Japón.

A sus compañeros de viaje les quedan unas cuantos horas para volver a Tokio. En sus maletas no cabe todo lo que han vivido estos cinco días en Málaga. Agradecidos, su último ‘Arigato’ precede un abrazo y una invitación para volver para el Mundial. Pasan por el control de seguridad. Si no fuera por sus rasgos asiáticos nadie les identificaría. Se pierden por las tiendas del Duty Free entre la gente normal. Esa normalidad de la que hablaba Carlos y engarza a cada uno de estos personajes en una joya de Copa.

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P.D: Efectivamente, en la Copa estuve acompañando a un grupo de 13 entrenadores japoneses, donde Unicaja fue un anfitrión perfecto ofreciendo todo su interés para que su visita estuviera llena de detalles.




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