22
Nov
16

¿Es el baloncesto de izquierdas?


No. Rebajen la taquicardia, enfunden la bilis. La respuesta está clarinete. Cualquier deporte es una expresión lúdica de toda la humanidad y no pertenece a ninguna ideología, quieran unos u otros adueñarse de ella. Dejando finiquitada la respuesta a la pregunta del titular y sin ánimo de publicar fotos de Fidel Castro lanzándose un triple para confabular con una inexistente relación maligna con la pelotita y el marxismo, sigan leyendo por favor para entender la naturaleza de este artículo visto lo ocurrido en los últimos meses.

Dennis Rodman,  Latrell Sprewell y Bobby Knight. Tres tipos relajados. Esta era la caballería basketbolera de Donald Trump en la última campaña electoral americana. Al otro lado del ring se situaba la vasta mayoria de la NBA. Es decir, un tirachinas contra los cañones de Navarone. En uno de sus últimos mítines, en el Estado clave de Ohio, Hillary Clinton apareció en escena con LeBron James y JR Smith para reclamar el voto para la dama demócrata. Semanas antes el propio Dwyane Wade mantuvo un rifi rafe con Trump tras utilizar éste el asesinato de una prima del ahora jugador de Chicago Bulls en tono electoral. Carmelo Anthony, Stephen Curry y Chris Paul encabezaron a decenas y decenas de jugadores que manifestaron su adhesión a la causa ‘azul’. Entrenadores como Steve Kerr, Greg Popovich o Stan Van Gundy se han mostrado contundentes en su falta de confianza hacia el multimillonario que pretende levantar un muro en la frontera mejicana. No todo se quedaba en apariciones públicas o mensajes en redes sociales, el mismísimo comisionado de la NBA, Adam Silver, la leyenda Magic Johnson, Grant Hill, Mike D’Anthony, Jason Kidd, Rolando Blackman, Dikembe Mutombo, Jason Collins… aparecían en la lista de donantes económicos de la candidatura de Clinton.

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Las reacciones de catástrofe y estupefacción no se quedaron cortas al conocerse la victoria del magnate del flequillo dorado. El meteorito cayó en medio de la progresista NBA. Hasta el españolito Ricky Rubio se flagelaba con la idea de tener a Donald Trump a los mandos del Air Force One. Quizá a modo de revancha, una de las primeras informaciones aparecidas a los días de la elección fue que Trump desinstalará de la Casa Blanca la famosa pista de baloncesto de Barack Obama por la que tanta estrella, incluido Pau Gasol, ha pasado en estos ocho años.

Reacciones antiTrump en la NBA

El activismo político de la NBA en favor de causas progresistas no es nuevo, pero sí puede decirse que se ha disparado en los últimos tiempos con el advenimiento de Obama, conocido por su muñeca anotadora en su etapa universitaria en Hawai. Barack es hincha confeso de los Bulls y habitual en las gradas de los Wizards. El idilio era seguro.

La vinculación evidente de este deporte con el sector afroamericano ha propiciado campañas en favor de los derechos civiles y la repulsa a los repetidos casos de violencia policial contra jóvenes negros que han sacudido la sociedad norteamericana. El mandato de Adam Silver ha sido más duro que el de su antecesor David Stern en estos aspectos, condenando al propietario de los Clippers, Donald Sterling por comentarios racistas, o  trasladando de Charlotte a New Orleans el próximo All Star por la ley racista y homófoba propugnada en Carolina del Norte.

La reacción de la mayoría de la NBA al triunfo de Trump le ha puesto en la avanzadilla de la oposición contra el ‘nuevo régimen’. Hace una semana salía a la luz que tanto los Milwaukee Bucks, como Memphis Grizzlies y Dallas Mavericks harán boicot a la cadena hotelera de Trump y no se alojarán en ella como tenían previsto. Otras franquicias parecen que harán lo mismo. El propio LeBron James insinuaba en su reciente visita a la Casa Blanca, Mannequin Challenge mediante, como campeón de la NBA que de repetir victoria en las Finales quizá no hagan este viaje para saludar a Trump. La batalla no ha hecho más que comenzar.

El baloncesto como unión Sánchez-Iglesias

El progresismo de la NBA tiene un tinte eminentemente racial. Y esta razón no converge con lo visto en las últimas luchas electorales en España. Aquí también el baloncesto se sacó como un medio de canalización de entendimiento entre las dos fuerzas de izquierdas. Se daba la circunstancia que tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias priorizan al básket sobre otros deportes en sus gustos personales y encima compartían pasión por el Estudiantes. En sus primeras presentaciones televisivas, el líder socialista alardeaba de haber jugado en la cantera del Ramiro y parecía obligado darle una pelotita para probar su puntería cuando acudía a un plató. No se si esto era casual, con afán de humanizarle o de situarle como heredero de José Luis Rodríguez Zapatero, otro amante confeso del baloncesto.

En la bancada granate también se ha abrazado el amor por las canastas. Podemos difundió un vídeo de su líder jugando una pachanga con sus amiguetes en la jornada de reflexión previa al 26J. Famoso es el discurso que Iglesias dio en Vistalegre en 2015 comparando a la formación del cambio con la selección española. Este matrimonio por el básket lo quiso trasladar a las negociaciones para formar gobierno el propio líder de Podemos al entregar un ejemplar del libro ‘Historia del Baloncesto en España‘ a su homólogo Sánchez como símbolo de lo que unía a ambas formaciones. Permítanme el paréntesis. Espero que se leyeran el capítulo de la selección de la Segunda República, escrito por un humilde autor, en el que, miren que oportuno, hubo un jugador, Cayetano Ortega, que terminó cayendo en el campo de batalla peleando contra el fascismo.

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Al contrario que en Estados Unidos, son pocas las adhesiones políticas que desde el baloncesto español se han dado a un bando u otro de nuestro parlamento. Quizá Sitapha Savane, pívot senegalés del Movistar Estudiantes, es el más claro en ahondar en estos asuntos y posicionarse como simpatizante de Podemos. Tampoco los deportistas en este país acostumbran a mojarse en estos temas. Recuerdo vagamente, y no lo puedo apoyar en la hemeroteca, unas declaraciones en apoyo de Esperanza Aguirre de Jorge Garbajosa, ahora presidente de la FEB, hace ya unos años. Pero se pueden contar como mínimas este tipo de intervenciones. Aunque curiosamente, un exjugador de la ACB, José Ramón Lete, será quien esté al frente del Consejo Superior de Deportes en la nueva legislatura.

No vayamos a introducirnos en la historia, donde hay raciones para todos, pero también aquí el baloncesto tuvo un componente ideológico, concentrado en la confrontación olímpica entre soviéticos y americanos, llevaba a su máximo exponente en la final de Múnich’72 y la polémica canasta de Alexander Belov. La derrota de los Estados Unidos en Seúl’88 y el miedo a perder el dominio ante las naciones del Bloque aceleró la entrada de los jugadores profesionales en la villa olímpica en Barcelona’92 justo tras la caída del Muro de Berlín.

Llama al menos la atención cómo se ha adherido en estos últimos tiempos, al menos en el contexto español y americano, al baloncesto como un deporte con claros vínculos progresistas, tanto sea por la simpatía de los políticos por esta disciplina o por la oposición de los jugadores afroamericanos de la NBA al discurso racista de Trump.

Creo que estarán conmigo en que el baloncesto es un perfecto canal democratizador. Como expresión colectiva, el entendimiento de los cinco efectivos del equipo debe ser coordinada para ser efectiva. La tara de uno afecta al todo. De esta realidad mana la necesidad de la unión y eso es lo que importa dentro de una cancha. He estado en vestuarios muy díscolos a nivel personal, con diferentes gustos estéticos, culturales, sexuales y políticos, pero que al saltar a la pista obviaban estas distancias para confluir en el bien común. Y quizá en esto, más alla de colores o banderas, es en lo que este bendito deporte podría enseñar más a la política.

Aclarado el tema, permitanme la licencia de poner una foto de Fidel Castro jugando al baloncesto.😉

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14
Nov
16

Willy, no dejes de tender tu mano


Bruno calza coletilla de torero y pelo remojado. Calcado al padre en tamaño reducido y con pinta de pícaro granujilla. La ilusión del primer partido rebosando en una sonrisa reluciente de benjamín. El árbitro pita ‘uno’ y todos van al banquillo. Repasan las normas. Cada uno defiende a un jugador del otro equipo, con la pelota vamos hacia el aro, sin la pelota nos movemos para estar solos para que nos la pasen… y las dos más importantes: en el banquillo se anima y en la cancha se ayuda al niño que se cae. “¿Y sí es del otro equipo?”, cuestiona Bruno. “Con más razón”, se afana a contestar su entrenador. Lección aprendida.

san_fermin_ayudaEn el CB San Fermín tenemos estos dos mandamientos sagrados. Es como nuestra firma. Hombre al suelo, mano para socorrerle. No es algo casual. Incluso tenemos ejercicios concretos para entrenar este ‘give me five’ de deportividad. Los peques lo entienden a la primera. Lo importante es la persona y no la canasta a la que renuncio, incluso aunque con ello se aprovechen para anotar. Y el mensaje se queda grabado desde ese primer partido hasta categorías superiores. Os aseguro que no falla. Uno de los mayores logros es ver que, tras varios aplausos sonoros como premio del banquillo y de la grada, los jugadores del otro equipo empiezan también a imitar un gesto que mola. Haber perdido varios partidos por ello ante rivales que se han querido ‘aprovechar’ de esta norma lo considero un verdadero orgullo, al igual que no son pocas las veces que padres, madres, entrenadores o árbitros se han acercado a nuestros educadores para agradecer esta exhibición de valores.

¿Es realmente tan importante enseñar a un niño a parar el juego cuando ve a un compañero caído en el suelo? No si se queda en un acto meramente estético o de márketing educativo. Es un símbolo como puede ser otro y que reconocemos en otros deportes: tirar la pelota fuera de banda cuando hay un lesionado en fútbol o muestras de auténtico compromiso por el compañerismo exhibidas en los últimos Juegos y premiadas por la organización. Pero como detrás de todas estas señales se esconde un mensaje de mayor calado, lo realmente importante: el resultado no es el fin último en la formación de nuestros pequeñajos.

Para mí hay otros componentes por los que me parece esencial en la educación de los menores. Hacerlo, al igual que animar, democratiza la función de todos los niños, los que aún no tienen habilidades para tener un protagonismo en la pista, como los que sí la tienen, pero no deben olvidar estos conceptos como primordiales. Ayudar al otro lo pueden y deben hacer todos desde el primer día y eso genera una sensación de utilidad, que no debe quedarse sólo en eso. Evidentemente estas enseñanzas no chocan con el ánimo de intentar ser mejores jugadores o desarrollar lo aprendido en un partido, que es la definición de ‘bien competir’. Pero sí puede ser adquirida en un futuro cuando nos encontremos con personas en dificultades. Me niego a pensar que mostrar empatía o solidaridad no pueda ser malo. Por ejemplo, interponerse ante una agresión sexista, unirse a una reclamación laboral, atender a un accidentado, auxiliar a una persona olvidada en la acera quizá sean extremos muy lejanos a los de un símbolo deportivo, pero a los que nos referimos para describir a nuestros héroes de la vida cotidiana.

La mano de Hernangómez

La semana pasada Willy Hernangómez fue recriminado por un compañero de los Knicks, Brandon Jennings, por pararse a ayudar a un rival caído. Cuando el pívot madrileño tendió la mano de buena voluntad para levantar a Hollis-Jefferson, su compañero le tiró del otro brazo para impedirlo. Sólo faltaban 32 segundos para la conclusión del encuentro ya decidido ante los Nets de Brooklyn.

Willy comentó ante la prensa el incidente en la zona mixta del Madison y se comprometió a no repetir este gesto. “‘Willy, esto es una guerra, así que no puedes ayudar a nadie del otro equipo en la pista. Después del partido puedes ir a cenar con tu amigo o lo que sea, pero durante el partido no puedes hacer nada con el rival’. He aprendido eso. Nunca ayudaré otra vez al contrario en la pista”, declaró Hernangómez al portal Newsday.com. La estrella de los Knicks, Carmelo Anthony, también ahondó en este sentido y dirigió sus palabras como una lección que el rookie español debe aprender para no fraguarse una imagen de blando en la NBA. “Simplemente Willy estaba siendo un español amistoso, lo que es, un big baby, y Brandon no quería eso, especialmente en ese momento en el que toca luchar”, dijo Anthony.

Un partido de baloncesto nunca puede ser una guerra que esté por encima de los mejores valores de humanidad. El ansia de ganar o ‘mal competir’ no puede conjugarse como antónimo de estos símbolos saludables socialmente y que trascienden por encima del mero deporte. Entiendo el mensaje en un lenguaje de chico malo, pero no justifica esa falta de comprensión, más cuando hablamos de jugadores profesionales que son idolatrados por muchos enanos en todo el mundo, capaces de imitar cada uno de sus movimientos, looks o tics. He ahí de la equivocación de negar el auxilio al jugador caído, pero peor que Willy, entendible dentro de los códigos que gobiernan la Liga y el vestuario más para un novato, decida renunciar a un valor tan saludable para no ser un bicho raro.

La buena educación no debe estar reñida con la competición y tampoco con la imagen de ‘ghetto’, de tío duro. Justamente todo lo contrario. Cuando te pegan esa etiqueta de marginal una forma de quitártela es mostrando el lado adverso de los prejuicios que contienen la mirada del otro. Y en ese sentido, esos ligeros gestos, querido Brandon Jennings, hacen mucho más de lo que piensan. Asi que, por favor, Willy, no dejes de tender tu mano nunca.

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08
Nov
16

El paraguas


Twitter y otras redes sociales ha hecho que el periodismo sea una actividad al alcance de todos e instantánea. Los aparatos móviles y su uso multimedia ponen la noticia a un clic. Y el redactor accidental puede ser todo aquel que sepa utilizar bien un teléfono y esté despierto a difundir lo que pasa a su alrededor.

El pasado sábado, a las 11:41 horas de la mañana, David Fernández (@davidferpas) publicaba un tweet con una foto de un árbitro de baloncesto pitando bajo un paraguas. En la imagen se observaba a un grupo de chicos en manga corta y un grupo de padres abrigados charlando en la banda. El informador se sorprendía de la secuencia y se preguntaba por qué los chavales no podían agarrar también otra protección para luchar contra el temporal. Cuando escribo este post, el mensaje había sido retuiteado por 512 usuarios y tenía 262 ‘me gustas’, es decir, había tenido repercusión y generado polémica. Hasta el diario catalán Mundo Deportivo se hizo eco de la noticia y rellenaba la información apuntando que el encuentro lo disputaron en Bizkaia y entre los equipos de La Salle y Zornotza.

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Esta fotografía insólita abrió un debate en las redes sobre la profesionalidad del árbitro, seguramente una persona joven al que le gusta el deporte y que se gana unas ‘perricas’ los fines de semana pitando partidos de formación. Evidentemente no fue la mejor decisión y tuvo la mala suerte que lo cazaron y la anécdota adquirió cierta ‘viralidad’.

Un frente frío es el peor defensa para un niño o niña que quiere practicar su deporte en una mañana de sábado. Si sale el día encapotado y se atisban goteras en el cielo, ya nos puede tocar ese día jugar en pabellón, que si no nos harán repetir la jornada otro fin de semana. Suspender no es siempre la mejor de las opciones para árbitros, entrenadores, jugadores y los propios padres, que ven como sus planes se truncan por la maldita climatología. En zonas del norte de España, como Euskadi, el txirimiri provoca unas cuantas cancelaciones a lo largo de la temporada y hace del calendario, normalmente ya apretujado, una mantita llena de remendones.

Los Marines del patio

La foto de marras me recordó otra secuencia similar que viví hace unas semanas. Llovía en Madrid y pasé cerca de un recreo de un colegio. No era un torrente, pero si un chubasco incómodo que cuajaba en charcos. En ese patio unos chavales se afamaban en completar ejercicios bajo las órdenes de su entrenador en camiseta corta. Los padres resistían en unas escaleras protegidas por un techo. Cerca vi unas arcadas con un espacio parapetado donde hacían juegos un grupo de benjamines. El técnico lanzaba consignas tipo ‘Marine’ que parecían motivar a sus alevines.vestidos con el uniforme de juego, mientras tenían dificultades para controlar el resbaladizo balón o no patinar en el suelo. Solo faltaba que saliera Ivan Drago empujando un tractor. La escena era vergonzosa. Pero todo el mundo parecía encantado.

Este sábado uno de los equipos que dirijo esta temporada tuvo que suspender su partido por la lluvia que cayó sobre Madrid. Las cancha no estaba inundada, pero sí tenía charcos. Un padre de mi equipo me insinuó que consideraba que sí reunía las condiciones para jugar. En sus palabras percibí la incomodidad de reservar otra fecha extra para llevar al niño al partido.

Esta semana el colectivo de padres CEAPA ha planteado una huelga de deberes en noviembre. Se quejan de las horas de tareas que sus hijos deben completar para cubrir sus necesidades escolares y apuntan a los profesores como culpables de la falta de tiempo libre de los menores y que hipotecan los fines de semana. Seguramente habría que darle una vuelta a las metodologías que reinan en la educación española, aún más a la falta de presupuesto de la escuela pública y a la precariedad de recursos de los maestros, pero llevo unos años siendo educador de chavales y la sensación de que los padres colapsan el calendario de sus hijos con actividades, como el baloncesto, para rellenar sus tardes es algo evidente. Quizá porque no los pueden tener ‘solos’ en casa o porque piensan en su futuro hablando siete idiomas, sabiéndose defender, adquiriendo valores sociales o aprendiendo a tocar el clarinete. Habrá de todo, pero seguro que no son ellos los que motivan un tiempo libre más sano, sin tantos deberes, pero también sin tantas distracciones fáciles con pantallita adictiva.

El paraguas fue una cagada, señor árbitro. Intolerable. Pero si esa fotografía encierra algo, o al menos para mí (y repito, sin saber todas las circunstancias), es la falta de visión de todos, como en el caso de la huelga de deberes o del técnico ‘Marine’. ¿Era necesario jugar ese partido? ¿Qué razones pesaron más que la seguridad y la salud de unos menores? ¿Por qué los padres y los entrenadores no tuvieron el sentido común de parar el espectáculo? ¿Por qué hay que endurecer bajo la lluvia a los chavales que deberían sentir en el deporte otros valores más enriquecedores, lúdicos y sanos? Mirar al paraguas creo que tapa una reflexión más nutritiva para todos.

02
Oct
16

Las Tecnycuentas de la nostalgia


El CAI ya no es el CAI. Ahora es el Tecnyconta. Cambio de nombre que despertó un cierzo de nostalgia por Zaragoza. Recuerdo perfectamente lo que supuso el anuncio del bautizo del ‘nuevo’ CAI en un comedor de un hotel maño reconvertido en sala de prensa. La noticia de la involucración de la Caja Inmaculada, el patrocinador más clásico y exitoso de la etapa del CBZ en la élite, sirvió de respaldo para el recién nacido proyecto del Básket Zaragoza 2002. La cosa iba en serio si detrás estaba la entidad financiera del Paseo Independencia y confundía bajo disfraz rojo  a los aficionados no aragoneses en la creencia que ese CAI era el otro CAI, el de toda la vida.

Pero es que ahora ni la CAI era la misma CAI. La fusión con Ibercaja hacía irreal la vigencia de un mecenas que estaba cantado iba a dejar de apoyar al club de baloncesto. Alrededor de la ACB habían sido otras las ‘cajas’ que habían salido tarifando de la esponsorización de equipos ‘de provincias’ como precipicio de un modelo de gestión bancaria azuzado por la crisis y el rescate millonario. Caja Postal, Caja San Fernando, Caja Bilbao, Laboral Kutxa, Cajacanarias, Caja Extremadura, Cajamadrid… se han ido despidiendo de los aros y dejan solitaria a una Unicaja propietaria en Málaga. En sus tiempos de bonanza, la CAI llegó a patrocinar al Básket Zaragoza, el Peñas Huesca, el Balonmano Aragón y el Voleibol Teruel.

Final cantado

La ausencia de subvenciones públicas, copiosas en época de vacas gordas, y el deseo del Grupo IberCaja de apartarse (seguirá apoyando a la Fundación) ha ido descendiendo el presupuesto que se manejaba para construir una plantilla que cumpliera con unos objetivos debilitados en las últimas dos temporadas. La caída de ingresos por la bajada de abonados añade peso a este lastre. La situación se volvió más alarmante este verano con el riesgo de impagos, la necesidad de realizar una nueva ampliación de capital, la renuncia de la plaza del filial en LEB Plata y la ejecución de cambios profundos en la estructura. La salida de cuatro empleados, entre ellos los dos que resistían desde la fundación (el responsable de Márketing Miguel Mur y el médico José Sarasa), y una oferta de renovación inaceptable para el entrenador asistente Rubén Perelló, van encaminadas hacia la reducción de nóminas. Pese a haber renovado, también abandonaba la nave Willy Villar, el arquitecto deportivo de los éxitos de la etapa del recordado José Luis Abós. Su puesto ha sido amortizado por un cónclave formado por el presidente, un consejero, el entrenador y el jefe de cantera.

A unos pocos días de la apertura de la temporada, el anuncio del cambio de patrocinador pilló por sorpresa a muchos, tanto que hasta la presentación de las nuevas camisetas, con el logo incrustado sobre el rojo característico del CAI, tenía un aire de precipitado. Sin embargo, Tecnyconta no es un extraño en la órbita del Príncipe Felipe. Como otras marcas aragonesas como Simply o Ambar, ya era patrocinador secundario y ahora adquiere un valor mayor.

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La empresa de prefabricados de hormigón, un sector insólito en la Liga Endesa, es propiedad de Emilio Garcés, consejero de la directiva del Básket Zaragoza 2002 desde la ampliación de capital acometida tras el primer ascenso (2008). Garcés es un amante del deporte. Saltó al escenario público cuando se involucró en la compra de las acciones del Real Zaragoza en propiedad de Alfonso Solans junto a Agapito Iglesias. Al no poder ocupar la presidencia y por discrepancias con el soriano, decidió vender su paquete accionarial (casi el 30%) a su antiguo socio y salir del mundo del fútbol.

La vinculación de Garcés con el deporte en los tiempos que corren le honra. Reynaldo Benito, presidente del club, agradeció el cable del que parece su socio más cercano y en la presentación reconoció que el montante del acuerdo servirá para pagar los gastos pendientes y afrontar el futuro con otra perspectiva. Y quizá sea más pronto que tarde. En la primera derrota ante el Valencia, algo previsible y sin exhibir un mal juego, Casadevall utilizó una rotación cortísima en la que quedó señalado el croata Kraljevic. Teniendo a un base como Agustí Sans entrenando con el equipo, ya se habla de la posibilidad de cambiar alguna pieza de la plantilla y traer algun refuerzo bajo el nuevo amparo de Tecnyconta. El contrato alberga la posibilidad de alargar el matrimonio la próxima temporada.

Puente de apoyo

Como casi todos en este país, Tecnyconta está recuperándose de la crisis económica, que le llevó a sumergirse en un concurso de acreedores en agosto de 2013. Anteriormente, la empresa llegó a contar con 500 empleados en 2008 cuando fue actor principal en la construcción del Ikea, el Pabellón de Participantes de la Expo o el recubrimiento de las vías del AVE y Cercanías de la capital aragonesa. Posteriormente, ante la bajada de pedidos, tuvo que ejecutar varios EREs de regulación de empleo temporales, despedir a casi un centenar de trabajadores y reducir en un 5% sus salarios. Según el portal eleconomista, la sociedad ocupaba el puesto 645 en el ránking de empresas de la provincia de Zaragoza en 2014, 300 por debajo que un año antes. Estos malos tiempos parecen pasados, aunque están aún cercanos para obviar cierta incertidumbre sobre la solvencia del nuevo patrocinador del Básket Zaragoza para fortalecer a un proyecto en retroceso.

La nostalgia de estos días viene además provocada por la evocación de lo que pasó cuando la CAI dejó de apoyar al CBZ. Ni Anway ni Natwest terminaron de ser balsas de auxilio para un club que acabó naufragando en su deuda acumulada y dejado a la deriva por los poderes políticos, como ha ocurrido ahora. Cabe ahora agradecer a Emilio Garcés por su valentía y por darte este paso al frente, pero Tecnyconta parece ser un puente de apoyo entre los propios consejeros para afrontar una urgencia inmediata y ampliar el tiempo para hallar nuevas salidas necesarias para que la nostalgia no se convierta en tristeza. Tristeza por la desaparición de un club que, llame como se llame, es tan necesario para un deporte tan amado en Zaragoza.

 

 

 

25
Sep
16

El club de los 14


La Supercopa supuso el arranque oficial a la temporada en la Liga Endesa. Las novedades de las 17 plantillas acaparan la atención de un nuevo curso baloncestístico. La ausencia de ascensos y la renuncia del Gipuzkoa retrata la pálida realidad de una competición vitaminada por la fidelidad de las marcas patrocinadoras, pese a la reducción de los presupuestos de la mayoría de los clubes y la fuga paulatina de talentos desde que en la última década azuzó la crísis económica en el país. La salida de jugadores notables hacia la NBA ha sido compensada por otros nombres propios. Koponen, Randolph, Bargnani, Rice, Fogg, Hunter, Hendrix, Claver, Bryant… nuevas estrellas para un firmamento que no quiere languidecer dentro de la cancha.

La atención  curiosa no vira su mirada hacia los banquillos. Y allí se hallan también algunas de las exclusivas más notorias de esta edición. Quizá no seamos muy conscientes, pero la ACB no contará esta vez con clásicos como Aíto García Reneses, Xavi Pascual, Velimir Perasovic y Fotsis Katsikaris en su lista de entrenadores. Cuatro bajas notorias al ser integrantes del ‘círculo’ de técnicos que acaparan los banquillos ACB en la última decena de temporadas.

61 ‘coaches’ para 11 temporadas

61 técnicos han estado al frente de los proyectos inscritos en la Liga Endesa desde 2006, contando con los que ahora van a comenzar. Esta cifra, que no recoge la presencia fugaz de técnicos interinos, queda además supeditada al hecho de que 14 de ellos han acaparado estos puestos. Esta afirmación no quiere ser una crítica del autor, solo la muestra de una investigación y unas conclusiones.

La reducción de ascensos y de nuevas oportunidades, la precariedad salarial de la LEB como refugio, la salida al mercado internacional o la apuesta por valores ‘seguros’ ha provocado que en los últimos años no sean muchos los preparadores que se han logrado un trabajo estable en la ACB. Echando la mirada atrás se percibe que hay un ramillete de catorce entrenadores que siempre han estado ahí. Ellos son el club de los elegidos que se ha repartido la responsabilidad de llevar las riendas de los socios ACB: Salva Maldonado (presente en 11 temporadas), Txus Vidorreta (11), Pedro Martínez (11), Luis Casimiro (10), Joan Plaza (10), Aito García Reneses (9), Xavi Pascual (9), Pablo Laso (9), Fotsis Katsikaris (8), Sito Alonso (8), Jaume Ponsarnau (8), Montxo Fernández (7), Dusko Ivanovic (7) y Velimir Perasovic (7). Trece de ellos mandaron al inicio de la campaña 2015/16 (unicamente Ponsarnau no concluyó en Donosti) y en esta ocasión serán ‘sólo’ ocho los repetidores en la línea de salida (el mismo Ponsarnau actuará de ayudante de Pedro Martínez en Valencia).

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En este grupo sólo Dusko Ivanovic, que mandó en Vitoria y Barcelona entre el 2000 y el 2012, ha desligado su trayectoria de la devaluada competición española en busca de contratos más suculentos. Al ahora jefe del Khimki parecen seguirle los pasos Velimir Perasovic rumbo al Efes Pilsen de Estambul y Fotis Katsikaris con destino en el Lokomotiv Kuban. Mientras que en el resto, todos españoles, solo Joan Plaza probó en el Zalgiris Kaunas (2012/13) entre su traslado desde Sevilla a Málaga.

Son curiosos los casos de Salva Maldonado (Estudiantes), Txus Vidorreta (Tenerife) y Pedro Martínez (Valencia), presentes en las últimas diez temporadas de la Liga ACB, también en  la inminente. Ninguno de ellos las ha completado en su total extensión, dado que o fueron cortados a mitad de alguna campaña o sustituyeron a compañeros cesados. También fue llamativo el periplo de Luís Casimiro (solo una temporada en blanco) en la 2011/12, en la que abandonó el puesto en Valladolid para después recalar en el Unicaja. Dos equipos en un mismo año.

La estabilidad laboral no es el punto fuerte de la economía española. Los contratos temporales y la precariedad están a la orden del día. La longevidad en la misma oficina es algo poco probable también en la ACB, aunque últimamente hay excepciones. La mejor racha, tras la marcha de Xavi Pascual del Palau, la ostenta Pablo Laso. Entre Gipuzkoa y Madrid amasa ocho temporadas consecutivas en la Liga ACB. Le persiguen en este rango Pedro Martinez (7 entre Gran Canaria, Manresa y Valencia), Salva Maldonado (6 entre Fuenlabrada y Joventut) y Sito Alonso (5 entre Gipuzkoa y Bilbao). Meritoria es la situación de Montxo Fernández, hijo pródigo en Santiago. El gallego comenzará su sexta temporada en el Obradoiro, las mismas que lleva Laso en el Real Madrid, líderes en permanencia en el mismo bando.

La segunda oportunidad

Por detrás de los ‘elegidos’, en un segundo grupo quedan técnicos con trayectorias meritorias pero algo menos extensas y más intermitentes: Óscar Quintana (6 temporadas), Porfirio Fisac (6), Trifón Poch (6), Ricard Casas (5), Manolo Hussein (4), Curro Segura (4), Alejandro Martínez (4) y el tristemente fallecido José Luis Abós (4). De ellos sólo Oscar Quintana (UCAM Murcia) arrancará esta temporada en la Liga Endesa y Porfirio Fisac perseguirá el ascenso con Gipuzkoa en la LEB Oro.

Tomando estas referencias, la mayoría de estos 61 técnicos han tenido un paso fugaz por la Liga, ratificando la dificultad de asentarse en este grupo de sólidas realidades. Las segundas oportunidades llegan en algunas ocasiones, pero las terceras ya son poco probables, salvo que se preceda un bagaje anterior de mérito notable. En otros casos, desaparecer de la rueda de opciones por un par de temporadas obstaculiza la vuelta a los vestuarios de la Liga Endesa. Sin entrar en cada caso, con distintas connotaciones y sin querer comparar, hay entrenadores contrastados que llevan bastante tiempo sin probar un banquillo ACB: Moncho López (desde 2007), Gustavo Aranzana (desde 2008), Javier Imbroda (desde 2009), Edu Torres (desde 2010), Curro Segura (desde 2011), Manolo Hussein (desde 2011), Luis Güil (desde 2012), Paco Olmos (desde 2012) o Pepu Hernández (desde 2012). Excepciones hay y las constatan el regreso la temporada pasada, para suplir a compañeros destituidos, de Sergio Valdeolmillos a Estudiantes (ausente desde 2008) y de Andreu Casadevall en el CAI Zaragoza (por la LEB desde 2004).

Ante la rampa de salida se sitúan entrenadores que dan sus primeros pasos a estas alturas. El Joventut será el tercer equipo en tres años de Diego Ocampo, cuyo periplo como acompañante de Salva Maldonado, Joan Plaza o Aíto García Reneses le permitió optar a la alternativa en solitario. Otros ayudantes que toman el volante con sus propias manos son Ibon Navarro (segunda temporada en Manresa tras debutar con ‘su’ Baskonia), Jota Cuspinera (arranca en Fuenlabrada) y Carles Durán (al mando en Bilbao tras ser gregario en Joventut y Valencia).

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Pasar la reválida no es sencillo y la lista de técnicos que no consiguieron consolidarse es amplia. Casos como los de Mariano de Pablos (Estudiantes), Chus Mateo (Unicaja y Fuenlabrada), Roberto González (Valladolid), Rafa Pueyo (Bilbao), Alberto Angulo y Joaquín Ruiz Lorente (CAI), Borja Comenge y Pere Romero (Manresa) o Hugo López y Jesús Sala (Fuenlabrada) explican la dificultad de entrar en el círculo de elegidos, aunque obviamente están a tiempo por valía y conocimientos. Entre este ramillete sería injusto no añadir la carrera notable de Chus Mateo tanto como ayudante de Scariolo en Unicaja y la selección española como actualmente con Pablo Laso en el Real Madrid.

Entre abierta se ha quedado en este tramo una puerta que antes era una gran oportunidad para colarse entre la élite para nuevos preparadores. Me refiero a la Liga LEB. La bajada de salarios en este escalafón hasta límites insuficientes hace que las competiciones de Venezuela, Méjico, Argentina, Uruguay, Asia… sean una salida más nutritiva para entrenadores en el paro.

A la par, la casi nula consecución administrativa de los ascensos deportivos hace que haya entrenadores que pierdan su opción de seguir con sus equipos en la ACB. De los últimos en acceder por este resquicio fueron Sergio Valdeolmillos (Granada), Txus Vidorreta (Bilbao), Curro Segura (Menorca y CAI), el malogrado José Luis Abós (CAI Zaragoza), Jaume Ponsarnau (Manresa), Alejandro Martínez (Tenerife) y Joan Peñarroya (Andorra). Este último casi, con tres temporadas en la máxima categoría, da esperanzas a la terna de técnicos que pretenden que la LEB Oro sea su trampolín hacia el éxito.

Importación y exportación

¿Y que hay de las nacionalidades? Inmensa mayoría absoluta del producto de la tierra. Sólo 16 entrenadores extranjeros en esta última década: Svetislav Pesic, Fotis Katsikaris, Velimir Perasovic, Bozidar Maljkovic, Sergio Scariolo,  Dusko Ivanovic, Rubén Magnano, Neven Spahija, Ettore Messina, Emanuele Molin, Zan Tabak, Jasmin Repesa, Marcelo Nicola, Mario Crespi, Scott Roth y el debutante Georgios Bartzokas. Siete balcánicos, cuatro italianos, dos argentinos, dos griegos y un estadounidense. Y entre ellos cuatro exjugadores ACB (Nicola, Perasovic, Tabak e Ivanovic).

Contratar a un entrenador foráneo no asegura ni el triunfo ni el fracaso, aunque ha habido sonoros experimentos abortados. No completaron el año ni Rubén Magnano (Sevilla), Scott Roth (Sevilla), ni Mario Crespi (Baskonia), ni Marcelo Nicola (sustituyo a Quintana y no renovó en Murcia) ni Emanuelle Molin (sustituyó a Messina en el Madrid). Tampoco se pueden denominar de satisfactorias las experiencias de Ettore Messina en el Madrid o de Jasmin Repesa en Unicaja. Es decir, 7 de 16 (y Bartzokas)  han salido por la puerta de atrás.

¿Y que hay de las nacionalidades? Inmensa mayoría absoluta del producto de la tierra. Sólo 16 entrenadores extranjeros en esta última década: Svetislav Pesic, Fotis Katsikaris, Velimir Perasovic, Bozidar Maljkovic, Sergio Scariolo,  Dusko Ivanovic, Rubén Magnano, Neven Spahija, Ettore Messina, Emanuele Molin, Zan Tabak, Jasmin Repesa, Marcelo Nicola, Mario Crespi, Scott Roth y el debutante Georgios Bartzokas. Siete balcánicos, cuatro italianos, dos argentinos, dos griegos y un estadounidense. Y entre ellos cuatro exjugadores ACB (Nicola, Perasovic, Tabak e Ivanovic).

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Contratar a un entrenador foráneo no asegura ni el triunfo ni el fracaso, aunque ha habido sonoros experimentos abortados. No completaron el año ni Rubén Magnano (Sevilla), Scott Roth (Sevilla), ni Mario Crespi (Baskonia), ni Marcelo Nicola (sustituyo a Quintana y no renovó en Murcia) ni Emanuelle Molin (sustituyó a Messina en el Madrid). Tampoco se pueden denominar de satisfactorias las experiencias de Ettore Messina en el Madrid o de Jasmin Repesa en Unicaja. Es decir, 7 de 16 (y Bartzokas)  han salido por la puerta de atrás.

Como hemos apuntado anterioremente, la marca España dentro de planeta básket ha crecido al ritmo de los éxitos de la selección y de los atrevidos que han osado a traspasar las fronteras para seguir siendo profesionales. Este es el destino de muchos de los entrenadores que no han conseguido establecerse en el club de ‘fijos’ en la ACB. El ejemplo de Willy Fog del baloncesto se ha ido extendiendo en las últimas temporadas: Gustavo Aranzana (Venezuela y Marruecos), Alejandro Martínez (Méjico)  y Paco Olmos (Puerto Rico y Méjico), Luis Guil (Venezuela), Trifón Poch (Japón y Argentina), Curro Segura (Kuwait, Uruguay, China y Venezuela), Edu Torres (Méjico, China y Venezuela), Ricard Casas (Venezuela y Angola), Moncho López (Portugal) o Hugo López (Canadá y Angola)… La lista es tremenda.

Otras salidas laborales las ofrecen las federaciones nacionales. Seleccionador aparece en el casillero de ‘trabajo’ de entrenadores como Moncho López (Angola), Joaquín Ruiz Lorente (Panamá), Porfirio Fisac (Senegal) o Sergio Valdeolmillons (Méjico). Y también están aquellos que se han hecho un hueco en la formación como Manolo Hussein (formador de formadores en Gran Canaria) o Alfred Julbe (entrenador del junior del Barça).

Por el Curso Superior pasan cada verano un centenar de candidatos a la gloria. No todos asumen este nivel como una senda de acceso a la élite. Capacitarse para ser el mejor técnico posible es el reto global. Pero el ‘título’ parece indispensable para dirigir en una cantera de prestigio, alcanzar un campeonato de España o compatibilizar una vida paralela a entrenar en Liga EBA o Nacional. El embudo se va cerrando hacia el segundo piso (LEB o ayudante ACB) y se hace fino ante el último y escurridizo escalón donde residen, como hemos visto, unos pocos elegidos. La competencia y la preparación es cada vez más elevada, pero esta progresión no se acompaña de cauces para hacer de esta una profesión en la que asentar una existencia sin asumir unos riesgos y donde las oportunidades, visto lo visto, aparecen mínimas.

15
Sep
16

El mejor objetivo


Es uno de esos gestos en los que los técnicos somos más tiquismiquis. Nos podemos pasar horas y horas haciendo la corrección en la altura del codo, la extensión del brazo, la rotación de muñeca o la orientación de los pies. Diminutos cambios que van puliendo la ortodoxa mecánica de tiro que consideramos infalible. Hace unos meses le daban vueltas a esta reflexión en un corrillo de entrenadores del Joventut de Badalona. Querían mejorar el porcentaje de acierto de una de sus mejores promesas y llegaron a un giro radical de su planteamiento. Decidieron, tras mucho análisis y un punto de intuición, cambiarle la mano de tiro. De diestro pasaría a ser zurdo. Algo así como clavarse una pirueta con doble tirabuzón para caer dentro de un dedal. Una transformación severa pensando en un mañana y olvidándose de un hoy.

El riesgo presente puede ser la mejor decisión en el futuro. O la peor. Por ello se intenta minimizar el fallo de la predicción desde el factor experiencia. A toro pasado es más fácil acentuar el éxito o el fracaso de una acción, pero en el momento de la verdad, en el ya, acongoja dar un paso al vacío. Sin salirnos del Olimpic, desde esa visión es tremendamente sencillo apuntar a que no se completó la formación de Ricky Rubio en su tiro exterior. Quizá faltó algo. Un técnico de la Penya me comentaba hace no mucho que quizá no explotaron ese camino. Quizá también Ricky era zurdo y no lo percibieron. Y va más allá en la autocrítica. Quizá lanzarlo al mundo profesional en edad cadete acortó los plazos de su progresión y se delimitaron algunos de sus potenciales.

Un sembrado baldío

Ricky será uno de los diez españoles que competirán esta temporada en la NBA. Una cifra récord, asombrosa. El base de los Wolves seguirá siendo estandarte en el joven proyecto de su franquicia y uno de los elementos más vistosos por su asombrosa capacidad de pase.

En unas semanas la Liga Endesa arrancará con 17 clubs por la renuncia del Gipuzkoa y la ausencia de ascensos. El acuerdo entre la ACB y el sindicato de jugadores define que cada plantilla tiene que tener cuatro fichas de formación, es decir, baloncestistas que han pasado un tiempo en las canteras del país. No todos son españoles, aunque si la mayoría.

Unas decenas de aventureros han partido fuera de nuestras fronteras para ganarse la vida, dado que los márgenes salariales de competiciones como las LEB o las EBA dejan mucho que desear y figuran habitualmente con dígitos por debajo del salario mínimo. Con 500 euros mensuales no se llega a cubrir los gastos.

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Casi sin necesidad de sacar la calculadora acertamos a indicar que rondan, con suerte, el centenar de españoles que tienen una comodidad profesional dedicándose al baloncesto. Masculino, del femenino quedan las ruinas.

Un porcentaje diminuto

El Consejo Superior de Deportes señala que durante el año 2015 hubo 350.000 licencias, aproximadamente, para baloncestistas federados. Una cifra importante y que habla del valor social de una disciplina muy seguida en el ámbito educacional. Hay unos 3.500 clubes en España. Hacia muchos de ellos, por no contar colegios o escuelas deportivas, se dirigen estos días padres y madres con el ánimo de apuntar a sus hijos e hijas en una actividad para completar el curso académico, para que hagan un deporte, ocupen sus horas libres, se relacionen, bajen algo de peso o sepan trabajar en equipo.

Si compañaramos ambas cifras, las del ámbito profesional y, digamos, las del hemisferio más social del deporte, nos encontramos que el porcentaje es irrisorio. Llegar a vivir del deporte es como si te tocara la lotería. Por ello debemos ahondar en ver al deporte como un canalizador de nuestra existencia más que como un paraiso de mitos y leyendas que aparece por nuestros televisores para nuestro disfrute.

Muchos los que estamos enrolados en la batalla del deporte de formación nos olvidamos de que ese porcentaje es ridículo. Que para que un niño llegue a la ACB o a la selección deben enredarse muchos factores, algunos tan poco alterables como la genética (altura, fuerza, velocidad…), y otros también de carácter económico y social. Sin embargo, es cada vez más habitual encontrar a progenitores que se empeñan en moldear a su vástago en una futura estrella sea como sea. Es su misión vital.

Conocernos y conocerlos

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En una charla reciente programada por el CB Las Rozas, John Paul Turner, seleccionador mini de Madrid, ahondaba en el déficit de comunicación que existe entre el entrenador y su jugador. Hablaba en un sentido amplio, personal. Apuntaba a la obligación del preparador de saber qué es lo que le pasa a su pupilo, a conocer su estado anímico para afrontar un partido o un entrenamiento, desvelar si ha sido un buen o mal día, la realidad de su entorno familiar, cómo le va en la escuela o con sus colegas. Ese trabajo va más allá de nuestra misión dentro de una cancha y define al educador real.

Ahora que arrancamos a diseñar planificaciones, entrenamientos y sesiones especiales, que nos enredamos en si un jugador es zurdo o no, nos deberíamos mirar realmente al espejo y ver cuáles deben ser los verdaderos  objetivos que marcan nuestro trabajo sobre los chavales. Enseñar a pulir esos pequeños detalles que mejoren la técnica de tiro son esenciales en nuestra labor, no podemos obviarlos, pero sólo será un eslabón más en una cadena que debe ayudar a crecer a los chicos y chicas como deportistas en un sentido más amplio. Saber sociabilizarse con los demás, aceptar el esfuerzo como la base de la mejora, controlar emociones, tener un espíritu cívico, querer ser creativo, entender que la victoria no la marca sólo un marcador, ahondar en valores de buen comportamiento… perfilarán a ese buen deportista que tiene un mínimo porcentaje para llegar a ser profesional, pero tiene todos los números para ser en el mañana un aficionado pacífico, un padre comprometido, un entrenador comprensivo, un árbitro ecuánime y dialogante, un directivo justo… una mejor persona. Y esa es una victoria para todos que merece esas horas, semanas, meses y temporadas que se extienden por la vida y no se limitan a una pista de baloncesto.

 

 

 

 

 

 

23
Ago
16

El oro de Calderón


No es un detalle cualquiera. Nadal no rompe raquetas. Ni la mayor de las rabias contenidas provoca esa necesidad de destruir su arma de trabajo. Cuenta Toni Nadal, su tío y entrenador, que le negó ese gesto. No podía permitir que como ídolo de masas mande ese mensaje de frustración a sus pequeños admiradores, que seguro no tenían una marca deportiva detrás que le suministre material ilimitado. Una eficaz raqueta puede valer un puñado de centenares de euros, inalcanzables para muchas de las familias españolas en esta economía crítica. Al social había un segundo discurso. Rafa no podía arremeter contra otros y mucho menos contra un objeto por la culpabilidad de sus fallos. No hay que buscar excusas. Cuenta una anécdota que el propio tenista decidió seguir jugando con una cuerda rota en un partido porque realmente lo que tenía que mejorar era simplemente su actitud y su juego.

El libro ‘Prohibido gritar’, de los periodistas Maira Cabrini y Juan José Mateo (Ediciones Turpial), ha sido mi compañero en la playita este verano. Por poco tiempo, tengo que decir. Lo he devorado. Su contenido va ahondando en la importancia de la educación en valores en la construcción de un buen campeón por parte de sus entrenadores. En diez reportajes se presentan casos de deportistas españoles muy reconocidos. Los detalles referidos a Rafa Nadal los he extraído del excelente trabajo de estos autores, que subrayan elementos básicos en la buena educación como el compromiso (Vicente del Bosque), la lucha (Enhamed Enhamed), el equipo (Pepu Hernández), la corrección (Rafa Nadal) o el camino (Edurne Pasabán).

En los recien acabados Juegos Olímpicos de Río, España ha cosechado 17 medallas, siete de oro, quizá la mejor participación desde Barcelona 1992 y Atenas 2004. El medallero marca un abismo entre la gloria y el fracaso. Un precipicio cruel por el que cae todo aquel que no es capaz de engrandecer a la patria. Si eres cuarto ya no sales en el Telediario. Y tampoco en la beca. Ese resultado que depende de tantos factores sigue demarcando los límites de la alegría y la tristeza para los medios de comunicación, directivos federativos y aficionados de andar por casa. Y en muchos casos, en todos los deportes mal llamados ‘minoritarios’, los héroes volverán al anonimato durante cuatro años de barbecho olímpico. Injusto y cruel.

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El otro resultado

Aquellos que nos dedicamos al deporte de formación, que no deformativo, sabemos que los referentes de los profesionales son esenciales para la mejora de nuestros chavales. La copia, la imitación es un dulce anzuelo para los enanos. Si un niño se levanta un día con ganas de imitar la última acción de Pau Gasol o sueña con ser tan grande como Lidia Valentín tendrá un importante aliciente para seguir por el buen camino. Pero aquellos que además pretendemos hacer del deporte un elemento educador, como bien intenta relatar ‘Prohibido gritar’, apuntamos más hacia otros valores que en muchas ocasiones pasan desapercibidas para los focos.

Precisamente creo que Río ha sido uno de los mejores Juegos en este concepto. La señalada como mala organización ha tenido detalles fabulosos para ensalzar las mejores acciones de deportividad de los atletas y sancionar a aquellos que han hecho trampas. La recalificación para competir en la final de fondistas que se lesionaban o se paraban a ayudar o de nadadores que por error ajeno habían saltado antes de tiempo a la piscina me parece que lanza un mensaje claro a todos los jóvenes del mundo: ganar no es lo más importante. Se premia el compañerismo, la justicia, la deportividad y la bonhomía.

La afición no es tonta y capta esas sensaciones. Pocas estrellas empatizan más con la gente como Rafa Nadal. Exhausto es capaz de remontar un set perdido ante un rival. No obtener el bronce no frenó halagos y elogios a su actitud de superación, su esfuerzo casi suicida. Puede que sólo Pau Gasol emita ese tipo de señales de confianza y liderazgo que trascienden el resultado y avivan la admiración. No sorprende que algunos les propongan como próximo presidente del gobierno. Y no nos vendría mal.

El equipo gana al egoísmo

José Calderón ha sido parte activa de los éxitos de sus hermanos mayores de la generación del 80 (él es del 1981). El base ha sido capitán general en los éxitos de la última década, acaparando minutos y protagonismo pocas veces denunciado. Su rendimiento en las últimas temporadas en la NBA, el inevitable paso del tiempo y el aumento de la competencia han reducido paulatinamente su aportación deportiva en la selección. Los Juegos de Río pueden que hayan sido su última gran competición con sus amigos, su familia, con su equipo. Y quizá no haya sido la despedida prometida, soñada. El extremeño apenas ha jugado. Ha sido el tercer base por detrás de Ricky Rubio y Sergio Rodríguez, una decisión que conocía y que fue parlamentada por Sergio Scariolo. Los roles mandaban por encima de las necesidades personales. Calderón, como un gran profesional, conocedor de los mecanismos que hacen funcionar a un equipo y aceptando una realidad sin consumirse en ella, aceptó otro reto: ser líder fuera de la pista, donde las estadísticas no importan. Humildad y sacrificio reza su perfil en twitter.

Su actitud en el banquillo ha sido emocionante, mandando y animando, como sus lágrimas y abrazos en la celebración. Su falta de crítica a la elección de Scariolo es simplemente ejemplar y básica para no resquebrajar la armonia del colectivo o desviar la atención en un momento crítico (dos derrotas y el base titular jugando mal). Choca con rabietas vividas en otros deportes (pongamos que hablo de Pedrito) y que como entrenadores nos encontraremos en el actual entorno de padres que creen tener en casa a una futura estrella.

Con su forma de actuar ante una situación incómoda, aceptando el bien común por el egoismo individual, sumando más que restando, José Calderón nos ha entregado una lección mucho más importante que un metal. Es necesario potenciar esta secuencia más allá de las fotografías del podio. En ella está la esencia real del deporte y los valores que lo hacen una raíz del cambio hacia una sociedad mejor. Lo que realmente debería perdurar de estos Juegos. El verdadero oro para todos. Gracias, Calde.

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