06
Dic
17

Jota mayúscula


Que el Tecnyconta juegue la Copa del Rey es una posibilidad. No es remota. O quizá no tanto como imposible parecía cuando apenas un par de millares de aficionados salieron decepcionados de la presentación de su equipo contra el Hapoel Jerusalem. El desastre se barruntaba por un horizonte helado. Hace tres meses. La bajada latente de presupuesto, un puñado de fichajes poco atractivos, la huida del deseado Sebas Saiz y la sensación de descenso sin freno hacia la LEB impregnaban un pabellón desocupado de buenas vibraciones sustituidas por la frustración y el hartazgo.

Pero ahora jugar la Copa es una posibilidad remota. Pero una posibilidad. Aunque haya que hacer cálculos de física cuántica para lograrlo. Y aunque parecía que se escapaba  definitivamente cuando el Barcelona escalaba por el marcador hacia la doble decena, nadie frunció el ceño. Esa afición castigadora ahora se comporta como un gatito acurrucado en los brazos de su amo, ronronea feliz con lo que ve. Aquellos que rompieron su abono vuelven ahora a la taquilla a comprar la entrada para ver a su CAI de siempre.

Un chaval de 16 años enciende la llama. Es de aquí y su apellido suena a casa. Es Carlos Alocén, la esperanza. El primero de una lista de tres. O más. Alocén, Pradilla y Jaime Fernández, los chicos del barrio. Recuerdo que mi primera conversación con Luis Arbalejo, ahora engalanado como forjador de estrellas, se quejaba que le daban estopa porque entre el cadete y el junior no habia un zagal de Zaragoza. “La generación buena empieza en el 2000”, lanzaba como un mantra. No se equivocaba. Los críticos le crucificaban por dar bola a un chico de su isla, un tal Sergi García, ese que ahora alza la bandera de la esperanza y al que le salen novias internacionales. Ahora ya es uno de los nuestros. No viene a robarle el puesto a nadie.

Y la Copa está lejos. En Gran Canaria. Tampoco importa mucho. No veo a muchos comprando los billetes de avión. Y eso que el frío y el cierzo arrecia. Como el cántico y la risa. Como la satisfacción. Porque se lesiona Sergi García y aparece un zagal de los de antes. Porque el equipo exhala verdad, compromiso y hambre. Porque se juega al baloncesto creativo, a meter más que el otro, a entusiasmarse y a entusiasmar. Por narices y por juego colectivo. Porque aquellos que hace unos meses había que retirar son ahora los campeones de siempre. Porque el americano que vendría cojo, gordo y jubilado es una maravilla, un lujo, un MVP que las mete como churro y encima las reparte. Como cuando ese zagal corta por la zona y se la pasamos para que meta una canastita. Ese zagal que es toda una victoria en una derrota de la que nadie habla. Ni importa. Importa el zagal.

JOta_Zaragoza

Solo es una posibilidad. Está lejísimos. Pero el gerente baja a la pista y le da una camiseta a una señora, doña Carmen, centenaria y sale en todos los papeles al día siguiente. Aparece el Tecnyconta en los medios de Madrid. Y no se ha ganado. Porque las camisetas rojas le hacen sonreir a esta señoraza gallega que vibra con el equipo por sus hijos maños. Como otros niños, los de Atades, disfrutan del baloncesto y sueñan con ir al Príncipe Felipe. Porque el básket es acercarse a la gente. Estar a su lado. Hacerles felices.

Porque la Copa es lo que menos importa. Importa el zagal. Importa Pradilla y Jaime. Importa Carmen. Importa que la grada se encienda sin el pito en la boca. Importa que el equipo hable y sienta baloncesto. Importa recuperar la ilusión. Importa que Zaragoza vuelva a ser la pequeña Belgrado. Importa que el entrenador sepa empatizar con sus jugadores, con sus ayudantes, con los medios, que vaya a ver los partidos y entrenamientos de cantera, que de un clínic bajo el nombre de José Luis Abós o se reuna con técnicos de un club de la ciudad. Importa que ese tipo con nombre maño, de barrio del Lupus, esa Jota mayúscula y baturra, haya descargado su pasión en una zona deprimida pero que no había olvidado por qué palpitaba su corazón, su corazón rojo. Porque el día que fichó casi le di el pésame y él me aseguraba que Zaragoza era un proyecto acojonante, con mucho futuro. Jota, gracias por el zasca.

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17
Oct
17

El ruido de Málaga


Málaga es bella. Málaga es el jolgorio de verdiales y petardo de la Feria de día. Málaga son sus cofradías de cristo y banda de corneta aguda de llanto de Semana orgullosa. Málaga es La Rosaleda celebrando un gol de una gaviota. Málaga es el Pimpi Florida cantando una de Rafael. Málaga es una terraza en Pedregalejo atestada de turistas. Málaga es la garganta de Diana Navarro y de Antonio Molina. Málaga es Chiquito zapateando por la cornisa del Guadalmedina. Málaga es su gente, alegre, juerguista, veraniega en diciembre, culta, currante y amada. Málaga es la risa.

Dicen que Málaga es ciudad de baloncesto. Su Unicaja verde, recuperando su bandera y su Euroliga. Es el hervidero de Los Guindos, es Cabezas, Berni y Gabriel, es Alberto Díaz y Domantas Sabonis. Málaga es el Carpena encendido. Dicen que Málaga es baloncesto.

Si leen los párrafos anteriores no sólo verán a Málaga, también la escucharán. Sonidos definidos de ciudad, vecinos, alegría y deporte. Esa sinfonía que ahora me duele. Recuerdo el ruido de Málaga, el roce del balón sobre el cemento, la chiquillería correteando, el golpe seco del aro, el pitido aleccionador y la zapatilla resbalando. Ese que ahora cierra colegios y deja a niños y niñas sin jugar. Sin soluciones.

Las denuncias aisladas han hecho que cerrase ayer la familia del club Puerta Oscura bajo la presión de una querella penal. No pueden pagar la multa de 12.000 euros que consta en la ordenanza municipal por exceso de decibelios. A partir de las 20:00 deben callar porque a alguien le molesta las risas del deporte. Hace unas semanas fue el Adesa quien tuvo que clausurar sus sesiones en el Lex Flavia por el mismo motivo. Otros clubes que entrenan al aire libre, en colegios e institutos de la ciudad, sienten la amenaza del candado desde antes del verano. Mientras esto ocurre la mejor idea que se le ha ocurrido al Ayuntamiento de Málaga es señalar a la Junta, al rival político, como responsable por competencia educativa y no firmar hasta septiembre, ya con el problema en ebullición, el convenio que regula el uso de las instalaciones escolares por entidades deportivas, y que permitiría a estas permanecer hasta las 22:00 entrenando en las mismas. Tarde una acción que podría haber servido de tiempo muerto para todos.

PuertaOscura

No es la primera vez que el ruido se entromete como frente entre vecinos y actividades lúdicas en Málaga. Hace unos años, en 2011, se decidió que las bandas de Semana Santa tuvieran una excepción en la normativa y pudieran ensayar desde las 20:00 hasta las 22:00 por ser un ‘hecho singular’ y subrayar el valor cultural y social de la tradición de la ciudad. Quizá tomar una medida similar con entidades deportivas que pretenden propagar buenos hábitos entre los adolescentes podría entenderse como lógica, dentro de respetar ciertos límites entendibles en el descanso de los malacitanos.

El cierre de clubes está empezando a hacer ruido. Periodistas, entrenadores, jugadores, entidades, agentes deportivos y sociales están propagando la indignación de una decisión a todas pintas desmesurada y que deja claro que los renglones de la normativa tienen grietas miserables. Levantar la voz suele ser una buena forma de que los que deciden se quiten la venda de los ojos y empiecen a escuchar a la realidad.

El ruido de la indignación hace que ahora se contempla la insonorización de los patios y se prometen obras inminentes,  inversión que se alargará en el tiempo y que podrían haber sido acometidas desde hace meses. El gasto, ya sabemos, recaerá en la saca común de los malagueños y será un apaño ante otra realidad que subyace dentro de este debate: la falta y mala gestión de pabellones polideportivos municipales en Málaga y el olvido del deporte popular durante años y años.

En tiempos de caceroladas y disturbios, la palabra diálogo está siendo introducida en el diccionario de los políticos con significados interesados. Quizá en su mención pura y no pervertida, ese diálogo podría ser una solución más digna y humana para dejar que los chavales vuelvan a las canchas. Primero para entender si es un conflicto individual, de un tiquismiquis o de un currante madrugador, o realmente influye a un colectivo mayor, a una comunidad,  una barriada o a una asociación vecinal. Entablar un canal de entendimiento entre el vecino molesto, ver sus circunstancias reales y si la solución recae en ellas, y los clubes sería un canal más apacible que poner multas, querellas y candados a la espera de muros. Quizá si a ese vecino se le explicase qué es lo que hacen los de ahí abajo y los de abajo entendiesen que hay límites para el descanso quedaría todo más claro. Porque los de arriba tienen que darse cuenta que los de abajo no sólo hacen ruido, evitan que esos jóvenes estén a esas horas con el botellón en la mano, atontorrándose ante una pantallita, se sociabilicen contra el ‘bulling’ y la intolerancia, busquen respuestas en la cooperación como equipo, cuiden sus cuerpos y sus mentes, sean una familia de deporte y amistad. Sean Málaga.

09
Jul
17

Un armario en el vestuario


Hace dos fines de semana se celebró en Madrid el World Pride 2017. Más de dos millones de personas visitaron durante esos días la capital española para consagrar la fiesta de la diversidad y tolerancia sexual. La multicolor manifestación del sábado fue el epicentro de una amplio número de actividades donde lo festivo se mezclaba con la reivindicación de la visualización y de los derechos del colectivo LGTBI. Las jornadas impulsaron la marca de Madrid y España como una de los destinos ‘gay friendly’ más atractivos del planeta, con la dimensión comercial y política que ello conlleva.

El deporte tuvo cabida en el World Pride. La carrera por la Diversidad reunió a más de 2.000 atletas con la idea de perdurar en el futuro. De forma paralela se desarrollaron torneos en distintas modalidades como el fútbol, golf, pádel o rugby y una competición más amplia denominada los Juegos del Orgullo. Con la periodista Paloma del Río como embajadora, esta ‘Olimpiada LGTBI’ tenía como objetivo visualizar a esta comunidad y denunciar la homofobia y los actos violentos que sufre. En el calendario de los novenos Juegos había un torneo de baloncesto en el pabellón Daoiz y Velarde, que acogió a ocho equipos, algunos procedentes de distintos países europeos. El club GMadrid Sports era el organizador de este evento y anfitrión con sus equipos. La formación de esta entidad que juega al básket fue creada en 2002 y compite en los Juegos Municipales de Madrid, una liga local donde nos negamos a la retirada muchos veteranos. Esta temporada han sido campeones en su distrito, Retiro. Cada martes entreno en una cancha aledaña a la que lo hace este grupo y la semana del ‘Orgullo’ tuvieron un amistoso con un equipo parisino que había venido a disfrutar de los Juegos y de “la fiesta”.

basket_gay

Cuando Jason Collins decidió declararse públicamente gay en 2014 impulsó un debate sobre la homofobia en el deporte profesional. Su valiente decisión fue aplaudida por buena parte de la sociedad americana, recibiendo el apoyo expreso del propio presidente Barack Obama. Las reacciones dentro de la NBA fueron muy diferentes a las que recibió el inglés John Amaechi cuando, ya retirado, anunció su condición sexual en un libro en 2007. El veterano Collins, que se mantenía activo cuando ‘salió del armario’, colgaba definitivamente las botas pocos meses después de esa famosa portada de Sports Illustrated. En España ningún jugador se ha declarado abiertamente gay, tampoco en el ámbito femenino, donde la homosexualidad es una realidad más latente pero igualmente oculta ante la opinión pública.

Los ejemplos de visibilidad del colectivo LGTBI en el mundo del deporte profesional son aún escasos y reflejan una realidad de nuestra sociedad: la exclusión del ‘diferente’. La visión del deportista como icono de masculinidad (hetero) no ayuda a la eliminación de prejuicios en este ámbito, donde manifestarse sin tapujos puede provocar el rechazo por parte de tus compañeros, la salida del club o hasta la pérdida de patrocinadores. Estos códigos trogloditas siguen aún activos y se manejan como ‘lo normal’ dentro de los vestuarios, de ahí la importancia de que declaraciones como la de Jason Collins rompan con la hipocresía dominante y provoquen un debate de apertura en la existencia de la diversidad y ruptura de estereotipos.

Más allá del enfoque profesional, existe otro plano más mundano, el del deporte, llamémosle, ‘de la gente de la calle’. En España un 7% de la población se declara abiertamente gay. Este dato no corresponde con lo que percibimos a nuestro alrededor aquellos que vivimos cerca del deporte. ¿Los gays y lesbianas no hacen deporte o siguen escondidos en los armarios del vestuario? Obviamente el deporte masculino no es históricamente un campo propicio para la tolerancia sexual. Con un lenguaje donde se exalta la hombría más viril, quizá no es el mejor contexto donde manejarse escuchando algunos lemas y comentarios homófobos. El miedo al rechazo, a la exclusión con la que tienen que malvivir los y las homosexuales, se afianza en un mundo donde se cierran las puertas por falsos mitos agarrados a la incomprensión de la sociedad. Siendo un apartado de la vida privada, declarar tus gustos sexuales no debería ser una condición obligada para practicar un deporte o formar parte de un equipo, pero tampoco este hecho debería ser ocultado si no se quiere y menos que alguien se sienta mal por ser quien es.

A la espera de que algún o alguna jugador de baloncesto español se atreva a dar el paso de declararse abiertamente homosexual, cada una de las personas que practicamos baloncesto (u otro deporte de equipo) deberíamos ser conscientes de esta realidad social y actuar para que nadie se sienta excluido o intimidado dentro de un equipo, denunciar actos y lenguaje homófobos dentro y fuera de nuestro grupo y potenciar la virtud del deporte como un espacio de integración y libertad. Los que somos entrenadores de formación necesitaríamos tener más claridad en los métodos para acometer este tema e influir en esta exclusión, como comunicar y construir un vestuario tolerante. Ya no sólo individualmente, sino que federaciones, ligas, organismo arbitral… deberían posicionarse contundentemente ante la denuncia de la injusticia homófoba. Porque la solución a la exclusión está en nuestra mano.

 

 

 

 

 

22
Nov
16

¿Es el baloncesto de izquierdas?


No. Rebajen la taquicardia, enfunden la bilis. La respuesta está clarinete. Cualquier deporte es una expresión lúdica de toda la humanidad y no pertenece a ninguna ideología, quieran unos u otros adueñarse de ella. Dejando finiquitada la respuesta a la pregunta del titular y sin ánimo de publicar fotos de Fidel Castro lanzándose un triple para confabular con una inexistente relación maligna con la pelotita y el marxismo, sigan leyendo por favor para entender la naturaleza de este artículo visto lo ocurrido en los últimos meses.

Dennis Rodman,  Latrell Sprewell y Bobby Knight. Tres tipos relajados. Esta era la caballería basketbolera de Donald Trump en la última campaña electoral americana. Al otro lado del ring se situaba la vasta mayoria de la NBA. Es decir, un tirachinas contra los cañones de Navarone. En uno de sus últimos mítines, en el Estado clave de Ohio, Hillary Clinton apareció en escena con LeBron James y JR Smith para reclamar el voto para la dama demócrata. Semanas antes el propio Dwyane Wade mantuvo un rifi rafe con Trump tras utilizar éste el asesinato de una prima del ahora jugador de Chicago Bulls en tono electoral. Carmelo Anthony, Stephen Curry y Chris Paul encabezaron a decenas y decenas de jugadores que manifestaron su adhesión a la causa ‘azul’. Entrenadores como Steve Kerr, Greg Popovich o Stan Van Gundy se han mostrado contundentes en su falta de confianza hacia el multimillonario que pretende levantar un muro en la frontera mejicana. No todo se quedaba en apariciones públicas o mensajes en redes sociales, el mismísimo comisionado de la NBA, Adam Silver, la leyenda Magic Johnson, Grant Hill, Mike D’Anthony, Jason Kidd, Rolando Blackman, Dikembe Mutombo, Jason Collins… aparecían en la lista de donantes económicos de la candidatura de Clinton.

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Las reacciones de catástrofe y estupefacción no se quedaron cortas al conocerse la victoria del magnate del flequillo dorado. El meteorito cayó en medio de la progresista NBA. Hasta el españolito Ricky Rubio se flagelaba con la idea de tener a Donald Trump a los mandos del Air Force One. Quizá a modo de revancha, una de las primeras informaciones aparecidas a los días de la elección fue que Trump desinstalará de la Casa Blanca la famosa pista de baloncesto de Barack Obama por la que tanta estrella, incluido Pau Gasol, ha pasado en estos ocho años.

Reacciones antiTrump en la NBA

El activismo político de la NBA en favor de causas progresistas no es nuevo, pero sí puede decirse que se ha disparado en los últimos tiempos con el advenimiento de Obama, conocido por su muñeca anotadora en su etapa universitaria en Hawai. Barack es hincha confeso de los Bulls y habitual en las gradas de los Wizards. El idilio era seguro.

La vinculación evidente de este deporte con el sector afroamericano ha propiciado campañas en favor de los derechos civiles y la repulsa a los repetidos casos de violencia policial contra jóvenes negros que han sacudido la sociedad norteamericana. El mandato de Adam Silver ha sido más duro que el de su antecesor David Stern en estos aspectos, condenando al propietario de los Clippers, Donald Sterling por comentarios racistas, o  trasladando de Charlotte a New Orleans el próximo All Star por la ley racista y homófoba propugnada en Carolina del Norte.

La reacción de la mayoría de la NBA al triunfo de Trump le ha puesto en la avanzadilla de la oposición contra el ‘nuevo régimen’. Hace una semana salía a la luz que tanto los Milwaukee Bucks, como Memphis Grizzlies y Dallas Mavericks harán boicot a la cadena hotelera de Trump y no se alojarán en ella como tenían previsto. Otras franquicias parecen que harán lo mismo. El propio LeBron James insinuaba en su reciente visita a la Casa Blanca, Mannequin Challenge mediante, como campeón de la NBA que de repetir victoria en las Finales quizá no hagan este viaje para saludar a Trump. La batalla no ha hecho más que comenzar.

El baloncesto como unión Sánchez-Iglesias

El progresismo de la NBA tiene un tinte eminentemente racial. Y esta razón no converge con lo visto en las últimas luchas electorales en España. Aquí también el baloncesto se sacó como un medio de canalización de entendimiento entre las dos fuerzas de izquierdas. Se daba la circunstancia que tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias priorizan al básket sobre otros deportes en sus gustos personales y encima compartían pasión por el Estudiantes. En sus primeras presentaciones televisivas, el líder socialista alardeaba de haber jugado en la cantera del Ramiro y parecía obligado darle una pelotita para probar su puntería cuando acudía a un plató. No se si esto era casual, con afán de humanizarle o de situarle como heredero de José Luis Rodríguez Zapatero, otro amante confeso del baloncesto.

En la bancada granate también se ha abrazado el amor por las canastas. Podemos difundió un vídeo de su líder jugando una pachanga con sus amiguetes en la jornada de reflexión previa al 26J. Famoso es el discurso que Iglesias dio en Vistalegre en 2015 comparando a la formación del cambio con la selección española. Este matrimonio por el básket lo quiso trasladar a las negociaciones para formar gobierno el propio líder de Podemos al entregar un ejemplar del libro ‘Historia del Baloncesto en España‘ a su homólogo Sánchez como símbolo de lo que unía a ambas formaciones. Permítanme el paréntesis. Espero que se leyeran el capítulo de la selección de la Segunda República, escrito por un humilde autor, en el que, miren que oportuno, hubo un jugador, Cayetano Ortega, que terminó cayendo en el campo de batalla peleando contra el fascismo.

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Al contrario que en Estados Unidos, son pocas las adhesiones políticas que desde el baloncesto español se han dado a un bando u otro de nuestro parlamento. Quizá Sitapha Savane, pívot senegalés del Movistar Estudiantes, es el más claro en ahondar en estos asuntos y posicionarse como simpatizante de Podemos. Tampoco los deportistas en este país acostumbran a mojarse en estos temas. Recuerdo vagamente, y no lo puedo apoyar en la hemeroteca, unas declaraciones en apoyo de Esperanza Aguirre de Jorge Garbajosa, ahora presidente de la FEB, hace ya unos años. Pero se pueden contar como mínimas este tipo de intervenciones. Aunque curiosamente, un exjugador de la ACB, José Ramón Lete, será quien esté al frente del Consejo Superior de Deportes en la nueva legislatura.

No vayamos a introducirnos en la historia, donde hay raciones para todos, pero también aquí el baloncesto tuvo un componente ideológico, concentrado en la confrontación olímpica entre soviéticos y americanos, llevaba a su máximo exponente en la final de Múnich’72 y la polémica canasta de Alexander Belov. La derrota de los Estados Unidos en Seúl’88 y el miedo a perder el dominio ante las naciones del Bloque aceleró la entrada de los jugadores profesionales en la villa olímpica en Barcelona’92 justo tras la caída del Muro de Berlín.

Llama al menos la atención cómo se ha adherido en estos últimos tiempos, al menos en el contexto español y americano, al baloncesto como un deporte con claros vínculos progresistas, tanto sea por la simpatía de los políticos por esta disciplina o por la oposición de los jugadores afroamericanos de la NBA al discurso racista de Trump.

Creo que estarán conmigo en que el baloncesto es un perfecto canal democratizador. Como expresión colectiva, el entendimiento de los cinco efectivos del equipo debe ser coordinada para ser efectiva. La tara de uno afecta al todo. De esta realidad mana la necesidad de la unión y eso es lo que importa dentro de una cancha. He estado en vestuarios muy díscolos a nivel personal, con diferentes gustos estéticos, culturales, sexuales y políticos, pero que al saltar a la pista obviaban estas distancias para confluir en el bien común. Y quizá en esto, más alla de colores o banderas, es en lo que este bendito deporte podría enseñar más a la política.

Aclarado el tema, permitanme la licencia de poner una foto de Fidel Castro jugando al baloncesto. 😉

fidel_baloncesto

14
Nov
16

Willy, no dejes de tender tu mano


Bruno calza coletilla de torero y pelo remojado. Calcado al padre en tamaño reducido y con pinta de pícaro granujilla. La ilusión del primer partido rebosando en una sonrisa reluciente de benjamín. El árbitro pita ‘uno’ y todos van al banquillo. Repasan las normas. Cada uno defiende a un jugador del otro equipo, con la pelota vamos hacia el aro, sin la pelota nos movemos para estar solos para que nos la pasen… y las dos más importantes: en el banquillo se anima y en la cancha se ayuda al niño que se cae. “¿Y sí es del otro equipo?”, cuestiona Bruno. “Con más razón”, se afana a contestar su entrenador. Lección aprendida.

san_fermin_ayudaEn el CB San Fermín tenemos estos dos mandamientos sagrados. Es como nuestra firma. Hombre al suelo, mano para socorrerle. No es algo casual. Incluso tenemos ejercicios concretos para entrenar este ‘give me five’ de deportividad. Los peques lo entienden a la primera. Lo importante es la persona y no la canasta a la que renuncio, incluso aunque con ello se aprovechen para anotar. Y el mensaje se queda grabado desde ese primer partido hasta categorías superiores. Os aseguro que no falla. Uno de los mayores logros es ver que, tras varios aplausos sonoros como premio del banquillo y de la grada, los jugadores del otro equipo empiezan también a imitar un gesto que mola. Haber perdido varios partidos por ello ante rivales que se han querido ‘aprovechar’ de esta norma lo considero un verdadero orgullo, al igual que no son pocas las veces que padres, madres, entrenadores o árbitros se han acercado a nuestros educadores para agradecer esta exhibición de valores.

¿Es realmente tan importante enseñar a un niño a parar el juego cuando ve a un compañero caído en el suelo? No si se queda en un acto meramente estético o de márketing educativo. Es un símbolo como puede ser otro y que reconocemos en otros deportes: tirar la pelota fuera de banda cuando hay un lesionado en fútbol o muestras de auténtico compromiso por el compañerismo exhibidas en los últimos Juegos y premiadas por la organización. Pero como detrás de todas estas señales se esconde un mensaje de mayor calado, lo realmente importante: el resultado no es el fin último en la formación de nuestros pequeñajos.

Para mí hay otros componentes por los que me parece esencial en la educación de los menores. Hacerlo, al igual que animar, democratiza la función de todos los niños, los que aún no tienen habilidades para tener un protagonismo en la pista, como los que sí la tienen, pero no deben olvidar estos conceptos como primordiales. Ayudar al otro lo pueden y deben hacer todos desde el primer día y eso genera una sensación de utilidad, que no debe quedarse sólo en eso. Evidentemente estas enseñanzas no chocan con el ánimo de intentar ser mejores jugadores o desarrollar lo aprendido en un partido, que es la definición de ‘bien competir’. Pero sí puede ser adquirida en un futuro cuando nos encontremos con personas en dificultades. Me niego a pensar que mostrar empatía o solidaridad no pueda ser malo. Por ejemplo, interponerse ante una agresión sexista, unirse a una reclamación laboral, atender a un accidentado, auxiliar a una persona olvidada en la acera quizá sean extremos muy lejanos a los de un símbolo deportivo, pero a los que nos referimos para describir a nuestros héroes de la vida cotidiana.

La mano de Hernangómez

La semana pasada Willy Hernangómez fue recriminado por un compañero de los Knicks, Brandon Jennings, por pararse a ayudar a un rival caído. Cuando el pívot madrileño tendió la mano de buena voluntad para levantar a Hollis-Jefferson, su compañero le tiró del otro brazo para impedirlo. Sólo faltaban 32 segundos para la conclusión del encuentro ya decidido ante los Nets de Brooklyn.

Willy comentó ante la prensa el incidente en la zona mixta del Madison y se comprometió a no repetir este gesto. “‘Willy, esto es una guerra, así que no puedes ayudar a nadie del otro equipo en la pista. Después del partido puedes ir a cenar con tu amigo o lo que sea, pero durante el partido no puedes hacer nada con el rival’. He aprendido eso. Nunca ayudaré otra vez al contrario en la pista”, declaró Hernangómez al portal Newsday.com. La estrella de los Knicks, Carmelo Anthony, también ahondó en este sentido y dirigió sus palabras como una lección que el rookie español debe aprender para no fraguarse una imagen de blando en la NBA. “Simplemente Willy estaba siendo un español amistoso, lo que es, un big baby, y Brandon no quería eso, especialmente en ese momento en el que toca luchar”, dijo Anthony.

Un partido de baloncesto nunca puede ser una guerra que esté por encima de los mejores valores de humanidad. El ansia de ganar o ‘mal competir’ no puede conjugarse como antónimo de estos símbolos saludables socialmente y que trascienden por encima del mero deporte. Entiendo el mensaje en un lenguaje de chico malo, pero no justifica esa falta de comprensión, más cuando hablamos de jugadores profesionales que son idolatrados por muchos enanos en todo el mundo, capaces de imitar cada uno de sus movimientos, looks o tics. He ahí de la equivocación de negar el auxilio al jugador caído, pero peor que Willy, entendible dentro de los códigos que gobiernan la Liga y el vestuario más para un novato, decida renunciar a un valor tan saludable para no ser un bicho raro.

La buena educación no debe estar reñida con la competición y tampoco con la imagen de ‘ghetto’, de tío duro. Justamente todo lo contrario. Cuando te pegan esa etiqueta de marginal una forma de quitártela es mostrando el lado adverso de los prejuicios que contienen la mirada del otro. Y en ese sentido, esos ligeros gestos, querido Brandon Jennings, hacen mucho más de lo que piensan. Asi que, por favor, Willy, no dejes de tender tu mano nunca.

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08
Nov
16

El paraguas


Twitter y otras redes sociales ha hecho que el periodismo sea una actividad al alcance de todos e instantánea. Los aparatos móviles y su uso multimedia ponen la noticia a un clic. Y el redactor accidental puede ser todo aquel que sepa utilizar bien un teléfono y esté despierto a difundir lo que pasa a su alrededor.

El pasado sábado, a las 11:41 horas de la mañana, David Fernández (@davidferpas) publicaba un tweet con una foto de un árbitro de baloncesto pitando bajo un paraguas. En la imagen se observaba a un grupo de chicos en manga corta y un grupo de padres abrigados charlando en la banda. El informador se sorprendía de la secuencia y se preguntaba por qué los chavales no podían agarrar también otra protección para luchar contra el temporal. Cuando escribo este post, el mensaje había sido retuiteado por 512 usuarios y tenía 262 ‘me gustas’, es decir, había tenido repercusión y generado polémica. Hasta el diario catalán Mundo Deportivo se hizo eco de la noticia y rellenaba la información apuntando que el encuentro lo disputaron en Bizkaia y entre los equipos de La Salle y Zornotza.

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Esta fotografía insólita abrió un debate en las redes sobre la profesionalidad del árbitro, seguramente una persona joven al que le gusta el deporte y que se gana unas ‘perricas’ los fines de semana pitando partidos de formación. Evidentemente no fue la mejor decisión y tuvo la mala suerte que lo cazaron y la anécdota adquirió cierta ‘viralidad’.

Un frente frío es el peor defensa para un niño o niña que quiere practicar su deporte en una mañana de sábado. Si sale el día encapotado y se atisban goteras en el cielo, ya nos puede tocar ese día jugar en pabellón, que si no nos harán repetir la jornada otro fin de semana. Suspender no es siempre la mejor de las opciones para árbitros, entrenadores, jugadores y los propios padres, que ven como sus planes se truncan por la maldita climatología. En zonas del norte de España, como Euskadi, el txirimiri provoca unas cuantas cancelaciones a lo largo de la temporada y hace del calendario, normalmente ya apretujado, una mantita llena de remendones.

Los Marines del patio

La foto de marras me recordó otra secuencia similar que viví hace unas semanas. Llovía en Madrid y pasé cerca de un recreo de un colegio. No era un torrente, pero si un chubasco incómodo que cuajaba en charcos. En ese patio unos chavales se afamaban en completar ejercicios bajo las órdenes de su entrenador en camiseta corta. Los padres resistían en unas escaleras protegidas por un techo. Cerca vi unas arcadas con un espacio parapetado donde hacían juegos un grupo de benjamines. El técnico lanzaba consignas tipo ‘Marine’ que parecían motivar a sus alevines.vestidos con el uniforme de juego, mientras tenían dificultades para controlar el resbaladizo balón o no patinar en el suelo. Solo faltaba que saliera Ivan Drago empujando un tractor. La escena era vergonzosa. Pero todo el mundo parecía encantado.

Este sábado uno de los equipos que dirijo esta temporada tuvo que suspender su partido por la lluvia que cayó sobre Madrid. Las cancha no estaba inundada, pero sí tenía charcos. Un padre de mi equipo me insinuó que consideraba que sí reunía las condiciones para jugar. En sus palabras percibí la incomodidad de reservar otra fecha extra para llevar al niño al partido.

Esta semana el colectivo de padres CEAPA ha planteado una huelga de deberes en noviembre. Se quejan de las horas de tareas que sus hijos deben completar para cubrir sus necesidades escolares y apuntan a los profesores como culpables de la falta de tiempo libre de los menores y que hipotecan los fines de semana. Seguramente habría que darle una vuelta a las metodologías que reinan en la educación española, aún más a la falta de presupuesto de la escuela pública y a la precariedad de recursos de los maestros, pero llevo unos años siendo educador de chavales y la sensación de que los padres colapsan el calendario de sus hijos con actividades, como el baloncesto, para rellenar sus tardes es algo evidente. Quizá porque no los pueden tener ‘solos’ en casa o porque piensan en su futuro hablando siete idiomas, sabiéndose defender, adquiriendo valores sociales o aprendiendo a tocar el clarinete. Habrá de todo, pero seguro que no son ellos los que motivan un tiempo libre más sano, sin tantos deberes, pero también sin tantas distracciones fáciles con pantallita adictiva.

El paraguas fue una cagada, señor árbitro. Intolerable. Pero si esa fotografía encierra algo, o al menos para mí (y repito, sin saber todas las circunstancias), es la falta de visión de todos, como en el caso de la huelga de deberes o del técnico ‘Marine’. ¿Era necesario jugar ese partido? ¿Qué razones pesaron más que la seguridad y la salud de unos menores? ¿Por qué los padres y los entrenadores no tuvieron el sentido común de parar el espectáculo? ¿Por qué hay que endurecer bajo la lluvia a los chavales que deberían sentir en el deporte otros valores más enriquecedores, lúdicos y sanos? Mirar al paraguas creo que tapa una reflexión más nutritiva para todos.

02
Oct
16

Las Tecnycuentas de la nostalgia


El CAI ya no es el CAI. Ahora es el Tecnyconta. Cambio de nombre que despertó un cierzo de nostalgia por Zaragoza. Recuerdo perfectamente lo que supuso el anuncio del bautizo del ‘nuevo’ CAI en un comedor de un hotel maño reconvertido en sala de prensa. La noticia de la involucración de la Caja Inmaculada, el patrocinador más clásico y exitoso de la etapa del CBZ en la élite, sirvió de respaldo para el recién nacido proyecto del Básket Zaragoza 2002. La cosa iba en serio si detrás estaba la entidad financiera del Paseo Independencia y confundía bajo disfraz rojo  a los aficionados no aragoneses en la creencia que ese CAI era el otro CAI, el de toda la vida.

Pero es que ahora ni la CAI era la misma CAI. La fusión con Ibercaja hacía irreal la vigencia de un mecenas que estaba cantado iba a dejar de apoyar al club de baloncesto. Alrededor de la ACB habían sido otras las ‘cajas’ que habían salido tarifando de la esponsorización de equipos ‘de provincias’ como precipicio de un modelo de gestión bancaria azuzado por la crisis y el rescate millonario. Caja Postal, Caja San Fernando, Caja Bilbao, Laboral Kutxa, Cajacanarias, Caja Extremadura, Cajamadrid… se han ido despidiendo de los aros y dejan solitaria a una Unicaja propietaria en Málaga. En sus tiempos de bonanza, la CAI llegó a patrocinar al Básket Zaragoza, el Peñas Huesca, el Balonmano Aragón y el Voleibol Teruel.

Final cantado

La ausencia de subvenciones públicas, copiosas en época de vacas gordas, y el deseo del Grupo IberCaja de apartarse (seguirá apoyando a la Fundación) ha ido descendiendo el presupuesto que se manejaba para construir una plantilla que cumpliera con unos objetivos debilitados en las últimas dos temporadas. La caída de ingresos por la bajada de abonados añade peso a este lastre. La situación se volvió más alarmante este verano con el riesgo de impagos, la necesidad de realizar una nueva ampliación de capital, la renuncia de la plaza del filial en LEB Plata y la ejecución de cambios profundos en la estructura. La salida de cuatro empleados, entre ellos los dos que resistían desde la fundación (el responsable de Márketing Miguel Mur y el médico José Sarasa), y una oferta de renovación inaceptable para el entrenador asistente Rubén Perelló, van encaminadas hacia la reducción de nóminas. Pese a haber renovado, también abandonaba la nave Willy Villar, el arquitecto deportivo de los éxitos de la etapa del recordado José Luis Abós. Su puesto ha sido amortizado por un cónclave formado por el presidente, un consejero, el entrenador y el jefe de cantera.

A unos pocos días de la apertura de la temporada, el anuncio del cambio de patrocinador pilló por sorpresa a muchos, tanto que hasta la presentación de las nuevas camisetas, con el logo incrustado sobre el rojo característico del CAI, tenía un aire de precipitado. Sin embargo, Tecnyconta no es un extraño en la órbita del Príncipe Felipe. Como otras marcas aragonesas como Simply o Ambar, ya era patrocinador secundario y ahora adquiere un valor mayor.

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La empresa de prefabricados de hormigón, un sector insólito en la Liga Endesa, es propiedad de Emilio Garcés, consejero de la directiva del Básket Zaragoza 2002 desde la ampliación de capital acometida tras el primer ascenso (2008). Garcés es un amante del deporte. Saltó al escenario público cuando se involucró en la compra de las acciones del Real Zaragoza en propiedad de Alfonso Solans junto a Agapito Iglesias. Al no poder ocupar la presidencia y por discrepancias con el soriano, decidió vender su paquete accionarial (casi el 30%) a su antiguo socio y salir del mundo del fútbol.

La vinculación de Garcés con el deporte en los tiempos que corren le honra. Reynaldo Benito, presidente del club, agradeció el cable del que parece su socio más cercano y en la presentación reconoció que el montante del acuerdo servirá para pagar los gastos pendientes y afrontar el futuro con otra perspectiva. Y quizá sea más pronto que tarde. En la primera derrota ante el Valencia, algo previsible y sin exhibir un mal juego, Casadevall utilizó una rotación cortísima en la que quedó señalado el croata Kraljevic. Teniendo a un base como Agustí Sans entrenando con el equipo, ya se habla de la posibilidad de cambiar alguna pieza de la plantilla y traer algun refuerzo bajo el nuevo amparo de Tecnyconta. El contrato alberga la posibilidad de alargar el matrimonio la próxima temporada.

Puente de apoyo

Como casi todos en este país, Tecnyconta está recuperándose de la crisis económica, que le llevó a sumergirse en un concurso de acreedores en agosto de 2013. Anteriormente, la empresa llegó a contar con 500 empleados en 2008 cuando fue actor principal en la construcción del Ikea, el Pabellón de Participantes de la Expo o el recubrimiento de las vías del AVE y Cercanías de la capital aragonesa. Posteriormente, ante la bajada de pedidos, tuvo que ejecutar varios EREs de regulación de empleo temporales, despedir a casi un centenar de trabajadores y reducir en un 5% sus salarios. Según el portal eleconomista, la sociedad ocupaba el puesto 645 en el ránking de empresas de la provincia de Zaragoza en 2014, 300 por debajo que un año antes. Estos malos tiempos parecen pasados, aunque están aún cercanos para obviar cierta incertidumbre sobre la solvencia del nuevo patrocinador del Básket Zaragoza para fortalecer a un proyecto en retroceso.

La nostalgia de estos días viene además provocada por la evocación de lo que pasó cuando la CAI dejó de apoyar al CBZ. Ni Anway ni Natwest terminaron de ser balsas de auxilio para un club que acabó naufragando en su deuda acumulada y dejado a la deriva por los poderes políticos, como ha ocurrido ahora. Cabe ahora agradecer a Emilio Garcés por su valentía y por darte este paso al frente, pero Tecnyconta parece ser un puente de apoyo entre los propios consejeros para afrontar una urgencia inmediata y ampliar el tiempo para hallar nuevas salidas necesarias para que la nostalgia no se convierta en tristeza. Tristeza por la desaparición de un club que, llame como se llame, es tan necesario para un deporte tan amado en Zaragoza.

 

 

 




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