23
Ago
16

El oro de Calderón


No es un detalle cualquiera. Nadal no rompe raquetas. Ni la mayor de las rabias contenidas provoca esa necesidad de destruir su arma de trabajo. Cuenta Toni Nadal, su tío y entrenador, que le negó ese gesto. No podía permitir que como ídolo de masas mande ese mensaje de frustración a sus pequeños admiradores, que seguro no tenían una marca deportiva detrás que le suministre material ilimitado. Una eficaz raqueta puede valer un puñado de centenares de euros, inalcanzables para muchas de las familias españolas en esta economía crítica. Al social había un segundo discurso. Rafa no podía arremeter contra otros y mucho menos contra un objeto por la culpabilidad de sus fallos. No hay que buscar excusas. Cuenta una anécdota que el propio tenista decidió seguir jugando con una cuerda rota en un partido porque realmente lo que tenía que mejorar era simplemente su actitud y su juego.

El libro ‘Prohibido gritar’, de los periodistas Maira Cabrini y Juan José Mateo (Ediciones Turpial), ha sido mi compañero en la playita este verano. Por poco tiempo, tengo que decir. Lo he devorado. Su contenido va ahondando en la importancia de la educación en valores en la construcción de un buen campeón por parte de sus entrenadores. En diez reportajes se presentan casos de deportistas españoles muy reconocidos. Los detalles referidos a Rafa Nadal los he extraído del excelente trabajo de estos autores, que subrayan elementos básicos en la buena educación como el compromiso (Vicente del Bosque), la lucha (Enhamed Enhamed), el equipo (Pepu Hernández), la corrección (Rafa Nadal) o el camino (Edurne Pasabán).

En los recien acabados Juegos Olímpicos de Río, España ha cosechado 17 medallas, siete de oro, quizá la mejor participación desde Barcelona 1992 y Atenas 2004. El medallero marca un abismo entre la gloria y el fracaso. Un precipicio cruel por el que cae todo aquel que no es capaz de engrandecer a la patria. Si eres cuarto ya no sales en el Telediario. Y tampoco en la beca. Ese resultado que depende de tantos factores sigue demarcando los límites de la alegría y la tristeza para los medios de comunicación, directivos federativos y aficionados de andar por casa. Y en muchos casos, en todos los deportes mal llamados ‘minoritarios’, los héroes volverán al anonimato durante cuatro años de barbecho olímpico. Injusto y cruel.

nadal

El otro resultado

Aquellos que nos dedicamos al deporte de formación, que no deformativo, sabemos que los referentes de los profesionales son esenciales para la mejora de nuestros chavales. La copia, la imitación es un dulce anzuelo para los enanos. Si un niño se levanta un día con ganas de imitar la última acción de Pau Gasol o sueña con ser tan grande como Lidia Valentín tendrá un importante aliciente para seguir por el buen camino. Pero aquellos que además pretendemos hacer del deporte un elemento educador, como bien intenta relatar ‘Prohibido gritar’, apuntamos más hacia otros valores que en muchas ocasiones pasan desapercibidas para los focos.

Precisamente creo que Río ha sido uno de los mejores Juegos en este concepto. La señalada como mala organización ha tenido detalles fabulosos para ensalzar las mejores acciones de deportividad de los atletas y sancionar a aquellos que han hecho trampas. La recalificación para competir en la final de fondistas que se lesionaban o se paraban a ayudar o de nadadores que por error ajeno habían saltado antes de tiempo a la piscina me parece que lanza un mensaje claro a todos los jóvenes del mundo: ganar no es lo más importante. Se premia el compañerismo, la justicia, la deportividad y la bonhomía.

La afición no es tonta y capta esas sensaciones. Pocas estrellas empatizan más con la gente como Rafa Nadal. Exhausto es capaz de remontar un set perdido ante un rival. No obtener el bronce no frenó halagos y elogios a su actitud de superación, su esfuerzo casi suicida. Puede que sólo Pau Gasol emita ese tipo de señales de confianza y liderazgo que trascienden el resultado y avivan la admiración. No sorprende que algunos les propongan como próximo presidente del gobierno. Y no nos vendría mal.

El equipo gana al egoísmo

José Calderón ha sido parte activa de los éxitos de sus hermanos mayores de la generación del 80 (él es del 1981). El base ha sido capitán general en los éxitos de la última década, acaparando minutos y protagonismo pocas veces denunciado. Su rendimiento en las últimas temporadas en la NBA, el inevitable paso del tiempo y el aumento de la competencia han reducido paulatinamente su aportación deportiva en la selección. Los Juegos de Río pueden que hayan sido su última gran competición con sus amigos, su familia, con su equipo. Y quizá no haya sido la despedida prometida, soñada. El extremeño apenas ha jugado. Ha sido el tercer base por detrás de Ricky Rubio y Sergio Rodríguez, una decisión que conocía y que fue parlamentada por Sergio Scariolo. Los roles mandaban por encima de las necesidades personales. Calderón, como un gran profesional, conocedor de los mecanismos que hacen funcionar a un equipo y aceptando una realidad sin consumirse en ella, aceptó otro reto: ser líder fuera de la pista, donde las estadísticas no importan. Humildad y sacrificio reza su perfil en twitter.

Su actitud en el banquillo ha sido emocionante, mandando y animando, como sus lágrimas y abrazos en la celebración. Su falta de crítica a la elección de Scariolo es simplemente ejemplar y básica para no resquebrajar la armonia del colectivo o desviar la atención en un momento crítico (dos derrotas y el base titular jugando mal). Choca con rabietas vividas en otros deportes (pongamos que hablo de Pedrito) y que como entrenadores nos encontraremos en el actual entorno de padres que creen tener en casa a una futura estrella.

Con su forma de actuar ante una situación incómoda, aceptando el bien común por el egoismo individual, sumando más que restando, José Calderón nos ha entregado una lección mucho más importante que un metal. Es necesario potenciar esta secuencia más allá de las fotografías del podio. En ella está la esencia real del deporte y los valores que lo hacen una raíz del cambio hacia una sociedad mejor. Lo que realmente debería perdurar de estos Juegos. El verdadero oro para todos. Gracias, Calde.

calderon_rio.jpg

20
Ago
16

Cocina italiana


Se imaginan ir a un restaurante y no mirar los precios de la carta. Quiero esto, eso y aquello. Porque yo lo valgo o, mejor, porque el dinero no vale nada. Pues eso es lo que le pasa a un seleccionador deportivo. Tiene delante de sí a todos los jugadores de un país para decidir qué se lleva a la boca. El peligro es el mismo en ambas situaciones: tirarse a por lo más goloso y llenar el plato de delícias sin atender a las necesidades del cuerpo y a la cantidad idónea para no saturarse.

Scariolo ha cocinado la selección sabiendo la temperatura a la que se cuece un equipo campeón. Hasta ha tenido la suerte de la ‘mala suerte’ en la elección de los elementos. Me explico.

Una herencia con fisuras

Quizá ahora no lo recordemos, pero la herencia que recibió el italiano tenía fisuras, no definitivas, pero si suficientes para dudar de que lo ocurrido en Río fuera posible. Se venía de naufragar en ‘nuestro’ Mundial y se vislumbraba el declive de algunos de los Héroes de Saitama. A ello añadan el fuego de la poca presencia de Felipe Reyes, el lío del overbooking de tres bases, la eterna pregunta de que sí Ibaka o Mirotic, la ácida crítica sobre Claver o el llamamiento a una regeneración de jóvenes meritorios. No era una situación idílica para retomar las riendas de un proyecto con memoria de gloria.

Recoloquemos el escenario en el verano pasado. Llega el Eurobásket. Y las sensaciones no mejoran. Comencemos con las ausencias, por un motivo u otro. Se descuelgan del grupo Ricky Rubio, José Calderón, Juan Carlos Navarro, Serge Ibaka y Marc Gasol. Parece un listado de bajas bien lustroso para hacer temblar a cualquier selección con su pérdida y más con la presión añadida de que hay que conseguir la clasificación para los Juegos de Río, que se visten ahora con los ropajes de la gran despedida de esta generación que debía hacer sido el fracasado Mundial de España.

scariolo_gasol

Las derrotas ante Serbia en la inauguración y ante Italia más tarde alimentan a los agoreros a anunciar un póstumo eclipse que tuvo Alemania a dos tiros libres. No era ese el final predestinado. Una segunda fase iluminada por la presencia mesiánica de Gasol acalla todas las voces del carrazo de tacañones. Polonia, la invicta Grecia, la revancha más dulce contra Francia y la final ante Lituania en plena excitación son capítulos que alargaban la leyenda de un grupo único… aunque con invitados especiales. Porque Felipe recupera su casco de espartano, Claver sale del enfoque de la broma, Mirotic aprueba el examen, Llull asciende a capitán general, el Chacho rompe la regla de que los mejores siempre juegan la NBA y los ‘chavales’ evolucionan correctamente. Se taponaron todas las grietas y se recupera la confianza plena de los que dudaban. No todos los dilemas.

La fuerza de la unión

Scariolo supo hacer de las ausencias su fuerza. Delante del buffet libre, sin poder escoger lo que más gusta, supo tomar un cazo de los ingredientes indispensables para hacer un buen equipo bajo su propia filosofía. Impuso roles. Todos sabían para qué estaban y la dosis de minutos que se le administrarían. Tener un equipo de chavales o debutantes en la selección ayudaba para asumir protagonismos menores de tercer base, quinto interior o especialista defensivo.

Sin Ibaka ni Marc se reducía peso en la zona, pero el perjuicio se convertía en beneficio. Pau adquiría todos los galones de líder divino sin compartirlos con su hermano, Felipe recuperaba su cuota en la historia y el juego de Mirotic equilibraba tácticamente el dibujo. Mirotic sería Garbajosa, el cuatro abierto con el que juega todo Dios desde hace quince años y que para Scariolo ha sido norma en todos sus éxitos en Baskonia, Madrid, Unicaja y con España. Generando espacios, dejando la pintura para Pau para atacar y defender y podiendo frenar a interiores más moviles, pesadilla para los Gasoles cuando coincidían en pista en el Mundial. Hasta las salidas de Pau al 6’75 eran de nuevo sorpresivas y no una obligación conocida si su hermano estaba en pista.

A ese giro decisivo se añadía el reclutamiento de soldados del barro, jugadores menos apegados a la estadística y pendientes de pequeños detalles. El campeonato de Pau Ribas y Víctor Claver, y otros, orientados hacia la labor de contención y vigías de los pequeños detalles, nivelaba los excesos incontrolados de la época Orenga, demasido centrado en contentar a todos.

Esa selección del Eurobásket, sin tener a los mejores, era mejor equipo porque estaba configurado bajo el lema ‘una para todos, todos para uno’.

Scariolo_sonrisa_España

Seleccionador y entrenador

Pero de Río no se iban a descolgar los mejores. El plan cambiaba. Los peones eran reyes. Y volvían los excesos de la carta de lujo. Volvían los tres bases, volvía Marc y la publicidad tolkiana de las ‘dos torres’, retornaba Ibaka para apartar a Felipe y mandar a la jaula a Mirotic y Navarro reclamaría su merecidísima corona pese a protagonizar su peor temporada individual en el Barcelona. Encajar a tanto diamante era ahora el dilema dorado.

Scariolo ha encontrado soluciones ajenas y propias. Ajenas en la inoportuna lesión de Marc Gasol y en la renuncia olímpica de Serge Ibaka. Sin ellos nada había que trastocar en el plano interior que tan bien funcionó en Europa. Incluso se ha contado con el crecimiento de Willy Hernangómez como aquella tanqueta que transitó hace diez años por los campos de Japón.

Pero Calderón y Navarro estaban allí como clavos. Y el italiano aquí hizo de entrenador. Tomó la decisión de dejar al extremeño en la periferia de la rotación como base. No le restan argumentos: Calderón viene de varias temporadas inestables en la NBA y Ricky y Sergio han presentado un currículum competitivo más adecuado en este tramo. No pretendió Scariolo mentirse como hizo Orenga y desplazarle al ‘2’, como ocurrió en Dallas, y reducir la trascendencia o quitarle la bola a un Llull en efervescencia. Mejor mirarle a los ojos y decirle que vas a jugar menos, pero que puedes ayudar de otra forma y eres importante para el grupo. Eso es lo que toca, aunque puedas ganarte las críticas. Y Calderón ha aceptado de forma ejemplar su papel de líder en el banquillo y fuera de las cámaras. Su profesionalidad es de aplauso cerrado y muy diferente a la crispada respuesta que hubo con el ostracismo de Felipe en Madrid (ni que hablar de la selección de fútbol y el egoismo mimado de Pedrito). Si Calderón está feliz, todos felices (si se gana)

Y quedaba Navarro. Esa Bomba que lleva dos temporadas administrando su explosividad en Barcelona para derramarla cuando corresponde. Sin la regularidad y constancia suspendida en sus mejores piernas, en 30 minutos de caza, pero con el veneno preparado del talento indomable. Y Navarro aceptó esa bandera de la segunda unidad, de que quizá no tocaba tirarselas todas, pero sí poner toda la intensidad en defensa, en aceptar cuando tenía que ser cambiado, quizá porque además Pau Ribas se ha quedado en casa después de sacarle a él la invitación para esta despedida de gloria.

Ningún plan es infalible. Los dos primeros partidos quedó claro, quizá aún sin tiempo entre tanta interrupción de viaje de ida y firma de contrato, o quizá sin la comprensión de todos los cambios hacia el equipo y hacia afuera. Pero las piezas fueron encajando en el armazón para darle la razón a Scariolo y el rendimiento se disparó hasta la lucha por el bronce. Sólo el día de Estados Unidos, por el cansancio acumulado de Pau y la debilidad defensiva ante los físicos interiores y las debilidades de rebote, se echó en falta a Marc Gasol y el músculo de Serge Ibaka.

Y ahí reside en parte el éxito de la labor de Scariolo. Él ha sabido hacer de seleccionador, contando con los mejores, pero también de entrenador, haciendo de esos jugadores piezas de un equipo y convencerles de que esa función era la necesaria para seguir haciendo leyenda juntos. Porque él también es leyenda. Y los jugadores lo saben y lo respetan.

30
May
16

Dos libros, dos historias


La pasada semana se presentaron dos publicaciones hermanas en Madrid. Dos libros que circulan alrededor del baloncesto español y su historia. El nexo de unión casi finaliza en este par de términos. Ambas obras bifurcan sus caminos en su naturaleza y objetivos pero vuelven a encontrarse en el interés que deben despertar en el buen aficionado a nuestro deporte.

Empecemos con ´101 Historias del boom del básket español´. El título es explícito. Casi tanto como el humor mordaz de Javier Ortiz. Javier es amigo. No sólo mío, sino también de mucha gente. Y esa capacidad para acaparar amistades fue lo que primero resaltaba en la presentación que hizo en Madrid el pasado lunes en un local ‘hipster’ de Malasaña. Por allí andaba lo más granado de la profesión capitalina. La corte la encabezada el ahora famoso Quique Peinado, que para muchos sigue siendo el chico de Gigantes. A Javier Ortiz le tocó hacer de Cristina Pedroche y sentarse al lado del figura de Zapeando. Quizá con menor belleza, pero el extramaño de Cáceres y el zagal vallecano evidenciaron sus dotes para la sorna y el humor con dobleces. Deberían empezar una gira.

merida_portada

Ortiz calificó su obra como propia para aliviar el tiempo del retrete. No quería ser escatológico, sino apuntar a la brevedad de la lectura de los relatos que configuran un libro prologado por Gonzalo Vázquez, autor de la ‘versión americana’ también en Ediciones JC. Este ‘Historias’ nos desplaza a los 80 y 90 donde la movida del básket español fue extraordinaria. Javier es un romántico empedernido (y quizá por ello milagrosamente tiene pareja) y ha tirado de memoria, docuteca y el archivo de entrevistas con exprofesionales que almacena en Espacio Endesa para rellenar las casi 400 páginas de anécdotas y curiosidades.

Dos décadas que van y vienen del 7 de julio de 1980. Ese día Epi casi pierde el avión que le llevaba a los Juegos de Moscú y ese día nació Pau Gasol, que cierra el último capítulo con su debut en la ACB. En medio Javier Ortiz nos desvela qué hacía Drazen Petrovic en sus noches madrileñas, cómo era la relación entre Sabonis y Fernando Martín, el paso de estrellas como Jordan o Worthy por nuestro país, algunos asuntos turbios de drogas y señoritas… un poco de todo, pero un mucho ligado a los espacios que rodean una cancha de los protagonistas de la cancha.

Una enciclopedia hecha por sus protagonistas

Pasamos de hoja. La segunda presentación quedó encerrada en viernes de playoff  y en el pabellón Antonio Magariños. El cambio de ubicación delimita ya la naturaleza de esta segunda obra con la anteriormente criticada. ‘Historia del Baloncesto en España’ nace con aire de enciclopedia. El libro coordinado por Carlos Jiménez, fundador de Solobásket, amanece en las librerias como ánimo de rellenar el hueco sobre una crónica general del deporte de la canastas desde sus inicios hasta la actualidad. El repaso se disecciona en años, desde los albores de los felices años 20 (hasta un pelín antes), cada capítulo narra una temporada de la liga nacional y de la selección. Y cada uno es contado por un protagonista en primera persona o un especialista en la materia, sea jugador, árbitro, entrenador, periodista o buen aficionado.

slbask

Algunos de estos personajes y a su vez autores del libro asistieron a la presentación, patrocinada por Endesa. Entre ellos me cuento, aunque a una altura mucho menor que las más de 300 firmas que conforman el universo de este libro. A mi me tocó hablar del año 1935, el de la plata de Ginebra gracias a la investigación sobre Fernando Muscat, el primer aragonés internacional e integrante de ese equipo ‘republicano’. Mi aportación se cierra con la entrevista a Araceli Herrero, pionera del baloncesto aragonés.

Carlos Jiménez ha querido que esta publicación sea un repaso denso y completo. No se ha limitado a ubicar crónicas o clasificaciones finales, que bien documentadas están, sino que se utiliza de anécdotas o datos más insignificantes en la primera mirada para abordar la imposible tarea de abarcar todo lo que nos ha dado el baloncesto español en un siglo de vida. es de agradecerle que este viaje no quede aislado a los focos predominantes de Madrid y Barcelona. Carlos se ha preocupado de recorrer todos las esquinas provinciales y eso es de aplaudir. Y a eso se debe añadir la ausencia de muchos de los primeros pobladores del planeta básket en España, muchos fallecidos, incluso durante la elaboración de la obra, recogiendo a tiempo sus extraordinarias memorias. Sirva como homenaje para Kucharski, Maneja, Carlos Jiménez Varela…

Una compuesta más para el entretenimiento y la nostalgia de una generación que crecimos soñando con una noche en Los Ángeles. Otra abrazada más a la investigación histórica y como labor de consulta. Coincidencia en el baloncesto como hito histórico enhebrado más que por resultados y títulos, por anécdotas y protagonistas. Dos libros, dos historias. Y una pasión, el baloncesto. Una buena oportunidad para perderse por el pasado en estas fechas de lectura veraniega.

06
Mar
16

Chema, el sanjuanero


Rodrigo ya no está tan solo. Las manos de San Miguel no sujetan solitarias la bandera de Aragón en la Liga Endesa. Un chico espigado ha venido a su rescate. José María González Calvo (Zaragoza, 1991) se consolida esta temporada en la ACB como jugador del Montakit Fuenlabrada. Su ficha señala su nacimiento maño. No tanto su trayectoria como canterano. Nadie puede recordarlo en una pista de formación de la capital aragonesa. “Pero me siento aragonés por mi familia y estoy orgulloso de serlo”, sentencia el aludido con rotundidad.

chema

Chema salió a los siete años de Zaragoza. Ahí se resuelve el dilema. Su padre, militar en la Academia General, fue trasladado y con él se movió toda la familia. “Luego estuvimos varios años en Jaca porque le mandaron al destacamento de Montaña y después nos marchamos a Madrid”, cuenta estirando tras su último entrenamiento en el Pabellón Fernando Martín. La salida del hogar no cortó sus raíces. Su madre es natural de Zaragoza y las visitas a los abuelos eran frecuentes. “Pasé gran parte de mis vacaciones con mis yayos. Los tres meses los pasaba con ellos y era muy feliz. Vivían en una casa en el Paseo María Agustín. Tengo mucho cariño a mi familia, a la ciudad y mi pasado”, dice desde sus 206 centímetros visiblemente emocionado.

El cariño colorea sus palabras cuando habla de sus orígenes. Muchos de ellos se humanizan en la figura de su grupo de colegas y los recuerdos de la infancia y la adolescencia, paseando en bici por las calles de San Juan de Mozarrifar, su pueblo. “Mi abuela tiene allí una casa en la que nos reuníamos todos. Está en la plaza de la Iglesia, cerquita por donde ponen las vaquillas”, apunta el ‘sanjuanero’ amante confeso del Pirineo oscense.

Asentado en Madrid, Chema destacó desde joven por un físico perfilado para la práctica del baloncesto. Alto y coordinado, como si fuera un guiño a su gen maño, comenzó a jugar en el céntrico colegio El Pilar. De allí pasó por la cantera del Real Canoe y luego se trasladó al San Agustín. Siendo ya junior, recibió una llamada que le hizo una ilusión tremenda. Era el verano del 2008, el verano de la Expo. “Me llamaron del CAI Zaragoza. Fui a hacer una prueba y tuve la opción de incorporarme con ellos. Estuve una semana entrenando. Recuerdo que las sesiones eran en la pista lateral del Príncipe Felipe. Incluso llegué a jugar un amistoso con la camiseta del CAI”, recuerda Chema. Sin embargo, las prioridades académicas mandaron e impidieron un regreso que no oculta le hubiera hecho más que ilusión. ”Lo meditamos en casa muchísimo, pero decidí que lo mejor para mis estudios era permanecer en Madrid”. dice este chico que no fue captado por el rádar del Real Madrid ni del Estudiantes.

Esta decisión le llevó hasta Fuenlabrada. Y fue una apuesta acertada. Su recorrido hasta el baloncesto profesional ha sido pausado y seguro. Creciendo escalón a escalón. Al cerrar su etapa formativa fue inscrito en los distintos equipos vinculados y avanzando de categoría. Desde el Getafe de EBA al Ávila de LEB Plata, alcanzando incluso un ascenso con un protagonismo destacado (9,3 puntos y 6,3 rebotes) bajo las órdenes de Armando Polo y debutando fugazmente en la Liga Endesa en 2014. Chus Mateo lo convocó para cubrir la baja temporal de Marcus Arnold y su relevo, Luis Casimiro, lo mantuvo en varias convocatorias. Debutó ante el Madrid y le hizo nueve puntos al Barça, en un partido que se recuerda por su enorme tapón a Joey Dorsey. El gorro del año.

Estos destellos confirmaron que la tercera categoría se le quedaba pequeña, y la entidad del Sur de Madrid lo mandó al Cocinas.com de Logroño para que madurase un año en la LEB Oro. Una lesión en el pie le privó de poder empezar a ritmo la campaña de su confirmación. Los malos momentos fueron superados y finalmente, de nuevo con tesón y trabajo con el que le describen sus técnicos, se hizo un hueco y terminó refrendando su potencial con 5,3 puntos y 4,6 rebotes de promedio.

Regreso a casa

Este verano volvía a hacer la pretemporada con el Fuenlabrada de la Liga Endesa. En cada entrenamiento se fue ganando la confianza del escrupuloso Zan Tabak. “Desde un primer momento Tabak decidió apostar por Chema y le concedió más minutos y un rol más predominante dentro de la plantilla”, indican desde el cuerpo técnico del Fuenla. Este respaldo provocó que su incursión en el campeonato fuera todo un fogonazo. Las dos primeras jornadas ante Manresa (16 de valoración) y en Málaga (14) desplegó con buenos números esta confianza como relevo al croata Josip Sobin y el serbio Oliver Stevic. Diez minutos por partido atestiguan que no está sólo para ser un cupo o el testimonial canterano y que su progresión sigue en ascenso, aunque sigue ganándose las broncas de su técnico. “Hay que reconocer que cometemos errores y que hay que mejorar. Negarlo sería engañarme.  Ese es el camino para seguir aprendiendo”, subraya el zaragozano.

La llegada de Jota Cuspinera, un formador por excelencia, confirmó que el aragonés había encontrado su lugar entre la élite. En este camino, Chema vivió un momento especial. Pudo por fín jugar en casa. La jornada 17 le llevó al Príncipe Felipe de Zaragoza. 6 puntos y 4 rebotes de Chema sumaron en el triunfo de un Fuenlabrada al que se le resistía el CAI desde hace varias temporadas. “Fue muy especial. En la grada estaba mi yaya, mis tíos y tantos amigos”, subraya el ‘sanjuanero’ del Fuenla. Y a eso añadan el pase logrado para jugar la Copa de A Coruña que celebró en familia.

chema

A la espera de las próximas simientes como Alvaro Sanz empiecen a germinar en la élite, Chema González toma el relevo de la prestigiosa cantera aragonesa. Quizá criada fuera del caparazón maño, pero en su interior late el orgullo de Aragón. No lo duden. Solo hay que mirarle a los ojos cuando habla de su tierra. O leer su perfil de twitter.

23
Feb
16

Blanco y en cantera


Nueve de la mañana. El frío se enrosca por los huesos. Los pequeñajos esprintan por el esfuerzo de atrapar la pelota y por la necesidad de espantar la tiritera. En la esquina se cobija el espía blanco. La chaqueta del chándal con ese escudo le delata. En las catacumbas del baloncesto escolar de Madrid no cuadra. “Venimos por si hay algún chaval que se nos escapa y no está en los programas de la Federación”, dice un entrenador de la cantera del Real Madrid perdido en el madrugón del sábado en un pabellón de Carabanchel.

Que no se les escape nadie. Ni uno. En Madrid y más allá. La red de captación del Real Madrid es infinita y planetaria. Su círculo coronado se refleja en todas las latitudes. El sueño blanquea a esos chavales de Usera o Pozuelo y a otros en, Minas Gerai, Teherán, Yaundé o Hokkaido. Recuerdo la frase de un amigo de un club rival. “Si quieren pueden fichar a la totalidad de la selección mini de Madrid para formar su primer infantil. A tí te toca pelearte con los demás por los que te quedan”. Tan contundente como incontenible.

Este domingo en A Coruña el Real Madrid conquistó su cuarta Minicopa, todas de forma consecutiva. Iguala así el palmarés de la Penya. Su dominio ha sido tan incontestable que ha achicado a las otras cuatro canteras con mayor pedigrí de España: Estudiantes (+44), Unicaja (+26), Barcelona (+20) y Joventut (+52). Esta ‘dictadura’ es la continuación de una tendencia reiterada en las últimas temporadas, alcanzando su cúspide con el tricampeonato en la totalidad de las categorías (infantil, cadete y junior) del baloncesto formativo del país.

El MVP de la primera Minicopa del Real Madrid fue Luka Doncic. El esloveno maravilló en Vitoria. Cuatro temporadas después, con poco más de 16 años, se convirtió en el jugador más joven en levantar una Copa del Rey, superando a un tal Ricky Rubio, otra perlita que debutó curiosamente con el campeonato para infantiles que nació en 2004 en Sevilla. A Doncic, le siguieron como estandartes el lituano Blaciunas y el inglés Queeley y en esta ocasión Usman Garuba. El enorme pívot de 2.01 ha confundido a algunos por el color de su piel. Usman es madrileño y se crió en Azuqueca. Fue ‘descubierto’ en un Campeonato de Mini con la selección manchega haciendo mates como alevín de primer año. Un bestia. Con el  DNI en regla.

garuba_Madrid_Minicopa

La cantera del Madrid gana. Gana mucho y de mucho. Ya no es Barcelona y Joventut quienes se rifan los campeonatos de formación y sacan pecho de sus organigramas de cantera. La tendencia ha virado hacia el centro. Pero estos triunfos de vitrina son sólo metales para el olvido si las simientes no germinan en realidades. Y en esto el buen ojo del Madrid también se ha enfocado desde la llegada a la dirección de cantera de Alberto Angulo Espinosa. No sólo Luka Doncic, como talento de potencial inimaginable, sino otros jugadores jóvenes están alcanzando la repisa de la ACB: Willy Hernangomez, Andrés Rico, Emanuel Cate, Santi Yusta o Alberto Martín son algunos de los nombres propios que han dado el salto en las últimas temporadas. La lista se alarga por detrás y bajando de generaciones se presenta ilimitada temporada a temporada. El Madrid no tiene en la cantera una necesidad competitiva para sobrevivir, como es el caso de Estudiantes o Joventut, pero gracias a la globalización sí le ha sacado réditos en los últimos tiempos (recuerden a Mirotic) en una costumbre que parecía olvidada tras la Ley Bosman.

Ser la mejor cantera con el mejor presupuesto y el mejor imán de atracción de talento no parece una misión complicada de antemano. Pero el riesgo al error cuando se tiene todo por delante es inmenso. Y calibrar ese peligro al fracaso es el gran acierto de Alberto Angulo, un hombre que fue un escrupuloso profesional y un tenaz competidor criado desde el trabajo. Recuerdo perfectamente sus calentamientos, siempre tirando del grupo o estirando su cuerpo hasta el límite, en su último año en el CAI Zaragoza. Luego, ya retirado en casa, como director de cantera del club aragonés, limpió una estructura que era un desierto y montó ciertos cimientos que no pudo terminar por su interés en tomar las riendas del primer equipo, acto para el que no estaba del todo preparado (se produjo el descenso en 2009) y le separo casi definitivamente, o hasta hoy, de los banquillos de la élite.

Angulo, nacido deportivamente en la cantera del CB Zaragoza, una de las exitosas de los ochenta y noventa, se ha desvelado como un buen gestor de los mejores recursos con una buena simbiosis con sus amigos de vestuario Alberto Herreros y Pablo Laso. El Madrid vuelve a fichar a los mejores y pretende ganar siempre para formar campeones. No sólo hablamos de jugadores, que también. La contratación de Paco Redondo desde Joventut o esta temporada de Javi Juárez para dirigir a su junior/EBA son excelentes medidas de apuntar a técnicos cualificados y ambiciosos. Y de ahí se puede desfilar por diferentes niveles y puestos, con buenos elementos en diferentes sectores y jóvenes con ansias de mejorar. Aunque para ello haya que irse a pasar frío una mañana de sábado a Carabanchel por si hay una joya en el barro.

10
Feb
16

Códigos


Nunca había entrenado a un famoso. Y realmente no supe de su condición hasta mucho después. Nacho era un buen triplista con pies parados. Pero también era actor. Me lo confesó su madre henchida de orgullo. Nacho sufría cuando lo llevaban al poste. No tanto ante las cámaras.  Era el niño de ‘La mala educación’, la peĺícula de Pedro Almodóvar que narra la callada cadena de abusos que muchos menores sufrieron en colegios católicos en la etapa franquista.

La pedofilia es uno de los delitos más abominables que hay al cometerse coartando y utilizando la inocencia y el temor de la infancia indefensa. Al destaparse nos hallamos con estupor ante la fragilidad de los menores y la maldad de adultos que utilizan su cercanía como profesores, educadores, entrenadores o monitores para perpetrar sus infectos deseos.

Hace unos meses que todos aquellos que trabajamos con menores debemos presentar un certificado de penales para poder desarrollar nuestra actividad. La medida evitará casos como el recientemente conocido en Cataluña, donde un profesor expulsado de un colegio religioso de Barcelona tras varias denuncias continuó ganándose la vida como socorrista en una piscina del pueblo en el que se escabulló.

La norma necesita todavía estar bien desarrollada, dado que en la actualidad sólo es posible pedir el certificado completo y no solo el relativo a delitos sexuales y/o relacionados con menores. Este defecto puede causar problemas a personas bien capacitadas para esta labor y alejados de esta polémica, pero con un pasado penal que no tiene por qué ser conocido por la empresa contratante.

En el deporte, por su aspecto fisico y por la empatia que nace de la relación entrenador-jugador, se han escondido demasiados casos de pedofilia. Estoy de acuerdo en estas medidas preventivas, aunque considero que deberían acentuarse con una mejor educación de los propios formadores para ser escrupulosos en ciertos aspectos. La forma de obrar de la mayoría de los entrenadores es la adecuada y mana del sentido común de no invadir ciertos espacios físicos y emocionales y respeto escrupuloso a la intimidad, sabiendo delimitar la relación entre el adulto y el menor. Sin embargo no hay que llegar al delito para describir situaciones incómodas y poco educadoras. No comparto interacciones de dominación entre entrenadores y sus plantillas, ni el extremo del amigo técnico. Soy más favorable de una relación de confianza y respeto. No sólo por el hecho de evitarte problemas, sino por mantener una relación pedagógica más allá de enseñar a hacer un reverso o una entrada con pérdida de paso. Como ejemplo, no suelo dejar mi número personal ni acceso a mis redes sociales a mis jugadores adolescentes. No me gusta escuchar a compañeros cuestionando a sus pupilos sobre sus novios o novias (ni viceversa) o excediéndose en muestras de cariño o ‘palmaditas’. En más de una ocasión he parado los pies a algún supuesto colega por hacer comentarios sobre el desarrollo de una jugadora. Estoy harto de que entrenadores de femenino me expliquen las ‘particularidades’ de entrenar a chicas. Me parece insoportable estos talantes aunque quieran camuflarse en un contexto de bromas y compadreo. Lamentables.

Desde los clubs debemos ser conscientes de que el deporte es una fuente de valores y podemos cimentar la educación de nuestros chavales gracias al entusiasmo de su práctica.  También en el ámbito del género. Debemos, ante todo, fortalecer su mente en libertad para tomar decisiones y que sepan defenderse con su conciencia y su palabra. Potenciar la formación de nuestros educadores en este sentido y complementar los entrenamientos con otras ‘clases’ no vinculadas solo con el deporte son caminos que se transitan aún deficientemente. No sólo es cuestión de ceñirse a un código de penales y de apartar o llevar a la cárcel a los pederastas, es saber también educar en valores de igualdad de género, de libertad, sin connotaciones sexuales ni discriminatorias, entregar a nuestros jugadores unos códigos para poder orientarse por este mundo.

20
Ene
16

‘Hoop Dreams’, sueños rotos


Hay descubrimientos mínimos que pueden revalorizar una simple jornada abocada al tedio. Días lluviosos en mitad de las vacaciones sin mucho que hacer, condenados a la protección del techo. Los aparatos multimedia son los aliados o enemigos, quién sabe, para ahuyentar al aburrimiento. En mitad de un buceo por Netflix, driblando películas románticas, comedias sin gracia y dramones de lagrima fácil, abrí la carpeta de documentales desesperado por probar fortuna. Y allí estaba. Un viejo amigo. Pero no trasnochado, ni pasado de moda: Hoop Dreams.

Gracias a la lluvia pude visionar de nuevo hace unos días, seguramente, el mejor documental de baloncesto que se ha hecho. La cinta dirigida por Steve James tiene ya más de veinte años, pero no ha perdido ni un ápice de vigencia. Editada en 1994 y grabada a través de los cuatro años anteriores, cuenta el periplo de dos adolescentes afroamericanos de los suburbios más pobres de Chicago, William Gates y Arthur Agee, con el destino de firmar una beca para jugar al baloncesto en una universidad. El punto de partida es similar al que pueden tener muchas estrellas actuales de la NBA, un playground cercano a una esquina donde se vende y compra droga. Desde allí se desenreda un hilo que teje una realidad desalentadora, de un entorno violento y un hogar desestructurado en el que los menores son tratados, de forma muy políticamente correcta, como contenedores de las ambiciones de éxito de sus entrenadores, agentes, guías espirituales, familiares y amigos.

Reclutados por un cazatalentos, son ‘fichados’ por una rica y católica ‘high school’ de las afueras de Chicago, cuyo reclamo es ser la cantera de origen de Isaiah Thomas. No voy a hacer aquí un ‘spoiler’, pero la cosa no termina tan bien como les venden. Lo único que os digo, si no la habéis visto aún, es que las tres horas de metraje se quedan cortas y el afán curioso por continuar acompañándoles por sus vidas se acrecienta con el fundido a negro final. A mi me dio por investigar ese más allá de este ‘to be continued’ y el resultado fue que sus vivencias vuelven a estar llenas de claridad y oscuridad. ‘Hoop Dreams’, galardonada en el Festival de Sundance y con más de 11 millones de recaudación, sirvió para que Gates y Agee encontraran otro camino. William terminó siendo pastor en el mismo barrio en el que se crió y Arthur levantó una fundación desde la que apoya a la infancia y proporciona becas deportivas en los entornos más pobres de Chicago. Sin embargo, sus dos mentores, aquellos que les alentaban desde el cariño para hacerse All Star, el hermano de Gates y el padre de Agee, murieron por disparos de bala.

La secuela de este largometraje podría haber sido fácilmente otro documental de obligado visionado: ‘Rebotes’. De producción chilena, narra la supervivencia de Tim Jones y Derrick Miller, otros dos americanos negros, por alargar sus carreras profesionales en la Liga de este estado suramericano. Jones y Miller bien podrían ser Gates y Agee más mayores o otros centenares de profesionales del baloncesto en un plano menos fastuoso del que estamos acostumbrados. Sin estudios y maltratando sus cuerpos, buscan los dólares con los que mantener a sus familias. Su futuro más allá de la pista no pinta nada alentador, mientras son tratados como cromos por los clubs de una parte a otra del planeta.

Recientemente la cadena norteamericana ESPN, dentro de su programa ’30 for 30′ volvió a emitir un largo reportaje titulado ‘Broke’. En él se difundía la trágica situación a la que se enfrentaban los profesionales de los deportes americanos tras su retiro. La falta de una formación académica, la adulación perpetua, el derroche, las malas inversiones y la ausencia de toda previsión hace que el 60% de los jugadores de la NBA estén en bancarrota solamente cinco años después de abandonar el juego.  Delante de las cámaras se coloca Jamal Mashburn dando su testimonio del frenético ritmo de vida que se mantienen entre las plantillas de las franquicias. Este camino desde la codicia a la perdición se aborda en la serie ‘Ballers’, protagonizada por Dwayne Johnson. En España, con la extrema diferencia de salarios mucho menores, se acometió idéntico problema hace unos meses en el extraordinario reportaje de Curro Aguilera, ‘Del podio al olvido’, del que ya os hablé por aquí.

Quizá estas secuencias circulaban en mi cabeza cuando charlando con un amigo periodista, joven e ilusionado, comencé un diálogo sobre la idoneidad o no de difundir vídeos de ‘highlights’ de tiernas promesas. “Es lo que a la gente le gusta”, fue la respuesta de otro interlocutor de corrillo. Posiblemente o no. No es incierto que existe un ánimo generalizado de todos aquellos que nos apasionamos por el deporte de ser los descubridores de los futuros talentos para poder llegar a decir un día ‘ya lo decia yo’. Alimentar nuestros egos con conocimiento anticipado, ser pitonisos para demostrar cuanto sabemos de tal o cual. Todos, y me incluyo, hemos jugado esa partida de visionarios. Este juego, nada malvado más allá de esa vanidad, es solo un puntito más de ese engranaje que va triturando poco a poco esos sueños que cuenta Hoop Dreams.

El deporte profesional ha caído desde hace décadas, un siglo quizá, en los mismos cánones que toda la sociedad, los mismos que imperan en un gobierno o empresa, donde la ley del más fuerte se cuenta en beneficios y pérdidas. Y en el que pocos triunfan. Incluso ese triunfo, como cuenta ‘Rebotes’ o ‘Broken’ es efímero. Sin embargo nos olvidamos que detrás hay menores vulnerables, con sueños que todos queremos cumplir con ellos porque a nosotros se nos pasó la oportunidad. Detrás de esas ambiciones, hay pequeñas personas que en su mayoría se encontrarán futuros más reales y menos brillantes ante el que les tenemos que preparar entre todos, sin perder los sueños, pero sin perder la cabeza.




Únete a otros 9.210 seguidores

Nuestro twitter

Actualizaciones de Twitter

Nuestro Facebook

El Calendario

agosto 2016
L M X J V S D
« May    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031  

El Mundial

BlogESfera Directorio de Blogs Hispanos - Agrega tu Blog

RSS Feed desconocido

  • Ha ocurrido un error; probablemente el feed está caído. Inténtalo de nuevo más tarde.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 9.210 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: