21
oct
14

Puta vida


Escuchar su sabiduria emociona. Las palabras de José Luis López Zubero no suenan huecas. Las ha rellenado en horas de pensamiento propio o amasado en lecturas y experiencias personales. He conocido pocos hombres cuya existencia tenga tantas razones para ser  contada. En su discurso, recordando con nostalgia y pasmosa concreción, resumía que su vida no son nada más que azares engarzados, situaciones nacidas de cierta suerte cósmica que nos trasladan a la siguiente casilla. En muchas no hay opciones para tomar una desición, para desviarse por un camino u otro. Relata así como gracias al baloncesto, y en un viaje a París, conoció a un americano que le dijo que si quería ser buen médico, debía irse a Estados Unidos. Así lo hizo y se convirtió en un talentoso oftalmólogo y, de paso, España consiguió en su hijo Martín la primera medalla de oro de su natación olímpica.

Hace unos meses un amigo me llamaba para contarme que José Luis Abós tenía cáncer y que la cosa pintaba chunga. Apenas unas semanas atrás había mantenido un encuentro con él en la gala de Gigantes, donde recogía el premio al mejor entrenador de la anterior temporada. Bromeamos con el equipo desigual que saldría del quinteto de aragoneses que estábamos perdidos por esa sala de Tribunal, curiosamente, a unos cien metros de la casa del otro José Luis, de López Zubero.

abos

Por fortuna, sin quererlo, en una reciente visita a Zaragoza, me topé en una charla cervecera con otro emigrante del Arrabal que había vuelto a casa para celebrar un aniversario especial. Hacía 30 años que él, con un grupo de amigos, había ganado el campeonato junior de España. Ese equipo de 1984 lo entrenaba un chico de La Salle que apenas era un par de primaveras más mayor que sus jugadores. Ese precoz ‘mister’ era José Luis Abós. “Era uno más”, me explicaba Rafa Termis.  “Empezamos la temporada y tuvimos algún problema en el campeonato local, por lo que estuvieron a punto de destituirlo, porque lo veían muy joven. Pero enlazamos una buena racha y lo mantuvieron”, recuerda Termis, que pocas horas después se reencontraría con su entrenador y sus antiguos compinches en un restaurante del centro de la ciudad.

No sé que hubiera sido de la vida de José Luis Abós si hubiera sido cesado en ese primer año y nadie lo sabrá. Luego llegarían dos campeonatos y un subcampeonato junior, su paso como ayudante del ACB, un giro vital al dejar su puesto en General Motors, su periplo americano y balear… y el retorno a casa para lograr la doble pirueta con tirabuzón sobre el resbaladizo banquillo del Príncipe Felipe: ser hijo pródigo en una tierra tan cruel con los suyos como es Aragón.

Esa ‘no destitución’ cambió la vida de un hombre y del baloncesto maño. Esos pequeños detalles que transforman todo. Esa suerte que no se alió con ‘Pepelú’ cuando aún mantenía muchas metas personales y profesionales por conseguir, aunque él quiso seguir entrenando cuando le diagnosticaron el maldito cáncer. Ese azar le esquivó en mala hora. Puta vida.

Es una responsabilidad para todos los que amamos este deporte en Aragón honrar como merece a una persona que colocó al CAI Zaragoza donde debe estar por historia y por afición. Se lo debemos.

01
oct
14

Echaré de menos…


Echaré de menos a todos los jugones que se han pirado por pasta a otras Ligas de medio pelo.

Echaré de menos (y espero) que esto no sea una cosa de dos.

Echaré de menos más información de básket en los medios convencionales.

Echaré de menos que TVE dé una mayor publicidad y una mejor cobertura de calidad a los derechos que ha vuelto a renovar.

Echaré de menos a algún compañero periodista con acreditación para que le dejen trabajar de una vez.

Echaré de menos un espectáculo que no sea tan casposo en los tiempos muertos y más innovación más allá a la copia barata de la NBA.

Echaré de menos un mayor impulso de los patrocinadores y que no me repitan el mismo anuncio mil veces en todos las retransmisiones de partidos.

Echaré de menos siempre a Andrés Montes.

Echaré de menos que se ponga en valor y se haga conocer la historia de nuestro baloncesto.

Echaré de menos que la Copa del Rey (y su buen rollo entre aficiones) no sea todos los días.

Echaré de menos a ‘Bebe’ Nogueira.

bebe_jpg_size_original_promo

Echaré de menos a Burgos, porque se lo ha merecido.

Echaré de menos a alguien que ayude a Rodrigo San Miguel a levantar la bandera de Aragón. Y más en el CAI.

Echaré de menos saber cuando se juegan los partidos de mi equipo y que no me los cambien jornada a jornada.

Echaré de menos que vayan a la Euroliga los que se lo han merecido.

Echaré de menos que se ayude a que las familias y los pequeñajos puedan ir a los pabellones a precios asequibles.

Echaré de menos aquellos tiempos en los que no me tenía que aprender el nombre de la mitad de jugadores de la competición.

Echaré de menos a todos los técnicos españoles que se han tenido que ir a otro país a currar porque no se les dan oportunidades aquí.

Echaré de menos que esto sea más un deporte que un negocio.

Echaré de menos a gente creativa y arriesgue en todos los contextos de la Liga.

Echaré de menos un cambio de reglas que favorezca al baloncesto bonito y el espectáculo.

Echaré de menos (me temo) no ver a Ander Martínez/Marcos Portález jugar lo que me gustaría.

Echaré de menos que se pague mes a mes a todos las plantillas.

Echaré de menos a más entrenadores como Aíto, Sito, Ponsarnau… que apuestan por poner a los chavales. Echaré de menos a Pepu.

Echaré de menos más acciones sociales de la Liga y casi todos los clubs, que se acerquen a la calle.

Echaré de menos que se ponga fin al cachondeo de los pasaportes COTONOU.

Echaré mucho, mucho de menos a José Luis Abós, aunque volverá pronto.

29
sep
14

Es sólo puntería


Será ese silencio que no calla el rumor de la historia. Será el chasquido de ese parqué por cuyas grietas se esconden sudores de gigantes. Será que uno es pasto de sus recuerdos y de sus mitos. Pero llegar al Magariños vacío, estremece. Me pasó esa mañana de junio, persiguiendo un sueño ajeno y una búsqueda infructuosa. Por la tarde el Madrid recibía al Barcelona en la final de la Liga Endesa. La temporada para el Estudiantes había cerrado gris y en las oficinas no había ni Cristo. Al entrar percibí el bote solitario de una pelota. Detrás vino otro. Y otro. Y otro. Una serie precedida por el roce de una malla que acaricia el acierto. De reojo reconocí el perfil de Alberto Corbacho. A su vera de triplista esbelto se encogían varios cámaras que repetían el enfoque del movimiento de la mecánica del balear y el arco del balón hasta la canasta. Estaban grabando un vídeo.

Mi misión en el Estudiantes cambió. Invitado a seguir la grabación, pasé más de dos horas viendo como el alero del Obradoiro probaba una y otra vez establecer una marca de triples anotados sobre cien lanzamientos. “Quiere anotar más de noventa”, delató un empleado de marketing del club. “Ha hecho una de 80 y pico”, inserta con acento catalán uno de los camarógrafos en un intermedio. En los descansos el ‘shooter’ se seca las manos con una toalla y los ayudantes aprovechan para rebajar el mono de canasta con algunos tiros menos profesionales. Los intentos van sucediéndose entre rachas de veinte bombas sin error con otros frenados antes de terminar por la frustración del fallo. Llega la hora de comer y la rendición se asoma como los rezagados estudiantes del Ramiro por una puerta entre abierta del pabellón. “Otra más. La última”, afirma Corbacho como si estuviera en la barra de un bar en mitad de una noche sin fin. Siempre sabemos que la última es la penúltima. La marca se frena en 89. ACB.com ha sacado hoy las pruebas de lo que digo es verdad.

Cuando me acercó a él al final del rodaje, Alberto Corbacho me identifica tras presentarme. Ya hace tiempo que yo era periodista en Zaragoza y él solo un tirador cedido en el CAI por el Unicaja. Una temporada atrás había remontado el solito un partido en el Príncipe Felipe con el Huelva. Su año en mi ciudad no fue excelente, pero sí un pasito más en su carrera y periodo suficiente para demostrar que era un lanzador puro y con un enorme potencial. Luego llegó a Santiago y su fortuna cambió. Su consagración como un auténtico bombardero desde la línea de 6,75 llegó en Galicia, donde le dieron tiempo para madurar y, sobre todo, confianza. Corbacho simboliza el desperdicio de grandes jugadores que se desaprovecharon en esa etapa del CAI y, en general, la falta de oportunidades que se les da a las jóvenes promesas del baloncesto español en la Liga Endesa.

El diario Marca publicaba hace cuatro días un informe sobre la presencia de jugadores españoles. La política de cupos y los intereses de los mercados arrincona al deportista autóctono a una presencia que pocas veces supera el límite de cuatro presencias por plantilla. Solo nueve de los 18 clubs de la ACB tienen más de cuatro fichas de ‘formados en canteras FEB’. El equipo con más es precisamente el Estudiantes, con 8 de 11, aunque uno de ellos es el nacionalizado Federico Van Lacke y otros tendrán una presencia simbólica en los partidos. La media esta temporada ha bajado al 39% del total de jugadores, dato que sigue descendiendo (cuatro puntos desde la anterior campaña) y es el más bajo de la historia de la competición. Entre los participantes de Euroliga se reduce el porcentaje hasta un ridículo 24,6. Unicaja con 2 de 12, precisamente el criadero que desaprovechó a Corbacho y que la temporada pasada lo intentó repescar, es el bloque con menos producto nacional. La salida hacia las ligas universitarias de Estados Unidos de decenas de buenos jugadores en los últimos veranos es otro síntoma de que algo no marcha en el baloncesto del ‘Método FEB’, por no nombrar los nubarrones ante la renovación de la selección que se perciben tras la frustración del último Mundial.

Para acabar la conversación en Magariños, le pregunto a Alberto Corbacho por sus hermanos, también excelsos tiradores, y la relación genética de tanto empacho de triple. “Es solo puntería”, dice el ’33’ del Obradoiro. No me creo nada. No soy tan incrédulo. Ponerla dentro del aro no es sólo cuestión de buen ojo. Esa humildad quizá tenga que ver, como seguro que detrás de ese acierto hay horas y horas de trabajo, sacrificio y empeño. Y porque alguien decidió ponerle, quizá porque el eslovaco que querían era más caro, quizá porque alguien vio en él que podría ser él, pero le pusieron. Eso sí que fue buena puntería.

30
jun
14

La comunicación y la forma


Hay que tener una efectiva comunicación con los jugadores. Esto es esencial para dirigir. Y si no la tienes, te verás en dificultades para desarrollarte como entrenador.

Muchas veces nosotros, los entrenadores, les damos demasiadas órdenes a nuestros jugadores en divisiones formativas durante un partido: Pásala, lanza, defiende a tu hombre… Casi siempre estas palabras a los chicos y chicas se dicen después de que se hayan equivocado y habitualmente cuando vamos perdiendo. No sólo eso. Casi siempre que damos estos mandatos estamos gritando y empleamos una forma (casi) agresiva.

También hay que saber aprovechar el encuentro de básket para ir corrigiendo los errores técnicos. Y para ir evaluando los progresos individuales y del equipo en los objetivos que nos propusimos al empezar el año.

Tenemos que entender que las indicaciones que le vamos a dar a los muchachos deben tener un efecto positivo, ya que, como dije antes, si estas indicaciones se las damos después de un error, tenemos que darnos cuenta que esta indicación, según cómo la expresemos, puede causar un mal efecto en el niño. Si tiene un carácter negativo obtendremos a cambio un incremento en su falta de confianza, inseguridad o vergüenza.

Imagen

Tenemos que tratar de no hacer esa correcciones generales, sino hacerle ver en forma concreta lo que queremos trasmitir. Para que el chico/a pueda ver y saber lo que queremos que haga correctamente. Tenemos que ser claros, concretos y conseguir que esa información le llegue y la entienda con la menor tensión posible.

También nos pasa que le pedimos muchas veces cosas a nuestros jugadores que no hemos entrenado y le exigimos como si ya las supieran.

Como entrenadores tenemos que proponernos tratar de dar los mensajes de un modo distinto y adecuado a los oídos que van a recibirlos, con menos tensión negativa y más información que les pueda ser útil. Es importante que no hables con los jugadores sino comunícate con ellos.

Como entrenadores tenemos que saber transmitir mensajes ricos en información y como último saber leer de tus jugadores el mensaje verbal; las palabras, y el mensaje no verbal; los gestos, la cara y su actitud.

Artículo de Juan Carlos Pidal

23
jun
14

La silla de Pablo Laso y la mía


La Liga ACB se encuentra inmersa en la final de los Play-Offs entre el Real Madrid y el Barcelona. Hasta el momento los dos primeros partidos nos han dejado tres noticias relevantes alejadas de los análisis puramente baloncestísticos: Ya no resultaron extraños los parones en el primer encuentro producidos por la luz en el Palacio de los Deportes de Madrid porque en la semifinal ante Unicaja de Málaga los problemas con los marcadores sirvieron de precedente. Tampoco fueron sorpresa los gestos racistas proferidos por un aficionado hacia Joe Dorsey porque, lamentablemente, es una lacra que acompaña desde hace mucho tiempo al deporte, sobre todo, al fútbol. Sin embargo, la fractura en el tendón de Aquiles de Pablo Laso algo, a priori, ‘anecdótico’ dio lugar a un hecho que, desde mi punto de vista, debe ser analizado porque refleja a una parte de la sociedad, afortunadamente, minoritaria.

Acostumbro a leer mi timeline de Twitter antes, durante y después de los partidos en busca de análisis y opiniones de periodistas y entrenadores sobre los mismos. El entrenador del Levanga Hokkaido japonés Piti Hurtado antes de la disputa del segundo encuentro publicaba el siguiente tweet: “Sale Pablo Laso con las muletas, ovación grande del Palacio. Por favor evitemos símiles taurinos. Qué putada dirigir así”. Este comentario desencadenó este pequeño diálogo entre nosotros:

- Respuesta mía al tweet mencionado anteriormente de Piti Hurtado: “Putada ninguna si te refieres a estar sentado, podría utilizar silla de ruedas que le permitiría moverse sin que le tapase nada”.

- Contestación de Hurtado: “Pedir tiempos muertos rápidos no es fácil”.

- Réplica mía: “Sentado tal y como está no, pero puede servirse de sus ayudantes para ello. ¿Hay alguna norma que lo impida?”.

El comentario del entrenador cacereño debe analizarse en dos partes. La primera: “Sale Pablo Laso con las muletas, ovación grande del Palacio”. Me remitió a la pregunta: ¿Por qué los espectadores ovacionan así al entrenador del Real Madrid? Si fue para alentarle tras la derrota en el primer partido, lo admito. Por el contrario si fue por haberse lesionado y llevar muletas, no. Un entrenador no es inmune a lesionarse como cualquiera de sus jugadores porque se está moviendo y, por tanto, puede ocurrirle como al ‘coach’ blanco. No tiene sentido ovacionarle más que de costumbre para compadecerse de él ¿Acaso no tiene a Jota Cuspinera y a Hugo López al lado para poder ayudarle a dirigir el partido, como de hecho, hicieron? Si él no hubiese podido estar que yo sepa sus dos ayudantes han tenido que hacer también el curso superior de entrenador para poder trabajar en un equipo ACB. Normalidad, por favor.

Imagen

Vamos con la segunda parte: “Qué putada dirigir así”. Ayer acabé mi segunda temporada como entrenador ayudante en el cadete de primer año del CB Juventud Utebo, sí como leen. Hace un año mis padres y amigos me convencieron para hacer el primer nivel de ENTRENADOR DE BALONCESTO, debo ponerlo en mayúsculas para que, quienes no me hayan leído nunca, sepan que voy en silla de ruedas y que sí, SOY O, MEJOR DICHO, ME ESTOY FORMANDO PARA SER ENTRENADOR DE BALONCESTO, A SECAS. Principalmente tengo un motivo para serlo, hasta la temporada pasada formé parte del Cai Deporte Adaptado, club multidisciplinar de Zaragoza en el cual personas con discapacidad física pueden practicar deporte. Sin embargo uno debe ser consciente de que puede hacer y que no. En mi caso, mi grado de parálisis cerebral me impide jugar al nivel que desearía y por eso la forma que más me atraía de seguir vinculado al deporte que tantos amamos era pasar a la pizarra.

Han sido y seguirán siendo años de aprendizaje continuo, de muchísimo trabajo y perfección. A continuación les diré a ‘grosso modo’ cómo estoy construyendo mi método para, en un futuro, poder llevar solo un equipo, teniendo en cuenta que tengo que dirigir, como le ocurre ahora a Laso, sentado. Quizá estos puntos, a modo de consejo, y desde la más absoluta humildad, le pueden dar alguna idea al magnífico entrenador del Madrid para dirigir a su equipo en los dos partidos del Palau:

-Utilización de la comunicación verbal o de la pizarra táctica para explicar los ejercicios que se harán en el entrenamiento. Ídem con la táctica colectiva.

- Las cosas que son comunes al baloncesto en silla de ruedas aplicarlas sin más.

- Si hay un gesto de técnica individual que un jugador, a mi modo de ver, lo hace adecuadamente se convertirá en el modelo de sus compañeros.

-Buena visión. Moverme en paralelo a la acción y si es durante el partido estar pegado a la línea que limita el área técnica de la mesa de anotadores bien de cara a mi campo de ofensivo o del defensivo para tener una visión general del campo y, a partir de ahí, moverme.

En dos años nadie me ha puesto inconveniente alguno para dedicarme a lo que quiero. No hay ningún secreto más que ilusión, trabajo, tiempo, perfeccionamiento del método y renovación del mismo. Como todos los entrenadores del mundo. ¿Saben que el seleccionador nacional de baloncesto en silla, Óscar Trigo, camina? ¿Creen que tengo que hacer un trato con él e irme yo a Alemania donde están preparando el Mundial de Corea y él venir a Utebo para plantearse y acordar a qué equipo entrenará la próxima temporada? Por otra parte, ¿hubiese pasado algo si Pablo Laso hubiera recorrido la banda en silla de ruedas? En el caso del técnico del Real Madrid me hubiese colocado cómo lo hago yo con uno de mis ayudantes empujándome o coordinándonos para ver bien. Esa sería mi solución, en el futuro igual es otra. Como se suele decir: QUERER ES PODER.

¡A trabajar!

 

Artículo de Alejandro Jordán

20
jun
14

El buen educador-entrenador


Habrá entrenadores que tendrán mas conocimientos y otros menos, pero… ¿cuándo nos damos cuenta que unos son mejores que otros entrenadores ?

Cuando vemos las ganas para trabajar y de preocuparse de tener más conocimientos… Pero también los entrenadores deben tener objetivos no muy fáciles de alcanzar, ni demasiados difíciles de conseguir, ya que estos dos extremos harán que nuestros jugadores pierdan el interés por el baloncesto y si nos equivocamos al elegir el método se nos puede complicar el trabajo.

A veces para llegar al objetivo de que los chicos y chicas mejoren en cada entrenamiento, estos objetivos deben estar bien formulados, ya que pueden llegar a ser fuente de una gran motivación para los jugadores y también por supuesto para los entrenadores.

El buen educador-entrenador de divisiones formativas tiene el deber de que todos los chicos mejoren la ejecución de los fundamentos y de que todos disfruten jugando, esforzándose para que mejoren cada día, hacerle entender la importancia de que somos un equipo y no un grupo de jugadores.

Muchos educadores-entrenadores de divisiones formativas trabajan mal creyendo que ganar partidos es lo único.

niñobasketLa búsqueda excesiva por ganar hace que el chico vaya perdiéndoles las ganas de difrutar del básket. Y por eso debemos tener cuidado, cuando trabajamos con chicos, que una excesiva presion por ganar partidos puede provocar la pérdida del difrute de la actividad.

Lo realmente importante es saber los progresos del chico en la realización correcta de los fundamentos.

Para saber si un educador-entrenador de divisiones formativas trabaja bien o no, no se debe ver la cantidad de partidos ganados por su equipo, sino la cantidad de chicos que siguen difrutando de la práctica del basket y lo incorporan como su deporte más querido.

El éxito es cumplir procesos.

Artículo de Juan Carlos Pidal

16
jun
14

Nicolás y las lágrimas del gigante


“Mira, como Marcelinho”

A cuadros. Nicolás me dejó flipado. En San Fermín no abundan los niños que conozcan a más de un jugador de baloncesto famoso. Si preguntas te dicen con suerte Pau Gasol, porque lo habrán visto en algún anuncio. ¿Y otro más? “Su hermano”, dice otro listo sin acordarse del nombre de pila. Pese a que otra temporada ocho decenas de criajos se han enganchado a una canasta en este barrio al sur de Madrid, sólo hay un puñado de ellos que sigan la actualidad del baloncesto español. Tampoco es fácil. El fútbol lo cubre todo. Una anécdota. Hace poco entregamos en el club los premios al mejor compañero y la recompensa era un balón donado por KIA y firmado por José Manuel Calderón. Al anunciarlo, Denis, un peque que se peina con una raya en un costado, soltó para mi desolación: “¿Del estadio del Atlético?”.

Por eso cuando Nicolás soltó lo de Huertas, cuando lanzó a la inmensa canasta a la pata coja, se abrió el cielo ante mi. Imaginaros al decirme de carrerilla la alineación completa con nacionalidades incluidas del Barcelona. Flipé en colores como él flipa en azul y grana. Desde ese día, el canijo, que para colmo es zurdo y las mete, se ganó el apodo de ‘Papanicolás’.

SanFermin_banquillo

Tal virtuosismo debía ser recompensado. Manos a la obra. En el calendario marqué la visita del Barcelona a ‘mi’ Estudiantes. La fecha no ayudaba. La clasificación del equipo catalán a la Final Four retrasaba la sorpresa. Doble traslado. Del fin de semana a un miércoles por la noche y del Palacio a Vistalegre. Pensaba que la hora suspendería mi tributo. Pero al ponerse al aparato la madre y explicarle la movida, no hubo opción para cancelar el evento. Estaban encantados. Su marido, taxista, se ofrecía a llevarnos.

El siguiente paso era acreditar a Nicolás para poder acceder a la zona mixta y que viera de cerca a todos sus ídolos. Los fenómenos del Departamento de Prensa del Estu (Santi y Eire) no dudaron en colaborar porque su corazón es inmenso (¡GRACIAS!).  Evidentemente, el niño de esto no tenía ni idea.

Llega el día del partido. El padre llega con el taxi y nos dirigimos hacia Carabanchel. No hay lugar para aparcar. “Pero bajar vosotros y yo sigo dando vueltas”. Veinte minutos tendríamos que esperar al resignado conductor, pero para el calentamiento estamos ya en nuestro tendido cerquita de la Demencia. Ese noche tocaba protesta contra la directiva, el jefe de seguridad del club y el comisario como culpables de la detención de varios de sus miembros en el anterior derbi. Nicolás no hace caso de la ‘performance’ porque clava sus ojos en cada uno de los movimientos de la ‘Bomba’. Lleva su camiseta de Neymar… “Fue imposible encontrar una de Navarro de su talla en un supermercado”, informa su padre. ¡Bien, ACB, muy bien!

Bocata y zumo en el descanso, ‘Papanicolás’ no se espera nada cuando le planteó colarnos por la grada para pillar de cerca a los jugadores del Barcelona cuando termine el encuentro. Su mirada acepta el reto entre el miedo y la esperanza de cumplir un sueño. Al pitido terminal nos levantamos y corremos hacia los vestuarios con cuidado “para que no nos pille la policía”. Llegamos a puerto sin ser detenidos. Nico suspira sus nervios.

El primero en acercarse es Chichi Creus. Al narrarle la historia saca unos pins de su bolsillo. “¿Cuántos chicos tienes en el club?” Al decirle que cerca de ochenta el ‘jefe’ lamenta no traer más insignias, pero recolecta entre la expedición todos los posibles y se los entrega a Nicolás.

Van bajando los jugadores por una peligrosa escalera metálica para toreros. Lorbek, Nachbar, Tomic, Oleson, Abrines… Todos se paran ante la silueta mínima de Nicolás, atienden su demanda fotográfica y reciben con una sonrisa el calendario de San Fermín que Nicolás les ha traído de regalo.

Algunos alargan la parada. Lampe, interminable, se sorprende de que ese chiquitín de piel morena tenga una madre polaca. Empiezan a compartir gustos culinarios de sus orígenes entre risas y confidencias.

Pronto pasa Navarro. De largo. Hay prisa. Pero Nicolás le frena mejor que ningún defensa con un desgarrador “Juan Carlos, tú eres mi favorito”. Papanikolau, el genuino, sonríe ante la frase a unos metros.

Queda Marcelinho. La noche se va imponiendo y fuera el padre aguarda. Es tarde, pero merece la pena esperar unos minutos más. Aparece el brasileño y no pasa el bloqueo del peque de 8 años. “Lo mejor del baloncesto es jugar en equipo, con tus compañeros y ser buena persona”. le aconseja Huertas a su minifan. Se agacha para recibir el calendario y acaricia la cabeza de Nicolás cuando le cuenta que él también lanza a una pierna.

Marcelinho_Nicolas

Una decena de fotografías y una sonrisa más grande que la luna son el recuerdo que Nicolás se lleva para San Fermín. Un sueño cumplido gracias a la cercanía de los jugadores del Barcelona, que podrían ser, estoy segurísimo, de cualquier otro equipo de baloncesto hubiera caído en el embrujo del figura sanferminero.

¿Por qué cuento esta historieta ahora? Porque ayer, cuando el Barcelona derrotó al Valencia con un tiro de Marcelinho a la pata coja como le mola lanzar a Nicolás y logró su pase a la Final ACB, varios de esos jugadores que cuelgan en las paredes de su habitación decidieron retrasar la celebración. Serguei Lischuk, un ucraniano que acababa de hacer un mal cambio defensivo, rompió a llorar desde sus 212 centímetros. La impotencia por esa defectuosa jugada, pensar que todo el trabajo de una temporada había acabado sin éxito, que ese será el último partido con esa camiseta, mirar a toda la gente que teñía de naranja y de ilusiones la Fonteta, todas esas emociones que se le pasarían por su cabeza… caían por sus ojos ante el incómodo enfoque de las cámaras. A su consuelo fueron compañeros de equipo, pero también Tomic, Navarro o Papanikolau en un detalle que les engrandece como rivales y deportistas, en inmejorables ídolos para Nicolás y cualquier otro enano que quiera ser como ellos en un futuro. Quizá no lleguen a esa altura nunca, pero esa lección de valores quedará para ellos. Una lección hecha un abrazo de consuelo que expresa esas cosas que son más difíciles de explicar que un reverso o una pérdida de paso: que la victoria no lo es todo, que hay que saber perder, pero también saber ganar, que todos los gestos no tienen que ser de prepotencia, de egocentrismo, de revancha, que la solidaridad no conoce de colores, que por encima están las personas, que el esfuerzo ajeno hay que recompensarlo… Y por eso son ídolos de verdad, porque son buena gente, no por nada más. Y por eso son grandes. Como tú, Nicolás.

Lischuk_lagrimas

 




Únete a otros 8.522 seguidores

Nuestro twitter

Actualizaciones de Twitter

Nuestro Facebook

El Calendario

octubre 2014
L M X J V S D
« sep    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

El Mundial

BlogESfera Directorio de Blogs Hispanos - Agrega tu Blog

RSS Feed desconocido

  • Ha ocurrido un error; probablemente el feed está caído. Inténtalo de nuevo más tarde.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 8.522 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: