24
oct
14

Va de retro


La promoción del baloncesto español no es un motivo de orgullo para nuestra familia. El producto estrella de la marca es la selección, que arrastra a anunciantes y audiencias. La Liga Endesa se queda atrapada en un segundo o tercer plano en el panorama deportivo y no se sintoniza con la importancia que se presiente de este deporte en los patios de colegio cada mañana de sábado o en los ‘shares’ en los partidos importantes.

Algunos departamentos de márketing de los clubs ACB, y el de la propia asociación, han estado en el punto de mira por no ayudar a potenciar el asunto. Falta de creatividad, de riesgo, repetición de viejas fórmulas poco atractivas, presupuestos bajos que les permiten poca maniobrabilidad… son excusas o acusaciones que se vierten sobre ellos. El reflejo de la NBA y el sentimiento del ‘show-business’ americano en un sentido moderno se calca con dificultad, en ocasiones tarde, pero en otras a tiempo, aunque sea a cuenta gotas y sobre la bocina.

Esta temporada percibo un giro que me agrada hacia el ‘vintage’. Lleva ya años explotando la liga americana el recuerdo de las dinastías doradas del pasado, con sus estrellas retiradas viajando a España a una ‘fan zone’ en pleno Mundial, editando videos de las mejores jugadas o sacando camisetas de equipos de leyenda. Es en el sector textil donde esta temporada la ACB se ha acercado a su homóloga estadounidense, buscando un abrazo a la nostalgia de esos niños o adolescentes que ahora son padres que llevan a sus hijos al básket y tienen en la cartera dinerito para gastar.

Unicaja ha recuperado este año la franja morada en su uniforme, aceptando la reclamación de los aficionados que pedían que la bandera de la ciudad volviera a ser referentes. Este regreso al pasado se acerca a la memoria de Mayoral Maristas o del triple de Mike Ansley en el Ciudad Jardín.

La identidad de otro tiempo mejor reluce en la combinación negra y amarilla del tercer equipaje del Tuenti Móvil Estudiantes. Los colores corporativos de Caja Postal han sido rescatados por Joma en un guiño bien acogido por los dementes. Pena que con la camisola no venga un nuevo Pinone que ponérsela.

Quizá sea el CB Canarias el que más empeño está poniendo en asemejarse a la moda de su gloria pasada. Quizá sea el club tinerfeño el que mejor se ha adaptado a la moda ‘vintaje’ y ha sabido potenciar este valor. Recuperaron su elástica ochentera para jugar la Copa del Rey de Málaga y mantienen los tonos aurinegros en la actualidad como símbolo de identidad. El Iberostar siguió la estela del Valencia, que conmemoró el 25 aniversario de su ascenso con la venta de una reposición de su histórica camiseta el año pasado.

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Equipos como el CAI, Manresa, Gran Canaria, Penya, Real Madrid, Barcelona o Murcia siguen fieles a unos colores y Andorra también ha recuperado la categoría con los mismos colores con los que se le recordaba. Son en las segundas equipaciones donde se va de un tinte a otro por razones comerciales. Porque suelen ser las marcas deportivas y los patrocinadores las que imponen unas normas en esta configuración cromática. El cambio de unas y otras, la ausencia de esponsor a largo plazo impiden esta reedición (bueno, el Real Madrid retoma a Teka). Ese punto, esos intereses y los derechos de imagen, cortan lo que podría ser una bonita colección retro a modo NBA en los armarios de los aficionados más apasionados de nuestro baloncesto. ¿No podría haber una solución? ¿No sería una buena forma de ingresos extras y de identificación con el pasado? ¿Por qué es más fácil comprar una camiseta de Fernando Martin con Portland que una con el Real Madrid?¿Por qué el CAI no puede ir un día con el azul de Helios Skol o la Penya hacer un homenaje al Huracán Verde de los cuarenta? ¿Por qué un chaval conoce mejor a Larry Bird porque sale en un videojuego que a Chicho Sibilio? ¿Por qué nos cuesta honrar tanto a nuestro pasado? Si alguien quiere contestar…

21
oct
14

Puta vida


Escuchar su sabiduria emociona. Las palabras de José Luis López Zubero no suenan huecas. Las ha rellenado en horas de pensamiento propio o amasado en lecturas y experiencias personales. He conocido pocos hombres cuya existencia tenga tantas razones para ser  contada. En su discurso, recordando con nostalgia y pasmosa concreción, resumía que su vida no son nada más que azares engarzados, situaciones nacidas de cierta suerte cósmica que nos trasladan a la siguiente casilla. En muchas no hay opciones para tomar una desición, para desviarse por un camino u otro. Relata así como gracias al baloncesto, y en un viaje a París, conoció a un americano que le dijo que si quería ser buen médico, debía irse a Estados Unidos. Así lo hizo y se convirtió en un talentoso oftalmólogo y, de paso, España consiguió en su hijo Martín la primera medalla de oro de su natación olímpica.

Hace unos meses un amigo me llamaba para contarme que José Luis Abós tenía cáncer y que la cosa pintaba chunga. Apenas unas semanas atrás había mantenido un encuentro con él en la gala de Gigantes, donde recogía el premio al mejor entrenador de la anterior temporada. Bromeamos con el equipo desigual que saldría del quinteto de aragoneses que estábamos perdidos por esa sala de Tribunal, curiosamente, a unos cien metros de la casa del otro José Luis, de López Zubero.

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Por fortuna, sin quererlo, en una reciente visita a Zaragoza, me topé en una charla cervecera con otro emigrante del Arrabal que había vuelto a casa para celebrar un aniversario especial. Hacía 30 años que él, con un grupo de amigos, había ganado el campeonato junior de España. Ese equipo de 1984 lo entrenaba un chico de La Salle que apenas era un par de primaveras más mayor que sus jugadores. Ese precoz ‘mister’ era José Luis Abós. “Era uno más”, me explicaba Rafa Termis.  “Empezamos la temporada y tuvimos algún problema en el campeonato local, por lo que estuvieron a punto de destituirlo, porque lo veían muy joven. Pero enlazamos una buena racha y lo mantuvieron”, recuerda Termis, que pocas horas después se reencontraría con su entrenador y sus antiguos compinches en un restaurante del centro de la ciudad.

No sé que hubiera sido de la vida de José Luis Abós si hubiera sido cesado en ese primer año y nadie lo sabrá. Luego llegarían dos campeonatos y un subcampeonato junior, su paso como ayudante del ACB, un giro vital al dejar su puesto en General Motors, su periplo americano y balear… y el retorno a casa para lograr la doble pirueta con tirabuzón sobre el resbaladizo banquillo del Príncipe Felipe: ser hijo pródigo en una tierra tan cruel con los suyos como es Aragón.

Esa ‘no destitución’ cambió la vida de un hombre y del baloncesto maño. Esos pequeños detalles que transforman todo. Esa suerte que no se alió con ‘Pepelú’ cuando aún mantenía muchas metas personales y profesionales por conseguir, aunque él quiso seguir entrenando cuando le diagnosticaron el maldito cáncer. Ese azar le esquivó en mala hora. Puta vida.

Es una responsabilidad para todos los que amamos este deporte en Aragón honrar como merece a una persona que colocó al CAI Zaragoza donde debe estar por historia y por afición. Se lo debemos.

01
oct
14

Echaré de menos…


Echaré de menos a todos los jugones que se han pirado por pasta a otras Ligas de medio pelo.

Echaré de menos (y espero) que esto no sea una cosa de dos.

Echaré de menos más información de básket en los medios convencionales.

Echaré de menos que TVE dé una mayor publicidad y una mejor cobertura de calidad a los derechos que ha vuelto a renovar.

Echaré de menos a algún compañero periodista con acreditación para que le dejen trabajar de una vez.

Echaré de menos un espectáculo que no sea tan casposo en los tiempos muertos y más innovación más allá a la copia barata de la NBA.

Echaré de menos un mayor impulso de los patrocinadores y que no me repitan el mismo anuncio mil veces en todos las retransmisiones de partidos.

Echaré de menos siempre a Andrés Montes.

Echaré de menos que se ponga en valor y se haga conocer la historia de nuestro baloncesto.

Echaré de menos que la Copa del Rey (y su buen rollo entre aficiones) no sea todos los días.

Echaré de menos a ‘Bebe’ Nogueira.

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Echaré de menos a Burgos, porque se lo ha merecido.

Echaré de menos a alguien que ayude a Rodrigo San Miguel a levantar la bandera de Aragón. Y más en el CAI.

Echaré de menos saber cuando se juegan los partidos de mi equipo y que no me los cambien jornada a jornada.

Echaré de menos que vayan a la Euroliga los que se lo han merecido.

Echaré de menos que se ayude a que las familias y los pequeñajos puedan ir a los pabellones a precios asequibles.

Echaré de menos aquellos tiempos en los que no me tenía que aprender el nombre de la mitad de jugadores de la competición.

Echaré de menos a todos los técnicos españoles que se han tenido que ir a otro país a currar porque no se les dan oportunidades aquí.

Echaré de menos que esto sea más un deporte que un negocio.

Echaré de menos a gente creativa y arriesgue en todos los contextos de la Liga.

Echaré de menos un cambio de reglas que favorezca al baloncesto bonito y el espectáculo.

Echaré de menos (me temo) no ver a Ander Martínez/Marcos Portález jugar lo que me gustaría.

Echaré de menos que se pague mes a mes a todos las plantillas.

Echaré de menos a más entrenadores como Aíto, Sito, Ponsarnau… que apuestan por poner a los chavales. Echaré de menos a Pepu.

Echaré de menos más acciones sociales de la Liga y casi todos los clubs, que se acerquen a la calle.

Echaré de menos que se ponga fin al cachondeo de los pasaportes COTONOU.

Echaré mucho, mucho de menos a José Luis Abós, aunque volverá pronto.

29
sep
14

Es sólo puntería


Será ese silencio que no calla el rumor de la historia. Será el chasquido de ese parqué por cuyas grietas se esconden sudores de gigantes. Será que uno es pasto de sus recuerdos y de sus mitos. Pero llegar al Magariños vacío, estremece. Me pasó esa mañana de junio, persiguiendo un sueño ajeno y una búsqueda infructuosa. Por la tarde el Madrid recibía al Barcelona en la final de la Liga Endesa. La temporada para el Estudiantes había cerrado gris y en las oficinas no había ni Cristo. Al entrar percibí el bote solitario de una pelota. Detrás vino otro. Y otro. Y otro. Una serie precedida por el roce de una malla que acaricia el acierto. De reojo reconocí el perfil de Alberto Corbacho. A su vera de triplista esbelto se encogían varios cámaras que repetían el enfoque del movimiento de la mecánica del balear y el arco del balón hasta la canasta. Estaban grabando un vídeo.

Mi misión en el Estudiantes cambió. Invitado a seguir la grabación, pasé más de dos horas viendo como el alero del Obradoiro probaba una y otra vez establecer una marca de triples anotados sobre cien lanzamientos. “Quiere anotar más de noventa”, delató un empleado de marketing del club. “Ha hecho una de 80 y pico”, inserta con acento catalán uno de los camarógrafos en un intermedio. En los descansos el ‘shooter’ se seca las manos con una toalla y los ayudantes aprovechan para rebajar el mono de canasta con algunos tiros menos profesionales. Los intentos van sucediéndose entre rachas de veinte bombas sin error con otros frenados antes de terminar por la frustración del fallo. Llega la hora de comer y la rendición se asoma como los rezagados estudiantes del Ramiro por una puerta entre abierta del pabellón. “Otra más. La última”, afirma Corbacho como si estuviera en la barra de un bar en mitad de una noche sin fin. Siempre sabemos que la última es la penúltima. La marca se frena en 89. ACB.com ha sacado hoy las pruebas de lo que digo es verdad.

Cuando me acercó a él al final del rodaje, Alberto Corbacho me identifica tras presentarme. Ya hace tiempo que yo era periodista en Zaragoza y él solo un tirador cedido en el CAI por el Unicaja. Una temporada atrás había remontado el solito un partido en el Príncipe Felipe con el Huelva. Su año en mi ciudad no fue excelente, pero sí un pasito más en su carrera y periodo suficiente para demostrar que era un lanzador puro y con un enorme potencial. Luego llegó a Santiago y su fortuna cambió. Su consagración como un auténtico bombardero desde la línea de 6,75 llegó en Galicia, donde le dieron tiempo para madurar y, sobre todo, confianza. Corbacho simboliza el desperdicio de grandes jugadores que se desaprovecharon en esa etapa del CAI y, en general, la falta de oportunidades que se les da a las jóvenes promesas del baloncesto español en la Liga Endesa.

El diario Marca publicaba hace cuatro días un informe sobre la presencia de jugadores españoles. La política de cupos y los intereses de los mercados arrincona al deportista autóctono a una presencia que pocas veces supera el límite de cuatro presencias por plantilla. Solo nueve de los 18 clubs de la ACB tienen más de cuatro fichas de ‘formados en canteras FEB’. El equipo con más es precisamente el Estudiantes, con 8 de 11, aunque uno de ellos es el nacionalizado Federico Van Lacke y otros tendrán una presencia simbólica en los partidos. La media esta temporada ha bajado al 39% del total de jugadores, dato que sigue descendiendo (cuatro puntos desde la anterior campaña) y es el más bajo de la historia de la competición. Entre los participantes de Euroliga se reduce el porcentaje hasta un ridículo 24,6. Unicaja con 2 de 12, precisamente el criadero que desaprovechó a Corbacho y que la temporada pasada lo intentó repescar, es el bloque con menos producto nacional. La salida hacia las ligas universitarias de Estados Unidos de decenas de buenos jugadores en los últimos veranos es otro síntoma de que algo no marcha en el baloncesto del ‘Método FEB’, por no nombrar los nubarrones ante la renovación de la selección que se perciben tras la frustración del último Mundial.

Para acabar la conversación en Magariños, le pregunto a Alberto Corbacho por sus hermanos, también excelsos tiradores, y la relación genética de tanto empacho de triple. “Es solo puntería”, dice el ’33’ del Obradoiro. No me creo nada. No soy tan incrédulo. Ponerla dentro del aro no es sólo cuestión de buen ojo. Esa humildad quizá tenga que ver, como seguro que detrás de ese acierto hay horas y horas de trabajo, sacrificio y empeño. Y porque alguien decidió ponerle, quizá porque el eslovaco que querían era más caro, quizá porque alguien vio en él que podría ser él, pero le pusieron. Eso sí que fue buena puntería.

30
jun
14

La comunicación y la forma


Hay que tener una efectiva comunicación con los jugadores. Esto es esencial para dirigir. Y si no la tienes, te verás en dificultades para desarrollarte como entrenador.

Muchas veces nosotros, los entrenadores, les damos demasiadas órdenes a nuestros jugadores en divisiones formativas durante un partido: Pásala, lanza, defiende a tu hombre… Casi siempre estas palabras a los chicos y chicas se dicen después de que se hayan equivocado y habitualmente cuando vamos perdiendo. No sólo eso. Casi siempre que damos estos mandatos estamos gritando y empleamos una forma (casi) agresiva.

También hay que saber aprovechar el encuentro de básket para ir corrigiendo los errores técnicos. Y para ir evaluando los progresos individuales y del equipo en los objetivos que nos propusimos al empezar el año.

Tenemos que entender que las indicaciones que le vamos a dar a los muchachos deben tener un efecto positivo, ya que, como dije antes, si estas indicaciones se las damos después de un error, tenemos que darnos cuenta que esta indicación, según cómo la expresemos, puede causar un mal efecto en el niño. Si tiene un carácter negativo obtendremos a cambio un incremento en su falta de confianza, inseguridad o vergüenza.

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Tenemos que tratar de no hacer esa correcciones generales, sino hacerle ver en forma concreta lo que queremos trasmitir. Para que el chico/a pueda ver y saber lo que queremos que haga correctamente. Tenemos que ser claros, concretos y conseguir que esa información le llegue y la entienda con la menor tensión posible.

También nos pasa que le pedimos muchas veces cosas a nuestros jugadores que no hemos entrenado y le exigimos como si ya las supieran.

Como entrenadores tenemos que proponernos tratar de dar los mensajes de un modo distinto y adecuado a los oídos que van a recibirlos, con menos tensión negativa y más información que les pueda ser útil. Es importante que no hables con los jugadores sino comunícate con ellos.

Como entrenadores tenemos que saber transmitir mensajes ricos en información y como último saber leer de tus jugadores el mensaje verbal; las palabras, y el mensaje no verbal; los gestos, la cara y su actitud.

Artículo de Juan Carlos Pidal

23
jun
14

La silla de Pablo Laso y la mía


La Liga ACB se encuentra inmersa en la final de los Play-Offs entre el Real Madrid y el Barcelona. Hasta el momento los dos primeros partidos nos han dejado tres noticias relevantes alejadas de los análisis puramente baloncestísticos: Ya no resultaron extraños los parones en el primer encuentro producidos por la luz en el Palacio de los Deportes de Madrid porque en la semifinal ante Unicaja de Málaga los problemas con los marcadores sirvieron de precedente. Tampoco fueron sorpresa los gestos racistas proferidos por un aficionado hacia Joe Dorsey porque, lamentablemente, es una lacra que acompaña desde hace mucho tiempo al deporte, sobre todo, al fútbol. Sin embargo, la fractura en el tendón de Aquiles de Pablo Laso algo, a priori, ‘anecdótico’ dio lugar a un hecho que, desde mi punto de vista, debe ser analizado porque refleja a una parte de la sociedad, afortunadamente, minoritaria.

Acostumbro a leer mi timeline de Twitter antes, durante y después de los partidos en busca de análisis y opiniones de periodistas y entrenadores sobre los mismos. El entrenador del Levanga Hokkaido japonés Piti Hurtado antes de la disputa del segundo encuentro publicaba el siguiente tweet: “Sale Pablo Laso con las muletas, ovación grande del Palacio. Por favor evitemos símiles taurinos. Qué putada dirigir así”. Este comentario desencadenó este pequeño diálogo entre nosotros:

- Respuesta mía al tweet mencionado anteriormente de Piti Hurtado: “Putada ninguna si te refieres a estar sentado, podría utilizar silla de ruedas que le permitiría moverse sin que le tapase nada”.

- Contestación de Hurtado: “Pedir tiempos muertos rápidos no es fácil”.

- Réplica mía: “Sentado tal y como está no, pero puede servirse de sus ayudantes para ello. ¿Hay alguna norma que lo impida?”.

El comentario del entrenador cacereño debe analizarse en dos partes. La primera: “Sale Pablo Laso con las muletas, ovación grande del Palacio”. Me remitió a la pregunta: ¿Por qué los espectadores ovacionan así al entrenador del Real Madrid? Si fue para alentarle tras la derrota en el primer partido, lo admito. Por el contrario si fue por haberse lesionado y llevar muletas, no. Un entrenador no es inmune a lesionarse como cualquiera de sus jugadores porque se está moviendo y, por tanto, puede ocurrirle como al ‘coach’ blanco. No tiene sentido ovacionarle más que de costumbre para compadecerse de él ¿Acaso no tiene a Jota Cuspinera y a Hugo López al lado para poder ayudarle a dirigir el partido, como de hecho, hicieron? Si él no hubiese podido estar que yo sepa sus dos ayudantes han tenido que hacer también el curso superior de entrenador para poder trabajar en un equipo ACB. Normalidad, por favor.

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Vamos con la segunda parte: “Qué putada dirigir así”. Ayer acabé mi segunda temporada como entrenador ayudante en el cadete de primer año del CB Juventud Utebo, sí como leen. Hace un año mis padres y amigos me convencieron para hacer el primer nivel de ENTRENADOR DE BALONCESTO, debo ponerlo en mayúsculas para que, quienes no me hayan leído nunca, sepan que voy en silla de ruedas y que sí, SOY O, MEJOR DICHO, ME ESTOY FORMANDO PARA SER ENTRENADOR DE BALONCESTO, A SECAS. Principalmente tengo un motivo para serlo, hasta la temporada pasada formé parte del Cai Deporte Adaptado, club multidisciplinar de Zaragoza en el cual personas con discapacidad física pueden practicar deporte. Sin embargo uno debe ser consciente de que puede hacer y que no. En mi caso, mi grado de parálisis cerebral me impide jugar al nivel que desearía y por eso la forma que más me atraía de seguir vinculado al deporte que tantos amamos era pasar a la pizarra.

Han sido y seguirán siendo años de aprendizaje continuo, de muchísimo trabajo y perfección. A continuación les diré a ‘grosso modo’ cómo estoy construyendo mi método para, en un futuro, poder llevar solo un equipo, teniendo en cuenta que tengo que dirigir, como le ocurre ahora a Laso, sentado. Quizá estos puntos, a modo de consejo, y desde la más absoluta humildad, le pueden dar alguna idea al magnífico entrenador del Madrid para dirigir a su equipo en los dos partidos del Palau:

-Utilización de la comunicación verbal o de la pizarra táctica para explicar los ejercicios que se harán en el entrenamiento. Ídem con la táctica colectiva.

- Las cosas que son comunes al baloncesto en silla de ruedas aplicarlas sin más.

- Si hay un gesto de técnica individual que un jugador, a mi modo de ver, lo hace adecuadamente se convertirá en el modelo de sus compañeros.

-Buena visión. Moverme en paralelo a la acción y si es durante el partido estar pegado a la línea que limita el área técnica de la mesa de anotadores bien de cara a mi campo de ofensivo o del defensivo para tener una visión general del campo y, a partir de ahí, moverme.

En dos años nadie me ha puesto inconveniente alguno para dedicarme a lo que quiero. No hay ningún secreto más que ilusión, trabajo, tiempo, perfeccionamiento del método y renovación del mismo. Como todos los entrenadores del mundo. ¿Saben que el seleccionador nacional de baloncesto en silla, Óscar Trigo, camina? ¿Creen que tengo que hacer un trato con él e irme yo a Alemania donde están preparando el Mundial de Corea y él venir a Utebo para plantearse y acordar a qué equipo entrenará la próxima temporada? Por otra parte, ¿hubiese pasado algo si Pablo Laso hubiera recorrido la banda en silla de ruedas? En el caso del técnico del Real Madrid me hubiese colocado cómo lo hago yo con uno de mis ayudantes empujándome o coordinándonos para ver bien. Esa sería mi solución, en el futuro igual es otra. Como se suele decir: QUERER ES PODER.

¡A trabajar!

 

Artículo de Alejandro Jordán

20
jun
14

El buen educador-entrenador


Habrá entrenadores que tendrán mas conocimientos y otros menos, pero… ¿cuándo nos damos cuenta que unos son mejores que otros entrenadores ?

Cuando vemos las ganas para trabajar y de preocuparse de tener más conocimientos… Pero también los entrenadores deben tener objetivos no muy fáciles de alcanzar, ni demasiados difíciles de conseguir, ya que estos dos extremos harán que nuestros jugadores pierdan el interés por el baloncesto y si nos equivocamos al elegir el método se nos puede complicar el trabajo.

A veces para llegar al objetivo de que los chicos y chicas mejoren en cada entrenamiento, estos objetivos deben estar bien formulados, ya que pueden llegar a ser fuente de una gran motivación para los jugadores y también por supuesto para los entrenadores.

El buen educador-entrenador de divisiones formativas tiene el deber de que todos los chicos mejoren la ejecución de los fundamentos y de que todos disfruten jugando, esforzándose para que mejoren cada día, hacerle entender la importancia de que somos un equipo y no un grupo de jugadores.

Muchos educadores-entrenadores de divisiones formativas trabajan mal creyendo que ganar partidos es lo único.

niñobasketLa búsqueda excesiva por ganar hace que el chico vaya perdiéndoles las ganas de difrutar del básket. Y por eso debemos tener cuidado, cuando trabajamos con chicos, que una excesiva presion por ganar partidos puede provocar la pérdida del difrute de la actividad.

Lo realmente importante es saber los progresos del chico en la realización correcta de los fundamentos.

Para saber si un educador-entrenador de divisiones formativas trabaja bien o no, no se debe ver la cantidad de partidos ganados por su equipo, sino la cantidad de chicos que siguen difrutando de la práctica del basket y lo incorporan como su deporte más querido.

El éxito es cumplir procesos.

Artículo de Juan Carlos Pidal




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