Posts Tagged ‘San Fermín

14
Nov
16

Willy, no dejes de tender tu mano


Bruno calza coletilla de torero y pelo remojado. Calcado al padre en tamaño reducido y con pinta de pícaro granujilla. La ilusión del primer partido rebosando en una sonrisa reluciente de benjamín. El árbitro pita ‘uno’ y todos van al banquillo. Repasan las normas. Cada uno defiende a un jugador del otro equipo, con la pelota vamos hacia el aro, sin la pelota nos movemos para estar solos para que nos la pasen… y las dos más importantes: en el banquillo se anima y en la cancha se ayuda al niño que se cae. “¿Y sí es del otro equipo?”, cuestiona Bruno. “Con más razón”, se afana a contestar su entrenador. Lección aprendida.

san_fermin_ayudaEn el CB San Fermín tenemos estos dos mandamientos sagrados. Es como nuestra firma. Hombre al suelo, mano para socorrerle. No es algo casual. Incluso tenemos ejercicios concretos para entrenar este ‘give me five’ de deportividad. Los peques lo entienden a la primera. Lo importante es la persona y no la canasta a la que renuncio, incluso aunque con ello se aprovechen para anotar. Y el mensaje se queda grabado desde ese primer partido hasta categorías superiores. Os aseguro que no falla. Uno de los mayores logros es ver que, tras varios aplausos sonoros como premio del banquillo y de la grada, los jugadores del otro equipo empiezan también a imitar un gesto que mola. Haber perdido varios partidos por ello ante rivales que se han querido ‘aprovechar’ de esta norma lo considero un verdadero orgullo, al igual que no son pocas las veces que padres, madres, entrenadores o árbitros se han acercado a nuestros educadores para agradecer esta exhibición de valores.

¿Es realmente tan importante enseñar a un niño a parar el juego cuando ve a un compañero caído en el suelo? No si se queda en un acto meramente estético o de márketing educativo. Es un símbolo como puede ser otro y que reconocemos en otros deportes: tirar la pelota fuera de banda cuando hay un lesionado en fútbol o muestras de auténtico compromiso por el compañerismo exhibidas en los últimos Juegos y premiadas por la organización. Pero como detrás de todas estas señales se esconde un mensaje de mayor calado, lo realmente importante: el resultado no es el fin último en la formación de nuestros pequeñajos.

Para mí hay otros componentes por los que me parece esencial en la educación de los menores. Hacerlo, al igual que animar, democratiza la función de todos los niños, los que aún no tienen habilidades para tener un protagonismo en la pista, como los que sí la tienen, pero no deben olvidar estos conceptos como primordiales. Ayudar al otro lo pueden y deben hacer todos desde el primer día y eso genera una sensación de utilidad, que no debe quedarse sólo en eso. Evidentemente estas enseñanzas no chocan con el ánimo de intentar ser mejores jugadores o desarrollar lo aprendido en un partido, que es la definición de ‘bien competir’. Pero sí puede ser adquirida en un futuro cuando nos encontremos con personas en dificultades. Me niego a pensar que mostrar empatía o solidaridad no pueda ser malo. Por ejemplo, interponerse ante una agresión sexista, unirse a una reclamación laboral, atender a un accidentado, auxiliar a una persona olvidada en la acera quizá sean extremos muy lejanos a los de un símbolo deportivo, pero a los que nos referimos para describir a nuestros héroes de la vida cotidiana.

La mano de Hernangómez

La semana pasada Willy Hernangómez fue recriminado por un compañero de los Knicks, Brandon Jennings, por pararse a ayudar a un rival caído. Cuando el pívot madrileño tendió la mano de buena voluntad para levantar a Hollis-Jefferson, su compañero le tiró del otro brazo para impedirlo. Sólo faltaban 32 segundos para la conclusión del encuentro ya decidido ante los Nets de Brooklyn.

Willy comentó ante la prensa el incidente en la zona mixta del Madison y se comprometió a no repetir este gesto. “‘Willy, esto es una guerra, así que no puedes ayudar a nadie del otro equipo en la pista. Después del partido puedes ir a cenar con tu amigo o lo que sea, pero durante el partido no puedes hacer nada con el rival’. He aprendido eso. Nunca ayudaré otra vez al contrario en la pista”, declaró Hernangómez al portal Newsday.com. La estrella de los Knicks, Carmelo Anthony, también ahondó en este sentido y dirigió sus palabras como una lección que el rookie español debe aprender para no fraguarse una imagen de blando en la NBA. “Simplemente Willy estaba siendo un español amistoso, lo que es, un big baby, y Brandon no quería eso, especialmente en ese momento en el que toca luchar”, dijo Anthony.

Un partido de baloncesto nunca puede ser una guerra que esté por encima de los mejores valores de humanidad. El ansia de ganar o ‘mal competir’ no puede conjugarse como antónimo de estos símbolos saludables socialmente y que trascienden por encima del mero deporte. Entiendo el mensaje en un lenguaje de chico malo, pero no justifica esa falta de comprensión, más cuando hablamos de jugadores profesionales que son idolatrados por muchos enanos en todo el mundo, capaces de imitar cada uno de sus movimientos, looks o tics. He ahí de la equivocación de negar el auxilio al jugador caído, pero peor que Willy, entendible dentro de los códigos que gobiernan la Liga y el vestuario más para un novato, decida renunciar a un valor tan saludable para no ser un bicho raro.

La buena educación no debe estar reñida con la competición y tampoco con la imagen de ‘ghetto’, de tío duro. Justamente todo lo contrario. Cuando te pegan esa etiqueta de marginal una forma de quitártela es mostrando el lado adverso de los prejuicios que contienen la mirada del otro. Y en ese sentido, esos ligeros gestos, querido Brandon Jennings, hacen mucho más de lo que piensan. Asi que, por favor, Willy, no dejes de tender tu mano nunca.

willy_jennings

09
Feb
15

Victoria


Estaban derrotados. Los nueve figuras se desparramaban por el suelo persiguiendo el aire. Sus caritas rojas reflejaban el esfuerzo del partido acabado. En una esquina, enfurruñado, uno de ellos se secaba las lágrimas. El mal rato venía de la advertencia de su entrenador por haber hecho un mal gesto al árbitro copiado de lo que ve en la tele. Otro compañero faltaba porque estaba con el enfermero del pabellón corrigiendo un chichón que nacía de un choque con el suelo tras saltar detrás de una pelota perdida. Chichón de coraje.

Las manitas se levantaron al preguntar el educador quién estaba agotado y quien creía se había esforzado hasta su límite. Todos contestaron con una respuesta a cuál había sido su mejor acierto y en qué creían que tenían que hacer más hincapié en el siguiente entrenamiento. El pequeño que aún lloriqueaba se sacudía la tristeza con un paño de sinceridad asumiendo que había sido egoísta en varios ataques.

El final de todo entrenamiento y partido es una reunión que simboliza su sagrado compañerismo. Entrelazados por sus brazos, en círculo mirándose a los ojillos, uno detrás de otro deciden quién ha sido el mejor compañero ese día. Aunque recuerdan al niño accidentado, los votos van cayendo sobre aquel que hizo el gesto inapropiado al árbitro y fue algo egoísta, pero que sus amigos de cancha quieren consolar porque saben que son errores mínimos. La elección le lleva al centro de esta pequeña comunidad que empieza a cantar su grito de guerra, mientras el ‘elegido’ baila en medio de la tribu.

¿Es necesario que diga el resultado del partido? No creo que un marcador pueda sintetizar los valores del deporte que estos enanos simbolizan en sus gestos. La victoria de la vida y el buen deporte estará siempre con ellos.

25
Ene
13

Superhéroes de barrio


Aitor lo tiene claro. Lo mejor del barrio de San Fermín es el chino que hay frente a su casa. “Hay de todo”, dice entusiasmado. A su lado Yago confirma la tesis de su amigo. Inseparables, como Batman y Robin, forman una dispar y simpática pareja. Ambos son jugadores de los equipos de baloncesto de Asociación Proyecto San Fermín, que junto a la colaboracion de Intervida ONG, utiliza el gancho del deporte para la educación de valores y la integración de una infancia en riesgo de exclusión en un entorno marcado por el desempleo, la pobreza y el abandono.

Aitor es el capitán del Infantil. Cuando llegó hace dos años apenas se comunicaba con sus no más de veinte compañeros. Ahora es todo un líder de un equipo que esta temporada representa por primera vez a un club de más de 80 niños y niñas de seis a doce años. El recorte de actividades extraescolares en los colegios y la delicada situación de muchas familias han multiplicado el número de participantes en una actividad gratuita gracias al apoyo de Intervida ONG y sus socios. “Somos el primer equipo de baloncesto que representa a San Fermín. Es una responsabilidad”, afirma Aitor. “Si leen las noticias sobre el barrio muchos piensan que esto es el Bronx. Nosotros, con nuestro esfuerzo y deportividad, demostramos que están muy equivocados. Porque lo menos importante es ganar. Hay que divertirse, respetar al rival, apoyarse y jugar en equipo”, continúa Yago. Sus madres no se han perdido ni un partido.

sanferminbaloncesto-1Aitor empieza a tener madera de entrenador. Todos los viernes colabora en las sesiones del grupo benjamín y alevín, como lo hacen otros compañeros más mayores. Hoy insiste con el lanzamiento de Jade. Esta pequeña peruana de larga trenza se esfuerza una y otro vez en que su tiro roce el aro. Su sonrisa de siete años no se encapota pese a los fallos. La niña no comprende que la altura del tablero no es la reglamentaria para su edad, ni que en todo el barrio haya un par de canastas de minibásket que no cuestan más de mil euros.

Como Jade con el aro, la infancia de San Fermín no lo tiene fácil, un barrio del sur de Madrid por donde la suerte y las promesas políticas pasan de largo. Un lugar lleno de contradicciones, donde sus equipos de baloncesto entrenan en unas canchas al aire libre sin líneas ni techo que les proteja de la lluvia, a pocos metros de un moderno e infrautilizado pabellón que costó 300 millones de euros: la Caja Mágica. Un elevado muro evita que desde el barrio se pueda ver una infraestructura que le da la espalda. Un muro que no conseguirá que estos chicos y chicas, superhéroes de su barrio, trepen por encima de sus sueños con sus ganas de ser mejores haciendo baloncesto.

Este texto pertenece al Asociación Proyecto San Fermín, que coordina la actividad de baloncesto en el barrio madrileño de San Fermín gracias al apoyo de entidades como Intervida, en cuya web apareció este texto.




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