Posts Tagged ‘Pepu Hernández

23
Ago
16

El oro de Calderón


No es un detalle cualquiera. Nadal no rompe raquetas. Ni la mayor de las rabias contenidas provoca esa necesidad de destruir su arma de trabajo. Cuenta Toni Nadal, su tío y entrenador, que le negó ese gesto. No podía permitir que como ídolo de masas mande ese mensaje de frustración a sus pequeños admiradores, que seguro no tenían una marca deportiva detrás que le suministre material ilimitado. Una eficaz raqueta puede valer un puñado de centenares de euros, inalcanzables para muchas de las familias españolas en esta economía crítica. Al social había un segundo discurso. Rafa no podía arremeter contra otros y mucho menos contra un objeto por la culpabilidad de sus fallos. No hay que buscar excusas. Cuenta una anécdota que el propio tenista decidió seguir jugando con una cuerda rota en un partido porque realmente lo que tenía que mejorar era simplemente su actitud y su juego.

El libro ‘Prohibido gritar’, de los periodistas Maira Cabrini y Juan José Mateo (Ediciones Turpial), ha sido mi compañero en la playita este verano. Por poco tiempo, tengo que decir. Lo he devorado. Su contenido va ahondando en la importancia de la educación en valores en la construcción de un buen campeón por parte de sus entrenadores. En diez reportajes se presentan casos de deportistas españoles muy reconocidos. Los detalles referidos a Rafa Nadal los he extraído del excelente trabajo de estos autores, que subrayan elementos básicos en la buena educación como el compromiso (Vicente del Bosque), la lucha (Enhamed Enhamed), el equipo (Pepu Hernández), la corrección (Rafa Nadal) o el camino (Edurne Pasabán).

En los recien acabados Juegos Olímpicos de Río, España ha cosechado 17 medallas, siete de oro, quizá la mejor participación desde Barcelona 1992 y Atenas 2004. El medallero marca un abismo entre la gloria y el fracaso. Un precipicio cruel por el que cae todo aquel que no es capaz de engrandecer a la patria. Si eres cuarto ya no sales en el Telediario. Y tampoco en la beca. Ese resultado que depende de tantos factores sigue demarcando los límites de la alegría y la tristeza para los medios de comunicación, directivos federativos y aficionados de andar por casa. Y en muchos casos, en todos los deportes mal llamados ‘minoritarios’, los héroes volverán al anonimato durante cuatro años de barbecho olímpico. Injusto y cruel.

nadal

El otro resultado

Aquellos que nos dedicamos al deporte de formación, que no deformativo, sabemos que los referentes de los profesionales son esenciales para la mejora de nuestros chavales. La copia, la imitación es un dulce anzuelo para los enanos. Si un niño se levanta un día con ganas de imitar la última acción de Pau Gasol o sueña con ser tan grande como Lidia Valentín tendrá un importante aliciente para seguir por el buen camino. Pero aquellos que además pretendemos hacer del deporte un elemento educador, como bien intenta relatar ‘Prohibido gritar’, apuntamos más hacia otros valores que en muchas ocasiones pasan desapercibidas para los focos.

Precisamente creo que Río ha sido uno de los mejores Juegos en este concepto. La señalada como mala organización ha tenido detalles fabulosos para ensalzar las mejores acciones de deportividad de los atletas y sancionar a aquellos que han hecho trampas. La recalificación para competir en la final de fondistas que se lesionaban o se paraban a ayudar o de nadadores que por error ajeno habían saltado antes de tiempo a la piscina me parece que lanza un mensaje claro a todos los jóvenes del mundo: ganar no es lo más importante. Se premia el compañerismo, la justicia, la deportividad y la bonhomía.

La afición no es tonta y capta esas sensaciones. Pocas estrellas empatizan más con la gente como Rafa Nadal. Exhausto es capaz de remontar un set perdido ante un rival. No obtener el bronce no frenó halagos y elogios a su actitud de superación, su esfuerzo casi suicida. Puede que sólo Pau Gasol emita ese tipo de señales de confianza y liderazgo que trascienden el resultado y avivan la admiración. No sorprende que algunos les propongan como próximo presidente del gobierno. Y no nos vendría mal.

El equipo gana al egoísmo

José Calderón ha sido parte activa de los éxitos de sus hermanos mayores de la generación del 80 (él es del 1981). El base ha sido capitán general en los éxitos de la última década, acaparando minutos y protagonismo pocas veces denunciado. Su rendimiento en las últimas temporadas en la NBA, el inevitable paso del tiempo y el aumento de la competencia han reducido paulatinamente su aportación deportiva en la selección. Los Juegos de Río pueden que hayan sido su última gran competición con sus amigos, su familia, con su equipo. Y quizá no haya sido la despedida prometida, soñada. El extremeño apenas ha jugado. Ha sido el tercer base por detrás de Ricky Rubio y Sergio Rodríguez, una decisión que conocía y que fue parlamentada por Sergio Scariolo. Los roles mandaban por encima de las necesidades personales. Calderón, como un gran profesional, conocedor de los mecanismos que hacen funcionar a un equipo y aceptando una realidad sin consumirse en ella, aceptó otro reto: ser líder fuera de la pista, donde las estadísticas no importan. Humildad y sacrificio reza su perfil en twitter.

Su actitud en el banquillo ha sido emocionante, mandando y animando, como sus lágrimas y abrazos en la celebración. Su falta de crítica a la elección de Scariolo es simplemente ejemplar y básica para no resquebrajar la armonia del colectivo o desviar la atención en un momento crítico (dos derrotas y el base titular jugando mal). Choca con rabietas vividas en otros deportes (pongamos que hablo de Pedrito) y que como entrenadores nos encontraremos en el actual entorno de padres que creen tener en casa a una futura estrella.

Con su forma de actuar ante una situación incómoda, aceptando el bien común por el egoismo individual, sumando más que restando, José Calderón nos ha entregado una lección mucho más importante que un metal. Es necesario potenciar esta secuencia más allá de las fotografías del podio. En ella está la esencia real del deporte y los valores que lo hacen una raíz del cambio hacia una sociedad mejor. Lo que realmente debería perdurar de estos Juegos. El verdadero oro para todos. Gracias, Calde.

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01
Oct
14

Echaré de menos…


Echaré de menos a todos los jugones que se han pirado por pasta a otras Ligas de medio pelo.

Echaré de menos (y espero) que esto no sea una cosa de dos.

Echaré de menos más información de básket en los medios convencionales.

Echaré de menos que TVE dé una mayor publicidad y una mejor cobertura de calidad a los derechos que ha vuelto a renovar.

Echaré de menos a algún compañero periodista con acreditación para que le dejen trabajar de una vez.

Echaré de menos un espectáculo que no sea tan casposo en los tiempos muertos y más innovación más allá a la copia barata de la NBA.

Echaré de menos un mayor impulso de los patrocinadores y que no me repitan el mismo anuncio mil veces en todos las retransmisiones de partidos.

Echaré de menos siempre a Andrés Montes.

Echaré de menos que se ponga en valor y se haga conocer la historia de nuestro baloncesto.

Echaré de menos que la Copa del Rey (y su buen rollo entre aficiones) no sea todos los días.

Echaré de menos a ‘Bebe’ Nogueira.

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Echaré de menos a Burgos, porque se lo ha merecido.

Echaré de menos a alguien que ayude a Rodrigo San Miguel a levantar la bandera de Aragón. Y más en el CAI.

Echaré de menos saber cuando se juegan los partidos de mi equipo y que no me los cambien jornada a jornada.

Echaré de menos que vayan a la Euroliga los que se lo han merecido.

Echaré de menos que se ayude a que las familias y los pequeñajos puedan ir a los pabellones a precios asequibles.

Echaré de menos aquellos tiempos en los que no me tenía que aprender el nombre de la mitad de jugadores de la competición.

Echaré de menos a todos los técnicos españoles que se han tenido que ir a otro país a currar porque no se les dan oportunidades aquí.

Echaré de menos que esto sea más un deporte que un negocio.

Echaré de menos a gente creativa y arriesgue en todos los contextos de la Liga.

Echaré de menos un cambio de reglas que favorezca al baloncesto bonito y el espectáculo.

Echaré de menos (me temo) no ver a Ander Martínez/Marcos Portález jugar lo que me gustaría.

Echaré de menos que se pague mes a mes a todos las plantillas.

Echaré de menos a más entrenadores como Aíto, Sito, Ponsarnau… que apuestan por poner a los chavales. Echaré de menos a Pepu.

Echaré de menos más acciones sociales de la Liga y casi todos los clubs, que se acerquen a la calle.

Echaré de menos que se ponga fin al cachondeo de los pasaportes COTONOU.

Echaré mucho, mucho de menos a José Luis Abós, aunque volverá pronto.

12
Feb
14

Lo normal


“La normalidad”. Cuando Ichiro pregunta cuál es el valor del buen entrenador, Carlos Jiménez se baja de nuevo con sus palabras a jugar en pantuflas a un recodo de la calle Urgel. Gastadas las suelas de volar tan alto, ahora con zapatos de ejecutivo, su zancada sigue siendo cauta y prudente, transmitiendo el mismo saber hacer en la pose que cuando era el amo de los intangibles. “He estado en Japón en dos ocasiones. Es un país que me encanta”. Sus orígenes carabancheleros y sus presentes guinderos trazan esa línea recta del ser corriente, al que Carlos señala en respuesta al técnico ideal por el que le pregunta este alegre japonés.

Pepu se cruza en el paso. Ha sido él quien ha ido a su encuentro. Tan normal. Ha reconocido a quienes hace unos meses le preguntaban los secretos del éxito de Saitama. Apretón de manos y sonrisas sin interés escondido entre los dientes. Recoge el calendario de San Fermín y se preocupa por los chavales que andan por el barrio sin una minibásket a la que echarle el triple. Sigue su camino sin decirle a nadie que no a una foto.

Lucas es un apellido. Es la cara B de un club profesional. Vive en la sombra que cobija al obrero que curra a destajo con humildad para que los focos alumbren a otros. Bien formado informa bien. Ha preparado una presentación especial para los japoneses. Nadie se lo había pedido. El aforo de nipones apunta al detalle lo que cuenta.

Sato está en tercera fila. Escucha en silencio para no perderse ni una gota de la explicación. Habla poco y se esconde detrás de una pequeñas gafas. Se arrima al señor Sasaki con el cariño ancestral por los mayores que conserva su pueblo y ofrece su atención cuando el maestro toma la palabra. “Tuvimos que acoger a los equipos en nuestra zona. Cerca de la costa no se podía jugar”. Relata el dolor que vivieron en Fukushima, su región, y la solidaridad de todos los clubs con aquellos que se vieron afectados con el desastre nuclear.

Sasaki-san tiene 74 años. Es entrenador de minibásket. Lleva más de cuatro décadas entre disciplinados renacuajos, pero ha venido hasta la Copa del Rey de Málaga a “aprender”. El cansancio no evita que se eche alguna cabezada entre partido y partido en el Carpena. La última noche anda con más destreza. La cena de pescaíto y cervecita desplaza la postura honorable de todo anciano japonés a una dimensión más cercana. Rápido se abraza a su guía español y tartamudea una palabra que ha aprendido estos días: ‘Gracias’.

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Juan Carlos carga la maleta de la emisora. Acaba de llegar al pabellón. Coloca los bártulos sobre la pequeña mesa. Empieza el partido. Vocaliza las canastas con la precisión que le dan los años de profesión y cierra el puño con cada acierto de su equipo. Ha viajado a última hora y dormirá esa noche en un hotel apartado. La radio ha hecho recortes y desplazado a un compañero a Informativos. Ya solo son dos en Deportes. Historias similares se desperdigan por la zona de prensa, punto de reencuentro anual de muchos periodistas precarios que cenan en el cátering montado en un gimnasio de taekwondo.

La peluca roja se le desparrama por un lado de la cara. Sin embargo, la sonrisa de Pascual no descarrila. Ni se acuerda que su equipo ha perdido hace unas horas. Se aleja del grupo con un objetivo. “Tengo que cambiar mi bufanda por una del Gran Canaria”. Desaparece entre la niebla de cánticos y tragos compartidos. Atmósfera de buen rollito entre todos los aficionados otro año más. Esta es la Copa real. Pascual reaparece al rato. La tela amarilla en su cuello simboliza una nueva victoria. “El año que viene la Copa en bañador”.

Francis atiende a la llamada con una disculpa. ‘Estamos en huelga’. Secunda el parón de sus colegas taxistas y no trabajará durante la Copa. Medida de presión para buscar una solución con la Junta. El sábado en las pistas exteriores de Los Guindos verá jugar a su hija Aída rodeado de amigos. Está preocupado por el futuro de uno de ellos, pero pronto alarga los chistes cuando se ve entre el aforo apropiado.

Dentro no cabe ni un alfiler en la final de la Minicopa. La gente se aprieta para dejar pasar a uno más. Unos señores de Valladolid cabecean cuando se les pregunta por su club, del que fueron directivos. “Todos los años venimos a la Copa”. El speaker lanza un ‘konichiwa’ a los trece japoneses que desde la grada se visten de verde antes de que Jaume se acerque a saludarles tras impartir un clinic modélico de entrenar divirtiendo y comunicar de forma positiva. A su lado los padres de un jugador del Unicaja aplauden deportivamente el triunfo del Madrid. Por sus bocas no ha salido ni un alarido de mala educación en todo el partido. “Ahora a animarle y a que siga estudiando”. Otro clínic modélico de comportamiento.

Kenji tiene la agenda ocupada. El triple de Llull solo es el preámbulo de otra carrera. Pronto al hotel para tomar su maletón y pirarse a Lituania. “Hago escala en Helsinki y luego a Vilnius. Estaré diez días en la academia de Sabonis”. De Tautvydas al original en menos de una semana. Espera en la única cafetería abierta a esas horas a que abran el mostrador para embarcar su equipaje. A su alrededor somnolientos viajeros no se pueden imaginar que aquel grandullón era seleccionador de Japón.

A sus compañeros de viaje les quedan unas cuantos horas para volver a Tokio. En sus maletas no cabe todo lo que han vivido estos cinco días en Málaga. Agradecidos, su último ‘Arigato’ precede un abrazo y una invitación para volver para el Mundial. Pasan por el control de seguridad. Si no fuera por sus rasgos asiáticos nadie les identificaría. Se pierden por las tiendas del Duty Free entre la gente normal. Esa normalidad de la que hablaba Carlos y engarza a cada uno de estos personajes en una joya de Copa.

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P.D: Efectivamente, en la Copa estuve acompañando a un grupo de 13 entrenadores japoneses, donde Unicaja fue un anfitrión perfecto ofreciendo todo su interés para que su visita estuviera llena de detalles.

14
Mar
13

La visita de un pariente lejano


Yoshida no habla mucho. Pero cuando lo hace sus palabras rasgan un silencio máximo. El respeto a su sabiduría es absoluto, un código estricto en la cultura japonesa hacia las personas de mayor edad. El gesto serio y el corpachón de Kenji-san le identifican como patriarca entre un grupo repleto de adolescentes que bromean con facilidad. A él le cuesta sonreír, hasta que un viejo colega es capaz de suavizar su semblante. “Cuando le he visto la cara le he reconocido”. Txus Vidorreta alarga la mano para estrechársela a aquel con el que se enfrentó hace once años y que ahora le identifica en el otro lado del planeta, en el corazón del Antonio Magariños. “En Japón queríamos jugar muy rápido con jugadores pequeños. Esa España nos demostró que también era posible tener ese estilo con hombres grandes. Recuerdo a Txus. Yo entreno ahora en un equipo universitario y él en una equipo profesional, pero nuestros caminos se han juntado otra vez por el destino o la fortuna. Es un honor poder encontrarnos de nuevo”, afirma Kenji Yoshida, seleccionador nacional de Japón entre 2002 y 2003, cuando un combinado ‘B’, con el actual entrenador del Asefa Estudiantes como ayudante de Paco García, viajó hasta el país asiático para jugar y ganar la Kirin Cup. Jordi Trías fue el MVP. “Era la segunda vez que iba a Japón. También estuve con la U20 un año antes. No me importaría volver a jugar allí, aunque primero tendré que preguntarle a mi mujer”, bromea Germán Gabriel, uno de esos ‘predecesores’ de lo que luego sería el desembarco dorado en Saitama en el Mundial.

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Daisuke Yoshioka no se separa de su cámara. Todos le llaman Dice. En la memoria del aparato guarda unas fotos en las que Berni Rodríguez se identifica saltando en medio de la celebración. “Jorge, fíjate, viene la fecha. 3 de septiembre de 2006. ¿Te acuerdas que hicimos ese día?”, pregunta el escolta del UCAM Murcia. “Creo que la liamos un poco, ¿no?”, le responde Jorge Garbajosa, que ha ido a recoger a su amigo a la salida del Palacio de los Deportes. En esa fecha inolvidable los ‘Golden Boys’ demostraron a los aficionados japoneses que el baloncesto no sólo procedía de Estados Unidos. Colocó a España en su punto de mira. Ahí se gestó el embrión de una pequeña aventura que ha traído a un grupo de diez entrenadores nipones a nuestro país para conocer desde dentro nuestro baloncesto y la Liga Endesa. Durante cinco días se han introducido en el día a día de todos los equipos del Asefa Estudiantes, han podido ver en directo encuentros de Euroliga y Liga ACB gracias al Real Madrid, dialogar con entrenadores de prestigio como Pepu Hernández o Dani Sainz y han visitado la sede del Espacio 2014 en Alcobendas. “Uno de nuestros viajeros ha dicho que estar aquí es para él una utopía, porque el ambiente de baloncesto que se respira en España y el que tenemos es Japón no tiene nada que ver”, continúa Shin Mizuno, responsable de la empresa Erutluc Inc que ha organizado el viaje.

Los viajeros han tenido tiempo para conocer al detalle cómo se desarrolla un club profesional de las características y volumen del Asefa Estudiantes gracias a las charlas de Himar Ojeda, director deportivo del club, y Pablo Borrás, director técnico de la cantera. En Japón las categorías formativas se desarrollan especialmente en colegios, institutos y universidades, por lo que conocer la simbiosis de la entidad del Ramiro ha sido un verdadero descubrimiento para ellos. “Ahora entreno en la universidad de Tsukuba, porque en Japón tenemos introducido el sistema americano. Después de venir aquí nuestra propuesta es trasladar el sistema español”, afirma Kenji Yoshida, aún vinculado a la Federación Japonesa de Baloncesto. Para poner un simple ejemplo ilustrativo, en Japón sólo hay una categoría minibásket, por lo que los jugadores pierden varios años sin poder competir de forma igualada por sus características físicas, algo que también pasa en sus primeros años en el instituto y la universidad, retrasando su evolución.

La sonrisa de Llama

A.Nevado / FEB.es

A.Nevado / FEB.es

 

Llama tiene guasa. Derrocha simpatía y con sus muecas se comunica más fácilmente que con su limitado inglés. Taka afina más con el idioma. No le queda otra porque en unos meses se irá a Akron, la ciudad de Lebron James, para unirse a un college. Tampoco importa mucho. El baloncesto es un lenguaje universal y una sonrisa el verbo con el que se explica todo. Alaia y Javi, benjamines de la Escuela del Asefa Estudiantes, pillan a la primera lo que les indica Llama con tres gestos. Están encantados con sus nuevos entrenadores, aunque no se sabe muy bien quién disfruta más con la experiencia. “Ahora tenemos que pensar cómo introducir las cosas que hemos aprendido aquí en nuestros métodos de entrenamiento. Es una forma diferente, pero fundamentalmente tenemos que hacer que los jugadores se diviertan más. Aquí se lo pasan bien, disfrutan y por eso quieren jugar. Nosotros somos muy serios, hasta jugadores llegan a lloran en los entrenamientos y algunos entrenadores son en ocasiones muy estrictos. Nosotros amamos el baloncesto y los jóvenes jugadores tienen que sentirlo así, ser felices”, apunta Shin Mizuno.

El sentimiento del Ramiro les llegó bien adentro y no dudaron en enfundarse los colores celestes para ir el domingo a animar al que ya es su equipo en el partido ante el Blancos de Rueda Valladolid. Todos se quedaron muy impresionados por el ambiente del Palacio y los cánticos de la Demencia. “En Japón no hay el mismo ambiente que hemos visto en los partidos de la Liga Endesa, pero en la final se llena los pabellones”, afirma Hiroki Iwabe, el más precoz de los entrenadores con 19 años y asistente de un equipo de minibásket. En su móvil enseña orgulloso el vídeo de sus muchachos repitiendo mecánicamente una rueda de entradas y otro con un torneo ganado hace pocos meses junto a unas tristes fotos de un pabellón arrasado por el terremoto de 2011.

Aya Kuramoto, la única mujer del grupo, aprovecha los descansos entre entrenamientos para pasar un breve cuestionario a todos los jugadores y jugadoras de un equipo alevín. Estudiante de la universidad de Fukuoka y entrenadora asistente de un equipo femenino, está realizando su tesis doctoral sobre el baloncesto español. “Poder estar con campeones del mundo como Pepu Hernández, Berni Rodríguez o Jorge Garbajosa ha sido increíble, pero lo más importante es que diez entrenadores han podido tener una experiencia en España y ellos van a poder difundir a sus compañeros estos nuevos conocimientos”, comenta en castellano Yoshihiro Tomita, traductor y principal promotor de esta expedición y que repite visita a la Liga Endesa. Tomita mantiene varias webs especializadas en baloncesto español y la Liga Endesa escritas en japonés después de ‘enamorarse’ de él tras ver en el Pisuerga un Forum-Joventut en el año 2000.

JaposMagariños

 

Fiesta final

Dice sigue sin soltar su cámara. Dentro de ella se lleva una foto con Carlos Suárez, que amablemente se para posar y contestar las preguntas de los curiosos técnicos. El tópico de los turistas japoneses y la tecnología se cumple y muchos de los instantes de ese viaje han sido grabados por triplicado. Daisuke fue miembro del cuerpo técnico de los Grouses un equipo de la BJ, una de las dos ligas profesionales japonesas que la temporada próxima se unirán para potenciar el impacto del deporte en un país donde el fútbol reina junto al beisbol. En la segunda división de la liga federativa, la JBL, este año compite el español Cándido Matoso en otra prueba de que la marca del baloncesto español está de moda en Japón. Por eso Dice quiere empaparse de todo y escucha atento las explicaciones de Alberto Lorenzo, entrenador ayudante de Txus Vidorreta en el Asefa Estudiantes, durante el clínic de táctica individual organizado especialmente para los colegas japoneses.

La última noche los visitantes quieren agradecer al club su hospitalidad con una pequeña fiesta en el gimnasio del Magariños. Las bromas en ‘spanglish’ se suceden mientras los vídeos de Humor Amarillo (Takeshi Jo en Japón) afinan las carcajadas. Pablo Borrás le regala a Yoshihiro Tomita el libro ‘Club Estudiantes: 60 años de baloncesto’ para ayudarle con sus progresos del castellano y su demencia, mientras Masahiko Sumi aguarda su turno para preguntar qué tiene que hacer para convertirse en entrenador de baloncesto en España. Masa se ve en España, país que visita por tercera ocasión, la segunda de ellas para ver en el Palau la pasada final de la Liga Endesa entre Regal Barcelona y Real Madrid. Mientras Llama sigue haciendo de las suyas retando con una pelea de judo a quien quiera. “Este es el primer paso para seguir creciendo y aprender una manera de entrenar y organizar un equipo como en el baloncesto español”, sentencia Yoshihiro Tomita. “Nos llevamos la idea de que un equipo, un club es como una familia”, sentencia Kenji Yoshida. Con el ‘Estu’ y el baloncesto español como ejemplo.




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