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22
Nov
16

¿Es el baloncesto de izquierdas?


No. Rebajen la taquicardia, enfunden la bilis. La respuesta está clarinete. Cualquier deporte es una expresión lúdica de toda la humanidad y no pertenece a ninguna ideología, quieran unos u otros adueñarse de ella. Dejando finiquitada la respuesta a la pregunta del titular y sin ánimo de publicar fotos de Fidel Castro lanzándose un triple para confabular con una inexistente relación maligna con la pelotita y el marxismo, sigan leyendo por favor para entender la naturaleza de este artículo visto lo ocurrido en los últimos meses.

Dennis Rodman,  Latrell Sprewell y Bobby Knight. Tres tipos relajados. Esta era la caballería basketbolera de Donald Trump en la última campaña electoral americana. Al otro lado del ring se situaba la vasta mayoria de la NBA. Es decir, un tirachinas contra los cañones de Navarone. En uno de sus últimos mítines, en el Estado clave de Ohio, Hillary Clinton apareció en escena con LeBron James y JR Smith para reclamar el voto para la dama demócrata. Semanas antes el propio Dwyane Wade mantuvo un rifi rafe con Trump tras utilizar éste el asesinato de una prima del ahora jugador de Chicago Bulls en tono electoral. Carmelo Anthony, Stephen Curry y Chris Paul encabezaron a decenas y decenas de jugadores que manifestaron su adhesión a la causa ‘azul’. Entrenadores como Steve Kerr, Greg Popovich o Stan Van Gundy se han mostrado contundentes en su falta de confianza hacia el multimillonario que pretende levantar un muro en la frontera mejicana. No todo se quedaba en apariciones públicas o mensajes en redes sociales, el mismísimo comisionado de la NBA, Adam Silver, la leyenda Magic Johnson, Grant Hill, Mike D’Anthony, Jason Kidd, Rolando Blackman, Dikembe Mutombo, Jason Collins… aparecían en la lista de donantes económicos de la candidatura de Clinton.

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Las reacciones de catástrofe y estupefacción no se quedaron cortas al conocerse la victoria del magnate del flequillo dorado. El meteorito cayó en medio de la progresista NBA. Hasta el españolito Ricky Rubio se flagelaba con la idea de tener a Donald Trump a los mandos del Air Force One. Quizá a modo de revancha, una de las primeras informaciones aparecidas a los días de la elección fue que Trump desinstalará de la Casa Blanca la famosa pista de baloncesto de Barack Obama por la que tanta estrella, incluido Pau Gasol, ha pasado en estos ocho años.

Reacciones antiTrump en la NBA

El activismo político de la NBA en favor de causas progresistas no es nuevo, pero sí puede decirse que se ha disparado en los últimos tiempos con el advenimiento de Obama, conocido por su muñeca anotadora en su etapa universitaria en Hawai. Barack es hincha confeso de los Bulls y habitual en las gradas de los Wizards. El idilio era seguro.

La vinculación evidente de este deporte con el sector afroamericano ha propiciado campañas en favor de los derechos civiles y la repulsa a los repetidos casos de violencia policial contra jóvenes negros que han sacudido la sociedad norteamericana. El mandato de Adam Silver ha sido más duro que el de su antecesor David Stern en estos aspectos, condenando al propietario de los Clippers, Donald Sterling por comentarios racistas, o  trasladando de Charlotte a New Orleans el próximo All Star por la ley racista y homófoba propugnada en Carolina del Norte.

La reacción de la mayoría de la NBA al triunfo de Trump le ha puesto en la avanzadilla de la oposición contra el ‘nuevo régimen’. Hace una semana salía a la luz que tanto los Milwaukee Bucks, como Memphis Grizzlies y Dallas Mavericks harán boicot a la cadena hotelera de Trump y no se alojarán en ella como tenían previsto. Otras franquicias parecen que harán lo mismo. El propio LeBron James insinuaba en su reciente visita a la Casa Blanca, Mannequin Challenge mediante, como campeón de la NBA que de repetir victoria en las Finales quizá no hagan este viaje para saludar a Trump. La batalla no ha hecho más que comenzar.

El baloncesto como unión Sánchez-Iglesias

El progresismo de la NBA tiene un tinte eminentemente racial. Y esta razón no converge con lo visto en las últimas luchas electorales en España. Aquí también el baloncesto se sacó como un medio de canalización de entendimiento entre las dos fuerzas de izquierdas. Se daba la circunstancia que tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias priorizan al básket sobre otros deportes en sus gustos personales y encima compartían pasión por el Estudiantes. En sus primeras presentaciones televisivas, el líder socialista alardeaba de haber jugado en la cantera del Ramiro y parecía obligado darle una pelotita para probar su puntería cuando acudía a un plató. No se si esto era casual, con afán de humanizarle o de situarle como heredero de José Luis Rodríguez Zapatero, otro amante confeso del baloncesto.

En la bancada granate también se ha abrazado el amor por las canastas. Podemos difundió un vídeo de su líder jugando una pachanga con sus amiguetes en la jornada de reflexión previa al 26J. Famoso es el discurso que Iglesias dio en Vistalegre en 2015 comparando a la formación del cambio con la selección española. Este matrimonio por el básket lo quiso trasladar a las negociaciones para formar gobierno el propio líder de Podemos al entregar un ejemplar del libro ‘Historia del Baloncesto en España‘ a su homólogo Sánchez como símbolo de lo que unía a ambas formaciones. Permítanme el paréntesis. Espero que se leyeran el capítulo de la selección de la Segunda República, escrito por un humilde autor, en el que, miren que oportuno, hubo un jugador, Cayetano Ortega, que terminó cayendo en el campo de batalla peleando contra el fascismo.

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Al contrario que en Estados Unidos, son pocas las adhesiones políticas que desde el baloncesto español se han dado a un bando u otro de nuestro parlamento. Quizá Sitapha Savane, pívot senegalés del Movistar Estudiantes, es el más claro en ahondar en estos asuntos y posicionarse como simpatizante de Podemos. Tampoco los deportistas en este país acostumbran a mojarse en estos temas. Recuerdo vagamente, y no lo puedo apoyar en la hemeroteca, unas declaraciones en apoyo de Esperanza Aguirre de Jorge Garbajosa, ahora presidente de la FEB, hace ya unos años. Pero se pueden contar como mínimas este tipo de intervenciones. Aunque curiosamente, un exjugador de la ACB, José Ramón Lete, será quien esté al frente del Consejo Superior de Deportes en la nueva legislatura.

No vayamos a introducirnos en la historia, donde hay raciones para todos, pero también aquí el baloncesto tuvo un componente ideológico, concentrado en la confrontación olímpica entre soviéticos y americanos, llevaba a su máximo exponente en la final de Múnich’72 y la polémica canasta de Alexander Belov. La derrota de los Estados Unidos en Seúl’88 y el miedo a perder el dominio ante las naciones del Bloque aceleró la entrada de los jugadores profesionales en la villa olímpica en Barcelona’92 justo tras la caída del Muro de Berlín.

Llama al menos la atención cómo se ha adherido en estos últimos tiempos, al menos en el contexto español y americano, al baloncesto como un deporte con claros vínculos progresistas, tanto sea por la simpatía de los políticos por esta disciplina o por la oposición de los jugadores afroamericanos de la NBA al discurso racista de Trump.

Creo que estarán conmigo en que el baloncesto es un perfecto canal democratizador. Como expresión colectiva, el entendimiento de los cinco efectivos del equipo debe ser coordinada para ser efectiva. La tara de uno afecta al todo. De esta realidad mana la necesidad de la unión y eso es lo que importa dentro de una cancha. He estado en vestuarios muy díscolos a nivel personal, con diferentes gustos estéticos, culturales, sexuales y políticos, pero que al saltar a la pista obviaban estas distancias para confluir en el bien común. Y quizá en esto, más alla de colores o banderas, es en lo que este bendito deporte podría enseñar más a la política.

Aclarado el tema, permitanme la licencia de poner una foto de Fidel Castro jugando al baloncesto. 😉

fidel_baloncesto

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14
Nov
16

Willy, no dejes de tender tu mano


Bruno calza coletilla de torero y pelo remojado. Calcado al padre en tamaño reducido y con pinta de pícaro granujilla. La ilusión del primer partido rebosando en una sonrisa reluciente de benjamín. El árbitro pita ‘uno’ y todos van al banquillo. Repasan las normas. Cada uno defiende a un jugador del otro equipo, con la pelota vamos hacia el aro, sin la pelota nos movemos para estar solos para que nos la pasen… y las dos más importantes: en el banquillo se anima y en la cancha se ayuda al niño que se cae. “¿Y sí es del otro equipo?”, cuestiona Bruno. “Con más razón”, se afana a contestar su entrenador. Lección aprendida.

san_fermin_ayudaEn el CB San Fermín tenemos estos dos mandamientos sagrados. Es como nuestra firma. Hombre al suelo, mano para socorrerle. No es algo casual. Incluso tenemos ejercicios concretos para entrenar este ‘give me five’ de deportividad. Los peques lo entienden a la primera. Lo importante es la persona y no la canasta a la que renuncio, incluso aunque con ello se aprovechen para anotar. Y el mensaje se queda grabado desde ese primer partido hasta categorías superiores. Os aseguro que no falla. Uno de los mayores logros es ver que, tras varios aplausos sonoros como premio del banquillo y de la grada, los jugadores del otro equipo empiezan también a imitar un gesto que mola. Haber perdido varios partidos por ello ante rivales que se han querido ‘aprovechar’ de esta norma lo considero un verdadero orgullo, al igual que no son pocas las veces que padres, madres, entrenadores o árbitros se han acercado a nuestros educadores para agradecer esta exhibición de valores.

¿Es realmente tan importante enseñar a un niño a parar el juego cuando ve a un compañero caído en el suelo? No si se queda en un acto meramente estético o de márketing educativo. Es un símbolo como puede ser otro y que reconocemos en otros deportes: tirar la pelota fuera de banda cuando hay un lesionado en fútbol o muestras de auténtico compromiso por el compañerismo exhibidas en los últimos Juegos y premiadas por la organización. Pero como detrás de todas estas señales se esconde un mensaje de mayor calado, lo realmente importante: el resultado no es el fin último en la formación de nuestros pequeñajos.

Para mí hay otros componentes por los que me parece esencial en la educación de los menores. Hacerlo, al igual que animar, democratiza la función de todos los niños, los que aún no tienen habilidades para tener un protagonismo en la pista, como los que sí la tienen, pero no deben olvidar estos conceptos como primordiales. Ayudar al otro lo pueden y deben hacer todos desde el primer día y eso genera una sensación de utilidad, que no debe quedarse sólo en eso. Evidentemente estas enseñanzas no chocan con el ánimo de intentar ser mejores jugadores o desarrollar lo aprendido en un partido, que es la definición de ‘bien competir’. Pero sí puede ser adquirida en un futuro cuando nos encontremos con personas en dificultades. Me niego a pensar que mostrar empatía o solidaridad no pueda ser malo. Por ejemplo, interponerse ante una agresión sexista, unirse a una reclamación laboral, atender a un accidentado, auxiliar a una persona olvidada en la acera quizá sean extremos muy lejanos a los de un símbolo deportivo, pero a los que nos referimos para describir a nuestros héroes de la vida cotidiana.

La mano de Hernangómez

La semana pasada Willy Hernangómez fue recriminado por un compañero de los Knicks, Brandon Jennings, por pararse a ayudar a un rival caído. Cuando el pívot madrileño tendió la mano de buena voluntad para levantar a Hollis-Jefferson, su compañero le tiró del otro brazo para impedirlo. Sólo faltaban 32 segundos para la conclusión del encuentro ya decidido ante los Nets de Brooklyn.

Willy comentó ante la prensa el incidente en la zona mixta del Madison y se comprometió a no repetir este gesto. “‘Willy, esto es una guerra, así que no puedes ayudar a nadie del otro equipo en la pista. Después del partido puedes ir a cenar con tu amigo o lo que sea, pero durante el partido no puedes hacer nada con el rival’. He aprendido eso. Nunca ayudaré otra vez al contrario en la pista”, declaró Hernangómez al portal Newsday.com. La estrella de los Knicks, Carmelo Anthony, también ahondó en este sentido y dirigió sus palabras como una lección que el rookie español debe aprender para no fraguarse una imagen de blando en la NBA. “Simplemente Willy estaba siendo un español amistoso, lo que es, un big baby, y Brandon no quería eso, especialmente en ese momento en el que toca luchar”, dijo Anthony.

Un partido de baloncesto nunca puede ser una guerra que esté por encima de los mejores valores de humanidad. El ansia de ganar o ‘mal competir’ no puede conjugarse como antónimo de estos símbolos saludables socialmente y que trascienden por encima del mero deporte. Entiendo el mensaje en un lenguaje de chico malo, pero no justifica esa falta de comprensión, más cuando hablamos de jugadores profesionales que son idolatrados por muchos enanos en todo el mundo, capaces de imitar cada uno de sus movimientos, looks o tics. He ahí de la equivocación de negar el auxilio al jugador caído, pero peor que Willy, entendible dentro de los códigos que gobiernan la Liga y el vestuario más para un novato, decida renunciar a un valor tan saludable para no ser un bicho raro.

La buena educación no debe estar reñida con la competición y tampoco con la imagen de ‘ghetto’, de tío duro. Justamente todo lo contrario. Cuando te pegan esa etiqueta de marginal una forma de quitártela es mostrando el lado adverso de los prejuicios que contienen la mirada del otro. Y en ese sentido, esos ligeros gestos, querido Brandon Jennings, hacen mucho más de lo que piensan. Asi que, por favor, Willy, no dejes de tender tu mano nunca.

willy_jennings

15
Sep
16

El mejor objetivo


Es uno de esos gestos en los que los técnicos somos más tiquismiquis. Nos podemos pasar horas y horas haciendo la corrección en la altura del codo, la extensión del brazo, la rotación de muñeca o la orientación de los pies. Diminutos cambios que van puliendo la ortodoxa mecánica de tiro que consideramos infalible. Hace unos meses le daban vueltas a esta reflexión en un corrillo de entrenadores del Joventut de Badalona. Querían mejorar el porcentaje de acierto de una de sus mejores promesas y llegaron a un giro radical de su planteamiento. Decidieron, tras mucho análisis y un punto de intuición, cambiarle la mano de tiro. De diestro pasaría a ser zurdo. Algo así como clavarse una pirueta con doble tirabuzón para caer dentro de un dedal. Una transformación severa pensando en un mañana y olvidándose de un hoy.

El riesgo presente puede ser la mejor decisión en el futuro. O la peor. Por ello se intenta minimizar el fallo de la predicción desde el factor experiencia. A toro pasado es más fácil acentuar el éxito o el fracaso de una acción, pero en el momento de la verdad, en el ya, acongoja dar un paso al vacío. Sin salirnos del Olimpic, desde esa visión es tremendamente sencillo apuntar a que no se completó la formación de Ricky Rubio en su tiro exterior. Quizá faltó algo. Un técnico de la Penya me comentaba hace no mucho que quizá no explotaron ese camino. Quizá también Ricky era zurdo y no lo percibieron. Y va más allá en la autocrítica. Quizá lanzarlo al mundo profesional en edad cadete acortó los plazos de su progresión y se delimitaron algunos de sus potenciales.

Un sembrado baldío

Ricky será uno de los diez españoles que competirán esta temporada en la NBA. Una cifra récord, asombrosa. El base de los Wolves seguirá siendo estandarte en el joven proyecto de su franquicia y uno de los elementos más vistosos por su asombrosa capacidad de pase.

En unas semanas la Liga Endesa arrancará con 17 clubs por la renuncia del Gipuzkoa y la ausencia de ascensos. El acuerdo entre la ACB y el sindicato de jugadores define que cada plantilla tiene que tener cuatro fichas de formación, es decir, baloncestistas que han pasado un tiempo en las canteras del país. No todos son españoles, aunque si la mayoría.

Unas decenas de aventureros han partido fuera de nuestras fronteras para ganarse la vida, dado que los márgenes salariales de competiciones como las LEB o las EBA dejan mucho que desear y figuran habitualmente con dígitos por debajo del salario mínimo. Con 500 euros mensuales no se llega a cubrir los gastos.

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Casi sin necesidad de sacar la calculadora acertamos a indicar que rondan, con suerte, el centenar de españoles que tienen una comodidad profesional dedicándose al baloncesto. Masculino, del femenino quedan las ruinas.

Un porcentaje diminuto

El Consejo Superior de Deportes señala que durante el año 2015 hubo 350.000 licencias, aproximadamente, para baloncestistas federados. Una cifra importante y que habla del valor social de una disciplina muy seguida en el ámbito educacional. Hay unos 3.500 clubes en España. Hacia muchos de ellos, por no contar colegios o escuelas deportivas, se dirigen estos días padres y madres con el ánimo de apuntar a sus hijos e hijas en una actividad para completar el curso académico, para que hagan un deporte, ocupen sus horas libres, se relacionen, bajen algo de peso o sepan trabajar en equipo.

Si compañaramos ambas cifras, las del ámbito profesional y, digamos, las del hemisferio más social del deporte, nos encontramos que el porcentaje es irrisorio. Llegar a vivir del deporte es como si te tocara la lotería. Por ello debemos ahondar en ver al deporte como un canalizador de nuestra existencia más que como un paraiso de mitos y leyendas que aparece por nuestros televisores para nuestro disfrute.

Muchos los que estamos enrolados en la batalla del deporte de formación nos olvidamos de que ese porcentaje es ridículo. Que para que un niño llegue a la ACB o a la selección deben enredarse muchos factores, algunos tan poco alterables como la genética (altura, fuerza, velocidad…), y otros también de carácter económico y social. Sin embargo, es cada vez más habitual encontrar a progenitores que se empeñan en moldear a su vástago en una futura estrella sea como sea. Es su misión vital.

Conocernos y conocerlos

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En una charla reciente programada por el CB Las Rozas, John Paul Turner, seleccionador mini de Madrid, ahondaba en el déficit de comunicación que existe entre el entrenador y su jugador. Hablaba en un sentido amplio, personal. Apuntaba a la obligación del preparador de saber qué es lo que le pasa a su pupilo, a conocer su estado anímico para afrontar un partido o un entrenamiento, desvelar si ha sido un buen o mal día, la realidad de su entorno familiar, cómo le va en la escuela o con sus colegas. Ese trabajo va más allá de nuestra misión dentro de una cancha y define al educador real.

Ahora que arrancamos a diseñar planificaciones, entrenamientos y sesiones especiales, que nos enredamos en si un jugador es zurdo o no, nos deberíamos mirar realmente al espejo y ver cuáles deben ser los verdaderos  objetivos que marcan nuestro trabajo sobre los chavales. Enseñar a pulir esos pequeños detalles que mejoren la técnica de tiro son esenciales en nuestra labor, no podemos obviarlos, pero sólo será un eslabón más en una cadena que debe ayudar a crecer a los chicos y chicas como deportistas en un sentido más amplio. Saber sociabilizarse con los demás, aceptar el esfuerzo como la base de la mejora, controlar emociones, tener un espíritu cívico, querer ser creativo, entender que la victoria no la marca sólo un marcador, ahondar en valores de buen comportamiento… perfilarán a ese buen deportista que tiene un mínimo porcentaje para llegar a ser profesional, pero tiene todos los números para ser en el mañana un aficionado pacífico, un padre comprometido, un entrenador comprensivo, un árbitro ecuánime y dialogante, un directivo justo… una mejor persona. Y esa es una victoria para todos que merece esas horas, semanas, meses y temporadas que se extienden por la vida y no se limitan a una pista de baloncesto.

 

 

 

 

 

 

20
Ene
16

‘Hoop Dreams’, sueños rotos


Hay descubrimientos mínimos que pueden revalorizar una simple jornada abocada al tedio. Días lluviosos en mitad de las vacaciones sin mucho que hacer, condenados a la protección del techo. Los aparatos multimedia son los aliados o enemigos, quién sabe, para ahuyentar al aburrimiento. En mitad de un buceo por Netflix, driblando películas románticas, comedias sin gracia y dramones de lagrima fácil, abrí la carpeta de documentales desesperado por probar fortuna. Y allí estaba. Un viejo amigo. Pero no trasnochado, ni pasado de moda: Hoop Dreams.

Gracias a la lluvia pude visionar de nuevo hace unos días, seguramente, el mejor documental de baloncesto que se ha hecho. La cinta dirigida por Steve James tiene ya más de veinte años, pero no ha perdido ni un ápice de vigencia. Editada en 1994 y grabada a través de los cuatro años anteriores, cuenta el periplo de dos adolescentes afroamericanos de los suburbios más pobres de Chicago, William Gates y Arthur Agee, con el destino de firmar una beca para jugar al baloncesto en una universidad. El punto de partida es similar al que pueden tener muchas estrellas actuales de la NBA, un playground cercano a una esquina donde se vende y compra droga. Desde allí se desenreda un hilo que teje una realidad desalentadora, de un entorno violento y un hogar desestructurado en el que los menores son tratados, de forma muy políticamente correcta, como contenedores de las ambiciones de éxito de sus entrenadores, agentes, guías espirituales, familiares y amigos.

Reclutados por un cazatalentos, son ‘fichados’ por una rica y católica ‘high school’ de las afueras de Chicago, cuyo reclamo es ser la cantera de origen de Isaiah Thomas. No voy a hacer aquí un ‘spoiler’, pero la cosa no termina tan bien como les venden. Lo único que os digo, si no la habéis visto aún, es que las tres horas de metraje se quedan cortas y el afán curioso por continuar acompañándoles por sus vidas se acrecienta con el fundido a negro final. A mi me dio por investigar ese más allá de este ‘to be continued’ y el resultado fue que sus vivencias vuelven a estar llenas de claridad y oscuridad. ‘Hoop Dreams’, galardonada en el Festival de Sundance y con más de 11 millones de recaudación, sirvió para que Gates y Agee encontraran otro camino. William terminó siendo pastor en el mismo barrio en el que se crió y Arthur levantó una fundación desde la que apoya a la infancia y proporciona becas deportivas en los entornos más pobres de Chicago. Sin embargo, sus dos mentores, aquellos que les alentaban desde el cariño para hacerse All Star, el hermano de Gates y el padre de Agee, murieron por disparos de bala.

La secuela de este largometraje podría haber sido fácilmente otro documental de obligado visionado: ‘Rebotes’. De producción chilena, narra la supervivencia de Tim Jones y Derrick Miller, otros dos americanos negros, por alargar sus carreras profesionales en la Liga de este estado suramericano. Jones y Miller bien podrían ser Gates y Agee más mayores o otros centenares de profesionales del baloncesto en un plano menos fastuoso del que estamos acostumbrados. Sin estudios y maltratando sus cuerpos, buscan los dólares con los que mantener a sus familias. Su futuro más allá de la pista no pinta nada alentador, mientras son tratados como cromos por los clubs de una parte a otra del planeta.

Recientemente la cadena norteamericana ESPN, dentro de su programa ’30 for 30′ volvió a emitir un largo reportaje titulado ‘Broke’. En él se difundía la trágica situación a la que se enfrentaban los profesionales de los deportes americanos tras su retiro. La falta de una formación académica, la adulación perpetua, el derroche, las malas inversiones y la ausencia de toda previsión hace que el 60% de los jugadores de la NBA estén en bancarrota solamente cinco años después de abandonar el juego.  Delante de las cámaras se coloca Jamal Mashburn dando su testimonio del frenético ritmo de vida que se mantienen entre las plantillas de las franquicias. Este camino desde la codicia a la perdición se aborda en la serie ‘Ballers’, protagonizada por Dwayne Johnson. En España, con la extrema diferencia de salarios mucho menores, se acometió idéntico problema hace unos meses en el extraordinario reportaje de Curro Aguilera, ‘Del podio al olvido’, del que ya os hablé por aquí.

Quizá estas secuencias circulaban en mi cabeza cuando charlando con un amigo periodista, joven e ilusionado, comencé un diálogo sobre la idoneidad o no de difundir vídeos de ‘highlights’ de tiernas promesas. “Es lo que a la gente le gusta”, fue la respuesta de otro interlocutor de corrillo. Posiblemente o no. No es incierto que existe un ánimo generalizado de todos aquellos que nos apasionamos por el deporte de ser los descubridores de los futuros talentos para poder llegar a decir un día ‘ya lo decia yo’. Alimentar nuestros egos con conocimiento anticipado, ser pitonisos para demostrar cuanto sabemos de tal o cual. Todos, y me incluyo, hemos jugado esa partida de visionarios. Este juego, nada malvado más allá de esa vanidad, es solo un puntito más de ese engranaje que va triturando poco a poco esos sueños que cuenta Hoop Dreams.

El deporte profesional ha caído desde hace décadas, un siglo quizá, en los mismos cánones que toda la sociedad, los mismos que imperan en un gobierno o empresa, donde la ley del más fuerte se cuenta en beneficios y pérdidas. Y en el que pocos triunfan. Incluso ese triunfo, como cuenta ‘Rebotes’ o ‘Broken’ es efímero. Sin embargo nos olvidamos que detrás hay menores vulnerables, con sueños que todos queremos cumplir con ellos porque a nosotros se nos pasó la oportunidad. Detrás de esas ambiciones, hay pequeñas personas que en su mayoría se encontrarán futuros más reales y menos brillantes ante el que les tenemos que preparar entre todos, sin perder los sueños, pero sin perder la cabeza.

22
Sep
15

Lío en Río


Emociones antes que razones. Podría ser un eslogan ajustable a la Marca España. Y ya ni te cuento para el Marca. Es el deporte un lugar para buenas extremidades y para alimentar malos extremos. Del blanco al negro, sin matices. Con dos cojones. Del te odio hoy al te quiero mañana. Los medios no sobran ni en los triunfos de la selección española ni como altavoces de difusión pasional, pero si en la hora del análisis.

Quizá por esos respingos al corazón que nos ha producido la selección española en el último Eurobásket las interpretaciones al oro han vuelto a ser heroicas, calientes, exageradas, nacionales y exaltadas. Alimentadas porque nadie creía en un grupo que sí creía y eso, la sorpresa, agranda los titulares y convierte a los agoreros de la primera fase en fieles patriotas del ‘ya lo sabía yo’ de las semifinales. Mal camino para el periodista cuya visión debe nacer de la reflexión global y no en dejarse llevar por el torrente del ‘qué cojonudos somos’. Aunque es lo que toca. Vender un producto que vende cuando gana, porque a todos nos gusta sentirnos cerca de los campeones.

Entre tantos piropos a Pau Gasol y enmiendas a su proclamación como el mejor de todos los tiempos, repasos a la generación dorada del básket patrio, de la envidia de los pérfidos franceses, entronizaciones de Reyes y lacayos y olvidos conscientes de los culpables de hace un año, creo que falta una mirada mucho más dirigida del por qué esta selección no ha repetido los males que le acecharon hace un verano en su Mundial. Me refiero a términos ‘deportivos’. Porque esto es un deporte y quizá en alguna de estas teclas esté una de las claves del éxito.

España-Eurobasket-2015Sería fácil señalar a Orenga como diablo y aplaudir a Scariolo como angelito con su eficacia como seleccionador, siempre en finales y con tres Europeos y una plata olímpica. Pero nadie daba mucho por el italiano, ‘otro amiguito de Sáez’, cuando las críticas por la facilona Ruta Ñ apretaban. De repente podría opinarse que esos amistosos de ‘bajo nivel’ ayudaron a graduar la planificación y a que el equipo y las piernas de sus ilustres treintañeros fueran cogiendo rodaje ante la segunda fase, yendo de menos a más hasta el oro. Eureka. Eoropa.

Pau Gasol ha sido la estrella inmaculada. Ya lo era. Y ni ésta ni otra medalla pone en duda su dimensión como un deportista superlativo e irrepetible. Sus hazañas en el Europeo, enmarcadas en su obra magistral ante Francia, recibirán un párrafo destacado en su alargado historial. Pero no creo que éste perfil dominador haya sido una cuestión divina. Creo que ha sido algo bien pensado ante las circunstancias. Este equipo no ha discutido el liderazgo de Pau y su estrella ha sido la única que ha brillado y guiado al equipo. La ausencia de otros divos (Marc Gasol y Navarro ante todo) ha confeccionado una jerarquía muy clara. La flecha señalaba a un mismo lugar sin discusión. Y eso se ha notado fuera de la pista (las arengas de Pau eran las dominantes) sino también dentro de los planes tácticos y los roles dentro de ella. El balón a Pau no era una ‘dependencia’ sino un inicio de guión (de terror para los rivales) en el que había otros protagonistas importantes como Sergio Rodríguez, Sergi Llull, Rudy Fernández, Nikola Mirotic y Felipe Reyes. Es decir, el Madrid de Pablo Laso, el mejor equipo de Europa en los últimos años, y el ‘jefe’. No es mala idea. El resto ha asumido un puntito en la sombra, con rango más defensivo que ofensivo y sin querer sacar mucho pecho. Haciendo piña y no solo siendo piñones. Destaca aquí la actuación de un Pau Ribas que parece que siempre estuvo allí y el reivindicado Víctor Claver.

Creo que el oro de Lille se ha engarzado mucho en no tener que repartir balones entre tanto Miura, algo a lo que ha ‘ayudado’ ilógicamente la lesión de Rudy, que no ha tenido que demostrar que es el nuevo Navarro. Los roles, término de obligado cumplimiento en el básket moderno para confeccionar equipos, han estado marcadísimos y los ‘represaliados’ esta vez lo han asumido con una sonrisa entre los labios, porque eran jovenzanos y les queda tiempo o porque estar ahí sentados y ayudando ya les valía. Esta vez no ha habido vacas sagradas con amigos periodistas que sacaran los puñales del ‘malrollismo’. Y si los hubiera habido, Scariolo los ha sabido administrar perfectamente.

En un plano más táctico, este grupo ha estado mucho más compensado. Las piezas encajaban solas y sólo en los últimos puestos Scariolo pudo arriesgar por la lesión de Abrines (llevó a un interior como Aguilar y no a otro exterior que hubiera sido lo propio). Dos bases definidos (Chacho y Guillem) y un tercero (Llull) que podía saltar entre la dirección y la ejecución. Tres escoltas o aleros bajos (Rudy, Ribas y San Emeterio) y un alero alto (Claver) y tres interiores que se relevaran los 40 minutos (Pau, Reyes y Mirotic) con dos en la recámara por si acaso (Aguilar y Willy). Todo marcadito. Que nadie se despiste ni se salga del redil.

Las ausencias en ese sentido han sido una bendición. No hay que contar con tres bases por decreto, ni desplazar a Llull como escolta, y lo que es peor, quitarle la pelota y la velocidad al equipo en sus salidas. Chacho ha sido el ‘capitán de la nave’ sin discusión. Y ha terminado en el quinteto del torneo. El equipo ha crecido a su ritmo. En madurez, con Ricky y Calderón achacosos, es el mejor ‘director’ de España.

Sin Navarro se ha podido contar con un exterior más sacrificado que diera equilibrio, no reclamase su liderazgo con tiros y minutos, y se centrara en defender. Pero a este rompecabezas se enfrenta Xavi Pascual todos los días con un tipo que aún te puede ganar un partido solo. Solo tienes que acertar cuál va a ser.

Lo mismo se puede decir en las posiciones interiores. Mirotic, como cuatro abierto (esquema 100% Scariolo), deja libre la pintura para Pau Gasol y alarga las ayudas para que este domine con sus unos contra unos y mejora la movilidad del estático. Todo está mucho más compensado que con dos Gasoles en pista, alejando a Pau del aro, como le obligaron a hacer en Lakers, y obligándole a defender a jugadores más rápidos desgastando sus piernas, donde reside el mayor agujero.

La configuración de este equipo ha sido mucho más cómoda para el seleccionador, sin tanta vaca sagrada reclamando su sitio ni hombre anuncio cuya cuota de pantalla tiene que estar casi calculada. El engominado ha tenido que responder a las cuestiones que el torneo generó: crear soluciones defensivas (ante bloqueo directo, alternancia de defensas tras fondo/banda/libre, alguna zonita y mucho trabajo de cabeza para alimentar las piernas) tras la alarma italiana. En ataque no se ha inventado nada: Intentar correr, dejar generar a Lull y Chacho (el Madrid de Laso) y ponerle la pelota lo más cerca del aro a Pau. Uno más uno son dos. El planteamiento y preparación de la final fue su guinda táctica

scarioloLo chungo empieza ahora

El lío vendrá en Río. ¿Y ahora qué hacemos? La clasificación para la cita olímpica era el objetivo esencial este verano porque se ve como el canto del cisne de esta generación y la despedida merecida y digna para algunos de los héroes de estos últimos quince años de éxitos. El duelo contra los yankees de nuevo entre ceja y ceja.

El jaleo se le avecina a Scariolo en forma de dilema de los buenos. Incluso algunos aficionados verían justo que la convocatoria se repita, porque éstos son los que han ganado el Europeo, pero sería un tiro en el pie prescindir del mejor pívot de la NBA (Marc Gasol) y de otros referentes. Detrás estará la presión que se imponga desde la propia federación para mantener la leyenda ÑBA en la plantilla o de los patrocinadores, que pagan todo esto, que querrán ver a su reclamo dentro del póster.

¿Pero que parece ser lo mejor para el equipo? ¿Cómo designar esos roles y esa jerarquía que han sido claves? ¿Cómo repartir minutos con la nueva configuración? ¿Cómo compensar la justicia del adiós con lo que es más necesario para ganar? ¿Cómo convencer a algunos de los veteranos que tienen que dar un paso atrás y estar contentos? Estas preguntas se llevaron por delante a Orenga. No es fácil.

Me atrevo a hacer de seleccionador, que es lo que a todos nos mola, y diseñar un ensamblaje que para mí sería el más compensado. Y eso que con una temporada mediante, con posibles lesiones, renuncias voluntarias o bajones y subidones de rendimiento, es toda una temeridad. Pero no tengo miedo. Soy de Zaragoza.

Fieles al Cachismo, prescindiría de Ricky o Calderón. El que mejor éste. Desplazar a la categoría de ‘tirador’ al extremeño reduce el espacio de protagonismo de Llull. No es solución el teorema de los tres bases.

En la línea de perímetro creo que Ribas se ha merecido la continuidad y faltaba un tirador y Rudy es fijo tras dejarse la espalda por este equipo. Ese debe ser Navarro o Abrines sustituyendo a San Emeterio. Parece complicado arrebatar a ‘La Bomba’ de su despedida internacional, pero el Barça lo dirá. En el Palau llevan dos años intentanfo solucionar este entuerto. No creo que haya otro alero alto como Claver hoy por hoy en España y más con la capacidad defensiva y reboteadora que ha demostrado.

Y dentro es obvio que la vuelta de Marc Gasol es obligada (otra cosa es el reparto de minutos entre hermanos coincidiendo en pista) y Willy será el sacrificado, volviendo Reyes al ostracismo del banquillo, aunque mejor administrado por el seleccionador que hizo Orenga.

Quedaría solo un hueco, el de Aguilar, que deberá ser estudiado con conciencia. Quizá aquí quedaría el espacio para meter a Abrines y Navarro juntitos o apostar por Hernángomez u otra novedad.

Y no hay que olvidarse el eterno debate. A día de hoy veo difícil que Mirotic salga del equipo. Sin ser su Eurobásket, se ha visto que tiene buena química en el vestuario y una temporada más de viajes junto a Pau en Chicago afianzará su amistad y el respaldo de ‘el jefe’ a su compañero. El damnificado será Serge Ibaka y más la defensa de España y su capacidad reboteadora puesta en tela de juicio por Bjelica, Gallinari o los rechaces concedidos ante Francia.

Pura quiniela.

15
Ago
15

Salvemos la Ruta Ñ


Hoy juega la selección española su segundo partido de preparación para el Europeo. Lo hará en Santander, capital de Cantabría, una comunidad que no dispone de un equipo de baloncesto masculino de élite desde el descenso del Lobos en 2003. El rival será Polonia y el encuentro se emitirá por Teledeporte. Será el centenario como internacional de Sergio Rodríguez. Mañana aumentará su cuenta en el mismo lugar ante Senegal o Angola. En su primer amistoso, la plantilla de Sergio Scariolo superó con apuros a Bélgica (67-64) en Gijón, otro punto que desaparició del mapa ACB hace más de una década (2002).

La Ruta Ñ suele ser muy criticada. Las razones de su lapidamiento mediático señalan el ambiente placentero y el nivel competitivo insuficiente que suele rodear a esta ‘gira casera’. Para estas opiniones la promoción y lo económico suelen pesar más para la FEB que los intereses deportivos del equipo. El hecho de disputar los duelos de preparación en su propio país, ante su propia afición y con árbitros locales es indicado como factores que inciden en la falta de adaptación a las condiciones menos favorables que se encontrará el grupo cuando inicie su camino real hacia las medallas en pabellones ajenos, con gradas presionantes y colegiados con pasaporte extranjero.

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El amigo rival

En esta ocasión, como en otras, se añade la falta de entidad de los rivales. A los ya citados en el anterior párrafo, se unirán como adversarios en este tour, Macedonia, en dos ocasiones, Venezuela y República Checa. Ninguna de ellas está en el Top15 del ránking de la FIBA. España jugará la primera fase en ‘el grupo de la muerte’ del Europeo con Turquía, Serbia, Italia, Islandia y Alemania.

En esta ocasión España no jugará ningún encuentro de preparación fuera de su territorio como si ha hecho habitualmente en sus últimas apariciones. Las otras ciudades que acogerán la Ruta Ñ serán Burgos y Logroño, que este año han tenido equipo en LEB Oro, y Madrid y Zaragoza, capitales históricas de la ACB. Granada, A Coruña, León, Castellón, Almería, Guadalajara, Cáceres, Badajoz… son algunas de las paradas que han incluido desde 2008 las giras veraniegas de España. Muchas de estas locaclidades hace tiempo que no están en el circuito de la Liga Endesa, por lo que estos amistosos son la única oportunidad que tienen sus aficionados para acercarse a sus estrellas sin hacer un gasto significativo. Teniendo en cuenta que algunos de los internacionales están enrolados en la NBA, es únicamente en verano cuando los ‘basketlovers’ pueden tener la oportunidad de ver a sus ídolos en directo. Pensando que Pau Gasol lleva desde el 2001 haciendo las Américas, ¿cuándo podríamos verle jugando en España si no fuera por la Ruta Ñ? Si esto ya no fuera un valor importante, el hecho de poder disfrutar juntos de la mejor generación que ha dado el básket español sobre una cancha puede ser incalculable para muchos de los fans de la selección.

Entiendo que todo es mejorable y que deportivamente puede ser bueno, pero también malo, jugar ante equipos de mayor entidad y también medir fuerzas en condiciones menos favorables. Puede que en el equilibrio esté la clave, aunque jugando en Europa el campeonato no veo obligado tener que salir para acomodarse a cambios horarios o climáticos. Pero echen un vistazo, por ejemplo, al calendario que ha confeccionado la favorita Francia. Salvo el partido jugado esta semana en Belgrado ante Serbia y el último que le enfrentará a Alemania, ‘les bleus’ han planificado todos sus amistosos en casa con rivales de distinto pelaje (Rusia, Georgia, Finlandia, Bélgica y Ucrania).

La última década de la selección española masculina está teñida de oro. Su tirón popular es evidente en la buena entrada de sus partidos, pese a la desilusión del reciente Mundial y al arrinconamiento televisivo a Teledeporte. Salvo este último resultado, no creo que la falta de victorias pueda ser un argumento para hablar mal de la preparación de los torneos internacionales. Todo es mejorable, por supuesto, pero la oportunidad de tener cerquita a Gasol y compañía será algo que echaremos mucho de menos cuando estos se retiren. Aprovechemos la ocasión ahora que pasan cerca de casa.

27
Jun
15

El primer partido de Porzingis en España


Es lo que tienen las mañanas ociosas, puedes tirarte a los brazos de quehaceres por el puro placer de disfrutar. Y una ciudad como Málaga da para mucho en el arte del dejarse llevar y disfrutar de la vida. Aunque quizá para aquellos que no sean ‘basket lovers’ lo que voy a contar ahora no tenga mucho sentido.

Unos cientos de metros avenida arriba de mi casa estaba el centro deportivo de Carranque. Sus dos pabellones permitían acoplar el programa entero del Campeonato de Andalucía de categoría cadete. Esa temporada (2010/11) había sido invitado por Chiqui Gil a seguir desde dentro los entrenamientos del Unicaja de aquella generación, dándose la circunstancia que el equipo ‘B’ (Domantas Sabonis y Fran Alonso) había apeado al supuestamente superior ‘A’ (Rubén Guerrero). En fin, no tenía excusa para ausentarme.

Al llegar al viejo pabellón de Carranque me recibieron los gritos de ánimo de una decena de aficionados. Eran de San Fernando y fácilmente se les identificaba como los padres y las madres de los jugadores del equipo gaditano a los que dirigían su algarabía. Jugaban con el Cajasol. La diferencia en corpulencia o en el diseño de las camisetas hablaba por si misma de la distancia abismal entre ambos contendientes. El campeón de Sevilla arrasó con un marcador de 41-134 en un preámbulo de lo que fue su dominio en todo el torneo: vencieron la final al Jaén, verdugo del Unicaja de primer año, por 94-75 y, menos en ese, anotaron más de 100 puntos en todos sus encuentros.

En Carranque me encontré por primera vez con Juan Lasso. El canario trabajaba entonces con la agencia que acababa de traer a España un espigado letón: Kristaps Porzingis. “Este va a llegar lejos”, recuerdo que me decía de aquel tallo lechoso de una delgadez casi extrema. Apenas llevaba unos días en el país tras ser reclutado por el ojeador Salva Méndez y se notaba que no estaba adaptado aún al equipo. Hablaba poco con sus compañeros y en la pista iba algo por libre. Llamaba la atención su aspecto, con el mismo pelo ‘marine’ que calza ahora y una estatura (unos 2.04) y una envergadura tremendas que convertían en pitufines a todos los que se le cruzaban. Pese a poder dominar cerca del aro, Porzingis se veía más cómodo tirando de tres, intentando jugar de cara al aro y disponía de una visión de juego bastante eminente en una plantilla donde destacaban Guillermo Corrales, Adrián Carrión y Carlos García. Era un jugador coordinado pese a la fragilidad de su imagen y de pariencia tímida. Juan me comentó que una anemia castigaba su filamentosa estructura y ese hándicap no le permitía aumentar sus minutos en la rotación. Pocas semanas después, en el consiguiente campeonato de España, pese a persistir con el problema, fue el sexto mejor valorado de la competición celebrada en Zaragoza.

Porzingis, con el Cajasol cadete, en la temporada 2010/11 en el Cº andaluz

Porzingis, con el Cajasol cadete, en la temporada 2010/11 en el Cº andaluz

Cuatro años después, Porzingis ha sido elegido en el cuarto puesto del ‘draft’ por los Knicks, un ‘premio’ que quizá ninguno que estábamos en Carranque podríamos pronosticar. La elección ha sorprendido en Estados Unidos por ‘desconocer’ a un jugador que no ha dominado en Europa y sobre el que recaen comparaciones odiosas de otros ‘pick’ internacionales malogrados, pese a sus indudables condiciones atléticas y su enorme rango de mejora. Sólo el tiempo y la paciencia, habitos poco consumidos en la Gran Manzana, confirmarán o no el acierto en la elección.

Revisando hoy los nombres de los jóvenes estrellas que relucieron en ese torneo nacional, sólo encontramos algunos que hayan debutado casi de forma residual en la ACB (Alberto Martín, Alberto Abalde, Agustí Sans, Ander Martínez, Ilimane Diop, Mohamed Barro y Joaquín Martín Portugués…), otros que siguen luchando en categorías LEB, emigrado a la NCAA y bastantes que han desaparecido del primer plano. Esto habla de lo complicado del recorrido de ascenso hacia la élite y de que quizá no es oro todo lo que reluce en las categorías formativas.

Pero también habla muy bien de cómo ha afrontado el trayecto Porzingis y su entorno y cómo se le ha cuidado desde el CB Sevilla, marcando los pasos con cautela en un club que ha metido a tres jugadores en el último draft (Willy Hernangomez y Nikola Radicevic). Y creo que ahí está el secreto del éxito: la apuesta que en Sevilla se ha hecho de la juventud. El fichaje de elementos con proyección que se ha hecho en los últimos años en el club de San Pablo es un ejemplo a seguir en otras latitudes, pero también contando con entrenadores que mantienen esta filosofía (¿En cuántos NBA han saltado desde España está detrás la confianza de Aíto? Navarro, Gasol, Ricky, Rudy, Porzingis…), pese a los apuros deportivos y económicos, que ahora podrá paliar con el pago de la cláusula de salida que deberán desembolsar los Knicks. Quizá éste puede ser el mejor regalo que el letón pueda dejar a orilla del Guadalquivir y el agradecimiento a la confianza prestada: salvar al CB Sevilla de su desaparición.

Porzingis en la gala del draft 2015 en Nueva York

Porzingis en la gala del draft 2015 en Nueva York




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