Posts Tagged ‘educación

17
Oct
17

El ruido de Málaga


Málaga es bella. Málaga es el jolgorio de verdiales y petardo de la Feria de día. Málaga son sus cofradías de cristo y banda de corneta aguda de llanto de Semana orgullosa. Málaga es La Rosaleda celebrando un gol de una gaviota. Málaga es el Pimpi Florida cantando una de Rafael. Málaga es una terraza en Pedregalejo atestada de turistas. Málaga es la garganta de Diana Navarro y de Antonio Molina. Málaga es Chiquito zapateando por la cornisa del Guadalmedina. Málaga es su gente, alegre, juerguista, veraniega en diciembre, culta, currante y amada. Málaga es la risa.

Dicen que Málaga es ciudad de baloncesto. Su Unicaja verde, recuperando su bandera y su Euroliga. Es el hervidero de Los Guindos, es Cabezas, Berni y Gabriel, es Alberto Díaz y Domantas Sabonis. Málaga es el Carpena encendido. Dicen que Málaga es baloncesto.

Si leen los párrafos anteriores no sólo verán a Málaga, también la escucharán. Sonidos definidos de ciudad, vecinos, alegría y deporte. Esa sinfonía que ahora me duele. Recuerdo el ruido de Málaga, el roce del balón sobre el cemento, la chiquillería correteando, el golpe seco del aro, el pitido aleccionador y la zapatilla resbalando. Ese que ahora cierra colegios y deja a niños y niñas sin jugar. Sin soluciones.

Las denuncias aisladas han hecho que cerrase ayer la familia del club Puerta Oscura bajo la presión de una querella penal. No pueden pagar la multa de 12.000 euros que consta en la ordenanza municipal por exceso de decibelios. A partir de las 20:00 deben callar porque a alguien le molesta las risas del deporte. Hace unas semanas fue el Adesa quien tuvo que clausurar sus sesiones en el Lex Flavia por el mismo motivo. Otros clubes que entrenan al aire libre, en colegios e institutos de la ciudad, sienten la amenaza del candado desde antes del verano. Mientras esto ocurre la mejor idea que se le ha ocurrido al Ayuntamiento de Málaga es señalar a la Junta, al rival político, como responsable por competencia educativa y no firmar hasta septiembre, ya con el problema en ebullición, el convenio que regula el uso de las instalaciones escolares por entidades deportivas, y que permitiría a estas permanecer hasta las 22:00 entrenando en las mismas. Tarde una acción que podría haber servido de tiempo muerto para todos.

PuertaOscura

No es la primera vez que el ruido se entromete como frente entre vecinos y actividades lúdicas en Málaga. Hace unos años, en 2011, se decidió que las bandas de Semana Santa tuvieran una excepción en la normativa y pudieran ensayar desde las 20:00 hasta las 22:00 por ser un ‘hecho singular’ y subrayar el valor cultural y social de la tradición de la ciudad. Quizá tomar una medida similar con entidades deportivas que pretenden propagar buenos hábitos entre los adolescentes podría entenderse como lógica, dentro de respetar ciertos límites entendibles en el descanso de los malacitanos.

El cierre de clubes está empezando a hacer ruido. Periodistas, entrenadores, jugadores, entidades, agentes deportivos y sociales están propagando la indignación de una decisión a todas pintas desmesurada y que deja claro que los renglones de la normativa tienen grietas miserables. Levantar la voz suele ser una buena forma de que los que deciden se quiten la venda de los ojos y empiecen a escuchar a la realidad.

El ruido de la indignación hace que ahora se contempla la insonorización de los patios y se prometen obras inminentes,  inversión que se alargará en el tiempo y que podrían haber sido acometidas desde hace meses. El gasto, ya sabemos, recaerá en la saca común de los malagueños y será un apaño ante otra realidad que subyace dentro de este debate: la falta y mala gestión de pabellones polideportivos municipales en Málaga y el olvido del deporte popular durante años y años.

En tiempos de caceroladas y disturbios, la palabra diálogo está siendo introducida en el diccionario de los políticos con significados interesados. Quizá en su mención pura y no pervertida, ese diálogo podría ser una solución más digna y humana para dejar que los chavales vuelvan a las canchas. Primero para entender si es un conflicto individual, de un tiquismiquis o de un currante madrugador, o realmente influye a un colectivo mayor, a una comunidad,  una barriada o a una asociación vecinal. Entablar un canal de entendimiento entre el vecino molesto, ver sus circunstancias reales y si la solución recae en ellas, y los clubes sería un canal más apacible que poner multas, querellas y candados a la espera de muros. Quizá si a ese vecino se le explicase qué es lo que hacen los de ahí abajo y los de abajo entendiesen que hay límites para el descanso quedaría todo más claro. Porque los de arriba tienen que darse cuenta que los de abajo no sólo hacen ruido, evitan que esos jóvenes estén a esas horas con el botellón en la mano, atontorrándose ante una pantallita, se sociabilicen contra el ‘bulling’ y la intolerancia, busquen respuestas en la cooperación como equipo, cuiden sus cuerpos y sus mentes, sean una familia de deporte y amistad. Sean Málaga.

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14
Nov
16

Willy, no dejes de tender tu mano


Bruno calza coletilla de torero y pelo remojado. Calcado al padre en tamaño reducido y con pinta de pícaro granujilla. La ilusión del primer partido rebosando en una sonrisa reluciente de benjamín. El árbitro pita ‘uno’ y todos van al banquillo. Repasan las normas. Cada uno defiende a un jugador del otro equipo, con la pelota vamos hacia el aro, sin la pelota nos movemos para estar solos para que nos la pasen… y las dos más importantes: en el banquillo se anima y en la cancha se ayuda al niño que se cae. “¿Y sí es del otro equipo?”, cuestiona Bruno. “Con más razón”, se afana a contestar su entrenador. Lección aprendida.

san_fermin_ayudaEn el CB San Fermín tenemos estos dos mandamientos sagrados. Es como nuestra firma. Hombre al suelo, mano para socorrerle. No es algo casual. Incluso tenemos ejercicios concretos para entrenar este ‘give me five’ de deportividad. Los peques lo entienden a la primera. Lo importante es la persona y no la canasta a la que renuncio, incluso aunque con ello se aprovechen para anotar. Y el mensaje se queda grabado desde ese primer partido hasta categorías superiores. Os aseguro que no falla. Uno de los mayores logros es ver que, tras varios aplausos sonoros como premio del banquillo y de la grada, los jugadores del otro equipo empiezan también a imitar un gesto que mola. Haber perdido varios partidos por ello ante rivales que se han querido ‘aprovechar’ de esta norma lo considero un verdadero orgullo, al igual que no son pocas las veces que padres, madres, entrenadores o árbitros se han acercado a nuestros educadores para agradecer esta exhibición de valores.

¿Es realmente tan importante enseñar a un niño a parar el juego cuando ve a un compañero caído en el suelo? No si se queda en un acto meramente estético o de márketing educativo. Es un símbolo como puede ser otro y que reconocemos en otros deportes: tirar la pelota fuera de banda cuando hay un lesionado en fútbol o muestras de auténtico compromiso por el compañerismo exhibidas en los últimos Juegos y premiadas por la organización. Pero como detrás de todas estas señales se esconde un mensaje de mayor calado, lo realmente importante: el resultado no es el fin último en la formación de nuestros pequeñajos.

Para mí hay otros componentes por los que me parece esencial en la educación de los menores. Hacerlo, al igual que animar, democratiza la función de todos los niños, los que aún no tienen habilidades para tener un protagonismo en la pista, como los que sí la tienen, pero no deben olvidar estos conceptos como primordiales. Ayudar al otro lo pueden y deben hacer todos desde el primer día y eso genera una sensación de utilidad, que no debe quedarse sólo en eso. Evidentemente estas enseñanzas no chocan con el ánimo de intentar ser mejores jugadores o desarrollar lo aprendido en un partido, que es la definición de ‘bien competir’. Pero sí puede ser adquirida en un futuro cuando nos encontremos con personas en dificultades. Me niego a pensar que mostrar empatía o solidaridad no pueda ser malo. Por ejemplo, interponerse ante una agresión sexista, unirse a una reclamación laboral, atender a un accidentado, auxiliar a una persona olvidada en la acera quizá sean extremos muy lejanos a los de un símbolo deportivo, pero a los que nos referimos para describir a nuestros héroes de la vida cotidiana.

La mano de Hernangómez

La semana pasada Willy Hernangómez fue recriminado por un compañero de los Knicks, Brandon Jennings, por pararse a ayudar a un rival caído. Cuando el pívot madrileño tendió la mano de buena voluntad para levantar a Hollis-Jefferson, su compañero le tiró del otro brazo para impedirlo. Sólo faltaban 32 segundos para la conclusión del encuentro ya decidido ante los Nets de Brooklyn.

Willy comentó ante la prensa el incidente en la zona mixta del Madison y se comprometió a no repetir este gesto. “‘Willy, esto es una guerra, así que no puedes ayudar a nadie del otro equipo en la pista. Después del partido puedes ir a cenar con tu amigo o lo que sea, pero durante el partido no puedes hacer nada con el rival’. He aprendido eso. Nunca ayudaré otra vez al contrario en la pista”, declaró Hernangómez al portal Newsday.com. La estrella de los Knicks, Carmelo Anthony, también ahondó en este sentido y dirigió sus palabras como una lección que el rookie español debe aprender para no fraguarse una imagen de blando en la NBA. “Simplemente Willy estaba siendo un español amistoso, lo que es, un big baby, y Brandon no quería eso, especialmente en ese momento en el que toca luchar”, dijo Anthony.

Un partido de baloncesto nunca puede ser una guerra que esté por encima de los mejores valores de humanidad. El ansia de ganar o ‘mal competir’ no puede conjugarse como antónimo de estos símbolos saludables socialmente y que trascienden por encima del mero deporte. Entiendo el mensaje en un lenguaje de chico malo, pero no justifica esa falta de comprensión, más cuando hablamos de jugadores profesionales que son idolatrados por muchos enanos en todo el mundo, capaces de imitar cada uno de sus movimientos, looks o tics. He ahí de la equivocación de negar el auxilio al jugador caído, pero peor que Willy, entendible dentro de los códigos que gobiernan la Liga y el vestuario más para un novato, decida renunciar a un valor tan saludable para no ser un bicho raro.

La buena educación no debe estar reñida con la competición y tampoco con la imagen de ‘ghetto’, de tío duro. Justamente todo lo contrario. Cuando te pegan esa etiqueta de marginal una forma de quitártela es mostrando el lado adverso de los prejuicios que contienen la mirada del otro. Y en ese sentido, esos ligeros gestos, querido Brandon Jennings, hacen mucho más de lo que piensan. Asi que, por favor, Willy, no dejes de tender tu mano nunca.

willy_jennings

08
Nov
16

El paraguas


Twitter y otras redes sociales ha hecho que el periodismo sea una actividad al alcance de todos e instantánea. Los aparatos móviles y su uso multimedia ponen la noticia a un clic. Y el redactor accidental puede ser todo aquel que sepa utilizar bien un teléfono y esté despierto a difundir lo que pasa a su alrededor.

El pasado sábado, a las 11:41 horas de la mañana, David Fernández (@davidferpas) publicaba un tweet con una foto de un árbitro de baloncesto pitando bajo un paraguas. En la imagen se observaba a un grupo de chicos en manga corta y un grupo de padres abrigados charlando en la banda. El informador se sorprendía de la secuencia y se preguntaba por qué los chavales no podían agarrar también otra protección para luchar contra el temporal. Cuando escribo este post, el mensaje había sido retuiteado por 512 usuarios y tenía 262 ‘me gustas’, es decir, había tenido repercusión y generado polémica. Hasta el diario catalán Mundo Deportivo se hizo eco de la noticia y rellenaba la información apuntando que el encuentro lo disputaron en Bizkaia y entre los equipos de La Salle y Zornotza.

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Esta fotografía insólita abrió un debate en las redes sobre la profesionalidad del árbitro, seguramente una persona joven al que le gusta el deporte y que se gana unas ‘perricas’ los fines de semana pitando partidos de formación. Evidentemente no fue la mejor decisión y tuvo la mala suerte que lo cazaron y la anécdota adquirió cierta ‘viralidad’.

Un frente frío es el peor defensa para un niño o niña que quiere practicar su deporte en una mañana de sábado. Si sale el día encapotado y se atisban goteras en el cielo, ya nos puede tocar ese día jugar en pabellón, que si no nos harán repetir la jornada otro fin de semana. Suspender no es siempre la mejor de las opciones para árbitros, entrenadores, jugadores y los propios padres, que ven como sus planes se truncan por la maldita climatología. En zonas del norte de España, como Euskadi, el txirimiri provoca unas cuantas cancelaciones a lo largo de la temporada y hace del calendario, normalmente ya apretujado, una mantita llena de remendones.

Los Marines del patio

La foto de marras me recordó otra secuencia similar que viví hace unas semanas. Llovía en Madrid y pasé cerca de un recreo de un colegio. No era un torrente, pero si un chubasco incómodo que cuajaba en charcos. En ese patio unos chavales se afamaban en completar ejercicios bajo las órdenes de su entrenador en camiseta corta. Los padres resistían en unas escaleras protegidas por un techo. Cerca vi unas arcadas con un espacio parapetado donde hacían juegos un grupo de benjamines. El técnico lanzaba consignas tipo ‘Marine’ que parecían motivar a sus alevines.vestidos con el uniforme de juego, mientras tenían dificultades para controlar el resbaladizo balón o no patinar en el suelo. Solo faltaba que saliera Ivan Drago empujando un tractor. La escena era vergonzosa. Pero todo el mundo parecía encantado.

Este sábado uno de los equipos que dirijo esta temporada tuvo que suspender su partido por la lluvia que cayó sobre Madrid. Las cancha no estaba inundada, pero sí tenía charcos. Un padre de mi equipo me insinuó que consideraba que sí reunía las condiciones para jugar. En sus palabras percibí la incomodidad de reservar otra fecha extra para llevar al niño al partido.

Esta semana el colectivo de padres CEAPA ha planteado una huelga de deberes en noviembre. Se quejan de las horas de tareas que sus hijos deben completar para cubrir sus necesidades escolares y apuntan a los profesores como culpables de la falta de tiempo libre de los menores y que hipotecan los fines de semana. Seguramente habría que darle una vuelta a las metodologías que reinan en la educación española, aún más a la falta de presupuesto de la escuela pública y a la precariedad de recursos de los maestros, pero llevo unos años siendo educador de chavales y la sensación de que los padres colapsan el calendario de sus hijos con actividades, como el baloncesto, para rellenar sus tardes es algo evidente. Quizá porque no los pueden tener ‘solos’ en casa o porque piensan en su futuro hablando siete idiomas, sabiéndose defender, adquiriendo valores sociales o aprendiendo a tocar el clarinete. Habrá de todo, pero seguro que no son ellos los que motivan un tiempo libre más sano, sin tantos deberes, pero también sin tantas distracciones fáciles con pantallita adictiva.

El paraguas fue una cagada, señor árbitro. Intolerable. Pero si esa fotografía encierra algo, o al menos para mí (y repito, sin saber todas las circunstancias), es la falta de visión de todos, como en el caso de la huelga de deberes o del técnico ‘Marine’. ¿Era necesario jugar ese partido? ¿Qué razones pesaron más que la seguridad y la salud de unos menores? ¿Por qué los padres y los entrenadores no tuvieron el sentido común de parar el espectáculo? ¿Por qué hay que endurecer bajo la lluvia a los chavales que deberían sentir en el deporte otros valores más enriquecedores, lúdicos y sanos? Mirar al paraguas creo que tapa una reflexión más nutritiva para todos.

15
Sep
16

El mejor objetivo


Es uno de esos gestos en los que los técnicos somos más tiquismiquis. Nos podemos pasar horas y horas haciendo la corrección en la altura del codo, la extensión del brazo, la rotación de muñeca o la orientación de los pies. Diminutos cambios que van puliendo la ortodoxa mecánica de tiro que consideramos infalible. Hace unos meses le daban vueltas a esta reflexión en un corrillo de entrenadores del Joventut de Badalona. Querían mejorar el porcentaje de acierto de una de sus mejores promesas y llegaron a un giro radical de su planteamiento. Decidieron, tras mucho análisis y un punto de intuición, cambiarle la mano de tiro. De diestro pasaría a ser zurdo. Algo así como clavarse una pirueta con doble tirabuzón para caer dentro de un dedal. Una transformación severa pensando en un mañana y olvidándose de un hoy.

El riesgo presente puede ser la mejor decisión en el futuro. O la peor. Por ello se intenta minimizar el fallo de la predicción desde el factor experiencia. A toro pasado es más fácil acentuar el éxito o el fracaso de una acción, pero en el momento de la verdad, en el ya, acongoja dar un paso al vacío. Sin salirnos del Olimpic, desde esa visión es tremendamente sencillo apuntar a que no se completó la formación de Ricky Rubio en su tiro exterior. Quizá faltó algo. Un técnico de la Penya me comentaba hace no mucho que quizá no explotaron ese camino. Quizá también Ricky era zurdo y no lo percibieron. Y va más allá en la autocrítica. Quizá lanzarlo al mundo profesional en edad cadete acortó los plazos de su progresión y se delimitaron algunos de sus potenciales.

Un sembrado baldío

Ricky será uno de los diez españoles que competirán esta temporada en la NBA. Una cifra récord, asombrosa. El base de los Wolves seguirá siendo estandarte en el joven proyecto de su franquicia y uno de los elementos más vistosos por su asombrosa capacidad de pase.

En unas semanas la Liga Endesa arrancará con 17 clubs por la renuncia del Gipuzkoa y la ausencia de ascensos. El acuerdo entre la ACB y el sindicato de jugadores define que cada plantilla tiene que tener cuatro fichas de formación, es decir, baloncestistas que han pasado un tiempo en las canteras del país. No todos son españoles, aunque si la mayoría.

Unas decenas de aventureros han partido fuera de nuestras fronteras para ganarse la vida, dado que los márgenes salariales de competiciones como las LEB o las EBA dejan mucho que desear y figuran habitualmente con dígitos por debajo del salario mínimo. Con 500 euros mensuales no se llega a cubrir los gastos.

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Casi sin necesidad de sacar la calculadora acertamos a indicar que rondan, con suerte, el centenar de españoles que tienen una comodidad profesional dedicándose al baloncesto. Masculino, del femenino quedan las ruinas.

Un porcentaje diminuto

El Consejo Superior de Deportes señala que durante el año 2015 hubo 350.000 licencias, aproximadamente, para baloncestistas federados. Una cifra importante y que habla del valor social de una disciplina muy seguida en el ámbito educacional. Hay unos 3.500 clubes en España. Hacia muchos de ellos, por no contar colegios o escuelas deportivas, se dirigen estos días padres y madres con el ánimo de apuntar a sus hijos e hijas en una actividad para completar el curso académico, para que hagan un deporte, ocupen sus horas libres, se relacionen, bajen algo de peso o sepan trabajar en equipo.

Si compañaramos ambas cifras, las del ámbito profesional y, digamos, las del hemisferio más social del deporte, nos encontramos que el porcentaje es irrisorio. Llegar a vivir del deporte es como si te tocara la lotería. Por ello debemos ahondar en ver al deporte como un canalizador de nuestra existencia más que como un paraiso de mitos y leyendas que aparece por nuestros televisores para nuestro disfrute.

Muchos los que estamos enrolados en la batalla del deporte de formación nos olvidamos de que ese porcentaje es ridículo. Que para que un niño llegue a la ACB o a la selección deben enredarse muchos factores, algunos tan poco alterables como la genética (altura, fuerza, velocidad…), y otros también de carácter económico y social. Sin embargo, es cada vez más habitual encontrar a progenitores que se empeñan en moldear a su vástago en una futura estrella sea como sea. Es su misión vital.

Conocernos y conocerlos

john-paul

En una charla reciente programada por el CB Las Rozas, John Paul Turner, seleccionador mini de Madrid, ahondaba en el déficit de comunicación que existe entre el entrenador y su jugador. Hablaba en un sentido amplio, personal. Apuntaba a la obligación del preparador de saber qué es lo que le pasa a su pupilo, a conocer su estado anímico para afrontar un partido o un entrenamiento, desvelar si ha sido un buen o mal día, la realidad de su entorno familiar, cómo le va en la escuela o con sus colegas. Ese trabajo va más allá de nuestra misión dentro de una cancha y define al educador real.

Ahora que arrancamos a diseñar planificaciones, entrenamientos y sesiones especiales, que nos enredamos en si un jugador es zurdo o no, nos deberíamos mirar realmente al espejo y ver cuáles deben ser los verdaderos  objetivos que marcan nuestro trabajo sobre los chavales. Enseñar a pulir esos pequeños detalles que mejoren la técnica de tiro son esenciales en nuestra labor, no podemos obviarlos, pero sólo será un eslabón más en una cadena que debe ayudar a crecer a los chicos y chicas como deportistas en un sentido más amplio. Saber sociabilizarse con los demás, aceptar el esfuerzo como la base de la mejora, controlar emociones, tener un espíritu cívico, querer ser creativo, entender que la victoria no la marca sólo un marcador, ahondar en valores de buen comportamiento… perfilarán a ese buen deportista que tiene un mínimo porcentaje para llegar a ser profesional, pero tiene todos los números para ser en el mañana un aficionado pacífico, un padre comprometido, un entrenador comprensivo, un árbitro ecuánime y dialogante, un directivo justo… una mejor persona. Y esa es una victoria para todos que merece esas horas, semanas, meses y temporadas que se extienden por la vida y no se limitan a una pista de baloncesto.

 

 

 

 

 

 

10
Feb
16

Códigos


Nunca había entrenado a un famoso. Y realmente no supe de su condición hasta mucho después. Nacho era un buen triplista con pies parados. Pero también era actor. Me lo confesó su madre henchida de orgullo. Nacho sufría cuando lo llevaban al poste. No tanto ante las cámaras.  Era el niño de ‘La mala educación’, la peĺícula de Pedro Almodóvar que narra la callada cadena de abusos que muchos menores sufrieron en colegios católicos en la etapa franquista.

La pedofilia es uno de los delitos más abominables que hay al cometerse coartando y utilizando la inocencia y el temor de la infancia indefensa. Al destaparse nos hallamos con estupor ante la fragilidad de los menores y la maldad de adultos que utilizan su cercanía como profesores, educadores, entrenadores o monitores para perpetrar sus infectos deseos.

Hace unos meses que todos aquellos que trabajamos con menores debemos presentar un certificado de penales para poder desarrollar nuestra actividad. La medida evitará casos como el recientemente conocido en Cataluña, donde un profesor expulsado de un colegio religioso de Barcelona tras varias denuncias continuó ganándose la vida como socorrista en una piscina del pueblo en el que se escabulló.

La norma necesita todavía estar bien desarrollada, dado que en la actualidad sólo es posible pedir el certificado completo y no solo el relativo a delitos sexuales y/o relacionados con menores. Este defecto puede causar problemas a personas bien capacitadas para esta labor y alejados de esta polémica, pero con un pasado penal que no tiene por qué ser conocido por la empresa contratante.

En el deporte, por su aspecto fisico y por la empatia que nace de la relación entrenador-jugador, se han escondido demasiados casos de pedofilia. Estoy de acuerdo en estas medidas preventivas, aunque considero que deberían acentuarse con una mejor educación de los propios formadores para ser escrupulosos en ciertos aspectos. La forma de obrar de la mayoría de los entrenadores es la adecuada y mana del sentido común de no invadir ciertos espacios físicos y emocionales y respeto escrupuloso a la intimidad, sabiendo delimitar la relación entre el adulto y el menor. Sin embargo no hay que llegar al delito para describir situaciones incómodas y poco educadoras. No comparto interacciones de dominación entre entrenadores y sus plantillas, ni el extremo del amigo técnico. Soy más favorable de una relación de confianza y respeto. No sólo por el hecho de evitarte problemas, sino por mantener una relación pedagógica más allá de enseñar a hacer un reverso o una entrada con pérdida de paso. Como ejemplo, no suelo dejar mi número personal ni acceso a mis redes sociales a mis jugadores adolescentes. No me gusta escuchar a compañeros cuestionando a sus pupilos sobre sus novios o novias (ni viceversa) o excediéndose en muestras de cariño o ‘palmaditas’. En más de una ocasión he parado los pies a algún supuesto colega por hacer comentarios sobre el desarrollo de una jugadora. Estoy harto de que entrenadores de femenino me expliquen las ‘particularidades’ de entrenar a chicas. Me parece insoportable estos talantes aunque quieran camuflarse en un contexto de bromas y compadreo. Lamentables.

Desde los clubs debemos ser conscientes de que el deporte es una fuente de valores y podemos cimentar la educación de nuestros chavales gracias al entusiasmo de su práctica.  También en el ámbito del género. Debemos, ante todo, fortalecer su mente en libertad para tomar decisiones y que sepan defenderse con su conciencia y su palabra. Potenciar la formación de nuestros educadores en este sentido y complementar los entrenamientos con otras ‘clases’ no vinculadas solo con el deporte son caminos que se transitan aún deficientemente. No sólo es cuestión de ceñirse a un código de penales y de apartar o llevar a la cárcel a los pederastas, es saber también educar en valores de igualdad de género, de libertad, sin connotaciones sexuales ni discriminatorias, entregar a nuestros jugadores unos códigos para poder orientarse por este mundo.

23
Jun
15

Del podio al olvido


Hay en ocasiones que pienso que no todo está perdido. Hablo de periodismo. En la noche de ayer La2 emitió un largo reportaje de elaboración propia que simplifica en sus valores la necesidad de contar con una televisión pública de calidad. No sólo quedan ahí mis alabanzas. Encima la temática de este eslabón de ‘Documentos Tv’ era deportiva. Con la que está cayendo en el sector, es una verdadera delicia en vías de extinción poder disfrutar de un producto que engrandece a esta profesión, la llena de pausa y reflexión, cimentada en el trazo grueso de la documentación y los testimonios cuidados, se aleja del ‘fast food’ de la inmediatez absurda de la que nos quieren atiborrar y reposa en elementos éticos que parece se olvidan en las redacciones especializadas por cánones más empresariales.

”Del podio al olvido”, dirigido por el periodista Curro Aguilera, recorre las vidas de antiguos deportistas después de su retirada y su dura adaptación a una existencia mundana que en muchos casos resulta el partido más complicado de sus carreras. Con testimonios de genios del deporte español como los atletas Jordi Llopart (oro en marcha en Moscú’80) o Joan Lino (bronce en Atenas’04), la gimnasta Carolina Pascual (plata Barcelona’92) o la triatleta Pilar Hidalgo (campeona del Mundo), entre otros, se desgrana la dificultad que encuentran aquellos que durante años y años de sacrificio fueron ídolos para nuestra sociedad y que un día se tuvieron que enfrentar a encontrar un trabajo sin ninguna formación e introducirse en un mundo que les dio la espalda. El planeta del baloncesto está representado en Marina Ferragut, mítica internacional que ahora pelea por hacerse un hueco como educadora infantil. En uno de sus declaraciones, Marina, con más de un centenar de partidos con la selección, innumerables títulos e incluso con varias incursiones pioneras en la WNBA, narra como no pudo optar a un puesto de monitora de baloncesto municipal por ‘no tener experiencia acreditada’. Suena surrealista, pero es una cruda realidad.

Imagen de Marina Ferragut con varios niños sacada del documental. RTVE.es

Imagen de Marina Ferragut con varios niños sacada del documental. RTVE.es

Los problemas de adaptación tras salir de la burbuja y el olvido de aquellos que corrían a hacerse la foto, más en tiempos de la ley de la selva de la crisis, golpean psicológicamente a un colectivo que no está preparado para el cambio brutal de una rutina de sacrificio que alargan durante años. Se analizan las consecuencias de este desamparo y la necesidad de una preparación previa antes de afrontar esta transformación que puede llevar a la depresión o incluso al suicidio.

Aquellos que vivimos el deporte como un elemento de nuestras vidas, incluso profesional, pero en ningún momento troncal, no nos damos cuenta que aquellos que están colgados de nuestras paredes en grandes fotografías, nos llenan las tardes de domingo con sus gestas o soñamos con emular sus metales, tienen una segunda parte de su vida. Para nosotros puede ser un hobbie, pero para ellos es el sustituto a sus estudios, su trabajo, su familia, sus amigos… nexos con la ‘normalidad’ que deben aparcar por el fin del éxito. Muchos son los casos de ‘juguetes rotos’ que de vez en cuando aparecen tragicamente (por la noticia y el tratamiento mordaz de la misma) en unos minutos de informativo para alertarnos de una realidad que rápidamente olvidamos. ‘Del podio al olvido’ se mete más profunda y reposadamente en esta dimensión sin escarbar en el espectáculo.

Como se analiza en el programa, el sistema del deporte español no ayuda a preparar a sus protagonistas a esta prórroga. La casi inexistente conexión entre el ámbito deportivo y el educativo debilita la necesidad de dar una formación académica y profesional a los deportistas más allá del recinto de una pista, un tatami o una piscina olímpica. Las ansias por tener en casa a una superestrella, la sobredimensión en España del fenómeno deportivo, la imitación del mentiroso y deslumbrante deporte profesional y el negocio que ello conlleva en algunas disciplinas hace que se aparquen, incluso motivados por padres ciegos de éxito, la prioridad de los estudios por las horas de entrenamiento y competición que hay que quemar para ser el mejor. Pero, en un mundo en el que tantos brillantes jóvenes españoles han tenido que exiliarse forzosamente cargando en sus maletas sus ‘Licenciaturas y ‘Masters’, ¿qué puede esperar alguien que lo ha apostado todo por ser un figura deportiva cuando este periodo se agota?

En la última convocatoria de la selección U20 de baloncesto femenino, de sus quince integrantes, un total de diez jugaban fuera de España, en universidades y ‘preparatorias’ de Estados Unidos. Esta diáspora ha aumentado en los últimos años en la formación de este deporte, dadas las pocas opotunidades que se abren a los jóvenes en la élite, los salarios bajos y la oportunidad de aprender un idioma, estudiar una carrera y poder seguir jugando con los mejores medios que ofrece el sistema americano. Aunque las historias de jugadores NBA que han terminado viviendo en un coche abandonado o trabajando en un supermercado no son algo aislado, quizá ésta sea una salida a un futuro más prometedor que el que refleja ‘Del podio al olvido’, un programa que debería ser de visionado obligatorio en todos los clubs de formación de futuros deportistas, entrenadores y periodistas.

AQUI PODEIS VER ‘DEL PODIO AL OLVIDO’

09
Feb
15

Victoria


Estaban derrotados. Los nueve figuras se desparramaban por el suelo persiguiendo el aire. Sus caritas rojas reflejaban el esfuerzo del partido acabado. En una esquina, enfurruñado, uno de ellos se secaba las lágrimas. El mal rato venía de la advertencia de su entrenador por haber hecho un mal gesto al árbitro copiado de lo que ve en la tele. Otro compañero faltaba porque estaba con el enfermero del pabellón corrigiendo un chichón que nacía de un choque con el suelo tras saltar detrás de una pelota perdida. Chichón de coraje.

Las manitas se levantaron al preguntar el educador quién estaba agotado y quien creía se había esforzado hasta su límite. Todos contestaron con una respuesta a cuál había sido su mejor acierto y en qué creían que tenían que hacer más hincapié en el siguiente entrenamiento. El pequeño que aún lloriqueaba se sacudía la tristeza con un paño de sinceridad asumiendo que había sido egoísta en varios ataques.

El final de todo entrenamiento y partido es una reunión que simboliza su sagrado compañerismo. Entrelazados por sus brazos, en círculo mirándose a los ojillos, uno detrás de otro deciden quién ha sido el mejor compañero ese día. Aunque recuerdan al niño accidentado, los votos van cayendo sobre aquel que hizo el gesto inapropiado al árbitro y fue algo egoísta, pero que sus amigos de cancha quieren consolar porque saben que son errores mínimos. La elección le lleva al centro de esta pequeña comunidad que empieza a cantar su grito de guerra, mientras el ‘elegido’ baila en medio de la tribu.

¿Es necesario que diga el resultado del partido? No creo que un marcador pueda sintetizar los valores del deporte que estos enanos simbolizan en sus gestos. La victoria de la vida y el buen deporte estará siempre con ellos.




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