Posts Tagged ‘Cayetano Ortega

22
Nov
16

¿Es el baloncesto de izquierdas?


No. Rebajen la taquicardia, enfunden la bilis. La respuesta está clarinete. Cualquier deporte es una expresión lúdica de toda la humanidad y no pertenece a ninguna ideología, quieran unos u otros adueñarse de ella. Dejando finiquitada la respuesta a la pregunta del titular y sin ánimo de publicar fotos de Fidel Castro lanzándose un triple para confabular con una inexistente relación maligna con la pelotita y el marxismo, sigan leyendo por favor para entender la naturaleza de este artículo visto lo ocurrido en los últimos meses.

Dennis Rodman,  Latrell Sprewell y Bobby Knight. Tres tipos relajados. Esta era la caballería basketbolera de Donald Trump en la última campaña electoral americana. Al otro lado del ring se situaba la vasta mayoria de la NBA. Es decir, un tirachinas contra los cañones de Navarone. En uno de sus últimos mítines, en el Estado clave de Ohio, Hillary Clinton apareció en escena con LeBron James y JR Smith para reclamar el voto para la dama demócrata. Semanas antes el propio Dwyane Wade mantuvo un rifi rafe con Trump tras utilizar éste el asesinato de una prima del ahora jugador de Chicago Bulls en tono electoral. Carmelo Anthony, Stephen Curry y Chris Paul encabezaron a decenas y decenas de jugadores que manifestaron su adhesión a la causa ‘azul’. Entrenadores como Steve Kerr, Greg Popovich o Stan Van Gundy se han mostrado contundentes en su falta de confianza hacia el multimillonario que pretende levantar un muro en la frontera mejicana. No todo se quedaba en apariciones públicas o mensajes en redes sociales, el mismísimo comisionado de la NBA, Adam Silver, la leyenda Magic Johnson, Grant Hill, Mike D’Anthony, Jason Kidd, Rolando Blackman, Dikembe Mutombo, Jason Collins… aparecían en la lista de donantes económicos de la candidatura de Clinton.

dennis-rodman-donald-trump

Las reacciones de catástrofe y estupefacción no se quedaron cortas al conocerse la victoria del magnate del flequillo dorado. El meteorito cayó en medio de la progresista NBA. Hasta el españolito Ricky Rubio se flagelaba con la idea de tener a Donald Trump a los mandos del Air Force One. Quizá a modo de revancha, una de las primeras informaciones aparecidas a los días de la elección fue que Trump desinstalará de la Casa Blanca la famosa pista de baloncesto de Barack Obama por la que tanta estrella, incluido Pau Gasol, ha pasado en estos ocho años.

Reacciones antiTrump en la NBA

El activismo político de la NBA en favor de causas progresistas no es nuevo, pero sí puede decirse que se ha disparado en los últimos tiempos con el advenimiento de Obama, conocido por su muñeca anotadora en su etapa universitaria en Hawai. Barack es hincha confeso de los Bulls y habitual en las gradas de los Wizards. El idilio era seguro.

La vinculación evidente de este deporte con el sector afroamericano ha propiciado campañas en favor de los derechos civiles y la repulsa a los repetidos casos de violencia policial contra jóvenes negros que han sacudido la sociedad norteamericana. El mandato de Adam Silver ha sido más duro que el de su antecesor David Stern en estos aspectos, condenando al propietario de los Clippers, Donald Sterling por comentarios racistas, o  trasladando de Charlotte a New Orleans el próximo All Star por la ley racista y homófoba propugnada en Carolina del Norte.

La reacción de la mayoría de la NBA al triunfo de Trump le ha puesto en la avanzadilla de la oposición contra el ‘nuevo régimen’. Hace una semana salía a la luz que tanto los Milwaukee Bucks, como Memphis Grizzlies y Dallas Mavericks harán boicot a la cadena hotelera de Trump y no se alojarán en ella como tenían previsto. Otras franquicias parecen que harán lo mismo. El propio LeBron James insinuaba en su reciente visita a la Casa Blanca, Mannequin Challenge mediante, como campeón de la NBA que de repetir victoria en las Finales quizá no hagan este viaje para saludar a Trump. La batalla no ha hecho más que comenzar.

El baloncesto como unión Sánchez-Iglesias

El progresismo de la NBA tiene un tinte eminentemente racial. Y esta razón no converge con lo visto en las últimas luchas electorales en España. Aquí también el baloncesto se sacó como un medio de canalización de entendimiento entre las dos fuerzas de izquierdas. Se daba la circunstancia que tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias priorizan al básket sobre otros deportes en sus gustos personales y encima compartían pasión por el Estudiantes. En sus primeras presentaciones televisivas, el líder socialista alardeaba de haber jugado en la cantera del Ramiro y parecía obligado darle una pelotita para probar su puntería cuando acudía a un plató. No se si esto era casual, con afán de humanizarle o de situarle como heredero de José Luis Rodríguez Zapatero, otro amante confeso del baloncesto.

En la bancada granate también se ha abrazado el amor por las canastas. Podemos difundió un vídeo de su líder jugando una pachanga con sus amiguetes en la jornada de reflexión previa al 26J. Famoso es el discurso que Iglesias dio en Vistalegre en 2015 comparando a la formación del cambio con la selección española. Este matrimonio por el básket lo quiso trasladar a las negociaciones para formar gobierno el propio líder de Podemos al entregar un ejemplar del libro ‘Historia del Baloncesto en España‘ a su homólogo Sánchez como símbolo de lo que unía a ambas formaciones. Permítanme el paréntesis. Espero que se leyeran el capítulo de la selección de la Segunda República, escrito por un humilde autor, en el que, miren que oportuno, hubo un jugador, Cayetano Ortega, que terminó cayendo en el campo de batalla peleando contra el fascismo.

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Al contrario que en Estados Unidos, son pocas las adhesiones políticas que desde el baloncesto español se han dado a un bando u otro de nuestro parlamento. Quizá Sitapha Savane, pívot senegalés del Movistar Estudiantes, es el más claro en ahondar en estos asuntos y posicionarse como simpatizante de Podemos. Tampoco los deportistas en este país acostumbran a mojarse en estos temas. Recuerdo vagamente, y no lo puedo apoyar en la hemeroteca, unas declaraciones en apoyo de Esperanza Aguirre de Jorge Garbajosa, ahora presidente de la FEB, hace ya unos años. Pero se pueden contar como mínimas este tipo de intervenciones. Aunque curiosamente, un exjugador de la ACB, José Ramón Lete, será quien esté al frente del Consejo Superior de Deportes en la nueva legislatura.

No vayamos a introducirnos en la historia, donde hay raciones para todos, pero también aquí el baloncesto tuvo un componente ideológico, concentrado en la confrontación olímpica entre soviéticos y americanos, llevaba a su máximo exponente en la final de Múnich’72 y la polémica canasta de Alexander Belov. La derrota de los Estados Unidos en Seúl’88 y el miedo a perder el dominio ante las naciones del Bloque aceleró la entrada de los jugadores profesionales en la villa olímpica en Barcelona’92 justo tras la caída del Muro de Berlín.

Llama al menos la atención cómo se ha adherido en estos últimos tiempos, al menos en el contexto español y americano, al baloncesto como un deporte con claros vínculos progresistas, tanto sea por la simpatía de los políticos por esta disciplina o por la oposición de los jugadores afroamericanos de la NBA al discurso racista de Trump.

Creo que estarán conmigo en que el baloncesto es un perfecto canal democratizador. Como expresión colectiva, el entendimiento de los cinco efectivos del equipo debe ser coordinada para ser efectiva. La tara de uno afecta al todo. De esta realidad mana la necesidad de la unión y eso es lo que importa dentro de una cancha. He estado en vestuarios muy díscolos a nivel personal, con diferentes gustos estéticos, culturales, sexuales y políticos, pero que al saltar a la pista obviaban estas distancias para confluir en el bien común. Y quizá en esto, más alla de colores o banderas, es en lo que este bendito deporte podría enseñar más a la política.

Aclarado el tema, permitanme la licencia de poner una foto de Fidel Castro jugando al baloncesto. 😉

fidel_baloncesto

15
Abr
14

14 de abril


Dos goles a cero. El Valencia vencía al Iberia en la primera jornada del Campeonato de España. Los ‘avispas’ se habían adjudicado el título regional y participaban en la ‘Copa’ junto al Patria, otro equipo maño cuyo campo estaba en la huerta del Arrabal. Once meses después el ‘burgués’ Iberia se fusionaría con el ‘proletario’ y ‘rojo tomate’ Zaragoza y formaría el actual Zaragoza FC. A secas, sin realezas. Porque ese día que cayeron dos goles valencianos también cayeron todas las coronas.

El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República en España tras la amplísima derrota en las elecciones municipales de los partidos monárquicos que apoyaban el régimen de Alfonso XIII.  Unas semanas antes había empezado a jugarse la primera Liga de baloncesto de Castilla. El Rayo fue el campeón. En Barcelona y alrededores ya hacía nueve años que se practicaba ese deporte americano.

La II República solo duró cinco años porque el poder reaccionario que no podía ni puede permitir que el pueblo avance y sea libre, le condenó a una lucha de odio y muerte. Un año antes de la sublevación del Ejército de África, España logró contra todo pronóstico la medalla de plata en los primeros Europeos de baloncesto. El torneo iba a ser un Mundial, pero la falta de combinados del otro lado del charco lo achicó hasta tener únicamente formato continental. Se celebró en Ginebra y la final, como hace poco os contaba en el blog, se jugó contra Letonia. La guerra también fragmentó a esa selección republicana e incluso cercenó la vida de uno de sus héroes: el piloto Cayetano Ortega, abatido junto a su ‘chato’ soviético.

españa1935

Ese equipo no reconocía rivalidades nacionales. En él convivían catalanes y castellanos de diversos orígenes, incluyendo varios centroamericanos. La retirada meses antes de Juan Castellvi, figura del Madrid, evitó que se incluyese a un filipino de sangre catalana como era él. La plantilla definitiva se compuso después de un encuentro entre las selecciones de Cataluña y Castilla disputado en el desaparecido Circo Price de Barcelona. El capitán del equipo catalán era un aragonés de Tobed, Fernando Muscat García. Su homólogo castellano, Pedro Alonso Arbeletxe, era un hijo de emigrante vasco nacido en La Habana y que ejercía de camarero en el bar Dakota. No fue convocado Juan Negrín, delantero del Madrid (tampoco Real), hijo del que fuera presidente de la República y luego, exiliado, médico de prestigio en Nueva York.

Negrín sí participó en el amistoso Madrid-Portugal que congregó a más de 13.000 personas en abril de 1933 en la Plaza de Toros de Goya, situada en la misma manzana donde ahora se halla el Palacio de los Deportes. Alcalá Zamora y Azaña presidieron un partido que por mucho tiempo fue el encuentro de baloncesto con más espectadores en directo. El acto, completado con una exhibición gimnástica, servía para celebrar el segundo aniversario del izado de la bandera tricolor y el adiós del abuelo de Juan Carlos.

España estaba preparando su participación en los Juegos de Berlín, los primeros en los que el baloncesto era oficial, cuando estalló la Guerra Civil. El partido inaugural hubiera sido contra los Estados Unidos. Franco frustro esta efemeride.

Recuerdo que hace no tanto les pregunté a unos jóvenes jugones y aprendices de periodismo cuándo había empezado a arraigar el baloncesto en España. La respuesta que viajó más en el tiempo se fue hasta los 70. Alguna referencia se remontaba a la plata de Los Ángeles’84. Mentar el básket de epocas anteriores sonaba a cosa de dinosaurios. No obstante, al descubrir alguno de los relatos sus ojos se abrieron como sus mentes y su curiosidad.

En la Liga Endesa no hay ningún apego al blanco y negro. Las referencias al pasado se quedan atrapadas en los ochenta. En los clubs con tradición van escaseando los anclajes a la memoria. Otra trama del espectáculo que no hemos sabido ‘copiar’ de los americanos, cuyo culto a lo antiguo choca en un país con menos de cuatro siglos de existencia. Los dorsales retirados y colgados de los techos son una rareza. No hay un Salón de la Fama del baloncesto español. Pocos equipos se han atrevido a lanzar una edición de camisetas retro que rememore viejas gestas. Dicen que no renta económicamente.

La marca 198 comercializa desde hace unas temporadas la elástica de la selección de fútbol de la República. Suele ser habitual verla puesta en manifestantes o en pachangas en los parques lo que visualmente garantiza que es un éxito de ventas. Quizá si la marca sacara una edición de manga corta, homenajeando a ese equipo subcampeón de Europa en 1935, repetiría el bombazo para los amantes del básket (ahí dejo la idea).

Cuando el Zaragoza decidió recuperar para su segunda edición los colores ‘avispas’, allá por finales de los noventa, las gradas de La Romareda se tiñeron aurinegras. Aún lo mantiene porque ha calado. Recuperar los buenos valores de otros tiempos, hacerlos no solo marca de ingresos, sino de filosofía y de identidad, parece que no está de moda en la sociedad de la inmediatez. Pero tanto en política como en deporte saber de dónde vienes ayuda a orientarte hacia la dirección deseada.

 

01
Abr
14

El otro Dream Team


Ateo, anarquista, surrealista y tozudo aragonés, Luís Buñuel vivió durante unos años en la efervescencia del Hollywood del lujo desmedido y la pompa del estrellato. En pleno exilio tras la Guerra Civil, la Warner Brothers le contrató como jefe de los doblajes de sus películas para América Latina. Eso le permitió ver centenares de películas comerciales. En su biografía comentaba que ese empacho de cartelera le permitió desglosar el argumento y el final feliz de los largometrajes viendo solo los primeros minutos del metraje.

Siempre tengo esa misma sensación buñueliana cuando veo una película de deportes. Parecen que los guiones los sacan de una fotocopiadora. Una tras una, pocas son las que se desvían del estereotipo del grupo desunido que supera todas las dificultades y pronósticos para lograr una victoria en la que solo creía un terco entrenador con métodos cuestionables y geniales. Echen un vistazo a su videoteca y tendrán varias referencias (también maravillosas excepciones).

Cuando me dijeron que había una producción sobre el Europeo de 1935 me quedé a cuadros. ¿Quién podía hacer un film de un campeonato del que casi no existe documentación? ¿Cómo habrán adaptado la historia? ¿Sería acertada la caracterización de la pista, de los equipos, de los españoles…? La curiosidad se adueñó de mi con mil preguntas por contestar y no reblé hasta que encontré una copia y en ella todas las respuestas. La digerí sin pestañear, rebuscando los detalles de todo lo que he leído sobre este evento, que no es poco, en el que España obtuvo la primera medalla internacional de su historia, y esperando impaciente como habrían afrontado la producción, el vestuario, la adaptación del estilo del juego de entonces, de las reglas… y la interpretación de la final.

La nacionalidad de Dream Team 1935, como se llama esta rareza, colocaba de antemano muchas de mis dudas en un punto de vista distinto al mío. La peli es letona, es decir, del país que se llevó el primer torneo continental que se celebró, exactamente en Ginebra. Y como tal, ensalza y centra la historia en todos los problemas y soluciones que el seleccionador Valdemars Baumanis halló para obrar la proeza. La catarsis de un técnico en el que nadie creía, que tuvo que fusionar a un grupo de enemigos locales a base de disciplina y esfuerzo, costearse todos los gastos y trabas que le ponían sus propios federativos para vivir una aventura imposible que terminó en gloria por un orgullo de superación incomparable. En fin, un ‘Hossier’ con un tufo a nacionalismo letón que echa para atrás, pero que fue candidata a los Oscar de habla no inglesa.

Más allá de esta interpretación patriota del asunto (enmascara la superioridad física de los balcánicos que les llevó al triunfo y silencia la derrota dos años después ante Lituania), la cinta es todo un descubrimiento y en conceptos generales, tiene un cuidado estricto sobre la historia y es sobresaliente la confección de los trajes de juego y del desarrollo de los partidos, pese al dramatismo argumental que se añade en la final contra España. No es tanto la adecuación de la forma de jugar, difícil de cuadrar por la falta de imágenes en movimiento (vean estas de 1939), aunque si de las reglas (había salto entre dos tras canasta). Tampoco clavan la escenografía de la cancha, de la que hay fotos que no cuadran como las reconocibles canastas de armazón blanco, ni aspectos tácticos como el scouting que hace el protagonista cuando apenas se sabía quienes iban a ser los equipos participantes (varias naciones se descolgaron a última hora) y menos había informes sobre los contendientes (España fue a la cita tras jugar solo un partido previo contra Portugal). En el bloc de Baumanis se señala el peligro español como ‘Little Devil’, el pequeño diablo, refiriéndose a Rafael Martín, un pequeño y escurridizo jugador que catapultó a España a la semifinal con una actuación estelar ante la favorito Checoslovaquia. En el duelo decisivo, según las crónicas, su acaparador egoísmo restó fuerzas a los hispanos y precipitó su derrota.

Después de leer tanto sobre Mariano Manent, los hermanos Alonso, Emilio y Pedro, Joan Carbonell, Armando Maunier, Rafael Ortega, Cayetano Ortega, el citado Martín (al que apodaron en Ginebra el pequeño Zamora, por el famoso portero español del momento) y mi amado Fernando Muscat verlos en carne y hueso tras esos actores letones con las camisetas republicanas del león me ha dado un escalofrío, pese a que la versión en inglés es cómica en los comentarios en español e inglés que Manent da a sus pupilos en los tiempos muertos. Solo por eso Dream Team 1935 se merece un vistazo.

Las malditas guerras, esas que llevaron al exilio a Buñuel, rompieron ambos equipos. El español no pudo acudir a los Juegos de Berlín (Ortega murió en la contienda como aviador republicano), la primera cita olímpica del baloncesto porque pocos meses antes un gallego bajito le dio por triturar la democracia de todos. El letón sucumbió en el intercambio de tiros de la Segunda Guerra Mundial. En los típicos rotulitos de ‘que fue de…’ que sitúan el futuro de los personajes en los minutos finales se descubre el desenlace de los jugadores bálticos, unos asesinados por los nazis, otros por los soviéticos en Siberia, en el frente o defendiendo la resistencia. Una de esas historias calladas de nuestro baloncesto que no deberíamos olvidar.

Pueden comprar la película aquí

El equipo letón a su llegada a Riga tras vencer el primer Europeo

El equipo letón a su llegada a Riga tras vencer el primer Europeo




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