Posts Tagged ‘Barcelona

16
Feb
15

Transformer Rabaseda


La Copa supone un buen momento para parar y analizar cómo va la temporada. En Estudiantes da la sensación de que la cosa no anda mal. O al menos no tan mal cómo pintaba el cuadro cuando se compró el lienzo. Los colegiales no estarán en Las Palmas, como sí estuvieron en Gasteiz hace dos temporadas en la presentación de Txus Vidorreta, pero miran más cerca a los puestos de ‘playoff’ que del descenso en el ecuador de la Liga. Y esto en los últimos años de intranquilidad ya es un logro por la falta de lujos de la calle Serrano.

Las dos victorias ante el Real Madrid y el Barcelona catapultaron a un ‘matagigantes’ que enhebra seis locas alegrías ante su Demencia y, antes de ceder en Fuenlabrada, escalaba posiciones con una racha de tres victorias sin fallo. Nada se percibe de las primeras pinceladas temblorosas, factura que pagó Nunnally con su marcha. El desembarco del bello Pietro Aradori y, más importante, de un patrocinador, Movistar, que paga las cuentas retrasadas y da solidez de futuro ha cambiado los colores de un cuadro ahora ganador. Estos factores han solidificado la idea de ‘grupo’ que propone Txus Vidorreta, con nueve jugadores capaces de asomarse a la pista sin complejos y con carácter ganador. La falta de un pívot físico o de un tirador puro ya no se ven como las lacras que ensombrecían en los primeros compases el tercer proyecto en Magariños del entrenador vasco.

Esta transformación es plural, pero se hace más explícita en un hombre: Xavi Rabaseda. El alero gerundense ha recuperado la sonrisa y su brillo de perla de la cantera del Barcelona. El ‘Ruso’ que llegó hace dos veranos con la idea de engrandecerse fuera del Palau, de ganarse un hueco en la selección, se está reencontrando y convirtiéndose en la pieza más regular del Estu. Recuperado el rol de titular, ya no es ese exterior tembloroso, ensombrecido y azuzado por la presión, sino que ha vuelto al recorrido ascendente de su carrera.

rabodeseda

La machada del derbi madrileño supuso un punto de inflexión para el Estudiantes, pero también para Xavi Rabaseda. Sus números se ha multiplicado desde esa décima jornada. El alero de Ripoll colaboró con 14 puntos y comenzó su particular ascensión. Todas sus estadísticas han crecido desde ese encuentro, pasando de un promedio de 7 de valoración hasta los doce en este tramo de renacimiento, cuota que le mantendría en el top20 de toda la Liga Endesa. En todo este periodo sólo se ha quedado sin dobles figuras en este apartado estadístico en dos partidos, rebajando mucho su media el -7 que sufrió en la hecatombe de todo el equipo en Vitoria (94-59).

El catalán está despedazándose de los clichés de exterior físico e irregular en el tiro que le arrinconaron en el banquillo del Palau. Rabaseda vuelve a anotar como lo hacía con las selecciones inferiores cada verano o en su año cedido en el Fuenlabrada (2010-11). La mutación es bestial. Esta campaña sólo en el Buesa Arena se ha quedado con un rosco en su ‘box score’, mientras que hace un año encadenó cuatro partidos sin ver aro.

Culpable se puede señalar al aumento de la confianza, que se nota en su selección de tiro y en la tranquilidad para anotar lanzamientos claros, donde el run run de la grada ya no acompañan a su ejecución. El 70% de tiro de dos puntos y el 39% en triples chocan con los demoledores 36% y 28% del anterior curso, en los que estuvo siete jornadas sin marcar por detrás del arco del 6.75. El cénit de efectividad llegó en el Fernando Martín, casa donde aún conserva su tope de 22 puntos en ACB: Rabaseda firmó este fin de semana una actuación de 3/3 en tiros de campo y 8/8 de tiros libres.

Más visible si cabe es el desnivel desde esa distancia de castigo. Rabaseda se ha ‘liberado’ de la condena de estos tiros sin oposición. Del mejorable 75% ha pasado a un 90% que le convierten en el octavo mejor de toda la ACB. Otro dato definitivo. En 21 partidos ya ha anotado más puntos que en los 34 duelos de su debut ante la Demencia.

Solo Luke Sikma roba más balones al rival que el propio Xabi Rabaseda (1,61). Su intensidad defensiva ha contagiado a sus compañeros. Pero su ascendencia sobre el grupo no es sólo desde un perfil de ‘especialista’, clavo al que se agarró durante el mal viaje. Es el cuarto máximo anotador del Movistar Estudiantes (175 puntos totales), el segundo valorado, el tercero que más juega (562 minutos) y también el segundo que más rebotes recupera de los tableros (69). Aquí también tiembla cualquier comparación. Siendo el segundo más utilizado en la temporada anterior, su rentabilidad dentro del vestuario era francamente mínima (séptimo en anotación y noveno en valoración).

Los fríos números no pueden reflejar el calentón real que lleva Rabaseda en el cuerpo. Su mirada azulona brilla como el escudo de su pecho y ya no vaga lánguida por los pasillos del Palacio. Rabaseda ya no teme al fallo ni a las críticas de promesa sin despegue. Afianzado en el equipo, motivado, es capaz de firmar mates sobre defensores hercúleos, acertar desde las esquinas y sentirse importante de nuevo. Transformado.

16
Jun
14

Nicolás y las lágrimas del gigante


“Mira, como Marcelinho”

A cuadros. Nicolás me dejó flipado. En San Fermín no abundan los niños que conozcan a más de un jugador de baloncesto famoso. Si preguntas te dicen con suerte Pau Gasol, porque lo habrán visto en algún anuncio. ¿Y otro más? “Su hermano”, dice otro listo sin acordarse del nombre de pila. Pese a que otra temporada ocho decenas de criajos se han enganchado a una canasta en este barrio al sur de Madrid, sólo hay un puñado de ellos que sigan la actualidad del baloncesto español. Tampoco es fácil. El fútbol lo cubre todo. Una anécdota. Hace poco entregamos en el club los premios al mejor compañero y la recompensa era un balón donado por KIA y firmado por José Manuel Calderón. Al anunciarlo, Denis, un peque que se peina con una raya en un costado, soltó para mi desolación: “¿Del estadio del Atlético?”.

Por eso cuando Nicolás soltó lo de Huertas, cuando lanzó a la inmensa canasta a la pata coja, se abrió el cielo ante mi. Imaginaros al decirme de carrerilla la alineación completa con nacionalidades incluidas del Barcelona. Flipé en colores como él flipa en azul y grana. Desde ese día, el canijo, que para colmo es zurdo y las mete, se ganó el apodo de ‘Papanicolás’.

SanFermin_banquillo

Tal virtuosismo debía ser recompensado. Manos a la obra. En el calendario marqué la visita del Barcelona a ‘mi’ Estudiantes. La fecha no ayudaba. La clasificación del equipo catalán a la Final Four retrasaba la sorpresa. Doble traslado. Del fin de semana a un miércoles por la noche y del Palacio a Vistalegre. Pensaba que la hora suspendería mi tributo. Pero al ponerse al aparato la madre y explicarle la movida, no hubo opción para cancelar el evento. Estaban encantados. Su marido, taxista, se ofrecía a llevarnos.

El siguiente paso era acreditar a Nicolás para poder acceder a la zona mixta y que viera de cerca a todos sus ídolos. Los fenómenos del Departamento de Prensa del Estu (Santi y Eire) no dudaron en colaborar porque su corazón es inmenso (¡GRACIAS!).  Evidentemente, el niño de esto no tenía ni idea.

Llega el día del partido. El padre llega con el taxi y nos dirigimos hacia Carabanchel. No hay lugar para aparcar. “Pero bajar vosotros y yo sigo dando vueltas”. Veinte minutos tendríamos que esperar al resignado conductor, pero para el calentamiento estamos ya en nuestro tendido cerquita de la Demencia. Ese noche tocaba protesta contra la directiva, el jefe de seguridad del club y el comisario como culpables de la detención de varios de sus miembros en el anterior derbi. Nicolás no hace caso de la ‘performance’ porque clava sus ojos en cada uno de los movimientos de la ‘Bomba’. Lleva su camiseta de Neymar… “Fue imposible encontrar una de Navarro de su talla en un supermercado”, informa su padre. ¡Bien, ACB, muy bien!

Bocata y zumo en el descanso, ‘Papanicolás’ no se espera nada cuando le planteó colarnos por la grada para pillar de cerca a los jugadores del Barcelona cuando termine el encuentro. Su mirada acepta el reto entre el miedo y la esperanza de cumplir un sueño. Al pitido terminal nos levantamos y corremos hacia los vestuarios con cuidado “para que no nos pille la policía”. Llegamos a puerto sin ser detenidos. Nico suspira sus nervios.

El primero en acercarse es Chichi Creus. Al narrarle la historia saca unos pins de su bolsillo. “¿Cuántos chicos tienes en el club?” Al decirle que cerca de ochenta el ‘jefe’ lamenta no traer más insignias, pero recolecta entre la expedición todos los posibles y se los entrega a Nicolás.

Van bajando los jugadores por una peligrosa escalera metálica para toreros. Lorbek, Nachbar, Tomic, Oleson, Abrines… Todos se paran ante la silueta mínima de Nicolás, atienden su demanda fotográfica y reciben con una sonrisa el calendario de San Fermín que Nicolás les ha traído de regalo.

Algunos alargan la parada. Lampe, interminable, se sorprende de que ese chiquitín de piel morena tenga una madre polaca. Empiezan a compartir gustos culinarios de sus orígenes entre risas y confidencias.

Pronto pasa Navarro. De largo. Hay prisa. Pero Nicolás le frena mejor que ningún defensa con un desgarrador “Juan Carlos, tú eres mi favorito”. Papanikolau, el genuino, sonríe ante la frase a unos metros.

Queda Marcelinho. La noche se va imponiendo y fuera el padre aguarda. Es tarde, pero merece la pena esperar unos minutos más. Aparece el brasileño y no pasa el bloqueo del peque de 8 años. “Lo mejor del baloncesto es jugar en equipo, con tus compañeros y ser buena persona”. le aconseja Huertas a su minifan. Se agacha para recibir el calendario y acaricia la cabeza de Nicolás cuando le cuenta que él también lanza a una pierna.

Marcelinho_Nicolas

Una decena de fotografías y una sonrisa más grande que la luna son el recuerdo que Nicolás se lleva para San Fermín. Un sueño cumplido gracias a la cercanía de los jugadores del Barcelona, que podrían ser, estoy segurísimo, de cualquier otro equipo de baloncesto hubiera caído en el embrujo del figura sanferminero.

¿Por qué cuento esta historieta ahora? Porque ayer, cuando el Barcelona derrotó al Valencia con un tiro de Marcelinho a la pata coja como le mola lanzar a Nicolás y logró su pase a la Final ACB, varios de esos jugadores que cuelgan en las paredes de su habitación decidieron retrasar la celebración. Serguei Lischuk, un ucraniano que acababa de hacer un mal cambio defensivo, rompió a llorar desde sus 212 centímetros. La impotencia por esa defectuosa jugada, pensar que todo el trabajo de una temporada había acabado sin éxito, que ese será el último partido con esa camiseta, mirar a toda la gente que teñía de naranja y de ilusiones la Fonteta, todas esas emociones que se le pasarían por su cabeza… caían por sus ojos ante el incómodo enfoque de las cámaras. A su consuelo fueron compañeros de equipo, pero también Tomic, Navarro o Papanikolau en un detalle que les engrandece como rivales y deportistas, en inmejorables ídolos para Nicolás y cualquier otro enano que quiera ser como ellos en un futuro. Quizá no lleguen a esa altura nunca, pero esa lección de valores quedará para ellos. Una lección hecha un abrazo de consuelo que expresa esas cosas que son más difíciles de explicar que un reverso o una pérdida de paso: que la victoria no lo es todo, que hay que saber perder, pero también saber ganar, que todos los gestos no tienen que ser de prepotencia, de egocentrismo, de revancha, que la solidaridad no conoce de colores, que por encima están las personas, que el esfuerzo ajeno hay que recompensarlo… Y por eso son ídolos de verdad, porque son buena gente, no por nada más. Y por eso son grandes. Como tú, Nicolás.

Lischuk_lagrimas

 

07
Ene
14

El romántico


Cuando no conoces a alguien realmente dibujas una opinión por filias y fobias. Esta es una sociedad en la que la comunicación nos absorbe hasta hacernos diminutos en un mundo lleno de conexiones universales y ausente de relaciones personales. Enchufados al aparato, a la red que sea, nos desconectamos del vecino del quinto, del primo de Burgos, del compañero de turno, del ciudadano hipotecado y precario como tú. Nos tiramos al anonimato y desde esa placentera posición de poder tirar la piedra (verbal) y esconderse todos nos creemos gigantes. La calle asusta. La pantalla es la mejor trinchera.

Esto lo digo desde un blog y con un nick que no me identifica. Tiene huevos. Y lo digo para hablar de Pau Gasol. Que también tiene huevos y muy gordos. Perdón. No es que quiera ser grosero ni hablar de los genitales del ‘laqueado’. Es que el zagal es un romántico que ni Lord Byron en plena Guerra Civil griega (la primera, que la segunda la ganó la Troika). El mayor de la saga está empecinado en amar por encima de todas las cosas a los Lakers. Y sabe que los días de vinos y rosas, de champanes y anillos, se terminaron hace tiempo. Pero él prefiere la nostalgia y la grandeza de lo que fue, el sabor lejano de los primeros besos, los bailes de la victoria junto a Kobe… a la realidad de dormir en camas separadas por la derrota, a la frialdad de la caricia de los aficionados y a los insistentes rumores de que tu pareja te la quiere pegar con otro. Y él, bendito, en un vilo. Y España detrás de su sombra como una madre que sufre con el corazón partido de su niño más guapo.

Esta vez ha sido un lío de faldas con Andrew Bynum. Un perdido. No te creas que te iban a cambiar por unas frescas piernas del tipo Chris Paul o Dwight Howard, sino era todo por dinero. Todo traer y largar a la concubina con la que compartiste a Kobe Bryant y patearon por una mala rodilla y un rollo con un Superman que acabó en divorcio. Que les sales muy caro, dicen. A Gasol lo siguen vendiendo a precio de saldo por su alto precio de contrato. El impuesto de lujo es un lujo ahora para los Lakers, aunque lleven seis años superando la frontera del límite salarial. Ahora Pau ya no es un intercambio para traer otra estrella al Staples sino un estorbo económico que hay que canjear para cuadrar el balance. Y tú llorando por las esquinas y por tus postes bajos.

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Desde hace tiempo, dos años y medio para ser justos, a Pau se le añade en cualquier ‘transfer’ que tenga a los Lakers sentados en un lado de la mesa. Que si a Houston, que si a New Orleans o a pasar frío a Minnesota, que si a Chicago o New York. Ahora te meto en Brooklyn para luego colocarte con el lazo en Cleveland. Solo hubo una firma y la NBA la echó para atrás por injusta competencia. Mientras, lesiones de rodilla de Kobe Bryant mediante, Pau ha perdido a su mejor aliado en la pista y fuera de ella: “¿Qué más se supone que tengo que hacer para apoyar a alguien? Podría hacer una bandera de Pau y cabalgar con la bandera de España pintada en mi cara, cómo si fuera el William Wallace español, o algo así. No sé que más hacer”. Y mientras Pau dejando atrás un par de años mozos para competir en otro equipo… Qué pena más grande.

Mi ‘affaire’ con Pau

Solo he hablado una vez con Pau Gasol cara a cara. Fue en una rueda de prensa, tras su primer año en la NBA. Hacía una gira promocional con una marca de bebidas y paró por Zaragoza para entrenar con unos mañicos. Hace tiempo de ello. Fue breve pero intenso. Ninguno de los dos tenía barba. Tampoco ninguno de los dos había triunfado en Japón hasta entonces. Pero el tipo ya me cayó estupendamente. Recuerdo como trataba a los chicos y chicas que estaban en la pista del clínic, con pura humildad y ni un gesto de estrella o de personaje famoso que sabe que está en un acto con centenares de cámaras. Era natural. Esa sencillez la ha sabido transmitir en mil actos de solidaridad, pero también dentro y fuera de un vestuario. Una marca que ha contagiado al baloncesto español y simbolizado los éxitos de la selección.

Este año Pau Gasol no ha recibido ni un solo voto en la elección del mejor deportista del año que siempre hace El País por Navidad, premio que ha ganado en tres ocasiones. Tampoco estuvo en el Eurobásket. Mantiene sus peores estadísticas desde que era rookie y está más que lejos de alcanzar su quinto All-Star. Sin embargo, su cara ha sido reconocible en dos anuncios de carácter solidario durante los intermedios publicitarios de todas las vacaciones navideñas. Será como sea en su intimidad, pero a mi Pau Gasol me cae fenomenalmente, por mis filias y mis fobias.

Por eso Pau déjame que te dé un consejo. Visto que tu carrera en televisión, sí, cuando te dio por salir en CSI. Modern Family o en Numbers, no te va a llevar a ganar un Emmy, me iría haciendo a la idea que tu ‘starlet’ de Hollywood ya no te mira con ojillos y que se le escapan las pupilas detrás del culo de otro ala-pívot. Pero no estás de mal ver, aún tienes cualidades, eres un líder y posees una experiencia de campeón que nadie te puede quitar. ¿Por qué no largar a tu chica y buscarte otra que mejor que convenga? Quizá no tendrá el brillo del oro, pero sí te querrá como al que más y de vuestra relación pueda salir un anillo. ¿O no te ves con unas espuelas o alcanzado por un trueno? Señor Gasol, este verano serás libre te pongas como te pongas, estarás con tus amigotes de/con Rodríguez por el Mundial  y podrás elegir a tu amor entre muchos pretendientes. «Si hay rumores quiere decir que hay gente que me quiere. Si nadie me quisiera, no estaría envuelto en esos rumores». Parece que lo vas comprendiendo, amigo. Entonces serás tú el que decidas entre todos. El romanticismo se apagará y brotará la lujuria de unos últimos años de juerga… Porque todos sabemos que tu final será acabar en los brazos de tu amor de adolescencia.

Porque después de ir a LA… terminarás con tu cádillac en una ladera del Tibidabo.

13
May
13

Pinceladas de una Final Four


Un paso más para quedarse a un paso

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Alguien en twitter reclamaba la pócima mágica que permite a Pep Cargol permanecer con la misma facha que cuando se colgó del aro hace quince años para cerrar la última Euroliga del Madrid en Zaragoza. Al entrenador de El Olivar, al que Arseni Cañada puso en un compromiso al ‘colocarle’ en el banquillo del CAI Zaragoza (¿es que no le gusta Abós?), no le dejarán tranquilo por una razón: la actitud del Olympiakos.

No es un fracaso quedarse en la final. Menos si se revisa el número de visitas a una Final Four del club en las últimas dos décadas (tercera presencia). Se ha subido un escalón más al obtenido hace dos temporadas (semifinal ante Maccabi). El Madrid mostró en las semifinales que su oficio de campeón ha dado un pasito hacia el Olimpo de los campeones. En el ‘clásico’ Pablo Laso acertó con el cambio táctico en la recta definitiva para desquitarse del ‘coco’ azulgrana. El domingo se exhibió en un primer cuarto inmenso, un canto al baloncesto bonito y alegre, de exhuberante puesta en escena y acierto inmenso.

No fue suficiente porque delante había un equipo en su más amplia dimensión. El Olympiakos se abrazó al mismo espíritu combativo con la que hace un año remontó otra final ante el CSKA (8-22 en el último cuarto), apartó el partido hacia un tiempo más atascado y favorable, incrementó la exigencia física hasta la frontera de lo permitible y encontró el calor del juego de Spanoulis, el hombre que juega una final para ganarla (lleva tres de tres en Euroliga), el ‘Navarro’ griego, que se fue al descanso con -11 de valoración y terminó con 20 puntos, siendo el MVP (su tercer galardón igualando a Toni Kukoc) y bajándose del podio para saludar uno por uno a los jugadores del Real Madrid. Un deportista. El mejor jugador de baloncesto en Europa.

Quizá Laso no estuvo tan acertado para dar con la tecla que paralizase la crecida griega, tampoco halló la puerta de salida que le había llegado a ese lugar (la magia de Sergio y el oficio de Reyes) ahogados en la defensa helena, se ausentaron dos hombres importantes como Mirotic (desaparecido en Londres) y Carroll y sus carretones, es decir, el plan B del ataque. Tampoco se sacó partido de la intimidación de Begic, atrapado en su rol de iniciar partidos y terceros cuartos. El Madrid terminó consumido en los nervios de ver que podía ganar de calle, que tiene argumentos en su baloncesto espectacular, pero que con eso no bastaba, que tiene que dar otro pasito, otra vuelta a su carácter mental y grupal. Solo gana uno, el mejor. Y es aún el Olympiakos (100-88).

¿Fracaso? Ni de coña. ¿Necesidad  de cambios? Tampoco, solo algunos. El Madrid no se puede permitir tener un pívot calentando el banquillo como Hetts. Algún otro retoque puede llegar para aumentar la intensidad defensiva, el oficio, ese valor invisible que se adquiere con la experiencia y que, en Londres, cargó un poquito más el almacén del madridismo (era la primera Final Four de Rudy y la segunda de Llull o Sergio…). ¿Cambiar de estilo y entrenador? Un terrible error que ni los más antimadridistas a los que les guste el baloncesto deberían aceptar por buen gusto.

Barcelona, punto (de sutura) y seguido

Seguramente que en la mente de la plantilla del Barcelona Regal no cabía la idea de abandonar la lucha por la Euroliga. Muchos campeones navegan en ese barco como para izar antes de tiempo la bandera blanca. Pero las condiciones del oleaje no eran las propicias para llegar a buen puerto. Con la profunda baja de Mickeal y su ADN ganador, sacar oro en la Final Four (y en la temporada) se complica mucho en mitad de un trayecto a medio camino de la exigencia continua de éxitos de un club grande y la remodelación juvenil del proyecto. A la intermitencia física de Navarro, se añadió para colmo la baja de Jawai, que ahora ya es definitiva, y la de Oleson, el parche que llegó para levantar la Copa, y Sada en el partido del domingo. Demasiados puntos de sutura que cerrar.

El Barcelona se permitió el lujo de competir, porque eso no se le ha olvidado, durante 32 minutos al Madrid en semifinales (67-74). Luego cayó en la trampa defensiva de Laso, con ese cara a cara de Sergio con Navarro y en la fogosidad de Felipe Reyes y el ‘Chacho’ en una remontada final que se deslizó desde la línea de fondo y el rebote. Si no lo vieron, Piti Hurtado lo clavó en este vídeo.

El domingo parece que Xavi Pascual quiso lanzar al escenario todos los males que perseguían al equipo y, de paso, leer el prólogo de su libro del futuro. Jugaron mucho y bien los chicos que deben tomar este equipo, los Abrines, Todorovic, Rabaseda (26 puntos en conjunto)… e incluso un casi inédito Mbaye que capturó los minutos de Jawai. No fue suficiente para arrebatar a un CSKA deprimente en Londres, pero sí para percibir que con Navarro a un nivel más cercano al de su magia, que sacó en los minutos finales al cabrearse con el criterio arbitral, la dimensión de este equipo es otra.

RTVE pide el cambio

En mitad de la retransmisión mi Timeline echaba chispas. La red bulle cuando toca baloncesto. Mientras se jugaba la final ‘Corina’ era el hagstag más utilizado en España, seguido de Belloch. ‘Salvados’ las clava de tres como nadie los domingos por la noche. ¿Pero la Euroliga no era rival a Jordi Évole?. Excluída al nicho de Teledeporte, RTVE volvió a hacerle un feo a los aficionados españoles al baloncesto, programando en sus principales canales productos que consideraba de mayor interés: La película ‘En el nombre del rey’. Mientras por canales estalales se vio el mismo día los triunfos de Rafa Nadal y Fernando Alonso, el baloncesto quedó recluído a la esfera temática del TDT como lo es en casi todas las jornadas de la Liga ACB. Viendo hoy los resultados del share parece que el error es calamitoso. 2 millones de españoles vieron el partido, más que la final del Open Madrid. La octava retransmisión más vista del día.

Pero la crítica no puede indicar solo al cambio de canal como infracción más repetida que los pasos de los yankees en los Juegos. La elección de los comentaristas es desacertada. Desastrosa. Joe Arlauckas sobra. Lo siento por ser tan duro y directo. Gracioso sin gracia (aún estoy alucinando con su NO entrevista a Sabonis), promocionando Bwin cuando podía en una televisión supuestamente sin publicidad, nula interpretación táctica y mucha fogosidad fanática… considero que no es el perfil que engancha a los aficionados indecisos. Pablo Martínez cayó en la trampa de insistir en la crítica arbitral, comentarios que nunca me gusta escuchar en una retransmisión deportiva, porque insisten en una educación de camuflar la responsabilidad propia en la culpa ajena. Pablo no es comparable con Arlauckas en profesionalidad, pero tampoco pierde oportunidad de promocionar su Copa Escolar cuando le dejan el micro abierto.

n_20130512164257_sabonis_y_arlauckas_lideres_del_ultimo_real_madrid_campeon_de_europa_confian_en_la_novenaAsí que lo mejor, para mi asombro, fueron los comentarios de dos personajes con pose de ‘soso’ como son Pep Cargol y Juanan Morales. Y me pregunto, ¿es necesario rescatar a jugadores retirados hace más de una década y que poca conexión pueden tener con muchos de los aficionados actuales? Pienso en gente como Rafa Vidaurreta o Lucio Angulo, con verdadero gracejo y con dotes para la comunicación, o en perfiles más técnicos que sí han calado como Comas o en su momento, para mi el mejor comentarista, Creus.

RTVE debe pedir el cambio y tanto Euroliga como ACB, y por delante deberían ir los patrocinadores que pagan para lucirse en estas plataformas de difusión tan pobres, deberían no permitir esta ausencia de compromiso e ideas. Y menos si parece que al ente no le interesa y con el dineral de todos. Apruebo este recorte.

La Penya manda

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Y el último apunte debe ser para la celebración de la cantera. La Penya y el Barcelona jugaron con sus equipos junior la final del torneo de promesas que desde hace unos años se disputa de forma paralela a la Final Four. El duelo entre dos generaciones que se conocen de sobra, que disputan año tras año los títulos en Catalunya y España, fue esta vez para el Joventut de Paco Redondo. Y no de cualquier forma. Los Sans, Abalde (MVP del Torneo), Assalit, Iriarte, Nogués, Gomila, Bauza… la liaron parda (82-59) ante el multicultural Barça de Marc Calderón (exPenya y cuñado de Rudy). Los más de 30 puntos que adquirieron de ventaja ante un rival que hace poco les superó en el campeonato catalán deja todo más que claro. Esta semana en Marín, en el Nacional, tendrán otro pulso. No se lo pierdan. Aquí pueden ver lo que pasó en Londres.

08
Abr
13

Educando a una estrella (2)


Muchas caras son conocidas. Serpentear por los grupos que se agolpan entre las dos canchas del BAHK es como hacer una rueda de reconocimiento del baloncesto español. Las sillas se quedan diminutas para encajar los cuerpos de dos metros de muchos exjugadores, algunos metidos a directivos. No faltan los entrenadores de diferentes colores, incluso federativos. “Ese escolta del Gran Canaria está promediando quince puntos en júnior”, desvela un experto técnico.

Se identifica fácilmente a los padres, en primera fila y nerviosos, dando ánimos a sus ‘chicos’. En el balcón superior, la pasarela queda para aficionados anónimos, entre los que se cuela algún agente que se balancea de corro en corro, trayecto que copian algunos periodistas. Varias cámaras graban el partido o buscan la mejor fotografía. Algunas centran el enfoque en los jugadores destacados. En uno de los grupos de conversación se rumorea que el Real Madrid va detrás de un Infantil de primer año del CAI Zaragoza.

La expectación en cada campeonato formativo crece. Quizá la Minicopa es su expresión máxima al estar al acceso de un público y unos medios de comunicación que no suelen elevar la mirada por encima del cerco del básket profesional. Aquí les cae de paso. La organización cifró en unas mil personas la asistencia a la final en Vitoria, número superior al de cualquier Campeonato de España como el de Minibásket y categoría cadete que hace unas semanas se celebró en San Fernando (Cádiz). Controlar este aumento de la presión y diluir sus efectos es un objetivo de los entrenadores y los clubs en la etapa de desarrollo de los jugadores en canteras ACB. El control del llamado entorno, amalgama de factores que rodean al adolescente y que suelen resaltarse solo cuando tienen un efecto negativo, es una de las metas marcadas por las direcciones deportivas y plasmadas en códigos de conducta que guían la experiencia de los educadores  en su toma de decisiones.

Las normativas de comportamiento no actúan únicamente como un regulador del régimen disciplinario y alcanzan cuestiones más amplias y diversas, como el seguimiento lectivo de los jugadores o consejos nutricionales. Su redacción parte en buena medida del sentido común y son herencia de situaciones que se han podido ver o de la prevención de otras nuevas que están apareciendo y pueden afectar al equipo. La irrupción de las redes sociales, por ejemplo, es un tema que se está abriendo en estos momentos y que no es ajeno a la preocupación de los clubs. Esta lista de deberes está presente en el día a día del grupo y son una herramienta educativa al marcar unos límites.  “Hay unas normas de club, que son la parte más básica de comportamiento: de imagen, vestimenta, puntualidad, hoteles… funcionamiento normal de equipo y que tenemos colgado en el vestuario. Por encima de estas normas están las que ponemos en los propios grupos sobre el respeto, sobre el resto de cosas que queremos construir”, explica José Luis Pichel, entrenador del Real Madrid infantil. “En el equipo hay un reglamento. Está dentro de nuestra planificación. Incluye de todo: cómo tenemos que estar en los entrenamientos, que no se puede hablar con la grada, tema de las aguas… Pero también que cuando un compañero cae al suelo hay que ayudarle y si es un rival, igual. Cuando haces las normas sale un listado muy grande, así que priorizas entre las que consideras más importantes  y poco a poco vas inculcándolas en ellos”, señala Rubén Muñoz, del Barcelona.

La confección de este código recae en manos del cuerpo técnico que dirige la cantera y es perfilado por el propio entrenador, sus ayudantes y, en algunos casos, se considera la opinión de los jugadores para elaborar la ley interna que regirá la actuación de todo el colectivo. Es otra forma de involucrar al jugador en la toma de decisiones y hacerle partícipe de un reglamento que elije y debe respetar y acatar por el bien común. “Nosotros establecemos unas normas  porque ellos son muy pequeños, pero hay una serie de temas (puntualidad, minutos de juego…), que sí lo hablamos. ¿Os parece bien que este jugador que llega tarde sea titular o no juega? ¿O se castiga si falta más de dos días? Todo se valora y luego hay excepciones.  Hay actividades sociales, como una Semana Blanca y algunas actividades normales de su edad, que sí les facilitamos que vayan. No son profesionales de esto y tampoco podemos ser sistemáticos”, afirma Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes.

La relación con los padres

La interacción con el entorno también queda regulada, aunque no siempre plasmada en un papel. Los menores, por ejemplo, tienen prohibido hablar con la prensa y hacer declaraciones hasta llegar a la mayoría de edad, como ocurrió con Ricky Rubio durante sus primeras temporadas en la Liga Endesa. Se intenta apartar del foco al jugador precoz para quitar importancia a los mensajes que se dirijan hacia ellos de gente ajena al trabajo del grupo. “Está prohibido que les hagan entrevista. No podemos evitar que les hagan foto. Pero delante de ellos no le queremos dar mucha importancia, para que ellos no se la den. Queremos que se lo pasen bien, que disfruten”, indica Rubén Muñoz.

Más difícil de dibujar son las fronteras que limitan la influencia del círculo más íntimo del jugador, donde entran sus padres y sus agentes deportivos. La relación con los tutores de los menores, factor principal de su educación, supone en ocasiones una fuente de conflicto por divulgar opiniones contrarias a la del equipo sobre el jugador y aumentar las expectativas sobre él. La sinceridad suele ser la mejor forma de vacunar estas posibles situaciones. “Somos bastante sinceros con los padres, le contamos lo que hay porque es más fácil si la comunicación es clara para que sepan cómo está esforzándose el jugador, cuál es su trayectoria, viendo qué previsiones tenemos… Pero pasa como muchas cosas. Es una cuestión de gestión de expectativas. La de los padres parten muchas veces de la irrealidad y esta gestión es la que puede influir al jugador. Esa parte tratamos de ser sinceros, que llegan pocos chicos, que lo importante es el proceso”, indica José Luis Pichel, del Real Madrid.

En los últimos años ha crecido la alarma sobre la imitación de actitudes poco recomendadas y agresivas en las gradas de los pabellones de baloncesto. “La realidad es que en el baloncesto vemos algún caso, pero luego nos vamos al fútbol y decimos, ¡madre mía, no tenemos ningún problema!”, señala José Luis Pichel. Más allá de la comparativa con otras modalidades, los entrenadores entrevistados para este reportaje quieren subrayar que en la mayoría de los casos no hay incidentes con la influencia paterna en sus jugadores y que, por contra, suele ser positiva y refuerza las decisiones del técnico. No cabe duda de que padres y profesores/entrenadores son actores fundamentales en la construcción de los menores y están condenados a entenderse y apoyarse en su propuesta educadora. “Sí se da el caso de padres algo descontrolados, se les llama la atención y se les dice que no están haciendo un beneficio al chico ni al club. Son la excepción. En general, tenemos jugadores buenísimos, pero no viene de serie, viene de casa. Nosotros solo podemos reforzarlo. Si  yo no tuviera un padre que no fuera humilde, no fuera responsable, no fuera serio, yo lo cortaría, porque tenemos una serie de condiciones, o haríamos un plan específico. Hay chicos que se quedan fuera durante unas semanas por saltarse una serie de normas. Esta temporada no se ha dado la circunstancia”, comenta Sergio Jiménez.  El técnico del Real Madrid coincide en esta visión: “Hay padres que perjudican a sus padres en el rendimiento deportivo, pero hay otros que son muy beneficiosos. Que nos ayudan a mantenerlos de una forma excelente. Siempre está la visión del padre hincha o mánager, que llama mucho la atención, pero la cantidad de padres que ayudan y que son la base no se comenta. Y yo me encuentro afortunadamente con mucha más gente que está ayudando que está poniendo trabas”.

Las cuestiones más problemáticas y generales suelen abordarse desde las direcciones de cantera de los clubs ACB, con recomendaciones más que obligaciones, pero cada entrenador gestiona la interacción con los padres en el día a día y marca la línea a seguir en cada caso. Ahí entra el método profesional e individual. A Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes, le gusta hablar directamente con sus jugadores y hacerles responsables de su comportamiento, aunque este, por su condición de menores, esté supeditada a la acción de sus progenitores. “Particularmente, pero es una forma personal, no del club, yo intento hablar lo mínimo posible. Sí hablo mucho con los niños. Les hago responsables, les hago autónomos. Sé que el niño no llega tarde, no falta a un entrenamiento por una cosa. Sé que el niño no se va un fin de semana a esquiar a Baqueira y falta al partido, porque no tiene dinero ni medios. Pero sí es cierto que con el que hablo es con el niño, al que le pido la responsabilidad de que hay que salir antes de casa, de que no puede faltar porque tiene que estar con sus compañeros, para que sea independiente el día de mañana”, apunta el preparador del Infantil de la entidad del Ramiro de Maeztu.

Clasismo y racismo

jugadormadridinfantil

 

Bajo las declaraciones de Sergio Jiménez crece otro escenario que entra en el debate de la educación en las canteras ACB. La obligación de una atención extra por parte de los padres excluye a aquellos que no pueden por nivel socioeconómico conceder este apoyo a sus hijos. ¿Son equipos solo al alcance de las élites? “Creo que son todos más o menos del mismo nivel. Son de diferentes ciudades de Barcelona. No hay ningún jugador con problemática social”, indica Rubén Muñoz sobre sus jugadores en el Infantil del Barcelona. “Estoy convencido de que de los ocho equipos de Minicopa, el 80% de los jugadores forman parte de un estamento medio-alto porque sino no podrían hacerlo. ¿Qué se les está pidiendo? Que vengan tres días a la semana a los entrenamientos, que vengan a los partidos, que costeen parte de estas cosas, la gasolina, todo… ¿Esto lo puede llevar una familia que ingrese unos 800 euros al mes? Es inviable a estas edades, porque al niño lo lleva el padre, entonces en otras condiciones, el padre y la madre estarían trabajando diez horas y no podrían. Estos chavales no son sólo unos privilegiados deportiva o físicamente, también a nivel socioeconómico”, teoriza Sergio Jiménez, entrenador del Asefa Estudiantes, que también habla de la solidaridad que existe en la plantilla en este aspecto o como jugadores del equipo ACB donan material para canteranos con necesidades.

José Luis Pichel difiere de esta opinión con el ejemplo que tiene en su propio equipo. Tampoco cree que se excluya en el grupo por cuestiones raciales y no que el colectivo suele ser una muestra consonante con lo que pasa en la sociedad española. “En absoluto hay problemas raciales o sociales. Llevo muchos años, seis y siete en el Real Madrid y jamás me he encontrado algún problema. Pero al final es la realidad. Los dos chicos de raza negra que tenemos en el Infantil, uno vino con su familia, súper humilde, desde Camerún con ocho años a buscarse la vida, y el otro, sus padres son guineanos pero ha nacido en España. La realidad que tenemos en España es muy rica. En el deporte, una vez que estamos en la pista, todos estamos a lo mismo. No hay mayor problema”, subraya José Luis Pichel, que, no obstante, habla de que desde el club se actúa y apoya cuando un jugador y su familia tienen situaciones de riesgo.

Agentes de influencia

Otro actor externo con una influencia entre jugadores jóvenes son los agentes que aparecen en sus vidas en edades cada vez más tempranas. La proliferación de becados y la internalización de la búsqueda de ‘perlas’ ha provocado que la lucha por fichar se acelere y alcance ya hasta etapas de minibásket, siendo obligada una buena relación entre los clubs y las agencias. Los equipos ACB suelen controlar con un tutor la actividad de estos chicos y chicas que llegan de un lugar lejano, que no cuentan en su rutina diaria con el apoyo paterno. En estos casos, con más énfasis en jugadores procedentes del extranjero, la mano del agente suele servir de guía para el menor. En la Minicopa, por ejemplo, el Barcelona invitó al serbio Andrija Marjanovic, que tuvo sólo unos días para adaptarse a sus compañeros. “Venía con su agente, pero no creo que le afectara demasiado. Lo hemos traído para verlo e intentar incorporarlo el año que viene o al siguiente. Es tradición y no somos el único club que aprovecha la competición para ver su progresión. El idioma ha sido algo complejo porque nos dijeron que no sabia inglés. Ha hecho un gran esfuerzo y tiene nociones del idioma. Se ha integrado en dos días, se divierte y lo ha aprendido todo rápido. Su comentario al primer día es que me reí mucho en el vestuario”, apunta su técnico en el Barcelona, Rubén Muñoz.

Marjanovic

Andrija Marjanovic / ACBPHOTO

 

Los entrenadores vuelven a negar la mayor y no creen en que los agentes supongan un mal en la progresión de los jugadores, más en etapas tan tempranas en la que la proliferación de estos profesionales aún no está extendida y son los padres los que tienen la palabra definitiva. “Como agentes ayudan muchísimo a los chicos, proporcionándoles muchas cosas. El agente en si no es malo, pero sí el comportamiento de la agencia, que marca si están ayudando o no. En edades tan tempranas el trato con el agente casi no existe”, incide José Luis Pichel.

Utilizando el mismo argumento se mueve Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes, que considera que la utilidad de los agentes se inicia cuando el jugador demuestra que tiene condiciones para alcanzar el mundo profesional y antes su entrada en escena no tiene sentido. “Intentamos alejaros de los agentes porque, generalizando, son intereses personales. Hay buenos agentes, que son capaces de empatizar con el jugador y darles buenas oportunidades. En el día de mañana hay que tenerlos, porque igual que un club apuesta por ti deja de apostar y este agente puede colocarte en otro equipo. Es importante, pero se ha perdido el equilibrio. Todo está gestionado por ellos, por los agentes. Así está el tema, con cosas buenas y cosas malas”, opina Sergio Jiménez, que, sin embargo, sí cree que hay excepciones con talentos que explotan de forma excepcional y temprana y que sí necesitan esta ayuda para gestionar su carrera profesional, que no para acelerarla. Lo malo es generalizar y no visualizar cada caso por separado:  “Me hace gracia porque hoy en día se dice que son muy jóvenes y lo importante es que disfruten. Pero hoy la sociedad y el baloncesto están muy estructurados y sería muy excepcional que un chaval con 18 pueda trabajar en la élite. Es muy complicado. Pero sí hay chavales de 14 años que pueden estar en este nivel, un Ricky Rubio que siendo cadete puede jugar en ACB. ¿Por qué no lo va a hacer? Otra cosa es que ahí se meta el agente. Hay chicos como Luka Doncic que tienen un nivel de rendimiento dos o tres años por encima de su generación. Pero otros tienen que ir poco a poco, cada uno son un caso único. Y no hay que tratar a todos por igual”.

Este reportaje es la continuación de una serie dedicada a la educación dentro de las canteras ACB con la excusa de la celebración de la Minicopa. Puedes leer la primera parte pinchando aquí.

19
Mar
13

Educando a una estrella (I)


La última final de la Copa del Rey no fue apta para aquellos a los que les chirríe mezclar política con deporte. La afición del Asefa Estudiantes encendió la mecha en el Fernando Buesa Arena de Vitoria con sus cánticos en favor de la Sanidad Pública. La presencia en el partido decisivo, que enfrentó al campeón Barcelona Regal con el Valencia Básket, del Rey atrajo el descontento de los espectadores con una mayoritaria pitada mientras sonaba el himno nacional. No fue la única. El Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, fue abucheado al entregar el trofeo de vencedor de la Minicopa al Real Madrid.

La bajada a la arena de Wert arrebató la atención que merecían once chicos de 13 años que acababan de vencer al Barcelona (47-71) en la décima edición de un torneo que reúne a los ocho equipos infantiles de los participantes en la Copa. El esloveno Luka Doncic, escolta del conjunto blanco, fue considerado el mejor jugador (25 puntos y 16 rebotes en la final) y acaparó todos los piropos de periodistas, agentes y aficionados que ven en él a una futura estrella como hace una década ocurrió con Ricky Rubio. ¿Pero no supone una presión para estos adolescentes ser juzgados tan pronto como si fueran profesionales? ¿No nos estamos volviendo locos al rebajar la edad en la que comienza el seguimiento? “Hay un punto de irrealidad en todo esto, que es cierto y es difícil de gestionar porque al final conseguir que un chico esté currando y entrenando sin creerse las cosas de su entorno es difícil, porque lo que sale publicado no lo podemos controlar nosotros”, reconoce José Luis Pichel, entrenador de Luka Doncic en el Real Madrid. No poder controlar el exterior no deja sin herramientas al técnico de formación. La experiencia ajena, el ejemplo, en el éxito y en el fracaso, es la fuente visual de sabiduría de la que deben beber los jóvenes talentos. “¿Qué virtud tenemos en esto? Que tenemos muchos ejemplos, desde la gente que ha llegado, a la gente que no lo ha hecho. Si Nicola Mirotic, que ha llegado, que ha estado muy seguido desde muy joven, es capaz de decirle a los chicos que no te lo creas, que ha habido 10.000 mejores como yo y que no, eso ayuda bastante para que los chicos sigan concentrados. Aún así los chavales según van creciendo son más inteligentes y maduros. Cuando entran en la adolescencia para filtrar todo esto”, declara José Luis Pichel.

Diferentes perspectivas llevan a los clubs profesionales a orientar el funcionamiento de sus canteras. El objetivo prioritario, más puro y público, es la construcción de jugadores que puedan llegar a la élite, una cocción a fuego lento que no siempre acaba bien. Sin embargo, la justificación de altos presupuestos, la multiplicación de la competencia y la valoración en resultados, acorta y complementa esta visión con la misión de levantar triunfos en campeonatos de formación. Las urgencias se aceleran con la apertura del mercado gracias al rastreo de agencias internacionales y la modificación de normativas que imperan en las ligas profesionales (leyes de cupos y etiqueta de jugadores formados). Todo ello provoca la búsqueda de la nueva estrella mundial en edades cada vez menores y, por consiguiente, las presiones y exigencias se incrementan sobre chicos que apenas son adolescentes. El foco de la Minicopa acentúa estos factores. “Viene mucha gente, los equipos rivales son todos de ACB, hay mucha gente viéndoles, es ya una tradición, un torneo muy chulo… y ellos se presionan un poco más de lo que deberían. Nuestro planteamiento es que es una fiesta paralela que te permite disfrutar de la Copa”, explica Rubén Muñoz, entrenador del Infantil del Barcelona. “Es verdad que todo lo excepcional se concentra en la vorágine del pre y del pospartido: jugar con balones de la Liga Endesa, todo el público, los árbitros, los anotadores, las estadísticas, unas cosas de las cuales no pueden participar. Por lo demás, no cambia tanto”, enuncia Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes. “Solemos viajar a otros torneos parecidos a este a lo largo del año. La Minicopa tiene más relevancia porque el nivel es más parecido y sobre todo desde fuera, tiene más medios y puede generar una ansiedad, algo que puede pasar con chicos adolescentes cuando estas compitiendo en un deporte, comenta José Luis Pichel.

José Luis Pichel, en mitad de un tiempo muerto de la Minicopa / ACBMedia

José Luis Pichel, en mitad de un tiempo muerto de la Minicopa / ACBMedia

 

“La humildad si se puede entrenar”

La ecuación entre educación y deporte debería ser inquebrantable. El papel como pedagogo y gestor de expectativas marca al técnico en edades tempranas como la prolongación de un maestro de escuela. En estructuras profesionalizadas la educación en valores debe encontrar su sitio entre las exigencia de ser los mejores y llegar a ser profesional. La función de estos técnicos se entiende como vital en el desarrollo del deportista de élite. Sin duda, la formación pedagógica, sobre todo en estas edades, donde estamos para que el chico mejore, pasa por tu capacidad de enseñar y de entender cómo aprenden”, apunta José Luis Pichel. Ganar, ser competitivo, se añade como una obligación, también para el entrenador, al lado de una construcción personal donde se incluye adjetivos como ser humilde, deportivo, buen compañero… “En formación además de entrenadores somos educadores y hay que corregir vicios porque cuando llegan a sénior son incorregibles. La humildad sí se puede trabajar”, explica Rubén Muñoz, entrenador del Barcelona y profesor en un colegio.

En la pista o en el aula, el educador adquiere una referencia para sus alumnos, un modelo que seguir, una voz que escuchar, una razón de la que aprender. “No es un motivo de ser profesor en tu vida profesional o no, sino de tener sentido humano. Ya no es una cuestión de entrenar mañana o tarde, se trata de implicar al jugador, que se apasione por lo que hace y decidir que le va a dedicar su vida a esto y va a hacerlo como un animal”, dicta Sergio Jiménez, profesor de INEF en una universidad madrileña. Para el entrenador del Asefa Estudiantes en este concepto radica la diferencia entre un entrenador y otro, en la forma de dirigir los grupos humanos, en educar, más que en conceptos meramente deportivos. “La diferencia entre un entrenador experto no es que sepa más técnica o táctica, sino cómo tratas a la persona, cómo inculcas metodología, filosofía, conceptos…. Pura pedagogía. Todo el mundo que se dedique a esto tiene conocimientos de baloncesto para llevar un equipo, pero cómo tratas a la persona, cómo haces que se sienta importante para que evolucione, cómo apuestas por uno, cómo trabajas metodológicamente, individualmente y en equipo, esa es la gran diferencia entre un Aito García Reneses, un Pablo Laso, un Txus Vidorreta o yo”, sentencia Sergio Jiménez.

Cuando un entrenador depende de los resultados para seguir en el club o aspirar a ‘progresar’ en su carrera, ¿competir y educar son términos compatibles en canteras ACB? Como a un profesor no sólo se le debería medir por las calificaciones de sus alumnos, a un técnico de formación no debería ser valorado únicamente por adjudicarse un campeonato. Encontrar un punto medio en la balanza es una tarea ardua y que no debería descompensarse solo en la ambición de la victoria o de moldear al mejor jugador sin configurar a la mejor persona. “Nuestros chicos saludan a todo el mundo, respetan al árbitro, no se quejan ni de las instalaciones, ni de la comida, son una maravilla… Todos. Yo siempre les digo que tengan equilibrio, que hay que ser honestos, ser responsables, pero a la vez estamos aquí para competir, para hacer lo mejor posible, para meternos en cruces, para quedar entre los cuatro primeros, hay una exigencia”, afirma Sergio Jiménez. El preparador del Asefa Estudiantes no elude el carácter especial que los orígenes, historia y filosofía de su club impregna en sus jugadores: “Se lleva del Ramiro. Entrenar fuera con el frío que hace, estar en familia, poder juntarte con un ACB y que éste te salude, son cosas que te acaban impregnando. Somos una familia”.

“Nuestro objetivo es que hereden una cultura deportiva”

En un nivel tan competitivo, con cabida solo para los mejores, los entrenadores consideran que la ambición no debe confundirse precisamente por esa falta de humildad o de valores. Dan ejemplos. Rubén Muñoz cita a todo un depredador como Drazen Petrovic. “Hay jugadores que han sido muy buenos y han tenido un carácter muy complicado. Son la excepción que confirma la regla. Petrovic era muy especial y fue uno de los mejores de Europa. De esos jugadores hay que coger las cosas buenas y las malas para ver cómo corregirlas. Ahí entra el papel de los entrenadores para educar. Si te sale un jugador un poco así intentas modelarlo, pero en ocasiones eso viene implícito en su carácter y eso puede ser la clave para que llegue. No digo que tienen que ser así para que lleguen, pero hay casos en los que  beneficia. Tienes que ver por donde le puedes cortar y por donde no”, puntualiza el responsable del Infantil del Barcelona.

Luka Doncic, MVP de la Minicopa / ACBMedia

Luka Doncic, MVP de la Minicopa / ACBMedia

 

El exceso de gestos, las reacciones desproporcionadas, el uso de trampas, egoísmos en el juego, la ausencia de autocrítica, señalar a árbitros, rivales o compañeros como responsables de los fallos propios… son detalles visibles en jugadores profesionales que son imitados por los jóvenes.  En la carrera por ser el mejor no puede valer todo. Sobre el mismo argumento que su colega en el Barcelona se desliza José Luis Pichel, que alerta de la confusión que puede llevar a identificar como prepotentes actitudes que esconden un alto nivel competitivo esencial para llegar. “La formación de un jugador de élite pasa por tener una creencia en si mismo altísima y lo que proyecta hacia afuera se confunde justo con lo contrario, incluso puede esconder inseguridades. Pero esto no tiene que ser así y que él no sea el que más se esfuerce, el que más trabaje… y el que siempre quiera darle la mano al otro. Pero al nivel competitivo que nos movemos estar por encima es un valor. Pero en el baloncesto, al necesitar a los demás, para mejorar, donde tu nivel de esfuerzo físico marca tu rendimiento, tu nivel de cantidad de entrenamiento marca tu mejora… Si no hay humildad no puedes crecer”, explica José Luis Pichel.

La crisis económica puede abrir una puerta a las canteras, reinas del deporte español hasta mediados de los 90 y la eclosión de un modelo de negocio y la apertura del mercado internacional de contratación. La creencia de que con los de casa no se gana se ha instaurado como norma y ha reducido las oportunidades de los jugadores formados en España pese a los triunfos de las selecciones españolas.  La pasada jornada el Joventut venció al Baskonia con ocho canteranos tras la renuncia a jugar de uno de sus americanos y tener al otro lesionado. Esta victoria ha elevado la moral de los nostálgicos que piensan que volver a la configuración de ‘canteranos+2 americanos’ sería ideal. El ejemplo de la Penya, una de las canteras más prestigiosas del planeta, puede ser circunstancial o ser un síntoma del cambio, pero más allá de este debate gobiernan las matemáticas. El deporte profesional es un coto reducido para unos pocos, los mejores, los de más talento o más trabajen, tengan una oportunidad y/o cierto azar. Por el camino se van quedando un montón de estrellas en ciernes. La responsabilidad es que estas vidas deportivas frustradas no deriven en juguetes rotos como tan bien explica Sergio Jiménez.  “Porque en la ACB juegan 180. Lo normal es que no llegues. Nuestro objetivo es que jueguen el máximo nivel, pero también que sean futuros entrenadores, árbitros… heredar una cultura deportiva. Si transmites que el malo no puede jugar, que sólo lo hacen los buenos, excluyes, haces élite y será lo que luego ellos transmitan”.

Este reportaje tendrá su continuación próximamente en una segunda parte que abordará la forma de ejecutar esta educación en las canteras ACB y la relación con padres, agentes y medios.

18
Feb
13

Conclusiones y sugerencias entre viejas sensaciones


Antes de que comenzase la temporada 2003-2004 mis padres decidieron que los tres fuéramos socios del CAI Zaragoza. No recuerdo el porqué de esa decisión aunque supongo que, como por aquel entonces ya había empezado o iba a iniciarme en el BSR, querían que viese el deporte que realmente es y que yo, por mis dificultades físicas, debo hacer sentado. El primer año, mientras animaba a mi equipo, solo veía como mi jugador preferido, Otis Hill, encestaba una tras otra. A eso hay que añadirle que por las mañanas cuando acudía a mi tratamiento de rehabilitación en el Miguel Servet mi fisioterapeuta tenía que enseñarle al que ahora es colaborador de Aragón Radio en las retransmisiones de los partidos del CAI, Pep Cargol, cómo se trabaja con chicos con mi diagnóstico puesto que él estaba de prácticas para ejercer la profesión como lo hace actualmente. También, por esa época, conocí a mi actual entrenador Genrri Tejada que fue otra de las personas que hizo que me acabase gustando este deporte ya que cuando llegó era ‘el nuevo encestador’ que iba a aportar la experiencia de haber jugado anteriormente en uno de los equipos referentes de BSR en Italia, el Tabú Cantú.

Poco a poco tanto yo como el CAI hemos ido creciendo y, el día que se jugó la final de la Copa Príncipe 2013, cuando estaba viendo el partido, mi cabeza realizó una retrospección a un viernes a las nueve de la noche de cualquier año (exceptuando el primer ascenso) hasta el 16 de abril de 2010 cuando los zaragozanos ascendieron a la máxima categoría del baloncesto nacional. Por mi mente pasaron jugadores míticos para la afición como Matías Lescano o Darren Phillip, series de playoff muy reñidas contra el Plasencia, el León o el Murcia, mis viajes para ver los enfrentamientos contra el Tarragona o el Valls, que suponían quedarme ese fin de semana en el apartamento de mis abuelos en la Costa Dorada… De repente, volví a ver el partido y me dije a mí mismo una frase: ‘Me falta muy poco para irme a Vitoria’. Con estas palabras acabé mi repaso al pasado y, a continuación, llegué a lo conclusión de cómo de bien han tenido que gestionarse los plantillas en la relación deportiva y de salarios en las oficinas de la calle Zurita para conseguir llegar a una Copa del Rey. Eso ha logrado que por el equipo hayan pasado jugadores de talla internacional como Carlos Cabezas o que hoy en día estén otros pertenecientes a la cantera del Real Madrid como el actual capitán Pablo Aguilar siendo que el equipo aragonés es el noveno equipo de la Liga Endesa en cuanto a presupuesto (5 millones según el diario Marca).

AficionBaskonia

 

La frase que me había hecho días atrás se convirtió en realidad cuando llegué a Vitoria a la hora de comer. En el restaurante ya olía a Copa, bufandas de algunos equipos participantes en la competición hacían acto de presencia algo que para mí, como para todos, fue normal. Mi intención era ver el torneo en ‘modo entrenador’, es decir, tratar de identificar las cosas (tipos de paradas en el baloncesto, cómo realizar un contraataque…) que me enseñaron en el curso de entrenador de primer nivel que realicé en septiembre del año pasado y que ahora debo afianzar e intentar enseñárselo a los jugadores del infantil masculino del CB JUVENTUD UTEBO donde estoy iniciándome como entrenador del deporte de la canasta. Sin embargo, el ‘modo coach’ cambió al ‘modo aficionado’ como antes, cuando solo veía la pelota entrar en la canasta, me volvía loco animando y me cabreaba mucho si les ganaban. Aunque para ello (mucho más moderado y disfrutando) deberemos esperar a que nos ubiquen en el lugar adecuado porque los encargados de la acomodación nos llevaron, a mi madre y a mí, a una localidad que estaba comprada por otros seguidores. De allí nos reubicaron al sitio correcto aunque fallaba una cosa: el asiento para el acompañante junto a la silla de ruedas, que es un derecho incluido en la entrada. La solución, teóricamente, se supone fácil con poner una silla de plástico al lado mío ya estaría arreglado pero no, de nuevo la organización dijo que: ‘Las medidas de seguridad han incrementado por lo sucedido en el Madrid Arena y nuestros superiores nos impiden que haya una silla junto a su hijo por si ocurre algún problema’. Cuando nos dicen esto estaba cerca de concluir el primer cuarto del encuentro inaugural, es decir, que mi forma de ver el baloncesto de la manera que tenía previsto desvaneció. Los restantes cuartos y prórrogas del Real Madrid-Barcelona Regal, si que los vi, pero de una tercera forma que no la había previsto la cual consistía en mirar el partido con un ojo y ver dónde estaba mi padre con el otro, no por miedo a que pasase algo y estuviese allí solo y que pasara algo sino por ver que estaba sentado y, así, aliviado de sus problemas de espalda por los que necesita estar en un asiento. Esa silla no llegó y la solución era irse al graderío más próximo. Pero era el primer día de Copa y después jugaba el Baskonia, por lo tanto, más gente para ocupar la grada si es que no habían ido al primer partido.

Por suerte, el día siguiente el Caja Laboral no jugaba, era carnaval y hubo menos gente, por consiguiente, encontraron sitios vacíos. Al tercer día por lo que pasó, estuvimos en un palco. Con la ubicación arreglada vi los partidos todo lo que pude (modo entrenador) porque había otro problema que era mucho más agradable y que, de facto, fue lo mejor de la Copa: Las aficiones. A mi derecha, los anfitriones, a quienes tenía ganar de oír en vivo animando con su charanga y haciendo seguir sus ritmos al resto con palmas. Sinceramente, fui un baskonista más. A mi izquierda tenía a un ‘showman’ que ama este deporte: ‘El Malaguita’, el líder de los ‘Pío, pío’ y otro seguidor más de los vitorianos cuándo hacía falta. Enfrente escuchaba ¡Estu-diantes! , ¡Bil-bao basket! , ¡Cai!… Un ambiente que a todos los que les gusta el baloncesto y no han estado en una Copa del Rey les recomiendo que, si pueden, lo vivan ‘in situ’ porque merece la pena. Ese ambientazo me reafirmó varias cosas: Si te gusta el  BA-LON- CES-TO y eres de tu equipo, lo animas pero si pierdes no pasa nada, DEPORTIVIDAD.

AficionGranca

 

La ACB  debería mirar por las personas que dejamos dinero por querer ver el espectáculo en directo. Sin el dinero del abono o el que gastamos ese día en la capital vasca la Copa del Rey sobreviviría con más dificultades. Esto lo digo porque no me parece bien que la final fuese a las siete de la tarde, porque como consecuencia nos fuimos antes de que empezase el partido (¿Cómo iba a estar luego la carretera de nieve…? Al día siguiente mis padres tenían que trabajar y yo ir al instituto). Mientras que si lo pones más pronto no hubiera sucedido ese problema. Podría entenderlo por el cansancio de los jugadores por haber jugado las semis el día anterior pero no. No porque durante ese fin de semana el BSR Valladolid, por ejemplo, disputó tres partidos en dos días en la edición de la Copa BSR que se jugó paralelamente en Bilbao (ganó FUNDOSA ONCE). No quiero decir que los jugadores catalanes y valencianos no tuviesen que descansar o el mérito que tienen los pucelanos que jugaron más que los de pie, simplemente, creo que los equipos tienen tiempo para jugar sin mucho cansancio porque las plantillas, además del tiempo entre los partidos, tienen ayuda para recuperarse en los tratamientos que les da su personal médico y de fisioterapia.

TVE compró los derechos de la Copa del Rey y también influyó en la hora de la final pero eso dejémoslo pasar porque lo más grave es que pareció que no les interesaba lo que estaban ofreciendo al espectador. El día antes de marcharme a Vitoria me quedé a ver el TD1 para comprobar qué decían del torneo. No me llevé una decepción porque ya lo suponía, sin embargo, me picó la curiosidad de cuánto me iba a lamentar esta vez por el tratamiento al baloncesto que le otorga la televisión pública. Fueron dos minutos de los cuales la mitad se la dedicaron a la lesión que sufrió Pau Gasol en el encuentro de la madrugada pasada ante los Nets. Es lógico que comenten lo del pívot de Sant Boi, que no lo quiten, pero, a su vez, amplíen más la información del evento que les va a ocupar los siguientes cuatro días. Tampoco hubo previas antes de los encuentros y el lunes de la siguiente semana fueron las tres mejores jugadas de la final. Los medios deportivos en España son fútbol pero, por eso, no hay que dejar de denunciar lo que es injusto.

El colofón a algo que espero no olvidar nunca, obviando lo de los asientos y el tener que volver antes, hubiese sido que la Copa ACB y la de BSR hubiesen coincidido aunque lamentablemente para eso tendría que haber acuerdos entre la ACB y la FEDDF, algo que no parece que se vaya a producir. Pero sería muy importante para captar aficionados al basket de la silla e intentar que se promocionase más en los medios.

En algo más de un mes tengo una competición muy cerca del Buesa Arena entonces mi retrospección volverá al 7 de febrero de 2013. Gracias al CAI por permitirme vivir algo maravilloso pero sobre todo gracias a los de siempre… MIS PADRES.

¡Nunca me he ido! Las obligaciones son lo que son… Hasta la próxima.

Artículo de Alejandro Jordán




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