Archive for the 'El baloncesto de Kosovo' Category

19
Nov
11

Kaosovo


Problemas de infraestructura. Esta escueta nota anunciaba la razón del aplazamiento del partido entre el Kosova y el Trepça. Era la tercera jornada de la Superliga, la siguiente a que se certificase la desaparición del KK Bambi y el ascenso por decreto multiétnico del Futura. El abstracto mensaje escondía una realidad vergonzosa, un asunto de media hora en cualquier pabellón medio en España y que en Kosovo describe perfectamente el caos que dribla día a día su baloncesto. Los ‘problemas de infraestructura’ del pabellón de Vushtrri, cuna del héroe nacional Hasan Prishtina y de la academia de la policía multiétnica, no eran otros que un tablero roto que no se había podido reemplazar a tiempo para jugar el derbi de la región de Mitrovica. No había otro. Los fallos logísticos son contagiosos. Esa misma fecha, tuvo que retrasarse otro duelo por el alargamiento imprevisto de unas obras de rehabilitación en el Pabellón de la Juventud de Pristina. En la séptima jornada, solo dos equipos de ocho han disputado todos sus encuentros.

El tablero hecho añicos en el pabellón del Kosova

El pasado 1 de noviembre se cerraba el plazo que tenían los clubs para presentar en la sede de la Federación de Baloncesto de Kosovo (FBK) todos los contratos de sus técnicos y jugadores, algunos extranjeros. Ningún papel llegó a las oficinas ante la alarma de directivos y prensa. Pero esa era casi una noticia menor para las jaquecas de los dirigentes de la FBK esa semana. En la jornada del domingo, el árbitro Jalal Mu’minin fue agredido por un aficionado mientras se disputaba el tercer cuarto del encuentro entre el Peje y el Trepça (54-58), líder invicto de la Superliga. La asociación dictaminó la victoria por 0-20 para el Trepça de Mitrovica, dos partidos de clausura del pabellón Karagaq del Peje y, ante la amenaza de huelga del colectivo arbitral, una sanción ejemplarizante de tres años de inhabilitación al jugador local e ‘internacional’ con Kosovo Valdet Grapc por considerarle culpable de iniciar los incidentes al intentar golpear al colegiado. Grapc, de 37 años, anunció su retirada tras conocerse la pena. “Hubiera preferido terminar mi carrera de forma más placentera. Pero el comportamiento de la Federación es desalentador. Trata mejor a los árbitros que a los deportistas y no se da cuenta que sin nosotros no habría deporte, pero sin un árbitro, sí”, declaró el pívot del Peje al diario Gazeta Express.

Trifulca del encuentro Peje-Trepça / KOHAnet

Este esperpéntico resumen de prensa pone en lugar el lío por el que se atasca el baloncesto profesional de Kosovo. La lucha por regular una liga que sea un reflejo de apertura internacional es noqueada por la precariedad de apoyos, la debilidad económica, el desorden federativo, la anarquía de los clubs, la violencia latente en las canchas, la falta de amparo de la FIBA y la débil legislación deportiva de un estado que gatea en el limbo legal. La enredadera de sobresaltos no se cansa de crecer y la punta de sus espinas no perdona a nadie. Uno u otro club son salpicados por este tipo de noticias desagradables. No se salvan ni los símbolos. Incluso ellos, los poderosos, los campeones, son el paradigma del bochorno. O cómo calificarían una historia en la que se mezclan varios juicios, luchas de poder, mentiras, amaños federativos, políticos mirando a otro lado, luchas intestinas, amenazas gubernamentales, papeletas falsificaciones, rectificaciones obligadas, periodistas fisgones, un ministro salvador… Y no, no es un guión de Valle Inclán para una serie de la HBO. Agárrense, que vienen curvas.

Como reza su escudo, el KB BC Pristhina fue fundado en 1970. Este verano desapareció. Hoy es el segundo clasificado de la Superliga, sólo ha perdido un partido y acaba de recuperar de su éxodo turco a una de las estrellas del baloncesto kosovar, Yll Kaçaniku. En medio, una sucesión de acontecimientos bíblicos: resucitó por imperativo ministerial tras un dudoso espectáculo propio de Caín y Abel que acabó con una decisión salomónica. Apellidado Sigal, en las temporadas el club ha dominado la nueva competición kosovar con la consecución de ocho títulos de Liga y seis de Copa, incluido el reciente doblete. Es el absoluto dominador del básket kosovar desde el final de la guerra (1999) y había sido galardonado como el mejor club de la república en la primera década del Siglo XXI. Su éxito se fundamenta en la presencia de las mejores estrellas locales, fichajes extranjeros, principalmente americanos o africanos, y entrenadores reconocidos en la zona, como el actual, el seleccionador nacional, Arben Krasniqi. Este esfuerzo financiero por proyectarse pese al ‘embargo’ de la FIBA como un club internacional le hizo mantener relaciones y jugar amistosos con equipos de Croacia, Montenegro, Macedonia o Turquía como Zadar, Rijeka, Budućnost o Efes Pilsen, pero también fue su tumba deficitaria. Porque el pasado 5 de junio, cuando su capitán  elevó su sexta liga consecutiva en una campaña cuasiperfecta –dos derrotas en 33 partidos con un 5-0 en playoff–, el presidente, Artan Rugova, sabía que seguramente la racha cesaba en ese minuto.

Artan tenía un plan y lo ejecutó el 10 de septiembre. Esa tarde, en la clandestinidad, sin hacerse pública, supuestamente los 37 consejeros del club decidieron en asamblea la disolución de la sociedad por la imposibilidad de hacer frente a las deudas de casi 300.000 euros que sostenían con algunos jugadores y técnicos. La cifra se había engordado desde 2005 y tenía al club hundido en un mar de pleitos, la imposibilidad de encontrar un fuerte patrocinador y con varias cuentas bancarias embargadas por orden judicial. Nada de leyes concursales. La maniobra de rescate era simple: liquidada la sociedad, liquidada la deuda. La picaresca crecía cuando cinco días después (15 de septiembre) nacía un nuevo club bajo las siglas AC Prishtina y fundado por los mismos miembros que habían ‘enterrado’ a su hermano mayor y que mantendría la misma plantilla deportiva y de empleados. El bautismo fue consagrado por la Federación, de la que Artan Rugova es vicepresidente, que comunicó el 20 de ese mes que la prematura sociedad sería inscrita en la Superliga para ocupar la plaza de su antecesor “por el bien del baloncesto”, rezaba un comunicado. El gobierno local aceptaba tácitamente el cambio para no perder al baloncesto en el Pabellón de la Juventud (3.000 espectadores) de la capital y este pacto se sellaba al recibir la guardia y custodia de los trofeos conquistados por el entonces extinto equipo. El regate se apoyaba con el apoyo social facilitado por las manifestaciones de adhesión de los ‘Plisat’, el grupo más bullicioso de seguidores del Sigal, en palabras de su líder, Sami Lidi.

Artan Rugova (d) en la rueda de prensa de presentación del Prishtine AC // Ridvan Slivova

Las intuidas irregularidades del llamativo plan de viabilidad eran expuestas ante la opinión pública cuando uno de los asambleistas reconocía en un periódico local que tanto su declaración como su firma en el acta de defunción del Sigal habían sido falsificadas, dado que el día que se celebró la reunión de disolución él estaba en Berlín. No era el único y varios ‘disidentes’ levantaron la mano y la voz en contra de la estrategia de Artan Rugova y la mayoría de sus compañeros, agrupándose en un bloque que pretendía mantener la continuidad del KB Prishtina. El escándolo engordó cuando se descubrió que oficialmente el nuevo club no había sido creado hasta el día 29 de septiembre, por lo que la atropellada decisión de la FBK de añadirlo a la Superliga nueve días antes quedaba bajo sospecha. Y estalló definitivamente por los aires cuando un ‘pez gordo’ puso sus ojos sobre las sospechosas formas de actuar. El mismísimo Ministro de Cultura, Juventud y Deportes y antes rapero del grupo Ritmi i Rruges, Memli Krasniqi, puso cartas en el asunto e instó a la Federación a rectificar sus actos, en un claro síntoma de la importancia de la decisión en la vida deportiva del país. No lo dijo en verso, pero sí clarito. “Estoy preocupado con los recientes acontecimientos que están rodeando al baloncesto en Kosovo. Viendo las últimas propuestas de la Federación de Baloncesto de Kosovo, he instado al Departamento de Deportes a investigar y redactar un informe sobre la legalidad de estas decisiones y, cuando lo tenga en mi poder, tomar las medidas necesarias en base a las leyes y los reglamentos”, manifestó Memli Krasniqi, bajo la amenaza de disolver la FBK.

La intervención estatal tiene siempre rápidas consecuencias cuando la vergüenza entinta los papeles. No es menos en Kosovo. El 6 de octubre, la Federación anuló la decisión de incluir al nuevo club en sus competiciones y abrió una investigación para conocer realmente quiénes formaron parte de la oscura asamblea del 10 de septiembre. Este proceso retrasa en una semana el comienzo de la Liga (del 8 al 15 de ese mes) y, posteriomente, el comité federativo decreta que se celebre una nueva reunión de socios el 13 de octubre bajo su supervisión para resolver el problema. La mano gubernamental no quedó en una palmadita reprobatoria y otro dueño de cartera del gabinete del Primer Ministro y líder del PDK, Hashim Thaçi, entró en la pista. No era un desconocido. El Ministro de Agricultura, Blerand Stavileci, y antiguo jugador del club, salió a la palestra poniéndose como líder a la cabeza del ‘grupo continuista’.

Como si de una obra de Eugene Ionesco se tratara, el mayor de los absurdos quedaba recluido para el final. El apoteosis. En este caótico contexto, el 13 de octubre, como había definido la Federación, se escenificó la bipolaridad del proyecto. No una, sino dos, fueron las Asambleas convocadas y celebradas ese día. El club tenía dos cabezas, una que se quería deborar y otra que quería impedirlo. Y ambas estaban amparadas por la legalidad. Según los estatutos. La primera, la funeraria, había sido propuesta por las 2/3 partes de la Asamblea y en ella, con 34 asistentes, se reiteró la acción de finiquitar el club. La otra, la salvadora, estaba convocada por el Consejo de Supervisión y a ella asistieron 24 compromisarios, que decidieron otorgar oficialmente la presidencia al ministro agrícola, Blerand Stavileci. Vigilantes de la Federación, del Departamento estatal de Deportes y del gobierno local, que vistos los acontecimientos habían retrocedido a terreno neutral, observaron ambos cónclaves celebrados con una hora de diferencia en lugares distintos: el Pabellón de la Juventud y el auditorio de la Facultad de Ciencias del Deporte. “Hay hechos que deben ser señalados, como la forma en la que se intentó poner fin al club. Es una violación a la legalidad y a los estatutos. Hay que ahondar en el tema de las falsificaciones. Invito a la justicia a entrar en estos casos porque son un mal ejemplo para nuestro modelo de deporte”, espetó Stavileci.

Hashim Thaçi, Primer Ministro de Kosovo, con Blerand Stavileci (i), Ministro de Agricultura

No fueron los únicos efectos colaterales de la ‘orden ministerial’. Los primeros que se unen a la pancarta son los acreedores del club. El agente norteamericano de Veritas Venture Group, Kevin Paul, puso el grito en el cielo en pleno juzgado de Pristina al encontrarse que ya no existe el club que adeuda varios miles de euros a su representado, el jugador Keena Young. “Sigo sin saber a quién pedirle esas deudas. Acabo de salir de los tribunales. Es increíble que se haya zanjado el club y los mismos dirigentes hayan creado uno nuevo y se les haya subido de forma inmediata a la élite. Esto crea un mal ejemplo para otros equipos que tengan deudas. Esto daña la imagen del baloncesto de Kosovo”, afirmaba el agente en una entrevista al periódico Koha. A estas declaraciones se unen el entrenador Ismet Rexhepit y los jugadores albanokosovares Florian Miftarit y Edis Kurajës, cuya deuda conjunta asciende a 75.000 euros, que plantean demandar a los socios del renombrado club de Pristina por señalar que habían llegado a un acuerdo para condonar esta cantidad, algo que ellos niegan. “Me comprometo a negociar la deuda, pero no con falsificadores ni impostores. Llegaré a un acuerdo, pero solo con los miembros legítimos de este club encabezado por Blerand Stavileci”, expresó Edis Kurajës.

Las grietas al ‘Plan Rugova’ alcanzaron la zona más sensible: la grada. Los fans del KB Prishtina se desmarcaron de las declaraciones de su líder y la peña Plisat mandó una carta en común en la daban su apoyo incondicional al Consejo de Supervisión. Similares fueron las palabras del entrenador, que desvinculó al ‘ala deportiva’ de cualquier proyecto y se puso a las órdenes de las personas que tomaran definitivamente las riendas de la sociedad. Los bloqueos de la jugaba no eran tan solventes como pensaba Artan Rugova, que se vio forzado a llegar a un acuerdo después de que la Federación aceptase como válida la decisión de mantener al KB Prishtina con vida. “Los Plisat somos del KB Pristina y su gloriosa historia”, se leía en el comunicado.

El esperpento sólo se ha aplazado. Las urgencias ante el inminente inicio de la Superliga promovieron un ultimátum en forma de reunión conjunta de la que ambas partes ‘acordaron’ una decisión salomónica y temporal. El campeón de Pristina seguiría con vida y sería dirigido esta temporada por una junta provisional de ocho miembros, siendo el noveno, aunque sin voto, el presidente Blerand Stavileci. Las decisiones se tomarían con el voto afirmativo de dos tercios. El secesionista Artan Rugova ostentaría el cargo de director general hasta el final de la temporada en la que se tomaría una decisión definitiva sobre el futuro del ‘mejor equipo de la década de Kaosovo’. O son dos.

08
Nov
11

La muerte de Bambi


Los puentes no siempre unen. Algunos separan. Son símbolos de ruptura. Quien cruza el río Ibar en Mitrovica sabe el significado exacto de esta contradicción. En cada orilla las mismas aguas desgastan hemisferios antagónicos, enfrentados. El Norte es serbio, eslavo y ortodoxo. El Sur es albanés y musulmán. Un cuartel de Gendarmes es la señal de que pasamos por un punto del horno aún caliente de los Balcanes. La policía francesa vigila una frontera invisible de odio en una ciudad dividida que sintetiza el conflicto étnico que agita Kosovo y que explota justo en este cruce cada vez que una chispa brota en la región. El estallido de la llamada Guerra de Kosovo y la intervención de la OTAN (1999) agrandó esta diferencia con una tumba de unas 12.000 personas y un millón de desplazados por la represión étnica o por las bombas caidas sobre Belgrado. La mayoría de los serbios que se resistieron a no abandonar ‘sus’ provincias cruzaron el Ibar (menos de 100.000, un 5% población de Kosovo y solo una cuarta parte de los que había antes del conflicto armado) y se instalaron en las casas abandonadas por sus ‘vecinos’ albaneses en su huída de los paramilitares de Slobodan Milosevic. Las tres comarcas, unas treinta localidades que distan desde este afluente del Gran Morava hasta el borde, es su territorio (98% serbios), aunque el 17 de febrero de 2008 el dominio albanés autoproclamase su independencia bajo la protección de la OTAN y pese al veto ruso en la ONU y parte de la UE, incluída España.

Hace un mes volvieron a levantarse las barricadas en el puente de Mitrovica. Los serbios reaccionaban ante la decisión ejecutada en julio por el Gobierno de Pristina de imponer un bloqueo comercial en respuesta a la prohibición de importaciones decretado desde Belgrado. Los primeros enfrentamientos se recrudecieron con el asesinato de un policía kosovar el 26 de julio. Los líderes de la población local se interponen a que las fuerzas de la OTAN (KFOR) y la misión policial de la UE (EULEX) alcancen el control de las aduanas para un gobierno, el de la República de Kosovo, que no reconocen como propio. Las investigaciones señalan la gestión de los disturbios a jefes del contrabando que reina en una zona denunciada por ser paso frecuente de tráfico de armas, drogas y objetos robados como petróleo, coches de lujo… Este tráfico hace que Mitrovica ya no sea conocida por ser un enclave minero e industrial orgullo de Tito, sino, como la llaman algunos, por ser la ‘pequeña Colombia’ de los Balcanes. Entre las sombras de esta nueva hoguera se sitúan cara a cara los ideales nacionalistas de Belgrado y el estudio de la entrada de Serbia en la Unión Europea bajo la obligación de que normalice sus relaciones con el gobierno de Kosovo.

Barricada de serbios del norte de Kosovo en el actual conflicto de las aduanas

Esta tensión ha terminado por derrumbar otro frágil puente que se elevaba sobre el Ibar, uno que pretendía ser la antítesis de ese hecho con escombros de batallas y agrietado por el goteo de sangre. Era una pasarela de voluntades por la que sólo rodaba una pelota de baloncesto, libre de intolerancias y dispuesta a romper las redes de la segregación, reflejando la paz en un rectángulo entre dos aros. El KK Bambi de Mitrovica, el único equipo serbio que participaba en la Superliga de baloncesto kosovar, decidió retirarse de la competición a principio de octubre. La crisis económica, la falta de apoyos dentro de su comunidad y de estamentos kosovares y los crecientes problemas de seguridad suponen una riada irrefrenable que se lleva por delante a uno de los proyectos más visibles que han intentado sofocar ese rencor que rasga Kosovo.

Los pilares han resisitido ocho años en pie. Pocos lo hubieran dicho. Miomir Dasic (Dashiq en albanés) fundó el Bambi en 2003 en el norte de Mitrovica como una escuela de baloncesto a la que llamó como el cervatillo de la Disney. Miomir no había destacado como jugador, nunca jugó contra sus grandes ídolos yugoslavos, pero intentó que su amor por el baloncesto sirviera para unir bajo un mismo tablero a chicos de diferentes origenes étnicos. En un principio los equipos compitieron con licencia serbia en las competiciones eslavas, por lo que no se despertó ninguna reticencia por parte de los aficionados nacionalistas, cuyo orgullo es el equipo de fútbol del Partizan de Mitrovica y el tenista Novak Djokovic, cuyo padre, como Dasic, nació en la vecina Zvecan y ha apoyado económicamente a la iglesia ortodoxa de la zona.

Todo cambió en 2006. Dasic acordó con la Federación de Baloncesto de Kosovo (FBK) entrar a formar parte de la SuperLeague, la primera de las dos divisiones del baloncesto de la nueva República. El ejemplo de multietnicidad que podía dar la inclusión de un club del norte de Mitrovica llevó a la FBK a apoyar económicamente al KK Bambi y auparlo por decreto a la máxima categoría ante el aplauso de las autoridades que veían en esta medida una forma de reivindicar sus avances hacia la paz ante el orden internacional. “La participación de un equipo serbio en Kosovo es única. El deporte puede servir como medio neutral para unir a las comunidades”, exponía para AFP en 2006 Marc-Andre Buchwalder, entonces asesor de Deportes de la ONU en Kosovo.

Plantilla del KK Bambi con Miomir Dasic

Las repercusiones no tardaron en tomar forma violenta. Dasic, presidente y entrenador del equipo, tuvo que pagar su peaje dentro de las enrocadas aduanas étnicas de su comunidad. Un alto peaje. Muchos padres retiraron a sus hijos de la escuela por miedo a recibir las represalias que sufrió en persona el ‘patriarca’ del Bambi. Quizá eso fue lo de menos. Traídor. Esa palabra le perseguía. “Un oficial serbio ha arengado públicamente por mi linchamiento”, denunciaba Dasic en esos días. Contínuas amenazas de muerte, pintadas y la rotura de ventanas en su casa y en su negocio familiar de juguetes, que dejó de tener pedidos, cesado de su trabajo municipal…. múltiples intimidaciones violentas que alcanzaron su máxima violencia cuando explotó una bomba en su vehículo. Algunos de sus vecinos más radicales le denunciaban por venderse al ‘enemigo’ sólo por un puñado de euros (el dinar sigue siendo la moneda oficial del norte de Mitrovica) y por ser un títere de las intenciones kosovares, dado que Miomir Dasic obstentaba además el cargo de vicepresidente en la FBK reservado a las minorías. “La mayoría de los serbios aceptan lo que he hecho, pero en silencio. Me muestran su apoyo y me dicen que hago bien, pero en privado. No quieren que les vean hablando conmigo”, declaraba Dasic en un reportaje a un medio francés. “Dasic es una excepción, que está dispuesto por motivos personales y materiales a poner en peligro el futuro y los intereses de la región en la que vive”, reclamó Nebojsa Jovic, destacado dirigente de los serbios en Mitrovica, a Reuters.

El ejemplo del Bambi llevó a que Miomir Dasic fuera visto como un portavoz de los serbios que estaban abiertos a integrarse en Kosovo en contra del ‘ultranacionalismo’ que conjuga el discurso de la mayoria de su comunidad. De esta forma, el entrenador fue parte de los 40 integrantes que participaron en abril del 2006 en un debate televisivo que unió por primera vez a ciudadanos de las dos Mitrovicas en el cuartel de la ONU cerca del puente de la división y que fue emitido en Serbia y en todo Kosovo. “Quiero aclarar que yo no vengo aquí a representar a la comunidad serbia ni a la posición serbia, solo vengo a representarme a mi mismo y a mi equipo de baloncesto”, aclaró Dasic nada más tener la palabra.

No sólo le daban la espalda sus vecinos, tampoco había patrocinadores ni subvenciones que sorportasen los gastos que conlleva una infraestructura profesional. Dasic se vio forzado a completar el equipo con jugadores que procedían del interior de Serbia con un salario mínimo de 300 euros, cantidad irrisoria ante ofertas del extranjero, como es el caso de Milos Martinovic, exalero del Bambi que el año pasado compitió en la Liga EBA con el CB Ferrol. Tampoco podía jugar como local en la zona norte de Mitrovica por la negativa de los organismos locales y tuvo que albergarse en el pabellón Sportska Dvorana Minatori, feudo del Trepca, el club de la Mitrovica albanesa. En el primer partido que jugó allí el Bambi, sólo un aficionado se atrevió a ocupar la grada ante la atención de centenares de policias franceses que rastrearon el pabellón por temor a la colocación de explosivos.

Recibimiento al Bambi de la afición albano-kosovar en un partido de la Superleague

Las altas medidas de seguridad fueron reduciéndose poco a poco, aunque las amenazas persistían desde ambas orillas del Ibar. El equipo del norte de Mitrovica lucía los colores de serbia (rojo, blanco y azul) en su equipación y para grupos de radicales albano-kosovares seguían viendo en ellos un símbolo de la opresión serbia o una excusa para enfrentarse con los policías que circundaban la pista en cada partido del Bambi. El último incidente se produjo el pasado mes de abril, cuando aficionados del Sigma Pristina y miembros de la seguridad nacional se enfrentaron al concluir el partido. El altercado, que fue expuesto por parte de la opinión pública como un ejemplo de brutalidad policial, terminó con varios hinchas heridos y la quema de un coche de policia entre otros daños materiales. “Vamos a esperar el informe de la policía. Si algún policía ha actuado de forma impulsiva, tomaremos medidas. Por otro lado, los aficionados tienen que tener unos límites y no pueden caer en el vandalismo ni dañar la propiedad”, declaró sobre el tumulto Bajram Rexhepi, Ministro del Interior de Kosovo.

La precariedad económica había provocado varios amagos de retirada de la competición (en dos ocasiones no completó todo el calendario y fue advertido por varios cambios de horarios), pero aún así el Bambi fue poco a poco completando una plantilla competitiva para llegar a luchar con adversarios con más medios como el Sigma Pristina o el Peje. La temporada pasada, tras acabar en segundo lugar la fase regular con un registro de 23 victorias y 5 derrotas, el Bambi logró su mejor clasificación al acceder a las semifinales de la Liga y de la Copa. Fue el canto del cisne. “No vamos a jugar en la nueva edición, es definitivo, ya que nadie de la Federación se preocupa por nosotros. No sólo ellos, pero no hay otras instituciones que pueden atender a Bambi. Entiendo que la Federación no puede hacerlo todo, pero en cooperación con el Ministerio de Deportes y el Primer Ministro puede encontrar los medios para ayudarnos”, declaró en un comunicado el Bambi a principios de octubre. Mientras, el secretario de la Federación de Kosovo, Nazmi Paçarada, mentaba como causa el problema de seguridad con el conflicto generado en los puntos fronterizos: “El problema es la seguridad laboral para los jugadores de Bambi que viven en Kosovo. Si la edición se inicia este fin de semana, y el Bambi no puede jugar en las dos primeras jornadas, tomaremos una decisión”. Tras no presentarse a los partidos frente a la Universidad de Kolegji (15 de octubre) y al Kosova, el segundo equipo albanés de la zona de Mitrovica (18 de octubre), la retirada del Bambi era un hecho sin vuelta atrás.

La Federación se guardaba un as en la manga. A la desaparición del ‘amigo serbio’ le siguió de forma inmediata la decisión de invitar para completar su vacante al Futura de Pristina, un club recién formado por la comunidad montenegrina en Kosovo, muy inferior en número a la serbia y que sí reconoce la independencia del nuevo estado, para mantener el porcentaje de ‘multietnicidad’ de la SuperLeague y bajo la promesa de potenciar su estructura y contratar a entrenadores y jugadores del nivel exigido. La propuesta no fue bien recibida por algunos de los responsables de otros equipos, que lamentaban la falta de rigor deportivo en los ascensos. Bekir Berisha, presidente del Ylli de Theranda, protestó en los medios ante el ascenso por decreto de un club que posiblemente no tendría la estructura necesaria para competir en el máxima categoría y amenazó con retirar a su plantilla de la competición en la A1. “No existe ningún precedente en Europa, ni en el mundo, por el que un equipo que no ha jugado ni un partido en una competición sea ascendido a la Primera División. Esto solo pasa en Kosovo”. En la réplica, Slobodan Vujiçiq, presidente del nuevo conjunto kosovo-montenegrino, se levantó ante estas insinuaciones, aunque a la vez pedía lo que el Bambi reclamó para no abandonar la competición, apoyo económico: “Estamos listos para ayudar al baloncesto de Kosovo, pero en primer lugar, nuestro club debe ser ayudado en la medida que se merece, ni más ni menos. Somos un club nuevo, pero bien organizado. Pero somos un club de jóvenes que necesita ayuda ahora más que nunca, como repetidamente ha ocurrido con el Bambi”, afirmó al periódico Koha. De los tres partidos que ha disputado, el Futura ha perdido los tres y es último junto al Kosova. Este jueves se enfrenta al Bashkimi.

Miomir Dasic

La ausencia del KK Bambi daña la lucha por la complicada integración étnica en Kosovo, apertura en la que el baloncesto quiere ser la punta de lanza en un país dividido por tantas heridas abiertas. El ejemplo del ‘cervatillo’ del Norte de Mitrovica no debe caer con el olvido pese a su desaparición. No lo hubiera querido Miomir Dasic. El ‘patriarca’ falleció cuando contaba con 54 años en octubre del 2010 dejando la presidencia a su hijo Igor.  Su cuerpo descansa en una tumba del cementerio de Zvecan. Su legado no se esfumará junto a su club y debe alcanzar a todos aquellos que amamos el baloncesto como un ejemplo de que nuestro deporte puede tender puentes sobre cualquier adversidad, como perfectamente señalan estas palabras de Miomir Dasic. “Lo importante es la convivencia, educar a los jóvenes acerca de la tolerancia a través de los valores del deporte”.




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