Archive for the 'Desde la media distancia' Category

09
Jul
17

Un armario en el vestuario


Hace dos fines de semana se celebró en Madrid el World Pride 2017. Más de dos millones de personas visitaron durante esos días la capital española para consagrar la fiesta de la diversidad y tolerancia sexual. La multicolor manifestación del sábado fue el epicentro de una amplio número de actividades donde lo festivo se mezclaba con la reivindicación de la visualización y de los derechos del colectivo LGTBI. Las jornadas impulsaron la marca de Madrid y España como una de los destinos ‘gay friendly’ más atractivos del planeta, con la dimensión comercial y política que ello conlleva.

El deporte tuvo cabida en el World Pride. La carrera por la Diversidad reunió a más de 2.000 atletas con la idea de perdurar en el futuro. De forma paralela se desarrollaron torneos en distintas modalidades como el fútbol, golf, pádel o rugby y una competición más amplia denominada los Juegos del Orgullo. Con la periodista Paloma del Río como embajadora, esta ‘Olimpiada LGTBI’ tenía como objetivo visualizar a esta comunidad y denunciar la homofobia y los actos violentos que sufre. En el calendario de los novenos Juegos había un torneo de baloncesto en el pabellón Daoiz y Velarde, que acogió a ocho equipos, algunos procedentes de distintos países europeos. El club GMadrid Sports era el organizador de este evento y anfitrión con sus equipos. La formación de esta entidad que juega al básket fue creada en 2002 y compite en los Juegos Municipales de Madrid, una liga local donde nos negamos a la retirada muchos veteranos. Esta temporada han sido campeones en su distrito, Retiro. Cada martes entreno en una cancha aledaña a la que lo hace este grupo y la semana del ‘Orgullo’ tuvieron un amistoso con un equipo parisino que había venido a disfrutar de los Juegos y de “la fiesta”.

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Cuando Jason Collins decidió declararse públicamente gay en 2014 impulsó un debate sobre la homofobia en el deporte profesional. Su valiente decisión fue aplaudida por buena parte de la sociedad americana, recibiendo el apoyo expreso del propio presidente Barack Obama. Las reacciones dentro de la NBA fueron muy diferentes a las que recibió el inglés John Amaechi cuando, ya retirado, anunció su condición sexual en un libro en 2007. El veterano Collins, que se mantenía activo cuando ‘salió del armario’, colgaba definitivamente las botas pocos meses después de esa famosa portada de Sports Illustrated. En España ningún jugador se ha declarado abiertamente gay, tampoco en el ámbito femenino, donde la homosexualidad es una realidad más latente pero igualmente oculta ante la opinión pública.

Los ejemplos de visibilidad del colectivo LGTBI en el mundo del deporte profesional son aún escasos y reflejan una realidad de nuestra sociedad: la exclusión del ‘diferente’. La visión del deportista como icono de masculinidad (hetero) no ayuda a la eliminación de prejuicios en este ámbito, donde manifestarse sin tapujos puede provocar el rechazo por parte de tus compañeros, la salida del club o hasta la pérdida de patrocinadores. Estos códigos trogloditas siguen aún activos y se manejan como ‘lo normal’ dentro de los vestuarios, de ahí la importancia de que declaraciones como la de Jason Collins rompan con la hipocresía dominante y provoquen un debate de apertura en la existencia de la diversidad y ruptura de estereotipos.

Más allá del enfoque profesional, existe otro plano más mundano, el del deporte, llamémosle, ‘de la gente de la calle’. En España un 7% de la población se declara abiertamente gay. Este dato no corresponde con lo que percibimos a nuestro alrededor aquellos que vivimos cerca del deporte. ¿Los gays y lesbianas no hacen deporte o siguen escondidos en los armarios del vestuario? Obviamente el deporte masculino no es históricamente un campo propicio para la tolerancia sexual. Con un lenguaje donde se exalta la hombría más viril, quizá no es el mejor contexto donde manejarse escuchando algunos lemas y comentarios homófobos. El miedo al rechazo, a la exclusión con la que tienen que malvivir los y las homosexuales, se afianza en un mundo donde se cierran las puertas por falsos mitos agarrados a la incomprensión de la sociedad. Siendo un apartado de la vida privada, declarar tus gustos sexuales no debería ser una condición obligada para practicar un deporte o formar parte de un equipo, pero tampoco este hecho debería ser ocultado si no se quiere y menos que alguien se sienta mal por ser quien es.

A la espera de que algún o alguna jugador de baloncesto español se atreva a dar el paso de declararse abiertamente homosexual, cada una de las personas que practicamos baloncesto (u otro deporte de equipo) deberíamos ser conscientes de esta realidad social y actuar para que nadie se sienta excluido o intimidado dentro de un equipo, denunciar actos y lenguaje homófobos dentro y fuera de nuestro grupo y potenciar la virtud del deporte como un espacio de integración y libertad. Los que somos entrenadores de formación necesitaríamos tener más claridad en los métodos para acometer este tema e influir en esta exclusión, como comunicar y construir un vestuario tolerante. Ya no sólo individualmente, sino que federaciones, ligas, organismo arbitral… deberían posicionarse contundentemente ante la denuncia de la injusticia homófoba. Porque la solución a la exclusión está en nuestra mano.

 

 

 

 

 

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14
Nov
16

Willy, no dejes de tender tu mano


Bruno calza coletilla de torero y pelo remojado. Calcado al padre en tamaño reducido y con pinta de pícaro granujilla. La ilusión del primer partido rebosando en una sonrisa reluciente de benjamín. El árbitro pita ‘uno’ y todos van al banquillo. Repasan las normas. Cada uno defiende a un jugador del otro equipo, con la pelota vamos hacia el aro, sin la pelota nos movemos para estar solos para que nos la pasen… y las dos más importantes: en el banquillo se anima y en la cancha se ayuda al niño que se cae. “¿Y sí es del otro equipo?”, cuestiona Bruno. “Con más razón”, se afana a contestar su entrenador. Lección aprendida.

san_fermin_ayudaEn el CB San Fermín tenemos estos dos mandamientos sagrados. Es como nuestra firma. Hombre al suelo, mano para socorrerle. No es algo casual. Incluso tenemos ejercicios concretos para entrenar este ‘give me five’ de deportividad. Los peques lo entienden a la primera. Lo importante es la persona y no la canasta a la que renuncio, incluso aunque con ello se aprovechen para anotar. Y el mensaje se queda grabado desde ese primer partido hasta categorías superiores. Os aseguro que no falla. Uno de los mayores logros es ver que, tras varios aplausos sonoros como premio del banquillo y de la grada, los jugadores del otro equipo empiezan también a imitar un gesto que mola. Haber perdido varios partidos por ello ante rivales que se han querido ‘aprovechar’ de esta norma lo considero un verdadero orgullo, al igual que no son pocas las veces que padres, madres, entrenadores o árbitros se han acercado a nuestros educadores para agradecer esta exhibición de valores.

¿Es realmente tan importante enseñar a un niño a parar el juego cuando ve a un compañero caído en el suelo? No si se queda en un acto meramente estético o de márketing educativo. Es un símbolo como puede ser otro y que reconocemos en otros deportes: tirar la pelota fuera de banda cuando hay un lesionado en fútbol o muestras de auténtico compromiso por el compañerismo exhibidas en los últimos Juegos y premiadas por la organización. Pero como detrás de todas estas señales se esconde un mensaje de mayor calado, lo realmente importante: el resultado no es el fin último en la formación de nuestros pequeñajos.

Para mí hay otros componentes por los que me parece esencial en la educación de los menores. Hacerlo, al igual que animar, democratiza la función de todos los niños, los que aún no tienen habilidades para tener un protagonismo en la pista, como los que sí la tienen, pero no deben olvidar estos conceptos como primordiales. Ayudar al otro lo pueden y deben hacer todos desde el primer día y eso genera una sensación de utilidad, que no debe quedarse sólo en eso. Evidentemente estas enseñanzas no chocan con el ánimo de intentar ser mejores jugadores o desarrollar lo aprendido en un partido, que es la definición de ‘bien competir’. Pero sí puede ser adquirida en un futuro cuando nos encontremos con personas en dificultades. Me niego a pensar que mostrar empatía o solidaridad no pueda ser malo. Por ejemplo, interponerse ante una agresión sexista, unirse a una reclamación laboral, atender a un accidentado, auxiliar a una persona olvidada en la acera quizá sean extremos muy lejanos a los de un símbolo deportivo, pero a los que nos referimos para describir a nuestros héroes de la vida cotidiana.

La mano de Hernangómez

La semana pasada Willy Hernangómez fue recriminado por un compañero de los Knicks, Brandon Jennings, por pararse a ayudar a un rival caído. Cuando el pívot madrileño tendió la mano de buena voluntad para levantar a Hollis-Jefferson, su compañero le tiró del otro brazo para impedirlo. Sólo faltaban 32 segundos para la conclusión del encuentro ya decidido ante los Nets de Brooklyn.

Willy comentó ante la prensa el incidente en la zona mixta del Madison y se comprometió a no repetir este gesto. “‘Willy, esto es una guerra, así que no puedes ayudar a nadie del otro equipo en la pista. Después del partido puedes ir a cenar con tu amigo o lo que sea, pero durante el partido no puedes hacer nada con el rival’. He aprendido eso. Nunca ayudaré otra vez al contrario en la pista”, declaró Hernangómez al portal Newsday.com. La estrella de los Knicks, Carmelo Anthony, también ahondó en este sentido y dirigió sus palabras como una lección que el rookie español debe aprender para no fraguarse una imagen de blando en la NBA. “Simplemente Willy estaba siendo un español amistoso, lo que es, un big baby, y Brandon no quería eso, especialmente en ese momento en el que toca luchar”, dijo Anthony.

Un partido de baloncesto nunca puede ser una guerra que esté por encima de los mejores valores de humanidad. El ansia de ganar o ‘mal competir’ no puede conjugarse como antónimo de estos símbolos saludables socialmente y que trascienden por encima del mero deporte. Entiendo el mensaje en un lenguaje de chico malo, pero no justifica esa falta de comprensión, más cuando hablamos de jugadores profesionales que son idolatrados por muchos enanos en todo el mundo, capaces de imitar cada uno de sus movimientos, looks o tics. He ahí de la equivocación de negar el auxilio al jugador caído, pero peor que Willy, entendible dentro de los códigos que gobiernan la Liga y el vestuario más para un novato, decida renunciar a un valor tan saludable para no ser un bicho raro.

La buena educación no debe estar reñida con la competición y tampoco con la imagen de ‘ghetto’, de tío duro. Justamente todo lo contrario. Cuando te pegan esa etiqueta de marginal una forma de quitártela es mostrando el lado adverso de los prejuicios que contienen la mirada del otro. Y en ese sentido, esos ligeros gestos, querido Brandon Jennings, hacen mucho más de lo que piensan. Asi que, por favor, Willy, no dejes de tender tu mano nunca.

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25
Sep
16

El club de los 14


La Supercopa supuso el arranque oficial a la temporada en la Liga Endesa. Las novedades de las 17 plantillas acaparan la atención de un nuevo curso baloncestístico. La ausencia de ascensos y la renuncia del Gipuzkoa retrata la pálida realidad de una competición vitaminada por la fidelidad de las marcas patrocinadoras, pese a la reducción de los presupuestos de la mayoría de los clubes y la fuga paulatina de talentos desde que en la última década azuzó la crísis económica en el país. La salida de jugadores notables hacia la NBA ha sido compensada por otros nombres propios. Koponen, Randolph, Bargnani, Rice, Fogg, Hunter, Hendrix, Claver, Bryant… nuevas estrellas para un firmamento que no quiere languidecer dentro de la cancha.

La atención  curiosa no vira su mirada hacia los banquillos. Y allí se hallan también algunas de las exclusivas más notorias de esta edición. Quizá no seamos muy conscientes, pero la ACB no contará esta vez con clásicos como Aíto García Reneses, Xavi Pascual, Velimir Perasovic y Fotsis Katsikaris en su lista de entrenadores. Cuatro bajas notorias al ser integrantes del ‘círculo’ de técnicos que acaparan los banquillos ACB en la última decena de temporadas.

61 ‘coaches’ para 11 temporadas

61 técnicos han estado al frente de los proyectos inscritos en la Liga Endesa desde 2006, contando con los que ahora van a comenzar. Esta cifra, que no recoge la presencia fugaz de técnicos interinos, queda además supeditada al hecho de que 14 de ellos han acaparado estos puestos. Esta afirmación no quiere ser una crítica del autor, solo la muestra de una investigación y unas conclusiones.

La reducción de ascensos y de nuevas oportunidades, la precariedad salarial de la LEB como refugio, la salida al mercado internacional o la apuesta por valores ‘seguros’ ha provocado que en los últimos años no sean muchos los preparadores que se han logrado un trabajo estable en la ACB. Echando la mirada atrás se percibe que hay un ramillete de catorce entrenadores que siempre han estado ahí. Ellos son el club de los elegidos que se ha repartido la responsabilidad de llevar las riendas de los socios ACB: Salva Maldonado (presente en 11 temporadas), Txus Vidorreta (11), Pedro Martínez (11), Luis Casimiro (10), Joan Plaza (10), Aito García Reneses (9), Xavi Pascual (9), Pablo Laso (9), Fotsis Katsikaris (8), Sito Alonso (8), Jaume Ponsarnau (8), Montxo Fernández (7), Dusko Ivanovic (7) y Velimir Perasovic (7). Trece de ellos mandaron al inicio de la campaña 2015/16 (unicamente Ponsarnau no concluyó en Donosti) y en esta ocasión serán ‘sólo’ ocho los repetidores en la línea de salida (el mismo Ponsarnau actuará de ayudante de Pedro Martínez en Valencia).

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En este grupo sólo Dusko Ivanovic, que mandó en Vitoria y Barcelona entre el 2000 y el 2012, ha desligado su trayectoria de la devaluada competición española en busca de contratos más suculentos. Al ahora jefe del Khimki parecen seguirle los pasos Velimir Perasovic rumbo al Efes Pilsen de Estambul y Fotis Katsikaris con destino en el Lokomotiv Kuban. Mientras que en el resto, todos españoles, solo Joan Plaza probó en el Zalgiris Kaunas (2012/13) entre su traslado desde Sevilla a Málaga.

Son curiosos los casos de Salva Maldonado (Estudiantes), Txus Vidorreta (Tenerife) y Pedro Martínez (Valencia), presentes en las últimas diez temporadas de la Liga ACB, también en  la inminente. Ninguno de ellos las ha completado en su total extensión, dado que o fueron cortados a mitad de alguna campaña o sustituyeron a compañeros cesados. También fue llamativo el periplo de Luís Casimiro (solo una temporada en blanco) en la 2011/12, en la que abandonó el puesto en Valladolid para después recalar en el Unicaja. Dos equipos en un mismo año.

La estabilidad laboral no es el punto fuerte de la economía española. Los contratos temporales y la precariedad están a la orden del día. La longevidad en la misma oficina es algo poco probable también en la ACB, aunque últimamente hay excepciones. La mejor racha, tras la marcha de Xavi Pascual del Palau, la ostenta Pablo Laso. Entre Gipuzkoa y Madrid amasa ocho temporadas consecutivas en la Liga ACB. Le persiguen en este rango Pedro Martinez (7 entre Gran Canaria, Manresa y Valencia), Salva Maldonado (6 entre Fuenlabrada y Joventut) y Sito Alonso (5 entre Gipuzkoa y Bilbao). Meritoria es la situación de Montxo Fernández, hijo pródigo en Santiago. El gallego comenzará su sexta temporada en el Obradoiro, las mismas que lleva Laso en el Real Madrid, líderes en permanencia en el mismo bando.

La segunda oportunidad

Por detrás de los ‘elegidos’, en un segundo grupo quedan técnicos con trayectorias meritorias pero algo menos extensas y más intermitentes: Óscar Quintana (6 temporadas), Porfirio Fisac (6), Trifón Poch (6), Ricard Casas (5), Manolo Hussein (4), Curro Segura (4), Alejandro Martínez (4) y el tristemente fallecido José Luis Abós (4). De ellos sólo Oscar Quintana (UCAM Murcia) arrancará esta temporada en la Liga Endesa y Porfirio Fisac perseguirá el ascenso con Gipuzkoa en la LEB Oro.

Tomando estas referencias, la mayoría de estos 61 técnicos han tenido un paso fugaz por la Liga, ratificando la dificultad de asentarse en este grupo de sólidas realidades. Las segundas oportunidades llegan en algunas ocasiones, pero las terceras ya son poco probables, salvo que se preceda un bagaje anterior de mérito notable. En otros casos, desaparecer de la rueda de opciones por un par de temporadas obstaculiza la vuelta a los vestuarios de la Liga Endesa. Sin entrar en cada caso, con distintas connotaciones y sin querer comparar, hay entrenadores contrastados que llevan bastante tiempo sin probar un banquillo ACB: Moncho López (desde 2007), Gustavo Aranzana (desde 2008), Javier Imbroda (desde 2009), Edu Torres (desde 2010), Curro Segura (desde 2011), Manolo Hussein (desde 2011), Luis Güil (desde 2012), Paco Olmos (desde 2012) o Pepu Hernández (desde 2012). Excepciones hay y las constatan el regreso la temporada pasada, para suplir a compañeros destituidos, de Sergio Valdeolmillos a Estudiantes (ausente desde 2008) y de Andreu Casadevall en el CAI Zaragoza (por la LEB desde 2004).

Ante la rampa de salida se sitúan entrenadores que dan sus primeros pasos a estas alturas. El Joventut será el tercer equipo en tres años de Diego Ocampo, cuyo periplo como acompañante de Salva Maldonado, Joan Plaza o Aíto García Reneses le permitió optar a la alternativa en solitario. Otros ayudantes que toman el volante con sus propias manos son Ibon Navarro (segunda temporada en Manresa tras debutar con ‘su’ Baskonia), Jota Cuspinera (arranca en Fuenlabrada) y Carles Durán (al mando en Bilbao tras ser gregario en Joventut y Valencia).

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Pasar la reválida no es sencillo y la lista de técnicos que no consiguieron consolidarse es amplia. Casos como los de Mariano de Pablos (Estudiantes), Chus Mateo (Unicaja y Fuenlabrada), Roberto González (Valladolid), Rafa Pueyo (Bilbao), Alberto Angulo y Joaquín Ruiz Lorente (CAI), Borja Comenge y Pere Romero (Manresa) o Hugo López y Jesús Sala (Fuenlabrada) explican la dificultad de entrar en el círculo de elegidos, aunque obviamente están a tiempo por valía y conocimientos. Entre este ramillete sería injusto no añadir la carrera notable de Chus Mateo tanto como ayudante de Scariolo en Unicaja y la selección española como actualmente con Pablo Laso en el Real Madrid.

Entre abierta se ha quedado en este tramo una puerta que antes era una gran oportunidad para colarse entre la élite para nuevos preparadores. Me refiero a la Liga LEB. La bajada de salarios en este escalafón hasta límites insuficientes hace que las competiciones de Venezuela, Méjico, Argentina, Uruguay, Asia… sean una salida más nutritiva para entrenadores en el paro.

A la par, la casi nula consecución administrativa de los ascensos deportivos hace que haya entrenadores que pierdan su opción de seguir con sus equipos en la ACB. De los últimos en acceder por este resquicio fueron Sergio Valdeolmillos (Granada), Txus Vidorreta (Bilbao), Curro Segura (Menorca y CAI), el malogrado José Luis Abós (CAI Zaragoza), Jaume Ponsarnau (Manresa), Alejandro Martínez (Tenerife) y Joan Peñarroya (Andorra). Este último casi, con tres temporadas en la máxima categoría, da esperanzas a la terna de técnicos que pretenden que la LEB Oro sea su trampolín hacia el éxito.

Importación y exportación

¿Y que hay de las nacionalidades? Inmensa mayoría absoluta del producto de la tierra. Sólo 16 entrenadores extranjeros en esta última década: Svetislav Pesic, Fotis Katsikaris, Velimir Perasovic, Bozidar Maljkovic, Sergio Scariolo,  Dusko Ivanovic, Rubén Magnano, Neven Spahija, Ettore Messina, Emanuele Molin, Zan Tabak, Jasmin Repesa, Marcelo Nicola, Mario Crespi, Scott Roth y el debutante Georgios Bartzokas. Siete balcánicos, cuatro italianos, dos argentinos, dos griegos y un estadounidense. Y entre ellos cuatro exjugadores ACB (Nicola, Perasovic, Tabak e Ivanovic).

Contratar a un entrenador foráneo no asegura ni el triunfo ni el fracaso, aunque ha habido sonoros experimentos abortados. No completaron el año ni Rubén Magnano (Sevilla), Scott Roth (Sevilla), ni Mario Crespi (Baskonia), ni Marcelo Nicola (sustituyo a Quintana y no renovó en Murcia) ni Emanuelle Molin (sustituyó a Messina en el Madrid). Tampoco se pueden denominar de satisfactorias las experiencias de Ettore Messina en el Madrid o de Jasmin Repesa en Unicaja. Es decir, 7 de 16 (y Bartzokas)  han salido por la puerta de atrás.

¿Y que hay de las nacionalidades? Inmensa mayoría absoluta del producto de la tierra. Sólo 16 entrenadores extranjeros en esta última década: Svetislav Pesic, Fotis Katsikaris, Velimir Perasovic, Bozidar Maljkovic, Sergio Scariolo,  Dusko Ivanovic, Rubén Magnano, Neven Spahija, Ettore Messina, Emanuele Molin, Zan Tabak, Jasmin Repesa, Marcelo Nicola, Mario Crespi, Scott Roth y el debutante Georgios Bartzokas. Siete balcánicos, cuatro italianos, dos argentinos, dos griegos y un estadounidense. Y entre ellos cuatro exjugadores ACB (Nicola, Perasovic, Tabak e Ivanovic).

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Contratar a un entrenador foráneo no asegura ni el triunfo ni el fracaso, aunque ha habido sonoros experimentos abortados. No completaron el año ni Rubén Magnano (Sevilla), Scott Roth (Sevilla), ni Mario Crespi (Baskonia), ni Marcelo Nicola (sustituyo a Quintana y no renovó en Murcia) ni Emanuelle Molin (sustituyó a Messina en el Madrid). Tampoco se pueden denominar de satisfactorias las experiencias de Ettore Messina en el Madrid o de Jasmin Repesa en Unicaja. Es decir, 7 de 16 (y Bartzokas)  han salido por la puerta de atrás.

Como hemos apuntado anterioremente, la marca España dentro de planeta básket ha crecido al ritmo de los éxitos de la selección y de los atrevidos que han osado a traspasar las fronteras para seguir siendo profesionales. Este es el destino de muchos de los entrenadores que no han conseguido establecerse en el club de ‘fijos’ en la ACB. El ejemplo de Willy Fog del baloncesto se ha ido extendiendo en las últimas temporadas: Gustavo Aranzana (Venezuela y Marruecos), Alejandro Martínez (Méjico)  y Paco Olmos (Puerto Rico y Méjico), Luis Guil (Venezuela), Trifón Poch (Japón y Argentina), Curro Segura (Kuwait, Uruguay, China y Venezuela), Edu Torres (Méjico, China y Venezuela), Ricard Casas (Venezuela y Angola), Moncho López (Portugal) o Hugo López (Canadá y Angola)… La lista es tremenda.

Otras salidas laborales las ofrecen las federaciones nacionales. Seleccionador aparece en el casillero de ‘trabajo’ de entrenadores como Moncho López (Angola), Joaquín Ruiz Lorente (Panamá), Porfirio Fisac (Senegal) o Sergio Valdeolmillons (Méjico). Y también están aquellos que se han hecho un hueco en la formación como Manolo Hussein (formador de formadores en Gran Canaria) o Alfred Julbe (entrenador del junior del Barça).

Por el Curso Superior pasan cada verano un centenar de candidatos a la gloria. No todos asumen este nivel como una senda de acceso a la élite. Capacitarse para ser el mejor técnico posible es el reto global. Pero el ‘título’ parece indispensable para dirigir en una cantera de prestigio, alcanzar un campeonato de España o compatibilizar una vida paralela a entrenar en Liga EBA o Nacional. El embudo se va cerrando hacia el segundo piso (LEB o ayudante ACB) y se hace fino ante el último y escurridizo escalón donde residen, como hemos visto, unos pocos elegidos. La competencia y la preparación es cada vez más elevada, pero esta progresión no se acompaña de cauces para hacer de esta una profesión en la que asentar una existencia sin asumir unos riesgos y donde las oportunidades, visto lo visto, aparecen mínimas.

15
Sep
16

El mejor objetivo


Es uno de esos gestos en los que los técnicos somos más tiquismiquis. Nos podemos pasar horas y horas haciendo la corrección en la altura del codo, la extensión del brazo, la rotación de muñeca o la orientación de los pies. Diminutos cambios que van puliendo la ortodoxa mecánica de tiro que consideramos infalible. Hace unos meses le daban vueltas a esta reflexión en un corrillo de entrenadores del Joventut de Badalona. Querían mejorar el porcentaje de acierto de una de sus mejores promesas y llegaron a un giro radical de su planteamiento. Decidieron, tras mucho análisis y un punto de intuición, cambiarle la mano de tiro. De diestro pasaría a ser zurdo. Algo así como clavarse una pirueta con doble tirabuzón para caer dentro de un dedal. Una transformación severa pensando en un mañana y olvidándose de un hoy.

El riesgo presente puede ser la mejor decisión en el futuro. O la peor. Por ello se intenta minimizar el fallo de la predicción desde el factor experiencia. A toro pasado es más fácil acentuar el éxito o el fracaso de una acción, pero en el momento de la verdad, en el ya, acongoja dar un paso al vacío. Sin salirnos del Olimpic, desde esa visión es tremendamente sencillo apuntar a que no se completó la formación de Ricky Rubio en su tiro exterior. Quizá faltó algo. Un técnico de la Penya me comentaba hace no mucho que quizá no explotaron ese camino. Quizá también Ricky era zurdo y no lo percibieron. Y va más allá en la autocrítica. Quizá lanzarlo al mundo profesional en edad cadete acortó los plazos de su progresión y se delimitaron algunos de sus potenciales.

Un sembrado baldío

Ricky será uno de los diez españoles que competirán esta temporada en la NBA. Una cifra récord, asombrosa. El base de los Wolves seguirá siendo estandarte en el joven proyecto de su franquicia y uno de los elementos más vistosos por su asombrosa capacidad de pase.

En unas semanas la Liga Endesa arrancará con 17 clubs por la renuncia del Gipuzkoa y la ausencia de ascensos. El acuerdo entre la ACB y el sindicato de jugadores define que cada plantilla tiene que tener cuatro fichas de formación, es decir, baloncestistas que han pasado un tiempo en las canteras del país. No todos son españoles, aunque si la mayoría.

Unas decenas de aventureros han partido fuera de nuestras fronteras para ganarse la vida, dado que los márgenes salariales de competiciones como las LEB o las EBA dejan mucho que desear y figuran habitualmente con dígitos por debajo del salario mínimo. Con 500 euros mensuales no se llega a cubrir los gastos.

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Casi sin necesidad de sacar la calculadora acertamos a indicar que rondan, con suerte, el centenar de españoles que tienen una comodidad profesional dedicándose al baloncesto. Masculino, del femenino quedan las ruinas.

Un porcentaje diminuto

El Consejo Superior de Deportes señala que durante el año 2015 hubo 350.000 licencias, aproximadamente, para baloncestistas federados. Una cifra importante y que habla del valor social de una disciplina muy seguida en el ámbito educacional. Hay unos 3.500 clubes en España. Hacia muchos de ellos, por no contar colegios o escuelas deportivas, se dirigen estos días padres y madres con el ánimo de apuntar a sus hijos e hijas en una actividad para completar el curso académico, para que hagan un deporte, ocupen sus horas libres, se relacionen, bajen algo de peso o sepan trabajar en equipo.

Si compañaramos ambas cifras, las del ámbito profesional y, digamos, las del hemisferio más social del deporte, nos encontramos que el porcentaje es irrisorio. Llegar a vivir del deporte es como si te tocara la lotería. Por ello debemos ahondar en ver al deporte como un canalizador de nuestra existencia más que como un paraiso de mitos y leyendas que aparece por nuestros televisores para nuestro disfrute.

Muchos los que estamos enrolados en la batalla del deporte de formación nos olvidamos de que ese porcentaje es ridículo. Que para que un niño llegue a la ACB o a la selección deben enredarse muchos factores, algunos tan poco alterables como la genética (altura, fuerza, velocidad…), y otros también de carácter económico y social. Sin embargo, es cada vez más habitual encontrar a progenitores que se empeñan en moldear a su vástago en una futura estrella sea como sea. Es su misión vital.

Conocernos y conocerlos

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En una charla reciente programada por el CB Las Rozas, John Paul Turner, seleccionador mini de Madrid, ahondaba en el déficit de comunicación que existe entre el entrenador y su jugador. Hablaba en un sentido amplio, personal. Apuntaba a la obligación del preparador de saber qué es lo que le pasa a su pupilo, a conocer su estado anímico para afrontar un partido o un entrenamiento, desvelar si ha sido un buen o mal día, la realidad de su entorno familiar, cómo le va en la escuela o con sus colegas. Ese trabajo va más allá de nuestra misión dentro de una cancha y define al educador real.

Ahora que arrancamos a diseñar planificaciones, entrenamientos y sesiones especiales, que nos enredamos en si un jugador es zurdo o no, nos deberíamos mirar realmente al espejo y ver cuáles deben ser los verdaderos  objetivos que marcan nuestro trabajo sobre los chavales. Enseñar a pulir esos pequeños detalles que mejoren la técnica de tiro son esenciales en nuestra labor, no podemos obviarlos, pero sólo será un eslabón más en una cadena que debe ayudar a crecer a los chicos y chicas como deportistas en un sentido más amplio. Saber sociabilizarse con los demás, aceptar el esfuerzo como la base de la mejora, controlar emociones, tener un espíritu cívico, querer ser creativo, entender que la victoria no la marca sólo un marcador, ahondar en valores de buen comportamiento… perfilarán a ese buen deportista que tiene un mínimo porcentaje para llegar a ser profesional, pero tiene todos los números para ser en el mañana un aficionado pacífico, un padre comprometido, un entrenador comprensivo, un árbitro ecuánime y dialogante, un directivo justo… una mejor persona. Y esa es una victoria para todos que merece esas horas, semanas, meses y temporadas que se extienden por la vida y no se limitan a una pista de baloncesto.

 

 

 

 

 

 

20
Ago
16

Cocina italiana


Se imaginan ir a un restaurante y no mirar los precios de la carta. Quiero esto, eso y aquello. Porque yo lo valgo o, mejor, porque el dinero no vale nada. Pues eso es lo que le pasa a un seleccionador deportivo. Tiene delante de sí a todos los jugadores de un país para decidir qué se lleva a la boca. El peligro es el mismo en ambas situaciones: tirarse a por lo más goloso y llenar el plato de delícias sin atender a las necesidades del cuerpo y a la cantidad idónea para no saturarse.

Scariolo ha cocinado la selección sabiendo la temperatura a la que se cuece un equipo campeón. Hasta ha tenido la suerte de la ‘mala suerte’ en la elección de los elementos. Me explico.

Una herencia con fisuras

Quizá ahora no lo recordemos, pero la herencia que recibió el italiano tenía fisuras, no definitivas, pero si suficientes para dudar de que lo ocurrido en Río fuera posible. Se venía de naufragar en ‘nuestro’ Mundial y se vislumbraba el declive de algunos de los Héroes de Saitama. A ello añadan el fuego de la poca presencia de Felipe Reyes, el lío del overbooking de tres bases, la eterna pregunta de que sí Ibaka o Mirotic, la ácida crítica sobre Claver o el llamamiento a una regeneración de jóvenes meritorios. No era una situación idílica para retomar las riendas de un proyecto con memoria de gloria.

Recoloquemos el escenario en el verano pasado. Llega el Eurobásket. Y las sensaciones no mejoran. Comencemos con las ausencias, por un motivo u otro. Se descuelgan del grupo Ricky Rubio, José Calderón, Juan Carlos Navarro, Serge Ibaka y Marc Gasol. Parece un listado de bajas bien lustroso para hacer temblar a cualquier selección con su pérdida y más con la presión añadida de que hay que conseguir la clasificación para los Juegos de Río, que se visten ahora con los ropajes de la gran despedida de esta generación que debía hacer sido el fracasado Mundial de España.

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Las derrotas ante Serbia en la inauguración y ante Italia más tarde alimentan a los agoreros a anunciar un póstumo eclipse que tuvo Alemania a dos tiros libres. No era ese el final predestinado. Una segunda fase iluminada por la presencia mesiánica de Gasol acalla todas las voces del carrazo de tacañones. Polonia, la invicta Grecia, la revancha más dulce contra Francia y la final ante Lituania en plena excitación son capítulos que alargaban la leyenda de un grupo único… aunque con invitados especiales. Porque Felipe recupera su casco de espartano, Claver sale del enfoque de la broma, Mirotic aprueba el examen, Llull asciende a capitán general, el Chacho rompe la regla de que los mejores siempre juegan la NBA y los ‘chavales’ evolucionan correctamente. Se taponaron todas las grietas y se recupera la confianza plena de los que dudaban. No todos los dilemas.

La fuerza de la unión

Scariolo supo hacer de las ausencias su fuerza. Delante del buffet libre, sin poder escoger lo que más gusta, supo tomar un cazo de los ingredientes indispensables para hacer un buen equipo bajo su propia filosofía. Impuso roles. Todos sabían para qué estaban y la dosis de minutos que se le administrarían. Tener un equipo de chavales o debutantes en la selección ayudaba para asumir protagonismos menores de tercer base, quinto interior o especialista defensivo.

Sin Ibaka ni Marc se reducía peso en la zona, pero el perjuicio se convertía en beneficio. Pau adquiría todos los galones de líder divino sin compartirlos con su hermano, Felipe recuperaba su cuota en la historia y el juego de Mirotic equilibraba tácticamente el dibujo. Mirotic sería Garbajosa, el cuatro abierto con el que juega todo Dios desde hace quince años y que para Scariolo ha sido norma en todos sus éxitos en Baskonia, Madrid, Unicaja y con España. Generando espacios, dejando la pintura para Pau para atacar y defender y podiendo frenar a interiores más moviles, pesadilla para los Gasoles cuando coincidían en pista en el Mundial. Hasta las salidas de Pau al 6’75 eran de nuevo sorpresivas y no una obligación conocida si su hermano estaba en pista.

A ese giro decisivo se añadía el reclutamiento de soldados del barro, jugadores menos apegados a la estadística y pendientes de pequeños detalles. El campeonato de Pau Ribas y Víctor Claver, y otros, orientados hacia la labor de contención y vigías de los pequeños detalles, nivelaba los excesos incontrolados de la época Orenga, demasido centrado en contentar a todos.

Esa selección del Eurobásket, sin tener a los mejores, era mejor equipo porque estaba configurado bajo el lema ‘una para todos, todos para uno’.

Scariolo_sonrisa_España

Seleccionador y entrenador

Pero de Río no se iban a descolgar los mejores. El plan cambiaba. Los peones eran reyes. Y volvían los excesos de la carta de lujo. Volvían los tres bases, volvía Marc y la publicidad tolkiana de las ‘dos torres’, retornaba Ibaka para apartar a Felipe y mandar a la jaula a Mirotic y Navarro reclamaría su merecidísima corona pese a protagonizar su peor temporada individual en el Barcelona. Encajar a tanto diamante era ahora el dilema dorado.

Scariolo ha encontrado soluciones ajenas y propias. Ajenas en la inoportuna lesión de Marc Gasol y en la renuncia olímpica de Serge Ibaka. Sin ellos nada había que trastocar en el plano interior que tan bien funcionó en Europa. Incluso se ha contado con el crecimiento de Willy Hernangómez como aquella tanqueta que transitó hace diez años por los campos de Japón.

Pero Calderón y Navarro estaban allí como clavos. Y el italiano aquí hizo de entrenador. Tomó la decisión de dejar al extremeño en la periferia de la rotación como base. No le restan argumentos: Calderón viene de varias temporadas inestables en la NBA y Ricky y Sergio han presentado un currículum competitivo más adecuado en este tramo. No pretendió Scariolo mentirse como hizo Orenga y desplazarle al ‘2’, como ocurrió en Dallas, y reducir la trascendencia o quitarle la bola a un Llull en efervescencia. Mejor mirarle a los ojos y decirle que vas a jugar menos, pero que puedes ayudar de otra forma y eres importante para el grupo. Eso es lo que toca, aunque puedas ganarte las críticas. Y Calderón ha aceptado de forma ejemplar su papel de líder en el banquillo y fuera de las cámaras. Su profesionalidad es de aplauso cerrado y muy diferente a la crispada respuesta que hubo con el ostracismo de Felipe en Madrid (ni que hablar de la selección de fútbol y el egoismo mimado de Pedrito). Si Calderón está feliz, todos felices (si se gana)

Y quedaba Navarro. Esa Bomba que lleva dos temporadas administrando su explosividad en Barcelona para derramarla cuando corresponde. Sin la regularidad y constancia suspendida en sus mejores piernas, en 30 minutos de caza, pero con el veneno preparado del talento indomable. Y Navarro aceptó esa bandera de la segunda unidad, de que quizá no tocaba tirarselas todas, pero sí poner toda la intensidad en defensa, en aceptar cuando tenía que ser cambiado, quizá porque además Pau Ribas se ha quedado en casa después de sacarle a él la invitación para esta despedida de gloria.

Ningún plan es infalible. Los dos primeros partidos quedó claro, quizá aún sin tiempo entre tanta interrupción de viaje de ida y firma de contrato, o quizá sin la comprensión de todos los cambios hacia el equipo y hacia afuera. Pero las piezas fueron encajando en el armazón para darle la razón a Scariolo y el rendimiento se disparó hasta la lucha por el bronce. Sólo el día de Estados Unidos, por el cansancio acumulado de Pau y la debilidad defensiva ante los físicos interiores y las debilidades de rebote, se echó en falta a Marc Gasol y el músculo de Serge Ibaka.

Y ahí reside en parte el éxito de la labor de Scariolo. Él ha sabido hacer de seleccionador, contando con los mejores, pero también de entrenador, haciendo de esos jugadores piezas de un equipo y convencerles de que esa función era la necesaria para seguir haciendo leyenda juntos. Porque él también es leyenda. Y los jugadores lo saben y lo respetan.

30
May
16

Dos libros, dos historias


La pasada semana se presentaron dos publicaciones hermanas en Madrid. Dos libros que circulan alrededor del baloncesto español y su historia. El nexo de unión casi finaliza en este par de términos. Ambas obras bifurcan sus caminos en su naturaleza y objetivos pero vuelven a encontrarse en el interés que deben despertar en el buen aficionado a nuestro deporte.

Empecemos con ´101 Historias del boom del básket español´. El título es explícito. Casi tanto como el humor mordaz de Javier Ortiz. Javier es amigo. No sólo mío, sino también de mucha gente. Y esa capacidad para acaparar amistades fue lo que primero resaltaba en la presentación que hizo en Madrid el pasado lunes en un local ‘hipster’ de Malasaña. Por allí andaba lo más granado de la profesión capitalina. La corte la encabezada el ahora famoso Quique Peinado, que para muchos sigue siendo el chico de Gigantes. A Javier Ortiz le tocó hacer de Cristina Pedroche y sentarse al lado del figura de Zapeando. Quizá con menor belleza, pero el extramaño de Cáceres y el zagal vallecano evidenciaron sus dotes para la sorna y el humor con dobleces. Deberían empezar una gira.

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Ortiz calificó su obra como propia para aliviar el tiempo del retrete. No quería ser escatológico, sino apuntar a la brevedad de la lectura de los relatos que configuran un libro prologado por Gonzalo Vázquez, autor de la ‘versión americana’ también en Ediciones JC. Este ‘Historias’ nos desplaza a los 80 y 90 donde la movida del básket español fue extraordinaria. Javier es un romántico empedernido (y quizá por ello milagrosamente tiene pareja) y ha tirado de memoria, docuteca y el archivo de entrevistas con exprofesionales que almacena en Espacio Endesa para rellenar las casi 400 páginas de anécdotas y curiosidades.

Dos décadas que van y vienen del 7 de julio de 1980. Ese día Epi casi pierde el avión que le llevaba a los Juegos de Moscú y ese día nació Pau Gasol, que cierra el último capítulo con su debut en la ACB. En medio Javier Ortiz nos desvela qué hacía Drazen Petrovic en sus noches madrileñas, cómo era la relación entre Sabonis y Fernando Martín, el paso de estrellas como Jordan o Worthy por nuestro país, algunos asuntos turbios de drogas y señoritas… un poco de todo, pero un mucho ligado a los espacios que rodean una cancha de los protagonistas de la cancha.

Una enciclopedia hecha por sus protagonistas

Pasamos de hoja. La segunda presentación quedó encerrada en viernes de playoff  y en el pabellón Antonio Magariños. El cambio de ubicación delimita ya la naturaleza de esta segunda obra con la anteriormente criticada. ‘Historia del Baloncesto en España’ nace con aire de enciclopedia. El libro coordinado por Carlos Jiménez, fundador de Solobásket, amanece en las librerias como ánimo de rellenar el hueco sobre una crónica general del deporte de la canastas desde sus inicios hasta la actualidad. El repaso se disecciona en años, desde los albores de los felices años 20 (hasta un pelín antes), cada capítulo narra una temporada de la liga nacional y de la selección. Y cada uno es contado por un protagonista en primera persona o un especialista en la materia, sea jugador, árbitro, entrenador, periodista o buen aficionado.

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Algunos de estos personajes y a su vez autores del libro asistieron a la presentación, patrocinada por Endesa. Entre ellos me cuento, aunque a una altura mucho menor que las más de 300 firmas que conforman el universo de este libro. A mi me tocó hablar del año 1935, el de la plata de Ginebra gracias a la investigación sobre Fernando Muscat, el primer aragonés internacional e integrante de ese equipo ‘republicano’. Mi aportación se cierra con la entrevista a Araceli Herrero, pionera del baloncesto aragonés.

Carlos Jiménez ha querido que esta publicación sea un repaso denso y completo. No se ha limitado a ubicar crónicas o clasificaciones finales, que bien documentadas están, sino que se utiliza de anécdotas o datos más insignificantes en la primera mirada para abordar la imposible tarea de abarcar todo lo que nos ha dado el baloncesto español en un siglo de vida. es de agradecerle que este viaje no quede aislado a los focos predominantes de Madrid y Barcelona. Carlos se ha preocupado de recorrer todos las esquinas provinciales y eso es de aplaudir. Y a eso se debe añadir la ausencia de muchos de los primeros pobladores del planeta básket en España, muchos fallecidos, incluso durante la elaboración de la obra, recogiendo a tiempo sus extraordinarias memorias. Sirva como homenaje para Kucharski, Maneja, Carlos Jiménez Varela…

Una compuesta más para el entretenimiento y la nostalgia de una generación que crecimos soñando con una noche en Los Ángeles. Otra abrazada más a la investigación histórica y como labor de consulta. Coincidencia en el baloncesto como hito histórico enhebrado más que por resultados y títulos, por anécdotas y protagonistas. Dos libros, dos historias. Y una pasión, el baloncesto. Una buena oportunidad para perderse por el pasado en estas fechas de lectura veraniega.

27
Nov
15

Igual y diferente


CAI Zaragoza y Estudiantes están empatados. Ambos avanzan lentamente por la temporada. Solo una victoria en siete jornadas es un bagaje que ha tumbado a Joaquín Ruiz Lorente como una ráfaga de cierzo pasando el puente de Piedra. Nadie en Magariños, sin embargo, parece señalar con el dedo el trabajo de Diego Ocampo. 1-6. Es lo mismo, pero es diferente.

No todas las realidades se pueden resumir en una estadística. Es obvio que Estudiantes y CAI Zaragoza no comparten objetivos. Sus exigencias son parientes muy lejanos. Los maños aspiran a repetir presencia en Copa y Playoff, horizontes visualizados como un premio para el club colegial, asustado en driblar al descenso. A Joaquín le precedía una temporada agitada, mientras Ocampo mantiene el beneplácito de la duda de los primerizos. La balanza se desprende más pesada para el presupuesto maño, la cotización de sus jugadores y su veteranía. Recuperando su esencia, el ‘Estu’ se ha tirado en manos de un grupo de mozuelos canteranos y se asumen sufrimientos por la apuesta. Sabe de los riesgos de jugar en el patio de un colegio. Pero hay que vivir con unos ideales.

Los reflejos entre estos dos ‘clásicos’ se distorsionan además en la manera que sus presidentes han abordado la crisis. El día y la noche. Reynaldo Benito notificó el despido a Joaquín Ruiz Lorente pocas horas después de bajar a la pista del Príncipe Felipe y exigir públicamente un viraje tras las derrotas. Exigió un cambio que ya estaba planificado. Ese anuncio de buenas intenciones ante los focos  contradice su forma real de actuar en las tinieblas intestinas. No sólo se cortó a su entrenador, sino que, conocedor ya de su futuro, Joaquín Ruiz Lorente tuvo que afrontar el trago de entrenar al equipo, en el que ha trabajado una década, en un partido de amargo epílogo (caer en la prórroga). La medida, poco habitual en una entidad regida por la calma y continuidad, sofoca la posibilidad de lluvia de críticas que aparecía en la previsión de  una nueva catástrofe casera este fin de semana en el Príncipe Felipe. Sustituido Joaquín por Andreu Casadevall, el preferido por Willy Villar, se entrega la cabeza pedida por parte de la afición y se consigue que el incendio del banquillo no alcance al palco de autoridades. Estrategia de Nerón en el circo romano.

mitchell

Fernando Galindo, presidente colegial, ha actuado con un traje más señorial y aparentemente más atípico al cargo. Estudiantes, maniatado por las cuentas, maniobró tarde en el verano. A las lesiones de hombres importantes como Nacho Martín, la salida de Vladimir Stimac y, hasta la reciente llegada de Xavi Rey, ha dejado en el arranque liguero a un grupo falto de rodaje en la Liga Endesa sin una referencia interior. La pareja de americanos exteriores tampoco ha mostrado el rendimiento deseado y desde las oficinas de la calle Serrano se ha optado por contratar a un anotador compulsivo, Tony Mitchell. Movimientos que identifican ciertos fallos en la confección de la plantilla y la absolución por el momento de un Diego Ocampo que por su trabajo y talante convence. Si hubiera alguna duda, el señor Galindo, declaró ayer que él es el responsable único de los fallos de cálculo con la plantilla. Ni el director técnico ni el entrenador, él.

Dos formas de actuar de dos personas diferentes que representan un mismo cargo. Dos clubs con panoramas y presiones desiguales ante una idéntica situación y balance deportivos. Dos entrenadores con similar bagaje esta temporada, pero de pasado y un futuro desigual: uno en el paro y otro confiado por seguir para adelante. Maneras de presidir.




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