El nuevo Barreiro de siempre


Tienen claro que tarde o temprano aparecerá y se llevará las llaves. Como cada verano. No falla. Él mismo se acerca al pequeño pabellón, solo, y toma la manivela para subir hasta la altura necesaria la canasta. En ocasiones le acompaña su sobrina, porque quiere pasar unas horas más con ese tío que ve menos de lo que le gustaría. Él lanza a canasta una y otra vez y ella le ayuda con el rebote. En la pared de ese mismo polideportivo está pintado un duelo de dos jugadores al poste, como un presagio a su carrera. Porque una de esas siluetas podría ser perfectamente el nuevo Jonathan Barreiro, el chico humilde y currante de siempre.

Al rato llega Óscar Lata. Hoy le toca a él bajar a Cerceda. El camino hasta A Coruña es corto, poco más de veinte kilómetros, pero otro día será Jonathan quien hace el recorrido inverso en las supuestas vacaciones. Este año sólo tienen tres semanas y quieren exprimirlas al máximo porque tienen un reto especial: ayudar a Joni en su transformación al cuatro, la posición en la que Porfirio Fisac le quería probar esta temporada y que ha sido un tremendo acierto, vistos los resultados individuales y colectivos del tercer clasificado de la Liga Endesa.

No era una idea loca. Su condición atlética (2’05 metros y 90 kilos) y la motivación acumulada (progresión en minutos, partidos de primer orden, convocatoria con la Roja, éxito grupal…) le permitían asumir un riesgo mínimo y adentrarse en un rol extraño incluso en su etapa de formación en el Real Madrid. Ahora, en su sexto año como profesional, está haciendo los mejores números de su carrera, multiplicando su rentabilidad ofensiva, alcanzando topes en rebotes y siendo más fiable en sus tiros sin reducir su sacrificio defensivo. Nikola Mirotic puede dar fe de ello asfixiado por el gallego en la derrota azulgrana en el Príncipe Felipe. Su inclusión en el quinteto del Casademont, normalmente desde el banquillo, es siempre energética, añadiendo ahora a su talante combativo nuevos argumentos técnicos, reduciendo los errores y explotando su físico. Ya no es ese futuro o ese que arrancaba los aplausos de la afición por su entrega, ahora es un referente en el equipo, uno de los destacados nacionales de la ACB y el precoz veterano de la ‘Generación Z’.

Entrando a canasta / ESTHER CASAS

RETO LANZADO

La ráfaga de los éxitos suele eclipsar la oscuridad del esfuerzo que los eleva. Los elogios que arrastra ahora Jonathan Barreiro no son causa de una mera coincidencia, sino de una predisposición inaudita para la mejora humilde desde el andamio. Cuando Porfirio Fisac le comunicó su intención, el gallego no tardó en llamar a su tierra buscando colaboración en los suyos. Planificaría un verano de preparación para afrontar el reto. Óscar Lata apoyaría la mutación técnico-táctica en la pista, Óscar Viana se encargaría de reforzar su fuerza y protegerle de las lesiones y, en Madrid, el especialista Pedro Robles se ocuparía de la velocidad de su tiro mientras apuraría los últimos días en el grupo de élite de Campus Pablo Laso.

No era el primer verano sin vacaciones. “Llevamos tres años con esta dinámica. Este año sólo paró una semanas”, dice Óscar Lata, ahora asistente de Pascal Angillis en el Charleroi belga y antes compañero inseparable de Sito Alonso desde Monzón a Bilbao, Baskonia y Barcelona. “Yo no le llamo, sé que él me va a llamar. Tiene que salir de él y siempre llega”, sintetiza el técnico coruñés.

Jonathan y Óscar no son desconocidos. Mantienen una confianza desde hace tiempo, tanto que Lata fue sin quererlo uno de los responsables de la ‘explosión’ mediática de Barreiro. Siendo infantil de primer año en el modesto Xiria de Carballo se lo llevó como invitado a la Minicopa para que jugara con su Joventut. Con 1’99, jugando de exterior, su impacto deslumbró a todos y agrandó titulares de fácil clic y difícil digestión para un chaval de doce años. Los calificativos saltaron y se colgaron sobre su espalda sin pedirle permiso.

DESCUBRIMIENTO MEDIÁTICO

El sólo era un chico de una aldea pequeña del interior de Galicia, que jugaba al fútbol y practicaba natación, hasta que lo descubrieron en una pachanga en el patio de su colegio. De ese patio a la Escola Basquet Xiria de Carballo, luego al Sant Yago y después al Colegio Artai. Desde el primer momento se detectó su potencial y comenzó a seguir un plan de entrenamientos específicos y particular gracias a Miguel Ángel Ortega, actual entrenador del Perfumerías Avenida de Liga Femenina, y primer educador de Jonathan en Carballo. “Era como un profesional, pero en infantil y de una aldea de Galicia”, recuerdan de esa época el jugador en un magnífico reportaje de José Manuel Puertas. Esas rutinas y la buena gestión del proceso moldearon al Barreiro actual, pese a que no lo tuvo sencillo.

Con el Colegio Artai, siendo aún cadete

Porque de repente aparece en esa Minicopa de Bilbao en 2010 y de repente es considerado como el nuevo Ricky o el Magic gallego. De la nada al todo. Mil ojos se depositan sobre él, seguido por agentes, periodistas y coordinadores en cada aparición con Galicia en el Campeonato de España de turno. “Eso no le ayudó, por suerte, tiene un entorno buenísimo. Cuando su padre Antonio se reunió con el Barça, el Joventut o el Madrid, su mayor preocupación eran los estudios”, recuerda Lata, que vio pasar de largo a su pupilo rumbo al Madrid, ya en edad cadete, porque su familia no le quiso sacar de su círculo tan pronto.

Fue una batalla dura, donde un aragonés, Alberto Ángulo, convenció al padre de Jonathan con un ambicioso plan deportivo y académico, adelantándose al Barcelona que consiguió llevarle a otra Minicopa (2011) e incluso le regaló una camiseta de Navarro. Se da la curiosa circunstancia que, para cautivar a ese infantil, fue invitado a conocer a la primera plantilla azulgrana cuando jugó con el Obradoiro, coincidiendo con un paisano, un tal Fran Vázquez, ahora su compañero en Casademont Zaragoza.

El infortunio y la vileza de los focos empezaron a mellar sobre la fama de Barreiro, que parecía ir por detrás de una insana leyenda que él no había buscado. Dos lesiones de menisco, cada una en una rodilla, mermaron su proceso de crecimiento vestido de blanco y empezaron a alejar las miradas ambiciosas. Su ética evitó el fácil desahucio de su talento y reapareció en el histórico junior que entrenó Paco Redondo y arrasó con jugadores como Luka Doncic, Santi Yusta o Felipe Dos Anjos.

CONSTRUYENDO UN CUATRO

En esta rehabilitación médica conoció a otro de los protagonistas de este verano, otro gallego, Óscar Viana, preparador físico de la Federación Española de Baloncesto (FEB). “Ya cuando estaba en el Madrid, gracias a mi relación con Paco Redondo, le hicimos un seguimiento especial. Luego vino a las convocatorias del U20 y el U21, donde yo estaba. Recuerdo que al primer Europeo vino con problemas en el tobillo e hicimos un tratamiento especial”.

Óscar Viana pasa consulta en un moderno centro en Arteixo, tierra de brujos. Su vínculo se ha estrechado en una relación personal y profesional que tuvo un nuevo capítulo este verano cuando Barreiro se puso en contacto con él y le describió su reto deportivo. Hicieron rápidamente un pacto. Por las mañanas Jonathan se acercaría hasta su gimnasio para empezar con su transformación. Coordinado con su colega del Casademont, Viana diseñó una intervención en tres fases. “Centramos la primera parte en prevención de lesiones en las rodillas y tobillos, dado su historial. Luego trabajamos la agilidad y la mejora de la fuerza en tren inferior y superior, subiendo el peso sin perder velocidad, para terminar con fuerza máxima. No queríamos que fuera un cambio muy grande, para proteger las rodillas, pero si significativo para su nuevo rol”, añade Viana, que incluyó en el factor europeo, la doble competición, a este desarrollo.

Del gym a la pista. De Arteixo a Cerceda. De Óscar a Óscar. De Viana a Lata. El impulso debía desarrollarse en la pista, adquiriendo pequeños hábitos para desenvolverse como ala-pívot. Cuatro o cinco días a la semana, casi quince sesiones en total, con ligeros descansos para evitar sobrecargas y liberar la mente. Había que aprovechar el tiempo y con una idea clarísima: ser eficiente desde lo simple. “Separamos la planificación en las situaciones donde iba a poder sacar ventajas, es decir, jugando al poste a pares más pequeños o de cara ante rivales más pesados”, sintetiza Óscar Lata desde Bélgica.

Dibujaron situaciones en la pizarra donde podría explotar sus cualidades y aprovechar todo lo aprendido como alero con un nuevo contexto táctico que le beneficiaba por sus condiciones físicas. Por ejemplo, ganar comodidad botando de espaldas. Aunque la atención se dirigió a la toma de decisiones, una de las facetas dónde tiene un mayor rango de mejora: iniciando acciones de posteo desde posiciones alejadas al aro, minimizar el bote en ataque de 1×1 o preparando al recepción después de abrirse en el bloqueo. “Trabajamos táctica desde movimientos de desbloqueo, leer reacciones a la ayuda… pero situaciones muy sencillas. Que él tampoco se sintiera atrapado en la novedad de ser cuatro, si no que aprovechara el trabajo heredado como tres. Ahora jugando contra interiores puede aprovechar mejor este legado. No muchos lo han logrado con solvencia, quizá Álex Mumbrú sea el ejemplo más claro”, confirma Óscar Lata.

Entrando sobre el defensor

MEJORANDO EL TIRO

De Galicia a Madrid, ese mismo viaje que hizo con quince años. De una aldea de 400 habitantes a una ciudad de tres millones. Óscar Lata le acompañaría como miembro del staff técnico del Campus de Pablo Laso. Allí estaría también varios conocidos como Paco Redondo y Nacho Juan, el joven asistente que se incorporaba al equipo de Porfirio Fisac después de esa experiencia. Dentro de un grupo de élite, con Santi Yusta, Dani Díez o Sergio Rodríguez (exPeñas), entre otros, afinaban su forma para llegar al inicio de la Liga Endesa al máximo rendimiento. “Sabe que si llega en agosto a tope, mejor que los demás, va a tener esa oportunidad de convencer a sus entrenadores. Ahí es donde coge esta confianza. Es un plan propio”, incorpora Lata. Sus primeros partidos indican que tenía toda la razón, superando la decena de rebotes y martilleando desde el triple.

Jonathan Barreiro quiso aprovechar su estancia en la capital para visitar a un especialista en el tiro, Pedro Robles. “No lo conocía. Se daba la circunstancia que unas semanas antes había estado con el zaragozano Jaime Fernández. Él vino con Santi Yusta”, aclara el entrenador personal y antiguo jugador del Estudiantes. Aumentar la velocidad de su mecánica y elevar sus porcentajes fueron los objetivos marcados. Manos a la obra.

Como sus compañeros de profesión, Pedro Robles optó por la sencillez en sus enseñanzas, optimizar un tiempo escaso acoplando lo ya sabido a detalles de alta utilidad ante la novedad. “Tenía que dominar pocas cosas, pero hacerlas bien. Situaciones desde parado o pocos botes. No soy partidario de acciones de muchos cambios para generar un tiro, como puede hacer Harden, sólo al alcance de los superclase, define Pedro Robles. Esta temporada Barreiro ha incrementado su acierto (71% tiros de dos y 30% tiros de tres), incorporando herramientas como el step back a su repertorio.

Los entrenamientos los desarrollaron en la Ciudad Universitaria de Madrid, en las instalaciones del Centro Superior de Deportes, donde residen y se preparan atletas con aspiraciones olímpicas. Allí Barreiro perfeccionó sobre todo la rapidez en sus paradas (“si no lo haces rápido no puedes tirar en la Liga Endesa”, sentencia su entrenador) y para armar su mecánica, ganando unas décimas de segundo que le están siendo clave cuando juega pick’n’pop o recibe abierto. “También trabajamos el uno para uno. Situaciones lo más reales posible”, añade Robles, que dosificaba estos ejercicios juntos a otros de dureza mental, de serie sin fallo “para trabajar bajo presión y fortalecerse ante los fallos”, afirma el especialista madrileño.

DECISIÓN ACERTADA

Con España, en las Ventanas FIBA, en Zaragoza

Numéricamente y en comparación, a mitad de temporada, la decisión de subir al cuatro a Barreiro, complementarlo con el exterior Robin Benzing y el interior Nemanja Radovic, parece todo un acierto. El gallego ha incrementado su aportación en todas las facetas. Juega ligeramente más que hace un año (de 16 minutos a 19), pero sus estadísticas han crecido exponencialmente: ha doblado su aportación en puntos (de 4 a 8’2) y en rebotes (de 3 a 5’9), marcando topes individuales en ambas facetas (16 puntos ante Unicaja y 12 rebotes contra Betis). Sorprende su ambición bajo los tableros, donde fue líder (ahora es el 12º) en este apartado durante la primeras semanas de competición. “Es lógico. Siempre ha ido bien, lo que pasa es que le beneficia estar más cerca del aro. Con su envergadura es un reboteador nato”, analiza Lata. Un dato friki que explica esta emergencia: el 19% de los equipos del Supermánager incluyen a Jonathan Barreiro (30º en valoración de la Liga con 11´4 y uno de los mejores aleros con banderita).

Más allá de los fríos guarismos, el calor que exhala cuando salta a la cancha denota el aumento de la confianza. Quienes lo conocen dicen que la convocatoria de Sergio Scariolo para las Ventanas FIBA supuso un antes y un después en una mentalidad que, no obstante, siempre ha sido fuerte y que se endureció más al superar las graves lesiones de rodilla siendo tan joven. “La decisión de Porfirio le ha venido en un buen momento, porque él quiere jugar y su mentalidad es positiva. No ve los cambios como algo incómodo, sino como una oportunidad de ganarse minutos. Ha reducido sus errores y se le premia con más presencia. Y si hace un partido malo, como en Murcia, es capaz de superarse para el siguiente partido. Sigue creciendo y es un año decisivo para él, no tanto por lo contractual, sino porque es el momento en el que te tomen en serio en la Liga”, insiste Óscar Latas.

Un nuevo Barreiro, más completo y acertado. Quizá no tan calcado a Magic como algunos profetas previeron, seguro que muy diferente a Ricky Rubio, pero quizá no tan distante de aquel chico de Carballo que aprendió pronto que la única realidad del camino era la exigencia en el proceso, esa mejora, esa aceptación del reto que le llevó a ponerse manos a la obra en verano para ser un cuatro. Un nuevo rol para un jugador que no es más que el Barreiro de siempre. El de Cerceda. El que sigue subiendo y bajando la canasta de su pueblo ante la mirada admirada de su sobrina.

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