El éxito de ellos y el orgullo de todos


Recuerdo la primera vez que vi a Luis Arbalejo. Me sorprendió su franqueza y discurso directo. No tenía por qué, pero contestó a cada una de mis preguntas, más curiosas como formador y aficionado que ya como periodista en desuso. Entonces Luís defendía a capa y espada el proyecto que acababa de coger hace unos meses y decía que podían llegar jugadores al ACB si había paciencia. Ponía los focos sobre Sergi García, que entonces empezaba a entrenar con el primer equipo. Estábamos en la pista aledaña y yo le espeté que me parecía muy bien, pero que no me gustaba la idea de ‘construir’ una cantera con fichajes, porque ese año habían llegado varios becados y extranjeros. Con una pasión absoluta me aseguraba con certeza ciega que los ‘buenos’ eran aquellos que empezaban como infantiles su etapa en el club, los ‘del 2000’, pero había que esperarles. Eran Jaime Fernández, Carlos Alocén y, un año por detrás, Jaime Pradilla. Era el 2013.

El tiempo y su trabajo han dado la razón a Luis Arbalejo, ahora en el Torrelodones pateándose Guadarrama de punta a punta. Seis años, seis, después de esa charreta llegó esa fotografía histórica. Un 29 de septiembre del 2019 ante el Obradoiro. El primero en el Príncipe Felipe (perdón, Pabellón José Luis Abós). Un primer cuarto claro, desbordante, colaboró para que Porfi Fisac contribuyese con minutos para Carlos Alocén, Vit Krejci y Javi García. Minutos y confianza con desparpajo y valentía como respuesta. Uno es un checo con cuerpo de araña que llegó esmirriado como infantil y casi ha ido al Mundial. Los otros dos son baturros, baturros y bases, bases, los que hay que unir a Rodrigo San Miguel en su retorno al hogar como último eco de la hasta ahora añorada época dorada del baloncesto de formación zaragozana.

Son estos y más. Jaime Fernández suma su segunda temporada en el Barcelona de LEB Plata mejorando sus prestaciones y su físico, Jaime Pradilla vivirá en Oro en Palencia para regresar más hecho ante la oportunidad, al igual que Ander Urdiain (Peñas Huesca de Oro) o Raúl Lobaco, un peldaño más abajo (Pardinyes de Plata). Y por detrás llegando: Aitor Etxeguren (que ha hecho la pretemporada con el ACB), Christian Hernández (Campeón del Europeo U16), Javier Fernández, Javier Urdiaín, Álvaro Martínez, Lucas Langarita, Aday Mara…

Aquellos ‘becados’, como Marc Martí (Lleida, LEB Oro), Simon Pursl (Liga checa), Unai Mendikote (Zamora, LEB Plata) o Joan Ferrán Bernacer (CB Güimes, EBA), más el maño Álvaro Sanz (Cantabria, LEB Plata), entre otros, completaron su etapa ‘rojilla’ y ahora luchan por asentarse como profesionales.

La entrada de Luis Arbalejo en la estructura del club se sitúa como el punto de inflexión de la eclosión a un cambio del que ahora se recogen los primeros frutos. Quizá antes no todo era un desierto y ya se había echado simientes de la mutación, pero la inclusión del gallego de Menorca, en paralelo al éxito de la dupla Abós-Villar en el plano profesional, modernizó y aceleró un proceso natural con más aciertos que errores, que también los ha habido, de aprovechar el talento de aquí.

Las raíces del éxito son amplias y no debe menospreciarse la labor de los entrenadores y entrenadoras que han pasado en este lapso de tiempo, como el propio Pep Cargol, un director deportivo que ha mamado la formación y sabe valorarla y llevarla con tiento, marcar los tiempos con el amparo de entrenadores como Porfi Fisac o, aunque breve, Jota Cuspinera.

Y en primer lugar entre los responsables en cancha debe ponerse a Carlos Iglesias, cuya experiencia en la élite y preocupación se convirtieron en la mejor exigencia, confianza y consejos en el último tramo de las perlas de la ‘Generación Z’.

Básket Zaragoza ha sabido ‘fichar’ a buenos técnicos, quizá no todos con prestigio o nombre en la ciudad, pero sí con proyección, capacidad de trabajo, métodos adaptados a los nuevos tiempos… y, mayoritariamente, de la casa, de aquí, aragoneses. Cito a algunos como Sergio Josa, actual coordinador, Jorge Serna (breve, pero sobresaliente), Pedro Carrillo, Jorge Samper, Miguel Delgado, David Valero, Miguel Giménez, Vidal Abad… y muchos más incluyendo ayudantes, fisios, ‘prepas’ y todos aquellos artesanos indispensables para el crecimiento de los jugadores. Pero, repito, casi todos de Aragón. De esta tierra.

Y la lista puede continuar y debe continuar por los técnicos de la federación, complemento indispensable a nivel competitivo, y de todas las entidades previas, colegios, clubes y asociaciones, criaderos de buen baloncesto de Zaragoza y alrededores, cuyos méritos hay que aplaudir hasta quebrarse las manos contando con muchos menos medios y el amargor de saber que los mejores se irán, por ley natural del deporte moderno, demasiado pronto.

Y las familias. Indispensables. Aquellas que dan el entorno de estabilidad y constancia para el aprendizaje del menor, no siendo raro que muchos de ellos procedan del mismo mundo del baloncesto o del deporte, por genética de tamaños y por ética y discurso, por saber lo que cuesta el camino y dónde están las piedras que hacen descarrilar al más fuerte.

Este éxito, esta explosión que ahora vivimos, esa por la que pedía paciencia y sabio Luis Arbalejo, debe ser la fiesta en la que todos estos elementos se sientan orgullosos y son partícipes de verles triunfar. El subidón de revivir esos tiempos pasados y pesada losa para el crecimiento de la cantera hasta que se amueblo con calma y modernidad. Pese a que esa misma ley del deporte nos lo arrebate pronto, siempre serán parte de nuestro corazón de aragoneses y de gente del baloncesto, y son el eco que hace que en Europa se sepa que en Zaragoza crece el buen jugón con denominación de origen.

Pero por encima de todo este éxito es de ellos, de los jugadores y jugadoras que alcanzan sus metas. Ellos deben disfrutarlo y ellos deben recibir nuestro apoyo cuando no lleguen bien dadas. Porque detrás no hay otra cosa que horas y horas de entrenamientos, de desgastar pistas y sudar en los gimnasios, de sacrificios personales, de fiestas en torneos, de arañar tiempo al reloj para seguir estudiando, de escuchar broncas y silenciar halagos, de aprender sin dejar de disfrutar, de saber que detrás del talento está el curro ilimitado.

Enhorabuena a todos. Y gracias.

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