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Sep
16

El club de los 14


La Supercopa supuso el arranque oficial a la temporada en la Liga Endesa. Las novedades de las 17 plantillas acaparan la atención de un nuevo curso baloncestístico. La ausencia de ascensos y la renuncia del Gipuzkoa retrata la pálida realidad de una competición vitaminada por la fidelidad de las marcas patrocinadoras, pese a la reducción de los presupuestos de la mayoría de los clubes y la fuga paulatina de talentos desde que en la última década azuzó la crísis económica en el país. La salida de jugadores notables hacia la NBA ha sido compensada por otros nombres propios. Koponen, Randolph, Bargnani, Rice, Fogg, Hunter, Hendrix, Claver, Bryant… nuevas estrellas para un firmamento que no quiere languidecer dentro de la cancha.

La atención  curiosa no vira su mirada hacia los banquillos. Y allí se hallan también algunas de las exclusivas más notorias de esta edición. Quizá no seamos muy conscientes, pero la ACB no contará esta vez con clásicos como Aíto García Reneses, Xavi Pascual, Velimir Perasovic y Fotsis Katsikaris en su lista de entrenadores. Cuatro bajas notorias al ser integrantes del ‘círculo’ de técnicos que acaparan los banquillos ACB en la última decena de temporadas.

61 ‘coaches’ para 11 temporadas

61 técnicos han estado al frente de los proyectos inscritos en la Liga Endesa desde 2006, contando con los que ahora van a comenzar. Esta cifra, que no recoge la presencia fugaz de técnicos interinos, queda además supeditada al hecho de que 14 de ellos han acaparado estos puestos. Esta afirmación no quiere ser una crítica del autor, solo la muestra de una investigación y unas conclusiones.

La reducción de ascensos y de nuevas oportunidades, la precariedad salarial de la LEB como refugio, la salida al mercado internacional o la apuesta por valores ‘seguros’ ha provocado que en los últimos años no sean muchos los preparadores que se han logrado un trabajo estable en la ACB. Echando la mirada atrás se percibe que hay un ramillete de catorce entrenadores que siempre han estado ahí. Ellos son el club de los elegidos que se ha repartido la responsabilidad de llevar las riendas de los socios ACB: Salva Maldonado (presente en 11 temporadas), Txus Vidorreta (11), Pedro Martínez (11), Luis Casimiro (10), Joan Plaza (10), Aito García Reneses (9), Xavi Pascual (9), Pablo Laso (9), Fotsis Katsikaris (8), Sito Alonso (8), Jaume Ponsarnau (8), Montxo Fernández (7), Dusko Ivanovic (7) y Velimir Perasovic (7). Trece de ellos mandaron al inicio de la campaña 2015/16 (unicamente Ponsarnau no concluyó en Donosti) y en esta ocasión serán ‘sólo’ ocho los repetidores en la línea de salida (el mismo Ponsarnau actuará de ayudante de Pedro Martínez en Valencia).

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En este grupo sólo Dusko Ivanovic, que mandó en Vitoria y Barcelona entre el 2000 y el 2012, ha desligado su trayectoria de la devaluada competición española en busca de contratos más suculentos. Al ahora jefe del Khimki parecen seguirle los pasos Velimir Perasovic rumbo al Efes Pilsen de Estambul y Fotis Katsikaris con destino en el Lokomotiv Kuban. Mientras que en el resto, todos españoles, solo Joan Plaza probó en el Zalgiris Kaunas (2012/13) entre su traslado desde Sevilla a Málaga.

Son curiosos los casos de Salva Maldonado (Estudiantes), Txus Vidorreta (Tenerife) y Pedro Martínez (Valencia), presentes en las últimas diez temporadas de la Liga ACB, también en  la inminente. Ninguno de ellos las ha completado en su total extensión, dado que o fueron cortados a mitad de alguna campaña o sustituyeron a compañeros cesados. También fue llamativo el periplo de Luís Casimiro (solo una temporada en blanco) en la 2011/12, en la que abandonó el puesto en Valladolid para después recalar en el Unicaja. Dos equipos en un mismo año.

La estabilidad laboral no es el punto fuerte de la economía española. Los contratos temporales y la precariedad están a la orden del día. La longevidad en la misma oficina es algo poco probable también en la ACB, aunque últimamente hay excepciones. La mejor racha, tras la marcha de Xavi Pascual del Palau, la ostenta Pablo Laso. Entre Gipuzkoa y Madrid amasa ocho temporadas consecutivas en la Liga ACB. Le persiguen en este rango Pedro Martinez (7 entre Gran Canaria, Manresa y Valencia), Salva Maldonado (6 entre Fuenlabrada y Joventut) y Sito Alonso (5 entre Gipuzkoa y Bilbao). Meritoria es la situación de Montxo Fernández, hijo pródigo en Santiago. El gallego comenzará su sexta temporada en el Obradoiro, las mismas que lleva Laso en el Real Madrid, líderes en permanencia en el mismo bando.

La segunda oportunidad

Por detrás de los ‘elegidos’, en un segundo grupo quedan técnicos con trayectorias meritorias pero algo menos extensas y más intermitentes: Óscar Quintana (6 temporadas), Porfirio Fisac (6), Trifón Poch (6), Ricard Casas (5), Manolo Hussein (4), Curro Segura (4), Alejandro Martínez (4) y el tristemente fallecido José Luis Abós (4). De ellos sólo Oscar Quintana (UCAM Murcia) arrancará esta temporada en la Liga Endesa y Porfirio Fisac perseguirá el ascenso con Gipuzkoa en la LEB Oro.

Tomando estas referencias, la mayoría de estos 61 técnicos han tenido un paso fugaz por la Liga, ratificando la dificultad de asentarse en este grupo de sólidas realidades. Las segundas oportunidades llegan en algunas ocasiones, pero las terceras ya son poco probables, salvo que se preceda un bagaje anterior de mérito notable. En otros casos, desaparecer de la rueda de opciones por un par de temporadas obstaculiza la vuelta a los vestuarios de la Liga Endesa. Sin entrar en cada caso, con distintas connotaciones y sin querer comparar, hay entrenadores contrastados que llevan bastante tiempo sin probar un banquillo ACB: Moncho López (desde 2007), Gustavo Aranzana (desde 2008), Javier Imbroda (desde 2009), Edu Torres (desde 2010), Curro Segura (desde 2011), Manolo Hussein (desde 2011), Luis Güil (desde 2012), Paco Olmos (desde 2012) o Pepu Hernández (desde 2012). Excepciones hay y las constatan el regreso la temporada pasada, para suplir a compañeros destituidos, de Sergio Valdeolmillos a Estudiantes (ausente desde 2008) y de Andreu Casadevall en el CAI Zaragoza (por la LEB desde 2004).

Ante la rampa de salida se sitúan entrenadores que dan sus primeros pasos a estas alturas. El Joventut será el tercer equipo en tres años de Diego Ocampo, cuyo periplo como acompañante de Salva Maldonado, Joan Plaza o Aíto García Reneses le permitió optar a la alternativa en solitario. Otros ayudantes que toman el volante con sus propias manos son Ibon Navarro (segunda temporada en Manresa tras debutar con ‘su’ Baskonia), Jota Cuspinera (arranca en Fuenlabrada) y Carles Durán (al mando en Bilbao tras ser gregario en Joventut y Valencia).

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Pasar la reválida no es sencillo y la lista de técnicos que no consiguieron consolidarse es amplia. Casos como los de Mariano de Pablos (Estudiantes), Chus Mateo (Unicaja y Fuenlabrada), Roberto González (Valladolid), Rafa Pueyo (Bilbao), Alberto Angulo y Joaquín Ruiz Lorente (CAI), Borja Comenge y Pere Romero (Manresa) o Hugo López y Jesús Sala (Fuenlabrada) explican la dificultad de entrar en el círculo de elegidos, aunque obviamente están a tiempo por valía y conocimientos. Entre este ramillete sería injusto no añadir la carrera notable de Chus Mateo tanto como ayudante de Scariolo en Unicaja y la selección española como actualmente con Pablo Laso en el Real Madrid.

Entre abierta se ha quedado en este tramo una puerta que antes era una gran oportunidad para colarse entre la élite para nuevos preparadores. Me refiero a la Liga LEB. La bajada de salarios en este escalafón hasta límites insuficientes hace que las competiciones de Venezuela, Méjico, Argentina, Uruguay, Asia… sean una salida más nutritiva para entrenadores en el paro.

A la par, la casi nula consecución administrativa de los ascensos deportivos hace que haya entrenadores que pierdan su opción de seguir con sus equipos en la ACB. De los últimos en acceder por este resquicio fueron Sergio Valdeolmillos (Granada), Txus Vidorreta (Bilbao), Curro Segura (Menorca y CAI), el malogrado José Luis Abós (CAI Zaragoza), Jaume Ponsarnau (Manresa), Alejandro Martínez (Tenerife) y Joan Peñarroya (Andorra). Este último casi, con tres temporadas en la máxima categoría, da esperanzas a la terna de técnicos que pretenden que la LEB Oro sea su trampolín hacia el éxito.

Importación y exportación

¿Y que hay de las nacionalidades? Inmensa mayoría absoluta del producto de la tierra. Sólo 16 entrenadores extranjeros en esta última década: Svetislav Pesic, Fotis Katsikaris, Velimir Perasovic, Bozidar Maljkovic, Sergio Scariolo,  Dusko Ivanovic, Rubén Magnano, Neven Spahija, Ettore Messina, Emanuele Molin, Zan Tabak, Jasmin Repesa, Marcelo Nicola, Mario Crespi, Scott Roth y el debutante Georgios Bartzokas. Siete balcánicos, cuatro italianos, dos argentinos, dos griegos y un estadounidense. Y entre ellos cuatro exjugadores ACB (Nicola, Perasovic, Tabak e Ivanovic).

Contratar a un entrenador foráneo no asegura ni el triunfo ni el fracaso, aunque ha habido sonoros experimentos abortados. No completaron el año ni Rubén Magnano (Sevilla), Scott Roth (Sevilla), ni Mario Crespi (Baskonia), ni Marcelo Nicola (sustituyo a Quintana y no renovó en Murcia) ni Emanuelle Molin (sustituyó a Messina en el Madrid). Tampoco se pueden denominar de satisfactorias las experiencias de Ettore Messina en el Madrid o de Jasmin Repesa en Unicaja. Es decir, 7 de 16 (y Bartzokas)  han salido por la puerta de atrás.

¿Y que hay de las nacionalidades? Inmensa mayoría absoluta del producto de la tierra. Sólo 16 entrenadores extranjeros en esta última década: Svetislav Pesic, Fotis Katsikaris, Velimir Perasovic, Bozidar Maljkovic, Sergio Scariolo,  Dusko Ivanovic, Rubén Magnano, Neven Spahija, Ettore Messina, Emanuele Molin, Zan Tabak, Jasmin Repesa, Marcelo Nicola, Mario Crespi, Scott Roth y el debutante Georgios Bartzokas. Siete balcánicos, cuatro italianos, dos argentinos, dos griegos y un estadounidense. Y entre ellos cuatro exjugadores ACB (Nicola, Perasovic, Tabak e Ivanovic).

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Contratar a un entrenador foráneo no asegura ni el triunfo ni el fracaso, aunque ha habido sonoros experimentos abortados. No completaron el año ni Rubén Magnano (Sevilla), Scott Roth (Sevilla), ni Mario Crespi (Baskonia), ni Marcelo Nicola (sustituyo a Quintana y no renovó en Murcia) ni Emanuelle Molin (sustituyó a Messina en el Madrid). Tampoco se pueden denominar de satisfactorias las experiencias de Ettore Messina en el Madrid o de Jasmin Repesa en Unicaja. Es decir, 7 de 16 (y Bartzokas)  han salido por la puerta de atrás.

Como hemos apuntado anterioremente, la marca España dentro de planeta básket ha crecido al ritmo de los éxitos de la selección y de los atrevidos que han osado a traspasar las fronteras para seguir siendo profesionales. Este es el destino de muchos de los entrenadores que no han conseguido establecerse en el club de ‘fijos’ en la ACB. El ejemplo de Willy Fog del baloncesto se ha ido extendiendo en las últimas temporadas: Gustavo Aranzana (Venezuela y Marruecos), Alejandro Martínez (Méjico)  y Paco Olmos (Puerto Rico y Méjico), Luis Guil (Venezuela), Trifón Poch (Japón y Argentina), Curro Segura (Kuwait, Uruguay, China y Venezuela), Edu Torres (Méjico, China y Venezuela), Ricard Casas (Venezuela y Angola), Moncho López (Portugal) o Hugo López (Canadá y Angola)… La lista es tremenda.

Otras salidas laborales las ofrecen las federaciones nacionales. Seleccionador aparece en el casillero de ‘trabajo’ de entrenadores como Moncho López (Angola), Joaquín Ruiz Lorente (Panamá), Porfirio Fisac (Senegal) o Sergio Valdeolmillons (Méjico). Y también están aquellos que se han hecho un hueco en la formación como Manolo Hussein (formador de formadores en Gran Canaria) o Alfred Julbe (entrenador del junior del Barça).

Por el Curso Superior pasan cada verano un centenar de candidatos a la gloria. No todos asumen este nivel como una senda de acceso a la élite. Capacitarse para ser el mejor técnico posible es el reto global. Pero el ‘título’ parece indispensable para dirigir en una cantera de prestigio, alcanzar un campeonato de España o compatibilizar una vida paralela a entrenar en Liga EBA o Nacional. El embudo se va cerrando hacia el segundo piso (LEB o ayudante ACB) y se hace fino ante el último y escurridizo escalón donde residen, como hemos visto, unos pocos elegidos. La competencia y la preparación es cada vez más elevada, pero esta progresión no se acompaña de cauces para hacer de esta una profesión en la que asentar una existencia sin asumir unos riesgos y donde las oportunidades, visto lo visto, aparecen mínimas.


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