20
Nov
15

Tormenta en el mar de la calma


El CAI Zaragoza no es amigo de volantazos. Pocos clubs han mantenido una línea tan recta y ascendente sostenida en tanto tiempo. El punto del inicio  de esta estabilidad infinita lo marcan dos apellidos que pusieron la flecha apuntando bien arriba: Villar-Abós. Sólo la desgracia de la enfermedad del recordado  Pepelu ha obligado a dar un giro brusco, pero hasta entonces la variante fue la natural, sin sobresaltos. El otro técnico que servía en ese banquillo desde el 2008, Joaquín Ruiz Lorente, asumía el mando como en una abdidación monárquica. Era lo más lógico. Lo que debía de ser. Sin discusión.

Las derrotas en la Liga Endesa, que no tanto en Eurocup, han despertado las adormiladas dudas que sobre el trabajo de Joaquín se despertaron mediada la temporada pasada. Parte de la grada cargó contra él como responsable de la marcha irregular tras la Copa y las derrotas caseras que finalmente dejaron al CAI sin ‘playoff’. Pese a protagonizar una campaña con buen balance, estos descuidos disgustaron al creciente nivel de exigencia porque se percibía aquella plantilla como la mejor de la historia del club aragonés. Y no se estuvo a la altura.

En verano, si había alguna interrogante, la secretaría técnica la zanjó renovando al entrenador y colocando las piezas de la plantilla según sus deseos, con su rúbrica y sin herencias: se dio salida a un hombre clave en la etapa Abós (Pedro Llompart) y se arrinconó a otro (Pere Tomás), dando poder a Stevan Jelovac pese a sus carencias defensivas y su egoísta selección de tiro. El resto de fichajes tenían o tienen buena pinta, avalados por la buena fama de Willy Villar de pescar bueno, bonito y barato. La buena pretemporada, cosecha de resultados de esperanza, promovió la consigna de que el CAI tenía amplitud de opciones para la pizarra, mucha versatilidad y disponía de jugadores de rendimiento inmediato. Se destensaba la cuerda que sujetaban los críticos. Por poco tiempo.

Con una victoria en seis partidos, perdiendo tres enlazadas en Charleroi con mala imagen, en casa ante Andorra y dejando escapar un partido ganado en Badalona, la excusa del calendario riguroso (enfrentarse al Madrid y al Barça defendían esta versión) ya no parece ser válida para acallar a la oposición y la crispación vuelve a rondar por el mal llamado aún Príncipe Felipe. Cuando aún no ha terminado la fase de encaje, ya se hablan de finales por estar en la Copa y se percibe desconfianza en el juego que pueden dar algunos jugadores (Diener, Linhart, Benzing o Kanacevic) y en el liderazgo de Jelovac,  hay un agujero en la defensa interior, no existe equilibrio en ataque con la persistencia de la falta de anotación exterior y los cambios de quintetos no ayudan para definir roles. Demasiados problemas demasiado pronto.

joaquin

Aunque el CAI sigue abanderando la continuidad y tranquilidad, la pausa y templanza para dejar hacer a los profesionales, la misma teoría con la que solventó la crisis de marzo, la confianza sobre Joaquín Ruiz Lorente empieza a ponerse en duda ya no sólo por parte de la grada, también por cierta sección de la prensa. Esto genera un dilema en la ‘filosofía’ que ha presidido el CAI Zaragoza en los últimos siete años y quizá la obligación de romper la baraja si la cosa no funciona y la presión estalla la caldera. Vivir demasiado tiempo con esa desconfianza no parece sano y menos tras el bagaje grisaceo de la campaña anterior. Gran Canaria y Baskonia, y en mitad la visita del Valencia, pueden ser los jueces si se suman demasiados adeptos al bando crítico. La bajada al ruedo del presidente, alertando sobre la situación y exigiendo resultados, tiene dos visiones: es una exhibición pública de que las luces rojas se han encendido, pero también una medida intermedia, un aviso, más acorde a los procedimientos poco quirúrgicos de la entidad.

Este mar sin grandes olas por el que ha navegado el club de Zaragoza provoca incertidumbre entre los perfiles en la teórica (ojo, digo teórica) sustitución de su técnico. El candidato que más gusta a la dirección técnica está en Valencia y es Pedro Martínez. El segundo, Salva Maldonado, también tiene contrato en vigor en la Penya. Imposibles ambos hasta zanjar el curso. Entre las opciones del mercado actual no hay muchas alternativas. O al menos que hayan estado recientemente subidos a la rueda de los banquillos ACB en los puestos de nobleza que persigue el proyecto del CAI. Quedaría como alternativa repescar a alguno de los preparadores que están en el extranjero o tirar por el camino de la juventud como han hecho en estos años otros equipos con acierto (Valencia con Carles Durán o Baskonia con Ibon Navarro). Donar el mando a Pep Cargol, aunque lógica en esta transición, podría ser dudoso por el último ejemplo. Pero esta caza en aguas revueltas es solo una lotería que queda en un segundo plano ante la esperada reacción a la que aguarda el club. Pero si fuera así colocaría al CAI ante una circunstancia a la que no está acostumbrado. Así que antes de tirarse de cabeza al barro, quizá será mejor esperar hasta que escampe. Aunque exista el miedo a tormentas mayores.


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