31
May
15

Aulas de asfalto


Wang sale valiente al ruedo. Su rival es un ‘Goliath’ que le cuadruplica en edad y le dobla en estatura. Pero si residía alguna gota de miedo en este pequeño ‘David’ ya se ha escapado entre sus risas. Víctor le cede la bola para empezar el duelo, pero en un abrir y cerrar de ojos la esconde debajo de su camiseta con un veloz engaño. Su renacuajo defensor se parte mientras busca retorciéndose la pelotita que aparece y desaparece por arte de magia. El regocijo se traslada a la fila de compañeros que se divierten con la exhibición.

‘The Copper’, el mote de Víctor Núñez, ha cautivado a su diminuto público. Sus ‘trucos’ de freestyle han tenido atareados durante más de una hora a unos veinte jóvenes del barrio de San Fermín. Su presencia es un premio por su buen comportamiento y un regalo que le han entregado sus propios compañeros. El maestro malabarista ha tenido paciencia con chavales que abultan menos que su herramienta. Paso a paso les enseña a pasarse la pelota entre las piernas o a hacer un cambio por la espalda. “Pegaros un cachete en el culo y veréis como el balón pasa al otro lado”, alecciona el profesor vestido de ‘Nugget’. La larguirucha Nayeli comprueba que el consejo funciona. En breve lo utilizará en mitad de uno de sus partidos.

No hace tanto que Víctor era también un imberbe zagal no muy lejos de allí, en el tantas veces olvidado sur de Madrid. “Era como ellos. Pero yo le daba al fútbol. Pese a ser de Fuenlabrada, con los amigos prefería darle patadas al baloncito”. Hasta que un día se sintió traicionado. La calle puede ser dura para un adolescente y él sintió esa fuerza en su propia piel. “Una tarde tuvimos una bronca en el barrio tras un partido y me vi en mitad de una pelea que no quería. Mis colegas me dejaron solo. Ese día dejé el fútbol… y a mis colegas”.

El doloroso recuerdo pronto se edulcoró en forma de catarsis. De esta decepción, curiosamente, emergió la pasión que ha cambiado todo. “Empecé a salir poco de casa y una vecina me enseñó unos vídeos con trucos de baloncesto para levantarme el ánimo. Comencé a hacerlos en mi habitación con una pelotita de goma espuma. Al salirme unos me atrevía con los siguientes. Y ya no paré”, recuerda Víctor.

El ‘streetball’ le entró directo al corazón y allí se ha quedado clavado como una seña de identidad. “Me lo ha dado todo. Mis nuevos amigos, gracias a él he conocido a algunas de mis parejas, es mi forma de vivir”, afirma Víctor. Quizá por eso se tatuó en el antebrazo el símbolo de And1. Porque la fiebre por el básket de asfalto le llevó a probar sus límites, a mejorar y empaparse de esa motivación por atrapar los imposibles, a driblar a los peligros que se le presentaban. A crecer. Y en ello sigue. Creciendo, aprendiendo e intentando transmitir eso que a él tanto le llena: demostrar que desde la calle el deporte puede ser un buen aula para la vida.

Víctor Núñez 'The Copper' en plena clase de 'Freestyle'

Víctor Núñez ‘The Copper’ en plena clase de ‘Freestyle’

MALA FAMA

Los últimos disturbios en Baltimore arrastraron a la actualidad la mítica serie The Wire. La producción televisiva creada por David Simon abordaba la vida en los bajos fondos de la ciudad de Estados Unidos donde se crió Carmelo Anthony, un submundo alrededor de la delincuencia, las drogas y la violencia, donde el ‘streetball’ completaba la iconografía del ‘ghetto’. En la primera temporada, dos narcos rivales simbolizaban su guerra con un partido de básket. Ese matrimonio entre el deporte callejero y la marginalidad atrae un álbum de imágenes iluminando estereotipos sociales: las balas silban en la noche, esquinas donde se trafica, reino de mafias, agujeros de pobreza y desolación. El cine y la televisión han trasladado esta negativa publicidad a las nuevas generaciones y la han transformado en un producto exportable y atractivo en las sombras del peligro del que surgen estrellas como fueron en los setenta el Doctor J o Lew Alcindor. Ahora, cada verano las estrellas de la NBA vuelven por millonarios contratos a ‘playgrounds’ mítificados como Rucker Park para vender sus valores comerciales en torneos con aroma a asfalto y paradigma del sueño americano.

En España las redes de acero nunca han dejado de ser una anécdota al que se ha adherido esta fama en los límites del barrio, con banda sonora de rap y comunión con la cultura urbana. El desembarco de algún show americano, la creación de torneos con cierta solera o la vinculación de jugadores profesionales como Nacho Martín han mejorado la reputación del ‘street’ que cada día sí se juega de tres en tres en canchas de cemento, canastas de metal y techo de estrellas. ¿Quién no ha jugado una pachanga en una pista pelada de un parque? ¿Quién no ha curtido su tiro bajo el sol de verano en una canasta solitaria?

Precisamente fue en uno de esos montajes que una marca montó frente al Palacio de los Deportes de Madrid cuando Víctor salió del caparazón del anonimato. Tuvo la suerte de ser seleccionado para jugar un partido contra Lennon ‘The Lawyer’ y lució sus habilidades frente al primer espada del ‘street’ en España. Allí puso su nombre dentro de un círculo pequeño de ‘especialistas’ en un mundillo del que difícilmente se puede comer, aunque ya ha participado en algún evento: “Estuve en Colón retando con mis trucos a los aficionados que se pasaban por la fanzone del Mundial”.

Pero Víctor mira hacia otro lado, quizá sabiendo lo que le ha dado este mundo y saber cómo compartirlo. Porque quizá se acuerde de ese chaval al que unos vídeos y una pelota de goma espuma le apartó de muchos líos. Y por ese sentimiento de solidaridad quiere convertir el ‘streetball’ en un método para enseñar buenos trucos y mejores valores a los más pequeños, hacer de ese rectángulo de cemento un aula y de esa pelota de cuero raida una inspiración . “Me tengo que aguantar hacer ciertos trucos en los partidos, porque, aunque para mi son un recurso más del juego, no me gusta que piensen que lo hago para chulear o dejar en ridículo a nadie. Se trata de divertirse juntos”. Y él sabe cómo transmitirlo. Se ve en los ojos risueños de Wang buscando la bola escondida. Allí se refleja esa sentencia. “Marcos lleva varios días ensayando lo que le enseñó Víctor. Nos trae locos en casa”, reafirma el padre de otro de los ‘hechizados’ por este mago que muestra sus trucos y su buena educación escondiendo una pelota para arrancar una sonrisa.

Podéis contactar con Víctor Núñez ‘The Copper’ en @victor_copper40


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