27
Nov
14

De nombres y hombres


Cualquier ciudadano español que quiere cambiar su nombre tiene que acreditar ante la administración que utiliza esos apellidos, que son legítimos de su rama familiar paterna y materna y que ambos le pertenecen legítimamente. Hay excepciones, pero ésta es la norma general. La cosa no es tan fácil como parece y el laberíntico lenguaje jurídico no ayuda a aclarar las cosas.

Es más sencillo darle la vuelta al apellido de un ladrillo. Este verano las arcas municipales de Madrid se embolsaron oficialmente un millón de euros por bautizar al Palacio de Deportes de la ciudad con la marca de una entidad bancaria. No fue el primero. El consistorio que gobierna la popular Ana Botella emparentó el Madrid Arena a una empresa de telefonía y  ahora también busca ‘papá’ para otras agoras millonarias, como la Caja Mágica. Los ingresos mandan después del inmenso gasto en instalaciones deportivas que perseguían el inútil proyecto olímpico de la capital española. Equipos de fútbol como el Manchester United o el Bayern Munich y franquicias de la liga americana de baloncesto (NBA) ya utilizaron esta fórmula para lograr un patrocinio extra con el reclamo de las decenas de miles de espectadores y consumidores que acuden a sus estadios y ‘arenas’.

La nueva nomenclatura del espacio de la calle Goya se inauguró con la Copa del Mundo de baloncesto y es la pista habitual de juego de los dos equipos de la ciudad de la Liga Endesa, el Real Madrid y el Tuenti Móvil Estudiantes. Sin embargo, el cambio no ha calado entre los aficionados, que siguen dirigiendo sus pasos al ‘Palacio’ de toda la vida.

Esta mañana otro ayuntamiento, el de Zaragoza, gobernado por el Partido Socialista, ha desautorizado la propuesta de Chunta Aragonesista (CHA) de renombrar el Pabellón Príncipe Felipe en Pabellón José Luis Abós, casa del CAI Zaragoza. El grupo aragonesista, apoyado por IU, no hacía más que transportar al pleno la propuesta popular iniciada por el caísta Jorge Lambán y que por medio de la red change.org reunió más de 15.000 firmas a favor de una iniciativa aplaudida unánimemente por la población local y la familia del deporte nacional. Las autoridades han hecho oídos sordos a la voz de sus ciudadanos que sólo quieren honrar la figura del entrenador zaragozano que recuperó la pasión por el baloncesto en la ciudad y que falleció hace unas semanas víctima de un cáncer. Las muestras de cariño desde entonces han sido continuas. En su desaprobación, ratificada a la par por PP y PSOE, se añade la opción de que el torneo municipal pasé a denominarse Memorial Abós, un buen gesto, pero insuficiente para la mayoría.

abos

En el entorno de la Liga Endesa sólo cuatro clubs juegan sus partidos en pabellones con nombres propios. El Unicaja defiende el Martín Carpena de Málaga y el Baskonia persigue la gloria desde el Fernando Buesa Arena. Ambos honran a políticos víctimas del salvaje terrorismo. Normalmente, los pabellones de baloncesto españoles se identifican por el lugar, barrio o zona en el que están situados o por algún apelativo aséptico o que los simbolizó en su construcción (el Olímpic de Badalona, por ejemplo). Solo el Fernando Martín de Fuenlabrada y el Santiago Martín (expresidente del CB Canarias) de Tenerife recibieron su apellido de personajes célebres del deporte. En Adecco Oro hay tres casos más: el arquitecto Joan Busquets (Prat), el entrenador Javier Imbroda (Melilla) y la atleta Marta Domínguez (Palencia). Curiosamente, sin quitarle mérito a sus éxitos deportivos, el hermano de Imbroda, Juan José,  es el presidente de la Ciudad Autónoma desde 2000 y la famosa fondista fue concejala y senadora del Partido Popular.

De Alejandro Pérez a Pepe Garcés

En Zaragoza hay 48 instalaciones deportivas regentadas por el orden municipal. Casi todas siguen la ley no escrita de denominarse como el barrio, calle o colegio público al que están unidos y donde residen sus usuarios. Sin embargo, hay excepciones. Los vecinos maños pueden ir a lanzar unas canastas al Alberto Maestro (periodista), nadar en la piscina del Pepe Garcés (alpinista), ejercitarse en el Fernando Escartín (ciclista) o echar un partido en el Eduardo Espiau (funcionario), Alejandro Pérez (atleta) o el Cecilio Pallarés (piragüista). Solo en el caso del ciclista oscense se le concedió tal honor en vida. En la lista no hay baloncestistas, pese a ser Zaragoza cuna de grandes campeones y, construirse el pabellón Príncipe Felipe, dada la incipiente afición que se vivió en la ciudad gracias a los éxitos del entonces CB Zaragoza. Su inauguración, en abril de 1990, coincidió con la celebración de la Final Four, que volvió a acoger en 1995. Además ha sido dos veces la sede de la Copa del Rey y la Supercopa, otra del Eurojunior y del Torneo preolímpico de 1992. El paréntesis de la desaparición del baloncesto de élite dejó casi en desuso al emblema del deporte maño. Por poner un ejemplo, en Madrid, hay centros deportivos municipales dedicados a figuras del deporte de la canasta como son Antonio Díaz Miguel, Pepu Hernández o Fernando Martín.

No he escuchado razones de peso por parte del Ayuntamiento de Zaragoza para no hacer valer la opinión de los hinchas caístas. La única sospecha que me viene a la cabeza es el miedo a la descortesía ante la institución monárquica que supondría quitarle este ‘título’ al Príncipe Felipe. No son los mejores tiempos para las coronas, pese a que la subida al trono del susodicho ha encubierto la impopularidad de los actos de Urdangarín, las cacerías elefantinas de Juan Carlos y otros escándalos derrochadores en época de crisis.

Si esta es la verdadera causa del ‘no’ a escuchar a la masa, el eradio maño pondrá por delante su servilismo real, como súbdito de rodillas rasgadas, que al real ostentador de la soberanía nacional, sus ciudadanos, que tendrán que hablar en las urnas el próximo año. Si hay otras razones debería explicarlas bien. Si argumenta efectos económicos de renovar pancartas y murales, ahora que eso vende, habría que repasar el dineral que costó hace cuatro días instalar un megamarcador que sirve para que salga el vídeo de la mascota agitando una bufanda o unas estadísticas más simples de las que hay en los electrónicos de las esquinas. Si hay otras razones, quiero escucharlas. Yo y Zaragoza.

Y lo que me gustaría, y le pido a nuestras queridas multinacionales por el amor al dólar, es que se lance el cebo a los hombres de Belloch con la opción de dar a su queridísimo Príncipe Felipe el apellido de una marca que deje pasta gansa en sus arcas. ¿Por qué no Muchajetabank PF o Constructores Amigotes PF? ¿Qué harían entonces? ¿Olvidarían las reverencias de pequeños Nicolases por el cazo en bien del colectivo? Entonces quizá todo el lenguaje jurídico sería una cantinela más fácil de interpretar… O no. Porque ni el tiempo nos hará olvidar la leyenda de José Luis, pero sí a los que hoy dieron la espalda a sus ciudadanos.


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