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Sep
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Es sólo puntería


Será ese silencio que no calla el rumor de la historia. Será el chasquido de ese parqué por cuyas grietas se esconden sudores de gigantes. Será que uno es pasto de sus recuerdos y de sus mitos. Pero llegar al Magariños vacío, estremece. Me pasó esa mañana de junio, persiguiendo un sueño ajeno y una búsqueda infructuosa. Por la tarde el Madrid recibía al Barcelona en la final de la Liga Endesa. La temporada para el Estudiantes había cerrado gris y en las oficinas no había ni Cristo. Al entrar percibí el bote solitario de una pelota. Detrás vino otro. Y otro. Y otro. Una serie precedida por el roce de una malla que acaricia el acierto. De reojo reconocí el perfil de Alberto Corbacho. A su vera de triplista esbelto se encogían varios cámaras que repetían el enfoque del movimiento de la mecánica del balear y el arco del balón hasta la canasta. Estaban grabando un vídeo.

Mi misión en el Estudiantes cambió. Invitado a seguir la grabación, pasé más de dos horas viendo como el alero del Obradoiro probaba una y otra vez establecer una marca de triples anotados sobre cien lanzamientos. “Quiere anotar más de noventa”, delató un empleado de marketing del club. “Ha hecho una de 80 y pico”, inserta con acento catalán uno de los camarógrafos en un intermedio. En los descansos el ‘shooter’ se seca las manos con una toalla y los ayudantes aprovechan para rebajar el mono de canasta con algunos tiros menos profesionales. Los intentos van sucediéndose entre rachas de veinte bombas sin error con otros frenados antes de terminar por la frustración del fallo. Llega la hora de comer y la rendición se asoma como los rezagados estudiantes del Ramiro por una puerta entre abierta del pabellón. “Otra más. La última”, afirma Corbacho como si estuviera en la barra de un bar en mitad de una noche sin fin. Siempre sabemos que la última es la penúltima. La marca se frena en 89. ACB.com ha sacado hoy las pruebas de lo que digo es verdad.

Cuando me acercó a él al final del rodaje, Alberto Corbacho me identifica tras presentarme. Ya hace tiempo que yo era periodista en Zaragoza y él solo un tirador cedido en el CAI por el Unicaja. Una temporada atrás había remontado el solito un partido en el Príncipe Felipe con el Huelva. Su año en mi ciudad no fue excelente, pero sí un pasito más en su carrera y periodo suficiente para demostrar que era un lanzador puro y con un enorme potencial. Luego llegó a Santiago y su fortuna cambió. Su consagración como un auténtico bombardero desde la línea de 6,75 llegó en Galicia, donde le dieron tiempo para madurar y, sobre todo, confianza. Corbacho simboliza el desperdicio de grandes jugadores que se desaprovecharon en esa etapa del CAI y, en general, la falta de oportunidades que se les da a las jóvenes promesas del baloncesto español en la Liga Endesa.

El diario Marca publicaba hace cuatro días un informe sobre la presencia de jugadores españoles. La política de cupos y los intereses de los mercados arrincona al deportista autóctono a una presencia que pocas veces supera el límite de cuatro presencias por plantilla. Solo nueve de los 18 clubs de la ACB tienen más de cuatro fichas de ‘formados en canteras FEB’. El equipo con más es precisamente el Estudiantes, con 8 de 11, aunque uno de ellos es el nacionalizado Federico Van Lacke y otros tendrán una presencia simbólica en los partidos. La media esta temporada ha bajado al 39% del total de jugadores, dato que sigue descendiendo (cuatro puntos desde la anterior campaña) y es el más bajo de la historia de la competición. Entre los participantes de Euroliga se reduce el porcentaje hasta un ridículo 24,6. Unicaja con 2 de 12, precisamente el criadero que desaprovechó a Corbacho y que la temporada pasada lo intentó repescar, es el bloque con menos producto nacional. La salida hacia las ligas universitarias de Estados Unidos de decenas de buenos jugadores en los últimos veranos es otro síntoma de que algo no marcha en el baloncesto del ‘Método FEB’, por no nombrar los nubarrones ante la renovación de la selección que se perciben tras la frustración del último Mundial.

Para acabar la conversación en Magariños, le pregunto a Alberto Corbacho por sus hermanos, también excelsos tiradores, y la relación genética de tanto empacho de triple. “Es solo puntería”, dice el ’33’ del Obradoiro. No me creo nada. No soy tan incrédulo. Ponerla dentro del aro no es sólo cuestión de buen ojo. Esa humildad quizá tenga que ver, como seguro que detrás de ese acierto hay horas y horas de trabajo, sacrificio y empeño. Y porque alguien decidió ponerle, quizá porque el eslovaco que querían era más caro, quizá porque alguien vio en él que podría ser él, pero le pusieron. Eso sí que fue buena puntería.


1 Response to “Es sólo puntería”


  1. 1 Paco Juan Cardona (Xicu)
    30 septiembre 2014 a las 22:42

    Es Puntería y mucho trabajo. Conozco a sus hermanos, y, sobre todo al mediano, Miguel Ángel . Y aparte de ser unos grandes jugones tenían el instinto del tirador, el querer meter todo lo que tirasen.


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