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Posos de una Copa


Cuatro días en Vitoria dan para mucho. Para morir en las idas y venidas por la calle Cuchillería o para resucitar en el Buesa Arena. Que se lo digan al Barcelona. De clasificarse a última hora, sin ser cabeza de serie, de estar zarandeado en la Liga Endesa, de discutirse la fiabilidad del entrenador, de tener que fichar a un parche para curar las heridas de su estrella… a celebrar un título, igualar en historia en Copas a su máximo rival y darle a este un severo golpe en cuartos que puede tener una onda expansiva en lo que queda de temporada. A continuación algunos apuntes de la vivencia de un periodista en las alturas de una tribuna de prensa. Esta ha sido mi Copa.

Ganó el Barcelona, ganó el mejor

La Copa no suele engañar a nadie. Ganó el Barcelona. Ganó el mejor. No hay discusión. Se lo mereció. Fue el equipo que mejor entendió el torneo, mejor dosificó los esfuerzos colectivos, tuvo más ambición y hasta encontró la fortuna en los instantes precisos. Más la hay en la elección del MVP. Pete Mickael, quizá el mejor estadísticamente, aunque las sensaciones, al menos las mías, es que el título se lo merecía el Barcelona en colectivo o, en su extensión su entrenador. Es el décimo título en su casa de Xavi Pascual, un entrenador discutido esta temporada, pero que ha mantenido el pulso de un cuadro campeón que no está en su mejor momento, para elevar un título de prestigio y acallar críticas. Esta victoria me ha recordado a la que firmó el también señalado Dusko Ivanovic en Málaga en el 2007. Mickael fulminó al Madrid y  Navarro estuvo estelar en semifinales, Marcelinho y Sada se complementaron en la dirección, Tomic sigue siendo el más regular de la plantilla, Lorbek mantuvo una línea gris con destellos de grandeza en momentos clave, Oleson se mostró con un ánimo barcelonista propio de alguien nacido en Esplugues, hasta Rabaseda y Jawai fueron importantes para destrozar al Baskonia. Fueron el mejor equipo y eso suele ser suficiente para ganar al baloncesto.

celebracionBCN

La sensación mayoritaria fue que la final se jugó en el primer partido, en un Madrid-Barcelona intenso y emocionante. Dos prórrogas atrajeron a casi dos millones de telespectadores en un encuentro que invita a engancharse al baloncesto. Ganó el Barcelona porque se definió como equipo más sólido en los minutos finales, tuvo algo más de suerte y le entraron tiros clave, definición que suele acompañar al campeón. Al Madrid le faltó un puntito, quizá en un Rudy más protagonista, quizá en tener más tiempo a Sergio Rodríguez en pista, quizá la flojera interior que se le achaca en su plantilla… Pensamientos que veremos si afectan a su marcha triunfal hasta esta Copa.

Al Baskonia le pudo la presión de jugar en casa y de tener una oportunidad única al alcance de su mano. Las dudas en la dirección del equipo, con una calamitosa actuación de Omar Cook que propició el arreón del Barcelona, fueron claves en la derrota (¿dónde está Cabezas?). Tampoco supo parar a un Navarro renacido. La jugada decisiva pudo darse unas semanas antes: el fichaje de Oleson cambió el panorama. Decían en Vitoria que Tabak pecó de novato en grandes torneos tras un inicio como entrenador baskonista de récord. En cuartos no se notó ante un CAI verde que no aguantó ni propuso soluciones al aumento de tensión defensiva del cuadro vasco, ayudado, según la visión aragonesa, por el trío arbitral. Estar en Vitoria era el premio. No hay críticas.

El Valencia consiguió su plaza en la final en un cuadro más asequible, pero también porque defendió muy bien y atacó muy ordenado, con un inmenso Vitor Faverani, el jugador revelación del torneo, a un inexistente Estudiantes sin la confianza del enfermo Carl English y a un empobrecido Gran Canaria. El plantel canario se llevó por delante a un Bilbao que debía haber sido, de haber estado en la Copa en una versión más similar a la que remarca su plantilla, el finalista en mi opinión.

Ambientazo

Me decía mi amigo Alejandro, debutante en una Copa y que ya nos contará su experiencia, que lo que más le había impresionado de estos días había sido cómo se vivía en la grada el evento. Los cuatro días de baloncesto condensan la esencia del buen rollo que rodea este deporte. Ocho aficiones unidas en un bello pabellón, repartiendo cánticos de alabanzas y apoyos, lanzándose piques que se diluyen en el aire y no en las manos, hermanándose en las tertulias en las calles, compartiendo copas… El sábado se añadió al envoltorio el jolgorio del carnaval. Premio para los que se vistieron de canastas, con la luz roja del fin de posesión incluida. En total, 100.000 personas pasaron por el Buesa Arena durante estos cuatro días, superando el récord de asistencia en una Copa.

Las medidas de seguridad, que impedían a los aficionados de la tribuna de arriba, como si fuera los camarotes de tercera clase del Titanic, pasar de un lado a otro, se demostraron estúpidas ante el buen rollismo generalizado y la ‘enemistad’ sana que reina en el baloncesto y que nos hincha el pecho a los que amamos este deporte.

Con esta predisposición al jolgorio se puede opinar que transportar este ambiente a los fines de semana de competición es una ilusión de ilusos. Es verdad que enganchar a la grada cada fin de semana en ocho pabellones diferentes es una tarea más ardua, pero en la Copa queda constatado que la afición quiere juerga y que entra al trapo si le das elementos para divertirse: la presentación de los equipos al estilo NBA, los concursos interactivos en descansos, actuaciones populares encima del parqué, la posibilidad de fotografiarte con la Copa, la zona lúdica del Iradier, el buen uso del supermarcador del Buesa… Pizquitas de sal para condimentar el ambientazo y que la ACB debería gestionar para que los clubs se pongan las pilas y no todo el espectáculo lo tengan que distribuir los jugadores.

Remarco en especial la presencia de los fanáticos del Gran Canaria, que fueron los que más empatizaron con el resto por su alegría. Malaguita, el entusiasta hincha que no podía estar sentado, personalizó este ánimo jocoso y divertido. La fotografía de la Copa la protagonizaron los jugadores del Granca y su entrenador, Pedro Martínez, al subir a la grada a agradecer el apoyo mostrado tras caer en semifinales.

Eché de menos a Chicui, tengo que confesarlo.

Pitadazo

Cuando el jueves se anunció la presencia del Rey en la Final se intuía el concierto de viento. Retardo su llegada al palco. Ni por esas. La grada dictó sentencia, descargando decibelios de descontento monárquico sobre el patriarca. Hubo aplausos, acallados por el ruido general, que sería inocente señalar, como han hecho algunos medios, únicamente a opiniones independentistas (no es que sea Vitoria el feudo del nacionalismo vasco y tampoco había tantas banderas como bocas protestando) y más al malestar creciente con la figura de la monarquía y el descrédito de safaris y Urdangarines.

No fue el único que se tragó una pitada. El ministro de Cultura José Ignacio Wert descendió al descanso a la grada para dar el trofeo de campeón de la Minicopa al Real Madrid. La denuncia del silbido contra la nueva política educativa y los casos de corrupción del partido fue entendida por algunos como un castigo para los niños de 13 años que recogían su premio. No lo creo. La foto a Wert le salió cara. ¿Qué esperaba? ¿Quién fue el lumbreras que señaló al impopular ministro como miembro ideal para entregar el obsequio?

No fue el único manifiesto político que entonó el Buesa Arena. Alentado por el fondo de la Demencia, toda la grada se unió a la reivindicación por la Sanidad Pública que se ha instaurado en el Palacio de los Deportes durante los partidos del Estudiantes. En la final dos aficionados del Asefa dieron una vuelta al ruedo mostrando una pancarta con un lema favorable a la Sanidad Pública bajo el aplauso de todos.

El deporte y la política no son asuntos estancos.

Minicopa

Anexo al Buesa Arena, cuya estructura parece la corona de un Nazgul, se encuentra el BAHK. Querejeta lo compró hace unos años y ha potenciado su uso polideportivo. En este escenario se jugó la Minicopa, competición paralela a la Copa grande que juegan los equipos infantiles de los equipos participantes. Ganó el Madrid, rompiendo la hegemonía catalana (Barcelona y Joventut) de sus diez años de existencia. El MVP fue el esloveno Luka Doncic (25 puntos y 16 rebotes) y el finalista el Barça. A semifinales llegaron otras dos canteras de prestigio: Estudiantes y Gran Canaria.

Todos las jornadas recibieron una buena afluencia de público, lo que constata el acierto de un torneo que ya es un clásico, casi tanto como la copa forera (que también ganó el Madrid). Más perjudicial me parece la atención exagerada que reciben estos chicos de 13 y 14 años durante tres días.  La Minicopa debería ser para ellos una diversión, un premio, una oportunidad para competir con chicos de otros lugares, despreocupándose de los agentes que les siguen, de los clubs que los quieren fichar y de los periodistas que ven en tal y cual a la futura megaestrella mundial. Queda tanto tiempo para todo eso… Pronto publicaré un reportaje sobre esto en Diagonal y en este blog con las opiniones de varios entrenadores.

Presentación de El Ritmo de la Cancha

A nivel personal la Copa me ha traído varias alegrías. Casi todas ellas tienen que ver con personas con las que he podido coincidir, conocer o desvirtualizar estos días. Estar allí otra vez con amigos como Alejandro Jordán y familia, Fernando Gordo, Antonio Ruesta, Beto Rived, Enrique Coscolín en sus últimas crónicas como redactor de baloncesto de Heraldo, al perfecto anfitrión David Pejenaute y su gente de Diario de Noticias, Paco Torres, Jorge Lorenzo, Xavi Pardina, José Luis Pichel, Reinaldo Benito, Álvaro Martínez, toda la gente de la cantera del Estu… y a todos de los que me olvido no pude ver por las vorágine del evento, incluso los que aún no sé por qué no estuvieron. Fue el momento para poner cara a amigos del ciberespacio como Igor Minteguia, Jon de la Presa, Lucas Sáez-Bravo, Robert Álvarez, Quique Peinado… No olvidarme de mis asuntos laborales en EstuRadio con Santi Escribano, Marcos Fernández, Aaron Morales, Eire García y Enrique Flores. Qué equipazo.

PresentacionElRitmoVitoria

Pero si hubo un momentazo personal en esta Copa fue la presentación que en la mañana del sábado hicimos del libro de Jacobo Rivero. Él me invitó a conversar sobre básket, periodismo, personas… los lugares comunes que compartimos y de los que versa su ‘El Ritmo de la Cancha’. Fue más de una hora de coloquio fluido y distendido que contó con la participación de la gente que llenó la coqueta plata baja de la librería Zuloa, con Javier Monserrat y varios amigos de Igorre como grata sorpresa. Me faltaron la gente del Autonómica (ese Julito, Joey, Vicky, Lucas…) pero la noche les confunde.

DEP Paco Rengel

No todo han sido buenas noticias. La peor la recibimos el jueves a última hora, curiosamente cuando alguien que lo conocía bien como Rafa Muntion recibía un premio a su trayectoria. Se nos fue Paco Rengel, maestro del periodismo y malagueño hasta la médula. Amante del baloncesto y de contarlo fue muchos años referente para muchos desde Diario Sur. Yo lo conocí gracias a Basketconfidencial, cabecera y pionera web en eso de contar historias y hogar en el que acogió mis textos. Lo pude conocer en persona en mi etapa en Málaga, donde me recibió y ofreció su apoyo en estos momentos de mar gruesa para el periodismo. Para él fue una vida y hasta el último momento narró lo que veían sus ojos y sentía su alma en un ejemplo vital y profesional. Su pérdida nos deja huérfanos de un periodista cuya sabiduría echaremos en falta. Un señor. Descansa en paz, amigo.


5 Responses to “Posos de una Copa”


  1. 1 Yandrakovic
    11 febrero 2013 a las 14:47

    Amigo, ¿qué opinas del MVP? Yo hubiera apostado por Marcelinho, la verdad.

    P.D. Mucha envidia, snif, snif.

    • 2 sraly
      11 febrero 2013 a las 22:20

      El MVP de la Copa, sin duda, un tal Javier Monserrat, representante de la familia y fiel seguidor. Me debe una cerveza, así que, a falta que diga algo en este foro, me la cobraré en vuestra compañía.

      Hablando en serio, más acorde hubiera sido, para mi criterio habérselo dado al chorreo de asistencias (como expresión de la sinfonía colectiva que fue el Barcelona) de Marcelinho o a la regularidad de Tomic. Faverani en Valencia si gana la Copa, sin duda.

      Abrazacos.

      P.D: Solo me faltaste tú. Ellos se lo pierden (y se lo perdieron)

  2. 11 febrero 2013 a las 23:16

    Pues para mi el MVP es totalmente de Pete Mickeal, uno de los mayores competidores natos que existen hoy en día en el baloncesto mundial. Fue claramente el mejor jugador de la verdadera final, la del Jueves, contra el Real Madrid, y para mi ya debería haber sido el MVP de la final ACB del pasado año, aunque al final se lo dieran a Lorbek.

    Pete es el jugador de los partidos más importantes. Cambió el rumbo de las pasadas finales (¿O fue Suárez?) y en esta Copa fue el más determinante del partido más difícil y más importante para el Barça.

    Saludos.

  3. 11 febrero 2013 a las 23:19

    El MVP es compartido por ti y Jacobo que dísteis una presentación espectacular el sábado por la mañana. Quién me conoce sabe que soy incapaz de hablar en público y vosotros dos lo conseguisteis, así que eso se merece un MVP. Fue un placer escucharos hablar, estuvimos hora y cuarto y me parecieron cinco minutos!

    Sobre la Copa, bastante conforme con lo que dices, aunque yo estoy con que el MVP debía haber sido Marcelinho de cabeza, porque la diferencia entre el Barsa que manejaba él y el de Sada era abismal. En la grada no entendíamos nada cuando lo nombraron.
    Sobre mi CAI decir que hizo una primera parte mucho más que digna, mejor de lo que podíamos esperar, pero que se “rajó” cuando la defensa de CL anduvo rozando el límite admisible. Yo creo que habrían tenido que subir ellos también a ese nivel de defensa, pero o no pudieron o no supieron o les sobrepasó el ambiente.

    Del resto, destacar a Faverani, por fin con la cabeza bien amueblada (¿Te acuerdas del que estuvo en Zaragoza hace ya años?). Y me llamó mucho la atención lo poco que usa el juego interior Valencia para lo que tiene abajo. Creo que abusan del tiro exterior.

    Y por cierto, está claro que el nombre de Siberia-Gasteiz se lo tiene ganado la ciudad. Jodó que rasca hizo todo el finde!🙂

    La cerveza la tengo apuntada, un día con el culturetas ese de mi hermano y una buena charla! Un abrazo!

  4. 12 febrero 2013 a las 11:37

    Yo votaría como MVP a Navarro. Sin él no se habría llegado a la final (y no lo digo sólo por el partidazo contra el Baskonia). Es su sexta copa, nunca le han nombrado MVP y creo que tiene méritos suficientes para llevarse ese premio. No es una declaración romántica, lo juro.

    En cuanto a la presentación estoy muy agradecido a Sergio y a Javi. Es un placer hablar de baloncesto y del libro con vosotros.

    Un abrazo grande a todos.


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