09
May
12

El día en el que el baloncesto me robó la ilusión


Hay días que no empiezan a las doce de la noche y otros, quizá muchos sean los mismos, que es mejor que nunca llegaran, que se quedaran en la cabeza de los que los esperan con ilusión porque ahí nunca salen mal. Hay domingos, como este del 6 de mayo, que comienzan a las ocho menos cuarto de la tarde. En ese momento, apenas un hilo de voz lograba salir de miles de gargantas llorosas por la decepción de la derrota, contenidas por la extenuación de haber expulsado hasta la última palabra de aliento para casi nada, acongojadas por un futuro que quizá protagonice ese bebé que envuelto en una camiseta del Estudiantes había permanecido en continuo estado de perplejidad durante 40 minutos hasta el momento no deseado por nadie. Ahí, entre la algarabía, rompió a llorar, como sabiendo lo que acababa de pasar. En la grada, los cánticos de ánimo arreciaban al mismo tiempo que las mejillas se mojaban con más profusión que elegancia entre los abrazos que nadie deseaba dar. En la pista decía adiós quizá el jugador con más corazón que ha pasado nunca por esta pista de juego. Y lo hacía teniendo que soportar la aguja más traicionera, la del borrón deportivo que nunca puede ser tal en un jugador de su carácter.

Ni una hora hacía que la adrenalina se había sobrevenido en decepción mayúscula y, por la ventana del metro, los ojos que viajaban en él apenas podían ver borrosos el cartel que anunciaba Avenida de América. A mi lado, una adolescente trataba de explicarle desconsolada a un señor lo que acababa de pasar. Apenas se adivinaba en sus ojos vidriosos su situación personal y la frustración de que la vida le estaba empujando lejos de Ítaca. ‘Con la que está cayendo y ahora desciende el Estu’, le escuché decir de fondo cuando bajaba del vagón. Desde el andén no me pude resistir a girar la cabeza. Una bandera ondeaba (por decir algo porque más bien se movía con torpeza) en una esquina del vagón que acababa de dejar. Debajo de ella, los ojos vidriosos de un aficionado buscaban consuelo en los tiempos más gloriosos. El metro había dejado de ser un lugar bullicioso para ser cómplice ejecutor del silencio más sentido y angustioso.

Las escaleras mecánicas no cejaban en su empeño de levantar a la gente y allí arriba estaba el autobús que me devolvería a casa, a un mundo que seguiría igual, ajeno a la decepción. Intenté dormir y así soñar con que el Edén no nos había expulsado. ¡Iluso! gritó algo desde mi interior. El día en el que el baloncesto me robó la ilusión.

Artículo de Dani Monserrat


6 Responses to “El día en el que el baloncesto me robó la ilusión”


  1. 9 mayo 2012 a las 11:37

    A todos los que nos gusta el baloncesto nos pasa lo mismo. Pero que sirva para que el equipo se reinvente y renazca con la fuerza de sus seguidores. Lo de Jiménez es una imagen de los tiempos que vivimos, en los que se premia a los que menos se lo merecen. Os dejo nuestro pequeño homenaje al jugador en “Soldados en miniatura” http://basketandtalent.com/2012/04/24/soldados-en-miniatura/
    Y animo puertatras!

  2. 9 mayo 2012 a las 22:27

    Bien, Dani, gracias por regalarnos esta historia, y gracias a sraly por hacerte hueco.
    Un pequeño déjà vu para los desmemoriados zaragozanos, quizá. Sin vivirlo con proximidad, da la sensación que el dolor no proviene de ese último instante en el que se pierde la esperanza, si no de la constatación del rumbo perdido desde hace un tiempo…
    Quizá fuera necesario. Quizá sería necesario en otros órdenes de la vida: quemar y volver a plantar.
    Saludos a los dos,

  3. 9 mayo 2012 a las 23:30

    espero y deseo, que en un año, cuentes como vuelves con el metro, ondeando la bandera, con los ojos llorosos de la alegria de volver a la ACB

  4. 4 hesisair
    10 mayo 2012 a las 0:44

    Recuerdos de una tarde de hace tres años cuando entre Angulo, Arteaga y el mismo rival nos mandaron al mismo sitio tras creer que habíamos llegado para no irnos nunca.
    Un año se pasa rápido, aunque no lo veais ahora como nosotros tampoco lo vimos hace tres años. Y cuando uno cae, es para renacer con más fuerza si cabe. Ánimo y nos vemos dentro de un año!

    P.D.: Cagontó, a mi en el reparto no me tocaron los genes de escribir como los ángeles… Debo de ser el hermano tonto😉

  5. 5 Yandrakovic
    10 mayo 2012 a las 22:31

    Gracias a todos por los halagos y, sobre todo, por los ánimos, más necesarios que nunca en semanas como estas. No sé si este descenso servirá para que renazcamos con más fuerza, pero, de momento, me quedo con que no debemos dilapidar entre todos el activo tan grande que es la maravillosa afición. Un saludo a todos y gracias de nuevo!!!

  6. 6 Santi
    23 mayo 2012 a las 14:08

    joder, igual hasta conozco al bebé en cuestión


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