Ridículo espantoso de Andray Blatche


Hoy va a ser una noche de vídeos. Mientras espero a la final de la NCAA, rastreando como todos los días la blogosfera yankee, encuentro un ‘ridículo espantoso’ que diría mi querido Monaguillo. El prota de esta historia es la nueva estrella de los Wizards, seguramente uno de los que por dentro se alegrará como nadie de que Gilbert Arenas decidiera hacer de John Wayne, porque la ausencia del Agente Cero y la subsiguiente revolución de la entidad, le ha convertido en el jugador franquicia. Hablamos de Andray Blatche, el mismo que hace dos semanas fue el centro de la polémica al negarse a jugar en un partido. Ahora le podemos colgar la medallita de ser todo un comediante. Va camino de ser una estrella.

Pongámonos en situación. En el partido de anoche, contra los Nets, con victoria para los Wizards, faltaba solo un minuto para el final y Blatche estaba a un solo rebote de lograr un triple doble. Por ese motivo, ni corto ni perezoso, se lanzó como un poseído hacia la pelota al errar un tiro Yi Jianlian. Atrapado el balón y lograda su hazaña, los árbitros le señalan falta por empujar a López en su intento de coger el rechace. Empieza el show, con saltitos y sonrisitas al escapársele de las manos la obra maestra. 

No termina ahí la secuencia del esperpento. En la siguiente jugada se da otro rebote, que parece que caerá en las manos de Blatche, pero su compañero Kevin Martin, sin enterarse de qué iba la película, le quita el juguete al niño. Más saltitos, más sonrisitas. Pero quedan unos segundos. Parece que Mike Miller se percata de la situación y se lanza a un ataque rápido para echarle un cable al colega. Pero la pelota llega a otro despistado, JaVale McGee, sobre el que cometen falta los Nets. Hay tiros libres. Blatche se frota las manos. Esta es la mía, pensaría. Fallará el segundo y atrapo el rebote, era su plan definido en sus ojos. Está chupado. Por si acaso le echo una miradita al rival para que me de permiso para coger la pelotita y se acabó. Pero va McGee y mete el segundo. Maldito. Más saltitos, más sonrisitas. Y aún hubo una carrera al final para lanzar él mismo y coger su décimo rechace. Sin suerte. Otra vez será, crack.

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