16
Feb
10

Autoenemigos


Por cuestiones de devoción y adopción sigo principalmente a dos clubs de baloncesto: el CAI Zaragoza y el Unicaja de Málaga. Son equipos que este año iniciaron la travesía con ánimos de encabezar la marcha, más en el caso del CAI, azuzado por sus dimensiones a recuperar el puesto perdido en un parpadeo en la ACB. Sus existencias tienen lugares comunes. Son clubs con pasado, una alta tradición y un público mayoritario. Estas ventajas arrastran de su mano otros componentes menos atractivos para su tripulación: la presión crece en el entorno (aficionados y medios) y, por lo tanto, los fallos suelen tener una dimensión apocalíptica. Este ingrediente se engorda por la holgada capacidad presupuestaria que permite corregir errores a base de efectos publicitarios llamados ‘fichajes’, un alivio inalcanzable para los humildes y un arma de doble filo si no se gestionan bien los sobreesfuerzo.

La temporada de ambos equipos transcurre por cauces algo similares, aunque el CAI se mantiene mucho más cerca de su objetivo (segundo y a una vitoria del liderato que le daría el ascenso) que el Unicaja (sexto en ACB, fuera de la Copa y con una difícil misión para salir vivo del Top 16 de la Euroliga). Pero si hay alguna semejanza entre ambos proyectos, la encuentro en una errónea planificación deportiva que, unida a contratiempos inesperados (lesiones, mala adaptación) y las prisas, han desencadenado en el uso del corte y confección.

Veamos. El CAI logró en verano el bombazo de renovar a Paolo Quinteros, su máximo valedor en su corto periplo por la ACB. El escolta argentino se quedó a poco de fichar por el Tau y, más tarde, las ofertas recibidas de clubs de primer nivel no eran tan beneficiosas como la que le planteó Willy Villar, nuevo director deportivo del equipo aragonés. A ello se unió un grupo en el que se equiparaban elementos de continuidad (Phillip, Guerra, Lescano), fichajes desconocidos con buena pinta (Elonu y Barlow) y complementos necesarios para armar un buen grupo en la LEB (Rivero, Edu Sánchez, Nacho Martín, Kiefer). El primer contratiempo llegó con la lesión de Rafael Hettsheimeir y la de Barlow y los atrasos en la nacionalización de Lescano, lo que obligó a ampliar el contrato al malagueño Francis Robles y traer a Elonu y al panameño Lloreda, luego cortado. El principio de temporada no fue demasiado regular, con descuidos fuera de casa ante equipos que no debían ser rivales teóricos y sin desarrollar una línea de juego regular, pero venciendo todos los cruces clave ante los rivales directos (Menorca y Melilla) y siguiendo invicto en casa. El equipo llega a la recta final en buen lugar y subirá si gana todos los partidos, incluido un cruce definitivo en la última jornada en Melilla (+12 en Zaragoza). Sin embargo, este desarrollo no puede camuflar la mala gestión de la directiva con despistes gordos como la nacionalización de Matías Lescano, un jugador clave, con siete años en la entidad y a la que hasta se le ha buscado una salida por no poder jugar. Otro grave problema ha sido la mínima visión sobre Hettsheimeir, apartado por su lesión y cedido al Xacobeo. Su buena actuación en la ACB, incluido un MVP de una jornada, provocó el retorno tras la finalización de su lesión, contra el deseo del jugador y pese a que se lesionó la rodilla. Este movimiento ha provocado una transformación de la plantilla en mitad del viaje (corte de Kiefer para que entre Lescano por la lesión de Guerra, posible salida de Elonu cuando el brasileño esté bien y la incorporación de Oriol Junyent para cubrir los cupos), unos cambios peligrosos a once partidos del final. Parece que el gran rival del CAI es el propio CAI.

El trayecto del Unicaja ha sido igual de tumultuoso con evidentes malas actuaciones de la directiva, empezando con la salida de Carlos Cabezas, un hueco que no se ha podido remediar con los fichajes de bases con contrato temporal (Pooh Jeter, Shammond Williams y ahora Zabian Dowdell, además del ala-pívot Larry Lewis) y seguido con otras piezas claves por las que, según Aíto, no se pudo competir para retener (Marcus Haislip y Boniface Ndong) ni contratar a sustitutos a la altura. Las lesiones han tenido gran parte de culpa de las maniobras que se han tenido que obrar en el mercado (Gomis, Printezis, Berni o Saúl Blanco) y la falta de adaptación de otros jugadores (Guillem Rubio, Saúl Blanco y el ya cortado Taquan Dean) han lastrado a un grupo que terminó contra las cuerdas hace dos semanas tras perder contra el Prokom, derrota que desató la furia de la grada, pidiendo dimisiones en las altas esferas. Esta advertencia y ahora la sanción por dopaje de Juan Dixon, el fichaje que parecía remediar la falta de anotación exterior, han tenido una consecuencia positiva: el mejor partido de la temporada ante el Cajasol. El Unicaja volverá al mercado para paliar esta ausencia (suena Rakocevic) y afrontar con la mayor de las dignidades una temporada a cuya finalización se plantearán cambios. Otra vez, el peor enemigo del Unicaja es él mismo. 

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