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20
sep
12

Extra, extra… ‘El Ritmo de la Cancha’ llega a Zaragoza


¡A Zaragoza, a Zaragoza! Era el grito que coreaban los brigadistas que salían a hacer la guerra desde Barcelona pocas semanas después del levantamiento de julio del 36. Se subían a cualquier cosa con ruedas, tomaban su fusil si lo tenían y se iban a liberar a la República de las garras del fascismo. Las columnas de milicianos llegaron a ver las torres del Pilar, pero nunca hubo una opción real de tomar uno de los enclaves esenciales para comunicar Cataluña con Madrid y la cornisa cantábrica.

¡A Zaragoza, a Zaragoza! Como si de Durruti se tratase, gozoso recupero la bocanada de entusiasmo por volver a casa, porque hay motivo de júbilo. Viene Jacobo Rivero a orillas del Ebro y lo hace para presentar su libro. Los que seais afines a los blogs de básket conoceréis al compañero por su espacio ‘Sputnik‘, referente de este mundillo. Pero si no lo sabéis, en sus múltiples e imparables proyectos, ‘Jaco’ ha escrito un libro (ya os hablé de ello aquí). Y si sois de Zaragoza, o de cerca, el sábado podréis comprobarlo de cerca (y comprarlo), pues lo presenta en la libreria ‘Los Portadores de Sueños’ (entorno de la Calle San Miguel) a partir de las 13:30. Estáis todos invitados.

¡A Zaragoza, a Zaragoza! Jalearán al unísono todos los aficionados al baloncesto este fin de semana por la celebración de la Supercopa. Los ‘columnistas’ del Barcelona, Real Madrid, Valencia y los partisanos caístas brindarán por el inicio de la temporada ACB en el Príncipe Felipe. En particular, a los mañicos, nos irá la vida en comprobar la salud de este CAI que parece un equipo de Social, que se junta en el último momento para echar unas canastas, por las estrecheces de una pretemporada con fichajes tardíos y con la censura del PreEuropeo. Un marco incomparable para disfrutar del baloncesto y escuchar ‘el ritmo de la cancha’ que nos une.

19
may
12

Déjà vu


Los déjà vu son un recurrente recurso para el cronista. Siempre viene a la memoria aquel fallo del penalti pasado (¿Eloy, Alejo, Raúl, Joaquín, Ramos?) para justificar las vergüenzas champiñoneras de hoy. No hay que buscar mucho más abajo de un par de párrafos sin gracia para filosofar con los bucles rebeldes de la vida. Se capturan pescadillas que se muerden la cola o dislocan círculos adictos al infinito. Me daría para un libro (como el de Jacobo) enunciar cómo me he sentido hoy al volver a sentarme en los banquillos blancos del Príncipe Felipe, descubriéndome como un periodista en barbecho o un entrenador estudiante, identificando viejos vicios y pocas virtudes. Sería falso negar la alegría de encontrarse con los ‘curritos’ del pabellón (¡ese Santi!) o los ejemplares ‘currantes’ del baloncesto aragonés, toparme con viejos maestros de facultad, amigos de redacción, de red y redes, o noveles compañeros de pupitre. Mentiría abiertamente sino desgastase halagos a la FAB por su extraordinaria forma de hacer las cosas, ejemplificada hoy en Manolo Castro. Cuesta desligarse de hasta la falta de algunos titines que dieron la bienvenida a aquel Carlos que llega para honrar al Carlos que se fue. Resultaría una barbaridad disimular que escuché a ilustres hipócritas frases como “ese tiene los mismos 18 que tenía Ibaka” sin que se me retuerzan las tripas porque donde veo explotación y miserias otros solo ven un DNI atrofiado y falsificado por todos. Porque hoy me he sentido como ese Bill Murray atrapado en un tiempo marmotil o perdido en la traducción de Tokio (ya os susurraré al oído esta secuencia final).

Redondo y CalderónMe valdrían todos esos argumentos para chapurrear el franchute y referirme a mi breve paso por el Campeonato de España junior de Zaragoza como un déjà vu del que viví hace doce meses en el mismo escenario siendo un cadete. No le extrañaría a nadie que siguió este blog por la mera repetición, por redescubrir en estas líneas similares colores en las finales, idénticos entrenadores, apellidos como Gomila, Camarasa, Moix, Sans, Nogués, Cantenys… dejando la academia para ser juniors (14, siete por bando, repetían). No lo haré por un detalle.

Escocidos los ojos por el ardor de la derrota, consumiéndose los segundos por una garganta muda que tragaba derrota, Paco Redondo, entrenador del Joventut, volvió su mirada a las otras, ausentes y llorosas, de sus jugadores, para reclamar su atención. “Lo primero, ir a darles la mano a los campeones”. Ése que explotó en un abrazo tras derrocar al mismo equipo (Barcelona) y al mismo colega (Marc Calderón) ahora desprendía en ese detalle la misma grandeza que no es únicamente valorada en victorias. Uno tras uno, su peña estrechó manos, enjugó gotas de tristeza, tragó saliva y permaneció desplomada, pero en pie de orgullo, ante la celebración del Barcelona, tres veces campeón junior, pese a lo que jodía perder. El éxito del saber hacer como sinónimo del saber triunfar en la derrota.

O ese otro con puño al aire de Josep Pérez. Ocho triples errados para tener la valentía suficiente de ser el noveno el que entrase sin mirar la culpabilidad de la estadística. O ese consuelo ajeno de Alberto Martín, base del Real Madrid, que entendió que el dolor del otro es propio en la amistad, acercándose a abrazar a sus compañeros de selección, pero antes de deporte y vida. O la de los campeones arribando a la vera paterna y materna para cantar juntos la alegría de tanto sacrificio recompensado.

Esta vez no hubo grandes relatos, reportajes ni entrevistas complementarios, no hubo tiempo para ello, como tampoco cayeron récord de lecturas ni asistencias desinteresadas, porque esta vez sólo existieron los gestos para resumir un campeonato, una victoria del cómo sobre el resultado. De ese cómo debería ser el baloncesto.

08
feb
12

La medida de Jorge Sanz


Es en ese preciso momento, entre esas ocho estrofas de silencio y respeto, cuando Jorge encuentra su pausa. Entonces su curiosa mano rasca su bolsillo y halla la caricia confidente del tejido. En ese instante, cuando el pabellón escucha callado o canta ‘The Star-Spangled Banner’ es cuando él comprende dónde está, lo que está viviendo. Es ahí cuando entiende que esa vorágine merece la pena plenamente. Agarrado a su bandera, a su inseparable medida de la Virgen del Pilar, en mitad del himno americano, este zaragozano echa la mirada hacia atrás y recuerda ese día que llegó a Boca Raton para cumplir su sueño: ser entrenador en la NCAA.

Juguetona. La pelota que le tiraron sus hermanos Queco y Andrea le rebotaba en la cabeza encerrado en esa oficina. No paraba de despertarle del letargo del trabajo. Debía liberarla. Un día abrió la puerta para que saliera esa naranja traviesa y detrás de ella se lanzó él a perseguirla como si aún estuviera en el patio de Compañía de María o en el recreo de Tiempos Modernos, en la pista del CBZ o en la ribera del Helios. Cuatro años trabajando para una multinacional de cosmetica habían sido suficientes para entender que allí no era feliz y que solo sabía y quería hacer otra cosa. Baloncesto.  Jorge Sanz se cansó de esa vida. Quería, como esa pelota, ser libre. “Lo hablé con mi familia y mi pareja y decidí buscar suerte en Estados Unidos”. Buscó y buscó su lugar en el mundo y siguió buscando hasta que encontró tres palabras. Florida Atlantic University. “Fue casi por casualidad. Busqué por diferentes estados y por motivos de trabajo mi esposa y yo nos centramos en un principio en el área de Nueva York. Luego me dí cuenta de que encontrar trabajo no era tan fácil y busqué la vía de los estudios. Salió la opción de Florida, donde me convalidaban casi toda la carrera y tenía sólo que hacer un año más para obtener el título americano. Y además hay vuelos directos a España desde Miami”, relata Jorge. Así, un 24 de julio hizo las maletas y se plantó en Boca Raton.

Jorge Sanz, segundo por la izquierda y agachado, en su etapa en el Helios de Primera Nacional

No se encerró en las aulas. Como buen base, buscó con inteligencia el camino más claro hacia la canasta. Decidido, se plantó en el pabellón durante un entrenamiento del equipo y dijo que quería ayudar. La acogida fue buena. De discreto ‘voyeur’ pasó a tener un papelito en la obra como ‘student manager’. “Comencé grabando los entrenamientos del equipo, desde lo alto de las gradas. Los ratos que no estaba en clase los pasaba en el pabellón y cada vez fui cogiendo más responsabilidades: intercambio de vídeo con otras universidades, edición de vídeo, acompañé al equipo en varios desplazamientos y acabé haciendo un par de scoutings”. Pese a no cobrar ni un dólar, pero sintiéndose útil, aprovechó este primer curso para ganarse la confianza de todos y completar las asignaturas con las que conseguiría el título americano de su carrera (ESIC).  “¡Estaba viviendo desde dentro cómo trabajaba un equipo de la División I de la NCAA!”.

No era solo eso. Su trabajo no fue baldío. Cuando el asistente Matt McCall se marchó a la vecina y potente Universidad de Florida para ser ayudante de Billy Donovan quedó vacante la plaza de Director de Operaciones. Nadie en la FAU dudó de quién era el mejor para cubrir ese hueco. Jorge Sanz aparecería en la foto oficial de la temporada como un ‘búho’ (Owl) más. Porque a nuevo cargo, nuevas responsabilidades. Jorge se levanta pronto cada mañana, sobre las cinco y cuarto, y una hora más tarde ya está en la oficina, comprobando los mensajes y enviándolos a otros departamentos, charlando con los profesores para ponerse al día sobre las notas y obligaciones de los jugadores (“Si no estudias, no entrenas. Si no entrenas, no juegas. Sin excepciones”) o informándoles de que llegará tarde a una clase porque el entrenamiento se ha extendido un poco, coordinando actividades con los voluntarios, revisando que no haya cambios en los vuelos o en las reservas de hotel, realizando algún scouting o confeccionando un repaso estadístico… Y de 8.00 a las 11.00 se va al entrenamiento. “No tengo responsabilidad directa en aspectos técnicos, pero me gusta tomar notas mentales y plantearme que decisiones tomaria yo si tuviera dicha responsabilidad”, comenta.

La plantilla de Florida Atlantic de la temporada 2011-12 con Jorge Sanz, primero de pie por la izquierda

La plantilla de Florida Atlantic de la temporada 2011-12 con Jorge Sanz, primero de pie por la izquierda

Seattle, Washington, Tampa, Lawrence (Kansas)… La temporada es larga. 16 largos viajes en total de una punta a otra de Estados Unidos. “Me dicen que tengo mucha suerte porque viajo mucho, pero si te digo la verdad los viajes son frenéticos y no se ve nada. De la cancha al hotel y de nuevo al avión”. Aunque intenta tenerlo cerrado todo antes de empezar la temporada, siempre hay detalles sueltos o cambios en el último momento. Jorge es el encargado de que todo salga perfecto, que los jugadores cumplan sus responsabilidades académicas y sólo tengan que centrarse en hacerlo correctamente en la pista. “En cada viaje tenemos horas asignadas para el estudio y tutores que ayudan para que los jugadores no vayan retrasados y pese a los largos desplazamientos no pierdan materia y estén al día. Además se adaptan horarios y calendarios lectivos para que los jugadores puedan cumplimentar sus obligaciones académicas. Se retrasa o adelanta la entrega de un trabajo. El número de horas lectivas es el mismo”. Y durante el partido, siempre atento y predispuesto, siempre echando una mano, es un ojo más para que no se escape nada. Es él quien se encarga de recoger todo aquello que las estadísticas no registran. “Anoto, por ejemplo, las buenas ayudas que realiza un jugador o quién corre o no el contraataque. También marco el nombre de las jugadas del rival, porque, claro, en los vídeos no hay audio y es esencial para poder ajustar rapidamente durante el partido”.

Siempre hay algo que hacer. De todo menos una cosa. Descansar. Echarse en el sofá es una alternativa poco probable para Jorge, aunque al menos la presencia de su mujer Franchesca desde el pasado mes de abril alivia el trajín y aplaca cualquier brote de soledad o nostalgia. “Durante la temporada, cuando tenemos un par de días seguidos en casa es siempre entre semana y debido a que mi mujer trabaja entonces, como mucho me escapo al gimnasio. No hay mucho tiempo libre”. Lo atestigua Puertatrás. Esta entrevista se realizó el Día de Acción de Gracias, en uno de sus escasos días de vacaciones, que pasó “adelantando temas” en su oficina en el pabellón. Y sin pavo.

Verano. Florida. ¡Tiempo de playa! Pregunten a Lebron. Nada de eso. ‘Summertime’ no da tregua para este aragonés con tesón. En junio se encarga de coordinar el Mike Jarvis Team Camp, un torneo donde se disputan 150 partidos en menos de tres días y se reúnen 48 equipos de instituto diferentes. Entonces… será en julio y agosto cuando tendrá un respiro. ¡Qué va! Porque entonces se alarga el tiempo del ‘recruit’ y él debe encargarse de la logística desde su oficina, de que los entrenadores tengan todo solucionado para poder seguir por los rincones de los 50 estados de la nación a los jugadores de instituto que se pretenden engatusar para la causa. “Mayoritariamente, basamos nuestras incorporaciones en jugadores del estado de Florida, pero en la plantilla actual te encuentras otros seis estados y tres nacionalidades diferentes”, explica Jorge.

Un programa global de 140 nacionalidades

Jorge Sanz trabajando desde el banquillo de la FAU

Porque Florida Atlantic no es uno de los principales programas deportivos dentro de la NCAA, lejos de la pompa de Kansas, Kentucky, North Carolina, Duke o UCLA, lejos de las parrillas de las cadenas estatales. “No somos conocidos a nivel nacional”, se lamenta Jorge. Es una universidad pequeña (29.000 estudiantes) peleando en un universo de gigantes. Un dato lo dice todo. Ningún jugador ‘owl’ ha sido drafteado o jugado en la NBA. Pero eso se explica porque su pasado es corto, dado que no entró en el cuadro de baloncesto masculino hasta 1988 y sólo cinco años después logró su ascenso a la Division I universitaria, pasando finalmente en 2006 de la Atlantic Sun Conference a la Sun Belt actual. En todo este tiempo el equipo sólo ha logrado una presencia en el Torneo Nacional de la NCAA, en el 2002, perdiendo en primera ronda con Alabama. Entonces era el entrenador Sidney Green, excompañero de Michael Jordan en los Chicago Bulls y padre de Taurean Green, bicampeón de la NCAA con los Florida Gators, exbase del Gran Canaria y CAI Zaragoza y nativo de Boca Raton. Un vistazo al ‘Hall of Fame’ de FAU aclara otras razones. Allí figuran principalmente estrellas de la natación, el beisbol y el golf y sólo Yolanda Griffith se salta la norma a lo grande. Allí cursó un año la MVP de la WNBA en 1999, MVP de las Finales y campeona en 2005, dos oros olímpicos con USA en Sydney 2000 y Atenas 2004. No es un mal ejemplo a seguir.

Pero la dirección del departamento de deportes de Florida Atlantic quiere cambiar su suerte, entrar en el mapa y para ello contrató hace un par de temporadas a Mike Jarvis, un ‘coach’ de prestigio nacional después de su paso por Boston University, George Washington, St. John’s y la selección nacional U22 (Mundial de 1993 de España con Eddie Jones, Corliss Williamson, Theo Rattlif…) y en cuyo extenso currículo tiene el honor de haber trabajado con técnicos como Jim Calhoun o Tom ‘Satch’ Sanders y entrenado a jugadores como Michael Jordan (Torneo McDonalds para mejores jugadores de high school), Pat Ewing o Ron Artest. “En estas universidades con menor tradición la labor de los técnicos es casi mayor porque no disponemos de jugadores que marquen la diferencia individualmente y el trabajo colectivo debe ser mayor”.

Bajo su mando, la temporada pasada los ‘Owl’ alcanzaron por primera vez el mejor registro (13-3) de su conferencia en la fase regular. Pese a caer pronto en el torneo final (North Texas), lograron una plaza para el Torneo NIT en el que perdieron con Miami (85-62). La única pérdida relevante del alapívot senior Brett Royster, que actualmente juega en los Riders Leicester de la Liga inglesa, presagia que esta temporada puede fortalecer la progresión del ‘roster’ y el asalto al Torneo Nacional. Confeccionando un calendario más exigente, con visitas a tres Top25 (Kansas, Mississippi State y Harvard) y sólo cuatro partidos ‘non-conference’ en el FAU Arena, ‘Coach’ Jarvis y los Owls mantienen un balance negativo de victorias-derrotas en la temporada (9-14) y sólo un 5-5 en sus enfrentamientos de Conferencia a falta de seis partidos para que comience el Torneo final de Sun Belt en Hot Springs (Arkansas).

Entrenamiento de FAU en el Allen Fieldhouse, mítica pista de Kansas

Los buenos resultados han hecho que los estudiantes vuelvan a The Burrow, ‘La Madriguera’, el pabellón de 3.000 localidades que en estas dos últimas temporadas ha roto recórds de asistencia. El magnífico ambiente que contagia cualquier partido de la NCAA empieza a vivirse con pasión en este punto del sureste de Estados Unidos. Y más cuando se enfrentan con Florida International, en lo que se puede llamar el ‘derby estatal de la Sun Belt’. Ese día los PrOWLers, como se hacen llamar los aficionados de FAU, han ideado el ‘Burry the burrow in red’, con lo que se pretende teñir las gradas de rojo, aunque en otras ocasiones especiales se han vestido todos de azul o de blanco, como en la última excitante victoria ante Western Kentucky. La que nunca falla es Hera, la mascota. “En el campus principal sólo viven permanentemente unos 3.000 estudiantes, por lo que llenar un aforo de 3.000 es todo un logro”, afirma Jorge. “Nos ayuda que el equipo de fútbol americano no esté pasando una buena racha…”.

La universidad cuenta con siete campus diseminados por todo el estado, aunque el principal y más grande está situado junto al aeropuerto de Boca Raton. El departamento de castellano es uno de los más prestigiosos a nivel nacional y da una muestra de la apertura internacional de un centro que congrega a 140 nacionalidades. En el mismo equipo de baloncesto masculino hay un argentino (el cordobés Pablo Bertone) y un croata (Dragan Sekelja). Y Jorge, claro. “No he conocido aún a otro extranjero en un cargo similar al mío en la Liga, aunque desde que estoy aquí he recibido varios emails de entrenadores españoles interesados en conocer mi experiencia y saber qué hay que hacer para llegar aquí. No es fácil. Incluso ahora con la crisis hay técnicos del ámbito de la NBA que ven en la NCAA un nuevo horizonte laboral”, dice Jorge, sorprendido al conocer el precedente aragonés que siguen sus pasos sin saberlo. El actual entrenador del CAI Zaragoza, José Luis Abós fue asistente de Dave Odom en los ‘Demon Deacons’ de Wake Forest durante la temporada 1999-2000.

La presencia de ‘inmigrantes’ en plantillas de la NCAA es habitual desde hace décadas, aunque la apertura de la NBA al mercado europeo gracias al éxito de pioneros como Petrovic, Sabonis, Divac, Parker, Nowitzki o Gasol hace que la universitaria ya no sea vista como la puerta exclusiva de entrada al baloncesto profesional estadounidense. Eso no evita que Jorge anime a los jugadores del ‘Viejo Continente’ a probar en América. “Antes el jugador europeo estaba infravalorado y ahora quizás se les exige demasiado pronto competir con los mejores. Todos quieren tener al nuevo Petrovic o al nuevo Nowitzki”. Pero la opinión de Jorge va más allá de la rentabilidad competitiva o del hecho de benficiarse de las modélicas instalaciones o condiciones de trabajo y se adentra en las ventajas académicas y formativas que conjuga la NCAA con la práctica deportiva, un plus que en Europa, aunque circulen paralelas, no está tan potenciado en el sistema de clubs. “Cuando Navarro tenía 18 años ya se sabía que él iba a llegar, pero hay una enorme clase media que debe pensar qué hacer si no alcanza ese nivel o si, desgraciadamente, se lesiona. En ese sentido la NCAA ofrece un colchón, porque además de desarrollarte deportivamente te da la oportunidad de formarte y obtener un titulo universitario. Pero hay que saber elegir el programa adecuado, tanto a nivel deportivo como académico, porque hay una amplia posibilidad de alternativas y hay que decidirse por el más conveniente. Cuando yo veía con mi hermano los partidos en Sportmania nos quedábamos alucinados porque nos parecía un mundo inalcanzable, pero ahora hay mucha más información, lo que lo hace más accesible”, aconseja este zaragozano de 28 años. El caso del propio Rafa Vidaurreta es paradigmático. Tras su retirada ha potenciado las habilidades en comunicación que aprendió en Wake Forest para reconducir su carrera profesional dentro de la infraestructura del Club Estudiantes.

FAU arena o The Burrow

No es tan fácil para un entrenador. Un abismo filosófico separa a las pizarras de cada lado del Atlántico, pese a que el respeto y admiración por el trabajo que se hace en ‘la otra orilla’ es comprobable por el intercambio de conocimientos. Jorge es un ejemplo de ello. Su mentalidad europea del baloncesto es gratamente recibida por Mike Jarvis. Su presencia en los entrenamientos no es para nada testimonial y su punto de vista es bien valorado. “Yo no tomo la iniciativa, en el sentido de que no me meto donde no me llaman, pero cuando me preguntan, opino sinceramente”, aclara. Jorge matiza que la estricta legislación de la NCAA en cuanto a entrenamientos (están reducidos por el número de partidos y largos desplazamientos y limitados al curso escolar, por lo que no se permiten en postemporada) restringe el desarrollo táctico de los jugadores. “El baloncesto europeo está muy bien visto, tanto a nivel de fundamentos defensivos como de técnica individual y, en general, de juego sin balón. El sistema competitivo de Estados Unidos hace que por activa o por pasiva se potencie el uno contra uno. En Europa entramos más en los detalles. Se puede decir que aquí los jugadores tienen quizás mayor talento o, sobre todo, capacidades atléticas, pero tácticamente les cuesta mucho más desarrollarse porque no lo abordan adecuadamente antes de llegar a la Universidad. Por poner un ejemplo, en Europa las rotaciones defensivas son algo natural, mientras que a muchos jugadores aquí hay que hacerles un croquis”, advierte este aragonés con conocimiento de causa porque antes de ir a Florida ya había cursado un año en una high school de Pennsylvania. Desde la experiencia Jorge aclara, para los interesados, que no disponer de la titulación española sobre baloncesto no es un impedimento en Estados Unidos, porque para “entrenar además de saber de baloncesto hay que pasar un test que acredita que conoces el reglamento de la NCAA, sobre todo, en cuanto a la regulación de reclutamiento de jugadores y el sistema amateur de la competición”.

A Jorge le encantaría pasar este verano ese examen. Eso querría decir que ha entrado con todas las credenciales en el staff técnico de Florida Atlantic. Lo que tiene claro es que no es un futuro imposible. “La mayoria de los entrenadores asistentes vienen de abajo, han llevado el agua, pasaron a analizar video, siguieron cogiendo experiencia y han ido aprovechando las oportunidades que salen. Con lo que de momento, voy por el buen camino”. Pese a que echa de menos a la familia y “la comida de mi madre”, sabe que su aventura americana acaba de comenzar. “¿Volver a España? Si acabo de llegar”. Porque él sigue persiguiendo esa pelota juguetona, libre, como debería ser la vida de cada uno de nosotros a pesar de todo. Su libertad le encadena voluntariamente al esfuerzo de convertirse en ‘Coach’ Sanz. Y en ello está. Y encima tiene la suerte de que si algún día se olvida de cuánto le ha costado llegar hasta allí, de lo que ha dejado atrás, sólo tiene que meter su mano en el bolsillo para hallar la medida de su sueño.

*A este reportaje se le añade un artículo de opinión publicado en la Revista de la FAB que podéis leer aquí

05
oct
11

El baloncesto de Nacho


En ocasiones resulta muy complicado explicarle a un niño, a un adolescente, el verdadero valor del baloncesto. Solo ven en el tablero su reflejo, aquel gesto egoísta que ilumina sus pantallas, la ejecución de la copia del ídolo de un videojuego, el abrazo falso de la captura de la victoria como único premio, la ambición por los puntos propios y no por el bienestar solidario del equipo. Porque los veteranos sabemos que esas anotaciones, esas victorias individuales, quedarán sepultadas en la memoria por otras sensaciones más placenteras y duraderas, aquellas que nacen de la amistad que gira alrededor de una pelota naranja, de todo que hace de este deporte una celebración social.

A todo aquel que no se lo crea, le hubiera venido muy bien pasarse el pasado fin de semana, el que abrió el mes de octubre, por el patio del colegio Tío Jorge. Allí hubiera encontrado ese sentido del baloncesto, el único que perdura, que sobrevive. En mitad de ese asfalto de mil botes hubiera visto reunidos a varias decenas de amigos unidos una vez más para honrar la memoria de aquel que ya no está con ellos pero que sigue presente en esa cancha, en esa fiesta.

El mismo día que el Mundo lloraba a Michael Jackson, el básket del Arrabal perdió a Ignacio Pastor, Nacho. Era una persona reconocible por la gente que amaba este deporte en el barrio, para todo aquel que hubiera jugado con él alguna pachanga o algún partido en la Social. Y eso se hace presente ahora al inicio de cada temporada, cuando sus compañeros del Tocho Mocho organizan un torneo –esta año asistieron Arrabal y Bajo Gállego– que no es más que una reunión de colegas, de amigos, de familiares, de viejos vecinos de vestuario, de buenos rivales que celebran por unas horas ese baloncesto, el de Nacho y el de todos que, con los años, sabemos que casi lo que menos importa son las canastas.

03
sep
11

El baño, al fondo a la derecha


Conocí  a sraly en un bar del futuro, y allí fue cuando descubrí que en realidad ya lo tenía muy leído hacía años gracias a sus brillantes ejercicios literarios sobre el CAI atormentado de la LEB. Desde entonces (en lo que fue una cita a ciegas a cuatro bandas denominada primer encuentro de basket blogger maños) siempre le pregunto cuando coincidimos en persona, por una foto inolvidable de un monstruoso mate de Lester Earl en la canasta del lado derecho mirando desde el palco del Pabellón Príncipe Felipe. Fue una acción descomunal del que durante unos meses fue díscolo discípulo de Julbe, hace ya unos años, un salto desde su California natal culminado sin acierto con un smash a una mano tras el que el balón salió repelido por el aro hasta el techo del pabellón en  cualquiera de los anodinos partidos que entonces se jugaban en Zaragoza. Aquellas imágenes en El Periódico de Aragón, iban siempre edulcoradas por unas contracrónicas armoniosas que moldearon el gusto baloncestístico de la parroquia caísta al mismo tiempo que soliviantaban a los por entonces innumerables foreros virtuales que todavía creían en la socialización del basket a través de Internet.

Cuando me dí cuenta aquella tarde de primavera que Sergio Ruiz Antorán me estrechaba la mano ya empapada en cerveza en la cafetería del Siglo XXI, comprendí que mi única escapatoria era la puerta de atrás. Así que no podía obviar a partir de entonces su insistencia en que siguiera escribiendo de baloncesto y mucho menos desatender la sugerencia de hacerlo sobre los bares de basket habidos y por haber en nuestra querida Zaragoceta. El resultado se puede leer en balonZesto.net, pero siempre hay detalles que no deben perderse para no acabar un lunes de madrugada intentando averiguar los conocimientos de alguna camarera rumana sobre el gigantón Muresan.

Bares de baloncesto como tales ha habido muy pocos en la capital aragonesa, pero sin duda lo más parecido a un local deportivo como solo se puede soñar, fue el mastodóntico Domo Stadium. Hubo manifestaciones vecinales en el barrio del Actur para que no se instalara en aquel edificio una discoteca, y el resultado final fue una obra maestra para el aficionado a los bares y al deporte. Imposible no recordar las filas que se formaban para acceder los sábados por la noche (bueno, y también para algunos resultó inolvidable un Cotillón de fin de año en el que hubo polémica para todos), el mural de Michael Jordan presidiendo el salón que albergaba un ring de boxeo y el ambiente que se creaba cuando había algún acontecimiento especial en el mundo del deporte. “Una ciudad como Zaragoza no estaba preparada para algo como el Domo Stadium”; Antonio Modrego, uno de los socios y un exjugador con amplia experiencia en el sector hostelero nocturno, reconoce de esta manera que aquel “garito” le daba una dimensión absolutamente desconocida al ocio zaragozano.

Era sin duda el sucesor natural del Pub Basket de José Luis Rubio, la evolución de aquella especie de club social del CAI Zaragoza en la calle Francisco de Vitoria en la que se proyectaban partidos NBA importados en cintas grabadas directamente en USA por encargo del Presidente del CBZ. Si exceptuamos otros establecimientos clásicos sobre esta temática, han sido exiguos los negocios emprendidos por gente de basket dedicados precisamente al basket. Más allá de tener colgado detrás de la barra un poster de la Gigantes, se puede decir que, en una ciudad “de baloncesto” como Zaragoza, ha sido el fútbol (siempre el fútbol…) el que ha abanderado iniciativas más novedosas uniendo deporte y ocio.

Y las pocas que perduraban, como el veterano “El Equipo”, han ido echando también el cierre; la hermana y el cuñado (que había trabajado en el ya mencionado Pub Basket) del entrenador zaragozano Javier Macipe mantuvieron durante muchos años este pequeño santuario dedicado al basket en cuerpo y alma que acogió tantas y tantas vivencias baloncestísticas.

Así que los bares de basket en Zaragoza siguen siendo los locales en los que por la noche se juntan los jugadores de ayer y de hoy para tomar copas, la tasca de la esquina en la que te cambian el canal de la tele para poner el baloncesto si te pides una tapica o el salón del amigo soltero de turno que te ofrece cerveza en lata y patas fritas de bolsa cuando juega el CAI contra un grande o España vuelve a disputar una final con Gasol a la cabeza. Los demás, son los bares normales que los locos del baloncesto de Zaragoza convierten en bares de baloncesto cuando los llenan.

Artículo de Jorge Albericio, creador de la web BalonZesto. Artículo relacionado con el reportaje ‘Bares de Baloncesto en Zaragoza’

19
abr
11

I (mini)encuentro básket-blogger de Zaragoza


Hay diferentes razones por las que adentrarse en esto de los blogs. Puede que a uno le tire el afán de contar las cosas como las ve y no como se las hacen ver o la intención de compartir con otros sus conocimientos, la curiosidad de encontrar respuestas a sus propias preguntas. Los habrá que busquen su pequeño lugar en el mundo, mostrar sus secretos, esconder sus verdades. Quizá hay quien quiera poner un tenderete en la red, darse a conocer al mundo, apagar el aburrimiento, esperar en la cola del paro, escupir sus lágrimas en un teclado.

Hay otras razones por las que seguir escribiendo en un blog. Existe el dulce éxtasis de crecer, de sentirse leído, de aglutinar visitas, comentarios, elogios, de seguir acaparando conocimientos, de serpentear por rincones oscuros, de seguir cobrando un pequeño cheque a fin de mes, de escribir sin más, de mostrarse, de demostrarse, de rescatar el tiempo perdido.

Pero después de todas estas entradas, tantas palabras, todas estas horas delante de un ordenador, todo el esfuerzo invertido, creo que la verdadera y única razón por la que merece la pena seguir en este pequeño gran mundo es ese sentido de comunidad, de hermanamiento que une a los habitantes de este universo, este minúsculo edificio de iguales tan diferentes.

El lunes me reuní con varios de estos desconocidos y cercanos amigos de la blogosfera. Aprovechando mi visita a Zaragoza, decidí comunicarme con varias de las firmas que leo y me leen, que identifico casi a diario, con las que comparto mi pequeño universo de baloncesto y que, como yo, han nacido en esta tierra colgados del aro. Todos teníamos la curiosidad de poner cara a los nicks, a los mensajes cruzados, de hacernos reales.

No fuimos muchos, cuatro, incluidos Rodman (Paco de El CAI a la ACB) y Albericious (Jorge de BalonZesto), cuyas bitácoras están ahora en barbecho, y Oscar Gaspar, de Sobre la Bocina. Cómo no, quedamos para ver en directo el partido del Mann Filter y del Ros Casares en el Siglo XXI y luego compartir conversaciones, anécdotas, sueños, impresiones, futuro, recuerdos, rastrear en nuestras vidas, conocernos más allá del brillo de la pantalla, de vivir juntos el baloncesto. Para la próxima esperemos que algunos alarguen la noche, se unan todos los que son y faltaron por diferentes motivos y que se añadan al carro nuevos bloggeros.

Como ocurrió a finales de agosto, cuando en Madrid, en el calor del Magariños, nos juntamos unos ‘locos’ para celebrar un precipitado I encuentro de bloggers de básket en España, este miniencuentro en Zaragoza, nació desde ese sentimiento de unión. Creo que los presentes compartimos esa sensación y espero que tanto para Jorge como para Paco les sirviera para replantearse su ‘parón’ bloguero y se pongan frente al ordenador para seguir compartiendo con todos nosotros, con esta nuestra comunidad, lo que tengan que decir.

Un saludo, maños




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