La ahora mensual revista Gigantes del Básket presenta en su portada de enero a Rudy Fernández. Dentro de sus páginas se extiende una de esas entrevistas que no muchas veces se atreven a hacer los deportistas (ni los periodistas), aquellas en las que se no ocultan verdades y la respuesta no viene calibrada por lo políticamente correcto. La sinceridad del escolta del Real Madrid se convierte en un llamativo e inusual titular que me ha dado a escribir este post: “Dicen que en la pista soy un chulo. Y yo diría que tienen razón”.
La rotundidad de Rudy es además recurrente tras los incidentes que protagonizó hace menos de una semana en el partido de Euroliga ante el Zalgiris. En menos de un minuto, de un partido caliente con un final apretado, el internacional tuvo dos acciones antideportivas: lanzó una pelota a la cara de Ksistov Lavrinovic y posteriormente que provocó una tangana con Paulius Jankunas tras un fogoso ‘trash-talking’. Al día siguiente, utilizando su cuenta de twitter, el balear pidió disculpas: “Después de ver el partido de anoche, me doy cuenta de que con el calor del momento no me comporté como debería. Quiero pedir perdón a Jankunas”.
Más allá del titular, Rudy Fernández intenta justificar su actitud en la pista, declarando que el comportamiento que él tiene como deportista no debe trasladarse al que tiene fuera de este ámbito, y que es un aspecto de su personalidad que pretende mejorar. Sin embargo, el jugador, que cumplirá el próximo 4 de abril 28 años y debutó con la selección en 2004, añade: “Creo que tengo que mejorar cosas de mi comportamiento en la cancha y soy todavía joven para hacerlo. Pero, la verdad, no sé si debo cambiarlo porque soy así desde los 10 años y me ha ido bien”. Para puntualizar esta falta de arrepentimiento, el exterior formado en la Penya, cantera de gestos modélicos, subraya que su forma de hacer sólo debe ser juzgada por sus propios compañeros de equipo y por los aficionados de su club, de los cuales aún no ha escuchado queja, como bien recoge Adri González en Solobasket.
A mi Rudy Fernández me parece un superclase, como se dice, uno de esos ‘jugones’ por los que merece pagar una entrada de un partido, que acaparan apariciones entre las mejores jugadas de la semana y cuyas espectaculares acciones animan a los chicos y chicas a empezar a practicar el baloncesto. Fue uno de los culpables que durante cuatro años durmiera poco por las noches para seguir sus evoluciones en la NBA y que más me han hecho disfrutar con esta pasión desde que clavó ese ‘alley oop’ en la Copa de Sevilla en 2004. Su fichaje por el Real Madrid fue una de las mejores noticias que nos pudo dar a los aficionados del básket en España al recuperar a una de las estrellas que más impacto han tenido en la competición en los últimos tiempos.
No es la única faceta que aplaudo de Rudy. Siempre le he alabado por cómo ha sabido adaptarse a un rol más secundario y solidario en la selección o en las escuadras NBA donde ha jugado y tirado menos cuando ha demostrado que es capaz de ser líder y hacer campeón a un equipo como el Joventut.
Incluso le he defendido en tertulias en las que he escuchado críticas hacia su egocentrismo y que muestra en el apego a salir en reportajes de moda o a la hora de cuidar su peinado e imagen en exceso. Creo que esta dimensión beneficia al deporte para elevar su popularidad. Porque los nombres propios, las estrellas, son necesarias para subir el seguimiento en los medios, llegar a más gente… algo que el baloncesto español necesita como el comer. Seguro que su experiencia en la NBA, como le ocurre a José Calderón, Pau y Marc Gasol, le ha servido para entender el valor de la promoción personal, con los euros extras que vienen con los contratos publicitarios. Pocos jugadores de baloncesto salen en Playboy España sin tener que desnudarse.
En esta línea me encantó que tuviera la personalidad suficiente para criticar la falta de información deportiva en el Telediario de La1, la cadena que emite a nivel estatal la Liga Endesa. Pocos desde dentro se atreverían a alzar la voz por servilismo o buscarse algún enemigo. Bravo a Rodolfo por opinar y demostrar que los jugadores tienen mucho que decir y exigir en este asunto.
Pero, sí, tiene que haber un pero… creo que Rudy Fernández se equivoca soberanamente al parapetar su ‘chulería’ como algo que ocurre dentro de la pista y no se traslada fuera o valerse de sus compañeros o aficionados como únicos críticos válidos. Me parece que demuestra una falta de conciencia con la repercusión que tienen sus acciones para todos los aficionados del baloncesto, sobre todo para los menores, aquellos que lo idolatran y lo tienen como ejemplo, que al día siguiente querrán hacer en el pabellón de su barrio o en la pista de su colegio, lo que Rudy acaba de hacer en el Palacio de los Deportes. Podrán querer hacer sus tiros en suspensión, pero quizá tampoco verán ahora tan malo tirarle un pelotazo a la cara a un rival, como hizo con Ksistov Lavrinovic, o enganchar del cuello a un atacante, como hizo a Tony Parker en la final del Eurobásket’11, porque, precisamente, lo hace su jugador favorito. Los entrenadores sabemos cómo cuesta en un par de horas de entrenamientos semanales intentar pulir estos comportamientos antideportivos que el ansia por la victoria que promueve esta sociedad de consumo rápido y el amplificador de los medios (no hablamos del fútbol) promueve en la educación en valores de nuestros chavales.
La conciencia de ello debería recaer sobre todos aquellos agentes educadores, que somos todos, que tenemos la responsabilidad de hacer buenos deportistas, pero también, buenos ciudadanos, mejores personas en una sociedad mejor. Todos somos ejemplos con nuestras acciones como espejo para los más pequeños. Con la razón de la educación y la inmejorable herramienta del deporte. Porque Rudy, disculpa, te equivocas, porque no hay límites morales que nos juzguen de forma diferente fuera o dentro de una cancha de baloncesto. Pero también se equivocan aquellos aficionados, porque dentro de ellos hay padres y madres, entrenadores o profesores de jóvenes jugadores… que aplauden estas salidas de tono por amor a sus colores o miran a otro lado porque es ‘el bueno del equipo’ o para ganar un partido. Como los clubs o la organización de las competiciones por no imponer importantes sanciones, como es modélica la NBA, a todo aquel que no cumpla con un código ético y deportivo. Como los medios que son condescendientes e incluso llevan a la normalidad comportamientos poco pedagógicos y avalan todo bajo el enuncia de ‘lo que pasa en el campo, en el campo se queda’. ¿Por qué en el último derbi de Madrid vimos una y otra vez los salivazos y collejas entre Diego Costa y Pepe y Sergio Ramos, pero ha quedado casi en silencio el gesto deportivo de Iván Fernández en el último cross de Burlada, dejando ganar a su despistado rival?
Rudy Fernández es una persona implicada en proyectos sociales. Ha participado durante su etapa americana en programas solidarios como NBA Cares o Basketball Without Borders y en Navidad colaboró con las iniciativas de la Fundación Real Madrid, que tienen varios grupos inclusivos de baloncesto que hacen una labor extraordinaria. Esta temporada fue protagonista de un reportaje especial del espacio de La2 ’Capacitados’, en el que famosos son concienciados de la normalización de las personas con alguna discapacidad física o intelectual. Junto al adolescente Daniel Stix (Fundosa ONCE) probó la experiencia de jugar al Baloncesto de Silla de Ruedas (ver vídeo). En su perfil de Wikipedia resalta su colaboración con la Fundación Plan de España, siendo embajador del proyecto ‘Por ser niñas’ y padrino de Kalima, una niña egipcia de 4 años. “Todos deberíamos tomar conciencia de las injusticias y poner nuestro granito de arena para ayudar a solucionarlas y para denunciarlas”. Son palabras de Rudy que tuiteó poco después de viajar a Egipto para conocer a Kalima. Pero esa conciencia, esa responsabilidad, también cabe dentro de una pista de baloncesto.
P.D: Espero que nadie interpreta esta crítica hacia las palabras de Rudy un atisbo de antimadridismo. Lo mismo tendría que decir de un chaval al que yo entrenase o de un jugador de mi equipo favorito. A los antecedentes me remito, con una denuncia que no me granjeó buenas amistades en su momento en el club aludido.
P.D: No creo que su gestualidad fuera un aliado durante su carrera en la NBA. Incluso, en su último año en Denver, protagonizó un flopping muy criticado en los medios ante Lakers, práctica muy perseguida y sancionada en la NBA desde este verano. También se tiró a la piscina en la final de los Juegos Olímpicos provocando una antideportiva de Iguodala, siendo la mofa de los comentaristas americanos. Seguro que esta fama de ‘actor’ no le ayudó en USA.
















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