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10
oct
11

Baloncesto de serie: ¿Steve Urkel o ‘Pasársela a Will’? (1a parte)


Para todos aquellos que sobrevolamos en nuestra adolescencia la década de los 90, la memoria televisiva está repleta de sitcoms con carcajadas en lata o series de acción en la que no se morían ni los suicidas de media hora que nos zampábamos como una caja de donuts en ‘Canción Triste de Hill Street‘. Era nuestra pantalla. Sin internet, ni Ipod, BlackBerry y cuando las tabletas eran de chocolate con almendras, la tele reinaba sin necesidad de vender a su madre en ningún ‘Sálvame’. El baloncesto NBA, por lo tanto, era cosa de cátodos y no de bits, y como el sexo de pareja, de una noche a la semana. Por eso cada aparición de un balón colándose entre nuestras series era una fiesta, una emoción que ni las sucesivas repeticiones nos hacía disipar.

En el anterior ‘tomo’ de este repaso serial he cometido el descuido a drede de no citar, seguramente, dos de los iconos basketboleros televisivos que más marcaron esa época en la que Michael Jordan gobernaba nuestros sueños. Las hijas VHS de Bill Cosby fueron El Príncipe de Bel Air y Cosas de Casa, cuyo éxito radicó en la omnipresencia de sus dos personajes:  The Fresh Prince y Steve Urkel. Encontrar similitudes entre ambos es más complicado que hacer el sodoku de la edición de domingo de un periódico, salvo en su cualidad como ‘jugones’. Luego repasaremos alguna más.

Por orden cronológico presentemos primero al Príncipe de Bel Air. La serie que encumbró a Will Smith fue ideada y producida por Quincy Jones (el moldeador de Michael Jackson como Rey del Pop) para la NBC y se alargó durante seis temporadas (1990-1996) y 148 capítulos. La primera y más clara referencia al básket en la serie, como muchos recordaréis porque está impresa en la memoria musical colectiva de esa generación,  es la introducción rimada que explicaba la historia del personaje. Éste juega en un playground mientras  suelta frases alusivas como “Jugaba al básket sin cansarme demasiado” o “Cierto día jugando al básket con amigos”, que cambiaban un poquitín en la peculiar versión mejicana y que sólo se acercaban de refilón en la original (On the playground was where I spent most of my days/Chillin’ out maxin’ relaxin’ all cool/And all shootin some b-ball outside of school).

La relación entre básket y rap es indivisible y, por lo tanto, la presencia en la pelota naranja era inevitable en un programa centrado en el estilo de vida de una familia afroamericana y, más concretamente, en el cambio de ambiente social de un chico que sale de un barrio marginal para entrar en la rica zona residencial de California. Indudablemente, el cénit de este noviazgo llegó con el ‘Pasársela a Will’. El capítulo en cuestión es el undécimo y fue emitido por primera vez en Estados Unidos un 10 de noviembre de 1990 bajo el título ‘Courting Disaster’, traducido en España como ‘Desastre de Cancha’. Los guionistas, Sandy Frank y Lisa Rosenthal, no se estrujaron la ‘pelota’ y escribieron una trama mil veces vista y que ya aparecía en el anterior post. El gamberro y mal estudiante Will Smith encuentra su hueco en el elitista instituto de Bel Air al ser descubierto como una máquina de la canasta. Pasa de ser un desterrado a una estrella (y de paso logra el coche del entrenador) y desparrama su chulería al mismo ritmo que anota una detrás de otra todas las canastas en un equipo perdedor que pasa a convertirse en ganador. Esta fama no la digiere el cuadriculado Carlton, el primo sabelotodo y celoso, que en la jugada clave del campeonato, en el partido ante los chicos de Malibú, le roba la posesión a Will y se la tira él. De nuevo cámara lenta, primeros planos y… La caga, cómo no, con la pelota se marcha la construcción de un nuevo gimnasio (el actual medía como unos 10 metros de largo) para el instituto y la opción para su odiado primo de una beca deportiva de Los Hoyas de Georgetown en lucha con el guaperas de Malibú. Y a eso le añadimos la moraleja final. (ver capítulo online)

‘Pasársela a Will’  (Pass it to Will) no es una frase al azar. Los ortodoxos hasta dirían que resume perfectamente la filosofía reinante en la NBA, el ‘yo me lo guiso, yo me lo como’. Su exclamación no resulta extraña en pachangas mañaneras. Es un clásico que hasta tiene su propio grupo en Facebook. El ‘gag’ lo clava el atolondrado Profesor Smiley repasando la táctica ante un foro de palidos y empollones jugadores del Bel Air Prep, un Carlton Banks  ‘enterao’ y un Príncipe echándose la siesta tan típica de las realezas. La traducción que vimos en Antena 3 y ahora en Neox es pésima (¡defensa, centro, delantero!) y refleja lo poco familiarizados con el lenguaje del básket que estaban los espectadores de entonces. Recuerdo perfectamente como en un capítulo del Equipo A se habla de ‘Mágico Johnson’.

El capítulo está lleno de sketches geniales, pero casi todos los aficionados recuerdan el ‘cameo’ de una superestrella de la NBA y entonces campeón de la Liga: Isiah Thomas. En medio de uno de los sueños de Will Smith, Zeke aparece con la indumentaria de los Pistons  para recibir toda una paliza en un ‘one and one’ ante las virtudes en la cancha del ‘Príncipe Descarado’.

La promoción de la serie también se aventuró en el parqué y la NBC rodó un anunció especial que, evidentemente, no se emitió en España, y en el que un grupo de patosos baloncestistas se convierten en intrépidos malabaristas del balón tras echarle un ojo a la sitcom.

Pese a que el Príncipe de Bel Air era el alter ego de Will Smith no he encontrado referencias sobre la eclosión del actor como jugador del baloncesto en la high school de Philadelphia. Su carrera como rapero y empresario comenzó siendo un veinteañero a finales de los 80 y destacó pronto con el micro, sin pasar por la universidad. No obstante, su gusto por el baloncesto es evidente, claro y se visualiza por su habitual presencia en los encuentros de los Lakers en el Staples Center, pese a declararse hincha de los Sixers. Y su fervor con los 76ers no es sólo platónico, sino que se englobó en un grupo empresarial en 2006 que intentó comprar la franquicia junto al Doctor J, al que ha declarado recientemente como uno de sus referentes vitales (ver vídeo) durante su última visita a Philly para rodar MIB III.

No es la única vez que se le vio entre las estrellas del baloncesto. Incluso bajó a la arena. Presentó su canción Switch durante el partido de las Finales de 2005 entre Spurs y Pistons en el AT&T Center de San Antonio. Quizá más ‘freak’ sea su aparición como invitado de lujo, junto a ‘su primo Carlton’, es decir, el actor Alfonso Ribeiro, y otros íconos de la época como MC Hammer y Evander Holyfield, en la coche de los concursos del All Star Weekend de 1992, la del mate sin visión de Cedric Ceballos.

En su carrera como intérprete, Will Smith logró sus mejores críticas y su primera nominación a los Oscar encarnando a uno de los grandes deportistas de la historia, el boxeador Mohammad Ali en ‘Ali’ (2001). Sin embargo, el básket también marcó su segunda candidatura en ‘En Busca de la Felicidad’ (2006). En una de las secuencias más emotivas de la película, el protagonista está lanzando unos tiros con su hijo, en la ficción y en la vida real (Jaden), mientras éste fantasea con querer ser profesional, por lo que le explica que eso no podrá ser porque él será como su padre, un mal jugador (lanza a canasta y la pelota pasa por encima del tablero). Al ver la reacción triste del pequeño, retrocede e insiste en que persiga sus sueños, digan lo que le digan.

Un detalle curioso es cómo el primer éxito taquillero de Will Smith fue Bad Boys, sobrenombre con el que los amantes del baloncesto recordamos a los Detroit Pistons de su ‘sparring’ Isiah Thomas. Pero además durante el último playoff de la Liga ACB los jugadores del Bilbao Básket tomaron el sobrenombre de Men in Black en alusión a otro de los títulos más famosos del actor.

No me olvido, no. Porque hablar de baloncesto y de Will Smith y no referirse a Robert Horry parece una herejía. El parecido razonable entre el rapero y el campeonísimo en Rockets, Lakers y Spurs es uno de los más evidentes de los últimos años, aunque hay quien dice que el menos conocido Mike Hall (ver foto) es el candidato más óptimo para doblarle en las escenas de básket de una futura película sobre la vida de Barack Obama, que ha indicado que le encantaría que Will Smith hiciera su papel si se diese la oportunidad.

Continuará… con Urkel

14
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El bombardero que volaba más alto


Huele a pólvora quemada. Otra traca pronto prenderá, la más fastuosa y ruidosa, en la que todos menos uno se quemarán en busca de la gloria. Pero para catorce franquicias una playa en Bahamas o un casino en Las Vegas serán el mejor paréntesis antes de soñar con el draft. En estos últimos bailes de cierre se conocerán los nombres de los grandes ganadores, los premios individuales que marcan el reinado del narcisismo y la egolatría en la NBA. Pero entre tantos MVPs se reconoce entre el montón de nobles metales una piedrecita de nada, un mínimo detalle que no resalta a la vista, pese a su tamaño nunca visto y el brillo de su cobrizo cabello. El pelirrojo Matt Bonner, salvo catástrofe en el última partido ante Phoenix, cerrará esta madrugá la regular season como el mejor triplista de toda la Liga, un premio que nunca había recibido un jugador interior y tampoco nadie de su altura (6’10, unos 2.08).

A falta de ese compromiso, Bonner ha anotado 105 de los 227 intentos (46.2%), el único que supera la barrera del 45% y claramente superior al segundo, Ray Allen. Logra el premio siendo sólo el 82º jugador que más triples ha intentado. Se da la curiosidad que tiene un acierto similar desde esta distancia que desde posiciones más cercanas (47.8% de dos). De cada cinco de sus tiros, aproximadamente, tres son triples. En el tercer partido de la temporada, ante Oklahoma, realizó un espectacular pleno de 7/7.

Es verdad que Matt Bonner no encuentra su hábitat natural en la sombra del aro y su huella se desplaza por el arco del triple. Es un especialista, un ‘cuatro’ que firma sus cheques gracias a su alto rango y porcentaje de lanzamiento en un equipo con potentes penetradores (Ginóbili, Parker o Jefferson) e interiores muy puros (Duncan, Blair, Splitter o McDyess) que cierran las defensas. Es ahí, en un pick’n'pop o favoreciéndose de una ayuda, cuando tiene que estar preparado para recibir un tiro abierto, preferentemente oculto en una esquina. Gregg Popovich ha utilizado este arma de alto calibre desde tiempos inmemorables con jugadores como Brent Barry, Steve Kerr, Robert Horry, Bruce Bowen… y este año aposenta, entre otras cosas, su liderato en el Oeste por ser el mejor equipo desde el 7,23 (6,70 en las esquinas) con un 39.9%.

Ni en el baloncesto mundial ni tampoco en la NBA es sorprendente ver a hombres altos, que en décadas anteriores hubieran sido castigados con látigo de despegarse de las letras, pero que ahora les salen ronchas si se acercan tanto a la batalla de los aros y viven de su fina muñeca. Ahora, desde alero alargados a pívots blanditos afloran en el universo del ‘planeta naranja’. En la NBA son conocidos bombarderos como Mehmet Okur, Ryan Anderson, Troy Murphy, Rashard Lewis, Dirk Nowitzki, Danilo Gallinari, Vladimir Radmanovic, Brian Cook, Channing Frye o Andrea Bargnani los que han seguido la estirpe de los pioneros en estas latitudes como Larry Bird, Bill Laimbeer, Sam Perkins, Brad Lohaus o los más cercanos Robert Horry, Antoine Walker, Tony Kukoc, Raef LaFrentz, Jorge Garbajosa, Pat Garrity o Donyell Marshall.

Pero nadie como Bonner había llegado tan alto. Al número uno. El único antecedente es Red Robbins, un interior más bajito (2.04), que alcanzó este título con un 40.85% con los Utah Stars en la funky ABA (1971-72). Otras referencias se sitúan en el premio en el concurso de triples del All Star que obtuvieron Larri Bird (tres) y Dirk Nowitzki y por donde últimamente es obligado presenciar la silueta de un hombre alargado (nunca lo ha hecho Bonner). Sin embargo, los números del exalumno de Florida son espectaculares y es el séptimo mejor triplista en activo (41.49% en su carrera) y el 13º en la lista general de jugadores que han disputado un partido en la NBA. Su marca de esta temporada es la 38º mejor actuación individual y será el primer jugador de más de 2.08 que concluye una liga regular con un porcentaje superior al 45% por detrás de marcas como la de Troy Murphy (44.97%: 2008-09), Danny Ferry (44.87%: 2000-01 y actual Vicepresidente de los Spurs), Matt Bullard (44.63%: 1999-2000), Tony Kukoc (44.59%: 2000-01) y Mehmet Okur (44.55%: 2008-09). En sus siete temporadas como profesional, en cuatro ha superado el 42%.

No ha sido, sin embargo, una añada de excelentes triplistas. La marca con la que domina Bonner es la sexta más baja en los últimos 25 años y está a años luz del récord de efectividad que estableció el año pasado Kyle Korver (55.64%) en Utah Jazz.




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