Los traspasos de Carmelo Anthony a New York y de Deron Williams a Nueva Jersey han reorganizado la balanza de poderes en varias plantillas y apuntan a unos derbis calenturientos por hacerse con la Gran Manzana. El ‘trade line’ se aproxima antes del March Madness como un carrusel de rumores que pocas veces se hacen realidad. No ha sido así en esta ocasión. Pero la expectación que crean estas mudanzas están todavía por fructificar en triunfos y anillos. Hay otros de los que ya conocemos sus efectos satisfactorios. Aquí os dejo mi top 5 sobre los mejores traspasos en mitad de plena temporada. Si no estáis de acuerdo u os acordáis de alguno nuevo, la hoja de reclamaciones en este blog se llama ‘comentario’.
1. Wilt Chamberlain (de San Francisco a Philadelphia)
El 15 de enero de 1965, Philadelphia recuperó su ‘orgullo’. A la ciudad volvía el hijo pródigo, el jugador más impactante que había pisado la NBA en décadas. El destierro de los Warriors a San Francisco había alejado a ‘the Big Dipper’ de los suyos, pero el traslado no duraría mucho más de dos temporadas. Wilt Chamberlain regresaba a la costa Este en un intercambio con un All Star (Lee Schaffer) que no volvería a jugar por una lesión, y dos jugadores de rango medio (Connie Dierking y Paul Neumann). La llegada de los Syracuse Nationals a Philly en el verano de 1963 abrió las puertas para que Wilt deshiciera el camino. Y los 76ers se convirtieron en una potencia, pasando de rondar el 50% de victorias-derrotas a coquetear o superar la barrera de los 60 triunfos. Wilt tomó con sus dominadoras estadísticas las riendas de una franquicia a la que le dio el título en 1966-67 rompiendo la dinastía de los Celtics (4-1 en la final de conferencia) con un récord de 68-13 en la regular season y superando en la Final a los propios Warriors. Bien secundado por Hal Greer y Billy Cunningham, en sus tres cursos completos con los 76ers, Chamberlain logró ser el MVP de la competición, aunque el cruce con Bill Russell y los ‘verdes’ le llevó finalmente a trasladar su residencia a LA y vestirse de púrpura para lograr un segundo anillo y el MVP de las Finales.
2. Pau Gasol (de Memphis a Los Ángeles)
El ciclo de Pau Gasol en Memphis estaba agonizando. La franquicia en el 2008 ya se había echado en brazos de Rudy Gay y el español anhelaba un traspaso que ni la presencia de su amigo Juan Carlos Navarro pudo evitar. Lo que pocos esperaban es que el 2 de febrero se comunicase que el barbudo pasaría a integrar parte de la franquicia más glamurosa de la NBA. ¿Ha cambio de qué? Lo que entonces parecía una broma: Kwame Brown, Javaris Crittenton, los derechos sobre Marc Gasol y dos primeras rondas. Mitch Kupchak se sacó un as de la manga en una operación llevada con sigilo y bajo el más escrupuloso de los secretos. Al saberse, muchas fueron las reacciones que lamentaban la decisión de los Grizzlies y hasta se habló de cómo se había adulterado la competición. Lo que pasó después todos los sabemos. Tres Finales consecutivas y dos anillos para el mejor jugador español de la historia.
3. Moses Malone (de Buffalo a Houston)
Dos partidos. Seis minutos. Eso es lo que jugó Moses Malone con los Buffalo Braves. Nada más comenzar la competición, sin tiempo para poder formar una pareja de aúpa com Bob McAdoo y quizá un formidable trío con el rookie Adrian Dantley, la entidad de Nueva York transfirió a Big Mo por dos rondas del draft. Su rumbo, Houston. Sería su tercer equipo de la NBA en apenas unos meses, después de la desaparición de la ABA. Seleccionado en el draft especial de los jugadores de la ‘Liga funky’, los Trail Blazers lo mandaron a Buffalo, que prescindió rápidamente de sus servicios. Malone desarrolló una carrera de MVP (dos títulos en 1979 y 1982) en los Rockets junto a Rudy Tomjanovich, Mike Dunleavy, Robert Reid o Calvin Murphy. Los mejores años numéricos del pívot de Petersburg los vivieron en The Summit, además de jugar con la camiseta roja su primera final en 1981, después de terminar 6º en el Oeste y superar todas las rondas menos las Finales (4-2 antes Celtics) con el factor pista en contra. El impacto de Moses en los Rockets fue total, ya que pasaron de ser un equipo ramplón a estar en cinco de sus seis temporadas dentro del playoff (la única ausencia fue motivada en gran medida por sus problemas físicos). Cuando Malone partió para Philly a ganar el anillo con el Doctor J, los Rockets volvieron a las sombras hasta que otro gran pívot les sacó de ellas.
4. Clide Drexler (De Portland a Houston)
Michael Jordan es el culpable de que muchos grandes jugadores de su misma generación vean sus dedos desnudos. Pero hubo uno que supo moverse a tiempo para engarzar su joya. El 14 de febrero, el Día de los Enamorados, de 1995, The Glide recuperó un antiguo amor de juventud. A mitad de temporada, Clide Drexler hizo las maletas junto a Tracy Murray hacia Houston (a cambio del ‘segundo espada’ Otis Thorpe, los derechos de Marcelo Nicola y una ronda de draft) para unirse a Hakeem Olajuwon, el mismo que un año antes le había apartado del camino de las Finales en el primer año de Jordan dándole a los bates. La unión de los dos excompañeros de universidad elevaron de forma conjunta el trofeo Larry O’Brien antes de que Air volviera a alzar el vuelo con sus Bulls. Drexler lograba lo que no pudo con Portland y aquello que no lograron ni Ewing, ni Karl Malone, ni Stockton, ni Barkley. Él supo pdeir el cambio a tiempo.
5. Alex English (de Indiana a Denver)
Esa camiseta. Solo esa camiseta merece que este señor este en esta lista. La silueta de rascacielos de cristal cuadriculados tras el perfil de las montañas y con un arco iris lleno de colorines de los Nuggets es, en mi modesta opinión, la equipación más freak que se ha visto por las pistas de la NBA. Y el ’2′ de Alex English era el dorsal más mítico de esa mítica camiseta de las ‘pepitas’. Pero The Blade llegó a Nevada en febrero de 1980 después de un traspaso en mitad de una temporada. Fue en su tercer temporada en la liga profesional cuando el alero de South Carolina salió de Indiana a cambio de George McGinnis, un ala-pívot Housier que ya había jugado su mejor baloncesto entre la ABA y la NBA. Los Pacers se darían de cabezazos cuando ese alero prometedor se convirtió en poco tiempo en uno de los anotadores más excelsos de la década de los 80. Entre sus méritos, además de ‘residir’ en el Hall of Fame, se encuentran ocho presencias seguidas en el All Star o estar entre los elegidos que han logrado pasar de la barrera de los 25.000 puntos en su carrera. Es el 13º máximo anotador de la historia de la NBA. Solo la elevada competencia en esos tiempos evitó que alcanzara alguna Final… Y esa camiseta.



















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