Al salir el sábado del pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza escuché el resoplido de una armónica. En la paranoia pensé que el espíritu de Mauricio Aznar me perseguía. Ojalá lo pudiéramos resucitar con algún brebaje de brujo. No, era un sonido más reconocible y escalofriante que la sombra de un fantasma. ¡Ha llegado el afilador! Sabe que hay cuchillos impacientes por hacer sangre. Me quedó claro entre los interiores del palacio. Las intrigas bullen en la corte. Hay crueles cuchicheos para que el Duque Pepelu caiga con todo. En la sala contigua se instalan los que no ven ni una mota de polvo en el impoluto traje del noble técnico y pedirán paciencia al Rey Naldo, merecedor del reconocimiento de las cuatro temporadas que lleva en el cargo.
Vuelve a faltar el término medio en Zaragoza. Los grises que maticen las visiones negruzcas o blanquecinas. De esas que quiso ofrecer el equipo en la Supercopa. No seamos crueles en el análisis, pero tampoco contemplativos. En la distancia media es donde se afina la vista y se encuentra la libertad. Fue un acto, ante un pedazo de equipo, que fue campeón, por eso las siguientes palabras no pueden ser tomadas como absolutas. Son solo trazos de un esbozo que se intuye desde la lejanía. Pero reales, tanto como la sensación de que las semifinales ante el Madrid han sido lo más parecido a un partido ACB que ha pasado por la planificación de José Luis Abós, herida por PreEuropeos y fichajes tardíos.
Seríamos tercos como marca nuestro estereotipo de ‘baturros’ si nos enfrentásemos a la derrota desde la grandilocuencia del Madrid, porque no vi en ningún momento al conjunto de Pablo Laso con sensación de ‘estar a tope’, o camuflándonos en acusaciones arbitrales en el tercer cuarto, ese que juzgó el resultado, para contestar al por qué de la caída, que al final no sonó a fuerte batacazo. Simplemente, el CAI está lejos de poder competir por la victoria con una plantilla tan superior en estos momentos por falta de rodaje y porque, en un argumento que parece imborrable hasta con mil entrenamientos, la calidad (y pelas) que atesora no le presenta como candidato a estas batallas de ricos. El CAI ha perdido competitividad con las bajas de sus tres pilares, los tres que podrían jugar en estas Ligas, los tres que jugarán Europa este año: Cabezas, Wright y ‘Hetts’. Obvio.
No obstante, seríamos cabezones como adoquines si pensáramos que Henk Norel es tan pipiolo como nos hizo pensar su asustadizo deambular por la zona. Que el 2/13 firmado por Sam, Llompart y Stefansson será una constante. Que la insuficiente defensa del 1×1 exterior no sea más mérito del ADN de un Madrid que busca la felicidad en esa soltura. Que la ausencia de ‘timing’ en los estáticos o de amplitud en el catálogo y entendimiento táctico (más acusado en lo defensivo que en lo ofensivo) no se sincronizará con horas de rodaje que bendecirán el juego de control que entona en la batuta de Llompart y el concierto plural al que tiende esta versión: Michael Roll no es tan solista como Wright. El rol de Roll es otro rollo. O faltaríamos a la verdad si no aplaudiéramos el fichaje de Damjan Rudez como eslabón exterior-interior que puede defender al poste (peor de cara) y agrandar el campo…
Pero seríamos inocentes si creyésemos que Jones puede sustituir a Rafa Hettsheimeir en los anuncios de Frutos Secos El Rincón o en sus capacidades múltiples como referente interior (postear, poner el cuerpo en defensa, rebotear, vinculación…) o que el holandés Norel está herrante como cinco titular en un equipo que aspire a ‘playoff’. Que el CAI no ha perdido el salvavidas del ‘yo me lo guiso, yo me lo como’ que le cocinaba triunfos el talento del ‘yo-yo’ de Cabezas y el ‘Kobebiano’ Wright. Que Pablo Aguilar persiste en una línea de fábrica que le hace poco convincente como líder si no aprende a jugar pegando mordisco. Que el fondo del equipo se ve cerca pese a la voluntad de especialista de Fontet o Toppert de aumentar la profundidad…
La ronda del afilador será serena pero insistente porque en la corte del Rey Naldo son sabedores de que en las primeras cinco jornadas rascar algo será como recibir una paga extra de Navidad (vienen Caja Laboral y Barcelona y visitar las dos Canarias y Valencia) y que queda la carta por jugar del fichaje de un pívot que imprima fiabilidad. Pero ver la película en negro y blanco siempre es del gusto del ‘zaragozano medio’ y no reduce la bitonalidad trabajar en un medio de comunicación.
Toda previsión, también esta, es acelerada y solo validada con el paso a los hechos. La paciencia será la que debe reinar cuando la sequia presupuestaria aprieta y esto es lo que hay. El CAI se mueve desde no hace tanto en la inteligencia del sigilo y sabrá como moverse administrando los tiempos, la hucha y la confianza… mientras la armónica siga sonando allí en lo alto del Saso.
P.D: Me gustaría hacer un apuntito del ‘supermegamarcador’. Viví en Málaga la atracción del invento para aplacar el tedio de descansos y tiempos muertos. La ‘kiss cam’ arrasó en Zaragoza (me moló el puntito de que no solo se enfocase a parejas ‘hetero’) Pero mientras en el Carpena se sucedían las repeticiones de las jugadas con apuntes estadísticos que enriquecían la visión en directo del partido, este aporte complementario me faltó en el instalado en la azotea del Príncipe Felipe. No vamos a pedir perfección a nadie en el primer día, pero es más que obsoleta la forma de transmitir los puntos, rebotes y asistencias que lleva el personal (una plantilla arcaica sin nombres y apenas información nutritiva). Mejorará seguro. Lo que no sé si este gasto, que no sé quién firmó la factura, es tan necesario como mantener un equipo de referencia en el baloncesto femenino en la ciudad, por decir una cosa cualquiera.







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