Seguimos ‘en racha’ con jugadores de la NBA de los 80 fallecidos prematuramente. El caso de hoy es el de Pat Cummings, un pívot blanco que jugó en cinco equipos de la NBA (Bucks, Mavs, Knicks, Heat y Jazz) un total de 12 temporadas. Era un buen talento ofensivo que hizo alguna temporada llamativa, aunque desde luego nunca se acercó al All Star. Pero siempre me ha fascinado más la tropa, el secundario, que la super estrellita. Sin uno no puede brillar el otro. Por citar a unos cuantos, Cummings compartió pista con grandes como Bob Lanier, Bernard King, Pat Ewing, Mark Aguirre, Rony Seikaly, Karl Malone o John Stockton.
Gigantes
Lo que me llama la atención del adiós de Cummings es que se prolonga una morbosa casualidad. Por supuesto, nadie se ha puesto a hacer el ranking, pero el antiguo CAI Zaragoza –el club de los 80 y que desapareció de la élite a mediados de los 90 por las deudas— es el seguramente la franquicia ACB que más exjugadores fallecidos contabiliza. Así, a vuela pluma, me salen otros seis: Rafa Sansegundo, Eugene McDowell, Bobby Phills, Aleksander Belostenny, Mel Turpin y Kevin Magee. Pocos dudan en la capital del Ebro que este último es el norteamericano más importante de su historia baloncestística.
Seis de los siete fallecidos eran, además, pívots, como Cummings, que fue el sustituto precisamente de Belostenny en la temporada 89-90. Curioso cambio aquel, visto con el tiempo: el entonces soviético, un 2,14 especialista en el tapón y el rebote, había sido importante en la consecución del que sería último título de la historia del club, una Copa del Rey ganada en Canarias al Joventut. Sin embargo, parece que se demandaba más producción ofensiva de cara a los ‘playoffs’ y el norteamericano, en una época en la que los travases desde la NBA eran más habituales que ahora, llegó para disputar 8 partidos de liga regular y 3 de las eliminatorias. Según se publicó en su momento, cobró 30.000 dólares. “Tenía varias ofertas para seguir en la NBA, pero me atraía más venir a Europa, porque en mi país las ofertas no me aseguraban minutos de juego y eso es precisamente lo que más deseo en estos momentos. Todavía es pronto para hablar, pero pienso que puedo ayudar al CAI en el final de temporada”, decía en su presentación (Gigantes nº 231).
Su mejor partido fue en una victoria aragonesa en la pista del Real Madrid (83-100). Él anotó 29 puntos y capturó 9 rebotes (5 ofensivos) en 31 minutos. Sus promedios fueron de 14,2 puntos y 8,8 rebotes. Al menos en cuanto a números, no lo hizo mal, pero los maños no consiguieron su objetivo de ‘asaltar’ el poder también en la liga. Después tuvo otra breve etapa europea, esta vez en Varese, antes de regresar fugazmente a la NBA con los Jazz y concluir su carrera en la CBA.
Descanse en paz.
Artículo de Javier Ortíz (@bujacocesto), redactor de El Periódico de Extremadura y del blog RetroACB
En la serie británica Misfits hay un personaje (Kelly) que puede leer los pensamientos de la gente que le rodea. La telepatía es una recurrente fantasía en la humanidad. ¿Quién no ha pensado alguna vez en meterse en las cabezas ajenas para saber si hay algo dentro que merezca la pena? Quizá convertirse en uno de esos monigotes de mono blanco de Érase una vez… el Cuerpo Humano y meterse por algún conducto higiénico hasta alcanzar masa gris. Si nos pusiéramos a jugar con el fenómeno parapsicólogico en la mente de Pau Gasol para combatir el tedio del lockout hallaríamos, seguramente, sus deseos de hacer un papelillo en algún TV Show. Gasolina ha hecho sus pinitos de actor en numerosos anuncios, pero también en la pequeña pantalla americana: un cameo junto a Jordan Farmar como ‘himself’ en Numbers (ver vídeo) y su actuación más presente y muriente en ‘CSI Miami’ (ver vídeo). No es el único. Chris Bosh es otro de los más asiduos de una lista en la que aparecen casi todas las estrellas NBA en apariciones mínimas e interpretándose a sí mismos o a jugadores de baloncesto imaginarios. Memorable para los seguidores del Orgullo Verde fue la presencia de Kevin McHale en el bar Cheers (rememorada por @Jose13Bis) ‘engañado’ para jugar un partido con Ted Danson y Woody Harrelson, el único habitante de Boston que odiaba a Larry Bird (por ser el pueblo de al lado en Indiana) y que ya apuntaba maneras de ‘saberla meter’ en el partido contra el equipo de Gary. Como anunció en su twitter, el último en unirse a este club será Roy Hibbert, pívot de Indiana Pacers, que aparecerá en Parks and Recreation, un spin-off de The Office ambientado en Indiana. Aclaramos que no hablo de realities shows ni concursos, porque eso da para otro post.
Las series y el baloncesto tienen una relación de colegas, aunque falta de imaginación y entrando en componentes poco profundos. Hay buen rollo, normalmente poco serio, como en el cine, tirando a la comedia, teniendo en las tramas un hilo segundario o simplemente cosmético. La presencia de jugadores es impuesta para subir unas décimas del share con su estela y el tirón entre los aficionados y para dar a los aludidos una cucharada de popularidad en prime time. Se puede apuntar al canadiense Rick Fox, exCeltic y Lakers, como el único que, al salir de las pistas, se ha tomado algo en serio, ayudado por su buena apariencia y la de su exmujer (Vanessa Williams), lo de la carrera interpretativa: Betty, la fea, Dirt, The Game, Melrose Place, The Big Bang Theory, Single Ladies, El cuerpo del delito…
Caso curioso es el de otro ‘ojos claros’ como Reggie Theus, que durante tres temporadas, fue el Coach Bill Fuller, el entrenador de una especie de secuela de ‘Salvados por la Campana’ llamada Hang Time, serie de la NBC que orbitaba sobre un grupo de sosos y WASP adolescentes que jugaban al básket en el instituto ficticiamente situado en la basketbolera Indiana. Theus estuvo presente hasta 1998 sin recibir inmerecidamente ningún Globo de Oro y pasar después a los banquillos de verdad. Alonzo Mourning, Kobe Bryant, Damon Stoudemire, Mitch Richmond, Gary Payton, Shareef Abdur-Rahim y Lisa Leslie, entre otros, aparecieron en algún capítulo en una serie cuyo mayor éxito fue que sus dos protagonistas terminaron casándose en la vida real.
Y es que la Disney ha sabido explotar su vinculación con la NBA desde hace décadas. Más reciente (2005-2009) que Hang Time es otra serie llena de acné y chicos perfectos con el flequillo a lo Justin Bieber. Rodman nos descubre, en lo que parece una tortura televisiva de sus hijos, las hazañas de los gemelos Martin en Hotel, Dulce Hotel: Las Aventuras de Zack y Cody. Interpretada por los gemelos Dylan y Cole Sprouse narra las idas y venidas de estos chiquillos en mitad de la edad del pavo mientras viven en un hotel de Boston. EL éxito fue tal que llegaron a hacer una película. En este episodio los hermanos se enfrentan en un 3×3 a Dwight Howard, Kevin Love y Deron Williams (este aún con Utah), en el que los dos primeros demuestran estar dotados de bis cómica. El doblaje latino ayuda a odiar a esta serie.
Sigamos con las sitcoms americanas y recordemos Hangin’ with Mr. Cooper (ABC), que en español se llamó Vivir con Mister Cooper. Si en Cheers, la buena, Sam Malone era un exjugador de los Boston Red Soxs (en la española, la mala, es un ex del Cádiz de fútbol), Mark Cooper, interpretado por Mark Curry desde 1992 a 1997, era un antiguo inquilino del vestuario de los Golden State Warriors que ahora era profesor de educación física de un instituto de Oakland (ver vídeo).
En Friends alguna vez Joey y Chandler se marchan juntos a ver a los Knicks o la ‘familia’ Soprano apuesta por los Nets, pero si nos ponemos un poco más serios, el baloncesto es casi un personaje más en The Wire, uno de esos paraisos agarrados al asfalto que limitan entre dos aros con el infierno de un mundo de drogas, muertes de adolestens, putas yonkis, sindicalistas corruptos, empresarios sin escrúpulos, políticos de doble cara… Desde el All Star de la primera temporada entre el Este y el Oeste, o lo que es lo mismo, entre los equipos de los gansta Proposition Joe y Avon Barksdale hasta los pequeños detalles (camisetas retro de los Baltimore Bullets), en la mítica serie de David Simon se dribla al básket al mismo ritmo que los personajes esquivan su mala sombra. Pero para que vamos a escribir de eso si ya lo hizo Nunn de forma sobresaliente en el blog ‘Otras Pelotas’.
Gracias a la intervención de Sweat Mo, no podemos pasar por alto la interpretación de Bill Russell y Bernard King en Miami Vice. En el episodio ‘The Fix’, el 18º de la serie de Michael Mann, dentro de la segunda temporada, Russell se mete en la piel del juez Roger Ferguson, una antigua estrella del básket salida del guetto que se convirtió en abogado tras finalizar su carrera. Bernard King, que en la escena que nos ha regalado Mo celebra como si fuera un gol cada canasta, hace del hijo de Russell (Matt), un ascendente anotador en el equipo de los Sunblazzers. Crockett y Tubbs investigan una presunta relación del juez con unos delincuentes por los problemas con el juego del caracter que interpreta el ‘Señor de los Anillos’ (en varias escenas sale con ellos ensortijados en sus manos). Entre trajes color pastel, Ferraris Testarrosa y flamencos arrancando el vuelo, la trama del capítulo llevará a ver el lado más turbio de Russell, que terminará el capítulo resarciéndose asesinando al ‘malo’ y suicidándose. El eterno 6 de los Celtics fue un pionero en eso de salir en la pantalla chica. En la década de los 60 ‘debutó’ como actor en las series de la ABC It Takes a Thief, protagonizada por Fred Astaire, y Love, American Style. El de Miami Vice, en 1986, fue su último papel de mayor presencia.
Desconocida para mi hasta la creación de este post, en los comentarios varios de los lectores incluyen en la lista One Tree Hill, en la que aparece el ya mencionado Rick Fox. Esta serie iniciada en 2003 y que el año que viene emitirá su novena temporada vuelve a situarnos en un ambiente reconocible: el baloncesto de high school. El programa relata las vivencias de dos hermanos, Lucas y Nathan, que juegan al básket en un instituto de un pueblo del estado de Carolina del Norte. Nathan llega a entrar en el roster de los Bobcats en la sexta temporada.
Los cameos no son sólo de carne y hueso. El lapicero ha hecho estragos. Calentita está la ‘interpretación’ de Kobe Bryant como cómic en Los Simpsons (ver vídeo), serie que ha aglutinado apariciones estelares de jugones y jugonas. Fue otro Laker, en la lejana tercera temporada (1991), el que abrió la veda en el mundo de los seres amarillos de cuatro dedos. Magic Johnson llamaba a Homer Simpson como premio por evitar un holocausto nuclear en la central de mister Burns. El propietario de los Mavs, Mark Cuban o jugadores como Pat Ewing, LeBron James, Dennis Rodman, Yao Ming o Lisa Leslie se pasearon por Springfield, nomenclatura que amamanta al nacimiento de nuestro deporte.
En esta última temporada, Lebron James ha sacado su propia serie de ‘dibus’ en internet, ‘The Lebrons’, donde interactúan cuatro diferentes caracteres del propio King James (como si con uno solo no fuera suficiente para nuestra paciencia). El primer capítulo tuvo más de un millón de visualizaciones (ver si estás en USA), el décimo y último, no llegó a 200.000 en otra producción de márketing personal del alero de los Heat y amiguetes. El testigo el pasado mes de enero lo tomó Dwight ‘Superman’ Howard, que puso voz y fue modelo del mega cool actor Rock Callahan en la serie de Disney Kick Buttowski: Suburban Daredevil (ver vídeo). Pero el pionero en este aspecto también fue Michael Jordan que en 1991-92 ganó su primer anillo y coprotagonizó en la NBC con otras leyendas del deporte americano, Wayne Gretsky (NHL) y Bo Jackson (NFL) la serie ProStars, en la que, encarnados en tres superhéroes, salvaban a niños y niñas de los perversos planes de malvados de lapicero.
El anime o manga ha producido numerosas series vinculadas al deporte del baloncesto, de poca raigambre en Japón, siendo la más famoso en España una de las pioneras (inicio de los ochenta) y más gamberras: Chicho Terremoto (ver vídeo). Justo ahora un año en la wikipedia del Fuenlabrada del ACB el famoso autor del ¡Tres puntos, colega! o ¡Son blancas! formaba parte de la plantilla madrileña. Hubiera sido un éxito. Casi tanto como el que en Asia tuvo Slam Dunk, una serie que extiende su merchandising por los ‘chinos’ de Bangkok y cuyos personajes eran alter egos de los Bulls de Jordan, Pippen y Rodman. Más reciente es la intergaláctica Buzzer Beater (ver vídeo).
Como bien apunta Javi Mercadal, la ACB tuvo su propia apuesta en la animación. ‘Basket Fever, locos por el básket’ fue un invento a la limón de la Liga española para promocionar la disciplina entre los más pequeños en pleno año olímpico. Duró dos temporadas y su emisión, en TVE, se extendió de 1992 a 95. El creador fue Antoni D’Ocon, el mismo que los Fruitis. Basket Fever era una fábula de animalillos que cantan rap y hacen graffitis mientras transportan un estereo que ahora parece prehistórico con sencillos guiones de buenos y malos en un ambiente callejero. La principal figura era un saltamontes, Hooper, que llegó a ser la mascota de la ACB por un tiempo y que capitaneaba un equipo de perrillos, Los Dinamics, que medían sus fuerzas con otros peludos perrunos, los malísimos Quebrantahuesos.
¿Y la ficción en España? Los cameos han sido menores y la presencia del fútbol, como en los Telediarios, lo colapsa todo. Personalmente recuerdo varios ejemplos en los que un aro se colaba en el plató. Curiosamente, ambos están hermanados, cosas de la falta de originalidad de los guionistas. Ahora verán por qué digo esto.
En la segunda temporada de ‘Aquí no hay quien viva’ se escenificó la típica guerra de sexos con un duelo entre hombres y mujeres para decidir quién estaría en la plantilla de ‘Esta nuestra comunidad…” y que queda decantado por el equipo femenino por el recurrente fichaje de Marina Ferragut (ver vídeo). En la segunda parte tenemos una historieta poco utilizada: tras la paliza inicial con repetidos desencuentros y la arenga emocional del descanso, se inicia la remontada que acaba con un último tiro decisivo, el balón llega al peor jugador (Emilio), egoístamente no pasa al bueno, avanza hacia el aro a cámara lenta, tira y… la manda al vacío (ver vídeo).
También en ‘Aquí no hay quién viva’ apareció Fernando Romay, el baloncestista español con más presencia en la ‘caja tonta’. Via @twitter el gigante de Los Ángeles’84 me ha comentado que participó en algún capítulo de Farmacia de Guardia, 7 Vidas (jugando a los bolos junto a Biriukov e Iturriaga y donde Javier Cámara ya había demostrado que no sabe mucho de ‘pasodobles’) y Qué vecinos tan animales, aunque su papel más serio fue el de Zosimo Gandía, un sombrío portero en ‘El Comisario’, cuya muerte de su mujer casi manda a Pope a la cárcel y finalmente será él el que encuentre el descanso eterno entre rejas. Repitió presencia con el mismo personaje en dos temporadas de la serie de policías más exitosa de España.
Más políticamente incorrecto, pero con el mismo argumento que la producción de José Luis Moreno, fue el capítulo de Aída. Otra vez la cancha (esta vez el presupuesto es más limitado y se filma en interiores) dilucida la eterna batalla entre los chicos y las chicas donde la deportividad brilla por su ausencia (ver vídeo). El Luisma es el jugón a ‘lesionar’ con las malas artes del básket más navajero. De nuevo, los chicos se adelantan y luego las chicas remontan. De nuevo, se repite el epitafio. Los chicos tienen un último tiro libre para vencer en manos del más paquete del grupo, Fidel. ¿Resultado?. Imagínenselo, cámara lenta, primer plano de caras expectantes, balón por el aire… Aire.
El propio Luisma utilizó el básket, pero en silla de ruedas, para intentar ligarse a Lorena Bernal, con un resultado desastroso… para las ganas de cama del Luisma. Vamos, nada que ver con The Wire.
Rastreando las innumerables páginas que versan sobre la NBA y entrando al tuétano de los comentarios del americano de a pie, uno percibe que los límites de la imaginación del ser humano aún no han sido explorados y contradiciendo a Pete Mickeal (vean la Gigantes de esta semana) “el límite no está en el cielo”. Hablo de las preferencias de los fans para completar el banquillo de los Nets. Al salir a la palestra Pat Ewing, bueno, él mismo se puso allí, las p…. mentales sobre sus posibles compañeros de viaje incluían a Charles Oakley y a Mark Jackson, otros dos exKnicks. Pues ‘al palo’ que diría Míchel. Por ahí iban los tiros, pero el que se comerá el marrón de una temporada perdida antes de empezar, como es la de los Nets (0-17, peor inicio histórico de la NBA y subiendo), es Knicks, el señor Kiki Vandeweghe, que hasta ahora ejercía de general manager de los Nets. Sustituirá a Tom Barrise, el asistente interino que tuvo que ponerse en el banquillo para ser arrollado por los Lakers, tras el cese por comparión de Lawrence Frank, coach en los últimos seis años y medio. Es la misma solución que ejercieron los Hornets hace unas semanas al darle el cargo a su GM, Jeff Bower, tras despedir a Byron Scott. Anda, majo, ponte ahí que para algo te pago. Los Nets renuncian a cualquier salvamento de esta campaña y dejan a Vandeweghe el mando de una nave en ruinas y de futuro incierto desde todas las distancias. Para empezar, el propio Kiki termina contrato en junio y lo más probable (nos podríamos ahorrar el lo más probable) es que no siga. Segundo y más importante, la NBA podría aprobar esta semana la compra del 80% del accionariado de la franquicia por parte del billonario ruso Mikhail Prokhorov, que llegaría a los USA con sus propias ideas y cambios técnicos (Messina se rumoreaba). Todo revuelto en la pretensión cada vez más lejana de que Lebron James termine vistiendo esa camiseta a un corto plazo y la salida de la zona menos glamurosa del río Hudson para traspasar el equipo a Brooklyn. Un futuro incierto en Nueva Jersey. Mientras Kiki que aguante el tipo, como el capitán del Titanic.
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