Entradas Etiquetadas con: ‘Pablo Borrás

14
mar
13

La visita de un pariente lejano


Yoshida no habla mucho. Pero cuando lo hace sus palabras rasgan un silencio máximo. El respeto a su sabiduría es absoluto, un código estricto en la cultura japonesa hacia las personas de mayor edad. El gesto serio y el corpachón de Kenji-san le identifican como patriarca entre un grupo repleto de adolescentes que bromean con facilidad. A él le cuesta sonreír, hasta que un viejo colega es capaz de suavizar su semblante. “Cuando le he visto la cara le he reconocido”. Txus Vidorreta alarga la mano para estrechársela a aquel con el que se enfrentó hace once años y que ahora le identifica en el otro lado del planeta, en el corazón del Antonio Magariños. “En Japón queríamos jugar muy rápido con jugadores pequeños. Esa España nos demostró que también era posible tener ese estilo con hombres grandes. Recuerdo a Txus. Yo entreno ahora en un equipo universitario y él en una equipo profesional, pero nuestros caminos se han juntado otra vez por el destino o la fortuna. Es un honor poder encontrarnos de nuevo”, afirma Kenji Yoshida, seleccionador nacional de Japón entre 2002 y 2003, cuando un combinado ‘B’, con el actual entrenador del Asefa Estudiantes como ayudante de Paco García, viajó hasta el país asiático para jugar y ganar la Kirin Cup. Jordi Trías fue el MVP. “Era la segunda vez que iba a Japón. También estuve con la U20 un año antes. No me importaría volver a jugar allí, aunque primero tendré que preguntarle a mi mujer”, bromea Germán Gabriel, uno de esos ‘predecesores’ de lo que luego sería el desembarco dorado en Saitama en el Mundial.

JaposPalacio

 

Daisuke Yoshioka no se separa de su cámara. Todos le llaman Dice. En la memoria del aparato guarda unas fotos en las que Berni Rodríguez se identifica saltando en medio de la celebración. “Jorge, fíjate, viene la fecha. 3 de septiembre de 2006. ¿Te acuerdas que hicimos ese día?”, pregunta el escolta del UCAM Murcia. “Creo que la liamos un poco, ¿no?”, le responde Jorge Garbajosa, que ha ido a recoger a su amigo a la salida del Palacio de los Deportes. En esa fecha inolvidable los ‘Golden Boys’ demostraron a los aficionados japoneses que el baloncesto no sólo procedía de Estados Unidos. Colocó a España en su punto de mira. Ahí se gestó el embrión de una pequeña aventura que ha traído a un grupo de diez entrenadores nipones a nuestro país para conocer desde dentro nuestro baloncesto y la Liga Endesa. Durante cinco días se han introducido en el día a día de todos los equipos del Asefa Estudiantes, han podido ver en directo encuentros de Euroliga y Liga ACB gracias al Real Madrid, dialogar con entrenadores de prestigio como Pepu Hernández o Dani Sainz y han visitado la sede del Espacio 2014 en Alcobendas. “Uno de nuestros viajeros ha dicho que estar aquí es para él una utopía, porque el ambiente de baloncesto que se respira en España y el que tenemos es Japón no tiene nada que ver”, continúa Shin Mizuno, responsable de la empresa Erutluc Inc que ha organizado el viaje.

Los viajeros han tenido tiempo para conocer al detalle cómo se desarrolla un club profesional de las características y volumen del Asefa Estudiantes gracias a las charlas de Himar Ojeda, director deportivo del club, y Pablo Borrás, director técnico de la cantera. En Japón las categorías formativas se desarrollan especialmente en colegios, institutos y universidades, por lo que conocer la simbiosis de la entidad del Ramiro ha sido un verdadero descubrimiento para ellos. “Ahora entreno en la universidad de Tsukuba, porque en Japón tenemos introducido el sistema americano. Después de venir aquí nuestra propuesta es trasladar el sistema español”, afirma Kenji Yoshida, aún vinculado a la Federación Japonesa de Baloncesto. Para poner un simple ejemplo ilustrativo, en Japón sólo hay una categoría minibásket, por lo que los jugadores pierden varios años sin poder competir de forma igualada por sus características físicas, algo que también pasa en sus primeros años en el instituto y la universidad, retrasando su evolución.

La sonrisa de Llama

A.Nevado / FEB.es

A.Nevado / FEB.es

 

Llama tiene guasa. Derrocha simpatía y con sus muecas se comunica más fácilmente que con su limitado inglés. Taka afina más con el idioma. No le queda otra porque en unos meses se irá a Akron, la ciudad de Lebron James, para unirse a un college. Tampoco importa mucho. El baloncesto es un lenguaje universal y una sonrisa el verbo con el que se explica todo. Alaia y Javi, benjamines de la Escuela del Asefa Estudiantes, pillan a la primera lo que les indica Llama con tres gestos. Están encantados con sus nuevos entrenadores, aunque no se sabe muy bien quién disfruta más con la experiencia. “Ahora tenemos que pensar cómo introducir las cosas que hemos aprendido aquí en nuestros métodos de entrenamiento. Es una forma diferente, pero fundamentalmente tenemos que hacer que los jugadores se diviertan más. Aquí se lo pasan bien, disfrutan y por eso quieren jugar. Nosotros somos muy serios, hasta jugadores llegan a lloran en los entrenamientos y algunos entrenadores son en ocasiones muy estrictos. Nosotros amamos el baloncesto y los jóvenes jugadores tienen que sentirlo así, ser felices”, apunta Shin Mizuno.

El sentimiento del Ramiro les llegó bien adentro y no dudaron en enfundarse los colores celestes para ir el domingo a animar al que ya es su equipo en el partido ante el Blancos de Rueda Valladolid. Todos se quedaron muy impresionados por el ambiente del Palacio y los cánticos de la Demencia. “En Japón no hay el mismo ambiente que hemos visto en los partidos de la Liga Endesa, pero en la final se llena los pabellones”, afirma Hiroki Iwabe, el más precoz de los entrenadores con 19 años y asistente de un equipo de minibásket. En su móvil enseña orgulloso el vídeo de sus muchachos repitiendo mecánicamente una rueda de entradas y otro con un torneo ganado hace pocos meses junto a unas tristes fotos de un pabellón arrasado por el terremoto de 2011.

Aya Kuramoto, la única mujer del grupo, aprovecha los descansos entre entrenamientos para pasar un breve cuestionario a todos los jugadores y jugadoras de un equipo alevín. Estudiante de la universidad de Fukuoka y entrenadora asistente de un equipo femenino, está realizando su tesis doctoral sobre el baloncesto español. “Poder estar con campeones del mundo como Pepu Hernández, Berni Rodríguez o Jorge Garbajosa ha sido increíble, pero lo más importante es que diez entrenadores han podido tener una experiencia en España y ellos van a poder difundir a sus compañeros estos nuevos conocimientos”, comenta en castellano Yoshihiro Tomita, traductor y principal promotor de esta expedición y que repite visita a la Liga Endesa. Tomita mantiene varias webs especializadas en baloncesto español y la Liga Endesa escritas en japonés después de ‘enamorarse’ de él tras ver en el Pisuerga un Forum-Joventut en el año 2000.

JaposMagariños

 

Fiesta final

Dice sigue sin soltar su cámara. Dentro de ella se lleva una foto con Carlos Suárez, que amablemente se para posar y contestar las preguntas de los curiosos técnicos. El tópico de los turistas japoneses y la tecnología se cumple y muchos de los instantes de ese viaje han sido grabados por triplicado. Daisuke fue miembro del cuerpo técnico de los Grouses un equipo de la BJ, una de las dos ligas profesionales japonesas que la temporada próxima se unirán para potenciar el impacto del deporte en un país donde el fútbol reina junto al beisbol. En la segunda división de la liga federativa, la JBL, este año compite el español Cándido Matoso en otra prueba de que la marca del baloncesto español está de moda en Japón. Por eso Dice quiere empaparse de todo y escucha atento las explicaciones de Alberto Lorenzo, entrenador ayudante de Txus Vidorreta en el Asefa Estudiantes, durante el clínic de táctica individual organizado especialmente para los colegas japoneses.

La última noche los visitantes quieren agradecer al club su hospitalidad con una pequeña fiesta en el gimnasio del Magariños. Las bromas en ‘spanglish’ se suceden mientras los vídeos de Humor Amarillo (Takeshi Jo en Japón) afinan las carcajadas. Pablo Borrás le regala a Yoshihiro Tomita el libro ‘Club Estudiantes: 60 años de baloncesto’ para ayudarle con sus progresos del castellano y su demencia, mientras Masahiko Sumi aguarda su turno para preguntar qué tiene que hacer para convertirse en entrenador de baloncesto en España. Masa se ve en España, país que visita por tercera ocasión, la segunda de ellas para ver en el Palau la pasada final de la Liga Endesa entre Regal Barcelona y Real Madrid. Mientras Llama sigue haciendo de las suyas retando con una pelea de judo a quien quiera. “Este es el primer paso para seguir creciendo y aprender una manera de entrenar y organizar un equipo como en el baloncesto español”, sentencia Yoshihiro Tomita. “Nos llevamos la idea de que un equipo, un club es como una familia”, sentencia Kenji Yoshida. Con el ‘Estu’ y el baloncesto español como ejemplo.

29
jun
12

El viaje de Norio


Jacobo Rivero ha escrito un libro. Quien no se haya enterado ya está tardando en entrar en su blog o ir a la libreria más cercana a devorarlo (y comprarlo). Porque no se lee, se devora y se disfruta. Pero esa es otra historia de la que he hablado y hablaré, aquí y en otras plazas, en otro momento. En ‘El Ritmo de la Cancha’, el creador de Sputnik, compañero e instigador de proyectos y amigo nos conduce por un viaje por el mundo persiguiendo una pelotita naranja para contarnos historias de vida, lucha, rebeldía, de satisfacción por hacer lo que a uno le gusta… son lugares comunes entre personajes sin uniones en el primer vistazo, pero con inumerables encrucijadas similares, humanas.

Cuando Norio Sassa me mandó su primer email pensé ‘la que me ha caído encima’. Mi amigo Yoshihiro Tomita (lo conoceréis si sois seguidores de Puertatrás) me había puesto en contacto con este entrenador profesional de Japón. Pocos datos tenía de él. Solo que era bicampeón universitario de su país, asistente en la selección U20 y profesional con los Hitachi Sunrockers, el cuarto mejor equipo de la JBL y dónde jugaba un conocido, Christian Maraker. En su primera nota me comunicaba su deseo de ver ‘entrenamientos profesionales’ y una fecha de llegada de un vuelo procedente de Munich que, por supuesto, no había negociado conmigo. El aterrizaje llegó tarde. Con semanas de retraso. Las mismas que fluían las lágrimas del descenso del Estudiantes, lo que dificultaba sus deseos de seguir de cerca al equipo en ACB. Tras algún movimiento por mi parte, estirando contactos, esquivando otros, le planteé otras alternativas que aceptó, no sé si entendiéndolas o acatándolas sin más.

Gracias a la predisposición de Pablo Borrás y José Domingo, conseguí que Norio se hospedase en la Residencia del Estudiantes junto a los becados del club y a Martín, un anfitrión extraordinario. Pronto, Javier Medori se encargó de ser su ‘ciccerone’. Un lujo. La ‘Resi’ quedaba cerca del ‘Magata’ por lo que las visitas matutinas para ver las sesiones magistrales de Ángel Goñi se hicieron obligadas. al igual que las charlas entre platos en la Casa de Aragón. Norio empezó a pronunciar los nombres de Jaime Fernández, Edu Martínez, Jayson Granger, Víctor Serrano, Javier Beirán… y hasta a mi me procuró un reencuentro con mi pasado caísta al cruzarme con Charly Martínez diez años después.

Alguna tarde tomamos el tren regional para ir a Fuenlabrada y contemplar el trabajo de postemporada de los jóvenes del club ACB gracias a la coordinación de Jorge Sanz y una noche nos convertimos en halcones de Palacio para ver el Real Madrid-Banca Cívica del playoff. Pero casi todo el tiempo se agotó en la calle Serrano. Más allá del profesionalismo, la curiosidad de Norio le llevó a querer seguir desde los entrenamientos del EBA hasta el último ejercicio de un mini del Ramiro y el ‘lujazo’ de echarse una pachanga en el patio con Edu y otros amigos dementes. Siempre con la pregunta afilada, comprendió la organización del básket formativo español y se le abrieron los ojos al saber que en la casa había más de 50 equipos. En Japón la distribucción es como en Estados Unidos (colegios, institutos y universidades) y las competiciones son escasas, asi como el nivel de entrenadores. Ahora, Norio memorizaba palabras como cadete, benjamín o sub’21, mientras calzaba una cara de asombro al saber que chicos de 8 años competían cada fin de semana y entrenar era más un juego divertido que una repetición mecánica de tecnicismos.

Y la guinda llegó el fin de semana, con un viaje hasta Zaragoza para ver las finales del Campeonato de España junior, charlar con Manuel Aller (con Manuel Castro como traductor) y otro componentes de la Federación Española, ser entrevistado por Raquel Machín e Ibón Landa y conocer a otros entrenadores y amigos del baloncesto español… incluido Rudy Fernández, que se interesó por la visita de mi, ya entonces, buen amigo Norio.

A esas horas, mientras compartíamos una ensalada y un plato de pasta en La Birosta, se aventuró a fantasear con llevar a Japón a los Juegos Olímpicos o reproducir el sistema de cantera que había percibido esos días en sus propio club. Todo apuntado en su libreta, todo llevado a preguntas y respuestas. Norio ya no era un desconocido ‘japo’ ni un mero entrenador de baloncesto, si no un amante de de este deporte que, como yo, como tantos, había agarrado esta pasión al vuelo de Jordan (su infancia la pasó en Chicago, donde vio a MJ en directo). Yo le enseñé lo poco que sé y él me abrió las puertas de su realidad, de la pobreza organizativa del baloncesto de su país, los métodos arcáicos que retienen los entrenadores nipones, la falta de competiciones de cantera, de cómo jugadores o técnicos de allí podrían completar su formación allí… En esas charlas nos fuimos conociendo y desveló que detrás de ese técnico hambriento había una persona alegre y curiosa, que comprendía sin traducción las palabras apasionadas con las que Ángel Goñi en el Ramiro o Carlos Iglesias en Azúa delimitaban la invisible frontera entre baloncesto, vida y aprendizaje o que no dudó ni un momento en descartar una tarde de su viaje con la visita a una destartalada cancha en el Sur de Madrid con unos chicos y chicas que nunca esperaban esa visita.

Comprendí entonces, en ese detalle, en esa pista de aros torcidos y tableros marcados, que como tan bien retrata Jacobo en su libro, ese espacio podría haber sido cualquier otra cosa, cualquier escenario o cualquier mesa, cualquier mundo compartido, cualquier lugar común en el que las palabras y los hechos no necesitan de traductores. Donde la vida es un viaje con múltiples caminos, que se suben y se bajan como una montaña, con la guía de la felicidad, el sentido común y el amor. El amor al baloncesto. El amor por la vida.




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