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Entrevista a Iñaki Zubizarreta: “Gracias al baloncesto no me perdí en el camino”


Los recuerdos de la niñez, de la preadolescencia se marcan a fuego vivo y luego se edulcoran, se vuelven simples y bellos, los añoramos. Óscar Gaspar me invitó a recuperar hace unos días en su fabuloso blog (Sobre la bocina) el primer día que entré en el Príncipe Felipe, el pabellón del CAI. De esos luminosos días de inocencia tengo grabados en la memoria muchos partidos vistos desde la completa admiración del desconocimiento, la mirada cosida al magnetismo hacia esos gigantes que debían proceder de algún lugar misterioso, mágico, de hombres insuperables, héroes. Entre esos trozos de fantasia real, se entromete a codazos, peleón, un ‘gudari’ de la zona, un interminable ‘rapado’ que, todo corazón, me enseñó de chaval qué era darlo todo en una pista. Ese era y es Iñaki Zubizarreta, un jugador que no batió ningún récord en la ACB (Ver su ficha en ACB.com), que no todos recordarán por sus hazañas, que quizá no impartiría un clínic con sus movimientos, pero que representa valores (esfuerzo, trabajo, perseverancia, superación, constancia…) que deberían ser la ley que gobernara el deporte.  Aquí os dejo con él, con una entrevista que lo define. Gracias, Iñaki.
En el ‘Partido de las Estrellas’ del 2009
– Defina baloncesto
– Deporte que practiqué durante más de veinte años, que me ha aportado muchas cosas en mi vida y que me ha privado de otras muchas y que al final por su evolución acabé hasta los cojones de él. Más que de él, de todo lo que le rodea. No es oro todo lo que reluce.
Supongo que el físico ayudaría, pero ¿cómo entró en el baloncesto? Recuerda su primer entrenamiento, qué es lo primero que aprendió.
– En el baloncesto entré porque el hermano de una compañera de clase de nombre Fernando Monje (con esto me remonto a tiempos muy, muy lejanos), que jugaba el al baloncesto en el Getxo, que es el club de mi pueblo, me propuso que probara a jugar, ya que por aquella época, tendría nueve o diez años, el menda ya media 1’82 metros. O sea que ya era más largo que un día sin pan. Recuerdo que fue él el que me enseñó muy pacientemente a hacer mi primera entrada a canasta y tardé un rato porque por aquel entonces mi coordinación era lo más parecido a un pato mareado. Era superdelgado como un fideo y malísimo jugando. Como habéis podido comprobar, con los años no es que mejorara mucho en ese aspecto.
 

Con el cinco y con pelo en las categorías inferiores del Caja Bilbao

Estuvo en varios clubs de formación, incluido el entonces Taugres. ¿Qué técnico o compañero le ayudó más a evolucionar? ¿Guarda algún consejo que le dieron en esa época que le ayudo a desarrollar su carrera?
– El compañero que más me ha ayudado a evolucionar ha sido sin duda alguna Jose Luis Maluenda. Me descubrió un mundo nuevo de cremas, tónicos y colonias (gominas no, por razones obvias, aunque Malu es el rey). Y desde entonces empecé a ligar bastante más.
Ahora hablando un poco más en serio, guardo un consejo que me dio Fran Murcia recién llegado yo a Zaragoza con mis 22 añitos y lo tengo muy presente siempre y es… que donde tengas la olla, no metas la polla. Es un sabio consejo que me ha evitado muchos problemas.Ya se que no suena muy poético, pero lo aplico en todo su rigor.

– Han pasado los años y, pese a que la salud del básket profesional en Euskadi es envidiable (con tres equipos en la élite), ¿por qué no termina de salir un gran jugador de esa cantera?

– Es cierto que la salud del básket en Euskadi es envidiable, pero a esta pregunta te respondo con otra pregunta, no puedo evitarlo. ¿QUÉ CANTERA? A nivel de fichas solo en Bizkaia está al mismo nivel que hace treinta años. Y si miras las alineaciones de los equipos, mira la cantidad de gente nacional que hay. Es lamentable. Cada día hay más gente foránea y menos nacional. En los vestuarios se habla inglés y en los viajes las películas se ponen en inglés. Es por esto que a la primera pregunta de esta entrevista respondo que por su evolución acabé hasta los … del básket. Llegó un momento que era de todo menos divertido. Dejé de disfrutar de él y lo mejor que he hecho en mi vida ha sido saber retirarme a tiempo. Hoy por hoy y con la filosofía que hay en el básket, yo no disfruto viéndolo, no consigo empatizar con él. Es un claro síntoma de que pasan los años y que posiblemente sea un romántico o nostálgico de otra época. Antes la gente sentíamos los colores que defendíamos.Yo lo daba todo en la cancha, con mis limitaciones, pero no escatimaba en esfuerzo y como yo la gran mayoría de compañeros con los que he tenido el honor de compartir vestuario. Hoy, aunque quizá tenga un concepto erróneo, veo el basket más como que se ha vuelto, más mercenario. No me refiero a su totalidad, pero sí que ese amor a los colores de antaño y ese sentimiento se ha ido perdiendo. Sí que es cierto que hay jugadores implicados al cien por cien, pero hay otros muchísimos que no dan esa sensación. Y repito que es una percepción personal y que admito que puedo estar muy equivocado.

– Todos tenemos ídolos, ¿quién era el suyo?
– A un jugador que he admirado siempre desde niño y que luego he tenido el GRANDISIMO honor de compartir vestuario con eél es Fernando Arcega. Recién llegado a Zaragoza, cuando me lo presentaron, se lo dije a él en persona y creo que en un principio se lo tomó como diciendo ‘qué pelota es el tío este’, pero se lo dije y lo digo totalmente en serio.

– Debutó en la ACB muy pronto. Se produjo con el Caja Bilbao del mítico Mark Simpson, aunque tuvo el amargo recuerdo del descenso. ¿Cómo fueron estos primeros pasos en la élite? ¿Cree que de haber seguido el club en la élite su carrera hubiera sido diferente?

– Mi debut en la ACB oficial fue con el Caja Bilbao a mis 18 años, aunque años antes en Vitoria con el TAU ya jugué algún partido amistoso con el primer equipo, teniendo yo 14 años hasta los 17. Aquella época fue durísima. Me acuerdo que me levantaba a las seis y media de la mañana para ir al gimnasio, después iba a clase, nada más terminar el colegio por la mañana iba a entrenar técnica individual con un entrenador yo solo. Acto seguido iba a casa a comer para ir corriendo de vuelta al colegio.Al terminar el colegio, iba a entrenar con el primer equipo. Después del entreno con el primer equipo, tenía que cruzar toda Vitoria para entrenar con el júnior y después entrenaba con el juvenil. Llegaba a casa a las once de la noche y a veces más tarde. Reventado me ponía a hacer los deberes y encima aprobaba. Además para mejorar esto, si te ponías malo (recuerdo un día que estuve con 40’3 de fiebre), teníamos un médico en el club, el Dostor Iñigo Simón, que me puso una inyección para bajar la fiebre, y me obligaron a jugar un partido amistoso que no iba a ninguna parte y no servía para nada. Como podéis ver, lo primero siempre era ‘la salud’ del jugador.

Con la selección

Además de esto, en mis vacaciones iba primero con Siglo XXI (soy de la primera promoción) y después con la selección nacional cadete y, posteriormente, con la juvenil y nos metían unas sesiones de entrenamiento de ocho horas al día. Pero ocho horas de entrenar de verdad. Nosotros con edades de entre 15 a 17 años. Era una auténtica salvajada para gente tan joven y todos los de mi generación hemos terminado con secuelas de estos años. Yo con la rodilla izquierda destrozada… y algún compañero y buen amigo muerto. Me refiero a Ángel Almeida, que falleció de muerte súbita una semana antes de cumplir los 25 años. Estoy seguro que todas estas burradas que nos hicieron las vamos a pagar muy caro todos los de esa generación. Yo desde luego tengo la rodilla izquierda como una persona de más de 70 años. Gracias a Dios que hoy por hoy en ese aspecto las cosas han debido cambiar bastante y se cuida más al jugador. Nosotros fuimos la generación de CONEJILLOS DE INDIAS.

Como puedes comprobar mis recuerdos de mis inicios son maravillosos, jajaja…

Si creo que si hubiera estado en un club diferente al Caja Bilbao mi carrera… podría haber sido distinta. Era un club que andaba justito y de hecho se descendió y desde muy joven me encasillaron en la defensa.Y si hacía algún tiro a canasta me iba directo al banquillo. Pero guardo muy buenos recuerdos de esa época. Sobre todo el año con Juan Llaneza. Disfruté mucho y me supo llevar muy bien. Lástima que Juan solo estuviera un año.

– Cualquier jugador grande y calvo que juegue en una pista de Zaragoza siempre será apodado ‘Zubizarreta’. Eso habla del impacto que tuvo en sus dos años en la ciudad del Ebro. ¿Qué significa el Príncipe Felipe para usted? ¿Vuelve habitualmente a Zaragoza?

– Me sorprende que a pesar de los años la gente se siga acordando de mí. Que cuando hay un jugador grande y calvo (rapado, que no es lo mismo) se le apode con mi apellido, me parece como se dice en mi tierra ‘LA HOSTIA’. Zaragoza para mí es especial, la llevo en el corazón y con esto lo digo literalmente hablando. Llevo a la Pili, la Pilarica, con todo mi cariño, respeto, admiración y devoción. Es que ya lleva muchos años conmigo y ya tenemos confianza, tatuada en mi pecho izquierdo. Yo siempre digo que soy vasco de sangre y maño de corazón. Profesionalmente fueron posiblemente los mejores de toda mi carrera deportiva, me enseñaron el verdadero significado de la palabra EQUIPO, ya que al principio no hice las cosas demasiado bien. Era muy joven, inexperto y anduve un poco perdido. Pero me dieron una lección de compañerismo, perdonando mis errores y acogiéndome entre ellos, ayudándome en todo momento y enseñándome a como ser mejor jugador y mejor persona.
Aparte de esto, fuera del mundo del básket, tengo unos amigos increíbles que por mucho que pasan lo años no se pierde ni un ápice la relación. Aunque he de añadir que hay alguno que le tengo un especial cariño, que como mi hermano que es un poco ALMENDRÓN (va por ti Juan Carlos).
El año pasado, en abril, pude cumplir un sueño, que era poder pisar en parquet de Principe Felipe vestido de corto. No te puedo expresar con palabras la emoción, los sentimientos y los recuerdos que pude sentir aquel día. Recuerdo que me temblaban las piernas como si fuera un novato y que después del partido de veteranos que jugamos los viejas glorias del CAI contra los viejas glorias de la Selección lloré de emoción. Se me pusieron los pelos que no tengo en punta. Sin duda uno de los días más felices de toda mi vida y encima el CAI consiguió el ascenso a la ACB. ¿Qué más se puede pedir?

– En su primer año compartió vestuario con un personaje con mayúsculas del baloncesto español, Fernando Romay. Formaban una pareja curiosa. Supongo que tendrá una larga lista de anécdotas.

Romay y 'Zubi', ¡vaya par!

– Compartir el vestuario con Fernando Romay fue increible. Fer es grande dentro y fuera de la cancha. Solemos hablar bastante a menudo y anécdotas con él tengo muchas. La más reciente fue en abril del año pasado, un par de días antes del partido que jugamos en el Príncipe Felipe, el equipo de veteranos de CAI contra los veteranos de la Selección. Me enteré de que Fernando iba a jugar el partido y le llamé por teléfono. Me dice: ‘Hombre Iñás, ¿qué pasa?’, a lo que le pregunto: ‘Oye Fer, me he enterado que vas a jugar el partido en el Príncipe Felipe con los veteranos de la Selección. ¿Es cierto?’. A lo que responde: ‘Sí, claro.¿Vas a jugar tú también?’. Y le digo: ‘Claro. Fer te llamo para una cosa’. Me dice: ‘Tu dirás’. Y le digo: ‘Fer, soy autónomo, por favor no me rompas en el partido’. Y me responde: ‘Serás CABRÓN’, todo indignado. Y nos empezamos a reír sin parar.

Al llegar a Zaragoza, comí con los veteranos de la Selección y Fer no paraba de echarme en cara mi llamada y cuando se lo contó a Juan Antonio Corbalán se descojonaba de risa. Y me dijo que esto era para escribirlo en las anécdotas del baloncesto nacional.

– ¿Cómo vivió la desaparición del Amway?

– La desaparición del Amway fue un mazazo para todos. Fue una pena que un equipo, que deportivamente estaba entre los cuatro mejores clubs de la ACB, con un grupo de jugadores conjuntado y formado, se fuera al traste por motivos puramente extradeportivos. Pero bueno, nosotros hicimos todo lo que estaba en nuestras manos para que el equipo no desapareciese. Fue una sensación de impotencia tremenda.

– En Pamesa vivió los primeros pasos grandes del club con Vukovic. Y ganó el título de Copa de 1998, desquitándose de la perdida con el CBZ. Fue titular en esa final. ¿Fue el partido más importante de su carrera? Si cierra los ojos, ¿qué imagen le viene de ese día?

Con el Pamesa– Ganar un título nacional es un sueño para todo jugador profesional en general, de cualquier deporte. Yo tuve la suerte de poder vivir esto con el Pamesa. Fue un premio para todos. Somos a día de hoy el primer equipo debutante en la Copa del Rey en ganar el título. Entramos por la puerta de atrás y por lo pelos y salimos por la puerta grande. Nadie daba un duro por nosotros y al final, mira, la Copa para nosotros. No éramos el mejor equipo, pero teníamos un grupo dentro del vestuario que era una piña. Y por eso ganamos le Copa de 98. Cómo pasa el tiempo de rápido.
A parte de la explosión de alegria después de ganar el título, me impactó Reggie Fox. Es un compañero que tuve en el Pamesa que en el partido de semifinales del día anterior se lesionó de gravedad una de sus rodillas y no pudo jugar la final. Recuerdo sus lágrimas después del partido. Me impactó muchísimo.

– En la previa del encuentro, Julbe, entrenador del Joventut, el otro finalista, le calificó como leñador. Curioso cuando fue su entrenador en Zaragoza. ¿Le molesta que se guarde una visión suya como jugador limitado en el aspecto técnico?

– Que se me recuerde como un jugador limitado en el aspecto técnico, no me molesta. Es cierto que físicamente he sido un atleta y que no conozco a día de hoy mucha gente que, con mi estatura y mi peso (2’07 metros y 120 kilos), haga o haya podido hacer las cosas que he hecho. En press de banca levantaba 190 kilos, hacía 20 dominadas estrictas, las flexiones de brazo las hacia de 50 en 50 con una sola mano, las series de abdominales eran de 1.000 en 1.000, corría los 100 metros lisos en 11’56 segundos y no exagero ni un poco con nada de lo que estoy contando y si no me creen que se lo pregunten a cualquiera de mis antiguos compañeros. Pero sinceramente como jugador no demostré otra cosa que lo que se apunta. Ya he respondido antes que desde muy joven me encasillaron en defensa. Ese fue mi rol y no supe o no pude salir de ahí. Las cosas hay que decirlas por su nombre.

– Entonces, defínase usted mismo como jugador. Le pediría que fuera crítico.

– Independientemente de cómo fuera como jugador, creo que para gustos colores. Hay a mucha gente que le gustaba y otros muchos que no, pero independientemente de esto, creo que ninguno de mis entrenadores o ninguno de mis compañeros me pueda achacar nada de cómo he sido como profesional. Es muy difícil cuidarse más en todos los aspectos, en cuanto a no trasnochar, no salir de juerga, no beber, no fumar, las drogas… sí que decir que nada de nada, cuidando la comida, las horas de descanso, he sido y soy supermeticuloso tanto en mi vida profesional como después de haber colgado las botas.
En el deporte aprendí la disciplina, el rigor y el trabajo. En todo ello me considero un profesional y es mi filosofía en la vida. Si quieres algo, trabaja para conseguirlo. A día de hoy, diez años después de colgar la botas sigo pesando lo mismo que cuando jugaba. Hay que hacer las cosas muy bien para esto.

– Yo lo recuerdo como un pívot que era capaz de pegarse con cualquiera por un rebote. ¿Cuál fue el rival más duro con el que se encontró? ¿Recuerda alguna ‘batalla’ en particular?

Dolorido, tras darse un golpe en un partido contra el Madrid

– Es cierto que no me importaba quién tuviera delante. No tenía miedo a los golpes o las lesiones. Si piensas en ello y tienes miedo, no vales para jugar. En la cancha hay que darlo todo. Tengo un historial médico de dar miedo, desde diez roturas de tabique nasal… hasta una operación del tercer dedo del pie derecho en vivo. Pero eso son gajes del oficio. Es la parte más dura del deportista, las lesiones.

Sin duda el jugador más difícil y de más calidad al que me he enfrentado ha sido Arvydas Sabonis. Para mí el mejor jugador europeo de todos los tiempos. Un fuera de serie.
– Supongo que ser de Bilbao ayuda, pero ¿de dónde emanaba esa energía que imprimía en su juego?
– No he tenido una vida fácil en absoluto. A nivel familiar hemos tenido problemas muy graves desde que tengo uso de razón y desde muy joven me he tenido que sacar las castañas del fuego solito. Soy una persona que por circunstancias no me ha quedado más remedio que sacar carácter. A parte de esto, en el colegio en donde estudié de chaval, el colegio Azkorri, había un grupo de chavales, diez en concreto, que se dedicaba a darme palizas ante la mirada impasible y pasota de mi tutora, una tal Elena Legarreta. Recuerdo un día que este grupo de chavales encantadores que he mencionado antes se dedicó a jugar al futbol pero con el agravante que el balón era mi cabeza y de hecho a raíz de entonces tengo una rotura ósea a la altura de la ceja derecha y ha quedado una marca más que notable y palpable. Fuera aparte de las dos noches que tuve que pasar en la UVI. La actuación de la buena tutora fue castigarme un año entero sin recreo porque claro, mis actos no iban en consonancia con mi estatura y podía hacer daño a cualquier niño. Con dos cojones. Es lamentable que gente tan incompetente para la docencia esté ejerciendo en ningún centro de enseñanza, ya que esta señora, por llamarla de alguna forma, aún lamentablemente sigue ejerciendo en el mismo colegio y jodiendo la vida a todo aquel niño indefenso que es, por algún motivo, diferente, bien por altura o por lo que sea.
Con todo esto y mucho más que me lo guardo no me quedó más remedio que vencer el miedo sin importar quién o qué tuviera delante y a perder el miedo a recibir algún golpe.
– Hoy en día en las categorías de formación no es fácil inculcar ese esfuerzo en chicos acostumbrados a tenerlo todo sin hacer nada. Creo que usted sería un buen ejemplo en ese aspecto ante un grupo de chavales que jueguen al baloncesto. ¿Qué les diría si tuviera oportunidad?
– Técnicamente hay referentes infinitamente mejores que yo, pero a nivel de rigor, disciplina, entrega, trabajo, esfuerzo y sacrificio, creo que sería un muy buen ejemplo para los jóvenes. A mí nadie me ha regalado nunca nada, todo lo he conseguido con muchísimo trabajo, esfuerzo y disciplina. A los jóvenes les diría que si quieren llegar solo hay un camino: trabajo, trabajo, trabajo…
– No ha pasado tanto tiempo desde que jugaba en ACB, pero era un jugador muy físico para su época. ¿Cree que ahora hubiera tenido otro tipo de carrera?
– Creo que hoy por hoy no hubiera llegado a la ACB. Ha cambiado todo muchísimo y con la cantera que hay en Bizkaia la cosa está más que dificilísimo.

– Tras jugar en Huelva y Tenerife (ver ficha en FEB.es), se retiró del baloncesto profesional tras rozar el ascenso con el La Palma en la que fue la temporada de apertura de la LEB Plata. Solo tenía 29 años. Aunque ya lo ha empezado a enunciar antes, ¿por qué este adiós tan prematuro?

– Me retiré porque el baloncesto ya no me aportaba nada y encima la ultima oferta que me hicieron para jugar fue una ridiculez. Simplemente, perdí la ilusión por jugar y acertadamente lo dejé. No lo echo de menos para nada.
– Siguió jugando en casa, en La Salle de Bilbao, ¿cuánto duró esta experiencia?
– El año de La Salle fue el último de mi carrera. Me lo tomé como la transición para colgar definitivamente las botas y fue uno de los años que más he disfrutado jugando a básket. El objetivo era ascender el equipo a Liga EBA y lo conseguimos. Retirarse con un ascenso es despedirse con un buen sabor de boca después de tantos años.

– Últimamente he hablado con varios exjugadores que echan en falta algo de romanticismo en el baloncesto actual. ¿Cómo ve el panorama del básket nacional hoy en día? ¿Qué cambiaría si le dejaran?

– Lo del baloncesto ¿NACIONAL? ¿Dónde están los jugadores nacionales? ¿Que qué es lo que cambiaría? Pues eso haría que la Liga volviera a ser NACIONAL.

– ¿Sigue jugando al baloncesto regularmente? ¿Ha intentado otros deportes? Permítame la broma pero, con su fortaleza, en Estados Unidos se lo hubieran rifado para entrar en la WWF de lucha libre.

– El baloncesto lo tengo abandonado por completo. Voy al gimnasio regularmente, hago spining, ando en bici, voy a nadar y estoy federado en tiro con arco. Hago de todo, menos baloncesto. En su día  hice artes marciales, pero también hace tiempo que las deje. Llevo una vida muy ordenada y tranquila. Poco a poco voy consiguiendo mis objetivos.

– Entre estos objetivos, mantiene una consulta como fisioterapeuta. No es muy habitual encontrarse a un ‘fisio’ de casi 2,10. Supongo que se habrá encontrado en alguna situación curiosa con algún paciente.

– Mis pacientes al principio se asustaban conmigo, pero después de tanto tiempo están curados de espanto. Aunque alguno alguna vez ya se ha pensado que la sesión conmigo  era una broma de cámara oculta y se quería marchar. Me reí lo que no está escrito. Hay que ver al hombre en cuestión, mide 1’65 y pesará 55 kilos. Normal que se asuste. JAJAJAJA…

– He visto en la red una ‘autocaricatura’ que se hizo hace tiempo. ¿Mantiene esta afición?

– Sigo dibujando, no todo lo que me gustaría pero las buenas costumbres no hay que perderlas. El dibujo fue mi mejor compañero de chaval estando en el colegio que he mencionado antes, en los recreos castigado. Por lo menos una de las partes positivas de todo lo que me tocó vivir en aquella época es que aprendí a dibujar y que el baloncesto me sirvió para canalizar y evadirme de todos los problemas (que eran muchos) que tenía en mi vida. Lo que sí le tengo que dar gracias al baloncesto, es que gracias a él no me he perdido en el camino y que ha dado unos valores y una filosofía de la vida que de otra forma no hubiera aprendido. Me ha enseñado también que por muchas cosas malas que nos pasen, que por muchas situaciones difíciles, por muy negro que veamos el camino… nosotros somos el producto de cómo interpretamos nuestra propia historia. Al fin y al cabo de lo bueno se disfruta y de lo malo se aprende. Ahora bien,en nosotros está el coger el lado positivo de todo lo que nos ocurra y seguir creciendo. Es un aprendizaje que nunca termina y es un bonito camino para andar.
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dic
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Top 5: Los LEB ‘on fire’


Dedicamos este Top 5 a la ‘Segunda División’ española, esa competición que cada día gana más adeptos y que en los últimos años se ha confirmado como un buen criadero de jugadores prometedores para la ACB. Échamos un vistazo y abrimos la puerta a cinco de los jugadores más en forma de la competición Adecco Oro.

1. David Navarro (Girona CF)

Foto: M.A.

La gran sorpresa de la temporada en la Adecco Oro no es un desconocido en la categoría, aunque sí su rendimiento sobresaliente. El escolta del Sant Josep ha explotado y a los 27 años está acaparando la atención gracias a su extraordinario inicio de la temporada (solo un partido con menos de diez puntos y varios con más de 30 de valoración), copando la parte superior de los cuadros estadísticos de puntos y valoración (20,2 solo superado por Richi Guillén). Fue el MVP de la séptima jornada. En su segundo año en Girona, David Navarro ha dado un salto cualitativo en sus números y forma una dupla nacional admirable con Pep Ortega. Ha pasado de promediar 9,1 puntos a llegar en estos momentos 16,9 después de 13 jornadas. Su porcentajes son espectaculares: 69% de dos, 43% de tres y 80% de libres. El catalán de Esparraguera parece haber encontrado la estabilidad en su juego gracias a la mano de Ricard Casas, técnico de la cantera de Manresa, club en el que David se formó, con el que ganó el campeonato sub-20 y que le dio la oportunidad de debutar en la ACB. Después tuvo que pasar la diáspora en sus primeros años como profesional por ciudades como Melilla, Santiago de Compostela o Logroño. Además de adaptarse a la posición de ’2′ (antes jugaba de base), en su tierra natal, este barcelonés puede estar dando el paso que le faltaba para alcanzar la máxima categoría. Y encima, estará dentro de poco en nuestro ‘cuestioning’.

2. Juan Palacios (UB La Palma)

Foto: César Borja

El colombiano es otras de las joyas que el Gran Canaria sabe pescar en el mercado extranjero y que ahora se foguea en la Adecco Oro antes de acometer la aventura de la ACB. La Palma está disfrutando de su cesión por segundo año consecutivo, como antes hizo el Vic, y la afición deleitándose con el baloncesto de un ala-pívot de dos metros, fibroso, con buena capacidad de salto y espectacular. Nacido en Medellín (generación del 85), Palacios se formó en Estados Unidos desde la High School, logrando completar el ciclo universitario en los Cardinals de Louisville, donde coincidió con Francisco García (Kings) y el mítico entrenador Rick Pitino. Las lesiones, incluída una en el ojo, le impidieron expandir todo su pontecial, le cerró el draft (ha estado en la Liga de Verano de la NBA) y encaró su destino hacia Europa. Esta temporada está promediando 17 puntos y 19 de valoración en solo 26 minutos y ha aumentado su eficacia desde la línea triple (37%) siendo más polivalente en tareas ofensivas. Ferviente religioso (en la universidad llevaba el ’3′ en referencia a la Santísima Trinidad), a Palacios parece que le empieza a quedar chica la LEB.

3. Vitor Faverani (CB Murcia)

Cuando Chus Mateo se llevó de Los Guindos a Vitor Faverani para que fuera, con 18 años, el pívot titular de un equipo con tanta presión como el CAI Zaragoza, los ‘scouters’ de la NBA hicieron nidos en las alturas del Príncipe Felipe para verle. La apuesta fue nefasta tanto para el entrenador, que fue cesado, como para el jugador, que terminó su cesión antes de tiempo por su mal comportamiento fuera de la pista y bajo rendimiento. Los ‘scouters’ desaparecieron cuando él se fue y con ellos, poco a poco, las quinielas que situaban a este interminable pívot en los puestos más altos de los ‘mocks’ del draft. Ahora, en Murcia, tras bregarse en varios destinos sin encontrar la estabilidad y terminado el contrato que firmó como adolescente con el Unicaja, parece que Vitor Faverani puede recuperar algo el territorio perdido. Su segunda temporada consecutiva en Murcia, tras el descenso, le ha hecho regresar a la LEB, donde está tomando impulso (14 puntos y 8 rebotes para 17 de valoración) y dominando las zonas (1,5 tapones por partido) gracias a su combinación de físico y buena técnica que le permite firmar ‘dobles dobles’ sin grandes dificultades. A eso ha añadido una fiable punteria desde la larga distancia (35% de tres por un deficiente 58% de tiros libres). Puede ser la temporada de la redención para Faverani si mantiene el nivel que ha ido adquiriendo en las últimas jornadas, clave para la reacción de su equipo, durante todo el curso y mantiene sobre sus espaldas a un proyecto cuyo objetivo no es otro que el retorno a la ACB, el mismo que tiene Faverani.

4. Manny Quezada (Baloncesto León)

Jugón en estado puro de la LEB Oro, en León disfrutan del juego vistoso de este escolta anotador de buen físico pese a su corta estatura y notable visión de juego. Manny Quezada ha aterrizado en el baloncesto europeo tras una etapa de formación en la NCAA (Universidad de San Francisco) y un par de cursos entre la liga de su país y la venezolana. Internacional dominicano, Manny parece estar adaptándose rápidamente al juego del continente y está mostrando su capacidad anotadora (15 puntos, el quinto de la competición y con una mejor actuación de 25) y lectura (3,2), aunque su punto flaco es la precipitación y el elevado número de pérdidas (3 por encuentro), además de su mejorable porcentaje desde la línea exterior (32.7%). Este anotador que no supera el 1.90 ha confirmado el buen ojo del León con los dominicanos, que ya ‘acertó’ con Jaime Peterson y Eulis Báez en su momento.

5. Alexander Franklin (CB Tarragona 2017)

La LEB no es sólo una pasarela para los jugadores españoles que buscan una segunda vía para acceder a la ACB o un sótano al que bajar para tomar carrerilla para retomar el camino perdido –Jason Detrick (Melilla), Nedzad Sinanovic (Axarquía), Pep Ortega (Girona), Dani Rodríguez (La Palma…)– o la categoría perfecta para ser cabeza de león y no cola de ratón –(Richi Guillén (Tenerife), Oriol Junyent (Obradoiro), Oliver Arteaga (Breogán)…–, también sirve de banco de pruebas donde muchos extranjeros aterrizan para luego alcanzar otras alturas. Normalmente son jugadores rebotados de ligas de segunda o tercera fila o ‘rookies’ que firman su primer contrato. La ACB ha ‘adoptado’ a los Jakim Donaldson, Antwain Barbour, Sitapha Savane, David Barlow… y en un futuro seguirá  captando estrellas de este caladero. Podría incluir en este quinto punto a varios jugadores, como Curtis Dwayne (Lleida), Kahiem Seawright (León), Jonathan Kale (Ourense), Michael Mokongo (Ourense), Tahiri Mohamined (Tarragona)…, pero me he decidido por Alexander Franklin porque sólo tiene 22 años, juega en un club humilde como el Tarragona y posee el típico físico que siempre ha triunfado en esta categoría: una pívot pequeño (1,97) que tiene potencia y muy buenos movimientos al poste que le permiten anotar con fluidez. Se ha adaptado rápidamente a un nuevo país y forma de juego, promediando unos interesantes 13 puntos y 7 rebotes en 28 minutos y se advierte un amplio rango de mejora por sus pobres datos de tiro (no alcanza el 50% de dos ni el 70% de tiros libres). En la Universidad de Siena, de la que procede, obtuvo un 56% de tiros de campo en sus cuatro años. Fue MVP de la jornada 3 (35) y ha acumulado otro partido por encima de los 30 puntos de valoración. Como curiosidad, es primo de Donyell Marshall, exjugador de la NBA.




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