Es un debate abierto. Es visible. Actual. Su presencia trasciende a casi todas las noticias que monopolizan la actualidad del baloncesto en las semanas recién consumidas. En el último Consejo de Ministros, el Gobierno concedió la nacionalidad española al congoleño Serge Ibaka, como hizo un año antes con la antillana Sancho Lyttle, para reforzar la selección española que disputará el Europeo de Lituania. Su compatriota Bismack Biyombo ocupó el séptimo puesto del draft del ‘lockout’ para los Bobcats, mientras que Nikola Mirotic fue elegido por Houston en el 23 lugar y enviado a los Bulls esa misma noche. El ala-pívot del Madrid lidera a la selección española en el Europeo sub20 que compite estos días en Bilbao. En la Asamblea General de la ACB se discute una propuesta sobre un nuevo sistema de elegibilidad para la confección de las plantillas que negocian con la FEB y ABP. Los cupos de seleccionables darían paso a una nueva etiqueta denominada ‘jugadores formados‘. Entrarían dentro de esta categoría todos los jugadores de 14 a 22 años que han pasado dos temporadas (3 meses como mínimo en cada una de ellas) en canteras nacionales. Albert Soler, secretario General para el Deporte, salió en defensa del jugador español amenazando a la ACB con dejarle sin extracomunitarios. La negociación sigue abierta.
Todas las palabras hablan de lo mismo aunque digan cosas diferentes. Hablan de un mundo globalizado, en el que las fronteras se diluyen y las banderas se enredan por el beneficio deportivo y económico. Hablan de nuevos españoles. Hablan de un nuevo concepto de cantera y la necesidad de una regulación acorde con los tiempos cambiantes. En la reglamentación de la temporada 2010/11 se establecía un máximo de dos jugadores extranjeros en los Campeonatos de España infantil, cadete y junior (ver normativa). En la normativa de la FEB para la próxima campaña no se fija un número mínimo, aunque sí un máximo de ocho jugadores con ciertas temporadas inscrito en competiciones federadas (ver normativa). En los campeonatos de selecciones regionales es habitual ver a jugadores nacidos en otros países competir con los equipos de sus Comunidades Autonómicas. La nacionalización de Ibaka es el último pero no el único ejemplo de la inclusión de foraneos que ha potenciado a las selecciones españolas absoluta e inferiores.
La puerta está abierta. La entrada de chicos y chicas de otros estados y continentes en el baloncesto de formación es una realidad desde hace años y una corriente que acrecienta su velocidad en la toma de decisiones de la ACB y la FEB. El último Campeonato de España cadete estuvo dominado por la superioridad física de jugadores africanos como Jonathan Kasibabu y Bourama Sidibe (ambos del Canterbury y el último repitiendo en el Infantil) o Mouhamed Barro y Mouhamed Thiam (ambos del Gran Canaria). El reportaje de Paco Torres, director de Gigantes, sobre el torneo giraba en torno a esta supremacía. No es una excepción. Chicos y chicas de Europa del Este o de Brasil, de Senegal, Congo, Malí o Etiopía copan los centros formativos más prestigiosos (Joventut, Barça, Unicaja, Cajasol, Madrid, Estudiantes…), pero también clubs fuera del ámbito de la ACB, más modestos. Su poder en altura y músculos propicia la suspicacia sobre su verdadera edad en las aficiones rivales y condicionaron, en algunos casos, el juego de sus propios equipos y el del rival, ampliándose el uso de zonas y de un juego orientado a potenciar su ventaja cerca del aro. Estas circunstancias expanden el debate hacia otros frentes, algunos viejos conocidos y llenos de tópicos. Incluso en el último draft de la NBA, parece que a los Wolves les dieron gato por liebre y eligieron a un ‘novato’ de 21 años llamado Targuy Ngombo que realmente podría haber soplado ya las 27 velitas. ¿Es necesario un mayor control de las edades o las dudas son una excusa derrotista o incluso racista? ¿Empeora el progreso de la cantera el uso de la zona o de un ataque basado en colgar balones cerca del aro o mejora su nivel al enfrentarse a nuevas situaciones? …
Pero en este debate, sobre todo, se habla poco de lo que debería ser lo más importante: los derechos de estos chicos, de la responsabilidad de todos (agentes, entrenadores, directivos federativos y clubs, padres, aficionados, periodistas…) de acoger a unos adolescentes con unos sueños que solo en contados casos, como el de Biyombo o el Ibaka, se hacen realidad. De la responsabilidad de dar una educación, unos valores, un idioma, unos estudios, de adoptar a unos niños lejos del amparo de sus familias y su entorno, de orientar una vida hacia un mundo en el que, tanto para los muchachos, como para los clubs, federaciones o los representantes, no es todo el beneficio de triunfar en la NBA, la ACB o la selección. Esa es una parte del debate que debe estar también presente y de la que queremos hablar en Puertatrás. Hablemos de varios de los ejemplos que hemos visto en este temporada que ahora termina.
La escuela de Gran Canaria
Canarias y Galicia son los principales focos de entrada de jugadores de formación en los últimos años. En una década hay varios proyectos que han sido la puerta de chicos y chicas africanos. El Gran Canaria, club de ACB, es uno de los que más temporadas lleva sobre esta línea con el objetivo de crear promesas para su primer equipo, un camino laborioso: “El ideal del Gran Canaria es formarlos lo máximo posible para que, llegado el momento, puedan dar el paso a la ACB. Esto puede pasar o no. Depende del niño, de las posibles lesiones, de que alcance la implicación y el trabajo necesario para dar el salto. Nuestro objetivo es formarlos como jugadores, pero también como personas. Nos preocupamos de que todos los que están con nosotros, estudien, aprendan español, que es esencial para ellos”, explica Jesús Ponce, entrenador del cadete ‘amarillo’, que en este curso ha contado con dos senegaleses de más de dos metros y físicos muy parecidos que impresionaron en Zaragoza: Mouhamed Barro (12,9 puntos y 12,3 rebotes para 19 valoración) y Mohamed Thiam (18,1 puntos y 9,4 rebotes para 18 valoración). Barro llegó el año pasado a Canarias, siendo cedido a un equipo de Lanzarote (el club tiene acuerdos con varios equipos en este sentido) y esta temporada ya ha jugado con la selección canaria. Thiam fue ‘reclutado’ hace unos meses. El Gran Canaria trabaja directamente con agencias que captan promesas africanas y realizan una selección tras realizar un seguimiento por vídeo de las competiciones y concentraciones que desarrollan en sus países de origen.
Los becados del ‘Granca’ tienen su domicilio en la residencia ubicada dentro del complejo del Pabellón Insular Vega de San José (PIVSJ), donde entrenan todos los equipos de la cantera ‘amarilla’. Está considerado como uno de los centros más modernos de España y engloba también las oficinas del Club. Un tutor controla y organiza los horarios, comidas y diferentes rutinas de todos los baloncestistas. El instituto al que acuden diariamente durante el curso está justo al lado de la residencia. El aprendizaje del idioma es una prioridad para favorecer su integración dentro del grupo y apoyar su progresión lectiva y deportiva. El Gran Canaria pone a disposición de sus ‘becados’ una profesora de español, que diariamente, les da clases de una hora u hora y media cada tarde. “Con ellos, a parte del trabajo colectivo que desarrollamos con el equipo, dedicamos mucho tiempo a entrenamientos específicos, en los que les decimos que tienen que hacer una serie de ejercicios puntuales, por eso es esencial que te entiendan porque se lo estás explicando solo a ellos. Se van adaptando rápidamente, porque la mayoría vienen con la intención de aprender el idioma lo antes posible. Incluso, en ocasiones, tú quieres facilitarles la comprensión hablándoles en inglés, pero ellos mismos te dicen que no y te obligan a que les hables en castellano porque quieren aprender”, explica Jesús Ponce, que esta temporada llevó al equipo al subcampeonato canario y al tercer puesto en el Nacional.
Barro y Thiam son musulmanes. Su entrenador relata como a lo largo de la temporada fueron muy estrictos para llevar a cabo las obligaciones que marca su religión y que esta disciplina es una ventaja porque se traslada en su capacidad de aprendizaje. Un símtoma de ello es que sus gestos son sobrios dentro de la pista. “El primer problema que tenemos que solucionar es el del idioma. En segundo lugar, les hago ver que les exijo más porque son los becados y tienen que responder por el hecho de que si están aquí es porque se lo tienen que currar. La verdad es que todos se adaptan y aceptan el reto. Nunca he tenido problemas, todo la gente que he entrenado ha sido muy trabajadora. Pudiera darse el caso de que se lo creyesen demasiado, de que se conviertan en el líder del instituto porque sorprenda que un niño de 15 años mida 2.04 y en un momento sus compañeros le consideren como un Dios. Es el riesgo de que ellos dejen de trabajar porque consideren que son una estrella. Intentamos hacerles ver que son todavía unos niños y que deben comportarse como tal. Por ejemplo, en los partidos queremos que no vayan con los cascos en plan americano. Yo lo prefiero evitar para que den una imagen de humildad”, explica Ponce, que subraya que ambos mantienen contacto continuo con sus familias en Senegal por teléfono e internet.
Las clases del Canterbury
El diario Marca no dedica habitualmente grandes titulares a los Campeonatos de España de formación. Sin embargo, hace unas semanas, en su web, resaltaba un llamativo titular. ‘El Kevin Garnett adolescente juega en España’. La siempre fácil, desmedida e injusta comparación periodística de un niño de 14 años con una estrella internacional se refería a Bourama Sidibe, el malí del Canterbury Lions, que dobló en el Nacional cadete (17 puntos, 17,1 rebotes y 2,6 tapones para 29,7 valoración) y en el infantil donde fue MVP (28,4 puntos, 25,6 rebotes y 5,2 tapones para 50,2 valoración) con estadísticas asombrosas y explicables por sus 2,05 metros con 14 años. En la categoría mayor compartió impacto con el congoleño quinceañero Jonathan Kasibabu al que alguno en Zaragoza apodó ‘Lebron James’ por su potencia física y estética en gestos dentro y, lo que no es tan plausible, fuera de la pista. Fue el máximo anotador y MVP del torneo (20,3 puntos y 10,9 rebotes para 22,4 valoración).
El Cantebury Lions ha dominado los Campeonatos de Canarias en la gran mayoría de las etapas formativas con menos de diez años de andadura. El cadete fue campeón autonómico superando al Gran Canaria y cuarto de España eliminando a CAI Zaragoza y Unicaja, entre otros. Este equipo es entrenado por Santiago López, Director Técnico de un club de baloncesto con 18 equipos y una escuela para los ‘peques’. En total hay 200 niños en la actividad, con 50 que no estudian en el centro. Santi es el referente con amplia experiencia en varios clubs canarios y campus de Estados Unidos y uno de los principales responsables de la eclosión del baloncesto en este colegio e instituto bilingüe, uno de los más prestigiosos de Las Palmas de Gran Canaria donde el 90% de las asignaturas se imparten en inglés. El segundo idioma en las aulas es el francés o el alemán. Tanto Kasibabu y Sidibe y el resto de los alrededor de 1.000 alumnos (15% extranjeros) del ‘cole’ comenzaban su actividad lectiva a las 8:30. Tras comer compatibilizaban sus estudios con entrenamientos de dos horas durante cuatro días a la semana en las pistas de cemento que se encuentran en el patio del centro, que tiene en proyecto la construcción de un pabellón. El propio Santiago López (cuyo hermano Luis es actualmente seleccionador de Mozambique) y otro padre, ambos con hijos de edades similares, son los tutores de los dos africanos, a los que acogen en sus casas junto a sus familias.
Jonathan Kasibabu llegó a Las Palmas en 2010 desde Kinshasa, donde estudiaba en un centro privado francés de primer nivel dado que su familia procede de la clase media del país. En su primer año, como infantil, ya disputó el Sector del Campeonato de España cadete. Habla fluidamente inglés y español, además de francés, siendo el ‘maestro’ particular de muchos de sus compañeros en esta lengua. Lo definen como “autoexigente, inteligente, con madera de líder, noble y cariñoso se ha ganado el cariño y respeto de todos”. Su objetivo es poder estudiar un día en Estados Unidos y hacer una carrera de Bussiness por lo que obtener buenas notas en este colegio es fundamental. Durante el Campeonato de España hubo rumores de que su futuro la próxima temporada le enviará a Madrid.
El origen del malí Bourama Sidibe es más humilde. Es más introvertido que Kasibabu. En los pocos meses (llegó a España este mismo año) que lleva en Canarias, además de imponerse en las pistas, ha engordado 15 kilos y dicen que se ha esforzado al máximo para recuperar el tiempo perdido y ponerse al nivel lingüístico de sus compañeros.
Los Estudiantes de Lugo
Si uno de los focos de llegada al baloncesto formativo español es Canarias, el otro, es Galicia. En el Estudiantes de Lugo llevan varios años acogiendo a jóvenes jugadores extranjeros, como Placide Nakidjim, fichado el verano pasado por el Real Madrid. En el Campeonato de España alcanzaron la fase de cuartos apoyados en la envergadura de Gullit Mekundi (12 puntos, 12,4 rebotes y 2,6 tapones para 20,8 valoración), un congoleño del 96 y 2,03 metros nacido, como Kasibabu, en Kinshasa en el seno de una familia acomodada. Gullit tocó tierras gallegas por primera vez en febrero, justo a tiempo de poder inscribirse para disputar el Nacional y tras solventar unos problemas de papeleo.
Dicen de él que es un muchacho tímido, pero que cuando toma confianza le gusta hacer bromas constantemente. El Estudiantes de Lugo acoge a sus becados en la Residencia Abeiro dentro del Campus Universitario lucense. Mekundi ha sido ‘acogido’ por dos juniors del club: Charles Nkaloulou, también de Kinshasa, y Jeremy Villeux, que habla fluidamente francés y que, junto a su familia de origen canadiense, se ha ocupado especialmente de apoyar a Mukendi. No es la única ayuda que ha recibido y, según fuentes del club, tanto el vicepresidente económico, Jesús Lázare, como los padres de su compañero Sergi Quintela, se preocuparon especialmente de su adaptación. La gran barrera para su integración es, como en los anteriores casos, el idioma, que estudió en el Instituto Nosa Señora dos Ollos Grandes. Desde el club afirman que la comunicación de Mukendi con su familia congoleña fue fluida.
Son tres breves miradas al trabajo que realizan estos clubs, elegidos a modo de ejemplo, más allá de la pista para formar a estos jugadores que están en el centro de un debate que se expande en un discurso competitivo, legal, económico, en otros intereses, pero no tanto en los derechos de unos chicos que salen de sus países siendo unos adolescentes en busca de unos sueños que en muchas ocasiones no alcanzarán.




















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