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28
abr
13

La televisión del (buen) corazón


Esta es la historia de un hombre sincero. Enormemente sincero. Y enorme. Un gran tipo que fue todo corazón en una pista de baloncesto porque no podía ser deshonesto con su forma de sentir. Y quizá no sabe hacerlo de otra forma porque la vida no le ha dado más alternativas que superar todas las adversidades y tirar para delante con todo. O quizá porque es de Bilbao, nacido en Madrid, sí, pero es que los de Bilbao nacen donde quieren. Un gigante que no dejará desprender su mano de aquellos que le acompañan por ese camino de obstáculos, pero que olvidará pronto a los que no le miran a los ojos ni son transparentes, no son lo que muestran su alma. Quizá por eso Iñaki Zubizarreta no olvidó ni olvidará a Toni, que sigue ahí, a su lado aunque hace tiempo que nos dejara. Quizá por todo ello a Iñaki no le dio miedo abrir su corazón, enfrentar su intimidad ante millones de personas en un programa de televisión para reencontrar a la familia de un niño que un día le dio una lección de vida. Esta es la historia de corazones buenos.
Una caída abrió la distancia. Un móvil buceando en el agua. Adiós memoria. Iñaki perdió el contacto con los padres de Toni poco tiempo después de salir de Valencia y de una maldita llamada que nunca debió llegar. Unos meses antes lo habían ido a ver jugar con el Pamesa en la Fonteta. El tratamiento parecía que empezaba a funcionar y Toni quería ir, con la camiseta que Zubizarreta le había regalado poco después de su visita al hospital, a ver batallar bajo los tableros a ese ídolo que le mostró que él tampoco tenía un pelo de tonto. Pero una tarde sonó el teléfono. La madre, María Dolores Castillo, le anunciaba el fallecimiento de su ‘Ángel’, como Iñaki lo llama: “Cuando alguien nos deja, se muere, solo desaparece en el olvido, pero te aseguro que Toni está muy, muy vivo. Jamás nos podremos olvidar de él los privilegiados que pudimos conocerlo y sobre todo los que pudimos compartir esos momentos tan maravillosos con él. Yo le llamo el Ángel que me marcó con su huella”.
Retirado desde 2002 en el La Salle de Bilbao y afincado en Getxo, ‘Zubi’ rebuscó con la misma pasión que un rebote en el aire esa pista perdida: llamó al hospital donde conoció a Toni, a instituciones oncológicas en Valencia… pero la ley de protección de datos cerraba cualquier posibilidad al reencuentro. “Después lo intenté con las guías, pero claro, ponte a buscar a Antonio Sánchez, que es el nombre del padre y te puedes sorprender la cantidad de gente que hay con el mismo nombre. Así otra vez la cosa se puso cuesta arriba, hasta que al final ya fue desesperante. Después de este punto ya casi tiré la toalla y pasó un tiempo en que dejé de intentarlo”, narra Iñaki al que los últimos años tampoco le han sido fáciles.
Empujado no por la curiosidad sino por esa necesidad “de saber de ellos, comunicarme con ellos, decirles lo que su hijo supuso para mi, lo que me aportó y sobre todo hacerles saber el cariño que le tengo y lo digo en presenté porque el niño siempre ha estado y siempre está conmigo en mi recuerdo, en mi memoria y en mi cariño”. Y por otra razón casi igual de importante, por una madre, la suya, que le empujó a atreverse a buscar ayuda en un personaje controvertido, Jorge Javier Vázquez y a un programa de ‘prime time’. Se metió en la web del espacio y rellenó un breve formulario. “En un principio apenas dispones de trescientos caracteres para hacerlo. Sinceramente pensé que no me iban a llamar”, dice el que fuera pívot del Cajabilbao, CBZ, Pamesa, Tenerife, Huelva, La Palma… Se equivocaba. Cinco días después recibe una llamada en la que le piden que cuente la historia con más detalles, algo que volverá a repetir ante una cámara en los estudios de Telecinco de Madrid para comprobar la veracidad de los datos y la limpieza de su interés. “La criba fue intensa, pero he de apuntar que todo el equipo del programa y de la productora Magnolia es una gente maravillosa. En especial nombrar a Rebeca Sánchez, Sonia Domínguez, Lorena Galán y África Lafita porque sin duda son increíbles y he de mencionar también a José Antonio Muñoz un hombre muy especial y que me ha marcado mucho”, explica Iñaki, que ahora trabaja de masajista y practica el tiro con arco.
Iñaki y Jorge JavierY llegó el día. El programa se grabó el 19 de marzo. Había que pasar por maquillaje y por vestuario, ponerse guapo, y una larga espera con todos los remitentes de mensajes, entre los que, ese día, se encontraba el piloto Jorge Lorenzo y el bailarín Rafael Amargo. Durante todo esta pausa Iñaki solo tenía un pensamiento, saber si María Dolores acudiría a la cita. Nadie le quería decir nada. No hay tongo en la sorpresa en el plató: “Lo único que te dicen antes de grabar es que han encontrado a la persona que buscas pero a partir de ahí, no sueltan prenda de nada. Si han venido al programa, si han dejado de venir… Lo llevan todo en absoluto secreto”.
Antes de entrar a escena, nuestro protagonista pudo conocer al conductor del programa, la estrella mediática Jorge Javier Vázquez, polémico periodista del mundo del corazón. Esa es la misma imagen con la que Iñaki se enfrentó a su presentación. “He de reconocer que durante años ha sido un personaje público que no ha sido muy de mi agrado, no me gusta la filosofía de cierto tipo de programas que presenta, ni el papel que le toca representar. Pero sinceramente después de haber podido tener trato con él mi apreciación y mi opinión de él han cambiado por completo. Me ha mostrado que es un profesional como la copa de un pino, un hombre sensible, humano, con buenos valores, respetuoso, llano y cercano. Se ha ganado mi respeto”, comenta el exbaloncestista.
Estaba bien entrada la tarde cuando el presentador de ‘Sálvame’ dio paso al plató a un nervioso Iñaki y comenzó a deshilvanar la historia de Toni mientras las fotos de ambos juntos el día que se conocieron iluminaban una pantalla bestial. Zubizarreta asegura que estuvo “a punto de venirme abajo” y que contuvo las lágrimas cuando vio aparecer a María Dolores y ésta narraba los episodios de la amistad y enfermedad de su hijo con el larguísimo jugador del Pamesa con una entereza abrumadora y ejemplarizante. “Me mantuve en todo momento en segundo plano, ese día no era mi momento para nada, era el de María Dolores, una mujer increíble, madre coraje, luchadora incansable y creo que es un ejemplo extraordinario para mucha gente empezando por mi mismo. Estoy feliz de haber podido conectar con ellos otra vez después de tantos años”, cuenta ‘Zubi’. Al retirarse el muro ambos se fundieron en un hondo abrazo.  Un torrente de sentimientos que en pocos segundos poblaron con intensidad entre recuerdos. “Tener las fotos con el niño en la pantalla por un lado, el testimonio de la madre por otro, sabiendo que ella estaba presente detrás del sobre, fue muy intenso. Vinieron a mi mente y a mi corazón sentimientos del pasado, el dolor de la pérdida del ser querido mezclado con la emoción de poder reencontrarse con la madre y poder decirle lo que sentía por su hijo después de tanto tiempo. Para mi ha sido un sueño cumplido, con una historia triste de fondo pero al final con un final feliz y con lo que me quedo es con lo afortunado que he sido de poder haber conocido a un ‘Ángel’ de verdad y poder haber compartido un pedacito de su vida. ¡Es muy grande!”
Al apagarse los focos el reencuentro continuó durante diez minutos entre bambalinas. María Dolores había acudido a la capital con su hija Eva, a la que, quince años después –ahora tiene 24–, Iñaki casi ni reconoció. No hubo tiempo para casi nada: intercambiarse los móviles y promesas de un próximo viaje a Valencia. Un punto de partida para reiniciar un contacto que era el objetivo que se había propuesto Iñaki metiéndose en esta aventura televisiva. A las 21:30 abandonó los estudios de Fuencarral. Al día siguiente volvería a su rutina de masajes, gimnasio, cuadrilla…
El reencuentro con María Dolores

El reencuentro con María Dolores

Pasaron dos semanas hasta que el 2 de abril se emitiera ese ”Hay una cosa que te quiero decir”, el número 43 en su ya segunda temporada en antena. El programa fue uno de los más vistos de ese día, alcanzando un share del 18% y una audiencia media de 2,5 millones de personas. La historia de Toni e Iñaki fue una de las más seguidas al ser  montada al inicio. Las repercusiones a la aparición pública de Iñaki Zuizarreta tras tantos años en el anonimato no tardaron en llegar, aún más cuando al día siguiente ACB.com y Superdeporte se hicieron eco del hecho. Este blog fue muestra de ello. La entrevista biográfica del getxotarra que publiqué hace dos años quintuplicó el número habitual de visitas de esta bitácora. El mundo del baloncesto, si lo había olvidado, rescataba de su memoria a Iñaki Zubizarreta:  “Iñaki Garaialde, Félix de la Fuente, Fernando Romay, José Luis Galilea, Txus Brizuela, Santi Toledo, Santi Aldama, Alex Etxebarria, Mike Hansen, José Calvelo, Nacho Rodilla, José Luis Maluenda, Berni Álvarez, Víctor Luengo, Sergio Coterón, Rubén Vila, Alfons Albert, todos los Veteranos del Valencia Básket, Miguel Ángel Vílchez, Germán Monje, Jofré, David Fernández, Álvaro Fernández, Javier Durango, Xavi Amorós, Juan Carlos García, Martín Labarta…”, alinea Iñaki sin querer olvidarse de nadie a todos lo que le han llamado o mensajeado estos días.
No todos lo comprendieron, ni apoyan este tipo de ’exhibicionismos’ de la intimidad ajena. Algunos dudan de la veracidad de las historias, artículos para hinchar la glándula lagrimal y el share. Los críticos señalan el uso del morbo de observar en la pantalla dramas personales o ven en los invitados a oportunistas con hambre de famoseo. Zubizarreta se defiende con la misma contundencia que lo hacía en la pintura o en los entrenamientos ‘a muerte’ con Ken ‘Animal’ Bannister y Fernando Romay. “Es triste que la crítica destructiva sea el deporte nacional. Hay mucha gente que para tapar sus miserias se dedica a mal meter por aquí o mal meter por allá. Porque animo a la gente que tiene cierta trascendencia pública, como pueden ser los deportistas, para que apoyen más abiertamente este tipo de causas, con niños oncológicos u otras. Yo echo en falta más implicación”, lanza este vasco que tiene los mismos pelos en el cogote que en la lengua. Ni uno.
Entonces, ¿por qué exponerse a este juicio y mostrar tan descarnadamente las emociones ante millones de desconocidos? ¿No hubiera sido menos arriesgado alejarse del sensacionalismo televisivo y agotar la vía anónima en su búsqueda? ¿No esconde esta intervención un ansia de volver al primer plano después de muchos años en la penumbra? ¿Quieren una respuesta? Pues agárrense, porque Iñaki Zuizarreta no se muerde la lengua: “No soy partidario para nada el andar aireando, ni vendiendo mi vida privada, porque como el adjetivo indica es privada, pero en este caso creo que es una historia muy humana, muy emotiva y en mi criterio llena de buenos valores tan carentes en estos días en los que sólo nos llegan historias de guerras, atentados, violencia, políticos corruptos y gente de estatus privilegiado que campa a sus anchas con completa impunidad y encima tiene la poca dignidad de tratarnos como gilipollas metiendo recorte por aquí y recorte por allá, hundiendo el país, destrozando familias, destrozando vidas con la burda excusa de que lo hacen para salir de la crisis generada por ellos y sus predecesores por su nefasta gestión y lo único que quieren es mantener sus privilegios a costa del ciudadano de a pie. Creo que la historia de Toni y María Dolores ha podido ayudar a reflexionar a las personas que vieron el programa. Yo solo quiero seguir con mi vida, luchando para llegar a final de mes”. ¿Queda claro?
Porque quizá la respuesta quede guardada en ese corazón que bombea con tanta fuerza que es capaz de mover a este tronco de 207 centímetros. O quizá porque Iñaki descubrió que no hay otra forma que luchar de frente por las cosas, lección que aprendió enfrentándose a los malos tratos que sufrió desde su infancia por ser ‘el diferente’. “Me he puesto en contacto con una asociación contra el bulling para colaborar con ellos. Es un tema que me toca muy mucho, que me ha tocado vivir muy en primera persona y si puedo hacer algo para evitar que algún niño no pase por lo que me toco vivir pienso hacerlo. De todas formas aprovecho estas líneas para por sí hay alguien interesado en colaborar o que necesita ayuda puede entrar en www.noalacoso.org“. Puede que esa lucha hiciera que empatizara con más intensidad con ese niño que le sonreía en un hospital batallando también por su vida. Puede que por eso no olvidase ni olvidara a Toni, porque le dio una lección imborrable de cómo afrontar la adversidad, y no le importe exponer sus sentimiento en un programa de televisión, pese a lo que digan, a lo que piensen los demás. Porque seguir luchando por lo que uno quiere nunca es un error. Y más cuando de por medio se cruza la amistad entre dos corazones enormes.
zubiAMISTAD
29
sep
11

Baloncesto de serie: De Chicho Terremoto al Luisma pasando por The Wire


En la serie británica Misfits hay un personaje (Kelly) que puede leer los pensamientos de la gente que le rodea. La telepatía es una recurrente fantasía en la humanidad. ¿Quién no ha pensado alguna vez en meterse en las cabezas ajenas para saber si hay algo dentro que merezca la pena? Quizá convertirse en uno de esos monigotes de mono blanco de Érase una vez… el Cuerpo Humano y meterse por algún conducto higiénico hasta alcanzar masa gris. Si nos pusiéramos a jugar con el fenómeno parapsicólogico en la mente de Pau Gasol para combatir el tedio del lockout hallaríamos, seguramente, sus deseos de hacer un papelillo en algún TV Show. Gasolina ha hecho sus pinitos de actor en numerosos anuncios, pero también en la pequeña pantalla americana: un cameo junto a Jordan Farmar como ‘himself’ en Numbers (ver vídeo) y su actuación más presente y muriente en ‘CSI Miami’ (ver vídeo). No es el único. Chris Bosh es otro de los más asiduos de una lista en la que aparecen casi todas las estrellas NBA en apariciones mínimas e interpretándose a sí mismos o a jugadores de baloncesto imaginarios. Memorable para los seguidores del Orgullo Verde fue la presencia de Kevin McHale en el bar Cheers (rememorada por @Jose13Bis) ‘engañado’ para jugar un partido con Ted Danson y Woody Harrelson, el único habitante de Boston que odiaba a Larry Bird (por ser el pueblo de al lado en Indiana) y que ya apuntaba maneras de ‘saberla meter’  en el partido contra el equipo de Gary. Como anunció en su twitter, el último en unirse a este club será Roy Hibbert, pívot de Indiana Pacers, que aparecerá en Parks and Recreation, un spin-off de The Office ambientado en Indiana. Aclaramos que no hablo de realities shows ni concursos, porque eso da para otro post.

Las series y el baloncesto tienen una relación de colegas, aunque falta de imaginación y entrando en componentes poco profundos. Hay buen rollo, normalmente poco serio, como en el cine, tirando a la comedia, teniendo en las tramas un hilo segundario o simplemente cosmético. La presencia de jugadores es impuesta para subir unas décimas del share con su estela y el tirón entre los aficionados y para dar a los aludidos una cucharada de popularidad en prime time. Se puede apuntar al canadiense Rick Fox, exCeltic y Lakers,  como el único que, al salir de las pistas, se ha tomado algo en serio, ayudado por su buena apariencia y la de su exmujer (Vanessa Williams), lo de la carrera interpretativa: Betty,  la fea, Dirt, The Game, Melrose Place, The Big Bang Theory, Single Ladies, El cuerpo del delito…

Caso curioso es el de otro ‘ojos claros’ como Reggie Theus, que durante tres temporadas, fue el Coach Bill Fuller, el entrenador de una especie de secuela de ‘Salvados por la Campana’ llamada Hang Time, serie de la NBC que orbitaba sobre un grupo de sosos y WASP adolescentes que jugaban al básket en el instituto ficticiamente situado en la basketbolera Indiana. Theus estuvo presente hasta 1998 sin recibir inmerecidamente ningún Globo de Oro y pasar después a los banquillos de verdad. Alonzo Mourning, Kobe Bryant, Damon Stoudemire, Mitch Richmond, Gary Payton, Shareef Abdur-Rahim y Lisa Leslie, entre otros, aparecieron en algún capítulo en una serie cuyo mayor éxito fue que sus dos protagonistas terminaron casándose en la vida real.

Y es que la Disney ha sabido explotar su vinculación con la NBA desde hace décadas. Más reciente (2005-2009) que Hang Time es otra serie llena de acné y chicos perfectos con el flequillo a lo Justin Bieber. Rodman nos descubre, en lo que parece una tortura televisiva de sus hijos, las hazañas de los gemelos Martin en Hotel, Dulce Hotel: Las Aventuras de Zack y Cody. Interpretada por los gemelos Dylan y Cole Sprouse narra las idas y venidas de estos chiquillos en mitad de la edad del pavo mientras viven en un hotel de Boston. EL éxito fue tal que llegaron a hacer una película. En este episodio los hermanos se enfrentan en un 3×3 a Dwight Howard, Kevin Love y Deron Williams (este aún con Utah), en el que los dos primeros demuestran estar dotados de bis cómica. El doblaje latino ayuda a odiar a esta serie.

Sigamos con las sitcoms americanas y recordemos Hangin’ with Mr. Cooper (ABC), que en español se llamó Vivir con Mister Cooper. Si en Cheers, la buena, Sam Malone era un exjugador de los Boston Red Soxs (en la española, la mala, es un ex del Cádiz de fútbol), Mark Cooper, interpretado por Mark Curry desde 1992 a 1997, era un antiguo inquilino del vestuario de los Golden State Warriors que ahora era profesor de educación física de un instituto de Oakland (ver vídeo).

En Friends alguna vez Joey y Chandler se marchan juntos a ver a los Knicks o la ‘familia’ Soprano apuesta por los Nets, pero si nos ponemos un poco más serios, el baloncesto es casi un personaje más en The Wire, uno de esos paraisos agarrados al asfalto que limitan entre dos aros con el infierno de un mundo de drogas, muertes de adolestens, putas yonkis, sindicalistas corruptos, empresarios sin escrúpulos, políticos de doble cara… Desde el All Star de la primera temporada entre el Este y el Oeste, o lo que es lo mismo, entre los equipos de los gansta Proposition Joe y Avon Barksdale hasta los pequeños detalles (camisetas retro de los Baltimore Bullets), en la mítica serie de David Simon se dribla al básket al mismo ritmo que los personajes esquivan su mala sombra. Pero para que vamos a escribir de eso si ya lo hizo Nunn de forma sobresaliente en el blog ‘Otras Pelotas’.

Gracias a la intervención de Sweat Mo, no podemos pasar por alto la interpretación de Bill Russell y Bernard King en Miami Vice. En el episodio ‘The Fix’, el 18º de la serie de Michael Mann, dentro de la segunda temporada, Russell se mete en la piel del juez Roger Ferguson, una antigua estrella del básket salida del guetto que se convirtió en abogado tras finalizar su carrera. Bernard King, que en la escena que nos ha regalado Mo celebra como si fuera un gol cada canasta, hace del hijo de Russell (Matt),  un ascendente anotador en el equipo de los Sunblazzers. Crockett y Tubbs investigan una presunta relación del juez con unos delincuentes por los problemas con el juego del caracter que interpreta el ‘Señor de los Anillos’ (en varias escenas sale con ellos  ensortijados en sus manos). Entre trajes color pastel, Ferraris Testarrosa y flamencos arrancando el vuelo, la trama del capítulo llevará a ver el lado más turbio de Russell, que terminará el capítulo resarciéndose asesinando al ‘malo’ y suicidándose. El eterno 6 de los Celtics fue un pionero en eso de salir en la pantalla chica. En la década de los 60 ‘debutó’ como actor en las series de la ABC It Takes a Thief, protagonizada por Fred Astaire, y Love, American Style. El de Miami Vice, en 1986, fue su último papel de mayor presencia.

 

Desconocida para mi hasta la creación de este post, en los comentarios varios de los lectores incluyen en la lista One Tree Hill, en la que aparece el ya mencionado Rick Fox. Esta serie iniciada en 2003 y que el año que viene emitirá su novena temporada vuelve a situarnos en un ambiente reconocible: el baloncesto de high school. El programa relata las vivencias de dos hermanos, Lucas y Nathan, que juegan al básket en un instituto de un pueblo del estado de Carolina del Norte. Nathan llega a entrar en el roster de los Bobcats en la sexta temporada.

Los cameos no son sólo de carne y hueso. El lapicero ha hecho estragos. Calentita está la ‘interpretación’ de Kobe Bryant como cómic en Los Simpsons (ver vídeo), serie que ha aglutinado apariciones estelares de jugones y jugonas. Fue otro Laker, en la lejana tercera temporada (1991), el que abrió la veda en el mundo de los seres amarillos de cuatro dedos. Magic Johnson llamaba a Homer Simpson como premio por evitar un holocausto nuclear en la central de mister Burns. El propietario de los Mavs, Mark Cuban o jugadores como Pat Ewing, LeBron James, Dennis Rodman, Yao Ming o Lisa Leslie se pasearon por Springfield, nomenclatura que amamanta al nacimiento de nuestro deporte.

En esta última temporada, Lebron James ha sacado su propia serie de ‘dibus’ en internet, ‘The Lebrons’, donde interactúan cuatro diferentes caracteres del propio King James (como si con uno solo no fuera suficiente para nuestra paciencia). El primer capítulo tuvo más de un millón de visualizaciones (ver si estás en USA), el décimo y último, no llegó a 200.000 en otra producción de márketing personal del alero de los Heat y amiguetes. El testigo el pasado mes de enero lo tomó Dwight ‘Superman’ Howard, que puso voz y fue modelo del mega cool actor Rock Callahan en la serie de Disney Kick Buttowski: Suburban Daredevil (ver vídeo). Pero el pionero en este aspecto también fue Michael Jordan que en 1991-92 ganó su primer anillo y coprotagonizó en la NBC con otras leyendas del deporte americano, Wayne Gretsky (NHL) y Bo Jackson (NFL) la serie ProStars, en la que, encarnados en tres superhéroes, salvaban a niños y niñas de los perversos planes de malvados de lapicero.

El anime o manga ha producido numerosas series vinculadas al deporte del baloncesto, de poca raigambre en Japón, siendo la más famoso en España una de las pioneras (inicio de los ochenta) y más gamberras: Chicho Terremoto (ver vídeo). Justo ahora un año en la wikipedia del Fuenlabrada del ACB el famoso autor del ¡Tres puntos, colega! o ¡Son blancas! formaba parte de la plantilla madrileña. Hubiera sido un éxito. Casi tanto como el que en Asia tuvo Slam Dunk, una serie que extiende su merchandising por los ‘chinos’ de Bangkok y cuyos personajes eran alter egos de los Bulls de Jordan, Pippen y Rodman. Más reciente es la intergaláctica Buzzer Beater (ver vídeo).

Como bien apunta Javi Mercadal, la ACB tuvo su propia apuesta en la animación. ‘Basket Fever, locos por el básket’ fue un invento a la limón de la Liga española para promocionar la disciplina entre los más pequeños en pleno año olímpico. Duró dos temporadas  y su emisión, en TVE, se extendió de 1992 a 95. El creador fue Antoni D’Ocon, el mismo que los Fruitis. Basket Fever era una fábula de animalillos que cantan rap y hacen graffitis mientras transportan un estereo que ahora parece prehistórico con sencillos guiones de buenos y malos en un ambiente callejero. La principal figura era un saltamontes, Hooper, que llegó a ser la mascota de la ACB por un tiempo y que capitaneaba un equipo de perrillos, Los Dinamics, que medían sus fuerzas con otros peludos perrunos, los malísimos Quebrantahuesos.

¿Y la ficción en España? Los cameos han sido menores y la presencia del fútbol, como en los Telediarios, lo colapsa todo. Personalmente recuerdo varios ejemplos en los que un aro se colaba en el plató. Curiosamente, ambos están hermanados, cosas de la falta de originalidad de los guionistas. Ahora verán por qué digo esto.

En la segunda temporada de  ‘Aquí no hay quien viva’ se escenificó la típica guerra de sexos con un duelo entre hombres y mujeres para decidir quién estaría en la plantilla de ‘Esta nuestra comunidad…” y que queda decantado por el equipo femenino por el recurrente fichaje de Marina Ferragut (ver vídeo). En la segunda parte tenemos una historieta poco utilizada: tras la paliza inicial con repetidos desencuentros y la arenga emocional del descanso,  se inicia la remontada que acaba con un último tiro decisivo, el balón llega al peor jugador (Emilio), egoístamente no pasa al bueno, avanza hacia el aro a cámara lenta, tira y… la manda al vacío (ver vídeo).

También en ‘Aquí no hay quién viva’ apareció Fernando Romay, el baloncestista español con más presencia en la ‘caja tonta’. Via @twitter el gigante de Los Ángeles’84 me ha comentado que participó en algún capítulo de Farmacia de Guardia, 7 Vidas (jugando a los bolos junto a Biriukov e Iturriaga y donde Javier Cámara ya había demostrado que no sabe mucho de ‘pasodobles’) y Qué vecinos tan animales, aunque su papel más serio fue el de Zosimo Gandía, un sombrío portero en ‘El Comisario’, cuya muerte de su mujer casi manda a Pope a la cárcel y finalmente será él el que encuentre el descanso eterno entre rejas. Repitió presencia con el mismo personaje en dos temporadas de la serie de policías más exitosa de España.

Más políticamente incorrecto, pero con el mismo argumento que la producción de José Luis Moreno, fue el capítulo de Aída. Otra vez la cancha (esta vez el presupuesto es más limitado y se filma en interiores) dilucida la eterna batalla entre los chicos y las chicas donde la deportividad brilla por su ausencia (ver vídeo). El Luisma es el jugón a ‘lesionar’ con las malas artes del básket más navajero. De nuevo, los chicos se adelantan y luego las chicas remontan. De nuevo, se repite el epitafio. Los chicos tienen un último tiro libre para vencer en manos del más paquete del grupo, Fidel. ¿Resultado?. Imagínenselo, cámara lenta, primer plano de caras expectantes, balón por el aire… Aire.

El propio Luisma utilizó el básket, pero en silla de ruedas, para intentar ligarse a Lorena Bernal, con un resultado desastroso… para las ganas de cama del Luisma. Vamos, nada que ver con The Wire.

Continuará…

21
ene
11

Entrevista a Iñaki Zubizarreta: “Gracias al baloncesto no me perdí en el camino”


Los recuerdos de la niñez, de la preadolescencia se marcan a fuego vivo y luego se edulcoran, se vuelven simples y bellos, los añoramos. Óscar Gaspar me invitó a recuperar hace unos días en su fabuloso blog (Sobre la bocina) el primer día que entré en el Príncipe Felipe, el pabellón del CAI. De esos luminosos días de inocencia tengo grabados en la memoria muchos partidos vistos desde la completa admiración del desconocimiento, la mirada cosida al magnetismo hacia esos gigantes que debían proceder de algún lugar misterioso, mágico, de hombres insuperables, héroes. Entre esos trozos de fantasia real, se entromete a codazos, peleón, un ‘gudari’ de la zona, un interminable ‘rapado’ que, todo corazón, me enseñó de chaval qué era darlo todo en una pista. Ese era y es Iñaki Zubizarreta, un jugador que no batió ningún récord en la ACB (Ver su ficha en ACB.com), que no todos recordarán por sus hazañas, que quizá no impartiría un clínic con sus movimientos, pero que representa valores (esfuerzo, trabajo, perseverancia, superación, constancia…) que deberían ser la ley que gobernara el deporte.  Aquí os dejo con él, con una entrevista que lo define. Gracias, Iñaki.
En el ‘Partido de las Estrellas’ del 2009
– Defina baloncesto
– Deporte que practiqué durante más de veinte años, que me ha aportado muchas cosas en mi vida y que me ha privado de otras muchas y que al final por su evolución acabé hasta los cojones de él. Más que de él, de todo lo que le rodea. No es oro todo lo que reluce.
Supongo que el físico ayudaría, pero ¿cómo entró en el baloncesto? Recuerda su primer entrenamiento, qué es lo primero que aprendió.
– En el baloncesto entré porque el hermano de una compañera de clase de nombre Fernando Monje (con esto me remonto a tiempos muy, muy lejanos), que jugaba el al baloncesto en el Getxo, que es el club de mi pueblo, me propuso que probara a jugar, ya que por aquella época, tendría nueve o diez años, el menda ya media 1’82 metros. O sea que ya era más largo que un día sin pan. Recuerdo que fue él el que me enseñó muy pacientemente a hacer mi primera entrada a canasta y tardé un rato porque por aquel entonces mi coordinación era lo más parecido a un pato mareado. Era superdelgado como un fideo y malísimo jugando. Como habéis podido comprobar, con los años no es que mejorara mucho en ese aspecto.
 

Con el cinco y con pelo en las categorías inferiores del Caja Bilbao

Estuvo en varios clubs de formación, incluido el entonces Taugres. ¿Qué técnico o compañero le ayudó más a evolucionar? ¿Guarda algún consejo que le dieron en esa época que le ayudo a desarrollar su carrera?
– El compañero que más me ha ayudado a evolucionar ha sido sin duda alguna Jose Luis Maluenda. Me descubrió un mundo nuevo de cremas, tónicos y colonias (gominas no, por razones obvias, aunque Malu es el rey). Y desde entonces empecé a ligar bastante más.
Ahora hablando un poco más en serio, guardo un consejo que me dio Fran Murcia recién llegado yo a Zaragoza con mis 22 añitos y lo tengo muy presente siempre y es… que donde tengas la olla, no metas la polla. Es un sabio consejo que me ha evitado muchos problemas.Ya se que no suena muy poético, pero lo aplico en todo su rigor.

– Han pasado los años y, pese a que la salud del básket profesional en Euskadi es envidiable (con tres equipos en la élite), ¿por qué no termina de salir un gran jugador de esa cantera?

– Es cierto que la salud del básket en Euskadi es envidiable, pero a esta pregunta te respondo con otra pregunta, no puedo evitarlo. ¿QUÉ CANTERA? A nivel de fichas solo en Bizkaia está al mismo nivel que hace treinta años. Y si miras las alineaciones de los equipos, mira la cantidad de gente nacional que hay. Es lamentable. Cada día hay más gente foránea y menos nacional. En los vestuarios se habla inglés y en los viajes las películas se ponen en inglés. Es por esto que a la primera pregunta de esta entrevista respondo que por su evolución acabé hasta los … del básket. Llegó un momento que era de todo menos divertido. Dejé de disfrutar de él y lo mejor que he hecho en mi vida ha sido saber retirarme a tiempo. Hoy por hoy y con la filosofía que hay en el básket, yo no disfruto viéndolo, no consigo empatizar con él. Es un claro síntoma de que pasan los años y que posiblemente sea un romántico o nostálgico de otra época. Antes la gente sentíamos los colores que defendíamos.Yo lo daba todo en la cancha, con mis limitaciones, pero no escatimaba en esfuerzo y como yo la gran mayoría de compañeros con los que he tenido el honor de compartir vestuario. Hoy, aunque quizá tenga un concepto erróneo, veo el basket más como que se ha vuelto, más mercenario. No me refiero a su totalidad, pero sí que ese amor a los colores de antaño y ese sentimiento se ha ido perdiendo. Sí que es cierto que hay jugadores implicados al cien por cien, pero hay otros muchísimos que no dan esa sensación. Y repito que es una percepción personal y que admito que puedo estar muy equivocado.

– Todos tenemos ídolos, ¿quién era el suyo?
– A un jugador que he admirado siempre desde niño y que luego he tenido el GRANDISIMO honor de compartir vestuario con eél es Fernando Arcega. Recién llegado a Zaragoza, cuando me lo presentaron, se lo dije a él en persona y creo que en un principio se lo tomó como diciendo ‘qué pelota es el tío este’, pero se lo dije y lo digo totalmente en serio.

– Debutó en la ACB muy pronto. Se produjo con el Caja Bilbao del mítico Mark Simpson, aunque tuvo el amargo recuerdo del descenso. ¿Cómo fueron estos primeros pasos en la élite? ¿Cree que de haber seguido el club en la élite su carrera hubiera sido diferente?

– Mi debut en la ACB oficial fue con el Caja Bilbao a mis 18 años, aunque años antes en Vitoria con el TAU ya jugué algún partido amistoso con el primer equipo, teniendo yo 14 años hasta los 17. Aquella época fue durísima. Me acuerdo que me levantaba a las seis y media de la mañana para ir al gimnasio, después iba a clase, nada más terminar el colegio por la mañana iba a entrenar técnica individual con un entrenador yo solo. Acto seguido iba a casa a comer para ir corriendo de vuelta al colegio.Al terminar el colegio, iba a entrenar con el primer equipo. Después del entreno con el primer equipo, tenía que cruzar toda Vitoria para entrenar con el júnior y después entrenaba con el juvenil. Llegaba a casa a las once de la noche y a veces más tarde. Reventado me ponía a hacer los deberes y encima aprobaba. Además para mejorar esto, si te ponías malo (recuerdo un día que estuve con 40’3 de fiebre), teníamos un médico en el club, el Dostor Iñigo Simón, que me puso una inyección para bajar la fiebre, y me obligaron a jugar un partido amistoso que no iba a ninguna parte y no servía para nada. Como podéis ver, lo primero siempre era ‘la salud’ del jugador.

Con la selección

Además de esto, en mis vacaciones iba primero con Siglo XXI (soy de la primera promoción) y después con la selección nacional cadete y, posteriormente, con la juvenil y nos metían unas sesiones de entrenamiento de ocho horas al día. Pero ocho horas de entrenar de verdad. Nosotros con edades de entre 15 a 17 años. Era una auténtica salvajada para gente tan joven y todos los de mi generación hemos terminado con secuelas de estos años. Yo con la rodilla izquierda destrozada… y algún compañero y buen amigo muerto. Me refiero a Ángel Almeida, que falleció de muerte súbita una semana antes de cumplir los 25 años. Estoy seguro que todas estas burradas que nos hicieron las vamos a pagar muy caro todos los de esa generación. Yo desde luego tengo la rodilla izquierda como una persona de más de 70 años. Gracias a Dios que hoy por hoy en ese aspecto las cosas han debido cambiar bastante y se cuida más al jugador. Nosotros fuimos la generación de CONEJILLOS DE INDIAS.

Como puedes comprobar mis recuerdos de mis inicios son maravillosos, jajaja…

Si creo que si hubiera estado en un club diferente al Caja Bilbao mi carrera… podría haber sido distinta. Era un club que andaba justito y de hecho se descendió y desde muy joven me encasillaron en la defensa.Y si hacía algún tiro a canasta me iba directo al banquillo. Pero guardo muy buenos recuerdos de esa época. Sobre todo el año con Juan Llaneza. Disfruté mucho y me supo llevar muy bien. Lástima que Juan solo estuviera un año.

– Cualquier jugador grande y calvo que juegue en una pista de Zaragoza siempre será apodado ‘Zubizarreta’. Eso habla del impacto que tuvo en sus dos años en la ciudad del Ebro. ¿Qué significa el Príncipe Felipe para usted? ¿Vuelve habitualmente a Zaragoza?

– Me sorprende que a pesar de los años la gente se siga acordando de mí. Que cuando hay un jugador grande y calvo (rapado, que no es lo mismo) se le apode con mi apellido, me parece como se dice en mi tierra ‘LA HOSTIA’. Zaragoza para mí es especial, la llevo en el corazón y con esto lo digo literalmente hablando. Llevo a la Pili, la Pilarica, con todo mi cariño, respeto, admiración y devoción. Es que ya lleva muchos años conmigo y ya tenemos confianza, tatuada en mi pecho izquierdo. Yo siempre digo que soy vasco de sangre y maño de corazón. Profesionalmente fueron posiblemente los mejores de toda mi carrera deportiva, me enseñaron el verdadero significado de la palabra EQUIPO, ya que al principio no hice las cosas demasiado bien. Era muy joven, inexperto y anduve un poco perdido. Pero me dieron una lección de compañerismo, perdonando mis errores y acogiéndome entre ellos, ayudándome en todo momento y enseñándome a como ser mejor jugador y mejor persona.
Aparte de esto, fuera del mundo del básket, tengo unos amigos increíbles que por mucho que pasan lo años no se pierde ni un ápice la relación. Aunque he de añadir que hay alguno que le tengo un especial cariño, que como mi hermano que es un poco ALMENDRÓN (va por ti Juan Carlos).
El año pasado, en abril, pude cumplir un sueño, que era poder pisar en parquet de Principe Felipe vestido de corto. No te puedo expresar con palabras la emoción, los sentimientos y los recuerdos que pude sentir aquel día. Recuerdo que me temblaban las piernas como si fuera un novato y que después del partido de veteranos que jugamos los viejas glorias del CAI contra los viejas glorias de la Selección lloré de emoción. Se me pusieron los pelos que no tengo en punta. Sin duda uno de los días más felices de toda mi vida y encima el CAI consiguió el ascenso a la ACB. ¿Qué más se puede pedir?

– En su primer año compartió vestuario con un personaje con mayúsculas del baloncesto español, Fernando Romay. Formaban una pareja curiosa. Supongo que tendrá una larga lista de anécdotas.

Romay y 'Zubi', ¡vaya par!

– Compartir el vestuario con Fernando Romay fue increible. Fer es grande dentro y fuera de la cancha. Solemos hablar bastante a menudo y anécdotas con él tengo muchas. La más reciente fue en abril del año pasado, un par de días antes del partido que jugamos en el Príncipe Felipe, el equipo de veteranos de CAI contra los veteranos de la Selección. Me enteré de que Fernando iba a jugar el partido y le llamé por teléfono. Me dice: ‘Hombre Iñás, ¿qué pasa?’, a lo que le pregunto: ‘Oye Fer, me he enterado que vas a jugar el partido en el Príncipe Felipe con los veteranos de la Selección. ¿Es cierto?’. A lo que responde: ‘Sí, claro.¿Vas a jugar tú también?’. Y le digo: ‘Claro. Fer te llamo para una cosa’. Me dice: ‘Tu dirás’. Y le digo: ‘Fer, soy autónomo, por favor no me rompas en el partido’. Y me responde: ‘Serás CABRÓN’, todo indignado. Y nos empezamos a reír sin parar.

Al llegar a Zaragoza, comí con los veteranos de la Selección y Fer no paraba de echarme en cara mi llamada y cuando se lo contó a Juan Antonio Corbalán se descojonaba de risa. Y me dijo que esto era para escribirlo en las anécdotas del baloncesto nacional.

– ¿Cómo vivió la desaparición del Amway?

– La desaparición del Amway fue un mazazo para todos. Fue una pena que un equipo, que deportivamente estaba entre los cuatro mejores clubs de la ACB, con un grupo de jugadores conjuntado y formado, se fuera al traste por motivos puramente extradeportivos. Pero bueno, nosotros hicimos todo lo que estaba en nuestras manos para que el equipo no desapareciese. Fue una sensación de impotencia tremenda.

– En Pamesa vivió los primeros pasos grandes del club con Vukovic. Y ganó el título de Copa de 1998, desquitándose de la perdida con el CBZ. Fue titular en esa final. ¿Fue el partido más importante de su carrera? Si cierra los ojos, ¿qué imagen le viene de ese día?

Con el Pamesa– Ganar un título nacional es un sueño para todo jugador profesional en general, de cualquier deporte. Yo tuve la suerte de poder vivir esto con el Pamesa. Fue un premio para todos. Somos a día de hoy el primer equipo debutante en la Copa del Rey en ganar el título. Entramos por la puerta de atrás y por lo pelos y salimos por la puerta grande. Nadie daba un duro por nosotros y al final, mira, la Copa para nosotros. No éramos el mejor equipo, pero teníamos un grupo dentro del vestuario que era una piña. Y por eso ganamos le Copa de 98. Cómo pasa el tiempo de rápido.
A parte de la explosión de alegria después de ganar el título, me impactó Reggie Fox. Es un compañero que tuve en el Pamesa que en el partido de semifinales del día anterior se lesionó de gravedad una de sus rodillas y no pudo jugar la final. Recuerdo sus lágrimas después del partido. Me impactó muchísimo.

– En la previa del encuentro, Julbe, entrenador del Joventut, el otro finalista, le calificó como leñador. Curioso cuando fue su entrenador en Zaragoza. ¿Le molesta que se guarde una visión suya como jugador limitado en el aspecto técnico?

– Que se me recuerde como un jugador limitado en el aspecto técnico, no me molesta. Es cierto que físicamente he sido un atleta y que no conozco a día de hoy mucha gente que, con mi estatura y mi peso (2’07 metros y 120 kilos), haga o haya podido hacer las cosas que he hecho. En press de banca levantaba 190 kilos, hacía 20 dominadas estrictas, las flexiones de brazo las hacia de 50 en 50 con una sola mano, las series de abdominales eran de 1.000 en 1.000, corría los 100 metros lisos en 11’56 segundos y no exagero ni un poco con nada de lo que estoy contando y si no me creen que se lo pregunten a cualquiera de mis antiguos compañeros. Pero sinceramente como jugador no demostré otra cosa que lo que se apunta. Ya he respondido antes que desde muy joven me encasillaron en defensa. Ese fue mi rol y no supe o no pude salir de ahí. Las cosas hay que decirlas por su nombre.

– Entonces, defínase usted mismo como jugador. Le pediría que fuera crítico.

– Independientemente de cómo fuera como jugador, creo que para gustos colores. Hay a mucha gente que le gustaba y otros muchos que no, pero independientemente de esto, creo que ninguno de mis entrenadores o ninguno de mis compañeros me pueda achacar nada de cómo he sido como profesional. Es muy difícil cuidarse más en todos los aspectos, en cuanto a no trasnochar, no salir de juerga, no beber, no fumar, las drogas… sí que decir que nada de nada, cuidando la comida, las horas de descanso, he sido y soy supermeticuloso tanto en mi vida profesional como después de haber colgado las botas.
En el deporte aprendí la disciplina, el rigor y el trabajo. En todo ello me considero un profesional y es mi filosofía en la vida. Si quieres algo, trabaja para conseguirlo. A día de hoy, diez años después de colgar la botas sigo pesando lo mismo que cuando jugaba. Hay que hacer las cosas muy bien para esto.

– Yo lo recuerdo como un pívot que era capaz de pegarse con cualquiera por un rebote. ¿Cuál fue el rival más duro con el que se encontró? ¿Recuerda alguna ‘batalla’ en particular?

Dolorido, tras darse un golpe en un partido contra el Madrid

– Es cierto que no me importaba quién tuviera delante. No tenía miedo a los golpes o las lesiones. Si piensas en ello y tienes miedo, no vales para jugar. En la cancha hay que darlo todo. Tengo un historial médico de dar miedo, desde diez roturas de tabique nasal… hasta una operación del tercer dedo del pie derecho en vivo. Pero eso son gajes del oficio. Es la parte más dura del deportista, las lesiones.

Sin duda el jugador más difícil y de más calidad al que me he enfrentado ha sido Arvydas Sabonis. Para mí el mejor jugador europeo de todos los tiempos. Un fuera de serie.
– Supongo que ser de Bilbao ayuda, pero ¿de dónde emanaba esa energía que imprimía en su juego?
– No he tenido una vida fácil en absoluto. A nivel familiar hemos tenido problemas muy graves desde que tengo uso de razón y desde muy joven me he tenido que sacar las castañas del fuego solito. Soy una persona que por circunstancias no me ha quedado más remedio que sacar carácter. A parte de esto, en el colegio en donde estudié de chaval, el colegio Azkorri, había un grupo de chavales, diez en concreto, que se dedicaba a darme palizas ante la mirada impasible y pasota de mi tutora, una tal Elena Legarreta. Recuerdo un día que este grupo de chavales encantadores que he mencionado antes se dedicó a jugar al futbol pero con el agravante que el balón era mi cabeza y de hecho a raíz de entonces tengo una rotura ósea a la altura de la ceja derecha y ha quedado una marca más que notable y palpable. Fuera aparte de las dos noches que tuve que pasar en la UVI. La actuación de la buena tutora fue castigarme un año entero sin recreo porque claro, mis actos no iban en consonancia con mi estatura y podía hacer daño a cualquier niño. Con dos cojones. Es lamentable que gente tan incompetente para la docencia esté ejerciendo en ningún centro de enseñanza, ya que esta señora, por llamarla de alguna forma, aún lamentablemente sigue ejerciendo en el mismo colegio y jodiendo la vida a todo aquel niño indefenso que es, por algún motivo, diferente, bien por altura o por lo que sea.
Con todo esto y mucho más que me lo guardo no me quedó más remedio que vencer el miedo sin importar quién o qué tuviera delante y a perder el miedo a recibir algún golpe.
– Hoy en día en las categorías de formación no es fácil inculcar ese esfuerzo en chicos acostumbrados a tenerlo todo sin hacer nada. Creo que usted sería un buen ejemplo en ese aspecto ante un grupo de chavales que jueguen al baloncesto. ¿Qué les diría si tuviera oportunidad?
– Técnicamente hay referentes infinitamente mejores que yo, pero a nivel de rigor, disciplina, entrega, trabajo, esfuerzo y sacrificio, creo que sería un muy buen ejemplo para los jóvenes. A mí nadie me ha regalado nunca nada, todo lo he conseguido con muchísimo trabajo, esfuerzo y disciplina. A los jóvenes les diría que si quieren llegar solo hay un camino: trabajo, trabajo, trabajo…
– No ha pasado tanto tiempo desde que jugaba en ACB, pero era un jugador muy físico para su época. ¿Cree que ahora hubiera tenido otro tipo de carrera?
– Creo que hoy por hoy no hubiera llegado a la ACB. Ha cambiado todo muchísimo y con la cantera que hay en Bizkaia la cosa está más que dificilísimo.

– Tras jugar en Huelva y Tenerife (ver ficha en FEB.es), se retiró del baloncesto profesional tras rozar el ascenso con el La Palma en la que fue la temporada de apertura de la LEB Plata. Solo tenía 29 años. Aunque ya lo ha empezado a enunciar antes, ¿por qué este adiós tan prematuro?

– Me retiré porque el baloncesto ya no me aportaba nada y encima la ultima oferta que me hicieron para jugar fue una ridiculez. Simplemente, perdí la ilusión por jugar y acertadamente lo dejé. No lo echo de menos para nada.
– Siguió jugando en casa, en La Salle de Bilbao, ¿cuánto duró esta experiencia?
– El año de La Salle fue el último de mi carrera. Me lo tomé como la transición para colgar definitivamente las botas y fue uno de los años que más he disfrutado jugando a básket. El objetivo era ascender el equipo a Liga EBA y lo conseguimos. Retirarse con un ascenso es despedirse con un buen sabor de boca después de tantos años.

– Últimamente he hablado con varios exjugadores que echan en falta algo de romanticismo en el baloncesto actual. ¿Cómo ve el panorama del básket nacional hoy en día? ¿Qué cambiaría si le dejaran?

– Lo del baloncesto ¿NACIONAL? ¿Dónde están los jugadores nacionales? ¿Que qué es lo que cambiaría? Pues eso haría que la Liga volviera a ser NACIONAL.

– ¿Sigue jugando al baloncesto regularmente? ¿Ha intentado otros deportes? Permítame la broma pero, con su fortaleza, en Estados Unidos se lo hubieran rifado para entrar en la WWF de lucha libre.

– El baloncesto lo tengo abandonado por completo. Voy al gimnasio regularmente, hago spining, ando en bici, voy a nadar y estoy federado en tiro con arco. Hago de todo, menos baloncesto. En su día  hice artes marciales, pero también hace tiempo que las deje. Llevo una vida muy ordenada y tranquila. Poco a poco voy consiguiendo mis objetivos.

– Entre estos objetivos, mantiene una consulta como fisioterapeuta. No es muy habitual encontrarse a un ‘fisio’ de casi 2,10. Supongo que se habrá encontrado en alguna situación curiosa con algún paciente.

– Mis pacientes al principio se asustaban conmigo, pero después de tanto tiempo están curados de espanto. Aunque alguno alguna vez ya se ha pensado que la sesión conmigo  era una broma de cámara oculta y se quería marchar. Me reí lo que no está escrito. Hay que ver al hombre en cuestión, mide 1’65 y pesará 55 kilos. Normal que se asuste. JAJAJAJA…

– He visto en la red una ‘autocaricatura’ que se hizo hace tiempo. ¿Mantiene esta afición?

– Sigo dibujando, no todo lo que me gustaría pero las buenas costumbres no hay que perderlas. El dibujo fue mi mejor compañero de chaval estando en el colegio que he mencionado antes, en los recreos castigado. Por lo menos una de las partes positivas de todo lo que me tocó vivir en aquella época es que aprendí a dibujar y que el baloncesto me sirvió para canalizar y evadirme de todos los problemas (que eran muchos) que tenía en mi vida. Lo que sí le tengo que dar gracias al baloncesto, es que gracias a él no me he perdido en el camino y que ha dado unos valores y una filosofía de la vida que de otra forma no hubiera aprendido. Me ha enseñado también que por muchas cosas malas que nos pasen, que por muchas situaciones difíciles, por muy negro que veamos el camino… nosotros somos el producto de cómo interpretamos nuestra propia historia. Al fin y al cabo de lo bueno se disfruta y de lo malo se aprende. Ahora bien,en nosotros está el coger el lado positivo de todo lo que nos ocurra y seguir creciendo. Es un aprendizaje que nunca termina y es un bonito camino para andar.



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