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20
ene
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El arma secreta de Corea del Norte


Blanco y negro. Con salpicaduras en rojo. El fotograma de una película de espías. La nevada caída palidecía en contraste con el luto eterno de los grises marciales. El  cortejo funerario serpenteaba entre el silencio de lágrimas de columnas perfectas de humanos. La rectitud de la línea como identificación perfecta y visual del alma del régimen. En Corea del Norte no hay curvas ni esquinas que se salten lo establecido. En la borrosa imagen, en el enredo monocolor, se extiende una sola anomalía, una unidad que es el doble. Destaca en el tedio. Un gigante de espaldas es identificado entre los iguales.  El hallazgo del The Huffington Post  despertó el hambre de carnaza del periodismo más amarillo. ¿Diabólicos experimentos genéticos? ¿Amistades esotéricas? ¿Abusos del Fotoshop? O, simplemente, ¿será él?

El gigante misterioso del funeral de Kim Jong-il / AP

Hace unos cuantos años que poco se sabe de Ri Myung Hun. Desapareció en la penumbra informativa que cubre el norte del paralelo 38. Este nombre no suena a nada en Occidente, pero en la República Democrática Popular de Corea se convirtió en la alta bandera izada en un aro. Un héroe. La diplomacia de Kim Jong-il utilizó esta ‘arma secreta’ de 2.35 metros, como lo denominaron algunos medios americanos, como estandarte para abrir su hermético estado hacia el exterior. Su historia, como la de muchos otros, ha caído en el olvido porque ni a él le pertenecía.

El baloncesto nunca había sido un deporte muy destacado entre los triunfos del norcoreanos. La genética cuenta. Y el hambre. No es raro este horizonte sin tableros cuando la altura media de sus habitantes es de 1,69, centímetros reducidos por la mala alimentación, hecho comprobado por la comparación con sus vecinos sureños (1,75). Quizápor eso su medallero olímpico estaba reservado para disciplinas de músculo y combate, propias de los cuarteles, como la lucha, el boxeo, la halterofilia, la gimnasia deportiva, el taekwondo autóctono… El patinaje sobre hielo o el tenis de mesa eran la excepción y en los deportes colectivos únicamente un bronce logrado por el voleibol femenino en la trágica cita de Munich’72 confirmaba una regla de desolación rota con la participación en el Mundial de fútbol de Sudáfrica. Los últimos datos internos registrados por la FIBA son de 2001. El recuento avalaba hace diez años la existencia de 34 clubs oficiales y casi 10.000 jugadores (en Aragón hay unas 12.000) en una población de 24,4 millones: 4.211 mujeres federadas, 535 hombres y 3.960 sin licencia. Corea del Norte es el 103º país en una lista mundial que contiene 130 miembros. Sólo Vietnam e Indonesia están por debajo en el ránking asiático. Pero en la mente de un tirano las irrealidades y las locuras son órdenes que hay que cumplir. Y punto. “Nuestros jóvenes y trabajadores deberían jugar más al baloncesto”. Lo decía Kim Jong-il. Toda Corea debía cumplir.

Corría el año 2000. Ya hemos comentado el regalo ‘autografiado’ con el que Madeleine Albright quiso obsequiar a su anfitrión y ‘Querido Líder’. El intento de acercamiento fue mucho más allá. La administración Clinton movió los hilos para que el mismísimo Michael Jordan, ferviente ídolo de la familia Kim, encabezara una comitiva de paz hasta Pyongyang. En una carta  con remite de Chicago, su alteza de la NBA se disculpaba rechazando el arriesgado ofrecimiento. No sería la única propuesta caída en saco roto. En una excepción rigurosa, el Departamento de Estado de los Estados Unidos levantaba el embargo comercial que mantiene con Corea del Norte y permitía al ciudadano norcoreano Ri Myung Hun entrar en el país para firmar un contrato profesional de baloncesto. A cambio, cualquier sueldo o ganancia que percibiera no podría ser reembolsaba en territorio enemigo. Como el adorado Jordan, por el que se occidentalizó su nombre en Canada para convertirse en Michael Ri, el norcoreano rehusó la oferta. Al régimen ya no le interesaba para cumplir el sueño del ‘Querido Líder': ser el primer asiático que jugara en la NBA.

La historia de este gigante comienza antes. Más precisamente en 1967, la fecha de su nacimiento. Realmente, no es hasta mucho más tarde, en la primavera de 1997 cuando su excelente altura y sorprendente coordinación saltan de boca a oído entre los ojeadores de la NBA. Con un permiso especial y un visado de 90 días,  Ri Myung Hun toma un avión rumbo a Ottawa. Escoltado por un entrenador, un diplomático y un miembro de seguridad, comienza a entrenarse con Jack Donohue, antiguo seleccionador del país norteamericano durante 17 años y técnico de Lew Alcindor en su etapa de instituto. El agente Michael Coyne, un abogado de Cleveland contratado por la empresa mediadora Evergreen Sport, sería el encargado de dar a conocer a la criatura y solventar todos los problemas que surgieran para introducirlo en Estados Unidos. “Creo que Corea del Norte quería usar la maquinaria de marketing de la NBA para mostrar al mundo que los norcoreanos son personas normales, y habría funcionado porque Michael era el hombre perfecto para demostrarlo. Tenía una gran actitud, era un trabajador duro y tenía un gran carisma”, recordaba Coyne en un rotativo americano hace unos años.

La estancia canadiense de Ri Myung Hun se extendió desde el mes de mayo de 1997 hasta enero del 1998, esperando que cuajaran los trámites necesarios para que el jugador pudiera ingresar en alguna franquicia profesional de los Estados Unidos. Donohue programó unos entrenamientos progresivos, dado que en un principio el jugador llegó con graves deficiencias y las primeras sesiones no superaban los 15 minutos. Algunos scouters de varias franquicias no perdieron la oportunidad de viajar hasta el país vecino para comprobar las habilidades de Ri. El propio Tony Ronzone, que posteriormente viajaría a Corea del Norte, como ojeador de Dallas Mavericks, lo siguió muy más cerca. Junto a los tejanos, los Cavs fueron los que más fuertemente querían apostar por llevarse a sus filas a este interminable pívot, aunque al menos una docena de franquicias anotaron su nombre en su agenda. “No tiene la habilidad de Yao Ming, pero es un 2.35 y, en un tiempo limitado de juego, puede mostrar un gran crecimiento. Podría ser interesante”, comentó en su momento Ronzone. Las comparaciones físicas con Manute Bol o Georghe Muresan eran obvias, aunque más apropiadas serían las que le asocian con ‘exóticas’ presencias asiáticas como el japonés Yasutaka “Chibi” Okayama (un 2.34 drafteado en 1981 por GSW), el surcoreano Ha Seung-Jin (un 2.21 que jugó en Portland entre 2004-06) o el ‘futurible’ indio Satnam Singh Bhamara.

Pero la ‘envergadura’ de Ri era mayor, al no solo alcanzar a bloquear tiros, sino a desbloquear la negra imagen internacional de todo un país. Los trámites burocráticos se quebraron con la negativa estadounidense a dejar entrar al norcoreano en alguno de los 50 estados. La llamada ley de Comercio con el Enemigo impedía cualquier contacto profesional con un ciudadano de la nación Juche. Pese a que el Departamento de Comercio dio su autorización en un primer término, el Departamento de Estado prohibió su ejecución tras seis meses de espera. La política derrotaba al baloncesto. “Este fue un momento en que estaban realmente tratando de mejorar las relaciones con los Estados Unidos. Creo que querían mostrar al pueblo estadounidense que esta enemistad y hostilidad estaban descongelándose porque uno de sus coreanos estaba jugando entre los estadounidenses”, declaró un alto funcionario de la Secretaría de Estado de EEUU. “No le permitieron jugar en Estados Unidos. No querían tener un contrato con el enemigo. Él era coreano. Lo intentamos todo, incluso que consiguiera la nacionalidad canadiense. No funcionó”, recordaba hace unos meses el agente Michael Coyne en un diario de Cleveland.

Myung Hun volvería a Pyongyang sin cumplir su objetivo. La propaganda norcoreana no podía que el caso fuera difundido como una derrota ante el capitalismo. En pocos meses se permitió el acceso al territorio a varios medios norteamericanos que pudieron entrevistar al enorme jugador ‘in situ’, comprobar su excelente vida con su mujer y su hijo, la condición de ídolo nacional, como era agasajado por la calle y su gratitud hacia el ‘Querido Líder’. “El General Kim Jong-Il quiere verme jugar en los EE.UU, pero gracias a él, yo también tengo una buena vida aquí, incluso sin un contrato de la NBA. Sin embargo, yo soy un atleta de primera clase y quiero jugar en la NBA”, manifestó ante las cámaras de la CNN dejándose querer con el sueño americano: “Soy un hombre grande. Quiero poner a prueba mi capacidad. No estoy interesado en el dinero o la política. Como deportista, sólo quiero probar”. Ri no ha vuelto nunca a América.

En 2000, con 33 años, cuando le dieron el sí, ya era demasiado tarde para retomar la oportunidad. El tren había pasado para Ri Myung Hun y ponía rumbo a China con algunos de sus ‘socios’ como maquinistas. El ‘globalizador’ Tony Ronzone sí se saldría con la suya. En el draft de 1999, los Dallas Mavericks, bajo su recomendación, eligieron en el puesto 36 a Wang Zhizhi, que un año después se convertiría en el primer jugador nacido en Asia en jugar en la NBA. Evergreen Sport confiaría a Michael Coyne los trámites para que otro ‘gran asiático’ aterrizara en la Liga: Yao Ming.

La invasión china en la NBA y ahora de NBAs en China, su éxito comercial, podría considerarse la evolución de la llamada ‘diplomacia del ping pong’ que acercó a la Estados Unidos de Nixon y a la China de Mao en los 70. Bajo la misma estrategia, en su adaptación coreana, Ri Myung Hun volvería a tener un papel protagonista tras terminar su aventura norteamericana.  Un soldado al servicio de su General. “Es un honor para mí jugar para mi General. Entonces, ¿por qué tengo que ir a otro lugar para jugar?”, declaró Ri en el pabellón Chmsil de Seúl, el 23 de diciembre de 1999. Ese día previo a la Noche Buena ‘Michael’ sería la máxima atracción del partido de la Buena Voluntad que reunió a jugadoras y jugadores de las dos Coreas mezclados. Los dos equipos tenían nombres simbólicos: Unidad y Solidaridad. El partido se celebró ante 13.000 espectadores  y estaba organizado por Hyundai, empresa surcoreana dirigida por un refugiado norcoreano que impulsa el acercamiento entre ambos estados. El encuentro como regalo navideño suponía la primera presencia de deportistas del Norte en la capital del Sur tras nueve años de ausencia. El resultado del duelo masculino fue de 141-138. Ri jugó 21 minutos en los que anotó 26 puntos. Los números eran efímeros ante las emociones del momento.

Ri Myung Hun volvería a traspasar el paralelo 38 en septiembre de 2002 en una nueva misión de Paz. Otra vez como símbolo. Otra vez como un fiel soldado. Otra vez recogiendo todas las miradas. Ahora sería el capitán de su selección en los Juegos Asiáticos que tuvieron su sede en Busan, Corea del Sur. En la ceremonia de apertura ambas delegaciones desfilaron bajo una misma bandera como había ocurrido en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. En el torneo de baloncesto se vivió uno de los momentos más sensibles de toda la competición en el enfrentamiento entre ambos equipos (101-85 para los anfitriones). Ri y todos sus compañeros, de una parte y otra de la península, jaleados por un numeroso público que cantaba himnos en favor de la reunificación, juntaron sus manos en el centro de la pista para despedirse. Juntos. Unidos. Siendo uno.

El ‘gigante’ seguiría siendo el escudo del baloncesto norcoreano en los siguientes y escasos eventos en los que participaba en el ámbito internacional. Las Olimpiadas eran una utopía. El destino le guardaría una última jugada, un último gesto, casi como un premio juguetón para cerrar su carrera. Como miembro del ejército, otra vez bajo las órdenes de Kim Jong-il, en 2003 fue enviado a Italia donde participó en los Juegos Militares que se celebraron en esa ocasión en Catania. En la primera fase, en la quinta jornada, el equipo asiático tenía un cruce con el equipo estadounidense. Con la presencia estelar de Ri bajo los tableros, sobresaliendo frente al resto de competidores y bajo la mirada atenta de espectadores y cámaras curiosas, los enemigos del capitalismo yankee lograron una pequeña victoria moral. Para Ri sería doble. Unos tiros libres finales salidos de su enorme manaza fueron la sentencia de una fría venganza ante aquellos que no le dejaron compartir su anhelo profesional. Nunca tendría un contrato con una marca de zapatillas y un anuncio exhibiendo su irreal número de pie, ni una foto dísloca con el ‘pequeñajo’ del equipo, no sería el personaje cómico de una película de Hollywood, ni aparecería en los highlights encadenando cuatro ‘gorros’ seguidos o encogido dentro de un coche… pero tendría esa victoria. Esa vendetta siciliana.

Poco tiempo más tarde dejaría el baloncesto en activo. Su retirada no fue seguida por los grandes grupos mediáticos, no fue llorada por la NBA como ha pasado este verano con Yao Ming y los millones de espectadores que arrastraba. Ri cayó en el olvido para aquellos para los que sólo fue una anécdota, una cantidad de centímetros desorbitada, un reglón en el Libro de los Récords. El mayor benefactor de su despedida fue el chino Sun Ming Ming (2.36), que pasaría a considerarse el jugador de baloncesto más alto del planeta. Su adiós dejó sin faro guía a su selección, nunca poderosa, más débil desde su marcha. El último ejemplo da testimonio de este empequeñecimiento competitivo. En los Asian Games del 2010 en Guangzhou, el equipo norcoreano terminó séptimo tras vencer únicamente a Hong Kong, Mongolia y Uzbekistán y perdiendo de treinta puntos ante los vecinos del Sur (66-96). Un vistazo a la plantilla que se presentó en China subraya la grandeza de Ri Myung Hun. Ninguno de los jugadores superaba los dos metros. Su intimidatoria presencia no suele ser pasada por alto por las cámaras de la televisión pública del régimen, que aún lo consagra como a un héroe deportivo. Sigue siendo un famoso en el cerco interior de Corea del Norte. Lejos de su penumbra, el centro de los focos que se le prometieron en la NBA ahora sólo lo confunden con una mancha borrosa en medio de un funeral. Un gigante entre tinieblas. Un simple soldado más.

Este es el tercer y último post dedicado al baloncesto en Corea del Norte. Si quieres leer el resto de entradas puedes acceder a ellas cliqueando aquí.




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