Cada vez que muere un jugador de la NBA de los 80, ya sea una súper estrella o un banquillero irredento, algo muere también dentro de muchos de nosotros. Nos pasó recientemente con Manute Bol o Armen Gilliam, tipos que se habían instalado en nuestro imaginario adolescente porque, de mejor o peor manera, pasaban por ahí cuando una generación empezamos a ver baloncesto americano los viernes por la noche, en aquellos partidos grabados varios días antes y emitidos a horas de peli porno y justo después de una interminable función de ópera.
Primo de un ‘grande’ como Willis Reed, no era ni una estrella ni un banquillero, pero también tenía su encanto Orlando Woolridge, el último que nos ha dejado de aquella NBA que nos ofrecía descubrimiento tras descubrimiento. Nacido en Bernice (Lousiana), nunca llegó a ser All Star, pero sí llamaba la atención porque era uno de esos jugadores nacidos para el espectáculo y la diversión (ver campaña de PONY con Spud Webb). Criado en la universidad de Notre Dame –en el baloncestístico estado de Indiana– junto a futuras figuras como Bill Laimbeer y Kelly Tripucka, Woolridge fue elegido en el número 6 del ‘draft’ de 1981 por Atlanta. Enseguida, los Hawks le enviaron a los Chicago Bulls pre-Jordan. Se trataba de un ’3′ muy fuerte, rápido, con salto, aunque no mucha mano desde el exterior. Con cierta facilidad promedió los 20 ‘chinos’ por partido en un equipo claramente perdedor, que año tras año esperaba que le tocase el gordo de la lotería. Esto se produjo en 1984 con el advenimiento de su alteza ‘Air’.
Jordan y Woolridge coincidieron un par de años bajo el techo del viejo Chicago Stadium, pero no mostraron mucha compatibilidad y el ahora finado salió volando hacia los New Jersey Nets. Le sobrevino entonces el infierno de lo que los cursis llaman ‘sustancias prohibidas’ y estuvo un tiempo suspendido, intentando reconstruirse. En 1988, Pat Riley le dio la oportunidad de reinsertarse en el juego en unos Lakers que eran campeones, pero que asistían al imparable ascenso de los Detroit Pistons. Con nuestro hombre como ‘sexto hombre’, al menos consiguieron plantarse en la final, pero ahí los ‘Bad Boys’ no perdonaron y les clavaron un 4-0 que coincidió con el final de la carrera de Kareem Abdul-Jabbar.
Woolridge estuvo un año más de púrpura y sin duda se revalorizó. Con 31 años firmó los mejores números en cuanto a anotación de su carrera (25.8 en aquellos locos Nuggets), pero a partir de ahí su carrera en América no dio más que bandazos (Detroit, Milwaukee, Philadelphia…). Era el fin de 13.623 puntos, 3.696 rebotes y 1.609 asistencias en 851 partidos.
Era el momento de pillar algunos dólares europeos. La Benetton de Treviso manejaba buena pasta entonces y le convirtió, junto a Petar Naumoski y Stefano Rusconi, en la base de un equipo que atormentó a Josean Querejeta y Manel Comas en la final de la Copa Saporta (la Recopa de toda la vida, vamos) de 1995. Al 94-86 de aquella noche negra para el Taugrés en Estambul colaboró Orlando con 26 puntos (11/17 en tiros de dos). Aún aguantó un año más en Italia, en la entonces potente Virtus/Buckler de Bolonia, con la que consiguió una Coppa y decidió jubilarse.
Desde entonces, no se desvinculó del basket. De hecho, entrenó dos años a la versión femenina de los Lakers, Los Angeles Sparks, y también a equipos de la nueva ABA como los Houston Takers y los Arizona Rhinos. Sin embargo, una de las últimas noticias públicas sobre su vida, en febrero de este año, no daba buenos síntomas: había sido sorprendido robando una tubería de aluminio. Tras pagar la fianza, fue puesto en libertad.
Descanse en paz. Otro trozo de un imaginario póster de los que poníamos en nuestra carpeta colegial de los 80 queda arrancado.
Artículo de Javier Ortiz (@bujacocesto), redactor de El Periódico de Extremadura y creador de Bujacocesto
Cuando dentro de unos años recordemos el impacto que tuvo en Europa el último lockout de la NBA el nombre de Deron Williams vendrá a nuestra memoria para dibujar una asistencia. El paso de la estrella de los Nets por el Besiktas es sin lugar a dudas la estela más luminosa de un paro laboral que no deslumbró al básket europeo con el avisado desembarco de decenas de All Star y que se quedó en el regreso de ‘hijos pródigos’ como Rudy, Kirilenko o Parker o de segundones. En términos absolutos, ha sido la liga turca la que más se ha aprovechado de esta oportunidad de tener un astro mundial en su casa. Una de las razones es la bonanza económica de la que disfruta el país y, en consonancia, algunos de sus clubs más importantes en plena época de crisis y recortes en todo el continente. El patrocinio de la Euroliga por parte de Turkish Airlines, la mayor presencia en competiciones europeas de escuadras como el Anadolu Efes, Besiktas, Ulker Fenerbahce o Galatasaray femenino, la total integración en la NBA de jugadores como Turkoglu, Ilyasova, Erden o Asik o el éxito del último Mundial avalan el apogeo del baloncesto en Turquía después de un siglo de desarrollo y de una competición profesional que la semana pasada cumplió 45 años.
Sin embargo, la eclosión popular del baloncesto turco no tuvo lugar en un pabellón de Estambul ni de Ankara o Smirna. El epicentro estaba situado en un ficticio instituto de un barrio marginal del Sur de Los Angeles. Cuando las televisiones solo tenían un canal público y las audiencias no eran una excusa para lanzarnos basura a la cara, millones de jóvenes turcos se ‘engancharon’ a la canasta a principios de los años ochenta gracias a los chicos del equipo del Carver HS, protagonistas de la serie americana The White Shadow. “El baloncesto ya existía en Turquía, pero fue con The White Shadow cuando la gente lo empezó a jugar”, comentó con motivo del último Mundial a New York Times el exinternacional Alper Yilmaz. Él era uno de esos chavales que disfrutaban del programa y cuya generación revitalizó la pasión por un deporte dormido durante décadas: Turquía no estuvo en un Eurobásket desde 1957 hasta 1993 y desde entonces ha ganado como anfitrión la plata europea en 2001 y la mundial en 2010.
The White Shadow fue el primer programa de televisión que tuvo como hilo argumental el baloncesto, entrelazado con una temática que entraba sin censuras en problemáticas sociales sin querer ser políticamente correcto. Duró tres temporadas en emisión para la cadena CBS, en las que se produjeron un total de 54 capítulos. Se estrenó el 27 de noviembre de 1978 y finalizó el 16 de marzo de 1981, teniendo éxito internacional por su difusión tanto en Turquía como en Italia (no he encontrado referencias a su pase en España). No sólo fue pionera por iniciar la relación de la TV con el baloncesto, matrimonio que ya desarrollamos en entradas anteriores (ver). El valor más reseñado de esta serie fue la de integrar por primera vez en un drama de la pequeña pantalla a una mayoría de actores afroamericanos en roles protagonistas sin caer en papeles netamente cómicos o repletos de estereotipos negativos y simplistas que les vinculaban a las bandas, la drogadicción, la delincuencia, la violencia… asuntos que abordaba sin recelo pero sin caer en tópicos. Es la tercera serie dramática protagonizada por afroamericanos más longeva tras Soul Food y The Wire.
El desarrollo de la trama empieza con la llegada a un instituto de un ‘ghetto’ de Los Angeles de Ken Reeves, un antiguo jugador de los Chicago Bulls que tiene que abandonar su carrera profesional por una grave lesión de rodilla (ver más abajo introducción con escenas en el Chicago Stadium). Es entonces cuando recibe la llamada de su compañero en Boston College y ahora director del centro, Jim Willis (Ed Bernard), para probar como entrenador de un grupo, como el colegio, dominado por los alumnos y profesores de raza negra, que son mayoría en la plantilla. En el capítulo piloto, cuyo impacto fue decisivo para que siguiera en antena, se cuenta como Coach Reeves, el único personaje principal blanco (en el equipo hay un judío, otro italiano y un latino para completar el crisol multiétnico), aterriza en esta pequeña parte del mundo dominada por la cultura afro (peinados propios de los Jackson Five, canciones a coro en las duchas, derroche de funky…) y gobernada por los prejuicios raciales que azotaban la década de los 70. Tras perder el primer partido de 30 puntos, el novato entrenador de carácter volcánico, las referencias con Bobby Knight son obvias, se enfrenta al principal jugador y líder de la plantilla, el grandullón Warren ‘Cool’ Coolidge (Byron Steward), que decide abandonar el equipo. Reeves le reta a jugar un ‘one to one’ con el anzuelo de una apuesta por dinero y tras ganarle consigue que su pívot titular vuelva al redil e iniciar así a ganarse el respeto y admiración de sus jugadores, que le seguirán como si fuera una ‘sábana blanca’.
The White Shadow intercalaba argumentos de corte duro con pequeñas muescas de humor o la tensión sexual entre líneas que emanaba de la relación entre Coach Reeves y la vicedirectora Sybil Buchanan (Joan Pringle), contraria a los métodos educativos del exBull. Además se salía de la norma establecida con finales desconcertantes que rehuían el simplón ‘happy end’ obligado por la época. Por ejemplo, en algunos capítulos de la primera y segunda temporada, las mejores para los especialistas, se aborda el problema de alcoholismo de uno de los jugadores, un contagio de sífilis, el intento abortado de otro de pasar al profesionalismo y también a los Harlem Globerttoters (fue el capítulo más visto, entrando entre los quince más seguidos de la semana), un chantaje con un supuesto aborto de la novia del entrenador, la muerte por sobredosis del primo de Coolridge y su ánimo de venganza, el fallecimiento de un jugador, las represalias de uno de los chicos por salir con una chica blanca y de otro por ‘salir del armario’, el frustrado fichaje de una estrella del playground… sumando a estos ingredientes un cuidado poco habitual en otros ejemplos posteriores en la recreación de las escenas de baloncesto (uso de un pabellón real, utilización de travelling y gruas, técnica de los actores, montaje cuidadoso y rítmico…) que se suceden hasta el clímax de la consecución del campeonato local. La intervención de la cadena en la última y tercera temporada, añadiendo a los guiones tramas más convencionales y previsibles, obligados cameos (como el de Bill Russell) más personajes ‘blancos’ poco consistentes para imponer una paridad racial y la ‘graduación’ de parte del grupo de actores principal terminó de apagar el éxito de The White Shadow, cuyos capítulos están siendo ofrecidos de nuevo por un canal de ESPN desde el mes de octubre pasado y se pusieron a la venta en DVD hace cinco años evidenciando que mantienen su vigencia pese al paso del tiempo.
El paso de tiempo ha dado además a The White Shadow un valor extra por la posterior trayectoria que tuvieron los actores protagonistas. Y esta vez no hablamos de carreras deportivas por sus dotes baloncestísticas, sino del desarrollo dentro de la industria audiovisual que tuvieron varios de los miembros de la serie y que ahora son algunos de los guionistas y directores más influyentes en el actual y suculento panorama del cine y la televisión norteamericano. Indudablemente merece una mención especial Tim Van Patten, que en la serie interpretaba a un neoyorquino (Van Patten es originario de Brooklyn) ‘italoamericano’ Mario Pettrino, mejor conocido por su mote de Salami y por su carácter peleón. Su personaje fue uno de los que más caló en el público por su aire desenfadado y combativo (Van Patten sólo tenía 19 años cuando se empezó el rodaje), lo que le permitió dar continuidad a su carrera como actor adolescente en otra serie de éxito de esa década como fue Class of 84. En los noventa se pasó detrás de las cámaras y empezó una prestigiosa trayectoria como guionista y director ganando un premio Emmy por su trabajo en series de culto como The Sopranos, The Wire, The Pacific, Ed, Deadwood, Sexo en Nueva York, Juego de Tronos, Rome o, actualmente, Boardwalk Empire.
El criadero de talentos en The White Shadows no se queda ahí. Y aquí si encontramos un referente baloncestístico. La película Coach Carter fue dirigida por Thomas Carter, que desarrolló el papel de James ‘Hollywood’ Hayward en el programa del que hablamos en esta entrada y de la que se da la curiosidad que dirigió también cuatro capítulos. Carter también fue el autor del largometraje Los Rebeldes del Swing y trabajó en ficciones de referencia como MASH, Lou Grant, Canción Triste de Hill Street o Miami Vice. Otro jugador de Carver siguió el mismo camino. Kevin Hooks, que interpretaba al parlanchín y buen defensor Morris Thorpe, comparado por ello por el entrenador Reeves como el Knick Dean Meminger, también se puso tras las cámaras para dirigir películas de acción como Pasajero 57, interpretada por el jugón Wesley Snipes o series tan conocidas como algunos episodios de 24, Prison Break o Lost. Su personaje en The White Shadow está considerado como uno de los 100 favoritos en la historia de la TV americana.
No es el único apellido reconocible de The White Shadow. El principal responsable, el padre de la criatura, parte activa de la elaboración de los 54 guiones y director del piloto, además de promotor y productor, fue Bruce Paltrow. ¿Les suena el apellido? Por supuesto, Bruce es el padre de Gwyneth Paltrow, actriz ganadora de un Oscar por Shakespeare in Love. Su progenitor fue un reconocido productor de series que comenzó su fama con The White Shadow, aunque es incluso más recordado por crear St.Elsewhere, focalizada en el ajetreo de un hospital. Esta segunda serie de Paltrow tiene un enlace con su trabajo anterior, un guiño argumental, dado que el robusto personaje de Coolridge también aparece en ella. Según la historia, ‘Cool’ obtiene un trabajo como celador tras fracasar por problemas físicos su carrera baloncestística en su etapa universitaria. Otros actores de The White Shadows salieron en St.Elsewhere.
Curiosidades
Ken Howard, es decir, Coach Reeves, se mantiene aún en activo tras comenzar su periplo en 1969. Ha aparecido en múltiples largometrajes y series de renombre tanto actuales como The Office, Crossing Jordan, Boston Legal, The Closer o más míticas como Dinastia, Hotel, Las Chicas de Oro, Se ha escrito un crimen… Tiene dos Emmys y un Tony, además de ser el presidente del Sindicato de Actores. Howard reconoció que se inspiró para hacer el papel en sus recuerdos del entrenador de su equipo en el instituto de Manhasset, Nueva York. No es el único paralelismo con esta referencia real, dado que los colores de Carver HS (naranja y azul) son los mismos.
La serie ganó un Emmy a la mejor dirección de un drama. El galardonado fue Jackie Cooper, que había sido un niño prodigio de Hollywood, siendo candidato en 1931 al Oscar al mejor actor por Skippy cuando sólo contaba con nueve años.
En Italia la serie recibió el nombre de Time Out.
Cada capítulo duraba una hora, aproximadamente.
Bill Russell fue el cameo más conocido de la serie. En la visita del Celtic al programa Saturday Night Live, en 1980, se parodió esta aparición en un sketch titulado The Black Shadow.
Una de las primeras películas de Alfred Hitchcock tiene el mismo nombre. El genio británico aparece como ayudante de dirección y guionista de una obra del cine mudo que estuvo perdida y se rescató solo hace unos meses. Fue rodada en 1923.
También coincide con el título de una canción de Coldplay del disco X&Y. Se da la conocida coincidencia de que el líder de la banda inglesa, Chris Martin está casado con Gwyneth Paltrow, a la que conocido poco después de la muerte de su padre Bruce en Roma debido a un cáncer oral. No he hallado ninguna relación entre esta canción y la serie, aunque sí hay una dedicatoria especial al productor en el disco que contiene la pieza musical.
Hablando de música, el tema de la introducción de la serie lo realizó Pete Carpenter y su colaborador Mike Post. Carpenter, fallecido en 1986, y Post son una de las parejas de compositores más conocidas de la televisión americana. Suyas fueron las pegadizas melodías de series míticas como Embrujada, el Equipo A o El Superhéroe Americano.
Ira Angustain interpretó al personaje latino Ricardo ‘Go Go’ Gómez. Retirado, es en la actualidad un sacerdote en el Condado de Orange en una parroquia muy cercana a la residencia de Kobe Bryant.
La semana pasada redacté un reportaje sobre la apertura del debate de la homosexualidad dentro de la NBA después de que las cámaras ‘cazaran’ el insulto homófobo de Kobe Bryant dirigido a un árbitro. Stern sancionó duramente a una de sus estrellas (100.000 dólares) y la Liga se sumó a una serie de campañas rechazando la discriminación al colectivo gay. La semana pasada, el presidente de los Suns, Rick Welts declaró abiertamente su homosexualidad, siendo el primer ejecutivo de alto rango del deporte de Estados Unidos en salir del armario.
Pero esta ‘realidad’ parece mantenerse en boga y otras dos noticias reclaman mi atención en relación a este controvertido tema. Durante el partido de la pasada madrugada, el primero de la Final del Este en Miami, el efusivo Joakim Noah fue también pillado mientras, tras abandonar el parqué con dos faltas en el primer cuarto, se volvía a un aficionado y le decía: “Que te jodan, maricón”. La NBA actuó con rapidez y hace unos minutos ha decretado una multa de 50.000 dólares al pívot de los Bulls, la mitad de la pena que tuvo que abonar el escolta de los Lakers debido a que en ese caso se io el agravante de que el menosprecio se dirigía a un árbitro. Noah pidió disculpas rápidamente y algunos de sus compañeros, en particular Luol Deng, quisieron remarcar que el aficionado al que el francés se dirigía fue muy excesivo en sus comentarios vertidos contra los jugadores de la ‘banca’ de los Bulls. No obstante, eso no significa que la actitud del hijo del tenista francés y la modela sueca fue perdonable. El propio jugador así lo declaró: “No quiero herir los sentimientos de nadie. Cualquiera que me conoce sabe que yo no soy así. Soy un chico de mente abierta. Hizo algo mal y voy a pagar las consecuencias, porque afronto las consecuencias como un hombre. No quiero ser una distracción para el equipo en estos momentos”.
Diferentes asociaciones que trabajan con la NBA para eliminar el lenguaje homófobo de las pistas han criticado a Noah y la cercanía de ambas sanciones, después de que el propio Bryant interviniese en un spot junto a otros jugadores de los Lakers para apoyar la causa de GLAAD, una de estas asociaciones.
Esta es la cruz, pero hay una cara. El miembro más visible de los Suns, Steve Nash, ha participado en una nueva campaña proGay promovida por Human Right Campaign, en la que se une a los derechos de los matrimonios entre homosexuales en Nueva York. No es extraño que Nash, un jugador comprometido con diferentes causas, haya puesto cara a este movimiento debido a su estrecha relación con Welts, que incluso comunicó al jugador franquicia del equipo de Arizona su intención de dar a conocer su inclinación sexual. Como vimos en el anterior reportaje, otros Suns como Grant Hill y Jared Dudley ya apoyaron otras causas gays.
Doc Rivers marca escrupulosamente en su agenda un obligado descanso de ocho horas para la recuperación de los Celtics durante los playoffs. Ahora si quiere pueder hasta echar una siesta de regalo. Los orgullosos verdes son los únicos que asisten como espectadores a la primera ronda de las eliminatorias. Su rápida victoria en la serie frente a los Knicks le proporcionó este extra vacacional hasta conocer el nombre de su próximo rival en las semifinales de Conferencia.
No hay más premio detrás del 4-0. Ese sentimiento de seguridad, de aceleración óptima, de velocidad de crucero, de buenas sensaciones debido a un triunfo sin respuesta no significan nada, no te aseguran nada. Desde que la NBA impuso el formato de siete encuentros en la primera ronda de los playoffs, ningún equipo que ha superado esta serie sin mancharse el uniforme con una derrota, ninguno, ha logrado elevar al cielo el Trofeo Larry O’Brien. La ‘maldición del 4-0′ dura desde la temporada 2003-04 y en esta ocasión sólo los Celtics estarían en disposición de romperla.
El año pasado los Lakers las pasaron canutas para deshacerse de los Thunders (4-2), resistencia mayor a la que en el anterior alirón les impuso los Jazz (4-1). El propio Big Three de Boston tuvo que llegar al séptimo encuentro (4-3) para desprenderse del acoso de los Hawks antes de colgar una nueva bandera de campeón de lo más alto de su pabellón. Los Spurs, en sus tres campeonatos en la primera década del siglo XXI, se dejaron al menos una derrota (no tres como lo hacen ahora con los Grizzlies) en este primer bocado de playoff: repitieron un 4-1 contra Nuggets en 2007 y 2005 y 4-2 ante los Suns en el 2003. Los Heat frente a los Bulls (4-2) en el 2006 y los Pistons contra los Bucks (4-1) en el 2004 cierran esta lista de campeones con heridas desde el primer paso. Perder en primera ronda es necesario para terminar en fiesta.
Ganar cuatro partidos seguidos, dos fuera de tu pista, no es cosa fácil. Los Celtics lo obraron en el Madison, pero no hay antecedentes de que ningún campeón desde 2003 lo haya logrado. Sin embargo, sí que era una norma bastante estrablecida, casi de obligado cumplimiento, cuando la first round se disputaba al mejor de cinco partidos. Con este breve cara a cara, impuesto desde 1984, en 14 de las 19 ocasiones, el posterior campeón pasó por encima de su rival (3-0). Equipos míticos como los Bulls de Jordan, los Bad Boys de Detroit o los Lakers del Showtime salieron sin despeinarse de esta ronda inicial con este formato siempre que afianzaron sus dinastías con triunfos en las Finales.
Anteriormente hubo diferentes maneras de dilucidar el nombre de los finalistas de la NBA. Entre estos cambios de modelo, hubo dos periodos en los que la primera serie se jugaba al mejor de siete encuentros, dato que serviría de referente con el actual sistema de playoff. Concretamente, desde 1975 a 1983 (salvo el corto plazo de 1977-1979 en el que se impuso una primera ronda al mejor de tres partidos), se pasaba directamente a disputar una semifinal de Conferencia. Sólo cuatro campeones (76ers en 1983, Lakers en 1982, Celtics en 1981 y Lakers en 1972) firmaron un rotundo 4-o para alcanzar el siguiente escalón. De 1958 a 1966, con siete campeonatos consecutivos de los Celtics, se pasaba directamente a la Final de Conferencia, sin que ningún campeón saliese vivo de este primer contacto sin ceder al menos una derrota.
Repasando las últimas noticias que mi descanso han dejado atrás me halló cubierto de las frescas incorporaciones, de los coletazos del Melodrama, de los buenos que son los Lakers ahora y lo malos que parecen los Heat que hasta se echan a llorar, de Tyreke Evans diciendo ‘Who is he?’ cuando le preguntan por Sergio Rodríguez… diferentes cosillas que de no conocerlas no me hubiera quedado calvo. Pero entre esta especie de cartas retrasadas que tienes que leer sin gracia porque sabes de resultados y acontecimientos ocurridos, lo que más me ha sorprendido ha sido algo que sabía de pé a pá. Pero mientras visionaba esta maravilla he caído en la cuenta que ya soy ‘algo’ viejo o al menos lo suficiente para que ya haya gente que, como yo, haya visto en directo a mitos del baloncesto que para, por ejemplo, mis jugadores cadetes son sólo un nombre adherido a un vídeo. Ellos nunca vieron en directo a Michael Jordan, mi gran ídolo, aquel por el que sacaba la lengua en cada una de los lanzamiento que hacia de chiquitín por si a alguien le daba por inmortalizar la escena, normalmente acabada con un soberano tablerazo. Por esa razón, como regalo a los que no vieron al ahora desorientado dueño de los Bobcats y para los que lo vimos y nos acordamos de él, éste vídeo es imperdible. Veinte minutos de plasticidad de Su Majestadad. La leche.
Vamos a cerrar esta puerta durante los próximos días. Desde el 27 de diciembre al 5 de enero, Puertatrás no tendrá actividad por motivo de ausencia mental de su autor, este que os habla. Por eso, y aunque aquí uno más que no ‘creer’ en la Navidad, que dice mi madre, es directamente antinavideño total, os quiero dejar de anticipo para las comilonas de estos días una serie de mensajillos moñas que las estrellitas de la NBA (alguna que otra fugaz como la de Belén) nos dejan aprovechando la efeméride del nacimiento de un barbudo en Palestina. No sabemos si hubiera nacido ahora sería primo segundo de Stoudemire o fan de Schortsanitis en el Maccabi de levantar.
Los duendecillos de Santa Claus
La batalla de bolas de nieve entre Heat y Lakers (from Todo sobre el basket americano)
Los toritos navideños, Scottie Pippen como estrella invitada
Existe la raza blanca tirador. Y ya está. No existe la raza blanca tozolonero o la raza blanca suplente eterno o raza blanca base escualido que se va a desmontar en cualquier empentón. Qué injusticia. Para reivindicar a aquellos que no pueden ir a la nieve porque, una de dos, o desaparecerían por mímesis o serían cocidos por los efectos de los rayos ultravioletas. ‘Más blancos que la leche’ quiere elevar a la gloria a aquellos pelirrojos o rubiales cuyas pintas les marcarán toda la vida. Ya da igual qué hagan en la cancha, que siempre serán ese chiquillo pálido con aires de torpeza (sin tener que serlo) que tanto nos motiva cuando lo vemos corretear de aro a aro. Como siempre, se admiten ‘fichajes’ y perdonen los olvidos en la lista en los comentarios.
Dios. Mito allá por donde vaya, este alero de pelo con caracolillos, esa cinta en la frente, esos calcetines hasta las rodillas y esa barriguita cervecera, estuvo cerca de abandonar la NBA este verano para gloria del baloncesto europeo, pero los Bulls se apiadaron de él y lo rescataron para el fondo de su banqueta. En Boston fue considerado como un icono por la grada irlandesa, pese a pisar menos el parquét que Jorge Garbajosa la zona. No sólo por sus pintas, sino porque es un tipo con buen humor y ejemplo de comportamiento en el banquillo y además se deja esa piel pecosa cuando juega en los minutos de la basura. Alguna radio de Boston intentó colarlo en el All Star y Scalabrine se apostó que si llegaban a un número determinado de votos, él experimentaría con una sesión de bronceado instantáneo. Perdió y lo tuvo que hacer.
Tirador de la categoría ‘vete para la esquina y espera que te llegue una para enchufarla’, Matt Bonner es en ocasiones comparado con Brian Scalabrine. Gran injusticia para un ala-pívot que pasa más tiempo agarrado al arco del triple que merodeando por el aro. ‘Abre el campo, abre el campo’, le dijeron de chiquillo. Y con eso se quedó. En Toronto hizo famoso el grito ‘Bonner, Bonner’ cuando le dio un codazo en un rebote a Kevin Garnett. Ahora en San Antonio ha demostrado ser un buen jugador para ocupar el rol de cuatro abierto superando la barrera del 40% en los tiros de tres. Además posee un anillo de campeón algo que no todos pueden decir. Sin embargo, su pinta de estribador de un puerto de Escocia le coloca en esta lista en un puesto aventajado. Fue estrella de los Gators de Florida en la pista y en las aulas, no bajando de sobresaliente en ninguna de las asignaturas de Administración de Empresas. Pasó una temporada por Sicilia antes de llegar a la NBA. Ese año pilló una salmonelosis de la que casi no sale.
Con esa cara angulosa rematada con una perilla de la que parece que cae un eterno chorro de zumo de naranja, Chase Budinger engaña. Este escolta-alero de 2.00 es un verdadero saltimbanqui que sobrevuela los horizontes de Houston. En su segundo año en la NBA, debe demostrar todas las habilidades que le auparon a ser uno de los saltarines blancos más espectaculares que han visto en el Toyota Center desde Bob Sura (‘soy un blanco que salta problemas como Bob Sura’), que cantaba el Tote King). Sus muelles le hicieron dudar entre el basketball o el volleyball, deporte en el que fue considerado toda una promesa nacional cuando jugaba en el instituto en California y que practica profesionalmente su hermana Brittanie. Pero finalmente, tras ir al McDonalds junto a Kevin Durant, se decidió por seguir entre aros y estudiar en la prestigiosa Arizona tras descartar a UCLA y USC.
Con esas pintas de leñador de un pueblucho de la Renania Oriental que podría beberse 500 cervezas y tragarse 1.000 salchicas en un día, Chris Kaman es uno de los pívots más dominantes del Oeste. Bueno, o eso dice él. El año pasado obtuvo dos premios a jugador de la semana, 33 dobles-dobles y unos promedios finales de 18 puntos y 9 rebotes que le llevaron, tras las bajas por lesión y protestar mucho porque elegían a Pau por encima de él, a asistir a su primer All Star. Aficionado a las armas y a los fuegos artificiales, en esta temporada ha iniciado algo bajo estadísticamente (11 puntos y 8 rebotes) y con el infortunio de las lesiones (un mes de baja por problemas en los tobillos), aunque tiene que repartir el protagonismo en la zona de los Clippers con otro que podría estar perfectamente en esta lista, el ‘rookie’ de segundo año Blake Griffin. Pese a perder su melena, este siete pies de Michigan mantiene gracias a su alopecia ese aire de patoso que tuvieron a Adam Keefe, Joe Kleine, Jon Koncak o Mark Eaton a su quintaesencia. Su herencia alemana le llevó a jugar con la selección teutona y acompañar a Dirk Nowitzki, otro que merece un puesto de honor en este Top 5, en los Juegos de Pekín. La experiencia no fue muy fructífera.
La promesa. Tiene mimbres, el chaval. Solo vean el flequillo que calza en la foto que ilustra este perfil. Y además juega en Boston Celtics. Nació para ser un Orgulloso Verde, no hay duda. ¿No creen? Y para más inri, el pipiolo se crió en las llanuras de Indiana, jugando al baloncesto con su hermano mayor en la canasta que tenían instalada en casa (no hay nada más típico), hasta que su padre se lo prohibió por las contínuas peleas que organizaban. Fruto de los Fighting Irish de Notre Dame, Harangody se ha hecho un hueco en el roster de los Celtics tras protagonizar una notable Liga de Verano y convencer a Danny Ainge de que le diera el dorsal 55 en la plantilla. Ya ha debutado, el 2 de noviembre ante Detroit, y anotado sus primeros puntos en la NBA. En su carrera en la NCAA, donde jugó con el granaino Rob Kurz, casi promedió los 20-10, cifra que le aupó a convertirse en el mejor jugador de la conferencia Big East. Mide 2.01 y juega de alero. Hay que mencionar el poderoso aporte que los irlandeses belicosos de Notre Dame han hecho a esta lista de ‘blancuzcos’ a lo largo de la historia: el ya mencionado Joe Kleine, Tim Kempton, Pat Garrity, el ¡Oh, Dios no me lo puedo creer! Kelly Tripucka, John Paxson, y los actuales Ryan Humphrey, Matt Carroll, Chris Quinn y Troy Murphy.
En ocasiones la ecuación que piensas ganadora se queda en agua de borrajas y aquel quien llegó sin hacer ruido termina saliendo de la plaza en hombros bajo una lluvia de claveles. El mundo de los fichajes es como el de los melones, que hasta que no lo abres no sabes cómo te ha salido. Pero que gustito da jugar a ser más malo que Ron Artest saltando a la grada de Indiana y vaticinar el batacazo más gordo que Robert Traylor entre los fichajes de este curso. ¿Quién será el elegido? Os dejo diez opciones entre NBA, ACB y ámbito Euroliga, pero podéis ampliar el radio por todo el universo y recordarme alguno nuevo, que estoy olvidadizo.
Luol Deng vuelve a Sudán 20 años después, gran reportaje de BBC
Cuando estás en la escuela de periodismo tus profesores te muestran la BBC como el paradigma del buen periodismo. La prensa británica no es solo tabloides sensacionalistas y el sistema público sigue teniendo un respeto casi incuestionable por su profesionalidad y ética intachable. Dentro de un programa que hace referencia a las estrellas deportivas británicas de los próximos Juegos de Londres, la BBC estuvo junto a Luol Deng, estrella de los Bulls y de la selección del Reino Unido (Ben Gordon confirmó que también estará en la cita olímpica), en su regreso a Sudán veinte años después de su huida por motivos étnicos y políticos. Deng dejó su país natal con cinco años como un refugiado político para primero instalarse en Egipto y luego crecer en Londres hasta que se fue a Estados Unidos (Duke y luego Bulls) para jugar al baloncesto. Su padre, un político, sufrió las represalias de ser de la Sudán negra, la del Sur, pero luego pudo reunirse con su familia. Deng volvió hace unos días a Sudán del Sur, que pronto tendrá la oportunidad de decidir su futuro en un referéndum tras años de conflicto con el Norte, que ha arrastrado a miles de personas a una emigración obligada para evitar el genocidio (recordarán el nombre de Darfur) y que de nuevo el petróleo y la falta de vergüenza de los Estados ricos han promovido. Deng visitó con ACNUR, el comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, uno de estos campamentos en Kenia y conoció las dificultades de sus habitantes, esas que él conoce de niños, como los ‘Lost Kids’ (foto de NBA.com), los huérfanos y desplazados de la guerra. Visitó la casa en la que creció y fue acogido por el calor de su pueblo, que lo tiene como un referente. “Nunca he estado en un lugar donde puedo caminar por la calle y realmente sentirme en casa, aquí no me siento como un refugiado. Hablo mi idioma, estoy viendo a mi propio pueblo”. En el siguiente enlace podéis ver el interesante reportaje de la BBC.
Michael Jordan nunca dejará de estar en el candelabro, que diría alguna espabilada. El propietario de los Bobcats sigue volando en nuestras pantallas gracias a los continuos anuncios del NBA 2K11, pero también aparece su presencia carnal en los medios, sea en un documental de la ESPN aclarando que su primera retirada no se debió a una suspensión secreto por un problema de ‘ludopatía’ o por la posible excarcelación del asesino juzgado de su padre por el mal tratamiento de las pruebas forenses del caso. Ahora MJ salta a la palestra por una información más amable. Los Bobcats van a donar un cuarto de millón de dólares al sistema escolar de Charlotte para rebajar de esta forma el recorte presupuestario de más de un millón de dólares que tiene que soportar el programa deportivo de los centros de secundaria de la ciudad de Carolina del Norte. La reducción de los presupuestos va a obligar a los muchachos, varios miles en la zona, a tener que pagar una generosa cantidad para seguir practicando deporte, coste que ahora será ahora menor gracias al ejemplo comunitario de los Bobcats, que, por cierto, están preparándose salarialmente para entrar en el mercado de agentes libres el próximo verano. La iniciativa es una idea personal de Michael, residente en el Estado desde chaval y figura del equipo universitario de NC State que alzó el título universitario del 82 (Con Worthy y Perkins a su lado) con una canasta suya espectacular.
Masai Ujiri tiene una patata caliente sobre la mesa. El nuevo General Manager de los Nuggets tiene como primera acción en su mandato el ‘marrón’ de hacer comprender a su máxima estrella que la renovación es lo mejor para él o, por contra, buscar el mejor traspaso posible para no ver como su All Star se marcha por nada el próximo verano como agente libre. Parece claro que Carmelo Anthony, al no firmar el máximo contrato que le ofrecieron las Pepitas para renovar, quiere cambiar de aires y una forma para que todos queden contentos sería un traspaso ya. Aunque Ujiri ha dicho que quieren contar con Carmelo, en las últimas horas hay tres equipos que parecen estar en cabeza de las posibles negociaciones: Timberwolves (suena a broma), Kings (medio broma) y Nets. La salida hacia New Jersey (y, recuerden, próximamente Brooklyn) con los rublos calentitos del señor Prokhorov parece la más cercana y hoy los medios de la Gran Manzana citan a fuentes de la NBA (las mismas que decían que Lebron se iría a los Knicks, claro) para dar credibilidad a esta teoría. El hecho de que los Nets se vayan a mudar al centro de la City, que tengan piezas para un posible traspaso y hasta diez elecciones de draft para los próximos tres años hace que la franquicia que registró hace unos meses el peor récord de la Liga sea un destino potencial para Carmelo, neoyorquino hasta la médula. La opción de los Knicks y de Houston estaría hoy por hoy un punto por detrás.
“Yo sólo compito con los chicos altos”. Citando a Kareem (seis anillos) y a Duncan (cuatro anillos), Shaq centra el objetivo de su contrato bianual con los Celtics en la captación de dos anillos más, y serían seis en total, con los que batiría o igualaría a los grandes pívots de la historia (sin contar los once entorchados de Bill Russell con los propios Celtics). Con esta declaración el que fuera el pívot dominador de la década de los 90 y principios del siglo XXI parece que quiere desterrar, por el momento, la guerra abierta que mantiene con Kobe Bryant, aunque se hayan suavizado los golpes, que abrieron sus egos cuando coincidieron en la dinastía de tres anillos consecutivos con los Lakers. Cuando Kobe logró su quinta pieza de oro para su dedito, en la sala de prensa, hizo referencia a O’Neal (‘ya sabe a lo que sabe mi culo’, dijo el escolta al superarle en campeonatos), que respondió con un gracioso vídeo (verlo aquí). Esta semana Kobe dijo que se retirará en los Lakers y, como este será el último año de Phil Jackson, nadie duda que Bryant y compañía quiere reeditar su ‘Threepeat’, aunque los ‘villanos’ de Miami y el ‘geriatrico’ de Boston se hayan armado para evitarlo.
La ESPN emitió esta semana en USA un documental dentro del programa ’30 for 30′ sobre Michael Jordan llamado ‘Jordan rides the Bus’ en el que se recupera el rumor sobre las verdaderas razones por las que MJ dejó la NBA en 1993 para jugar al béisbol. La sombra sobre que este parón temporal se debío a una sanción de la Liga por motivos de su afición a los juegos de azar se ha cernido siempre sobre el que fuera seis veces campeón de la NBA. Sin embargo, este documental parece desmontar esta intriga y su directos, el reconocido cineasta Ron Shelton (el guionista y director de ‘Los Blancos no la saben meter’), niega este rumor. “Probablemente, como la mayoría de personas en Estados Unidos, pensaba que Jordan dejó la NBA durante un año por los juegos de azar. Después nuestra investigación, estoy absolutamente convencido de que ese rumor es una tontería. Y, probablemente, como la mayoría de la gente, pensaba que era un jugador de béisbol catastróficamente mal. Pero, después de investigar, también tengo una idea diferente sobre eso”.
El otro día un amigo que ha estado reciéntemente en LA me enseñaba orgulloso su foto frente al Staples junto a la estatua de Magic. Yo, como hijo de la mitología de Michael Jordan, sueño con un dí apoder ver a los Bulls en directo y inmortalizarme junto a la efigie de MJ. Pero tendré que dejar más memoria en mi cámara. Porque ahora los Bulls han decidido que el secundario de oro Scottie Pippen también tenga su pedazo de metal esculpido con su fino cuerpo en los aledaños del United Center. El alero que acompañó a los seis títulos a su Majestad ha sido hace unos días elevado a los altares del Salón de la Fama y, como recompensa, la entidad de la Windy City quiere darle este homenaje que, sin duda, merece. Las estatua estará instalada al comienzo de la temporada 2010-11 y será hecho por los mismos escultores que crearon la de Jordan. Pippen, cuyo 33 está retirado en el techo del United, en enero recibirá otro homenaje por parte de la Universidad de Central Arkansas. “Las palabras realmente no pueden expresar mis sentimientos. Es un honor increíble y asombroso de verdad. Es algo que soñaba de niño, , pero nunca pueden creer que tus fantasías de infancia se hagan un día realidad”, dijo el alero en la web de los Bulls.
Con los training camp cada vez más cercanos, a los jugadores de la NBA les gusta airear a los cuatro vientos los métodos que han utilizado a lo largo de los largos meses de verano para no perder la forma. Hace poco leí que el alero de los Dallas Mavericks Caron Butler estaba emulando a Alberto Contador y había incorporado la bicicleta a su preparación, echándose varias decenas diarias de kilómetros entre pecho y espalda.
Otros aprovechan las circunstancias de su vida marital para desentumecer los músculos. Es el ejemplo del Laker Sasha Vujacic, que se ha unido a su novia, la tenista rusa Maria Sharapova en la prestigiosa Academia IMG en la Florida, conocida por formar tenistas de primer nivel. Ambos comparten espacio de entrenamientos, ella de cara al USA Open y él preparándose para el inicio de una temporada en la que su salario (5,5 millones) le pondrá en el epicentro de los rumores sobre posibles traspasos. “Es interesante. Ella me ha ayudado. […] Como dos atletas profesionales, los dos entendemos lo que el otro está haciendo y viviendo, y lo que se necesita para tener éxito en lo que hacemos. Ella está trabajando duro. Estoy trabajando duro. Es bueno trabajar juntos”.
Ya saben el dicho de “donde tengas la olla no metas…”, pero los guapos eslavos han hecho caso omiso al pareado. No me puedo imaginar en qué le puede ayudar Sharapova a ‘The Machine’ y viceversa. ¿Y si Vujacic empieza ahora a lanzar grititos sugerentes cada vez que tire un triple? Crucemos los dedos.
El idilio entre la NBA y Hollywood es constante y casi todos los años sale una peliculilla que tiene relación con la liga de baloncesto norteamericana. Lo que no había pasado hasta ahora es que alguna de sus estrellas cotizaran sus cameos millonarios en otras latitudes fílmicas, como va a pasar ahora en China. Carmelo Anthony y Dwight Howard (este año ya apareció en Just Wright) van a aparecer en el film ‘Amazing’ (no sabemos si Rafa Méndez de fama tendrá algo que ver) de producción china y que será rodada en Nueva York, Beijing y Shanghai durante este mes de noviembre. Para los que estén interesados en tragarse este peliculilla que sepan que no estará en las pantallas hasta el próximo verano. Tienen suficiente tiempo para medicarse.
Que un periodista de 1er nivel como @bujacocesto siga colaborando con @puertatras significa que algo no hice tan mal en 8 años de 'presidio'Hace... 13 hours ago
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