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abr
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Educando a una estrella (2)


Muchas caras son conocidas. Serpentear por los grupos que se agolpan entre las dos canchas del BAHK es como hacer una rueda de reconocimiento del baloncesto español. Las sillas se quedan diminutas para encajar los cuerpos de dos metros de muchos exjugadores, algunos metidos a directivos. No faltan los entrenadores de diferentes colores, incluso federativos. “Ese escolta del Gran Canaria está promediando quince puntos en júnior”, desvela un experto técnico.

Se identifica fácilmente a los padres, en primera fila y nerviosos, dando ánimos a sus ‘chicos’. En el balcón superior, la pasarela queda para aficionados anónimos, entre los que se cuela algún agente que se balancea de corro en corro, trayecto que copian algunos periodistas. Varias cámaras graban el partido o buscan la mejor fotografía. Algunas centran el enfoque en los jugadores destacados. En uno de los grupos de conversación se rumorea que el Real Madrid va detrás de un Infantil de primer año del CAI Zaragoza.

La expectación en cada campeonato formativo crece. Quizá la Minicopa es su expresión máxima al estar al acceso de un público y unos medios de comunicación que no suelen elevar la mirada por encima del cerco del básket profesional. Aquí les cae de paso. La organización cifró en unas mil personas la asistencia a la final en Vitoria, número superior al de cualquier Campeonato de España como el de Minibásket y categoría cadete que hace unas semanas se celebró en San Fernando (Cádiz). Controlar este aumento de la presión y diluir sus efectos es un objetivo de los entrenadores y los clubs en la etapa de desarrollo de los jugadores en canteras ACB. El control del llamado entorno, amalgama de factores que rodean al adolescente y que suelen resaltarse solo cuando tienen un efecto negativo, es una de las metas marcadas por las direcciones deportivas y plasmadas en códigos de conducta que guían la experiencia de los educadores  en su toma de decisiones.

Las normativas de comportamiento no actúan únicamente como un regulador del régimen disciplinario y alcanzan cuestiones más amplias y diversas, como el seguimiento lectivo de los jugadores o consejos nutricionales. Su redacción parte en buena medida del sentido común y son herencia de situaciones que se han podido ver o de la prevención de otras nuevas que están apareciendo y pueden afectar al equipo. La irrupción de las redes sociales, por ejemplo, es un tema que se está abriendo en estos momentos y que no es ajeno a la preocupación de los clubs. Esta lista de deberes está presente en el día a día del grupo y son una herramienta educativa al marcar unos límites.  “Hay unas normas de club, que son la parte más básica de comportamiento: de imagen, vestimenta, puntualidad, hoteles… funcionamiento normal de equipo y que tenemos colgado en el vestuario. Por encima de estas normas están las que ponemos en los propios grupos sobre el respeto, sobre el resto de cosas que queremos construir”, explica José Luis Pichel, entrenador del Real Madrid infantil. “En el equipo hay un reglamento. Está dentro de nuestra planificación. Incluye de todo: cómo tenemos que estar en los entrenamientos, que no se puede hablar con la grada, tema de las aguas… Pero también que cuando un compañero cae al suelo hay que ayudarle y si es un rival, igual. Cuando haces las normas sale un listado muy grande, así que priorizas entre las que consideras más importantes  y poco a poco vas inculcándolas en ellos”, señala Rubén Muñoz, del Barcelona.

La confección de este código recae en manos del cuerpo técnico que dirige la cantera y es perfilado por el propio entrenador, sus ayudantes y, en algunos casos, se considera la opinión de los jugadores para elaborar la ley interna que regirá la actuación de todo el colectivo. Es otra forma de involucrar al jugador en la toma de decisiones y hacerle partícipe de un reglamento que elije y debe respetar y acatar por el bien común. “Nosotros establecemos unas normas  porque ellos son muy pequeños, pero hay una serie de temas (puntualidad, minutos de juego…), que sí lo hablamos. ¿Os parece bien que este jugador que llega tarde sea titular o no juega? ¿O se castiga si falta más de dos días? Todo se valora y luego hay excepciones.  Hay actividades sociales, como una Semana Blanca y algunas actividades normales de su edad, que sí les facilitamos que vayan. No son profesionales de esto y tampoco podemos ser sistemáticos”, afirma Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes.

La relación con los padres

La interacción con el entorno también queda regulada, aunque no siempre plasmada en un papel. Los menores, por ejemplo, tienen prohibido hablar con la prensa y hacer declaraciones hasta llegar a la mayoría de edad, como ocurrió con Ricky Rubio durante sus primeras temporadas en la Liga Endesa. Se intenta apartar del foco al jugador precoz para quitar importancia a los mensajes que se dirijan hacia ellos de gente ajena al trabajo del grupo. “Está prohibido que les hagan entrevista. No podemos evitar que les hagan foto. Pero delante de ellos no le queremos dar mucha importancia, para que ellos no se la den. Queremos que se lo pasen bien, que disfruten”, indica Rubén Muñoz.

Más difícil de dibujar son las fronteras que limitan la influencia del círculo más íntimo del jugador, donde entran sus padres y sus agentes deportivos. La relación con los tutores de los menores, factor principal de su educación, supone en ocasiones una fuente de conflicto por divulgar opiniones contrarias a la del equipo sobre el jugador y aumentar las expectativas sobre él. La sinceridad suele ser la mejor forma de vacunar estas posibles situaciones. “Somos bastante sinceros con los padres, le contamos lo que hay porque es más fácil si la comunicación es clara para que sepan cómo está esforzándose el jugador, cuál es su trayectoria, viendo qué previsiones tenemos… Pero pasa como muchas cosas. Es una cuestión de gestión de expectativas. La de los padres parten muchas veces de la irrealidad y esta gestión es la que puede influir al jugador. Esa parte tratamos de ser sinceros, que llegan pocos chicos, que lo importante es el proceso”, indica José Luis Pichel, del Real Madrid.

En los últimos años ha crecido la alarma sobre la imitación de actitudes poco recomendadas y agresivas en las gradas de los pabellones de baloncesto. “La realidad es que en el baloncesto vemos algún caso, pero luego nos vamos al fútbol y decimos, ¡madre mía, no tenemos ningún problema!”, señala José Luis Pichel. Más allá de la comparativa con otras modalidades, los entrenadores entrevistados para este reportaje quieren subrayar que en la mayoría de los casos no hay incidentes con la influencia paterna en sus jugadores y que, por contra, suele ser positiva y refuerza las decisiones del técnico. No cabe duda de que padres y profesores/entrenadores son actores fundamentales en la construcción de los menores y están condenados a entenderse y apoyarse en su propuesta educadora. “Sí se da el caso de padres algo descontrolados, se les llama la atención y se les dice que no están haciendo un beneficio al chico ni al club. Son la excepción. En general, tenemos jugadores buenísimos, pero no viene de serie, viene de casa. Nosotros solo podemos reforzarlo. Si  yo no tuviera un padre que no fuera humilde, no fuera responsable, no fuera serio, yo lo cortaría, porque tenemos una serie de condiciones, o haríamos un plan específico. Hay chicos que se quedan fuera durante unas semanas por saltarse una serie de normas. Esta temporada no se ha dado la circunstancia”, comenta Sergio Jiménez.  El técnico del Real Madrid coincide en esta visión: “Hay padres que perjudican a sus padres en el rendimiento deportivo, pero hay otros que son muy beneficiosos. Que nos ayudan a mantenerlos de una forma excelente. Siempre está la visión del padre hincha o mánager, que llama mucho la atención, pero la cantidad de padres que ayudan y que son la base no se comenta. Y yo me encuentro afortunadamente con mucha más gente que está ayudando que está poniendo trabas”.

Las cuestiones más problemáticas y generales suelen abordarse desde las direcciones de cantera de los clubs ACB, con recomendaciones más que obligaciones, pero cada entrenador gestiona la interacción con los padres en el día a día y marca la línea a seguir en cada caso. Ahí entra el método profesional e individual. A Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes, le gusta hablar directamente con sus jugadores y hacerles responsables de su comportamiento, aunque este, por su condición de menores, esté supeditada a la acción de sus progenitores. “Particularmente, pero es una forma personal, no del club, yo intento hablar lo mínimo posible. Sí hablo mucho con los niños. Les hago responsables, les hago autónomos. Sé que el niño no llega tarde, no falta a un entrenamiento por una cosa. Sé que el niño no se va un fin de semana a esquiar a Baqueira y falta al partido, porque no tiene dinero ni medios. Pero sí es cierto que con el que hablo es con el niño, al que le pido la responsabilidad de que hay que salir antes de casa, de que no puede faltar porque tiene que estar con sus compañeros, para que sea independiente el día de mañana”, apunta el preparador del Infantil de la entidad del Ramiro de Maeztu.

Clasismo y racismo

jugadormadridinfantil

 

Bajo las declaraciones de Sergio Jiménez crece otro escenario que entra en el debate de la educación en las canteras ACB. La obligación de una atención extra por parte de los padres excluye a aquellos que no pueden por nivel socioeconómico conceder este apoyo a sus hijos. ¿Son equipos solo al alcance de las élites? “Creo que son todos más o menos del mismo nivel. Son de diferentes ciudades de Barcelona. No hay ningún jugador con problemática social”, indica Rubén Muñoz sobre sus jugadores en el Infantil del Barcelona. “Estoy convencido de que de los ocho equipos de Minicopa, el 80% de los jugadores forman parte de un estamento medio-alto porque sino no podrían hacerlo. ¿Qué se les está pidiendo? Que vengan tres días a la semana a los entrenamientos, que vengan a los partidos, que costeen parte de estas cosas, la gasolina, todo… ¿Esto lo puede llevar una familia que ingrese unos 800 euros al mes? Es inviable a estas edades, porque al niño lo lleva el padre, entonces en otras condiciones, el padre y la madre estarían trabajando diez horas y no podrían. Estos chavales no son sólo unos privilegiados deportiva o físicamente, también a nivel socioeconómico”, teoriza Sergio Jiménez, entrenador del Asefa Estudiantes, que también habla de la solidaridad que existe en la plantilla en este aspecto o como jugadores del equipo ACB donan material para canteranos con necesidades.

José Luis Pichel difiere de esta opinión con el ejemplo que tiene en su propio equipo. Tampoco cree que se excluya en el grupo por cuestiones raciales y no que el colectivo suele ser una muestra consonante con lo que pasa en la sociedad española. “En absoluto hay problemas raciales o sociales. Llevo muchos años, seis y siete en el Real Madrid y jamás me he encontrado algún problema. Pero al final es la realidad. Los dos chicos de raza negra que tenemos en el Infantil, uno vino con su familia, súper humilde, desde Camerún con ocho años a buscarse la vida, y el otro, sus padres son guineanos pero ha nacido en España. La realidad que tenemos en España es muy rica. En el deporte, una vez que estamos en la pista, todos estamos a lo mismo. No hay mayor problema”, subraya José Luis Pichel, que, no obstante, habla de que desde el club se actúa y apoya cuando un jugador y su familia tienen situaciones de riesgo.

Agentes de influencia

Otro actor externo con una influencia entre jugadores jóvenes son los agentes que aparecen en sus vidas en edades cada vez más tempranas. La proliferación de becados y la internalización de la búsqueda de ‘perlas’ ha provocado que la lucha por fichar se acelere y alcance ya hasta etapas de minibásket, siendo obligada una buena relación entre los clubs y las agencias. Los equipos ACB suelen controlar con un tutor la actividad de estos chicos y chicas que llegan de un lugar lejano, que no cuentan en su rutina diaria con el apoyo paterno. En estos casos, con más énfasis en jugadores procedentes del extranjero, la mano del agente suele servir de guía para el menor. En la Minicopa, por ejemplo, el Barcelona invitó al serbio Andrija Marjanovic, que tuvo sólo unos días para adaptarse a sus compañeros. “Venía con su agente, pero no creo que le afectara demasiado. Lo hemos traído para verlo e intentar incorporarlo el año que viene o al siguiente. Es tradición y no somos el único club que aprovecha la competición para ver su progresión. El idioma ha sido algo complejo porque nos dijeron que no sabia inglés. Ha hecho un gran esfuerzo y tiene nociones del idioma. Se ha integrado en dos días, se divierte y lo ha aprendido todo rápido. Su comentario al primer día es que me reí mucho en el vestuario”, apunta su técnico en el Barcelona, Rubén Muñoz.

Marjanovic

Andrija Marjanovic / ACBPHOTO

 

Los entrenadores vuelven a negar la mayor y no creen en que los agentes supongan un mal en la progresión de los jugadores, más en etapas tan tempranas en la que la proliferación de estos profesionales aún no está extendida y son los padres los que tienen la palabra definitiva. “Como agentes ayudan muchísimo a los chicos, proporcionándoles muchas cosas. El agente en si no es malo, pero sí el comportamiento de la agencia, que marca si están ayudando o no. En edades tan tempranas el trato con el agente casi no existe”, incide José Luis Pichel.

Utilizando el mismo argumento se mueve Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes, que considera que la utilidad de los agentes se inicia cuando el jugador demuestra que tiene condiciones para alcanzar el mundo profesional y antes su entrada en escena no tiene sentido. “Intentamos alejaros de los agentes porque, generalizando, son intereses personales. Hay buenos agentes, que son capaces de empatizar con el jugador y darles buenas oportunidades. En el día de mañana hay que tenerlos, porque igual que un club apuesta por ti deja de apostar y este agente puede colocarte en otro equipo. Es importante, pero se ha perdido el equilibrio. Todo está gestionado por ellos, por los agentes. Así está el tema, con cosas buenas y cosas malas”, opina Sergio Jiménez, que, sin embargo, sí cree que hay excepciones con talentos que explotan de forma excepcional y temprana y que sí necesitan esta ayuda para gestionar su carrera profesional, que no para acelerarla. Lo malo es generalizar y no visualizar cada caso por separado:  “Me hace gracia porque hoy en día se dice que son muy jóvenes y lo importante es que disfruten. Pero hoy la sociedad y el baloncesto están muy estructurados y sería muy excepcional que un chaval con 18 pueda trabajar en la élite. Es muy complicado. Pero sí hay chavales de 14 años que pueden estar en este nivel, un Ricky Rubio que siendo cadete puede jugar en ACB. ¿Por qué no lo va a hacer? Otra cosa es que ahí se meta el agente. Hay chicos como Luka Doncic que tienen un nivel de rendimiento dos o tres años por encima de su generación. Pero otros tienen que ir poco a poco, cada uno son un caso único. Y no hay que tratar a todos por igual”.

Este reportaje es la continuación de una serie dedicada a la educación dentro de las canteras ACB con la excusa de la celebración de la Minicopa. Puedes leer la primera parte pinchando aquí.

14
abr
12

Dentro o fuera < bueno


Vivir fuera de Zaragoza hace que deambules perdido en el seguimiento del día a día del CAI. Y eso es casi hasta bueno para la salud mental. Considero que el trato de la información de baloncesto en mi ciudad es inferior en calidad y extensión a otros centros ACB y sigue demasiado influenciada por el periodismo de trinchera, aquel que se hace desde la subjetividad, la vista nublada por la parcialidad y orientada únicamente a los intereses propios del medio. Influye la preocupación de saber si mañana te van a bajar el sueldo o echar de tu puesto más allá de tener la mente limpia para superar la rutina del seguimiento tópico.

Sin embargo, en ocasiones te pierdes perlas si no te las rescata alguien de debajo del mar. Pero yo tengo un ‘Bob Esponja’, un amigo llamado Albericious, que me ha hecho llegar hoy una información publicada en Heraldo de Aragón (la edición de Heraldo.es no recoge todo la publicado en papel para pena de ‘emigrados’) por Enrique Coscolín, periodista cuya línea se ha enfrentado a la actual dirección del club, intensificada hacia la pareja Villar-Abós. ‘Cosco’ da la noticia sobre la posible llegada de un nuevo ‘jefe’ a la cantera del CAI Zaragoza, Ángel Cepeda (Mallorca Basquet), un hombre de la confianza del tándem técnico por su pasado balear. El periodista critica este movimiento porque considera que hay dentro del baloncesto aragonés buenos profesionales que podrían tomar este cargo, actualmente, en posesión de Benito Doblado, andaluz de Lebrija y cuyo conocimiento de la formación aragonesa es amplio tras casi 10 años de residencia en la ciudad (su propio hijo mayor juega en el CAI cadete tras ir al CºEspaña infantil con Azúa).

Estoy de acuerdo con Enrique. En Aragón hay profesionales de primer nivel que podrían gestionar esta sección. El trabajo respalda a aquellos que llevan años alcanzando objetivos superiores y sacando y sacando generaciones en clubs como Helios, CBZ, Alierta, Stadium, Mann Filter, Olivar… y otros que están sin banquillo ahora o disponen de uno fuera de nuestras fronteras. Pienso, sin saber si querrían, en candidatos como Chicho Lucas, Carlos Iglesias, Javier Gascón, Willy Tisaire, Jorge Serna… Y me quedo corto. La calidad de la formación aragonesa queda avalada por los éxitos de las selecciones autonómicas o de la llegada a las convocatorias nacionales de jugadores, jugadoras y preparadores. En muchas pistas de la comunidad se entrena con capacidad y, por cierto y también como autocrítica, por pocas de ellas se suelen pasar periodistas.

No estoy de acuerdo con la desautorización del fichaje por su procedencia o relación. ¿Qué problema puede haber si Ángel Cepeda u otro realiza una buena faena? Eso sólo se sabrá cuando tengamos los resultados, se conozcan su forma, su método, sus frutos, su diplomacia, su labor… Está claro que Abós y Willar juzgan su valía por la experiencia conjunta, porque lo conocen y es una apuesta netamente personal y buscando lo mejor para los intereses del CAI Zaragoza. Culpa suya es que Joan Sastre (Cajasol) o Miki Servera (Peñas) subieran varios escalones hacia la profesionalización.

Más allá de glosas a las bondades de la tierra o de sentencias previas o nacidas de un ataque subjetivo, creo que justo eso, el resultado de su trabajo, es lo único que tiene que motivar la contratación de una pieza tan importante en el engranaje del futuro de un club. Hasta no hace tanto la infraestrucutra de las inferiores del CAI Zaragoza estaba descuidada en manos aragonesas, con una atención ni los medios adecuados o, al menos, eran mejorables. En ocasiones esa silla de responsabilidad ha sido de paso y poco valorada.

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Extensión completa de Javier Marín ante Asselin (Manresa)/ ACBPhoto

Eso cambió en el CAI con la llegada de Reynaldo Benito y como extensión de Willy Villar, José Luis Abós y Benito Doblado. Y cambió cuando tomaron los equipos cadete y junior dos entrenadores de primerísimo nivel de Zaragoza como Carlos Hinojar y Carlos Pardo, se aprovechó de la experiencia del ‘maño adoptivo’ Pep Cargol, y cuando se mejoró notablemente las relaciones con gran parte de las otras escuelas de formación. Finalmente e indiscutiblemente, el CAI es el mejor club de baloncesto masculino y de base de Aragón. A mucho tiempo sin simientes, tras el lógico reinicio paulatino, se unió la apertura en el cielo que provocó Abós, introduciendo en sus convocatorias y haciendo jugar a los chicos que venían de abajo. La reciente confirmación de Javier Marín como una pieza válida de rotación para el primer equipo, jugando minutos de calidad en ACB, y ganando con la U18 el prestigioso torneo de Mannheim como titular (9 puntos, 4 rebotes y 2 robos). La inclusión de las ‘suelas gastadas’ de Rogelio Legasa o Pepito Fernández parece otro gran acierto.

Porque esa es la primera finalidad de una cantera profesional, fabricar jugadores de élite, y la del CAI empieza ahora a ver unos brotes que se ramifican en futuros proyectos como, por poner dos ejemplos calientes, son los dos convocados (Bruno Jaulín en la U16 y Álvaro Sanz en la U15) en las últimas llamadas de las selecciones u otros nombres como el de Marcos Portalez, bronce europeo con la U16 este verano, Roberto Pérez o el africano Madiop Ndiaye. Y hay más.

Ser de ‘la casa’ supone tener un conocimiento exacto del hábitat que deberá estudiar y adaptarse cualquiera que venga de fuera, pero éste llega siempre sin la visión viciada y sectaria de aquel que pertenece a una sociedad con familia y diferencias y con la confianza asegurada y línea compartida de los que te han traído. No es malo por definición que se contrate a un forastero, como no lo es en ningún ámbito laboral, sino lo desastroso sería virar el buen rumbo (siempre mejorable) que ha tomado la cantera del CAI Zaragoza en los últimos años. Porque más allá de la necesidad de la cantera reclamada en tiempos de crisis para cubrir fichas, su misión es esencial por encima del contexto económico. Es cínico y de perdedores tener ese pensamiento. Genera identidad y un horizonte en el que todos los jóvenes deportistas de un territorio quieren reflejarse, un punto lejano por el que soñar y luchar. El alimento de la vida.

Y lo irrecuperable e imposible será reemplazar a una entrenador y BUENA PERSONA, como lo describen todos sus amigos, como Carlos Pardo. Descanse en Paz.

17
jul
11

El debate de los nacionalizados y la cantera: ¿Formamos personas?


Es un debate abierto. Es visible. Actual. Su presencia trasciende a casi todas las noticias que monopolizan la actualidad del baloncesto en las semanas recién consumidas. En el último Consejo de Ministros, el Gobierno concedió la nacionalidad española al congoleño Serge Ibaka, como hizo un año antes con la antillana Sancho Lyttle, para reforzar la selección española que disputará el Europeo de Lituania. Su compatriota Bismack Biyombo ocupó el séptimo puesto del draft del ‘lockout’ para los Bobcats, mientras que Nikola Mirotic fue elegido por Houston en el 23 lugar y enviado a los Bulls esa misma noche. El ala-pívot del Madrid lidera a la selección española en el Europeo sub20 que compite estos días en Bilbao. En la Asamblea General de la ACB se discute una propuesta sobre un nuevo sistema de elegibilidad para la confección de las plantillas que negocian con la FEB y ABP. Los cupos de seleccionables darían paso a una nueva etiqueta denominada ‘jugadores formados‘. Entrarían dentro de esta categoría todos los jugadores de 14 a 22 años que han pasado dos temporadas (3 meses como mínimo en cada una de ellas) en canteras nacionales. Albert Soler, secretario General para el Deporte, salió en defensa del jugador español amenazando a la ACB con dejarle sin extracomunitarios. La negociación sigue abierta.

Todas las palabras hablan de lo mismo aunque digan cosas diferentes. Hablan de un mundo globalizado, en el que las fronteras se diluyen y las banderas se enredan por el beneficio deportivo y económico. Hablan de nuevos españoles. Hablan de un nuevo concepto de cantera y la necesidad de una regulación acorde con los tiempos cambiantes. En la reglamentación de la temporada 2010/11 se establecía un máximo de dos jugadores extranjeros en los Campeonatos de España infantil, cadete y junior (ver normativa). En la normativa de la FEB para la próxima campaña no se fija un número mínimo, aunque sí un máximo de ocho jugadores con ciertas temporadas inscrito en competiciones federadas (ver normativa). En los campeonatos de selecciones regionales es habitual ver a jugadores nacidos en otros países competir con los equipos de sus Comunidades Autonómicas. La nacionalización de Ibaka es el último pero no el único ejemplo de la inclusión de foraneos que ha potenciado a las selecciones españolas absoluta e inferiores.

Ibaka jugará como español el Europeo de Lituania / FEB

La puerta está abierta. La entrada de chicos y chicas de otros estados y continentes en el baloncesto de formación es una realidad desde hace años y una corriente que acrecienta su velocidad en la toma de decisiones de la ACB y la FEB. El último Campeonato de España cadete estuvo dominado por la superioridad física de jugadores africanos como Jonathan Kasibabu y Bourama Sidibe (ambos del Canterbury y el último repitiendo en el Infantil) o Mouhamed Barro y Mouhamed Thiam (ambos del Gran Canaria). El reportaje de Paco Torres, director de Gigantes, sobre el torneo giraba en torno a esta supremacía. No es una excepción. Chicos y chicas de Europa del Este o de Brasil, de Senegal, Congo, Malí o Etiopía copan los centros formativos más prestigiosos (Joventut, Barça, Unicaja, Cajasol, Madrid, Estudiantes…), pero también clubs fuera del ámbito de la ACB, más modestos. Su poder en altura y músculos propicia la suspicacia sobre su verdadera edad en las aficiones rivales y condicionaron, en algunos casos, el juego de sus propios equipos y el del rival, ampliándose el uso de zonas y de un juego orientado a potenciar su ventaja cerca del aro. Estas circunstancias expanden el debate hacia otros frentes, algunos viejos conocidos y llenos de tópicos. Incluso en el último draft de la NBA, parece que a los Wolves les dieron gato por liebre y eligieron a un ‘novato’ de 21 años llamado Targuy Ngombo que realmente podría haber soplado ya las 27 velitas. ¿Es necesario un mayor control de las edades o las dudas son una excusa derrotista o incluso racista? ¿Empeora el progreso de la cantera el uso de la zona o de un ataque basado en colgar balones cerca del aro o mejora su nivel al enfrentarse a nuevas situaciones? …

Pero en este debate, sobre todo, se habla poco de lo que debería ser lo más importante: los derechos de estos chicos, de la responsabilidad de todos (agentes, entrenadores, directivos federativos y clubs, padres, aficionados, periodistas…) de acoger a unos adolescentes con unos sueños que solo en contados casos, como el de Biyombo o el Ibaka, se hacen realidad. De la responsabilidad de dar una educación, unos valores, un idioma, unos estudios, de adoptar a unos niños lejos del amparo de sus familias y su entorno, de orientar una vida hacia un mundo en el que, tanto para los muchachos, como para los clubs, federaciones o los representantes, no es todo el beneficio de triunfar en la NBA, la ACB o la selección. Esa es una parte del debate que debe estar también presente y de la que queremos hablar en Puertatrás. Hablemos de varios de los ejemplos que hemos visto en este temporada que ahora termina.

La escuela de Gran Canaria

Gran Canaria cadete 2010/11

Gran Canaria cadete 2010/11

Canarias y Galicia son los principales  focos de entrada de jugadores de formación en los últimos años. En una década hay varios proyectos que han sido la puerta de chicos y chicas africanos. El Gran Canaria, club de ACB, es uno de los que más temporadas lleva sobre esta línea con el objetivo de crear promesas para su primer equipo, un camino laborioso: “El ideal del Gran Canaria es formarlos lo máximo posible para que, llegado el momento, puedan dar el paso a la ACB. Esto puede pasar o no. Depende del niño, de las posibles lesiones, de que alcance la implicación y el trabajo necesario para dar el salto. Nuestro objetivo es formarlos como jugadores, pero también como personas. Nos preocupamos de que todos los que están con nosotros, estudien, aprendan español, que es esencial para ellos”, explica Jesús Ponce, entrenador del cadete ‘amarillo’, que en este curso ha contado con dos senegaleses de más de dos metros y físicos muy parecidos que impresionaron en Zaragoza: Mouhamed Barro (12,9 puntos y 12,3 rebotes para 19 valoración) y Mohamed Thiam (18,1 puntos y 9,4 rebotes para 18 valoración). Barro llegó el año pasado a Canarias, siendo cedido a un equipo de Lanzarote (el club tiene acuerdos con varios equipos en este sentido) y esta temporada ya ha jugado con la selección canaria. Thiam fue ‘reclutado’ hace unos meses. El Gran Canaria trabaja directamente con agencias que captan promesas africanas y realizan una selección tras realizar un seguimiento por vídeo de las competiciones y concentraciones que desarrollan en sus países de origen.

Los becados del ‘Granca’ tienen su domicilio en la residencia ubicada dentro del complejo del Pabellón Insular Vega de San José (PIVSJ), donde entrenan todos los equipos de la cantera ‘amarilla’. Está considerado como uno de los centros más modernos de España y engloba también las oficinas del Club. Un tutor controla y organiza los horarios, comidas y diferentes rutinas de todos los baloncestistas. El instituto al que acuden diariamente durante el curso está justo al lado de la residencia. El aprendizaje del idioma es una prioridad para favorecer su integración dentro del grupo y apoyar su progresión lectiva y deportiva. El Gran Canaria pone a disposición de sus ‘becados’ una profesora de español, que diariamente, les da clases de una hora u hora y media cada tarde. “Con ellos, a parte del trabajo colectivo que desarrollamos con el equipo, dedicamos mucho tiempo a entrenamientos específicos, en los que les decimos que tienen que hacer una serie de ejercicios puntuales, por eso es esencial que te entiendan porque se lo estás explicando solo a ellos. Se van adaptando rápidamente, porque la mayoría vienen con la intención de aprender el idioma lo antes posible. Incluso, en ocasiones, tú quieres facilitarles la comprensión hablándoles en inglés, pero ellos mismos te dicen que no y te obligan a que les hables en castellano porque quieren aprender”, explica Jesús Ponce, que esta temporada llevó al equipo al subcampeonato canario y al tercer puesto en el Nacional.

Barro y Thiam

Barro y Thiam

Barro y Thiam son musulmanes. Su entrenador relata como a lo largo de la temporada fueron muy estrictos para llevar a cabo las obligaciones que marca su religión y que esta disciplina es una ventaja porque se traslada en su capacidad de aprendizaje. Un símtoma de ello es que sus gestos son sobrios dentro de la pista. “El primer problema que tenemos que solucionar es el del idioma. En segundo lugar, les hago ver que les exijo más porque son los becados y tienen que responder por el hecho de que si están aquí es porque se lo tienen que currar. La verdad es que todos se adaptan y aceptan el reto. Nunca he tenido problemas, todo la gente que he entrenado ha sido muy trabajadora. Pudiera darse el caso de que se lo creyesen demasiado, de que se conviertan en el líder del instituto porque sorprenda que un niño de 15 años mida 2.04 y en un momento sus compañeros le consideren como un Dios. Es el riesgo de que ellos dejen de trabajar porque consideren que son una estrella. Intentamos hacerles ver que son todavía unos niños y que deben comportarse como tal. Por ejemplo, en los partidos queremos que no vayan con los cascos en plan americano. Yo lo prefiero evitar para que den una imagen de humildad”, explica Ponce, que subraya que ambos mantienen contacto continuo con sus familias en Senegal por teléfono e internet.

Las clases del Canterbury

Canterbury Lions cadete 2010/11

El diario Marca no dedica habitualmente grandes titulares a los Campeonatos de España de formación. Sin embargo, hace unas semanas, en su web, resaltaba un llamativo titular. ‘El Kevin Garnett adolescente juega en España’. La siempre fácil, desmedida e injusta comparación periodística de un niño de 14 años con una estrella internacional se refería a Bourama Sidibe, el malí del Canterbury Lions, que dobló en el Nacional cadete (17 puntos, 17,1 rebotes y 2,6 tapones para 29,7 valoración) y en el infantil donde fue MVP (28,4 puntos, 25,6 rebotes y 5,2 tapones para 50,2 valoración) con estadísticas asombrosas y explicables por sus 2,05 metros con 14 años. En la categoría mayor compartió impacto con el congoleño quinceañero Jonathan Kasibabu al que alguno en Zaragoza apodó ‘Lebron James’ por su potencia física y estética en gestos dentro y, lo que no es tan plausible, fuera de la pista. Fue el máximo anotador y MVP del torneo (20,3 puntos y 10,9 rebotes para 22,4 valoración).

El Cantebury Lions ha dominado los Campeonatos de Canarias en la gran mayoría de las etapas formativas con menos de diez años de andadura. El cadete fue campeón autonómico superando al Gran Canaria y cuarto de España eliminando a CAI Zaragoza y Unicaja, entre otros. Este equipo es entrenado por Santiago López, Director Técnico de un club de baloncesto con 18 equipos y una escuela para los ‘peques’. En total hay 200 niños en la actividad, con 50 que no estudian en el centro. Santi es el referente con amplia experiencia en varios clubs canarios y campus de Estados Unidos y uno de los principales responsables de la eclosión del baloncesto en este colegio e instituto bilingüe, uno de los más prestigiosos de Las Palmas de Gran Canaria donde el 90% de las asignaturas se imparten en inglés. El segundo idioma en las aulas es el francés o el alemán. Tanto Kasibabu y Sidibe y el resto de los alrededor de 1.000 alumnos (15% extranjeros) del ‘cole’ comenzaban su actividad lectiva a las 8:30. Tras comer compatibilizaban sus estudios con entrenamientos de dos horas durante cuatro días a la semana en las pistas de cemento que se encuentran en el patio del centro, que tiene en proyecto la construcción de un pabellón. El propio Santiago López (cuyo hermano Luis es actualmente seleccionador de Mozambique) y otro padre, ambos con hijos de edades similares, son los tutores de los dos africanos, a los que acogen en sus casas junto a sus familias.

Sidibe y Kasibabu

Jonathan Kasibabu llegó a Las Palmas en 2010 desde Kinshasa, donde estudiaba en un centro privado francés de primer nivel dado que su familia procede de la clase media del país. En su primer año, como infantil, ya disputó el Sector del Campeonato de España cadete. Habla fluidamente inglés y español, además de francés, siendo el ‘maestro’ particular de muchos de sus compañeros en esta lengua. Lo definen como “autoexigente, inteligente, con madera de líder, noble y cariñoso se ha ganado el cariño y respeto de todos”. Su objetivo es poder estudiar un día en Estados Unidos y hacer una carrera de Bussiness por lo que obtener buenas notas en este colegio es fundamental. Durante el Campeonato de España hubo rumores de que su futuro la próxima temporada le enviará a Madrid.

El origen del malí Bourama Sidibe es más humilde. Es más introvertido que Kasibabu. En los pocos meses (llegó a España este mismo año) que lleva en Canarias, además de imponerse en las pistas, ha engordado 15 kilos y dicen que se ha esforzado al máximo para recuperar el tiempo perdido y ponerse al nivel lingüístico de sus compañeros.

Los Estudiantes de Lugo

Estudiantes de Lugo cadete 2010/11

Si uno de los focos de llegada al baloncesto formativo español es Canarias, el otro, es Galicia. En el Estudiantes de Lugo llevan varios años acogiendo a jóvenes jugadores extranjeros, como Placide Nakidjim, fichado el verano pasado por el Real Madrid. En el Campeonato de España alcanzaron la fase de cuartos apoyados en la envergadura de Gullit Mekundi (12 puntos, 12,4 rebotes y 2,6 tapones para 20,8 valoración), un congoleño del 96 y 2,03 metros nacido, como Kasibabu, en Kinshasa en el seno de una familia acomodada. Gullit tocó tierras gallegas por primera vez en febrero, justo a tiempo de poder inscribirse para disputar el Nacional y tras solventar unos problemas de papeleo.

Mukendi / EPL

Dicen de él que es un muchacho tímido, pero que cuando toma confianza le gusta hacer bromas constantemente. El Estudiantes de Lugo acoge a sus becados en la Residencia Abeiro dentro del Campus Universitario lucense. Mekundi ha sido ‘acogido’ por dos juniors del club: Charles Nkaloulou, también de Kinshasa, y Jeremy Villeux, que habla fluidamente francés y que, junto a su familia de origen canadiense, se ha ocupado especialmente de apoyar a Mukendi. No es la única ayuda que ha recibido y, según fuentes del club, tanto el vicepresidente económico, Jesús Lázare, como los padres de su compañero  Sergi Quintela, se preocuparon especialmente de su adaptación. La gran barrera para su integración es, como en los anteriores casos, el idioma, que estudió en el Instituto Nosa Señora dos Ollos Grandes. Desde el club afirman que la comunicación de Mukendi con su familia congoleña fue fluida.

Son tres breves miradas al trabajo que realizan estos clubs, elegidos a modo de ejemplo, más allá de la pista para formar a estos jugadores que están en el centro de un debate que se expande en un discurso competitivo, legal, económico, en otros intereses, pero no tanto en los derechos de unos chicos que salen de sus países siendo unos adolescentes en busca de unos sueños que en muchas ocasiones no alcanzarán.




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