Es un tema recurrente cuando hablamos de ACB. La falta de audiencias semana tras semana de los partidos es el epicentro de muchas conversaciones de los aficionados y expertos de todo tipo. La cura para el mal del ‘share’ es solucionado por unos con la necesidad de negociar un nuevo contrato con otra cadena que haga el milagro obrado ‘con las motos o los coches’, una privada que venda bien la marca (no hablemos del tema de la camiseta de Rudy…). Hay críticos o interesados que abaten las piezas por la falta de interés y espectáculo ante lo sobredosis de fútbol o bajo el argumento que lo que mola es la selección y el resto nanai. Blanden los números del Eurobásket, de la bandera patriótica, pero también el ‘triunfo’ de un Rusia-Francia, aquellos que ponen a la ACB castigada contra la pared por la torpeza para vender su producto. El gurú Gonzalo Vázquez, el amigo Jacobo Rivero y el único hombre capaz de entrevistar a Guardiola, David Trueba, coincidieron hace unas semanas en abordar el dilema desde una visión generalizada en la que se muestra el mal en la simplificación de la oferta en el monocolor arcoiris de la TDT y la nueva cultura del pelotazo televisivo. Como si no interesara realmente reflotar el material. Los simplistas afirman que el baloncesto no interesa y que a la ACB le falta calidad y chispa. No digo que algunos o todos tengan parte de razón…
A mi entender el hecho que recordemos con tanto cariño la figura de Andrés Montes algo tiene que ver con este valle de audiencias. Llorar a un ‘jugón televisivo’ que tuvo su cénit de popularidad retransmitiendo partidos de madrugada es en estos mundos un acto de fidelidad supina, pero también un ejemplo absoluto de lo que cala en la gente (entrega, desparpajo, naturalidad…). Vale que es la NBA, que allí se hacen las cosas bajo la veneración del espectáculo, y que el ‘reenganche para muchos’ fue el advenimiento de los Gasoles, pero que un Bucks-Clippers nos quitara el sueño era culpa de este señor con pajarita y su inaterable opuesto, el señor Daimiel. Este indicio comenta que algo falla en la televisión pública y no le echemos todo el muerto a Arsenio Cañada y esos compañeros tan volátiles que tiene (su duración es inferior a la vida de un insecto). Centrémonos en el ente público, que por algo es de todos, y apuntemos hacia el centro del problema. Tienen tres balas, apunten bien. Y no se vayan sin decir el por qué de su selección. No me sean cobardes, cuates.
P.D: Tenéis la opción de añadir otro punto: grafismo, uso de imágenes de archivo, uso de nuevas tecnologías… y lo que se os ocurra.



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