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mar
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Wat Misaka, mi querido enemigo (y 2)

Este reportaje viene de una primera parte que puedes leer aquí

No hubo desfiles para Wataru a su vuelta a Estados Unidos. No los necesitaba ni los quería. Nunca se había sentido un héroe. Simplemente, sus pies seguían recorriendo la senda con paciencia, paso a paso, fuera sorteando borrachos en la calle 25 de Ogden, defensores en el Madison Square Garden o miradas heridas entre la destrucción de Hiroshima. Él se limitaba a caminar hacia su destino, fuera cual fuera. Quizá por eso su llegada a Utah no fue nada traumática porque reingresaba en un pasado que la guerra no había destruído y sólo tenía que continuar hacia delante desde el mismo punto de partida. Ese mismo que quedó esperándole en las aulas donde quería terminar su ingeniería y en la pista donde la aguardaba la camiseta roja de los ‘Running Utes’.

Las dos campañas sin ‘Little Wat’ no habían sido tan exitosas para los muchachos de Vadal Peterson. Solo alcanzarían como campeones el torneo nacional en 1945 con un récord de 17-2, pero perdieron en primera ronda con la Oklahoma A&T del mítico entrenador Hank Iba y el interminable Bob Kurland –considerado primer jugador de 7 pies de la historia–, que a la postre firmaría el primer bienio triunfal en la NCAA.

La siguiente temporada mantenía a los Utes en un segundo plano pero con opciones de recuperar con Misaka los laureles que aún no habían marchitado. Contaba Vadal Peterson con dos all-American como Ernie Ferrin y Vern Gardner y el veterano Dick Smuin como único superviviente, junto a Misaka y Ferrin, del título de 1944. Las condiciones de entrenamiento habían mejorado tras la retirada de los militares del centro de prácticas y la normalización académica de la competición. La liga regular transcurrió sin muchos sustos y la plantilla fue calentando motores para el momento clave de los cruces. Un balance positivo de 16-5 permitía al grupo de Vadal Peterson obtener la invitación para volver al NIT y al Madison Square Garden, aunque no era suficiente para colarse en la lucha por el entorchado nacional, entonces limitada a ocho participantes.

El caprichoso destino hacía que Wat Misaka volviera a Nueva York. Su regreso no pasaría desapercibido para los medios de la Gran Manzana. ‘KiloWatt’, como lo apodó un periodísta por su electrizante aparición en pista, seguía siendo un ídolo pese a sus dos años de servicio por la patria. Sufriendo ante Duquesne (45-44) y West Virginia (64-62), los Utes se plantaron con muchas penurias en la final ante, de nuevo, la poderosísima Kentucky. Los ‘azules’ de Lexington querían revalidar su título en el NIT y por ello mantenían bien alto el cártel de favoritos que sostenían Ralph Beard, considerado como el mejor base de todo el país, y Alex Groza.

La gran expectación generada, más de 15.000 ‘newyorkers’ llenaron las gradas, en torno a Misaka por los devotos locales no quedó decepcionada y su relación de amor se amplificaría tras esa noche. Su defensa asfixiante y pegajosa como una tarde de agosto, negando el contacto con el cuero a Ralph Beard, desnortó la táctica de Adolph Rupp. “Dejó a Beard en un solo punto. Y porque cometió una falta sobre él”, relata Ferrin. Los ‘Big Blue’ de Kentucky perecieron entre la maraña de trampas de los Utes que tuvieron a un pequeño japonés como mejor guerrillero. “El pequeño Wat Misaka, nacido en Estados Unidos pero de ascendencia japonesa, fue el mejor de sus compañeros al no parar de interceptar pases haciendo que la noche para Kentucky fuera desesperante”, escribió el redactor del New York Times en la crónica del partido. El bajo marcador de 49-45 propició que la universidad del estado mormón levantara el prestigioso NIT, convirtiéndose en el primer centro en aglutinar los tres principales torneos académicos (NCAA, NIT y AAU). Pese a la exhibición defensiva de Wat, su compañero Vern Gardner sería proclamado MVP de la final, asignación que fue abucheada desde los abarrotados graderíos del MSG. La epopeya de los chicos de Peterson se agrandaría poco después como la dimensión del rival abatido. Los Wildcats lograrían un bicampeonato universitario pasando a la historia como el ‘Fab Five’ original. “Nos sentimos como si fuéramos campeones del Mundo”, rememora Wat.

Era un final ‘made in USA’ con un ‘japo’ como protagonista. Ni en Hollywood podían escribir un mejor ‘happy end’ para la carrera de Wat. Levantando su segundo título en dos años, protagonista de la final tras volver de la guerra y siendo ovacionado por el mejor y más grande ‘teatro’ de baloncesto del Mundo. La gloria nunca imaginada para un chico criado entre prostíbulos y marginado por el color de su piel. Pero se equivocaba. Otro pequeño paso del destino le llevaría de regreso a ese lugar en el que retumbaba su nombre. De repente sonó el telefono de la barbería de la calle 23. Al habla el entrenador. Vadal Peterson le citaba en el Hotel Utah, un céntrico y lujoso edificio de Salt Lake City. Debía ir bien vestido.

Cuando Wat estrechó la mano de Ned Irish no podía creérselo. Había viajado hasta la puerta de su casa para hacerle una oferta que no podría rechazar: ser un Knick. El presidente del equipo más famoso del planeta ‘drafteaba’ en el puesto 60 a un nisei llevado por el ‘boom’ que en la ciudad había originado su presencia en el NIT y que ahora se repite sin trabas raciales, más bien todo lo contrario, con Jeremy Lin como ‘cenicienta’ del cuento. Con un contrato garantizado de 3.000 dólares por temporada, toda una pequeña fortuna, Misaka tenía una camiseta azul con el número 15 esperándole en el Garden.

En octubre de 1947, con 24 años, Misaka tomó un tren y se plantó en mitad de la pretemporada de un equipo profesional. Joe Lapchick sería su entrenador en un vestuario repleto de jugadores que habían triunfado en centros escolares de Nueva York. El ambiente ya no era igual de fraternal que en las clases de Utah y tuvo que soportar las típicas novatadas. No todos le recibieron con los brazos abiertos. Era un paleto en medio de una gran metrópoli. Para suavizar el abismo de todos los cambios que debía afrontar, le emparejarían con otro novato local como cicerone.  Su compañero de habitación del Hotel Belvedere sería otro rookie que compatibilizaba el baloncesto y el béisbol profesional, Carl Braun. Pronto se hicieron inseparables en sus paseos, donde Wat era frecuentemente parado por desconocidos para halagar su juego en el NIT. Juntos iban a los entrenamientos y a los partidos de preparación durante esas tres semanas, pero también a los combates de boxeo, a las salas de fiestas, a los estrenos de Broadway, al estadio de los Yankees, incluso no era extraño que Braun invitase a cenar a Wat en su casa familiar de Long Island… Era feliz y sin saberlo estaba haciendo historia. Wat se estaba convirtiendo en el primer ‘no blanco’ en jugar en la ABB, liga nacida cara utilizar los pabellones los días libres que dejaba el hockey hielo y que dos años después se convertiría en la NBA. Ese mismo año Jackie Robinson rasgaría las mismas barreras de la discriminación siendo el primer negro en participar en las Grandes Ligas de béisbol con los Brooklyn Dodgers.

La afición de los Knicks acogió con júbilo a su exótico ídolo, pero los directivos del club no las tenían todas consigo, nerviosos ante los posibles incidentes que la presencia de Wataru podría producir en los desplazamientos, pese a que en la competición solo había equipos del progresista Este. De repente, después de haber sido por primera vez titular en un partido ante los Steam Roller de Providence, sin aviso previo, Misaka volvió a encontrarse en una oficina del MSG frente al semblante del señor Irish. La sonrisa que amanecía en Utah era ahora un línea recta de seriedad en el rostro del presidente. Los Knicks habían decidido tras tres partidos (anotó 7 puntos) ‘cortar’ al chico de Ogden. La prensa justificó la decisión por su debilidad física, pero el trasfondo racista era evidente hasta en el silencio de la época. “Me sorprendió, no me lo esperaba”, recuerda ‘Kilowatt’. “Me dijeron que era decisión del entrenador, que los directivos no querían echarme pero no tenían opción. Ahora me gustaría poder volver a ese momento y preguntarle por qué”. Tras jugar un año en una liga local solo para japoneses, se retiraría y nunca más volvería a jugar al baloncesto.

Otro paso más al puerto de partida. Misaka regresaría, dónde si no, a Utah para formar una familia (se casaría en 1952 con su novia Katie y tiene dos hijos) y desarrollar su carrera como ingeniero mecánico. Antes recibiría otra llamada. En una parada de su viaje a Ogden, en Chicago, tendría un sorpresivo ofrecimiento que podría haberle cambiado la vida. Abe Saperstein, fundador y entrenador de los Harlem Globertrotters le reclamaban como aliado y le ofrecía un contrato por unirse a sus filas. Wat rehusó su intento con amabilidad y se perdió en el anonimato. Al menos esa llamada le sirvió para considerarse apreciado como jugador de baloncesto.

La sociedad americana cambio al mismo ritmo con el que el destino jugaba con Wat. Paso a paso, los derechos de las minorías fueron reclamados y adquiridos en una lucha que hoy no ha cesado. El deporte fue un agente normalizador de muchas causas y en el baloncesto la comunidad afroamericana encontró un campo donde reivindicar sus derechos, pero los logros eran esquivos en el recuerdo de un pionero como Wataru Misaka, solo reconocido entre la comunidad asiática. “La mitad de los que vivíamos en los campos teníamos 18 años, por lo que puedes imaginar qué significaba él para los adolescentes. Fue un héroe, toda una inspiración, y, tal vez, la esperanza de que a pesar de que en la Costa Oeste fuésemos tratados como ciudadanos de segunda clase en otras partes de los Estados Unidos no fuéramos tratados como enemigos”, comentó en una entrevista Marielle Tsukamoto, presidente de la Liga de ciudadanos americano-japoneses. El silencio sobre su figura fue quebrado en 2009, cuando dos directores de cine, Bruce Alan Johnson y Christine Toy Johnson, se interesaron por su existencia y rescataron su vivencia en un documental llamado Trascending: La Historia de Wat Misaka.

La difusión de la película, premiada en varios festivales, despertó reconocimientos de urgencia dormidos durante décadas en el olvido. La ceremonial y políticamente correcta NBA no podía dejar pasar esta oportunidad para lavar su imagen ante el emergente mercado asiático y las malas connotaciones en sus intereses presentes que tenía el histórico olvido. En medio del escaparate del All Star de Phoenix en febrero del 2009, el propio David Stern reconoció su valentía y su ejemplo para romper barreras. No fue la única restitución del legado de Misaka. En agosto del mismo año, Wat volvería por primera vez a Nueva York desde su agria despedida. Invitado por los Knicks, el jugador pisó el simbólico parqué en el que un día rebotó su nombre coreado. Apellido, no obstante, que no aparecía entre la lista de integrantes en el espacio dedicado al equipo de la temporada 1947-48 dentro del estadio neoyorquino. Su número, el 15, colgaba del techo, pero no en su honor, sino rememorando a Earl Monroe y Dick McGuire. Demasiadas ausencias accidentales. Meses más tarde, el 20 de diciembre, durante un partido contra los Bobcats, todos estos agravios serían resueltos cuando los Knicks invitaron a Wat para ser recibido con una enorme ovación en mitad de la pista. Merecido homenaje.

Tampoco en el Salón de la Fama había un hueco para él en el apartado de ‘diversidad’ hasta la promoción del documental, cuando curiosamente y como si fuera un mal chiste su nombre sí figuraba dentro de los mejores  jugadores de bolos del Estado de Utah desde 1996. La renconciliación con su leyenda le llevó hasta la misma Casa Blanca. En un acto con la comunidad asiática, en octubre del 2010, Barack Obama le invitó y remarcó su ejemplo integrador desde su “espíritu competitivo como atleta”.

La irrupción de Jeremy Lin ha vuelto a limpiar el polvo de las hemerotecas para rescatar de la tranquilidad a Wat. Sus historias encuentran trayectorias paralelas en dos mundos contrapuestos, donde la libertad se descompone en múltiples colores y ya no en blanco y negro. Misaka no tiene una palabra de discordia para su pasado, ni un llanto o reclamación, quita peso a la trascendencia de su historia y luce una sonrisa en cada una de las fotografías que de él se encuentran. Contesta desde la distancia cuando le preguntan sobre el fenómeno de ‘Linsanity’, no acepta las comparaciones por humildad, rechaza parentescos, pero sí desvela una conexión que acrecienta su humanidad. Una anécdota que retrata a Wat. Cuando Lin no jugaba en los Warriors, Misaka decidió mandarle una carta a las oficinas de Oakland para animarle a no abandonar su aventura y para motivarle a reunir fuerzas para como él, continuar hacia su detino paso a paso. Lin, en una entrevista reciente, reconoció que recibió la misiva y que fue una inspiración conocer la historia de Wataru. “Él es más alto que yo y juega muy bien el pick’n'roll, jugada que en mi época era considerada falta”, reconoce Misaka en un reportaje de George Vecsey (NY Times), que reconoce que la sociedad ha cambiado en su relación racial y que la NBA es una organización internacional inimaginable en los años 40.

Con 88 años y jubilado desde 1981, Wat Misaka sigue viviendo en Utah junto a su mujer. No va a ver a los Jazz ni a los Utes, aunque los sigue desde la televisión mientras cuida a sus tres nietos. Ha cambiado los bolos por el golf, porque la pelota pesa menos. En breve volverá a reunirse con sus compañeros de los equipos de 1944 y 1947 para celebrar el 65 aniversario del triunfo en el NIT, la mejor “noche de mi vida”, como él afirma.

En la reunión no estará Masateru Tatsudo, el otro nisei al que le apartaron de la gloria porque dos japoneses en el mismo equipo “eran demasiados” y que vivía encerrado en el campamento de concentración de Topaz. En las imágenes de Trascending se recoge la grabación con una cámara de 8mm que hizo el hermano de Masateru, Dave, que recuerdan el único día que Wat Misaka cruzó la alambrada del campo. Cuando regresaron de  Nueva York tras vencer la final de la NCAA en 1944 y antes de enrolarse en el ejército, Misaka fue a casa de su amigo para entregarle la manta conmemorativa que habían recibido todos los compañeros del equipo de Utah por vencer la NCAA. “Fue la primera y única vez que estuve en el campamento, y fue un verdadero shock para mí. Había oído historias y visto fotos, pero comprobar el ambiente del desierto sombrío fue muy deprimente. Sonreí mucho en esa película, pero sentía dentro de mí toda la injusticia de todo esto”, recuerda Wat Misaka. La tela granate, descosida por el tiempo, el olvido y la rabia, durmió bien guardada por Tut hasta su muerte en 1997.

La familia Misaka al completo

21
feb
12

Wat Misaka, mi querido enemigo (1)

Las calles eran polvo. Todo era polvo. Arriba el sol y abajo las piedras, el mismo desierto infinito en el que los conquistadores españoles buscaron la imaginaria ciudad dorada de Cíbola. Allí no hay más que la nada. La única riqueza la reflectaba el brillo sílice de la cúspide del Topaz, cuya lejana sombra era un alivio que no cruzaba el perímetro de la alambrada. Cerca del espino no hacia mucho había muerto abatido por las balas James Wakasa. Tras el incidente las medidas de seguridad se habían suavizado para calmar los ánimos y los internos podían salir a trabajar o ir a la universidad fuera del ‘campo de relocalización’. En el último recuento eran más de 8.000, la quinta población más grande del estado de Utah en esa primavera del 1943. Wat Misaka sólo cruzó una vez los controles para ver a su amigo Masateru ‘Tut’ Tatsuno, interno con su familia tras ser obligados a malvender su casa en San Francisco. Ambos jugaban al baloncesto en el equipo de la universidad estatal, pero en raras ocasiones lo hacían juntos. Si alinear a uno ya resultaba conflictivo, tener dos nisei (americanos de origen japonés) en el mismo equipo podría resultar una provocación intolerable para cualquier aficionado. El entrenador Vadal Peterson no quería arriesgarse. Todos tenían un familiar, un vecino, un amigo en la Guerra. Todos habían llorado por Pearl Harbor. Por eso cuando en 1944 los ‘Utes’ fueron al Madison Square Garden a jugar el Torneo de la NCAA, ‘Tut’ se quedó en casa, en un campo de piedras, en medio desierto rodeado por la alambrada. La gloria aguardaba a Wat en New York.

Porque 68 años antes de que Jeremy Lin iluminara el cubo de la 7ª Avenida otro pequeño base de ojos rasgados escuchó el aplauso desbordado de los neoyorquinos. La actual explosión en el juego del estadounidense de origen taiwanés y la onda expansiva que ha originado en medios y redes sociales tuvo su chispazo en este menudo base japonés. Una pequeña llama que rompió las barreras de la segregación y el racismo convirtiéndose en el primer jugador no caucásico en competir en la NBA en un tiempo en el que más de 110.000 japoneses o americano-japoneses fueron desplazados por miedo al sabotaje de la costa Oeste y encerrados en campos de concentración en plena Segunda Guerra Mundial. Un periodo de batalla en el que Wat y los suyos eran ‘japos’, ‘amarillos’, el enemigo. Pero esta historia empieza mucho antes y un lugar lejano de escalofriante recuerdo: una pequeña granja cerca de Hiroshima.

Funeral de James Wakasa, abatido en el campo de Topaz

Huyendo de la dureza de la tierra, huérfano, Fusaichi ‘Ben’ Misaka tomó un barco hacia Estados Unidos para trabajar en la construcción del ferrocarril en 1902. Tenía 19 años. Al poco tiempo se instaló en Ogden (Utah) y abrió una peluquería junto a su mujer, Tatsuyo, con la que se había casado en 1922 en un breve retorno a su país. Poco después, en la semana previa a la Navidad de 1923, nació su primogénito, al que llamaron Wat. La calle 25 de Ogden no era el mejor sitio para criar a un niño. Hasta once prostíbulos se alineaban entre fumaderos de opio y tabernas de mala fama, centros de delincuencia, violencia y asesinato en un área donde se agolpaba la población inmigrante discriminada por los barrios pudientes de mayoría blanca y mormona. Los Misaka sabían que siempre serían los últimos en ser atendidos en una tienda o que en el cine deberían ocupar los peores asientos. Pero Wat vivió ajeno a esa realidad. Era buen estudiante, sociable y echaba una mano en el negocio familiar sino estaba practicando atletismo o béisbol, siempre en las ligas exclusivas para japoneses. “Mientras hiciera mis tareas, me quedase fuera de problemas e hiciera mis deberes, todo estaba bien”, recordaba a una entrevista de un diario de Salt Lake City. Él, simplemente, era feliz. Esa calle era su patria.

Cuando Ben murió en 1939, Tatsuyo se vio acorralada sin trabajo y con una familia que mantener. Volver a Hiroshima era una alternativa para escapar del hambre y el estigma de una mujer sola cuidando de sus tres hijos. Pero Wat, con 15 años, se negó a volver a una tierra de la que su padre había escapado y que no sentía como suya. “Usted puede tomar a mis hermanos e irse. Pero yo me quedo”. Su cabezonería, seguramente, le salvaría de la bomba que pulverizó la ciudad nipona y le permitió cumplir su sueño de estudiar ingeniería en la universidad mientras seguía jugando al baloncesto. Un ‘amigo blanco’ pagó la licencia de la peluquería y la madre aprendió el oficio de su difunto marido, mientras Wat seguía echando una mano mientras acudía al college local de Weber State, donde ya había ganado fama de escurridizo defensor en varios campeonatos y notaba menos los efectos de la xenofobia en un ambiente culto y tolerante. Así, un 7 de diciembre de 1941, mientras barría el suelo de flequillos y melenas cortadas, puso la radio para entretener la rutina. La noticia hizo saltar por los aires la tranquilidad. Cazas japoneses habían atacado Pearl Harbor. La guerra era inminente.

Jóvenes llenaron las oficinas de reclutamiento pidiendo venganza. Voluntarios para una carnicería en Midway, Guadalcanal, Guam, Peleliu o Iwo jima. Las filas de nuevos reclutas vaciaron las aulas y los gimnasios. Con un solo becado, Vadal Peterson, entrenador de la Universidad de Utah, no quería echar a perder la temporada y cancelar el programa de baloncesto como habían hecho otros centros. Se vio obligado a poner un anuncio para completar su plantilla con los pocos alumnos que no habían corrido al frente (los estudiantes de ingeniería y medicina estaban exentos). Wat y Matsudo, interno en Topaz aunque tenía un permiso para ir a las clases, por cuya genética no podían alistarse, respondieron a este otro reclutamiento. Otro ‘paleto’ de Ogden, un fuerte mormón excluido del servicio militar por un problema de rodilla y que nunca se había atrevido a pisar la calle 25, jugaría con ellos. Se llamaba Arnie Ferrin, apellido inscrito en la primera gran dinastía de la NBA: ganaría dos títulos de la NBA con los Lakers de Minneapolis de George Mikan.

Equipo de la Universidad de Utah de la temporada 1943-44 con Misaka (21) y Tatsuno (17)

La temporada fue buena pese a todas las barreras. Su pabellón, el Einar Nielsen Field House, había sido por el ejército como cuartel y debían habilitar el gimnasio femenino para entrenar y jugar en pabellón en Salt Lake City cuyas dimensiones no eran reglamentarias. Peterson se adecuó a lo que tenía dado que todos los jugadores eran de 30 kilómetros a la redonda y los mejores físicos vestirían durante un par de temporadas el uniforme caqui del ejército. Ideó un equipo correoso, pegajoso en defensa y que explotaba las habilidades ofensivas de Arnie Ferrin. Si no eran pocas las dificultades del momento, la hostilidad de las aficiones rivales al ver a un nisei en el rival no ayudaba, por lo que Peterson evitaba ponerlo en el quinteto para ‘suavizar’ su entrada. Japs go home! Los insultos eran constantes e incluso en medio de un partido Misaka fue ‘secuestrado’ durante un ataque por un grupo de hinchas del adversario que lo retuvieron tras la banda. El miedo a estos incidentes llevó hasta a situaciones cómicas, como en la previa de un importante encuentro. Misaka no aparecía y sus compañeros pensaron que habría sufrido alguna represalia racista. Sin embargo, al volver a su habitación lo encontraron plácidamente echando una cabezada. Se había quedado dormido. “Seguramente nunca fuimos conscientes de todas las adversidades que tuvo que pasar en esos días por jugar con nosotros”, se sincera Ferrin en un documental sobre su compañero. “Yo simplemente prefería no escuchar lo que me decían y seguir jugando al baloncesto”, contestaba Misaka en una entrevista.

Con todas las incomodidades en los desplazamientos, solo tres derrotas (18-3), casi todas ante potentes academias militares ‘reforzadas’ por soldados ilustres, les llevaron a obtener la invitación para el prestigiono NIT que se celebraría en Nueva York. Un esguince de tobillo en el partido anterior del pívot y estrella Fred Sheffield permitió a Wat Misaka, especializado como ‘sexto hombre’, jugar más minutos de lo habitual en la primera ronda ante los Wildcats de Kentucky. Sus rasgos orientales y su rapidez, su habilidad defensiva pese a su altura (1.70), iniciaron un idilio con la afición del MSG y la prensa de la Gran Manzana que fraguaría su destino. “Su juego espectacular provocó rugidos de aprobación. Viéndole uno se pregunta cuál sería la reacción de una multitud de Tokio en un evento deportivo en este momento, si uno de los jugadores se llamara Kelly o Doolittle”, se preguntaba Wilbur Wood en el New York Sun, según recogía un artículo de ESPN. Pero su presentación en NY no fue suficiente, así como el informe técnico que Vadal Peterson había comprado por 25$ a un ‘experto’ y que había resultado ser un engaño, y los Utes perdieron ante el imponente quinteto de Adolph Rupp (46-38).

Wat lucha un balón ante Kentucky

Tras unos días  asistiendo al Copacabana, tocando el cielo desde el Empire State Building o paseando por los muelles repletos de barcos de guerra (“Te imaginas que subo corriendo gritando Banzai”, bromeaba Wat con Arnie Ferrin), con las maletas hechas para volver a casa, el infortunio ajeno les abrió una puerta inesperada para convertirse en la primera “Cenicienta” de la NCAA. Un mortal accidente de tráfico de la expedición de Arkansas (un directivo muerto y dos titulares gravemente heridos) provocó su abandono prematuro del cuadro final del torneo universitario y la organización decidió cubrir su baja con los chicos de Utah. Tres largas jornadas de viajes desde New York les llevarían a Kansas City para disputar la fase regional. Ni el cansancio pudo con el espíritu de un equipo que logró derrotar a Missouri (45-35) y a Iowa (40-31) para volver a la Capital del Mundo como campeón del Oeste y disputarse el título nacional con Dartmouth, nutrida por estrellas universitarias reclutadas por los Marines que deberían volver a filas al terminar el partido fuese cual fuese el resultado.

El 28 de marzo de 1944, el cosmopolita Madison estaba a reventar. Unos 15.000 espectadores, récord hasta entonces en el deporte universitario, aguardaban entusiasmados a los ‘granjeros’ de Utah y, sobre todo, a su japonés (algunos periódicos lo ‘camuflaron’ como hawaiano inducidos por el propio Vadal Paterson para apaciguar los ánimos). Las apuestas eran 7-1 en su contra. El juego alegre y veloz, intenso en defensa, volteó los pronósticos y llevó por primera vez a una final universitaria a la prórroga en medio de la nube de humo que envolvía la pista. La bruma del tabaco casi impidió ver cómo el último tiro entraba en el aro y los Utes se proclamaban campeones de una nación en Guerra con un ‘enemigo’ como aliado. Era la victoria de “los niños abandonados de la postemporada”, como escribiría Irving Marsh en el New York Herald Tribune. Con 22 puntos Arnie Ferrin sería proclamado MVP del torneo y el equipo pasaría a la historia como “The Whiz Kids”.

Dos días después volverían a un Garden entregado para disputar el partido de la Cruz Roja, promovido para recaudar fondos para la Guerra (40.000$ esa noche), y ganar ante los locales de St.John’s, campeones del NIT. Y Misaka volvería a ser ovacionado pese a que el rival jugaba en casa. “Fuese real o no, sentí menos prejuicios contra mí en Nueva York que en otros sitios. Los neoyorquinos son grandes fans de los oprimidos y realmente sentí su apoyo, incluso en el partido ante St.John’s”, contaba Wat Misaka en NBA.com.

En el viaje de vuelta a Utah el responsable de los ferrocarriles acomodó a la expedición en un lujoso coche cama y agasajó a los héroes con fresas y carne, manjares difíciles de hallar en la carestía de los tiempos bélicos. En una parada del trayecto, ‘Coach Peterson’ llamó a Masateru Tatsuno para que se pusiera su mejor traje y se incorporase al desfile en coches descapotables que serviría de celebración a su llegada a Salt Lake City. Nada más pisar el andén, Wat Misaka se encontró a su madre con una carta sellada con el membrete del ejército. Wat debía incorporarse en un mes al servicio militar para ser enviado donde años atrás no quiso ir. El ‘Tío Sam’ veía el final de la Batalla del Pacífico tras sus avances en Filipinas y necesitaba traductores japoneses para recabar toda la información posible de los capturados antes del desembarco final. Ya no importaba tanto el color de la piel y los nisei eran expuestos ahora como un símbolo de la libertad americana (dos regimientos de nisei habían liberado cerca de Munich el campo de concentración de Dachau). Durante una larga instrucción en Minneapolis y Alabama demostró su buena puntería y conoció la caída de Berlín cuando viajaban hacia California para ser embarcados hacia su primer destino: Manila. En mitad de la eterna travesía en barco, Misaka y su batallón fueron informados de la explosión de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki. El 14 de agosto del 1945 se firmaba la rendición incondicional en medio de la algarabía que se formó en la cubierta del buque. Su misión sería en tiempo de paz.

Nada más llegar fueron internados en un circuito de carreras. Toda una paradoja. “Era muy parecido a los campos de internarnamientos en los que vivían los nisei en Estados Unidos”, ironizaba en una entrevista a una radio de Utah. El soldado Misaka fue asignado a un campo de prisioneros gracias a la mediación de otro ‘nip’ de Ogden (unos 3.000 vivían en el Norte de Utah). Allí realizando labores de traducción en los interrogatorios, juicios y otras actividades para el servicio de inteligencia, que utilizó a más de 3.000 nisei durante la contienda. En la enorme prisión de Luzón (unos 150.000 prisioneros) entabló relación con alguno de los altos mandos del Ejército y Marina Imperial japonés, de los que guarda palabras de admiración. Quedó impresionado con el orgullo marcial de los generales Homma y Yamashita, hombres cultos que entregaban todas sus pertenencias a soldados de menor rango sabedores de que morir fusilados era la única opción honorable antes de la vergüenza de volver a Japón como perdedores. Wat cuenta que guarda con cariño una carta que Homma le escribió de su puño y letra agradeciéndole el trato recibido en su cautiverio. Fue fusilado el 3 de abril de 1946.

Pero también conoció la otra cara de la moneda, a chicos como él, nacidos en Estados Unidos que habían emigrado a Japón antes de Pearl Harbor y habían sido alistados voluntariamente o a la fuerza para defender las posesiones del Emperador Hirohito. A uno de ellos, que conocía porque su padre era el encargado de comerciar con productos nipones en Ogden y tenía nacionalidad estadounidense, lograron incluso ‘salvarle’ la vida al corroborar su origen ante las autoridades.

Unos meses después fue enviado a Japón. Allí permanecería nueve meses. En un principio se encargó de comprobar que las ediciones de los periódicos en japonés no se saltasen los límites de la censura, pero pronto recibió otra misión que le acercó a la realidad. Debería formar parte del destacamento de interrogadores que redactaban informes sobre el efecto moral de los bombardeos en los civiles. Wat fue trasladado a diferentes partes de la isla principal, incluído Hiroshima en la provincia natal de su familia. “Solo se mantenían en pie los esqueletos de los árboles carbonizados”, relataba Misaka. Comprobó en primera personal la devastación nuclear y felizmente como su tozudez adolescente de quedarse en Estados Unidos seguramente había salvado la vida a toda su familia. Lo verificó al visitar la casa de un tío detrás de una colina. Allí comió ostras, desconociendo los efectos de la radiacción en ese momento, y almuerzo al que más tarde culparía de que no pudiera tener hijos hasta doce años después de su matrimonio. Fue una de sus pocas excursiones fuera de su tarea militar porque cuando pisaba la calle notaba en las miradas que allí, otra vez, sus rasgos le condenaban. “No importa donde mirase, yo era un traidor a los ojos de la gente [...] Era un hombre sin país, porque los japoneses me veían como un traidor y los americanos no confiaban en mí porque veían a un japonés”.

Licenciado del ejército, volvió a Estados Unidos donde su historia de superación a las barreras del racismo y la discriminación no había hecho más que comenzar, sin saber que volvería pronto al Garden y que una camiseta de los Knicks le aguardaba con su nombre, el nombre del enemigo que era coreado por los neoyorquinos. “Yo no intentaba hacer nada fuera de lo normal, ignoraba cualquier discriminación y evitaba la confrontación. Todos en el equipo eran blancos y simplemente actuaba como uno de ellos, como si no hubiera diferencia”.

Continuará…

18
feb
12

¿Quién será el primer español de la NBA en hacer un triple doble esta temporada? (encuesta)

Hacer un triple doble se ha convertido en un rasgo de excelencia en el baloncesto moderno. Pieza de coleccionista en Europa, hay verdaderos expertos en este arte en la NBA. Acaparadores de estadísticas actuales como Jason Kidd, Lebron James, Rajon Rondo o Grant Hill o monstruos históricos como Oscar Robertson (181, único en promediarlo durante una misma temporada), o Magic Johnson (138) han sido verdaderos especialistas. El único español que ha logrado entrar en esta categoría es Pau Gasol, que ha completado cuatro actuaciones de al menos ’10-10-10′ en sus 10 años de carrera. Su primer triple doble fue registrado en el libro de patentes el 8 de marzo de 2006, cuando se enfrentó a los recolocados Sonics de Seattle como miembro de los Grizzlies (21 puntos, 12 rebotes y 12 asistencias). El siguiente fue el 24 de enero de 2007, también en Memphis, con 17 puntos, 13 rebotes y 12 asistencias. El tercero, ya como miembro de los Lakers, tuvo lugar el 17 de febrero de 2009, contra los Hawks, con 12 puntos, 13 rebotes y 10 asistencias. Ningún compatriota logra una de estas joyitas desde que el alapívot de los Lakers se marcara uno al principio de la campaña pasada ante los Blazers (20 puntos, 14 rebotes y 10 asistencias). El próximo se resiste para la saga hispánica que dispone de simientes suficientes para sumar en cualquier jornada una de estas pequeñas perlas estadísticas que consagran al partido completo. Pau y Marc Gasol, Ricky Rubio, Serge Ibaka y José Calderón lo han rozado tras desenredarse el lockout sin conseguirlo por poquito. ¿Quién será el próximo?

Su nueva ubicación en la ofensiva de Mike Brown hace que Pau no disponga del balón tanto como en sus tiempos en Grizzlies o con Phil Jackson. Eso tiene una consecuencia directa sobre el número de asistencias que está dando y lo que reduce sus opciones de sumar más triples dobles. Mientras sus dobles dobles en puntos y rebotes suelen ser una marca de la casa (19, 3º en toda la Liga), en este curso sólo ha logrado un partido de dobles figuras en pases de canasta, precisamente el día que más cerca ha estado de rozar su quinto hito numérico: 8 puntos, 8 rebotes y 10 asistencias (Indiana, 22 de enero).

Quizá sea su hermano Marc el que lo ha tenido más cerca de las puntas de sus dedos. Sería un premio magnífico para una temporada inolvidable que quedará marcada por su presencia en el All Star. Su trascendencia dentro de los Grizzlies queda expresada en los boxscores. Es el ‘osezno’ que más juega, el que más rebotea, tapona y doble dobles realiza (8º en NBA con 15), además del segundo anotador y asistente. La pelota orbita sobre él cuando está en pista, lo que hace además que sea uno de los interiores con mayor capacidad de pase de toda la NBA y un candidato magnífico para el completar un triple doble. El mejor ejemplo lo dejó ayer por la noche (17 de febrero) ante los Nuggets con un soberbio (16 puntos, 14 rebotes  y 8 asistencias). No es la primera vez que se queda con la miel en los labios: 22 puntos, 13 rebotes y 7 asistencias ante New Orleans el 18 de enero y 21 puntos, 11 rebotes y 6 tapones frente a Utah el 6 de enero. Pero si queremos ser ambiciosos, Marc puede ser la mejor baza del baloncesto español para firmar una hazaña al alcance solo de unos elegidos. Hablamos de consagrarse con la rareza de un cuádruple doble. Esta temporada, el 21 de enero ante Sacramento, aunque aún lejano, se fue hasta una estadística remarcable de 20 puntos, 11 rebotes, 5 asistenticas y 6 tapones. Solo cuatro jugadores han logrado un cuádruple doble en la historia de la NBA: Nate Thurmond, Alvin Robertson, David Robinson y Hakeem Olajuwon.

Las comparaciones más sobadas con Ricky Rubio le quieren encajar en la silueta deportiva de Pete Maravich, Jason Kidd o Rajon Rondo, los tres verdaderos estandartes del playmaker capacitado para hacer muchas cosas y, por lo tanto, sumar triples dobles. El actual campeón con Dallas es tercero en el ránking histórico (107) en esta faceta. Las similitudes con el base del Masnou nacen en buena medida de ese concepto global, de ese juego que le ha hecho en varias ocasiones rozar el triple doble más precoz para el baloncesto español. Su consecución parece cosa de poco tiempo, pero se está resistiendo. En varias ocasiones ha estado a un par de cifras más de obrarlo. Lo especial del ‘flequi’ es que su dimensión le permite realizar varias combinaciones diferentes. Aunque la que más explota es la tradicional de puntos, rebotes y asistencias (18-8-11 ante Houston el 30 de enero ó 9-8-8 ante Sacramento el 16 de enero), también podría hacerlo con la opción de robos de balón (10-10-6 ante los Nets el 3 de febrero). RR es el 20º en el listado de doble dobles (11), siendo el tercero entre los bases y el primer rookie.

Una senda poco transitada es por la que puede llegar la sorpresa. No hay que olvidarse de Serge Ibaka y su descomunal producción en tapones como opción más que seria. Este mes de febrero ‘Air Congo’ suma dos actuaciones con diez ‘chapelas’ lo que, a poco que mire el aro, hace que pueda añadir su nombre a esta categoría sin dificultades. Sin embargo, en ambas participaciones, no lo logró por la misma circunstancia: 4 puntos, 11 rebotes y 10 tapones ante Dallas (1 de febrero) y 6 puntos, 9 rebotes y 10 tapones frente a Sacramento (9 de febrero). Con un máximo de 2 asistencias por partido un plan B parece improbable para Ibaka.

A lo largo de sus seis temporadas en la NBA, el extremeño José Calderón se ha ido varias veces de la cancha con la sensación de habérsele escapado el triple doble por un pelo. No pudo estar más cerca de ello el año pasado, el 15 de enero del 2011, cuando sólo un rebote le apartó de la efeméride ante Washington (21 puntos, 15 asistencias y 9 rebotes). Siendo la actual su temporada más prolífica en rebotes (3.3), no es utópico pensar que la marca podría caer en breve. Sus recientes aproximaciones así lo demuestran: 8 puntos, 17 asistencias y 8 rebotes el 3 de febrero ante Washington y 25 puntos, 9 asistencias y 7 rebotes el 14 de febrero ante Knicks.

El rol en el que se ha encasillado (o lo han encasillado) Rudy Fernández provoca que sea el español que viva más lejos del triple doble, cuando en sus estancias europeas es uno de los aspirantes con más méritos y aptitudes para lograrlo. Con los Nuggets aún no ha hecho ningún doble doble esta temporada, por lo que pasar al siguiente nivel parece fruto solo de la imaginación de sus más fanáticos. No será por cualidades. Su mejor partido este año lo ha retratado como una pieza completa: el 11 de enero antes los Nets hizo 11 puntos, 8 asistencias y 5 rebotes.

08
feb
12

La medida de Jorge Sanz

Es en ese preciso momento, entre esas ocho estrofas de silencio y respeto, cuando Jorge encuentra su pausa. Entonces su curiosa mano rasca su bolsillo y halla la caricia confidente del tejido. En ese instante, cuando el pabellón escucha callado o canta ‘The Star-Spangled Banner’ es cuando él comprende dónde está, lo que está viviendo. Es ahí cuando entiende que esa vorágine merece la pena plenamente. Agarrado a su bandera, a su inseparable medida de la Virgen del Pilar, en mitad del himno americano, este zaragozano echa la mirada hacia atrás y recuerda ese día que llegó a Boca Raton para cumplir su sueño: ser entrenador en la NCAA.

Juguetona. La pelota que le tiraron sus hermanos Queco y Andrea le rebotaba en la cabeza encerrado en esa oficina. No paraba de despertarle del letargo del trabajo. Debía liberarla. Un día abrió la puerta para que saliera esa naranja traviesa y detrás de ella se lanzó él a perseguirla como si aún estuviera en el patio de Compañía de María o en el recreo de Tiempos Modernos, en la pista del CBZ o en la ribera del Helios. Cuatro años trabajando para una multinacional de cosmetica habían sido suficientes para entender que allí no era feliz y que solo sabía y quería hacer otra cosa. Baloncesto.  Jorge Sanz se cansó de esa vida. Quería, como esa pelota, ser libre. “Lo hablé con mi familia y mi pareja y decidí buscar suerte en Estados Unidos”. Buscó y buscó su lugar en el mundo y siguió buscando hasta que encontró tres palabras. Florida Atlantic University. “Fue casi por casualidad. Busqué por diferentes estados y por motivos de trabajo mi esposa y yo nos centramos en un principio en el área de Nueva York. Luego me dí cuenta de que encontrar trabajo no era tan fácil y busqué la vía de los estudios. Salió la opción de Florida, donde me convalidaban casi toda la carrera y tenía sólo que hacer un año más para obtener el título americano. Y además hay vuelos directos a España desde Miami”, relata Jorge. Así, un 24 de julio hizo las maletas y se plantó en Boca Raton.

Jorge Sanz, segundo por la izquierda y agachado, en su etapa en el Helios de Primera Nacional

No se encerró en las aulas. Como buen base, buscó con inteligencia el camino más claro hacia la canasta. Decidido, se plantó en el pabellón durante un entrenamiento del equipo y dijo que quería ayudar. La acogida fue buena. De discreto ‘voyeur’ pasó a tener un papelito en la obra como ‘student manager’. “Comencé grabando los entrenamientos del equipo, desde lo alto de las gradas. Los ratos que no estaba en clase los pasaba en el pabellón y cada vez fui cogiendo más responsabilidades: intercambio de vídeo con otras universidades, edición de vídeo, acompañé al equipo en varios desplazamientos y acabé haciendo un par de scoutings”. Pese a no cobrar ni un dólar, pero sintiéndose útil, aprovechó este primer curso para ganarse la confianza de todos y completar las asignaturas con las que conseguiría el título americano de su carrera (ESIC).  “¡Estaba viviendo desde dentro cómo trabajaba un equipo de la División I de la NCAA!”.

No era solo eso. Su trabajo no fue baldío. Cuando el asistente Matt McCall se marchó a la vecina y potente Universidad de Florida para ser ayudante de Billy Donovan quedó vacante la plaza de Director de Operaciones. Nadie en la FAU dudó de quién era el mejor para cubrir ese hueco. Jorge Sanz aparecería en la foto oficial de la temporada como un ‘búho’ (Owl) más. Porque a nuevo cargo, nuevas responsabilidades. Jorge se levanta pronto cada mañana, sobre las cinco y cuarto, y una hora más tarde ya está en la oficina, comprobando los mensajes y enviándolos a otros departamentos, charlando con los profesores para ponerse al día sobre las notas y obligaciones de los jugadores (“Si no estudias, no entrenas. Si no entrenas, no juegas. Sin excepciones”) o informándoles de que llegará tarde a una clase porque el entrenamiento se ha extendido un poco, coordinando actividades con los voluntarios, revisando que no haya cambios en los vuelos o en las reservas de hotel, realizando algún scouting o confeccionando un repaso estadístico… Y de 8.00 a las 11.00 se va al entrenamiento. “No tengo responsabilidad directa en aspectos técnicos, pero me gusta tomar notas mentales y plantearme que decisiones tomaria yo si tuviera dicha responsabilidad”, comenta.

La plantilla de Florida Atlantic de la temporada 2011-12 con Jorge Sanz, primero de pie por la izquierda

La plantilla de Florida Atlantic de la temporada 2011-12 con Jorge Sanz, primero de pie por la izquierda

Seattle, Washington, Tampa, Lawrence (Kansas)… La temporada es larga. 16 largos viajes en total de una punta a otra de Estados Unidos. “Me dicen que tengo mucha suerte porque viajo mucho, pero si te digo la verdad los viajes son frenéticos y no se ve nada. De la cancha al hotel y de nuevo al avión”. Aunque intenta tenerlo cerrado todo antes de empezar la temporada, siempre hay detalles sueltos o cambios en el último momento. Jorge es el encargado de que todo salga perfecto, que los jugadores cumplan sus responsabilidades académicas y sólo tengan que centrarse en hacerlo correctamente en la pista. “En cada viaje tenemos horas asignadas para el estudio y tutores que ayudan para que los jugadores no vayan retrasados y pese a los largos desplazamientos no pierdan materia y estén al día. Además se adaptan horarios y calendarios lectivos para que los jugadores puedan cumplimentar sus obligaciones académicas. Se retrasa o adelanta la entrega de un trabajo. El número de horas lectivas es el mismo”. Y durante el partido, siempre atento y predispuesto, siempre echando una mano, es un ojo más para que no se escape nada. Es él quien se encarga de recoger todo aquello que las estadísticas no registran. “Anoto, por ejemplo, las buenas ayudas que realiza un jugador o quién corre o no el contraataque. También marco el nombre de las jugadas del rival, porque, claro, en los vídeos no hay audio y es esencial para poder ajustar rapidamente durante el partido”.

Siempre hay algo que hacer. De todo menos una cosa. Descansar. Echarse en el sofá es una alternativa poco probable para Jorge, aunque al menos la presencia de su mujer Franchesca desde el pasado mes de abril alivia el trajín y aplaca cualquier brote de soledad o nostalgia. “Durante la temporada, cuando tenemos un par de días seguidos en casa es siempre entre semana y debido a que mi mujer trabaja entonces, como mucho me escapo al gimnasio. No hay mucho tiempo libre”. Lo atestigua Puertatrás. Esta entrevista se realizó el Día de Acción de Gracias, en uno de sus escasos días de vacaciones, que pasó “adelantando temas” en su oficina en el pabellón. Y sin pavo.

Verano. Florida. ¡Tiempo de playa! Pregunten a Lebron. Nada de eso. ‘Summertime’ no da tregua para este aragonés con tesón. En junio se encarga de coordinar el Mike Jarvis Team Camp, un torneo donde se disputan 150 partidos en menos de tres días y se reúnen 48 equipos de instituto diferentes. Entonces… será en julio y agosto cuando tendrá un respiro. ¡Qué va! Porque entonces se alarga el tiempo del ‘recruit’ y él debe encargarse de la logística desde su oficina, de que los entrenadores tengan todo solucionado para poder seguir por los rincones de los 50 estados de la nación a los jugadores de instituto que se pretenden engatusar para la causa. “Mayoritariamente, basamos nuestras incorporaciones en jugadores del estado de Florida, pero en la plantilla actual te encuentras otros seis estados y tres nacionalidades diferentes”, explica Jorge.

Un programa global de 140 nacionalidades

Jorge Sanz trabajando desde el banquillo de la FAU

Porque Florida Atlantic no es uno de los principales programas deportivos dentro de la NCAA, lejos de la pompa de Kansas, Kentucky, North Carolina, Duke o UCLA, lejos de las parrillas de las cadenas estatales. “No somos conocidos a nivel nacional”, se lamenta Jorge. Es una universidad pequeña (29.000 estudiantes) peleando en un universo de gigantes. Un dato lo dice todo. Ningún jugador ‘owl’ ha sido drafteado o jugado en la NBA. Pero eso se explica porque su pasado es corto, dado que no entró en el cuadro de baloncesto masculino hasta 1988 y sólo cinco años después logró su ascenso a la Division I universitaria, pasando finalmente en 2006 de la Atlantic Sun Conference a la Sun Belt actual. En todo este tiempo el equipo sólo ha logrado una presencia en el Torneo Nacional de la NCAA, en el 2002, perdiendo en primera ronda con Alabama. Entonces era el entrenador Sidney Green, excompañero de Michael Jordan en los Chicago Bulls y padre de Taurean Green, bicampeón de la NCAA con los Florida Gators, exbase del Gran Canaria y CAI Zaragoza y nativo de Boca Raton. Un vistazo al ‘Hall of Fame’ de FAU aclara otras razones. Allí figuran principalmente estrellas de la natación, el beisbol y el golf y sólo Yolanda Griffith se salta la norma a lo grande. Allí cursó un año la MVP de la WNBA en 1999, MVP de las Finales y campeona en 2005, dos oros olímpicos con USA en Sydney 2000 y Atenas 2004. No es un mal ejemplo a seguir.

Pero la dirección del departamento de deportes de Florida Atlantic quiere cambiar su suerte, entrar en el mapa y para ello contrató hace un par de temporadas a Mike Jarvis, un ‘coach’ de prestigio nacional después de su paso por Boston University, George Washington, St. John’s y la selección nacional U22 (Mundial de 1993 de España con Eddie Jones, Corliss Williamson, Theo Rattlif…) y en cuyo extenso currículo tiene el honor de haber trabajado con técnicos como Jim Calhoun o Tom ‘Satch’ Sanders y entrenado a jugadores como Michael Jordan (Torneo McDonalds para mejores jugadores de high school), Pat Ewing o Ron Artest. “En estas universidades con menor tradición la labor de los técnicos es casi mayor porque no disponemos de jugadores que marquen la diferencia individualmente y el trabajo colectivo debe ser mayor”.

Bajo su mando, la temporada pasada los ‘Owl’ alcanzaron por primera vez el mejor registro (13-3) de su conferencia en la fase regular. Pese a caer pronto en el torneo final (North Texas), lograron una plaza para el Torneo NIT en el que perdieron con Miami (85-62). La única pérdida relevante del alapívot senior Brett Royster, que actualmente juega en los Riders Leicester de la Liga inglesa, presagia que esta temporada puede fortalecer la progresión del ‘roster’ y el asalto al Torneo Nacional. Confeccionando un calendario más exigente, con visitas a tres Top25 (Kansas, Mississippi State y Harvard) y sólo cuatro partidos ‘non-conference’ en el FAU Arena, ‘Coach’ Jarvis y los Owls mantienen un balance negativo de victorias-derrotas en la temporada (9-14) y sólo un 5-5 en sus enfrentamientos de Conferencia a falta de seis partidos para que comience el Torneo final de Sun Belt en Hot Springs (Arkansas).

Entrenamiento de FAU en el Allen Fieldhouse, mítica pista de Kansas

Los buenos resultados han hecho que los estudiantes vuelvan a The Burrow, ‘La Madriguera’, el pabellón de 3.000 localidades que en estas dos últimas temporadas ha roto recórds de asistencia. El magnífico ambiente que contagia cualquier partido de la NCAA empieza a vivirse con pasión en este punto del sureste de Estados Unidos. Y más cuando se enfrentan con Florida International, en lo que se puede llamar el ‘derby estatal de la Sun Belt’. Ese día los PrOWLers, como se hacen llamar los aficionados de FAU, han ideado el ‘Burry the burrow in red’, con lo que se pretende teñir las gradas de rojo, aunque en otras ocasiones especiales se han vestido todos de azul o de blanco, como en la última excitante victoria ante Western Kentucky. La que nunca falla es Hera, la mascota. “En el campus principal sólo viven permanentemente unos 3.000 estudiantes, por lo que llenar un aforo de 3.000 es todo un logro”, afirma Jorge. “Nos ayuda que el equipo de fútbol americano no esté pasando una buena racha…”.

La universidad cuenta con siete campus diseminados por todo el estado, aunque el principal y más grande está situado junto al aeropuerto de Boca Raton. El departamento de castellano es uno de los más prestigiosos a nivel nacional y da una muestra de la apertura internacional de un centro que congrega a 140 nacionalidades. En el mismo equipo de baloncesto masculino hay un argentino (el cordobés Pablo Bertone) y un croata (Dragan Sekelja). Y Jorge, claro. “No he conocido aún a otro extranjero en un cargo similar al mío en la Liga, aunque desde que estoy aquí he recibido varios emails de entrenadores españoles interesados en conocer mi experiencia y saber qué hay que hacer para llegar aquí. No es fácil. Incluso ahora con la crisis hay técnicos del ámbito de la NBA que ven en la NCAA un nuevo horizonte laboral”, dice Jorge, sorprendido al conocer el precedente aragonés que siguen sus pasos sin saberlo. El actual entrenador del CAI Zaragoza, José Luis Abós fue asistente de Dave Odom en los ‘Demon Deacons’ de Wake Forest durante la temporada 1999-2000.

La presencia de ‘inmigrantes’ en plantillas de la NCAA es habitual desde hace décadas, aunque la apertura de la NBA al mercado europeo gracias al éxito de pioneros como Petrovic, Sabonis, Divac, Parker, Nowitzki o Gasol hace que la universitaria ya no sea vista como la puerta exclusiva de entrada al baloncesto profesional estadounidense. Eso no evita que Jorge anime a los jugadores del ‘Viejo Continente’ a probar en América. “Antes el jugador europeo estaba infravalorado y ahora quizás se les exige demasiado pronto competir con los mejores. Todos quieren tener al nuevo Petrovic o al nuevo Nowitzki”. Pero la opinión de Jorge va más allá de la rentabilidad competitiva o del hecho de benficiarse de las modélicas instalaciones o condiciones de trabajo y se adentra en las ventajas académicas y formativas que conjuga la NCAA con la práctica deportiva, un plus que en Europa, aunque circulen paralelas, no está tan potenciado en el sistema de clubs. “Cuando Navarro tenía 18 años ya se sabía que él iba a llegar, pero hay una enorme clase media que debe pensar qué hacer si no alcanza ese nivel o si, desgraciadamente, se lesiona. En ese sentido la NCAA ofrece un colchón, porque además de desarrollarte deportivamente te da la oportunidad de formarte y obtener un titulo universitario. Pero hay que saber elegir el programa adecuado, tanto a nivel deportivo como académico, porque hay una amplia posibilidad de alternativas y hay que decidirse por el más conveniente. Cuando yo veía con mi hermano los partidos en Sportmania nos quedábamos alucinados porque nos parecía un mundo inalcanzable, pero ahora hay mucha más información, lo que lo hace más accesible”, aconseja este zaragozano de 28 años. El caso del propio Rafa Vidaurreta es paradigmático. Tras su retirada ha potenciado las habilidades en comunicación que aprendió en Wake Forest para reconducir su carrera profesional dentro de la infraestructura del Club Estudiantes.

FAU arena o The Burrow

No es tan fácil para un entrenador. Un abismo filosófico separa a las pizarras de cada lado del Atlántico, pese a que el respeto y admiración por el trabajo que se hace en ‘la otra orilla’ es comprobable por el intercambio de conocimientos. Jorge es un ejemplo de ello. Su mentalidad europea del baloncesto es gratamente recibida por Mike Jarvis. Su presencia en los entrenamientos no es para nada testimonial y su punto de vista es bien valorado. “Yo no tomo la iniciativa, en el sentido de que no me meto donde no me llaman, pero cuando me preguntan, opino sinceramente”, aclara. Jorge matiza que la estricta legislación de la NCAA en cuanto a entrenamientos (están reducidos por el número de partidos y largos desplazamientos y limitados al curso escolar, por lo que no se permiten en postemporada) restringe el desarrollo táctico de los jugadores. “El baloncesto europeo está muy bien visto, tanto a nivel de fundamentos defensivos como de técnica individual y, en general, de juego sin balón. El sistema competitivo de Estados Unidos hace que por activa o por pasiva se potencie el uno contra uno. En Europa entramos más en los detalles. Se puede decir que aquí los jugadores tienen quizás mayor talento o, sobre todo, capacidades atléticas, pero tácticamente les cuesta mucho más desarrollarse porque no lo abordan adecuadamente antes de llegar a la Universidad. Por poner un ejemplo, en Europa las rotaciones defensivas son algo natural, mientras que a muchos jugadores aquí hay que hacerles un croquis”, advierte este aragonés con conocimiento de causa porque antes de ir a Florida ya había cursado un año en una high school de Pennsylvania. Desde la experiencia Jorge aclara, para los interesados, que no disponer de la titulación española sobre baloncesto no es un impedimento en Estados Unidos, porque para “entrenar además de saber de baloncesto hay que pasar un test que acredita que conoces el reglamento de la NCAA, sobre todo, en cuanto a la regulación de reclutamiento de jugadores y el sistema amateur de la competición”.

A Jorge le encantaría pasar este verano ese examen. Eso querría decir que ha entrado con todas las credenciales en el staff técnico de Florida Atlantic. Lo que tiene claro es que no es un futuro imposible. “La mayoria de los entrenadores asistentes vienen de abajo, han llevado el agua, pasaron a analizar video, siguieron cogiendo experiencia y han ido aprovechando las oportunidades que salen. Con lo que de momento, voy por el buen camino”. Pese a que echa de menos a la familia y “la comida de mi madre”, sabe que su aventura americana acaba de comenzar. “¿Volver a España? Si acabo de llegar”. Porque él sigue persiguiendo esa pelota juguetona, libre, como debería ser la vida de cada uno de nosotros a pesar de todo. Su libertad le encadena voluntariamente al esfuerzo de convertirse en ‘Coach’ Sanz. Y en ello está. Y encima tiene la suerte de que si algún día se olvida de cuánto le ha costado llegar hasta allí, de lo que ha dejado atrás, sólo tiene que meter su mano en el bolsillo para hallar la medida de su sueño.

*A este reportaje se le añade un artículo de opinión publicado en la Revista de la FAB que podéis leer aquí

28
dic
11

La pasión de Tomita

Cuando se pasea por cualquier ciudad del mundo no es extraño comprobar cuál es la principal exportación española. Es el fútbol. Ahora por la selección, pero desde hace unos años por el Real Madrid y el Barcelona, en las camisetas blancas y azulgranas encuentra el viajero un guiño patrio sea en Dakar, Bangkok o Guatemala. No hay pérdida. Dices que eres español y la pregunta salta como un resorte: ¿Madrid o Barcelona?

La excitación de la globalización del derbi llevó este año a poner sobre el mueble del salón su máximo rédito económico. Durante algunas semanas se planteó la opción de que el clásico se disputase al mediodía del domingo, horario incluido este año en Primera para gloria de Mediapro, para que fuera retransmitido en televisión en directo para los millones de potenciales seguidores (y consumidores) del Lejano Oriente. Las giras por Asia son una obligación para contentar a los fervorosos hinchas de Shanghai, Seúl, Tokio o Yakohama, ciudad en la que se celebró recientemente el Mundialito de Clubs con alta presencia de efervescentes culés nipones. Asia importa y exporta. La firma china Wanda ha acordado con tres clubs españoles que treinta jóvenes de este estado se integren sus canteras, el propio Barça fichó hace unas semanas a un niño nipón de sólo diez años, Hiroshi Ibusuki es el máximo goleador del Sevilla Atlético… Desde que Nobuyuki Zaizen fichara para no jugar por el Logroñés en 1996, otros ‘Oliver y Benjis’ siguen intentando triunfar en el fútbol español sin espectaculares resultados más allá de los ingresos por promoción.

Hace varias temporadas que la ACB se juega casi en su totalidad el domingo por la mañana. Es decir, cuenta con un huso horario fenomenal para sus fieles asiáticos. Pero esta no es la causa de esta organización, sino la búsqueda de un hueco dentro de la voracidad futbolística y el mando de las ‘en peligro de extinción’ Autonómicas. Nada que ver con japoneses, chinos o coreanos. Tampoco las promesas del baloncesto asiático han caído del cielo para imitar a los Golden Boys. El potencial mercado que tan bien explota la maquinaria comercial de la NBA podría tener reservado su trozo de pastel para el baloncesto europeo y el español como punta de lanza. No es así. Yoshihiro Tomita da fe. “No podemos ver en directo los partidos de la ACB. El año pasado teníamos acceso a la opción ACB360, pero desde esta temporada ya no es posible. Los aficionados del baloncesto español en Japón estamos tristes por esta circunstancia, aunque estamos ansiosos por poder seguir la Liga Endesa por televisión”, se lamenta Tomita.

Yoshihiro Tomita

Cantaores o bailaores de flamenco, cortadores de jamón, cantantes de jota aragonesa, toreros… muchos japoneses vienen a España para empaparse del mito español que reciben como un magnetismo exótico en su país. A Tomita le trajo el idioma y el fútbol, su debilidad de juventud. Ahora se desvive por nuestro baloncesto. Desde 2002 tiene una web en japonés dedicada en exclusiva a la ACB y a todo que huela a básket español. Esa es su gran pasión. “Es una página que sirve de guía para el aficionado que se quiere aproximar a la competición. No muchos japoneses pueden desenvolverse en otros idiomas y eso es un problema para informarse. Ese fue un motivo por los que cree la página. Ahora tengo una cuenta en Twitter y en Facebook desde la que difundo informaciones diarias y de actualidad”, explica este japonés de Tokio de 36 años, que vive con su mujer. El fondo de su perfil en twitter muestra la celebración del Europeo que se vivió en Callao. “No soy de ningún equipo en especial, solo de la selección española”, desvela con orgullo.

Su página se llama El_Baloncesto y realmente no es una, sino varios portales y blogs de información sobre la Liga Endesa y el baloncesto de España en general, incluidos temas que abarcan los resultados de las selecciones inferiores o la LEB Oro, datos históricos, repaso a próximas competiciones, enlaces españoles interesantes relacionados con el baloncesto…. “Recibo unas 100 visitas diarias, casi todas de Japón, pero también de Estados Unidos y desde España”. Yoshihiro Tomita nos explica que el interés por el baloncesto español en esa parte del mundo es creciente, pese a los problemas que tienen para encontrar información en su idioma, así como la difusión de los partidos y el monopolio que la NBA tiene sobre el interés del aficionado nipón. “Pero a mí me gusta más el baloncesto europeo, su sistema de juego. No veo partido de la NBA”, defiende Tomita, que trabaja diseñando y dirigiendo webs, y se traslada por múltiples épocas, equipos y nacionalidades, demostrando su conocimiento, para apuntar sus preferencias en cuanto a jugones: “Carlos Cabezas, Juan Carlos Navarro, Pepe Sánchez, Fabricio Oberto, Dejan Bodiroga…”.

El Mundial de 2006 en Saitama, una ciudad muy cercana a la capital, fue el detonante para que muchos japoneses conociesen a estas y otras figuras, pero no se han desarrollado las herramientas para que este posible interés, personalizado en Tomita, se ramifique en un consumo que abarcaría a millones de potenciales seguidores. La NBA es un universo global que da facilidades para ofrecer información en diferentes idiomas (NBA.com tiene enlaces especiales en chino, japonés y filipino). En España, salvo grandes clubs de fútbol, no se accede a esta dimensión. “Yo me informo directamente de webs en español como ACB.com o Solobasket, las de los diarios As y Marca y también desde la página oficial de la Euroliga”, narra Tomita, que cita Gigantes del Básket y tiene el proyecto de escribir su propio libro sobre el básket español.

Un fin de semana en Valladolid

Tomita era futbolero. Aún lo es. Una vez al mes se reserva tiempo para echar una pachanguita de fútbol sala con los amigos del barrio. Nunca ha jugado ni entrenado baloncesto. En la adolescencia, su relación con esta disciplina se limitaba a escuchar los monólogos que su hermano le soltaba sobre tal o cual estrella mientras veían un partido de la NBA. Por eso, cuando viajó a España para mejorar su nivel de español, idioma que estudiaba desde que tenía 18 años cautivado por el fútbol, pensó que estaría bien ver un partido de baloncesto para contarlo en casa a su vuelta. El curso lo hizo en Madrid, pero un fin de semana de diciembre tuvo la oportunidad de viajar a Valladolid para seguir en directo el partido en Zorrilla entre el equipo castellano y el Oviedo. “El sábado lo tenía libre y vi que se jugaba un partido de baloncesto entre el Forum Valladolid y el Festina Joventut. Como a mi hermano le gustaba mucho la NBA, pensé que era una buena idea conocer algo sobre el baloncesto español para poder contárselo a él”, relata Tomita. La experiencia fue tan gratificante y emocionante que guarda la entrada de ese encuentro como si fuera un precioso recuerdo del día que comenzó una intensa relación con una pelota naranja.

La entrada del partido que vio Tomita en el Pisuerga

Al volver a Japón su interés por el baloncesto de España fue creciendo y terminó de concretarse en 2002 cuando se produjeron varios acontecimientos decisivos. “Cuando mi hermano me dijo que había dos jugadores españoles en la NBA no me lo podría creer: Pau Gasol y Raúl López. Empecé a interesarme sobre su trayectoria, seguirles…” Y ya fue un no parar. Ese mismo año la selección B realizó una gira por Asia y una de sus paradas fue el estado del Sol Naciente para jugar la Copa Kirin. “Fui a ver el partido que jugaron en un pabellón de Tokio que se llama Yoyogi. Jugaban Carlos Cabezas, Berni Rodríguez, Jordi Trías…”, rememora Tomita del año en el que creó El_Baloncesto.

A través de internet, intentaba recabar toda la información posible y capturando como podía cualquier vídeo o emisión televisiva que le acercara a la selección española o a la Liga ACB. Tomita enumera sus logros como los del niño que poco a poco va completando su tesoro secreto: “En 2002 pude ver por televisión el partido del Mundial entre Estados Unidos y España. Un año después, con un amigo compré un video de la FIBA del partido del Eurobásket entre España y Lituania. En 2004 en Japón no emitieron en directo ningún encuentro de los Juegos, pero sí que seguí por FIBA Europa el Eurojúnior de Zaragoza. ¡Sergio Rodríguez fue el MVP!”, relata el japonés, que pone énfasis en la fecha del 2005, en la que desde youtube se abrió la puerta a resúmenes e informaciones periódicas.

Y la apoteosis… Saitama. España se proclama campeona del Mundo en Japón, lo impensable para Tomita. “Pude asistir en directo al partido contra Serbia y Montenegro. Fue increíble. España campeona. Entonces muchos japoneses conocieron a sus jugadores y se interesaron por el baloncesto español”.

Tomita, comentarista

Pese a ello, la ACB sigue siendo un gran desconocido para los fans de un país de 127 millones de habitantes que está considerada como la tercera economía más potente del planeta. El único canal de información es un programa que emite Sky-A TV y que incluye la emisión de un encuentro. Tomita no se pierde ni un partido, no solo por su inagotable búsqueda de cualquier detalle, sino porque además ha participado como comentarista especial en alguna de sus ediciones. “Fue un total de 14 partidos en el pasado mes de noviembre. El programa estaba dirigido por el Sr. Ito”, cita Yoshihiro. Sin embargo, se lamenta de que los partidos no son en directo, que ya no pueden ver los encuentros por ACB.com como en las dos últimas temporadas y que realmente lo que se está emitiendo son los encuentros del pasado playoff. “Esperemos que pronto podamos ver de nuevos encuentros de la Liga Endesa en directo en Japón”, asiente siempre optimista desde Tokio.

¿Chichos Terremotos para la LEB?

El 19 de septiembre del 2010 se añadió durante unas horas el nombre de Chicho Terremoto como miembro de la plantilla del Fuenlabrada en la wikypedia. Hubiera sido el primer ‘japonés’ en jugar en España. La broma se adentra en una reflexión que tiene el ejemplo del fútbol como espejo: cómo podría influir la entrada de jugadores de esa parte del planeta para desarrollar la marca ACB en economías tan potentes como la de Japón o China, como tan bien ha hecho con la NBA con la figura de Yao Ming y con menos trascendencia el nipón Yuta Tabuse (4 partidos en Suns) y el surcoreano Ha Seung-jin (Bucks). “Es complicado porque los jugadores japoneses sólo miran hacia la NBA, pero yo auguro que en unos cinco años podríamos ver a un japonés jugando la LEB y, quizá, en una década que alguno llegase a la ACB”, pronostica Yoshihiro Tomita, que recuerda que ya hubo una jugadora internacional, Sachiko Ishikawa, que probó suerte durante doce partidos de la pasada temporada en el CB Conquero de Huelva en la Liga Femenina-2 y que hay un compatriota, el base Takumi Ishizaki, que disputa la segunda división alemana en esta temporada con el equipo BV Chemnitz 99. El recuento se completa con otros dos bases en las ligas regionales alemanas, uno en Noruega y varios en Ligas comerciales americanas y NCAA.

La estructura del baloncesto en Japón está en crecimiento, aunque sus competiciones profesionales (JBL y BJ League) están lejos de la promoción de la CBA china. Ambas Ligas niponas tienen una filosofía distinta. La JBL, más antigua y organizada por la Federación, tiene dos divisiones y una categoría femenina, siendo dominada por jugadores locales. Mientras que la BJ League imita la configuración de la NBA con dos conferencias, draft y un All Star y está plagada de jugadores americanos y africanos de segundo nivel o resulta ser un cementerio de elefantes para antiguas estrellas. Los últimos ejemplos son Charles O’Bannon o Mahmoud Abdul-Rauf, que se retiró la pasada temporada tras jugar con los Kyoto Hannaryz de la BJ League. Los antiguos inquilinos de categorías españolas como el sueco Christian Maraker o los norteamericanos Rolando Howell, Zachary Andrews, Dexter Lions, Randy Holcomb… son numerosos. Jeremy Tyler, el chico maravilla que pasó de la NCAA para ganar dinero en Europa, drafteado esta temporada en la NBA por los Bobcats y traspasado a Golden State, zanjó su aventura planetaria en los Tokyo Apache.

La selección masculina de Japón disputó el Mundial que organizó bajo las órdenes de Zeljko Pavlicevic. Fue 20º de 24 equipos. No participa en los Juegos Olímpicos desde 1976 y no entra en el podio de los Juegos de Asia desde 1997. Su último oro data de 1971. En el ránking de la FIBA figura en el puesto 34. El mejor palmarés nipón corresponde a las chicas en la década de los 70, siendo plata en el Mundial de 1975 y quintas en los Juegos de Montreal del año siguiente. Actualmente, sin participar en una cita internacional desde 2004, mantienen el 15º puesto FIBA dado a su potencial en el continente (20 medallas en los Juegos de Asia).

Estos fríos datos no avalan la predicción de Tomita y el desembarco de japoneses en las competiciones españolas no se visualiza en el horizonte de un baloncesto en progresión, pero quizá no suficiente para alcanzar cotas habituales en el nivel europeo. Quizá nos equivoquemos y pronto el ‘bulo’ que se publicó en Wikypedia tome cuerpo y forma de base, alero o pívot con los ojos rasgados. Ojalá sea así para que alguna televisión se fije en la ACB y Yoshihiro pueda vivir su pasión en directo.

03
nov
11

Kosovo: baloncesto en el limbo

Bosnia Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia. El Eurobásket de Lituania logró sentar a la mesa a todos los gajos de la antigua Yugoslavia. ¿Todos? Depende a quién le preguntes. Si lanzas la cuestión por Rusia o cualquier territorio eslavo, incluso en la Moncloa o en algún despacho gubernamental de Grecia, Eslovaquia, Venezuela, Argentina o Brasil, la versión será siempre positiva. Pero si el interrogante se esparce por Estados Unidos, Italia, Turquía, Malawi, Perú o Japón te dirán que no le salen las cuentas. Les falta uno: Kosovo. La incertidumbre internacional de este territorio que sufrió una cruel guerra étnica en 1999, que proclamó su independencia unilateral en 2008 pero sigue sin ser reconocido por la ONU por el veto ruso y que reclama como región propia Serbia, se extiende por las pistas de baloncesto. En medio de este bloqueo asoma la barrera de la FIBA, que cierra su frontera internacional al baloncesto kosovar al no ser reconocido por el COI y provoca una concatenación de efectos como la parálisis de su selección o el éxodo de aquellos que pretenden brillar lejos de la oscuridad de este foco negro.

En medio de este limbo deportivo, el baloncesto de Kosovo sobrevive pese a los innumerables obstáculos, los últimos económicos, que se levantan en unas pistas que pretenden ser un remanso de paz en medio de un conflicto étnico latente entre albanokosovares y serbios, donde los hay que no quieren pasar por el aro de la intolerancia de dos bandos enfrentados, pero también persiste entre aquellos que lo utilizan como pretexto para  avivar el odio y la venganza de dos enemigos con muchas heridas. La verdad es que Kosovo no puede vivir lejos de su genética balcánica y volcánica donde la pasión fluye por este deporte que quiere prender la llama de una apertura hacia el Mundo.

Desde Puertatrás daremos a conocer en las próximas semanas varios reportajes desde los que nos asomaremos a la realidad de este deporte en Kosovo.

13
oct
11

Baloncesto de serie: ¿Steve Urkel o ‘Pasársela a Will’? (2a parte)

“¿He sido yo?” La maldita frase de marras se coló por nuestro oído como un taladro perforador durante casi una década. Eran los inicios de los 90 y por nuestros salones se adentró sin permiso este filamento de adolescente con gafotas rojas a lo Ángel Orús, calcetines blancos extra largos saliendo de unas All Star Converse, pantalones subidos hasta el ombligo y agarrados por tirantes y una voz de pito (doblada en España por una mujer) que soltaba su famosa línea de guión cada vez que organizaba un estropicio. Steve Urkel era el epicentro de ‘Cosas de Casa’ (‘Family Matters’) en sus idas y venidas por el hogar de los Winslow en su torpe cortejo a Laura, la hija mayor de la prole.

Dado que la familia Winslow (supongo que el primo Rickie no aparecía porque estaba jugando con el Estu) ‘vivía en Chicago’, porque realmente se grababa en California, el vínculo con los tableros era inevitable dada la primacía de los Bulls y Michael Jordan en la época. La primera referencia al básket llegó pronto en una serie que empezó como un spin-off de ‘Primos Lejanos’ y en el que el personaje de Steve Urkel era de inicio un secundario y sólo fue principal a partir de su rotundo éxito a partir de la segunda temporada.  Antes de su irrupción meteórica se coló una pelota por este hogar de Illinois. Fue concretamente en el quinto episodio titulado ‘Lecciones de Baloncesto’ (‘Basketball Blues’ en el original) y emitido en Estados Unidos el 3 de noviembre de 1989 (apunten la fecha), en la que el cabeza de familia, el policía Carl intenta promover en su hijo mayor, Eddie, su sueño de convertirse en profesional.

‘Family Matters’ no sólo convivió con ‘The Fresh Prince of Bel Air’ sino que además fue su rival en parrilla, ya que la primera era emitida por ABC. Ambos coincidieron, aunque Urkel fue más longevo al alcanzar las nueve temporadas (de 1989 a 1998) y los 215 capítulos, solo superada por The Jefferson como sitcom protagonizada por afroamericanos. Pero Will Smith se destapó como un jugón un año antes que Jaleel White. En la tercera temporada de la serie y en su 55 capítulo, Urkel se transforma ante la sorpresa de todos en un malabarista del balón, un base pequeñito con un manejo del balón correctísimo. Las dos apariciones estelares tienen mucho que ver, aunque el argumento es diametralmente distinto.

En el caso de Urkel se representa la fábula del ‘patito feo’ que se convierte en un cisne con la moraleja de ‘todo es posible’, en su símil basketbolero: el recogetoallas bajito que se desvela como un verdadero crack. Cuando los Vanderbilt Muskrats van 44-66 y faltan menos de 8 minutos para el final, el entrenador se ve forzado a meter en pista a Urkel, al que nadie había querido en el equipo por su altura y no se creían que era un buen jugador como él reclamaba, al lesionarse su quinto jugador. El patoso y huesudo vecino de los Winslow se transforma en un miniIsiah Thomas con el balón de las manos. Entre asistencias a tablero, por la espalda, alley-oops y bandejas con arco, Steven se mete en el bolsillo a la grada mientras Laura se encumbra con sus cánticos como la líder de las cheerleaders. Y claro, llega el último tiro para completar la remontada y ¿quién se lo va a lanzar? Evidentemente nuestro héroe, que la clava y termina, como un torero, sacado a hombros del instituto. La trama, la solidaridad en su juego y el atuendo (Urkel no prescinde de sus tirantes para elevarse la camiseta más que Solozábal) no es la única diferencia con el Príncipe de Bel Air, que, no obstante, comparten dimensiones reducidas de pabellón al rodarse en interiores.

Aquí podéis ver el capítulo entero en inglés

Hay un tercer ‘bote’ de pelota en ‘Family Matters’. Ya en la quinta temporada, en el capítulo 104 (emitido un 5 de noviembre de 1993), Urkel vuelve a demostrar su destreza como ‘baller’. Y en asfalto. Esta vez Eddie cometé el error de decantarse por otro compañeros, Kenny ‘The Spider’ Jackson (interpretado por su hermano en la vida real), en vez de acudir a un torneo 2×2 con su acordeonista y amante de la polka, que, como revancha, se apunta al mismo campeonato con una ‘Grandmama’ (así se llamaba el capítulo). La sorpresa es evidente cuando su abuelita no es otra que Larry Johnson,  en su papel promocional de Converse. Esta historia, que termina con una jugada final entre Eddie y Steve tras una inoportuna lesión de LJ para lograr el codiciado premio (dos entradas para los Bulls). Un potente mate de Urkel ‘in your face’ con mirada incluida del tipo Gasol vs Garnett sobre su amigo. Al final ambos irán juntos al Chicago Stadium porque a la abuelita le van más los Charlotte Hornets. Ésta fue la primera y única trama que escribió el propio Jaleel White en la serie.

Ver el capítulo en inglés aquí

Jaleel White nació en Pasadena el 27 de noviembre de 1976 y con tres años comenzó su carrera como actor, actuando en anuncios y apareciendo en la serie The Jefferson, pionera en la participación protagonista de una familia afroamericana. Sin embargo, el pequeño se hartó cuanto contaba con 12 años aparcó su carrera durante seis meses. “Yo sólo quería jugar al baloncesto en el instituto”, declaró en una entrevista recordando sus tiempos en el South Pasadena HS. Su afición por el deporte de la canasta no sólo le llevó a realizar las escenas antes mencionadas, sino que ha estrechado un romance que dura hasta hoy. Tanta es su pasión que dicen que, durante la grabación de los episodios de ‘Cosas de Casa’, acostumbraba a disputar un 1c1 con un vecino de plató, un tal George Clooney, guaperas de ‘Urgencias’ por entonces.

White es un ‘adicto’ al baloncesto y su presencia en eventos relacionados con esta disciplina son habituales. Suele ser uno de los fijos en partidos de celebridades o Ligas de éste tipo que se disputan en California. Por ejemplo, Magic Johnson o Michael Jordan le han invitado a sus pachangas. No es la única vez que se ha vestido de corto. También ha sido parte de los eventos que se desarrollan durante el All Star. En el último, estuvo en la lista de invitados de la fiesta personal de Baron Davis. La cosa va más allá, dado que White fue autor durante un tiempo de un blog especial en el que daba su opinión sobre le Liga en NBA.com (ahora no se puede ver por el lockout). Es habitual ver a White en la primera fila de los partidos de los Bruins, el equipo de la Universidad de UCLA en la que se graduó en 2001 en la especialidad de cine.

No todo son buenas noticias y el morbo también ha estado unido a esta binomio entre White y el baloncesto. El verano pasado el actor tuvo que desmentir en varios medios su supuesta homosexualidad y una relación sentimental con Penny Hardaway. Los rumores llegaron a alcanzar tal repercusión que hasta se comentó la existencia de un vídeo en el que se veía a ambos teniendo relaciones sexuales. El actor tiene una hija y está casado.

Real sí que fue otra historia que  unió al intérprete de ‘Cosas de Casa’ con otra noticia aparecida en la prensa rosa. Resulta que Jaleel White se fue de juerga en la Nochevieja de 2008 con Charles Barkley y amigos en un pub de Arizona y el ‘Gordo’ terminó en comisaría tras ser detenido en un control conduciendo borracho cuando se dirigía a una tienda de donuts.

El vínculo de ‘Urkel’ con el básket es incluso genético. Su primo Brandon Hawkins (no confundir con el hijo de Hersey Hawkins del mismo nombre) llegó a jugar en la NBDL y en varios equipos de Europa.

Jaleel White actualmente sigue trabajando como actor y ha realizado diferentes apariciones en algunas series de éxito (Psych, The Game, Boston Legal), siendo la próxima en House. Además de ponerle voz al personaje de consolas, el erizo Sonic, el jugón de los tirantes escribe y protagoniza varias series emitidas en internet como ‘Road to the Altar’ y ‘Fake It Till You Make It‘, en la que interpreta a una estrella adolescente que intenta reinventarse en el mundillo de Hollywood ya adulto. Su último trabajo es un vídeo clip de Cee-Lo Green para su canción Cry Baby. Pero si queréis saber más de él podéis visitar su web.

Continuará

10
oct
11

Baloncesto de serie: ¿Steve Urkel o ‘Pasársela a Will’? (1a parte)

Para todos aquellos que sobrevolamos en nuestra adolescencia la década de los 90, la memoria televisiva está repleta de sitcoms con carcajadas en lata o series de acción en la que no se morían ni los suicidas de media hora que nos zampábamos como una caja de donuts en ‘Canción Triste de Hill Street‘. Era nuestra pantalla. Sin internet, ni Ipod, BlackBerry y cuando las tabletas eran de chocolate con almendras, la tele reinaba sin necesidad de vender a su madre en ningún ‘Sálvame’. El baloncesto NBA, por lo tanto, era cosa de cátodos y no de bits, y como el sexo de pareja, de una noche a la semana. Por eso cada aparición de un balón colándose entre nuestras series era una fiesta, una emoción que ni las sucesivas repeticiones nos hacía disipar.

En el anterior ‘tomo’ de este repaso serial he cometido el descuido a drede de no citar, seguramente, dos de los iconos basketboleros televisivos que más marcaron esa época en la que Michael Jordan gobernaba nuestros sueños. Las hijas VHS de Bill Cosby fueron El Príncipe de Bel Air y Cosas de Casa, cuyo éxito radicó en la omnipresencia de sus dos personajes:  The Fresh Prince y Steve Urkel. Encontrar similitudes entre ambos es más complicado que hacer el sodoku de la edición de domingo de un periódico, salvo en su cualidad como ‘jugones’. Luego repasaremos alguna más.

Por orden cronológico presentemos primero al Príncipe de Bel Air. La serie que encumbró a Will Smith fue ideada y producida por Quincy Jones (el moldeador de Michael Jackson como Rey del Pop) para la NBC y se alargó durante seis temporadas (1990-1996) y 148 capítulos. La primera y más clara referencia al básket en la serie, como muchos recordaréis porque está impresa en la memoria musical colectiva de esa generación,  es la introducción rimada que explicaba la historia del personaje. Éste juega en un playground mientras  suelta frases alusivas como “Jugaba al básket sin cansarme demasiado” o “Cierto día jugando al básket con amigos”, que cambiaban un poquitín en la peculiar versión mejicana y que sólo se acercaban de refilón en la original (On the playground was where I spent most of my days/Chillin’ out maxin’ relaxin’ all cool/And all shootin some b-ball outside of school).

La relación entre básket y rap es indivisible y, por lo tanto, la presencia en la pelota naranja era inevitable en un programa centrado en el estilo de vida de una familia afroamericana y, más concretamente, en el cambio de ambiente social de un chico que sale de un barrio marginal para entrar en la rica zona residencial de California. Indudablemente, el cénit de este noviazgo llegó con el ‘Pasársela a Will’. El capítulo en cuestión es el undécimo y fue emitido por primera vez en Estados Unidos un 10 de noviembre de 1990 bajo el título ‘Courting Disaster’, traducido en España como ‘Desastre de Cancha’. Los guionistas, Sandy Frank y Lisa Rosenthal, no se estrujaron la ‘pelota’ y escribieron una trama mil veces vista y que ya aparecía en el anterior post. El gamberro y mal estudiante Will Smith encuentra su hueco en el elitista instituto de Bel Air al ser descubierto como una máquina de la canasta. Pasa de ser un desterrado a una estrella (y de paso logra el coche del entrenador) y desparrama su chulería al mismo ritmo que anota una detrás de otra todas las canastas en un equipo perdedor que pasa a convertirse en ganador. Esta fama no la digiere el cuadriculado Carlton, el primo sabelotodo y celoso, que en la jugada clave del campeonato, en el partido ante los chicos de Malibú, le roba la posesión a Will y se la tira él. De nuevo cámara lenta, primeros planos y… La caga, cómo no, con la pelota se marcha la construcción de un nuevo gimnasio (el actual medía como unos 10 metros de largo) para el instituto y la opción para su odiado primo de una beca deportiva de Los Hoyas de Georgetown en lucha con el guaperas de Malibú. Y a eso le añadimos la moraleja final. (ver capítulo online)

‘Pasársela a Will’  (Pass it to Will) no es una frase al azar. Los ortodoxos hasta dirían que resume perfectamente la filosofía reinante en la NBA, el ‘yo me lo guiso, yo me lo como’. Su exclamación no resulta extraña en pachangas mañaneras. Es un clásico que hasta tiene su propio grupo en Facebook. El ‘gag’ lo clava el atolondrado Profesor Smiley repasando la táctica ante un foro de palidos y empollones jugadores del Bel Air Prep, un Carlton Banks  ‘enterao’ y un Príncipe echándose la siesta tan típica de las realezas. La traducción que vimos en Antena 3 y ahora en Neox es pésima (¡defensa, centro, delantero!) y refleja lo poco familiarizados con el lenguaje del básket que estaban los espectadores de entonces. Recuerdo perfectamente como en un capítulo del Equipo A se habla de ‘Mágico Johnson’.

El capítulo está lleno de sketches geniales, pero casi todos los aficionados recuerdan el ‘cameo’ de una superestrella de la NBA y entonces campeón de la Liga: Isiah Thomas. En medio de uno de los sueños de Will Smith, Zeke aparece con la indumentaria de los Pistons  para recibir toda una paliza en un ‘one and one’ ante las virtudes en la cancha del ‘Príncipe Descarado’.

La promoción de la serie también se aventuró en el parqué y la NBC rodó un anunció especial que, evidentemente, no se emitió en España, y en el que un grupo de patosos baloncestistas se convierten en intrépidos malabaristas del balón tras echarle un ojo a la sitcom.

Pese a que el Príncipe de Bel Air era el alter ego de Will Smith no he encontrado referencias sobre la eclosión del actor como jugador del baloncesto en la high school de Philadelphia. Su carrera como rapero y empresario comenzó siendo un veinteañero a finales de los 80 y destacó pronto con el micro, sin pasar por la universidad. No obstante, su gusto por el baloncesto es evidente, claro y se visualiza por su habitual presencia en los encuentros de los Lakers en el Staples Center, pese a declararse hincha de los Sixers. Y su fervor con los 76ers no es sólo platónico, sino que se englobó en un grupo empresarial en 2006 que intentó comprar la franquicia junto al Doctor J, al que ha declarado recientemente como uno de sus referentes vitales (ver vídeo) durante su última visita a Philly para rodar MIB III.

No es la única vez que se le vio entre las estrellas del baloncesto. Incluso bajó a la arena. Presentó su canción Switch durante el partido de las Finales de 2005 entre Spurs y Pistons en el AT&T Center de San Antonio. Quizá más ‘freak’ sea su aparición como invitado de lujo, junto a ‘su primo Carlton’, es decir, el actor Alfonso Ribeiro, y otros íconos de la época como MC Hammer y Evander Holyfield, en la coche de los concursos del All Star Weekend de 1992, la del mate sin visión de Cedric Ceballos.

En su carrera como intérprete, Will Smith logró sus mejores críticas y su primera nominación a los Oscar encarnando a uno de los grandes deportistas de la historia, el boxeador Mohammad Ali en ‘Ali’ (2001). Sin embargo, el básket también marcó su segunda candidatura en ‘En Busca de la Felicidad’ (2006). En una de las secuencias más emotivas de la película, el protagonista está lanzando unos tiros con su hijo, en la ficción y en la vida real (Jaden), mientras éste fantasea con querer ser profesional, por lo que le explica que eso no podrá ser porque él será como su padre, un mal jugador (lanza a canasta y la pelota pasa por encima del tablero). Al ver la reacción triste del pequeño, retrocede e insiste en que persiga sus sueños, digan lo que le digan.

Un detalle curioso es cómo el primer éxito taquillero de Will Smith fue Bad Boys, sobrenombre con el que los amantes del baloncesto recordamos a los Detroit Pistons de su ‘sparring’ Isiah Thomas. Pero además durante el último playoff de la Liga ACB los jugadores del Bilbao Básket tomaron el sobrenombre de Men in Black en alusión a otro de los títulos más famosos del actor.

No me olvido, no. Porque hablar de baloncesto y de Will Smith y no referirse a Robert Horry parece una herejía. El parecido razonable entre el rapero y el campeonísimo en Rockets, Lakers y Spurs es uno de los más evidentes de los últimos años, aunque hay quien dice que el menos conocido Mike Hall (ver foto) es el candidato más óptimo para doblarle en las escenas de básket de una futura película sobre la vida de Barack Obama, que ha indicado que le encantaría que Will Smith hiciera su papel si se diese la oportunidad.

Continuará… con Urkel

29
sep
11

Baloncesto de serie: De Chicho Terremoto al Luisma pasando por The Wire

En la serie británica Misfits hay un personaje (Kelly) que puede leer los pensamientos de la gente que le rodea. La telepatía es una recurrente fantasía en la humanidad. ¿Quién no ha pensado alguna vez en meterse en las cabezas ajenas para saber si hay algo dentro que merezca la pena? Quizá convertirse en uno de esos monigotes de mono blanco de Érase una vez… el Cuerpo Humano y meterse por algún conducto higiénico hasta alcanzar masa gris. Si nos pusiéramos a jugar con el fenómeno parapsicólogico en la mente de Pau Gasol para combatir el tedio del lockout hallaríamos, seguramente, sus deseos de hacer un papelillo en algún TV Show. Gasolina ha hecho sus pinitos de actor en numerosos anuncios, pero también en la pequeña pantalla americana: un cameo junto a Jordan Farmar como ‘himself’ en Numbers (ver vídeo) y su actuación más presente y muriente en ‘CSI Miami’ (ver vídeo). No es el único. Chris Bosh es otro de los más asiduos de una lista en la que aparecen casi todas las estrellas NBA en apariciones mínimas e interpretándose a sí mismos o a jugadores de baloncesto imaginarios. Memorable para los seguidores del Orgullo Verde fue la presencia de Kevin McHale en el bar Cheers (rememorada por @Jose13Bis) ‘engañado’ para jugar un partido con Ted Danson y Woody Harrelson, el único habitante de Boston que odiaba a Larry Bird (por ser el pueblo de al lado en Indiana) y que ya apuntaba maneras de ‘saberla meter’  en el partido contra el equipo de Gary. Como anunció en su twitter, el último en unirse a este club será Roy Hibbert, pívot de Indiana Pacers, que aparecerá en Parks and Recreation, un spin-off de The Office ambientado en Indiana. Aclaramos que no hablo de realities shows ni concursos, porque eso da para otro post.

Las series y el baloncesto tienen una relación de colegas, aunque falta de imaginación y entrando en componentes poco profundos. Hay buen rollo, normalmente poco serio, como en el cine, tirando a la comedia, teniendo en las tramas un hilo segundario o simplemente cosmético. La presencia de jugadores es impuesta para subir unas décimas del share con su estela y el tirón entre los aficionados y para dar a los aludidos una cucharada de popularidad en prime time. Se puede apuntar al canadiense Rick Fox, exCeltic y Lakers,  como el único que, al salir de las pistas, se ha tomado algo en serio, ayudado por su buena apariencia y la de su exmujer (Vanessa Williams), lo de la carrera interpretativa: Betty,  la fea, Dirt, The Game, Melrose Place, The Big Bang Theory, Single Ladies, El cuerpo del delito…

Caso curioso es el de otro ‘ojos claros’ como Reggie Theus, que durante tres temporadas, fue el Coach Bill Fuller, el entrenador de una especie de secuela de ‘Salvados por la Campana’ llamada Hang Time, serie de la NBC que orbitaba sobre un grupo de sosos y WASP adolescentes que jugaban al básket en el instituto ficticiamente situado en la basketbolera Indiana. Theus estuvo presente hasta 1998 sin recibir inmerecidamente ningún Globo de Oro y pasar después a los banquillos de verdad. Alonzo Mourning, Kobe Bryant, Damon Stoudemire, Mitch Richmond, Gary Payton, Shareef Abdur-Rahim y Lisa Leslie, entre otros, aparecieron en algún capítulo en una serie cuyo mayor éxito fue que sus dos protagonistas terminaron casándose en la vida real.

Y es que la Disney ha sabido explotar su vinculación con la NBA desde hace décadas. Más reciente (2005-2009) que Hang Time es otra serie llena de acné y chicos perfectos con el flequillo a lo Justin Bieber. Rodman nos descubre, en lo que parece una tortura televisiva de sus hijos, las hazañas de los gemelos Martin en Hotel, Dulce Hotel: Las Aventuras de Zack y Cody. Interpretada por los gemelos Dylan y Cole Sprouse narra las idas y venidas de estos chiquillos en mitad de la edad del pavo mientras viven en un hotel de Boston. EL éxito fue tal que llegaron a hacer una película. En este episodio los hermanos se enfrentan en un 3×3 a Dwight Howard, Kevin Love y Deron Williams (este aún con Utah), en el que los dos primeros demuestran estar dotados de bis cómica. El doblaje latino ayuda a odiar a esta serie.

Sigamos con las sitcoms americanas y recordemos Hangin’ with Mr. Cooper (ABC), que en español se llamó Vivir con Mister Cooper. Si en Cheers, la buena, Sam Malone era un exjugador de los Boston Red Soxs (en la española, la mala, es un ex del Cádiz de fútbol), Mark Cooper, interpretado por Mark Curry desde 1992 a 1997, era un antiguo inquilino del vestuario de los Golden State Warriors que ahora era profesor de educación física de un instituto de Oakland (ver vídeo).

En Friends alguna vez Joey y Chandler se marchan juntos a ver a los Knicks o la ‘familia’ Soprano apuesta por los Nets, pero si nos ponemos un poco más serios, el baloncesto es casi un personaje más en The Wire, uno de esos paraisos agarrados al asfalto que limitan entre dos aros con el infierno de un mundo de drogas, muertes de adolestens, putas yonkis, sindicalistas corruptos, empresarios sin escrúpulos, políticos de doble cara… Desde el All Star de la primera temporada entre el Este y el Oeste, o lo que es lo mismo, entre los equipos de los gansta Proposition Joe y Avon Barksdale hasta los pequeños detalles (camisetas retro de los Baltimore Bullets), en la mítica serie de David Simon se dribla al básket al mismo ritmo que los personajes esquivan su mala sombra. Pero para que vamos a escribir de eso si ya lo hizo Nunn de forma sobresaliente en el blog ‘Otras Pelotas’.

Gracias a la intervención de Sweat Mo, no podemos pasar por alto la interpretación de Bill Russell y Bernard King en Miami Vice. En el episodio ‘The Fix’, el 18º de la serie de Michael Mann, dentro de la segunda temporada, Russell se mete en la piel del juez Roger Ferguson, una antigua estrella del básket salida del guetto que se convirtió en abogado tras finalizar su carrera. Bernard King, que en la escena que nos ha regalado Mo celebra como si fuera un gol cada canasta, hace del hijo de Russell (Matt),  un ascendente anotador en el equipo de los Sunblazzers. Crockett y Tubbs investigan una presunta relación del juez con unos delincuentes por los problemas con el juego del caracter que interpreta el ‘Señor de los Anillos’ (en varias escenas sale con ellos  ensortijados en sus manos). Entre trajes color pastel, Ferraris Testarrosa y flamencos arrancando el vuelo, la trama del capítulo llevará a ver el lado más turbio de Russell, que terminará el capítulo resarciéndose asesinando al ‘malo’ y suicidándose. El eterno 6 de los Celtics fue un pionero en eso de salir en la pantalla chica. En la década de los 60 ‘debutó’ como actor en las series de la ABC It Takes a Thief, protagonizada por Fred Astaire, y Love, American Style. El de Miami Vice, en 1986, fue su último papel de mayor presencia.

 

Desconocida para mi hasta la creación de este post, en los comentarios varios de los lectores incluyen en la lista One Tree Hill, en la que aparece el ya mencionado Rick Fox. Esta serie iniciada en 2003 y que el año que viene emitirá su novena temporada vuelve a situarnos en un ambiente reconocible: el baloncesto de high school. El programa relata las vivencias de dos hermanos, Lucas y Nathan, que juegan al básket en un instituto de un pueblo del estado de Carolina del Norte. Nathan llega a entrar en el roster de los Bobcats en la sexta temporada.

Los cameos no son sólo de carne y hueso. El lapicero ha hecho estragos. Calentita está la ‘interpretación’ de Kobe Bryant como cómic en Los Simpsons (ver vídeo), serie que ha aglutinado apariciones estelares de jugones y jugonas. Fue otro Laker, en la lejana tercera temporada (1991), el que abrió la veda en el mundo de los seres amarillos de cuatro dedos. Magic Johnson llamaba a Homer Simpson como premio por evitar un holocausto nuclear en la central de mister Burns. El propietario de los Mavs, Mark Cuban o jugadores como Pat Ewing, LeBron James, Dennis Rodman, Yao Ming o Lisa Leslie se pasearon por Springfield, nomenclatura que amamanta al nacimiento de nuestro deporte.

En esta última temporada, Lebron James ha sacado su propia serie de ‘dibus’ en internet, ‘The Lebrons’, donde interactúan cuatro diferentes caracteres del propio King James (como si con uno solo no fuera suficiente para nuestra paciencia). El primer capítulo tuvo más de un millón de visualizaciones (ver si estás en USA), el décimo y último, no llegó a 200.000 en otra producción de márketing personal del alero de los Heat y amiguetes. El testigo el pasado mes de enero lo tomó Dwight ‘Superman’ Howard, que puso voz y fue modelo del mega cool actor Rock Callahan en la serie de Disney Kick Buttowski: Suburban Daredevil (ver vídeo). Pero el pionero en este aspecto también fue Michael Jordan que en 1991-92 ganó su primer anillo y coprotagonizó en la NBC con otras leyendas del deporte americano, Wayne Gretsky (NHL) y Bo Jackson (NFL) la serie ProStars, en la que, encarnados en tres superhéroes, salvaban a niños y niñas de los perversos planes de malvados de lapicero.

El anime o manga ha producido numerosas series vinculadas al deporte del baloncesto, de poca raigambre en Japón, siendo la más famoso en España una de las pioneras (inicio de los ochenta) y más gamberras: Chicho Terremoto (ver vídeo). Justo ahora un año en la wikipedia del Fuenlabrada del ACB el famoso autor del ¡Tres puntos, colega! o ¡Son blancas! formaba parte de la plantilla madrileña. Hubiera sido un éxito. Casi tanto como el que en Asia tuvo Slam Dunk, una serie que extiende su merchandising por los ‘chinos’ de Bangkok y cuyos personajes eran alter egos de los Bulls de Jordan, Pippen y Rodman. Más reciente es la intergaláctica Buzzer Beater (ver vídeo).

Como bien apunta Javi Mercadal, la ACB tuvo su propia apuesta en la animación. ‘Basket Fever, locos por el básket’ fue un invento a la limón de la Liga española para promocionar la disciplina entre los más pequeños en pleno año olímpico. Duró dos temporadas  y su emisión, en TVE, se extendió de 1992 a 95. El creador fue Antoni D’Ocon, el mismo que los Fruitis. Basket Fever era una fábula de animalillos que cantan rap y hacen graffitis mientras transportan un estereo que ahora parece prehistórico con sencillos guiones de buenos y malos en un ambiente callejero. La principal figura era un saltamontes, Hooper, que llegó a ser la mascota de la ACB por un tiempo y que capitaneaba un equipo de perrillos, Los Dinamics, que medían sus fuerzas con otros peludos perrunos, los malísimos Quebrantahuesos.

¿Y la ficción en España? Los cameos han sido menores y la presencia del fútbol, como en los Telediarios, lo colapsa todo. Personalmente recuerdo varios ejemplos en los que un aro se colaba en el plató. Curiosamente, ambos están hermanados, cosas de la falta de originalidad de los guionistas. Ahora verán por qué digo esto.

En la segunda temporada de  ‘Aquí no hay quien viva’ se escenificó la típica guerra de sexos con un duelo entre hombres y mujeres para decidir quién estaría en la plantilla de ‘Esta nuestra comunidad…” y que queda decantado por el equipo femenino por el recurrente fichaje de Marina Ferragut (ver vídeo). En la segunda parte tenemos una historieta poco utilizada: tras la paliza inicial con repetidos desencuentros y la arenga emocional del descanso,  se inicia la remontada que acaba con un último tiro decisivo, el balón llega al peor jugador (Emilio), egoístamente no pasa al bueno, avanza hacia el aro a cámara lenta, tira y… la manda al vacío (ver vídeo).

También en ‘Aquí no hay quién viva’ apareció Fernando Romay, el baloncestista español con más presencia en la ‘caja tonta’. Via @twitter el gigante de Los Ángeles’84 me ha comentado que participó en algún capítulo de Farmacia de Guardia, 7 Vidas (jugando a los bolos junto a Biriukov e Iturriaga y donde Javier Cámara ya había demostrado que no sabe mucho de ‘pasodobles’) y Qué vecinos tan animales, aunque su papel más serio fue el de Zosimo Gandía, un sombrío portero en ‘El Comisario’, cuya muerte de su mujer casi manda a Pope a la cárcel y finalmente será él el que encuentre el descanso eterno entre rejas. Repitió presencia con el mismo personaje en dos temporadas de la serie de policías más exitosa de España.

Más políticamente incorrecto, pero con el mismo argumento que la producción de José Luis Moreno, fue el capítulo de Aída. Otra vez la cancha (esta vez el presupuesto es más limitado y se filma en interiores) dilucida la eterna batalla entre los chicos y las chicas donde la deportividad brilla por su ausencia (ver vídeo). El Luisma es el jugón a ‘lesionar’ con las malas artes del básket más navajero. De nuevo, los chicos se adelantan y luego las chicas remontan. De nuevo, se repite el epitafio. Los chicos tienen un último tiro libre para vencer en manos del más paquete del grupo, Fidel. ¿Resultado?. Imagínenselo, cámara lenta, primer plano de caras expectantes, balón por el aire… Aire.

El propio Luisma utilizó el básket, pero en silla de ruedas, para intentar ligarse a Lorena Bernal, con un resultado desastroso… para las ganas de cama del Luisma. Vamos, nada que ver con The Wire.

Continuará…

08
ago
11

¿Quién es Billy Hunter?

Esa malvada palabra nos tiene carcomida la moral. Muchos ni quieren pronunciarla hartos de que por su culpa se queden sin su tesoro. El lockout distorsiona la realidad de la NBA y nos sitúa en verano ante un montón de rumores y acusaciones sin sentido y la desesperanza de no saber cuándo le devolverán a la pelota su protagonismo.

Entre la neblina de noticias se alumbra un hombre de pelo canoso y sonrisa fácil ante las cámaras como el cruel artífice de la fórmula de la ‘huelga’ sindical entre los jugadores de la NBA. Billy Hunter es un nombre que sólo aparece para aguarnos la fiesta. Si ven la foto del director ejecutivo de la Asociación Nacional de Jugadores de Baloncesto (NBPA), asústense. Pero, ¿quién es Billy Hunter?

Que Billy Hunter sea la pesadilla de David Stern y las franquicias de la NBA en su afán de recortar salarios no es mera coincidencia. Su historia está llena de anécdotas que definen su personalidad de luchador, de defensor de los derechos de los deportistas, de negociador de causas que él considera justas.

No debía ser fácil para un joven negro crecer en Cherry Hill. En esta localidad de la ‘blanca’ Nueva Jersey nació en 1943. Conocida por ser sede de una fábrica de Sopa Campbell, ‘Billy se crió en un hogar de cuatro habitaciones propiedad de sus abuelos paternos y que solía compartir con hasta 14 familiares. De ellos escuchaba muchas historias de esclavitud y discriminación racial, de superación ante la intolerancia, que endurecieron pronto su carácter y le hicieron  protagonizar más de una pelea cuando alguien señalaba el color de su piel. Dice que ahí aprendió a negociar, que cuando se sabía perdedor de la lucha fue capaz de dar un paso atrás e imponerse con la palabra.

La batalla por los derechos civiles estaba en la calle cuando Billy Hunter sobresalía en el equipo de las Pequeñas Ligas de Beisbol de Cherry Hill, uno de los primeros en los que se integraban tres niños negros –un primo y su mejor amigo–. En su primer partido regional jugando las Series Mundiales en Williamsport, Pennsylvania, los tres chicos afroamericanos tuvieron que dormir en la casa de un familiar, mientras sus compañeros blancos disfrutaban de un hotel. El pequeño Billy jugó bajo amenazas, como relata un reportaje en Grantand, pero  fue el protagonista de la victoria. Era 1955 y tenía 11 años.

Estas experiencias forjaron su carácter y un futuro prometedor como deportista. Decidió graduarse en la neoyorquina Syracuse y jugar a cuatro disciplinas distintas, decantándose finalmente por el fútbol americano. Pero su activismo político era creciente. Fue responsable del boicot de los equipos de los Orangemen a las Universidades que aún segregaban en sus estadios a los negros. El futuro Hall of Famer y actual alcalde de Detroit Dave Bing fue uno de los firmantes de esa protesta. Y desde entonces su amigo.

La carrera de Billy Hunter en la NFL, como corredor y retornador de kickoff, fue corta. Los Redskins y los Dolphins fueron sus equipos en su corto trayecto de dos temporadas (65 y 66) hasta que una lesión en los dedos durante un partido en Buffalo y sus disputas contra los cánones racistas de la competición le llevaron a, tras un breve paso por la Liga canadiense, a dejar el deporte, casarse y matricularse en Derecho en la Universidad de Howard y, más tarde, completar un Máster en la prestigiosa Universidad californiana de Berkeley.

Su carrera como jurista le llevó pronto a un puesto de prestigio. Tras foguearse como Fiscal en el Condado de Alameda, el demócrata Jimmy Carter le nombró Fistal Jefe de Estados Unidos en el Norte de California. Pronto sus actuaciones en casos de fama nacional le dieron un nombre. Procesos contra el Partido de los Panteras Negras, los motoristas de Ángeles del Infierno, la Iglesia de Hakeem  o contra la secta de Jim Jones, causante en 1978 de un suicidio colectivo de 900 personas en la Guyana y el asesinato del senador Leo Ryan, fueron el precedente de uno de sus logros más contradictorios. Billy Hunter recomendó la liberación de Patty Hearst, nieta del magnate William Randolph Hearts, figura en la que se inspiró la película Ciudadano Kane, y que había protagonizado un causo extremo de Síndrome de Estocolmo, al actuar en actos violentos junto al Ejército Simbiótico de Liberación, grupo que la había raptado.

En 1984 decidió dar un volantazo a su carrera y, aprovechando el nombre que había obtenido con los anteriores casos, crear su propia firma. Las estrellas de Star Sistem americano y las grandes empresas eran sus principales clientes. En una ocasión, representando al rapero Mc Hammer volvió a saltar a las portadas, al llegar casi a las manos con el también músico Bobby Brown, esposo de Whitney Houston, después de que este no quisiera firmarle un autógrafo a las hijas de Hunter.

Su conocido nombre, su trayectoria reivindicativa, su paso por el deporte profesional, su currículum como defensor de los derechos civiles, hasta su frustrado intento de entrar en el Congreso (1990) … llevaron a su viejo amigo de la universidad Dave Bing a proponerle como candidato para gestionar la Unión, la entonces fragmentada Asociación de Jugadores de Baloncesto. Ganó la votación definitiva y se convirtió en el cuarto director ejecutivo del organismo.

Pronto ganó notoriedad con sus acciones y se convirtió en la peor pesadilla de David Stern, el hombre que había hecho de un ‘deporte’ considerado coto de los afroamericanos en uno de los espectáculos más seguidos de USA. La primera medida de Hunter fue la suspensión de la pena de una temporada de suspensión y una altísima multa que la Liga y los Golden State Warriors (rescisión de su contrato) habían impuesto al intrépido Latrell Sprewell por empujar y agarrar del cuello a su entrenador PJ Carlesimo. Primer golpe para Hunter.

Poco después lograría aunar a las jugadoras de la recién creada WNBA bajo una misma asociacion y firmar un ventajoso convenio. Esa sólo era la antesala a lo que Hunter estaba preparando, a medida de lo que había hecho el béisbol en 1994, desde que llegó a su cargo.

El mayor pulso llegó en el verano de 1998, cuando Hunter llevó a sus más de 430 afiliados a una huelga que paralizó casi 200 días la NBA y provocó la suspensión del All Star o que ningún jugador de la Mejor Liga del Mundo estuviera presente en el Mundial de 1998. Hunter capitaneó las demandas del sindicato de jugadores, que lograron un pacto muy ventajoso para sus intereses, con una agresiva negociación en la que llegó a jugar la carta racial, enunciando que Stern había vendido a los blancos una liga de negros y ahora no quería repartir los beneficios. “Es un trabajador que sale de allí y unifica la gente. Creemos en Billy. Es tan simple como eso”, lo definió en el New York Times durante las negociaciones de aquel lockout Pat Ewing, presidente del Sindicato en esa época.

Stern y Hunter vuelven a verse las caras este verano, con un lockout que no parece divisar el fin en el horizonte, mientras los rumores de la marcha de jugadores a otras competiciones completa las páginas de los medios especializados en la NBA. China es uno de los destinos favoritos. Curiosamente Hunter, entre otros cargos en la Universidad de Syracuse o el Puerto de Oakland, es consultor de la China Sports Industry Inc., empresa que opera en exclusiva el tratamiento deportivo en China y gestiona la comercialización y promoción del deporte profesional en la República Popular.

Según el perfil de la página de la NBPA, Hunter, de 68 años, está casado, tiene tres hijos y vive a caballo entre Oakland y Nueva York, donde tiene su oficina sobre un restaurante en Harlem.




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