Cuando abordé a José Luis Abós en Fuenlabrada para pedirle colaborar en esta sección recibí una respuesta cordial y afirmativa porque “ya conozco el blog.Pero mis libros serán casi todos americanos”, me advirtió el entrenador del CAI. A las pocas horas recibí la lista y, como había señalado, los grandes apellidos de la nueva escuela americana estaban presentes. Gran estudioso del baloncesto, el aragonés vivió la experiencia estadounidense en primera persona durante la temporada que permaneció como ayudante de Dave Odom en la universidad Wake Forest (2000) y de la que habló ampliamente en una entrevista en Balonzesto.
Todo un honor para Puertatrás de tener al mejor entrenador aragonés del mejor equipo aragonés a pocos días de empezar el playoff.
Dean Smith es uno de los entrenadores más exitosos del baloncesto universitario de Estados Unidos. Miembro del Salón de Fama de Springfield y medalla de oro con la selección de Estados Unidos en Montreal’76, es más conocido por su carrera de 36 años en la Universidad de Carolina del Norte. Con los Tar Hells de UNC logró un récord de 879 victorias y dos campeonatos nacionales, además de ser mentor de jugadores como Michael Jordan, Walter Davis, James Worthy o Vince Carter…
Coach K es el actual seleccionador nacional de Estados Unidos, ganando dos oros olímpicos (2008 y 2012), el Mundial de 2010 y el Torneo de las Américas de 2007. Es también el entrenador principal de los Duke Blue Devils desde 1980, con los que ha logrado cuatro títulos de la NCAA en 10 presencias en la Final Four. Fue elegido para el Basketball Hall of Fame en el año 2001.
Rick Pitino acaba de convertirse en el primer entrenador que logra el título universitario en la NCAA con tres programas diferentes tras aupar a Louisville al campeonato en la última Final Four. Antes levantó la copa con Providence y Kentucky. A lo largo de su carrera ha entrenado además a los New York Knicks y los Boston Celtics.
José Luis Abós García (Zaragoza, 21 de abril de 1961) ha logrado algo quemuy pocos hacen: triunfar en su tierra. Topicazo al canto que suele engordar en nivel de dificultad cuando la tierra es árida y dura como es la emigrante Aragón y el carácter crítico de sus pobladores. Encabezando un cuerpo técnico totalmente autóctono, ‘Pepelu’ no solo ha llevado al CAI a ascender y consolidarse en la Liga Endesa después de diez años de titubeos, sino que lo ha metido esta temporada en la Copa del Rey y en el playoff por primera vez. Hasta llegar a este éxito, para el que tuvo que superar la desconfianza de parte del ‘entorno’ y afición del Príncipe Felipe, José Luis Abós sufrió la diáspora que provocó la desaparición de la élite del CBZ (doble campeón junior y ayudante de Pesquera o Julbe, como lo fue de Llaneza y Torres en Girona) curtiéndose un currículo de entrenador solvente en Daroca, Badajoz, Bilbao, Lugo o Inca. Sin olvidar un dato: fue seleccionador de Aragón.
Alguien en twitter reclamaba la pócima mágica que permite a Pep Cargol permanecer con la misma facha que cuando se colgó del aro hace quince años para cerrar la última Euroliga del Madrid en Zaragoza. Al entrenador de El Olivar, al que Arseni Cañada puso en un compromiso al ‘colocarle’ en el banquillo del CAI Zaragoza (¿es que no le gusta Abós?), no le dejarán tranquilo por una razón: la actitud del Olympiakos.
No es un fracaso quedarse en la final. Menos si se revisa el número de visitas a una Final Four del club en las últimas dos décadas (tercera presencia). Se ha subido un escalón más al obtenido hace dos temporadas (semifinal ante Maccabi). El Madrid mostró en las semifinales que su oficio de campeón ha dado un pasito hacia el Olimpo de los campeones. En el ‘clásico’ Pablo Laso acertó con el cambio táctico en la recta definitiva para desquitarse del ‘coco’ azulgrana. El domingo se exhibió en un primer cuarto inmenso, un canto al baloncesto bonito y alegre, de exhuberante puesta en escena y acierto inmenso.
No fue suficiente porque delante había un equipo en su más amplia dimensión. El Olympiakos se abrazó al mismo espíritu combativo con la que hace un año remontó otra final ante el CSKA (8-22 en el último cuarto), apartó el partido hacia un tiempo más atascado y favorable, incrementó la exigencia física hasta la frontera de lo permitible y encontró el calor del juego de Spanoulis, el hombre que juega una final para ganarla (lleva tres de tres en Euroliga), el ‘Navarro’ griego, que se fue al descanso con -11 de valoración y terminó con 20 puntos, siendo el MVP (su tercer galardón igualando a Toni Kukoc) y bajándose del podio para saludar uno por uno a los jugadores del Real Madrid. Un deportista. El mejor jugador de baloncesto en Europa.
Quizá Laso no estuvo tan acertado para dar con la tecla que paralizase la crecida griega, tampoco halló la puerta de salida que le había llegado a ese lugar (la magia de Sergio y el oficio de Reyes) ahogados en la defensa helena, se ausentaron dos hombres importantes como Mirotic (desaparecido en Londres) y Carroll y sus carretones, es decir, el plan B del ataque. Tampoco se sacó partido de la intimidación de Begic, atrapado en su rol de iniciar partidos y terceros cuartos. El Madrid terminó consumido en los nervios de ver que podía ganar de calle, que tiene argumentos en su baloncesto espectacular, pero que con eso no bastaba, que tiene que dar otro pasito, otra vuelta a su carácter mental y grupal. Solo gana uno, el mejor. Y es aún el Olympiakos (100-88).
¿Fracaso? Ni de coña. ¿Necesidad de cambios? Tampoco, solo algunos. El Madrid no se puede permitir tener un pívot calentando el banquillo como Hetts. Algún otro retoque puede llegar para aumentar la intensidad defensiva, el oficio, ese valor invisible que se adquiere con la experiencia y que, en Londres, cargó un poquito más el almacén del madridismo (era la primera Final Four de Rudy y la segunda de Llull o Sergio…). ¿Cambiar de estilo y entrenador? Un terrible error que ni los más antimadridistas a los que les guste el baloncesto deberían aceptar por buen gusto.
Barcelona, punto (de sutura) y seguido
Seguramente que en la mente de la plantilla del Barcelona Regal no cabía la idea de abandonar la lucha por la Euroliga. Muchos campeones navegan en ese barco como para izar antes de tiempo la bandera blanca. Pero las condiciones del oleaje no eran las propicias para llegar a buen puerto. Con la profunda baja de Mickeal y su ADN ganador, sacar oro en la Final Four (y en la temporada) se complica mucho en mitad de un trayecto a medio camino de la exigencia continua de éxitos de un club grande y la remodelación juvenil del proyecto. A la intermitencia física de Navarro, se añadió para colmo la baja de Jawai, que ahora ya es definitiva, y la de Oleson, el parche que llegó para levantar la Copa, y Sada en el partido del domingo. Demasiados puntos de sutura que cerrar.
El Barcelona se permitió el lujo de competir, porque eso no se le ha olvidado, durante 32 minutos al Madrid en semifinales (67-74). Luego cayó en la trampa defensiva de Laso, con ese cara a cara de Sergio con Navarro y en la fogosidad de Felipe Reyes y el ‘Chacho’ en una remontada final que se deslizó desde la línea de fondo y el rebote. Si no lo vieron, Piti Hurtado lo clavó en este vídeo.
El domingo parece que Xavi Pascual quiso lanzar al escenario todos los males que perseguían al equipo y, de paso, leer el prólogo de su libro del futuro. Jugaron mucho y bien los chicos que deben tomar este equipo, los Abrines, Todorovic, Rabaseda (26 puntos en conjunto)… e incluso un casi inédito Mbaye que capturó los minutos de Jawai. No fue suficiente para arrebatar a un CSKA deprimente en Londres, pero sí para percibir que con Navarro a un nivel más cercano al de su magia, que sacó en los minutos finales al cabrearse con el criterio arbitral, la dimensión de este equipo es otra.
RTVE pide el cambio
En mitad de la retransmisión mi Timeline echaba chispas. La red bulle cuando toca baloncesto. Mientras se jugaba la final ‘Corina’ era el hagstag más utilizado en España, seguido de Belloch. ‘Salvados’ las clava de tres como nadie los domingos por la noche. ¿Pero la Euroliga no era rival a Jordi Évole?. Excluída al nicho de Teledeporte, RTVE volvió a hacerle un feo a los aficionados españoles al baloncesto, programando en sus principales canales productos que consideraba de mayor interés: La película ‘En el nombre del rey’. Mientras por canales estalales se vio el mismo día los triunfos de Rafa Nadal y Fernando Alonso, el baloncesto quedó recluído a la esfera temática del TDT como lo es en casi todas las jornadas de la Liga ACB. Viendo hoy los resultados del share parece que el error es calamitoso. 2 millones de españoles vieron el partido, más que la final del Open Madrid. La octava retransmisión más vista del día.
Pero la crítica no puede indicar solo al cambio de canal como infracción más repetida que los pasos de los yankees en los Juegos. La elección de los comentaristas es desacertada. Desastrosa. Joe Arlauckas sobra. Lo siento por ser tan duro y directo. Gracioso sin gracia (aún estoy alucinando con su NO entrevista a Sabonis), promocionando Bwin cuando podía en una televisión supuestamente sin publicidad, nula interpretación táctica y mucha fogosidad fanática… considero que no es el perfil que engancha a los aficionados indecisos. Pablo Martínez cayó en la trampa de insistir en la crítica arbitral, comentarios que nunca me gusta escuchar en una retransmisión deportiva, porque insisten en una educación de camuflar la responsabilidad propia en la culpa ajena. Pablo no es comparable con Arlauckas en profesionalidad, pero tampoco pierde oportunidad de promocionar su Copa Escolar cuando le dejan el micro abierto.
Así que lo mejor, para mi asombro, fueron los comentarios de dos personajes con pose de ‘soso’ como son Pep Cargol y Juanan Morales. Y me pregunto, ¿es necesario rescatar a jugadores retirados hace más de una década y que poca conexión pueden tener con muchos de los aficionados actuales? Pienso en gente como Rafa Vidaurreta o Lucio Angulo, con verdadero gracejo y con dotes para la comunicación, o en perfiles más técnicos que sí han calado como Comas o en su momento, para mi el mejor comentarista, Creus.
RTVE debe pedir el cambio y tanto Euroliga como ACB, y por delante deberían ir los patrocinadores que pagan para lucirse en estas plataformas de difusión tan pobres, deberían no permitir esta ausencia de compromiso e ideas. Y menos si parece que al ente no le interesa y con el dineral de todos. Apruebo este recorte.
La Penya manda
Y el último apunte debe ser para la celebración de la cantera. La Penya y el Barcelona jugaron con sus equipos junior la final del torneo de promesas que desde hace unos años se disputa de forma paralela a la Final Four. El duelo entre dos generaciones que se conocen de sobra, que disputan año tras año los títulos en Catalunya y España, fue esta vez para el Joventut de Paco Redondo. Y no de cualquier forma. Los Sans, Abalde (MVP del Torneo), Assalit, Iriarte, Nogués, Gomila, Bauza… la liaron parda (82-59) ante el multicultural Barça de Marc Calderón (exPenya y cuñado de Rudy). Los más de 30 puntos que adquirieron de ventaja ante un rival que hace poco les superó en el campeonato catalán deja todo más que claro. Esta semana en Marín, en el Nacional, tendrán otro pulso. No se lo pierdan. Aquí pueden ver lo que pasó en Londres.
Me encanta leer y, a través de los libros, reflexionar para comprender mejor el comportamiento humano, que como psicólogo es lo mío. También para distraerme trasladándome a otros mundos reales o de ficción. Para muchos entrenadores es difícil concentrarse en la lectura. Su mente está demasiado inmersa en los suyo: horas y horas pensando cómo defender los bloqueos del rival, mejorar los porcentajes de tiro y asuntos por el estilo. Normal: es una ocupación que absorbe mucho de ti mismo, muy obesionante, que dificulta desconectar. Sin embargo, permitir que la mente descanse y tener una visión de la vida más allá del pick and roll, ayuda a tener un equilibrio emocional que favorece el rendimiento del entrenador dentro y fuera de la cancha. La lectura puede ser ese amigo que te ayuda a no perder una perspectiva objetiva, te recuerda que la vida continua después de una derrota dolorosa, comparte contigo los largos viajes y las interminables horas de espera antes de los partidos, te proporciona la calma que tantas veces necesitas… y todo eso, sin darte consejos ni exigirte que hables, pongas buena cara o hagas cualquier otro sobreesfuerzo.
Me apasiona la Psicología, cuyo estudio me “obliga” a leer libros muy especializados. Y también, la Historia; un hobby al que procuro dedicar su tiempo. En todos los libros de Historia suelo encontrar algo interesante. Elijo tres:
“Postguerra” del historiador británico Tony Judt. Un libro de unas mil páginas (según la edición), publicado por Taurus, sobre la Historia de Europa a partir de la Segunda Guerra Mundial. Muy bueno para entender lo que hoy es Europa. Idóneo para viajes largos, concentraciones interminables o periodos de vacaciones. No es para leerlo en el metro ni mientras el equipo calienta.
“Divide y Vencerás: el reparto de África” de Henri L. Wesseling (RBA). Trata sobre cómo las grandes potencias europeas colonizaron y se repartieron África. Ayuda a comprender el enorme atraso y los graves problemas que hoy afectan a ese continente. Recomendado para leer cuando te sientes una m… después de perder un partido. Enseguida te das cuenta de que eres un privilegiado.
“1421: el año en que China descubrió el mundo” de Gavin Menzies (Grijalbo). Apasionante libro sobre la expansión china del siglo XV que ¿afortunadamente? no llegó a consolidarse. Ideal tras una victoria para recuperarse del subidón y volver a la categoría de humano.
El humor también ayuda mucho. El entrenador que se ríe o sonríe, relaja los músculos de la cara, transmite más confianza y logra que se le entienda mejor cuando imparte instrucciones. “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre” de Ramón J. Sender (distintas versiones) es un clásico muy divertido que, además, ayuda a reflexionar sobre la importancia de integrar, en lugar de eliminar, a quienes no piensan como tú, so pena de quedarte cada vez más solo. Perfecto para entrenadores que ven enemigos por todas partes, y también para leer en las horas previas a los partidos, tras varias derrotas seguidas y cuando llegas del entrenamiento lamentándote por la falta de actitud de los jugadores. Especialmente recomendado cuando empiezas a echar jugadores del entrenamiento o los amenazas con no sacarlos el domingo.
Si queréis un libro de baloncesto, soy muy antiguo. El que más me ha impresionado ha sido el de Dean Smith, “Ataques y Defensas Múltiples”.Dean Smith cautivó a los entrenadores de mi generación cuando empezábamos en los años setenta. En los ochenta tuve el privilegio de estar con él en Carolina del Norte en dos periodos de tres semanas. Su libro nos ayudó a muchos a comprender el baloncesto (un poco; nunca se comprende del todo) y darnos cuenta de la importancia de una filosofía del juego. Está escrito hace ¡más de 30 años! pero El Quijote es mucho más antiguo y sigue estando vigente. Recomendado fuera de temporada. Si lo lees mientras estás entrenando, puede revolucionarte demasiado y conducirte al error de querer cambiar muchas cosas. ¡Lectura prohibida hasta el verano! E incluso así, ¡mucho cuidado! No quieras aplicarlo todo de golpe.
A los que os interesa la Historia del baloncesto, os recomiendo el libro de Fernando Font (qepd), discípulo del Padre Millán, e impulsor de la Escuela de Entrenadores y otros muchos proyectos. Su título: “El libro de oro del Basket”, referido al periodo 1923-1985. Publicado por Asesa (Barcelona) es probable que esté agotado, pero si podéis, no dudéis en haceros con un ejemplar. Aconsejable para los que creen que el baloncesto en España empezó con la ACB o ÑBA.
Si todavía seguís leyendo esta relación, quizá os interese “Playing for Knight”, una biografía de Steve Alford sobre sus años como jugador estrella de Indiana con este mítico entrenador (todavía se puede encontrar a través de Amazon). Incluye muchas anécdotas que reflejan el estilo de liderazgo de Bobby Knight. Especial para mirarte en el espejo cuando abusas de tu autoridad, tomas decisiones caprichosas o te sientes el centro del mundo. También para reírte un poco si piensas que es pura ficción y controlas la tentación de imitarlo.
Las biografía de los entrenadores suelen ser muy interesantes. Lástima que no las haya de entrenadores españoles. Recomiendo la de Wooden: “Me llaman entrenador”. Una lectura urgente cuando te olvidas de los valores que debe desarrollar el deporte y de tu responsabilidad como entrenador en la formación integral de tus jugadores. Imprescindible cuando consideras que ganar al colegio de enfrente, sea como sea, es lo más importante de tu vida; o que los jugares son meras piezas de un video juego.
Otro libro: “Invictus” de John Carlin (Seix Barral) (quizá habéis visto la película), ideal para reflexionar sobre el liderazgo, el objetivo común… y echarle un poco de gasolina a tu espíritu so pena de convertirte en un “pide tiempos muertos” sin alma.
Por último, antes de que me corten la luz, “El nuevo entrenamiento deportivo” de Jerry Lynch (Tutor). Me lo regalaron mis amigos entrenadores del colegio San Agustín de Madrid. La traducción es deficiente desde el punto de vista literario, pero los contenidos son muy interesantes para cualquier entrenador que quiera crecer como tal. Recomendado para aquellos que, profesionales o no, se lo toman esto en serio.
Esta es la historia de un hombre sincero. Enormemente sincero. Y enorme. Un gran tipo que fue todo corazón en una pista de baloncesto porque no podía ser deshonesto con su forma de sentir. Y quizá no sabe hacerlo de otra forma porque la vida no le ha dado más alternativas que superar todas las adversidades y tirar para delante con todo. O quizá porque es de Bilbao, nacido en Madrid, sí, pero es que los de Bilbao nacen donde quieren. Un gigante que no dejará desprender su mano de aquellos que le acompañan por ese camino de obstáculos, pero que olvidará pronto a los que no le miran a los ojos ni son transparentes, no son lo que muestran su alma. Quizá por eso Iñaki Zubizarreta no olvidó ni olvidará a Toni, que sigue ahí, a su lado aunque hace tiempo que nos dejara. Quizá por todo ello a Iñaki no le dio miedo abrir su corazón, enfrentar su intimidad ante millones de personas en un programa de televisión para reencontrar a la familia de un niño que un día le dio una lección de vida. Esta es la historia de corazones buenos.
Una caída abrió la distancia. Un móvil buceando en el agua. Adiós memoria. Iñaki perdió el contacto con los padres de Toni poco tiempo después de salir de Valencia y de una maldita llamada que nunca debió llegar. Unos meses antes lo habían ido a ver jugar con el Pamesa en la Fonteta. El tratamiento parecía que empezaba a funcionar y Toni quería ir, con la camiseta que Zubizarreta le había regalado poco después de su visita al hospital, a ver batallar bajo los tableros a ese ídolo que le mostró que él tampoco tenía un pelo de tonto. Pero una tarde sonó el teléfono. La madre, María Dolores Castillo, le anunciaba el fallecimiento de su ‘Ángel’, como Iñaki lo llama: “Cuando alguien nos deja, se muere, solo desaparece en el olvido, pero te aseguro que Toni está muy, muy vivo. Jamás nos podremos olvidar de él los privilegiados que pudimos conocerlo y sobre todo los que pudimos compartir esos momentos tan maravillosos con él. Yo le llamo el Ángel que me marcó con su huella”.
Retirado desde 2002 en el La Salle de Bilbao y afincado en Getxo, ‘Zubi’ rebuscó con la misma pasión que un rebote en el aire esa pista perdida: llamó al hospital donde conoció a Toni, a instituciones oncológicas en Valencia… pero la ley de protección de datos cerraba cualquier posibilidad al reencuentro. “Después lo intenté con las guías, pero claro, ponte a buscar a Antonio Sánchez, que es el nombre del padre y te puedes sorprender la cantidad de gente que hay con el mismo nombre. Así otra vez la cosa se puso cuesta arriba, hasta que al final ya fue desesperante. Después de este punto ya casi tiré la toalla y pasó un tiempo en que dejé de intentarlo”, narra Iñaki al que los últimos años tampoco le han sido fáciles.
Empujado no por la curiosidad sino por esa necesidad “de saber de ellos, comunicarme con ellos, decirles lo que su hijo supuso para mi, lo que me aportó y sobre todo hacerles saber el cariño que le tengo y lo digo en presenté porque el niño siempre ha estado y siempre está conmigo en mi recuerdo, en mi memoria y en mi cariño”. Y por otra razón casi igual de importante, por una madre, la suya, que le empujó a atreverse a buscar ayuda en un personaje controvertido, Jorge Javier Vázquez y a un programa de ‘prime time’. Se metió en la web del espacio y rellenó un breve formulario. “En un principio apenas dispones de trescientos caracteres para hacerlo. Sinceramente pensé que no me iban a llamar”, dice el que fuera pívot del Cajabilbao, CBZ, Pamesa, Tenerife, Huelva, La Palma… Se equivocaba. Cinco días después recibe una llamada en la que le piden que cuente la historia con más detalles, algo que volverá a repetir ante una cámara en los estudios de Telecinco de Madrid para comprobar la veracidad de los datos y la limpieza de su interés. “La criba fue intensa, pero he de apuntar que todo el equipo del programa y de la productora Magnolia es una gente maravillosa. En especial nombrar a Rebeca Sánchez, Sonia Domínguez, Lorena Galán y África Lafita porque sin duda son increíbles y he de mencionar también a José Antonio Muñoz un hombre muy especial y que me ha marcado mucho”, explica Iñaki, que ahora trabaja de masajista y practica el tiro con arco.
Y llegó el día. El programa se grabó el 19 de marzo. Había que pasar por maquillaje y por vestuario, ponerse guapo, y una larga espera con todos los remitentes de mensajes, entre los que, ese día, se encontraba el piloto Jorge Lorenzo y el bailarín Rafael Amargo. Durante todo esta pausa Iñaki solo tenía un pensamiento, saber si María Dolores acudiría a la cita. Nadie le quería decir nada. No hay tongo en la sorpresa en el plató: “Lo único que te dicen antes de grabar es que han encontrado a la persona que buscas pero a partir de ahí, no sueltan prenda de nada. Si han venido al programa, si han dejado de venir… Lo llevan todo en absoluto secreto”.
Antes de entrar a escena, nuestro protagonista pudo conocer al conductor del programa, la estrella mediática Jorge Javier Vázquez, polémico periodista del mundo del corazón. Esa es la misma imagen con la que Iñaki se enfrentó a su presentación. “He de reconocer que durante años ha sido un personaje público que no ha sido muy de mi agrado, no me gusta la filosofía de cierto tipo de programas que presenta, ni el papel que le toca representar. Pero sinceramente después de haber podido tener trato con él mi apreciación y mi opinión de él han cambiado por completo. Me ha mostrado que es un profesional como la copa de un pino, un hombre sensible, humano, con buenos valores, respetuoso, llano y cercano. Se ha ganado mi respeto”, comenta el exbaloncestista.
Estaba bien entrada la tarde cuando el presentador de ‘Sálvame’ dio paso al plató a un nervioso Iñaki y comenzó a deshilvanar la historia de Toni mientras las fotos de ambos juntos el día que se conocieron iluminaban una pantalla bestial. Zubizarreta asegura que estuvo “a punto de venirme abajo” y que contuvo las lágrimas cuando vio aparecer a María Dolores y ésta narraba los episodios de la amistad y enfermedad de su hijo con el larguísimo jugador del Pamesa con una entereza abrumadora y ejemplarizante. “Me mantuve en todo momento en segundo plano, ese día no era mi momento para nada, era el de María Dolores, una mujer increíble, madre coraje, luchadora incansable y creo que es un ejemplo extraordinario para mucha gente empezando por mi mismo. Estoy feliz de haber podido conectar con ellos otra vez después de tantos años”, cuenta ‘Zubi’. Al retirarse el muro ambos se fundieron en un hondo abrazo. Un torrente de sentimientos que en pocos segundos poblaron con intensidad entre recuerdos. “Tener las fotos con el niño en la pantalla por un lado, el testimonio de la madre por otro, sabiendo que ella estaba presente detrás del sobre, fue muy intenso. Vinieron a mi mente y a mi corazón sentimientos del pasado, el dolor de la pérdida del ser querido mezclado con la emoción de poder reencontrarse con la madre y poder decirle lo que sentía por su hijo después de tanto tiempo. Para mi ha sido un sueño cumplido, con una historia triste de fondo pero al final con un final feliz y con lo que me quedo es con lo afortunado que he sido de poder haber conocido a un ‘Ángel’ de verdad y poder haber compartido un pedacito de su vida. ¡Es muy grande!”
Al apagarse los focos el reencuentro continuó durante diez minutos entre bambalinas. María Dolores había acudido a la capital con su hija Eva, a la que, quince años después –ahora tiene 24–, Iñaki casi ni reconoció. No hubo tiempo para casi nada: intercambiarse los móviles y promesas de un próximo viaje a Valencia. Un punto de partida para reiniciar un contacto que era el objetivo que se había propuesto Iñaki metiéndose en esta aventura televisiva. A las 21:30 abandonó los estudios de Fuencarral. Al día siguiente volvería a su rutina de masajes, gimnasio, cuadrilla…
El reencuentro con María Dolores
Pasaron dos semanas hasta que el 2 de abril se emitiera ese ”Hay una cosa que te quiero decir”, el número 43 en su ya segunda temporada en antena. El programa fue uno de los más vistos de ese día, alcanzando un share del 18% y una audiencia media de 2,5 millones de personas. La historia de Toni e Iñaki fue una de las más seguidas al ser montada al inicio. Las repercusiones a la aparición pública de Iñaki Zuizarreta tras tantos años en el anonimato no tardaron en llegar, aún más cuando al día siguiente ACB.com y Superdeporte se hicieron eco del hecho. Este blog fue muestra de ello. La entrevista biográfica del getxotarra que publiqué hace dos años quintuplicó el número habitual de visitas de esta bitácora. El mundo del baloncesto, si lo había olvidado, rescataba de su memoria a Iñaki Zubizarreta: “Iñaki Garaialde, Félix de la Fuente, Fernando Romay, José Luis Galilea, Txus Brizuela, Santi Toledo, Santi Aldama, Alex Etxebarria, Mike Hansen, José Calvelo, Nacho Rodilla, José Luis Maluenda, Berni Álvarez, Víctor Luengo, Sergio Coterón, Rubén Vila, Alfons Albert, todos los Veteranos del Valencia Básket, Miguel Ángel Vílchez, Germán Monje, Jofré, David Fernández, Álvaro Fernández, Javier Durango, Xavi Amorós, Juan Carlos García, Martín Labarta…”, alinea Iñaki sin querer olvidarse de nadie a todos lo que le han llamado o mensajeado estos días.
No todos lo comprendieron, ni apoyan este tipo de ’exhibicionismos’ de la intimidad ajena. Algunos dudan de la veracidad de las historias, artículos para hinchar la glándula lagrimal y el share. Los críticos señalan el uso del morbo de observar en la pantalla dramas personales o ven en los invitados a oportunistas con hambre de famoseo. Zubizarreta se defiende con la misma contundencia que lo hacía en la pintura o en los entrenamientos ‘a muerte’ con Ken ‘Animal’ Bannister y Fernando Romay. “Es triste que la crítica destructiva sea el deporte nacional. Hay mucha gente que para tapar sus miserias se dedica a mal meter por aquí o mal meter por allá. Porque animo a la gente que tiene cierta trascendencia pública, como pueden ser los deportistas, para que apoyen más abiertamente este tipo de causas, con niños oncológicos u otras. Yo echo en falta más implicación”, lanza este vasco que tiene los mismos pelos en el cogote que en la lengua. Ni uno.
Entonces, ¿por qué exponerse a este juicio y mostrar tan descarnadamente las emociones ante millones de desconocidos? ¿No hubiera sido menos arriesgado alejarse del sensacionalismo televisivo y agotar la vía anónima en su búsqueda? ¿No esconde esta intervención un ansia de volver al primer plano después de muchos años en la penumbra? ¿Quieren una respuesta? Pues agárrense, porque Iñaki Zuizarreta no se muerde la lengua: “No soy partidario para nada el andar aireando, ni vendiendo mi vida privada, porque como el adjetivo indica es privada, pero en este caso creo que es una historia muy humana, muy emotiva y en mi criterio llena de buenos valores tan carentes en estos días en los que sólo nos llegan historias de guerras, atentados, violencia, políticos corruptos y gente de estatus privilegiado que campa a sus anchas con completa impunidad y encima tiene la poca dignidad de tratarnos como gilipollas metiendo recorte por aquí y recorte por allá, hundiendo el país, destrozando familias, destrozando vidas con la burda excusa de que lo hacen para salir de la crisis generada por ellos y sus predecesores por su nefasta gestión y lo único que quieren es mantener sus privilegios a costa del ciudadano de a pie. Creo que la historia de Toni y María Dolores ha podido ayudar a reflexionar a las personas que vieron el programa. Yo solo quiero seguir con mi vida, luchando para llegar a final de mes”. ¿Queda claro?
Porque quizá la respuesta quede guardada en ese corazón que bombea con tanta fuerza que es capaz de mover a este tronco de 207 centímetros. O quizá porque Iñaki descubrió que no hay otra forma que luchar de frente por las cosas, lección que aprendió enfrentándose a los malos tratos que sufrió desde su infancia por ser ‘el diferente’. “Me he puesto en contacto con una asociación contra el bulling para colaborar con ellos. Es un tema que me toca muy mucho, que me ha tocado vivir muy en primera persona y si puedo hacer algo para evitar que algún niño no pase por lo que me toco vivir pienso hacerlo. De todas formas aprovecho estas líneas para por sí hay alguien interesado en colaborar o que necesita ayuda puede entrar en www.noalacoso.org“. Puede que esa lucha hiciera que empatizara con más intensidad con ese niño que le sonreía en un hospital batallando también por su vida. Puede que por eso no olvidase ni olvidara a Toni, porque le dio una lección imborrable de cómo afrontar la adversidad, y no le importe exponer sus sentimiento en un programa de televisión, pese a lo que digan, a lo que piensen los demás. Porque seguir luchando por lo que uno quiere nunca es un error. Y más cuando de por medio se cruza la amistad entre dos corazones enormes.
A principios de los años 60 el régimen de Franco abrió las fronteras de la autárquica España por pura necesidad. Las altas tasas de paro y la sed de divisas extranjeras favorecía una política de salida de trabajadores españoles hacia los países industrializados de Europa. El documental ‘El tren de la Memoria’ de las periodistas Marta Arribas y Ana Pérez narra las experiencias personales de esta generación rural que emigró por hambre y pobreza y retrata el maltrato y el racismo que sufrieron como ‘mano de obra barata’ sin formación y con altas tasas de analfabetismo.
La actual crisis ha vuelto a alterar la balanza migratoria en un panorama que poco tiene que ver con el costumbrismo edulcorado de ‘Vente a Alemania, Pepe’ (Pedro Lazaga, 1971). El INE cifra en unos 117.000 a los españoles que han hecho las maletas entre 2011 y 2012 para buscar una salida laboral fuera de un país que acaricia los seis millones de desempleados. Esta vez son jóvenes formados, universitarios, que no encuentran el futuro prometido recortado de oportunidades y esperanzas, pero también en derechos y servicios que parecían inalterables. Emigrar detrás de un contrato, detrás de unos sueños, de una oportunidad que se cansan de esperar.
Esta es la historia de uno de esos jóvenes. Sin ristra de chorizos ni hogaza debajo del brazo, pero sí sobradamente preparado, Cándido Matoso tuvo que viajar hace siete meses hasta el otro lado del planeta, saltar de isla a isla, para abrazar su deseo de ser jugador profesional de baloncesto, de prosperar. Este chico de Lanzarote que con 20 años se ha hartado de que alguien le descubriera y ha decidido demostrarse a él mismo que sí se puede. Aunque para ello se haya tenido que ir a Japón. ¿Qué importa si así uno cumple su deseo? Suena raro. Suena real. No será la única aventura de un joven jugador español que anda buscándose la vida en el extranjero, pero quizá esta sea algo más insólita. Y comienza en una mañana cualquiera.
En la Summer League de Croacia
Era un fin de semana de mil demonios. Un viaje interminable a Mallorca. Overbooking en el vuelo. Pérdida de maletas. Un dolor de cabeza apagado por el ring del teléfono. Al otro lado la voz emocionada de una madre. “Te han seleccionado. Te vas a Croacia”. Ya no importaba si la muda limpia terminaba en una terminal de Kigali, el cuento de Cándido estaba a punto de entonar su ‘Érase una vez’. Semanas antes se había apuntado a una web que promociona jugadores de baloncesto y ahora le proponían asistir a una Liga de Verano (Elite Summer League) entre agentes, ojeadores y entrenadores. Convenció a un viejo amigo de Murcia, Tomás Onrubia, para no ir solo y en junio se plantó en Pula (Croacia) para retar a su suerte. “Mi amigo y yo llegamos una semana antes de que empezara la Summer League para ir cogiendo el ritmo de allí. Habíamos hablado con el organizador y nos dijo que mientras podíamos entrenar con el equipo de la ciudad”, relata este pívot de 2’07 que empezó a jugar con 7 años porque había un club, el CB La Isla, cerca del trabajo de su padre, y que participó en una operación altura de la FEB.
Siete días de entrenamientos y partidos junto a 42 jugadores de todo el planeta y bajo las órdenes del entrenador hispanobrasileño Ottavio Battaglia. Los números de Cándido fueron meritorios (12,25 puntos y 11,25 rebotes) y dejó su mejor estadística para la final (19 puntos y 11 rebotes). “Mi actuación creo que fue bastante buena, aunque allí todo el mundo sólo miraba por su lado. En cambio, mi amigo, el japonés y yo, intentábamos jugar en equipo, no como si fuera un All Star, que era la idea que muchos tenían en la cabeza”, afirmaba Cándido, que tiene una prima, Verónica Matoso, que juega en LF2. Pero las ofertas no llegaron como él esperaba. Quedaba una nueva parada donde fraguar su fortuna: Bélgica. Mientras pasada unos días junto a su familia materna (“mi madre es belga, me apellido Eckel y tengo la doble nacionalidad”), probó con un Segunda División. La negativa no redujo a este tozudo canario.
Volver a Lanzarote nunca es una mala noticia. Y Cándido tenía un plan, pese a que más piedras se levantaran en su camino. El club con el que había jugado como júnior de primer año en Liga EBA, el CD Magec Tías (ver vídeo), no sacaría sénior esa temporada. Tocaba mudarse al Conejeros y quedarse en Autonómica. “Aún así, yo nunca me rendí: Era el único que iba prácticamente casi dos horas antes del entrenamiento para ir al gimnasio a hacer pesas, o hacer tiro, entrenamientos físicos… Mi sueño lo tenía que cumplir sí o sí”, narra el interminable canario, que fue con la selección insular de minibásket e infantil.
Terminados sus estudios de TAFAD ‘negoció’ con sus padres pasar un año lejos de los libros para centrarse en las pistas y en su mejora. Entonces, sin esperarlo, un sobre parpadeó en la pantalla. Ese pequeño japonés, de nombre Masahiko Ando, con el que había estado en Croacía tenía la proposición que estaba esperando: un oferta para jugar como profesional. “Cuando Ando me contactó en verano diciendo que su equipo buscaba un ‘Big Men’, no me podía creer lo que estaba leyendo. Me sentía como si me estuvieran gastando una broma. Desde que tengo memoria, siempre he querido ser un jugador profesional de baloncesto y, que de un día para otro te digan: Oye, que hay un equipo de Japón que está interesado en ti… Fue un sentimiento increíble”, resume.
Cándido saltaba de isla. De un brinco superaba medio mundo para colgarse de su sueño. Esta vez las maletas si llegaron. El destino era Tsukuba, una ciudad conocida por su centro científico de más de 200.000 habitantes en la prefectura de Ibaraki, en el centro de Honshu y a unos 60 kilómetros de Tokio. Aunque en alguna ocasión había ido a Estados Unidos y Canadá a jugar torneos de baloncesto, este viaje era muy diferente. Bajo el brazo un contrato asegurado de un año muy superior al que podía recibir en un EBA canario, casa propia y un nivel competitivo que le ayudaría en su intención de progresar como jugador. “El apartamento tiene las cosas básicas para la supervivencia (Cama, nevera, microondas, cocinilla, lavadora…). Lo último que me dieron, fue la cocinilla eléctrica, así que ahora puedo cocinar yo mismo. Además, tengo una máquina de arroz que va a las mil maravillas! Hace un arroz que, mmmm ¡qué rico!”, explicaba a este blog recién aterrizado en el mes de noviembre.
Poco tiempo quedaba para hacer turismo. Tampoco lo pretendía. Las sesiones de entrenamientos eran dobles y no faltaban los actos promocionales del club. Ni los amistosos. En el primero se dio cuenta de la dimensión de lo que le esperaba. “Jugamos ante un equipo de la BJ League, la Liga comercial, y había miles de personas animando. Nunca había tenido una experiencia así”, recuerda. Fue el primero de muchos otros en una Liga en la que había partidos (32 en total) los sábados y los domingos por el formato de una competición semiprofesional para los jugadores locales. “El cambio de Primera Autonómica a una liga profesional se nota bastante. Hay muy buenos tiradores y jugadores bastantes completos. Lo único, que la mayoría son bajitos, por lo que los jugadores que los equipos fichan, son jugadores altos. Pero hay buenísimos tiradores y exteriores completísimos, y algunos la Liga EBA o la LEB Plata se les quedaría pequeña”, considera Cándido, el único 2 metros de su plantilla.
En los días de descanso rascaba tiempo libre para ir a Tokio y conocer otros puntos de interés, paseos en los que su altura no pasaba de largo y tenía que posar para innumerables fotos de japoneses sorprendidos. “Son muy educados y tímidos. Y muy respetuosos. Puedes pasar horas caminando sin ver ni un papel en el suelo. No tienen papeleras”, afirma Cándido. Sin embargo, como si de una huelga a la japonesa se tratara, su dedicación le empujó a no perder ni una jornada de trabajo, aunque en alguna ocasión tuviera que cambiar de planes. “Un día que no teníamos partido ni entrenamiento fui con un amigo a las 7:00 de la mañana al gimnasio de la universidad, que siempre estaba abierto, pero como se corría la maratón de la ciudad estaba cerrado. Terminamos haciendo un ‘Eating Trainning’”, confiesa Cándido, que dice se terminó de acostumbrar a los continuos terremotos.
El idioma era un problema porque intentó, sin mucho éxito, aprender algo de japonés. La comunicación en el equipo era fluida dado que se maneja (y estudia) en inglés y el club puso un intérprete de castellano para ayudarle en los entrenamientos. Pero Cándido había ido a Japón a jugar al baloncesto. Su equipo, el Daytrick Tsukuba, era novato en la conferencia Este de la segunda división de la JBL (Liga federada), pero ya desde las primeras jornadas destacó entre los puestos de prestigio. “Es el primer año que sale en JBL2 y el primer año que tiene entrenador. Antes de que llegar, sólo entrenaban dos días a la semana y en plan pachanga“, explica Cándido.
Candido junto a Lamar Sanders
Bajo las órdenes del estadounidense Donte Hill y con Lamar Sanders como estrella (nombrado mejor pívot de la competición con 19 puntos y 15 rebotes), ambos procedentes de los Giants de Jacksonville tras ganar la Liga ABA, los Daytrick lograron alcanzar los playoff con un balance de 22-10 y terminar en tercera posición definitiva tras caer en semifinales ante el campeón Hyogo Storks. A mitad de camino, en enero, el equipo de Cándido logró además una excelente participación en una especie de Copa, el torneo All Japan Tournament, que reúne a los mejores equipos de todas las competiciones del baloncesto japonés (dos divisiones federadas, una liga interempresas y la universitaria, como bien apunta David Pérez de Piratas). El bagaje no puede ser más que positivo, dado que la reunificación de las Ligas, además del podio en la competición, aseguraba el paso de los Daytrick Tsukuba a la élite en la siguiente temporada.
Las reglas de la JBL no permiten a los dos extranjeros jugar juntos, por lo que Cándido ha sido el suplente de Lamar Sanders en sus minutos de respiro y hombre grande de la llamada ‘segunda unidad’. A este papel se adaptó como un guante por su concepto como pieza de equipo, sin mirar sus números personales (ha cogido el mismo número de rebotes que puntos). “Cuando he salido a la cancha, siempre he intentado hacer cosas positivas, para que no se notase que Sanders estaba en el banquillo. El entrenador me ha dicho que cuando yo salía a jugar, el equipo siempre subía la intensidad en algún apartado, ya sean rebotes, tapones, defensa…”, comenta el dorsal 2 del Daytrick que ha promediado 7 minutos de juego y sólo ha sido una vez titular. Quizá por esa intensidad los aficionados de Tsukuba pronto llevaron banderas españolas a los partidos.
Su aventura ha sido seguida por los medios de Lanzarote, que incluso le utilizaron de cebo para redactar una ‘inocentada’ y le hicieron una entrevista especial a su regreso (ver vídeo más abajo). También Esteban Novillo le dedicó una entrada en su blog de Marca sobre promesas del baloncesto. Una difusión que sería imposible si se hubiera quedado en España. “Claro, me gustaría poder dedicarme al baloncesto de manera profesional en mi país, en España. Es una pena tener que irte fuera de ‘casa’ para poder dedicarte a lo que te gusta. Sin embargo, si me hubiese quedado en Lanzarote, hubiese jugado otra vez en Primera Autonómica. En el equipo, el segundo más alto medirá a lo mejor 1.90 y pesará no más de 90 kg, por lo que puede que hubiese mejorado algo, pero no tanto como aquí, en Japón”, expone Cándido, que no cierra las puertas a un posible retorno a Tsukuba o a otro club nipón, “aunque como mínimo quiero jugar en Liga EBA”, aclara.
Su vuelta a Canarias se produjo hace unas semanas, aunque no por eso detiene su agenda y su esfuerzo. El 4 de mayo se marcha a Serbia para realizar unos entrenamientos de tecnificación con un técnico local y en junio volverá a la misma Liga de Verano en la que le ‘descubrieron’ hace un año para que todos vean su evolución. La más evidente son los quince kilos de musculatura que ha ganado. Menos visible es la sensación positiva de que su intención de ser profesional no es una mera ilusión. “Japón ha sido una muy buena experiencia que me ha servido para madurar tanto a nivel personal como a nivel de baloncesto. Todavía me queda muchísimo por mejorar, pero al menos este ‘viaje’ me ha ayudado a ver que si de verdad me esfuerzo y me sacrifico, podré dedicarme a esto de manera profesional”, reflexiona Cándido como lo hizo en la entrada ‘Imposigue’ de su blog personal. Un chico que en la cabecera de su twitter deja de descansar su filosofía: “Cuando alguien te diga que algo es imposible, respóndele: ‘Siéntate y mira como lo hago’”.
Este cambio, este paso al frente hacia un jugador y una persona más madura, se simboliza en un trozo de papel. Cándido se ha traído de Japón la tradición del Senbazuru, inspirada en la historia real de Sadako Sasaki, niña víctima de la bomba nuclear de Hiroshima. La costumbre popular dice que quien haga mil grullas de papel, animal icono de la paz en Japón, recibirá un deseo o curará una larga enfermedad. Cándido empezó a confeccionar una de estas figuras de papiroflexia durante sus tardes libres en Tsukuba. Ahora lleva más de cien. Todos los días construye una con sus propias manos. “No quiero hacer más de una al día, quiero ser paciente y cuando las termine y las vea todas juntas recordar cómo las hice y cuánto me costó”, declara Cándido. Como su carrera en el baloncesto y en la vida, pasito a pasito, entrenamiento a entrenamiento, de isla en isla, para extender sus largos brazos y volar hasta lo más lejos. Sea donde sea.
Durante la temporada oficial no leo nada de baloncesto (ni revistas, ni internet…), sólo veo partidos y los analizo. El mes y medio que estoy de vacaciones, repaso vídeos de clinics, apuntes o nuevos libros de baloncesto, tanto de entrenadores europeos como de jugadas de entrenadores de la NBA, donde cada uno expone sus propias ideas del juego.
Últimamente viajando por Europa con mi equipo, el KhimKi de Moscú, he aprovechado para leer muchos libros muy buenos, libros escritos desde el corazón, que te hacen parar el tiempo y te transportan de lugar….
Hace tiempo que con mi amigo Raül López hablamos de una filosofía de no ser nada, eso implica ser humilde, fluir y darnos cuenta de que los pensamientos los creamos nosotros, y lo que nos rodea también. Este libro te ayuda con su método THE WORK a seguir ese camino.
Leo todos los días entre una y dos horas. Me gusta leer al ir a la cama y al levantarme… algún cuento de sabiduría sufí, La Biblia o el libro del Tao. He recuperado mis inicios leyendo en la actualidad los “Ejercicios espirituales” de Ignacio de Loyola.
Jenaro Díaz Fernández (Oviedo, 3 de abril de 1971) es uno de esos hombres que desde la sombra trabaja para que los demás se luzcan. Esa es la sorda misión del ayudante, aunque por encima de todo este ovetense es entrenador de baloncesto. Así lo refleja su labor con la selección española, en la que pertenece, más allá de los ‘primeros’ como miembro desde el 2003 del cuerpo técnico que ha llevado a la gloria al básket español. Junto a Moncho, Pepu, Aíto o Scariolo ha participado en el oro de Saitama y el doblete Europeo, además de ambas platas olímpicas. En ese periplo fue ayudante en el Real Madrid (Liga ACB y ULEB) y ahora mantiene su aventura en una potencia europea como el Khimki de Moscú. Como primero tuvo su paso por el Gijón y el Santo Pola de Adecco Plata y el Ibiza de Liga Femenina. Exjugador y entrenador del Colegio San Ignacio de Oviedo, mantiene junto a Alejandro Peña uno de los espacios que rodean la canasta más recomendables del 2.0 Basket and talent.
Podéis leer otras recomendaciones de lecturas de baloncesto pinchando AQUÍ
Tenía muy claro que había ciertos entrenadores que querían que salieran en esta sección cuando pensé en empezar a publicarla. Pedro Martínez era uno de ellos. De su trayectoria no hablaré aquí porque su carrera profesional llena de éxitos la conocemos todos. A mi ‘me gusta’ Pedro Martínez porque es una persona que se moja, que se implica en sus opiniones, relacionadas con o no con el baloncesto, una línea no tan habitual en nuestro deporte, de línea monótona en declaraciones. Muy activo en redes sociales, Pedro Martínez nos deja aquí una lista con algunos títulos que ya han salido en boca de otros compañero entrenadores. Apuntar e ir a la librería.
Mítico libro de un mítico entrenador. Magnifico ejemplo de liderazgo y la importancia del trabajo en equipo.
Pedro Martínez Sánchez (Barcelona, 19 de junio de 1961) alcanzó la victoria 300 el pasado mes de diciembre cuando dirigió el triunfo del Herbalife Gran Canaria en San Sebastián. Como todas las efemérides ganará peso histórico con el tiempo. Es la rutina de acostumbrarse a lo normal que no lo es. Y la trayectoria de Pedro Martínez es brillante. Desde que sustituyó a Herb Brown al frente del RAM Joventut en marzo de 1990 con 28 años sus gafas se han convertido en un símbolo de los banquillos españoles por sus casi 700 partidos en la élite. Badalona, Manresa, Salamanca, Granada, Ourense, Las Palmas, Vitoria, Madrid (Estudiantes), Girona y Sevilla… Diez equipos diferentes entre 21 temporadas en Liga ACB (23 sumando su paso por la LEB en Menorca y Tenerife) con dos etapas distintas en la Penya y en el Gran Canaria, donde acumula siete campañas, las últimas cuatro de forma consecutiva, arropan a un preparador formado en el colegio Alpe y Claret de su Barcelona natal y forjado en el Sant Josep y la cantera del Joventut (triple campeón de España junior). En su palmarés figura una Copa Korac, una Supercopa y una medalla de bronce con la selección española sub23 (fue ayudante de Lolo Sáinz en el Europeo del 1993). Números y nombres que no señalan la actividad de un entrenador en continua renovación, maestro de otros compañeros, abierto (también fue comentarista) y hombre que no esconde sus opiniones más allá del deporte.
Muchas caras son conocidas. Serpentear por los grupos que se agolpan entre las dos canchas del BAHK es como hacer una rueda de reconocimiento del baloncesto español. Las sillas se quedan diminutas para encajar los cuerpos de dos metros de muchos exjugadores, algunos metidos a directivos. No faltan los entrenadores de diferentes colores, incluso federativos. “Ese escolta del Gran Canaria está promediando quince puntos en júnior”, desvela un experto técnico.
Se identifica fácilmente a los padres, en primera fila y nerviosos, dando ánimos a sus ‘chicos’. En el balcón superior, la pasarela queda para aficionados anónimos, entre los que se cuela algún agente que se balancea de corro en corro, trayecto que copian algunos periodistas. Varias cámaras graban el partido o buscan la mejor fotografía. Algunas centran el enfoque en los jugadores destacados. En uno de los grupos de conversación se rumorea que el Real Madrid va detrás de un Infantil de primer año del CAI Zaragoza.
La expectación en cada campeonato formativo crece. Quizá la Minicopa es su expresión máxima al estar al acceso de un público y unos medios de comunicación que no suelen elevar la mirada por encima del cerco del básket profesional. Aquí les cae de paso. La organización cifró en unas mil personas la asistencia a la final en Vitoria, número superior al de cualquier Campeonato de España como el de Minibásket y categoría cadete que hace unas semanas se celebró en San Fernando (Cádiz). Controlar este aumento de la presión y diluir sus efectos es un objetivo de los entrenadores y los clubs en la etapa de desarrollo de los jugadores en canteras ACB. El control del llamado entorno, amalgama de factores que rodean al adolescente y que suelen resaltarse solo cuando tienen un efecto negativo, es una de las metas marcadas por las direcciones deportivas y plasmadas en códigos de conducta que guían la experiencia de los educadores en su toma de decisiones.
Las normativas de comportamiento no actúan únicamente como un regulador del régimen disciplinario y alcanzan cuestiones más amplias y diversas, como el seguimiento lectivo de los jugadores o consejos nutricionales. Su redacción parte en buena medida del sentido común y son herencia de situaciones que se han podido ver o de la prevención de otras nuevas que están apareciendo y pueden afectar al equipo. La irrupción de las redes sociales, por ejemplo, es un tema que se está abriendo en estos momentos y que no es ajeno a la preocupación de los clubs. Esta lista de deberes está presente en el día a día del grupo y son una herramienta educativa al marcar unos límites. “Hay unas normas de club, que son la parte más básica de comportamiento: de imagen, vestimenta, puntualidad, hoteles… funcionamiento normal de equipo y que tenemos colgado en el vestuario. Por encima de estas normas están las que ponemos en los propios grupos sobre el respeto, sobre el resto de cosas que queremos construir”, explica José Luis Pichel, entrenador del Real Madrid infantil. “En el equipo hay un reglamento. Está dentro de nuestra planificación. Incluye de todo: cómo tenemos que estar en los entrenamientos, que no se puede hablar con la grada, tema de las aguas… Pero también que cuando un compañero cae al suelo hay que ayudarle y si es un rival, igual. Cuando haces las normas sale un listado muy grande, así que priorizas entre las que consideras más importantes y poco a poco vas inculcándolas en ellos”, señala Rubén Muñoz, del Barcelona.
La confección de este código recae en manos del cuerpo técnico que dirige la cantera y es perfilado por el propio entrenador, sus ayudantes y, en algunos casos, se considera la opinión de los jugadores para elaborar la ley interna que regirá la actuación de todo el colectivo. Es otra forma de involucrar al jugador en la toma de decisiones y hacerle partícipe de un reglamento que elije y debe respetar y acatar por el bien común. “Nosotros establecemos unas normas porque ellos son muy pequeños, pero hay una serie de temas (puntualidad, minutos de juego…), que sí lo hablamos. ¿Os parece bien que este jugador que llega tarde sea titular o no juega? ¿O se castiga si falta más de dos días? Todo se valora y luego hay excepciones. Hay actividades sociales, como una Semana Blanca y algunas actividades normales de su edad, que sí les facilitamos que vayan. No son profesionales de esto y tampoco podemos ser sistemáticos”, afirma Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes.
La relación con los padres
La interacción con el entorno también queda regulada, aunque no siempre plasmada en un papel. Los menores, por ejemplo, tienen prohibido hablar con la prensa y hacer declaraciones hasta llegar a la mayoría de edad, como ocurrió con Ricky Rubio durante sus primeras temporadas en la Liga Endesa. Se intenta apartar del foco al jugador precoz para quitar importancia a los mensajes que se dirijan hacia ellos de gente ajena al trabajo del grupo. “Está prohibido que les hagan entrevista. No podemos evitar que les hagan foto. Pero delante de ellos no le queremos dar mucha importancia, para que ellos no se la den. Queremos que se lo pasen bien, que disfruten”, indica Rubén Muñoz.
Más difícil de dibujar son las fronteras que limitan la influencia del círculo más íntimo del jugador, donde entran sus padres y sus agentes deportivos. La relación con los tutores de los menores, factor principal de su educación, supone en ocasiones una fuente de conflicto por divulgar opiniones contrarias a la del equipo sobre el jugador y aumentar las expectativas sobre él. La sinceridad suele ser la mejor forma de vacunar estas posibles situaciones. “Somos bastante sinceros con los padres, le contamos lo que hay porque es más fácil si la comunicación es clara para que sepan cómo está esforzándose el jugador, cuál es su trayectoria, viendo qué previsiones tenemos… Pero pasa como muchas cosas. Es una cuestión de gestión de expectativas. La de los padres parten muchas veces de la irrealidad y esta gestión es la que puede influir al jugador. Esa parte tratamos de ser sinceros, que llegan pocos chicos, que lo importante es el proceso”, indica José Luis Pichel, del Real Madrid.
En los últimos años ha crecido la alarma sobre la imitación de actitudes poco recomendadas y agresivas en las gradas de los pabellones de baloncesto. “La realidad es que en el baloncesto vemos algún caso, pero luego nos vamos al fútbol y decimos, ¡madre mía, no tenemos ningún problema!”, señala José Luis Pichel. Más allá de la comparativa con otras modalidades, los entrenadores entrevistados para este reportaje quieren subrayar que en la mayoría de los casos no hay incidentes con la influencia paterna en sus jugadores y que, por contra, suele ser positiva y refuerza las decisiones del técnico. No cabe duda de que padres y profesores/entrenadores son actores fundamentales en la construcción de los menores y están condenados a entenderse y apoyarse en su propuesta educadora. “Sí se da el caso de padres algo descontrolados, se les llama la atención y se les dice que no están haciendo un beneficio al chico ni al club. Son la excepción. En general, tenemos jugadores buenísimos, pero no viene de serie, viene de casa. Nosotros solo podemos reforzarlo. Si yo no tuviera un padre que no fuera humilde, no fuera responsable, no fuera serio, yo lo cortaría, porque tenemos una serie de condiciones, o haríamos un plan específico. Hay chicos que se quedan fuera durante unas semanas por saltarse una serie de normas. Esta temporada no se ha dado la circunstancia”, comenta Sergio Jiménez. El técnico del Real Madrid coincide en esta visión: “Hay padres que perjudican a sus padres en el rendimiento deportivo, pero hay otros que son muy beneficiosos. Que nos ayudan a mantenerlos de una forma excelente. Siempre está la visión del padre hincha o mánager, que llama mucho la atención, pero la cantidad de padres que ayudan y que son la base no se comenta. Y yo me encuentro afortunadamente con mucha más gente que está ayudando que está poniendo trabas”.
Las cuestiones más problemáticas y generales suelen abordarse desde las direcciones de cantera de los clubs ACB, con recomendaciones más que obligaciones, pero cada entrenador gestiona la interacción con los padres en el día a día y marca la línea a seguir en cada caso. Ahí entra el método profesional e individual. A Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes, le gusta hablar directamente con sus jugadores y hacerles responsables de su comportamiento, aunque este, por su condición de menores, esté supeditada a la acción de sus progenitores. “Particularmente, pero es una forma personal, no del club, yo intento hablar lo mínimo posible. Sí hablo mucho con los niños. Les hago responsables, les hago autónomos. Sé que el niño no llega tarde, no falta a un entrenamiento por una cosa. Sé que el niño no se va un fin de semana a esquiar a Baqueira y falta al partido, porque no tiene dinero ni medios. Pero sí es cierto que con el que hablo es con el niño, al que le pido la responsabilidad de que hay que salir antes de casa, de que no puede faltar porque tiene que estar con sus compañeros, para que sea independiente el día de mañana”, apunta el preparador del Infantil de la entidad del Ramiro de Maeztu.
Clasismo y racismo
Bajo las declaraciones de Sergio Jiménez crece otro escenario que entra en el debate de la educación en las canteras ACB. La obligación de una atención extra por parte de los padres excluye a aquellos que no pueden por nivel socioeconómico conceder este apoyo a sus hijos. ¿Son equipos solo al alcance de las élites? “Creo que son todos más o menos del mismo nivel. Son de diferentes ciudades de Barcelona. No hay ningún jugador con problemática social”, indica Rubén Muñoz sobre sus jugadores en el Infantil del Barcelona. “Estoy convencido de que de los ocho equipos de Minicopa, el 80% de los jugadores forman parte de un estamento medio-alto porque sino no podrían hacerlo. ¿Qué se les está pidiendo? Que vengan tres días a la semana a los entrenamientos, que vengan a los partidos, que costeen parte de estas cosas, la gasolina, todo… ¿Esto lo puede llevar una familia que ingrese unos 800 euros al mes? Es inviable a estas edades, porque al niño lo lleva el padre, entonces en otras condiciones, el padre y la madre estarían trabajando diez horas y no podrían. Estos chavales no son sólo unos privilegiados deportiva o físicamente, también a nivel socioeconómico”, teoriza Sergio Jiménez, entrenador del Asefa Estudiantes, que también habla de la solidaridad que existe en la plantilla en este aspecto o como jugadores del equipo ACB donan material para canteranos con necesidades.
José Luis Pichel difiere de esta opinión con el ejemplo que tiene en su propio equipo. Tampoco cree que se excluya en el grupo por cuestiones raciales y no que el colectivo suele ser una muestra consonante con lo que pasa en la sociedad española. “En absoluto hay problemas raciales o sociales. Llevo muchos años, seis y siete en el Real Madrid y jamás me he encontrado algún problema. Pero al final es la realidad. Los dos chicos de raza negra que tenemos en el Infantil, uno vino con su familia, súper humilde, desde Camerún con ocho años a buscarse la vida, y el otro, sus padres son guineanos pero ha nacido en España. La realidad que tenemos en España es muy rica. En el deporte, una vez que estamos en la pista, todos estamos a lo mismo. No hay mayor problema”, subraya José Luis Pichel, que, no obstante, habla de que desde el club se actúa y apoya cuando un jugador y su familia tienen situaciones de riesgo.
Agentes de influencia
Otro actor externo con una influencia entre jugadores jóvenes son los agentes que aparecen en sus vidas en edades cada vez más tempranas. La proliferación de becados y la internalización de la búsqueda de ‘perlas’ ha provocado que la lucha por fichar se acelere y alcance ya hasta etapas de minibásket, siendo obligada una buena relación entre los clubs y las agencias. Los equipos ACB suelen controlar con un tutor la actividad de estos chicos y chicas que llegan de un lugar lejano, que no cuentan en su rutina diaria con el apoyo paterno. En estos casos, con más énfasis en jugadores procedentes del extranjero, la mano del agente suele servir de guía para el menor. En la Minicopa, por ejemplo, el Barcelona invitó al serbio Andrija Marjanovic, que tuvo sólo unos días para adaptarse a sus compañeros. “Venía con su agente, pero no creo que le afectara demasiado. Lo hemos traído para verlo e intentar incorporarlo el año que viene o al siguiente. Es tradición y no somos el único club que aprovecha la competición para ver su progresión. El idioma ha sido algo complejo porque nos dijeron que no sabia inglés. Ha hecho un gran esfuerzo y tiene nociones del idioma. Se ha integrado en dos días, se divierte y lo ha aprendido todo rápido. Su comentario al primer día es que me reí mucho en el vestuario”, apunta su técnico en el Barcelona, Rubén Muñoz.
Andrija Marjanovic / ACBPHOTO
Los entrenadores vuelven a negar la mayor y no creen en que los agentes supongan un mal en la progresión de los jugadores, más en etapas tan tempranas en la que la proliferación de estos profesionales aún no está extendida y son los padres los que tienen la palabra definitiva. “Como agentes ayudan muchísimo a los chicos, proporcionándoles muchas cosas. El agente en si no es malo, pero sí el comportamiento de la agencia, que marca si están ayudando o no. En edades tan tempranas el trato con el agente casi no existe”, incide José Luis Pichel.
Utilizando el mismo argumento se mueve Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes, que considera que la utilidad de los agentes se inicia cuando el jugador demuestra que tiene condiciones para alcanzar el mundo profesional y antes su entrada en escena no tiene sentido. “Intentamos alejaros de los agentes porque, generalizando, son intereses personales. Hay buenos agentes, que son capaces de empatizar con el jugador y darles buenas oportunidades. En el día de mañana hay que tenerlos, porque igual que un club apuesta por ti deja de apostar y este agente puede colocarte en otro equipo. Es importante, pero se ha perdido el equilibrio. Todo está gestionado por ellos, por los agentes. Así está el tema, con cosas buenas y cosas malas”, opina Sergio Jiménez, que, sin embargo, sí cree que hay excepciones con talentos que explotan de forma excepcional y temprana y que sí necesitan esta ayuda para gestionar su carrera profesional, que no para acelerarla. Lo malo es generalizar y no visualizar cada caso por separado: “Me hace gracia porque hoy en día se dice que son muy jóvenes y lo importante es que disfruten. Pero hoy la sociedad y el baloncesto están muy estructurados y sería muy excepcional que un chaval con 18 pueda trabajar en la élite. Es muy complicado. Pero sí hay chavales de 14 años que pueden estar en este nivel, un Ricky Rubio que siendo cadete puede jugar en ACB. ¿Por qué no lo va a hacer? Otra cosa es que ahí se meta el agente. Hay chicos como Luka Doncic que tienen un nivel de rendimiento dos o tres años por encima de su generación. Pero otros tienen que ir poco a poco, cada uno son un caso único. Y no hay que tratar a todos por igual”.
Este reportaje es la continuación de una serie dedicada a la educación dentro de las canteras ACB con la excusa de la celebración de la Minicopa. Puedes leer la primera parte pinchando aquí.
Durante muchos años y desde que en 1972 salí de Estados Unidos ha habido muchos libros, clinics, campus, partidos y viajes. La siguiente y breve lista representa algunos de los mejores libros que he leído sobre baloncesto. Sin embargo, mi primer ‘profesor’ siempre fueron las canchas y calles de Nueva York donde empecé a entrenar al baseball con 16 años cada verano. Para todos lo que quieran aprender a entrenar les recomiendo:
Completa y gran obra alrededor de uno de los mejores jugadores de los primeros años de la NBA. Este libro cubre, desde la introducción a la quinta parte (Coaching Aids), información general y específica y detallada sobre ejercicios, sistemas de ataque, defensa, jugadas específicas, situaciones de juego y la visión de un gran entrenador universitario (Boston College en la década de los 70).
El título perfecto, ya que es una obra imprescindible para todo aquel que quiera entender con el rigor y la disciplina del entrenador más influyente en la historia del baloncesto italiano (y europeo) y como un estudio de la organización para la temporada: los amistosos de la pre y postemporada, el ambiente del vestuario, los entrenamientos y la enseñanza individualizada. Incluye muchos ejercicios y su amplio conocimiento del funcionamiento de un equipo profesional. Esta es una de las obras más completas sobre baloncesto que se pueden encontrar.
Introduction, de Bobby Knight
(El libro que me enseñó una lenguaje extranjera)
Basicamente, todo tipo de defensas de equipo (filosofía, individuales, presiones, zonales…) y estrategias de ataque (filosofía, contraataque, cuatro esquinas, conceptos del juego de pases, mecánicas de ejecución con especial atención a los sistemas Shuffle de Bob Spear. El último capítulo explica situaciones de final del partido y planificación táctica y de entrenamientos.
Professor of Psychology
Publicado por Allyn and Bacon
En inglés (216 páginas)
Un estudio global de la psicología básica y la evaluación de las relaciones entrenador-jugador y un estudio extenso en los rasgos de la personalidad del grupo.
El libro incluye capítulos sobre filosofía de entrenamiento y personalidad de los entrenadores; el atleta y su personalidad, niveles de entrenamiento, (jóvenes, escuelas, profesionales), comunicación, cohesión del equipo, disciplina, técnicas de enseñanza, motivación, problemas culturales y de las ‘minorías’.
Bobby Knight: Clinic Internazionale (Italian)
Publicado por FIP (Roma, Italia)
En italiano (195 páginas)
Este es un libro acerca del clínic de baloncesto que hizo historia en Europa. Bobby Knight estuvo en Bolonia durante cuatro días y las notas fueron publicadas por la Asociación de Entrenadores Italianos. Cubre la defensa, el ataque y la metodología con todos los ejercicios para alcanzar el éxito.
El discurso de apertura del entrenador Knight fue: “El baloncesto tiene la mayoría de las cosas que en el deporte se pueden entrenar y es el deporte menos disciplinado del mundo”. Su filosofía y enfoque científico para el juego es fácil de entender.
Este es el libro que cambió la forma de mirar las estadísticas dentro de los deportes profesionales estadounidenses. Una forma (semi) científica de evaluar y juzgar los deportes de grupo y, en especial, a los jugadores de béisbol y que ha tomado una creciente importancia tras el reciente impulso de la analítica en el baloncesto.
Es la historia de un director general en la Liga Mayor de Béisbol de los Athletics de Oakland y cómo su visión sobre las estadísticas de los jugadores jóvenes fue una forma precisa para su evaluación. En definitiva, que esa visión fue mejor que el método (tradicional) de simplemente observar a un jugador para realizar un análisis y evaluarlo por su visión, experiencia y opinión.
Los libros mencionados anteriormente me han ayudado a entender muchas facetas del juego de baloncesto y sus formas de enseñanza. Disfrutarlos.
Timothy Lawrence Shea (Nueva York, 6 de marzo de 1949) tiene el baloncesto por bandera. Neoyorquino de nacimiento, la pelotita naranja le ha llevado a dar vueltas por el mundo y plantar raíces en Galicia, donde entrenó a OAR Ferrol, Breogán Lugo y Club Ourense en diferente etapas en la Liga ACB, donde también dirigió el esporádico proyecto del Atlético de Madrid. En Europa también fue entrenador en Italia, Austria, Portugal (ganó la Liga dos veces para el Benfica) e Israel. Su última aventura le llevó a entrenar a la selección de Nigeria, a la cual clasificó para los últimos Juegos Olímpicos en Londres. Para la NBA ha trabajado como ojeador para sus Knicks, además de los Bobcats y Suns. Su mezcla de conocimientos del baloncesto europeo y norteamericano le convierten en un embajador perfecto de ambas visiones de un mismo deporte a ambos lados del Atlántico. Y en Puertatrás, gracias a su generosidad, nos regala una buena lista de publicaciones en inglés (e italiano) para conocer algo más sobre esta disciplina.
La última final de la Copa del Rey no fue apta para aquellos a los que les chirríe mezclar política con deporte. La afición del Asefa Estudiantes encendió la mecha en el Fernando Buesa Arena de Vitoria con sus cánticos en favor de la Sanidad Pública. La presencia en el partido decisivo, que enfrentó al campeón Barcelona Regal con el Valencia Básket, del Rey atrajo el descontento de los espectadores con una mayoritaria pitada mientras sonaba el himno nacional. No fue la única. El Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, fue abucheado al entregar el trofeo de vencedor de la Minicopa al Real Madrid.
La bajada a la arena de Wert arrebató la atención que merecían once chicos de 13 años que acababan de vencer al Barcelona (47-71) en la décima edición de un torneo que reúne a los ocho equipos infantiles de los participantes en la Copa. El esloveno Luka Doncic, escolta del conjunto blanco, fue considerado el mejor jugador (25 puntos y 16 rebotes en la final) y acaparó todos los piropos de periodistas, agentes y aficionados que ven en él a una futura estrella como hace una década ocurrió con Ricky Rubio. ¿Pero no supone una presión para estos adolescentes ser juzgados tan pronto como si fueran profesionales? ¿No nos estamos volviendo locos al rebajar la edad en la que comienza el seguimiento? “Hay un punto de irrealidad en todo esto, que es cierto y es difícil de gestionar porque al final conseguir que un chico esté currando y entrenando sin creerse las cosas de su entorno es difícil, porque lo que sale publicado no lo podemos controlar nosotros”, reconoce José Luis Pichel, entrenador de Luka Doncic en el Real Madrid. No poder controlar el exterior no deja sin herramientas al técnico de formación. La experiencia ajena, el ejemplo, en el éxito y en el fracaso, es la fuente visual de sabiduría de la que deben beber los jóvenes talentos. “¿Qué virtud tenemos en esto? Que tenemos muchos ejemplos, desde la gente que ha llegado, a la gente que no lo ha hecho. Si Nicola Mirotic, que ha llegado, que ha estado muy seguido desde muy joven, es capaz de decirle a los chicos que no te lo creas, que ha habido 10.000 mejores como yo y que no, eso ayuda bastante para que los chicos sigan concentrados. Aún así los chavales según van creciendo son más inteligentes y maduros. Cuando entran en la adolescencia para filtrar todo esto”, declara José Luis Pichel.
Diferentes perspectivas llevan a los clubs profesionales a orientar el funcionamiento de sus canteras. El objetivo prioritario, más puro y público, es la construcción de jugadores que puedan llegar a la élite, una cocción a fuego lento que no siempre acaba bien. Sin embargo, la justificación de altos presupuestos, la multiplicación de la competencia y la valoración en resultados, acorta y complementa esta visión con la misión de levantar triunfos en campeonatos de formación. Las urgencias se aceleran con la apertura del mercado gracias al rastreo de agencias internacionales y la modificación de normativas que imperan en las ligas profesionales (leyes de cupos y etiqueta de jugadores formados). Todo ello provoca la búsqueda de la nueva estrella mundial en edades cada vez menores y, por consiguiente, las presiones y exigencias se incrementan sobre chicos que apenas son adolescentes. El foco de la Minicopa acentúa estos factores. “Viene mucha gente, los equipos rivales son todos de ACB, hay mucha gente viéndoles, es ya una tradición, un torneo muy chulo… y ellos se presionan un poco más de lo que deberían. Nuestro planteamiento es que es una fiesta paralela que te permite disfrutar de la Copa”, explica Rubén Muñoz, entrenador del Infantil del Barcelona. “Es verdad que todo lo excepcional se concentra en la vorágine del pre y del pospartido: jugar con balones de la Liga Endesa, todo el público, los árbitros, los anotadores, las estadísticas, unas cosas de las cuales no pueden participar. Por lo demás, no cambia tanto”, enuncia Sergio Jiménez, del Asefa Estudiantes. “Solemos viajar a otros torneos parecidos a este a lo largo del año. La Minicopa tiene más relevancia porque el nivel es más parecido y sobre todo desde fuera, tiene más medios y puede generar una ansiedad, algo que puede pasar con chicos adolescentes cuando estas compitiendo en un deporte“, comenta José Luis Pichel.
José Luis Pichel, en mitad de un tiempo muerto de la Minicopa / ACBMedia
“La humildad si se puede entrenar”
La ecuación entre educación y deporte debería ser inquebrantable. El papel como pedagogo y gestor de expectativas marca al técnico en edades tempranas como la prolongación de un maestro de escuela. En estructuras profesionalizadas la educación en valores debe encontrar su sitio entre las exigencia de ser los mejores y llegar a ser profesional. La función de estos técnicos se entiende como vital en el desarrollo del deportista de élite. “Sin duda, la formación pedagógica, sobre todo en estas edades, donde estamos para que el chico mejore, pasa por tu capacidad de enseñar y de entender cómo aprenden”, apunta José Luis Pichel. Ganar, ser competitivo, se añade como una obligación, también para el entrenador, al lado de una construcción personal donde se incluye adjetivos como ser humilde, deportivo, buen compañero… “En formación además de entrenadores somos educadores y hay que corregir vicios porque cuando llegan a sénior son incorregibles. La humildad sí se puede trabajar”, explica Rubén Muñoz, entrenador del Barcelona y profesor en un colegio.
En la pista o en el aula, el educador adquiere una referencia para sus alumnos, un modelo que seguir, una voz que escuchar, una razón de la que aprender. “No es un motivo de ser profesor en tu vida profesional o no, sino de tener sentido humano. Ya no es una cuestión de entrenar mañana o tarde, se trata de implicar al jugador, que se apasione por lo que hace y decidir que le va a dedicar su vida a esto y va a hacerlo como un animal”, dicta Sergio Jiménez, profesor de INEF en una universidad madrileña. Para el entrenador del Asefa Estudiantes en este concepto radica la diferencia entre un entrenador y otro, en la forma de dirigir los grupos humanos, en educar, más que en conceptos meramente deportivos. “La diferencia entre un entrenador experto no es que sepa más técnica o táctica, sino cómo tratas a la persona, cómo inculcas metodología, filosofía, conceptos…. Pura pedagogía. Todo el mundo que se dedique a esto tiene conocimientos de baloncesto para llevar un equipo, pero cómo tratas a la persona, cómo haces que se sienta importante para que evolucione, cómo apuestas por uno, cómo trabajas metodológicamente, individualmente y en equipo, esa es la gran diferencia entre un Aito García Reneses, un Pablo Laso, un Txus Vidorreta o yo”, sentencia Sergio Jiménez.
Cuando un entrenador depende de los resultados para seguir en el club o aspirar a ‘progresar’ en su carrera, ¿competir y educar son términos compatibles en canteras ACB? Como a un profesor no sólo se le debería medir por las calificaciones de sus alumnos, a un técnico de formación no debería ser valorado únicamente por adjudicarse un campeonato. Encontrar un punto medio en la balanza es una tarea ardua y que no debería descompensarse solo en la ambición de la victoria o de moldear al mejor jugador sin configurar a la mejor persona. “Nuestros chicos saludan a todo el mundo, respetan al árbitro, no se quejan ni de las instalaciones, ni de la comida, son una maravilla… Todos. Yo siempre les digo que tengan equilibrio, que hay que ser honestos, ser responsables, pero a la vez estamos aquí para competir, para hacer lo mejor posible, para meternos en cruces, para quedar entre los cuatro primeros, hay una exigencia”, afirma Sergio Jiménez. El preparador del Asefa Estudiantes no elude el carácter especial que los orígenes, historia y filosofía de su club impregna en sus jugadores: “Se lleva del Ramiro. Entrenar fuera con el frío que hace, estar en familia, poder juntarte con un ACB y que éste te salude, son cosas que te acaban impregnando. Somos una familia”.
“Nuestro objetivo es que hereden una cultura deportiva”
En un nivel tan competitivo, con cabida solo para los mejores, los entrenadores consideran que la ambición no debe confundirse precisamente por esa falta de humildad o de valores. Dan ejemplos. Rubén Muñoz cita a todo un depredador como Drazen Petrovic. “Hay jugadores que han sido muy buenos y han tenido un carácter muy complicado. Son la excepción que confirma la regla. Petrovic era muy especial y fue uno de los mejores de Europa. De esos jugadores hay que coger las cosas buenas y las malas para ver cómo corregirlas. Ahí entra el papel de los entrenadores para educar. Si te sale un jugador un poco así intentas modelarlo, pero en ocasiones eso viene implícito en su carácter y eso puede ser la clave para que llegue. No digo que tienen que ser así para que lleguen, pero hay casos en los que beneficia. Tienes que ver por donde le puedes cortar y por donde no”, puntualiza el responsable del Infantil del Barcelona.
Luka Doncic, MVP de la Minicopa / ACBMedia
El exceso de gestos, las reacciones desproporcionadas, el uso de trampas, egoísmos en el juego, la ausencia de autocrítica, señalar a árbitros, rivales o compañeros como responsables de los fallos propios… son detalles visibles en jugadores profesionales que son imitados por los jóvenes. En la carrera por ser el mejor no puede valer todo. Sobre el mismo argumento que su colega en el Barcelona se desliza José Luis Pichel, que alerta de la confusión que puede llevar a identificar como prepotentes actitudes que esconden un alto nivel competitivo esencial para llegar. “La formación de un jugador de élite pasa por tener una creencia en si mismo altísima y lo que proyecta hacia afuera se confunde justo con lo contrario, incluso puede esconder inseguridades. Pero esto no tiene que ser así y que él no sea el que más se esfuerce, el que más trabaje… y el que siempre quiera darle la mano al otro. Pero al nivel competitivo que nos movemos estar por encima es un valor. Pero en el baloncesto, al necesitar a los demás, para mejorar, donde tu nivel de esfuerzo físico marca tu rendimiento, tu nivel de cantidad de entrenamiento marca tu mejora… Si no hay humildad no puedes crecer”, explica José Luis Pichel.
La crisis económica puede abrir una puerta a las canteras, reinas del deporte español hasta mediados de los 90 y la eclosión de un modelo de negocio y la apertura del mercado internacional de contratación. La creencia de que con los de casa no se gana se ha instaurado como norma y ha reducido las oportunidades de los jugadores formados en España pese a los triunfos de las selecciones españolas. La pasada jornada el Joventut venció al Baskonia con ocho canteranos tras la renuncia a jugar de uno de sus americanos y tener al otro lesionado. Esta victoria ha elevado la moral de los nostálgicos que piensan que volver a la configuración de ‘canteranos+2 americanos’ sería ideal. El ejemplo de la Penya, una de las canteras más prestigiosas del planeta, puede ser circunstancial o ser un síntoma del cambio, pero más allá de este debate gobiernan las matemáticas. El deporte profesional es un coto reducido para unos pocos, los mejores, los de más talento o más trabajen, tengan una oportunidad y/o cierto azar. Por el camino se van quedando un montón de estrellas en ciernes. La responsabilidad es que estas vidas deportivas frustradas no deriven en juguetes rotos como tan bien explica Sergio Jiménez. “Porque en la ACB juegan 180. Lo normal es que no llegues. Nuestro objetivo es que jueguen el máximo nivel, pero también que sean futuros entrenadores, árbitros… heredar una cultura deportiva. Si transmites que el malo no puede jugar, que sólo lo hacen los buenos, excluyes, haces élite y será lo que luego ellos transmitan”.
Este reportaje tendrá su continuación próximamente en una segunda parte que abordará la forma de ejecutar esta educación en las canteras ACB y la relación con padres, agentes y medios.
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