Archivo de Autores para Sergio Ruiz Antorán

15
abr
14

14 de abril


Dos goles a cero. El Valencia vencía al Iberia en la primera jornada del Campeonato de España. Los ‘avispas’ se habían adjudicado el título regional y participaban en la ‘Copa’ junto al Patria, otro equipo maño cuyo campo estaba en la huerta del Arrabal. Once meses después el ‘burgués’ Iberia se fusionaría con el ‘proletario’ y ‘rojo tomate’ Zaragoza y formaría el actual Zaragoza FC. A secas, sin realezas. Porque ese día que cayeron dos goles valencianos también cayeron todas las coronas.

El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República en España tras la amplísima derrota en las elecciones municipales de los partidos monárquicos que apoyaban el régimen de Alfonso XIII.  Unas semanas antes había empezado a jugarse la primera Liga de baloncesto de Castilla. El Rayo fue el campeón. En Barcelona y alrededores ya hacía nueve años que se practicaba ese deporte americano.

La II República solo duró cinco años porque el poder reaccionario que no podía ni puede permitir que el pueblo avance y sea libre, le condenó a una lucha de odio y muerte. Un año antes de la sublevación del Ejército de África, España logró contra todo pronóstico la medalla de plata en los primeros Europeos de baloncesto. El torneo iba a ser un Mundial, pero la falta de combinados del otro lado del charco lo achicó hasta tener únicamente formato continental. Se celebró en Ginebra y la final, como hace poco os contaba en el blog, se jugó contra Letonia. La guerra también fragmentó a esa selección republicana e incluso cercenó la vida de uno de sus héroes: el piloto Cayetano Ortega, abatido junto a su ‘chato’ soviético.

españa1935

Ese equipo no reconocía rivalidades nacionales. En él convivían catalanes y castellanos de diversos orígenes, incluyendo varios centroamericanos. La retirada meses antes de Juan Castellvi, figura del Madrid, evitó que se incluyese a un filipino de sangre catalana como era él. La plantilla definitiva se compuso después de un encuentro entre las selecciones de Cataluña y Castilla disputado en el desaparecido Circo Price de Barcelona. El capitán del equipo catalán era un aragonés de Tobed, Fernando Muscat García. Su homólogo castellano, Pedro Alonso Arbeletxe, era un hijo de emigrante vasco nacido en La Habana y que ejercía de camarero en el bar Dakota. No fue convocado Juan Negrín, delantero del Madrid (tampoco Real), hijo del que fuera presidente de la República y luego, exiliado, médico de prestigio en Nueva York.

Negrín sí participó en el amistoso Madrid-Portugal que congregó a más de 13.000 personas en abril de 1933 en la Plaza de Toros de Goya, situada en la misma manzana donde ahora se halla el Palacio de los Deportes. Alcalá Zamora y Azaña presidieron un partido que por mucho tiempo fue el encuentro de baloncesto con más espectadores en directo. El acto, completado con una exhibición gimnástica, servía para celebrar el segundo aniversario del izado de la bandera tricolor y el adiós del abuelo de Juan Carlos.

España estaba preparando su participación en los Juegos de Berlín, los primeros en los que el baloncesto era oficial, cuando estalló la Guerra Civil. El partido inaugural hubiera sido contra los Estados Unidos. Franco frustro esta efemeride.

Recuerdo que hace no tanto les pregunté a unos jóvenes jugones y aprendices de periodismo cuándo había empezado a arraigar el baloncesto en España. La respuesta que viajó más en el tiempo se fue hasta los 70. Alguna referencia se remontaba a la plata de Los Ángeles’84. Mentar el básket de epocas anteriores sonaba a cosa de dinosaurios. No obstante, al descubrir alguno de los relatos sus ojos se abrieron como sus mentes y su curiosidad.

En la Liga Endesa no hay ningún apego al blanco y negro. Las referencias al pasado se quedan atrapadas en los ochenta. En los clubs con tradición van escaseando los anclajes a la memoria. Otra trama del espectáculo que no hemos sabido ‘copiar’ de los americanos, cuyo culto a lo antiguo choca en un país con menos de cuatro siglos de existencia. Los dorsales retirados y colgados de los techos son una rareza. No hay un Salón de la Fama del baloncesto español. Pocos equipos se han atrevido a lanzar una edición de camisetas retro que rememore viejas gestas. Dicen que no renta económicamente.

La marca 198 comercializa desde hace unas temporadas la elástica de la selección de fútbol de la República. Suele ser habitual verla puesta en manifestantes o en pachangas en los parques lo que visualmente garantiza que es un éxito de ventas. Quizá si la marca sacara una edición de manga corta, homenajeando a ese equipo subcampeón de Europa en 1935, repetiría el bombazo para los amantes del básket (ahí dejo la idea).

Cuando el Zaragoza decidió recuperar para su segunda edición los colores ‘avispas’, allá por finales de los noventa, las gradas de La Romareda se tiñeron aurinegras. Aún lo mantiene porque ha calado. Recuperar los buenos valores de otros tiempos, hacerlos no solo marca de ingresos, sino de filosofía y de identidad, parece que no está de moda en la sociedad de la inmediatez. Pero tanto en política como en deporte saber de dónde vienes ayuda a orientarte hacia la dirección deseada.

 

09
abr
14

Alocen y la memoria


Los ídolos perviven gracias a la tecnología. La invención de la imprenta bautizó a los escritores y ocultó en el olvido a los anónimos escribanos, Camarón será leyenda en el tiempo mientras su voz se escuche alta por el altavoz. Nadie recuerda al bardo medieval porque sus versos murieron en el aire.

En el básket el legado se consagra en la estadística y el YouTube. Hace poco un infante jugador reconoció a Larry Bird como un muñeco de la Play. Una blasfemia que afirma que uno se vuelve mayor y que la memoria es pasajera de la nostalgia.

Eso me dice Lorenzo Alocén al otro lado de la línea. Que la edad le pasa factura y los recuerdos se le formatean. Chorradas. La lucidez de su verbo circula paralela a su marcado tono baturro. Hace tiempo que la gloria del baloncesto y la opción de una vida mejor le alejó del cierzo, pero conserva su frío en las raíces aragonesas que crecen en sus nietos.

Lorenzo fue una estrella. Quizá el primer gran jugador aragonés de baloncesto. La estadística lo marca como un gran anotador en el Real Madrid más campeón. El YouTube congela la única canasta que nunca quiso anotar, esa en propia cesta en Varese para perder un partido, cambiar una regla y salpicar de picardía la biografía del zorro Pedro Ferrándiz.

En los patios de Zaragoza nadie hablara de Alocén, todo pundonor de la fragua maña. “Todos los equipos en Europa tenían uno o dos americanos gigantes. Yo no alcanzaba los dos metros pero siempre acababa como uno de los mejores reboteadores”. Narra citando sin decirlo a eso que por casa llaman rasmia o pitera.

 

AlocenAlocen fue 69 veces internacional incluyendo dos Europeos y los Juegos de México’68, estuvo dos temporadas en el imparable Real Madrid, fue mejor anotador en una temporada  jugando con el Helios, conquistó dos Ligas y tres Copas y completó quince temporadas en la élite. Terminó su carrera en el Picadero y en el Circol Catolic de Badalona. Se retiró con 36 años y se afincó en Cataluña. Ahí sigue.

Aragón solo tiene a dos jugadores esta temporada en la Liga Endesa. El último internacional absoluto fue Lucio Angulo hace más de una década. El CAI sigue una ascensión meteórico y la afición por el baloncesto se alza en este impulso. El último triunfo ante el Barcelona coloca al equipo al acecho del cuarto puesto entre la ovación de una afición recuperada. Nunca Alocén ha escuchado los merecidos aplausos de esa hinchada desde el centro de la cancha. “Una vez nos hicieron un homenaje a los olímpicos. Fue hace tiempo”, recuerda.

Los partidos del CAI como local se juegan en el Príncipe Felipe. El otro pabellón de baloncesto de la ciudad se llama Siglo XXI. Un cargo y una fecha. Ambos títulos no dicen nada del vínculo de sangre entre Aragón y el baloncesto. Lorenzo Alocén, sí se merece ese nombre. La tecnología no llegó a tiempo para loar sus proezas. Lorenzo no es un muñeco de la Play para que lo reconozcan los niños y sus padres. Pero sí un pionero del baloncesto en su tierra que no debería caer en el olvido entre los suyos. Que merece un reconocimiento. Y como él otros muchos.

 

 

01
abr
14

El otro Dream Team


Ateo, anarquista, surrealista y tozudo aragonés, Luís Buñuel vivió durante unos años en la efervescencia del Hollywood del lujo desmedido y la pompa del estrellato. En pleno exilio tras la Guerra Civil, la Warner Brothers le contrató como jefe de los doblajes de sus películas para América Latina. Eso le permitió ver centenares de películas comerciales. En su biografía comentaba que ese empacho de cartelera le permitió desglosar el argumento y el final feliz de los largometrajes viendo solo los primeros minutos del metraje.

Siempre tengo esa misma sensación buñueliana cuando veo una película de deportes. Parecen que los guiones los sacan de una fotocopiadora. Una tras una, pocas son las que se desvían del estereotipo del grupo desunido que supera todas las dificultades y pronósticos para lograr una victoria en la que solo creía un terco entrenador con métodos cuestionables y geniales. Echen un vistazo a su videoteca y tendrán varias referencias (también maravillosas excepciones).

Cuando me dijeron que había una producción sobre el Europeo de 1935 me quedé a cuadros. ¿Quién podía hacer un film de un campeonato del que casi no existe documentación? ¿Cómo habrán adaptado la historia? ¿Sería acertada la caracterización de la pista, de los equipos, de los españoles…? La curiosidad se adueñó de mi con mil preguntas por contestar y no reblé hasta que encontré una copia y en ella todas las respuestas. La digerí sin pestañear, rebuscando los detalles de todo lo que he leído sobre este evento, que no es poco, en el que España obtuvo la primera medalla internacional de su historia, y esperando impaciente como habrían afrontado la producción, el vestuario, la adaptación del estilo del juego de entonces, de las reglas… y la interpretación de la final.

La nacionalidad de Dream Team 1935, como se llama esta rareza, colocaba de antemano muchas de mis dudas en un punto de vista distinto al mío. La peli es letona, es decir, del país que se llevó el primer torneo continental que se celebró, exactamente en Ginebra. Y como tal, ensalza y centra la historia en todos los problemas y soluciones que el seleccionador Valdemars Baumanis halló para obrar la proeza. La catarsis de un técnico en el que nadie creía, que tuvo que fusionar a un grupo de enemigos locales a base de disciplina y esfuerzo, costearse todos los gastos y trabas que le ponían sus propios federativos para vivir una aventura imposible que terminó en gloria por un orgullo de superación incomparable. En fin, un ‘Hossier’ con un tufo a nacionalismo letón que echa para atrás, pero que fue candidata a los Oscar de habla no inglesa.

Más allá de esta interpretación patriota del asunto (enmascara la superioridad física de los balcánicos que les llevó al triunfo y silencia la derrota dos años después ante Lituania), la cinta es todo un descubrimiento y en conceptos generales, tiene un cuidado estricto sobre la historia y es sobresaliente la confección de los trajes de juego y del desarrollo de los partidos, pese al dramatismo argumental que se añade en la final contra España. No es tanto la adecuación de la forma de jugar, difícil de cuadrar por la falta de imágenes en movimiento (vean estas de 1939), aunque si de las reglas (había salto entre dos tras canasta). Tampoco clavan la escenografía de la cancha, de la que hay fotos que no cuadran como las reconocibles canastas de armazón blanco, ni aspectos tácticos como el scouting que hace el protagonista cuando apenas se sabía quienes iban a ser los equipos participantes (varias naciones se descolgaron a última hora) y menos había informes sobre los contendientes (España fue a la cita tras jugar solo un partido previo contra Portugal). En el bloc de Baumanis se señala el peligro español como ‘Little Devil’, el pequeño diablo, refiriéndose a Rafael Martín, un pequeño y escurridizo jugador que catapultó a España a la semifinal con una actuación estelar ante la favorito Checoslovaquia. En el duelo decisivo, según las crónicas, su acaparador egoísmo restó fuerzas a los hispanos y precipitó su derrota.

Después de leer tanto sobre Mariano Manent, los hermanos Alonso, Emilio y Pedro, Joan Carbonell, Armando Maunier, Rafael Ortega, Cayetano Ortega, el citado Martín (al que apodaron en Ginebra el pequeño Zamora, por el famoso portero español del momento) y mi amado Fernando Muscat verlos en carne y hueso tras esos actores letones con las camisetas republicanas del león me ha dado un escalofrío, pese a que la versión en inglés es cómica en los comentarios en español e inglés que Manent da a sus pupilos en los tiempos muertos. Solo por eso Dream Team 1935 se merece un vistazo.

Las malditas guerras, esas que llevaron al exilio a Buñuel, rompieron ambos equipos. El español no pudo acudir a los Juegos de Berlín (Ortega murió en la contienda como aviador republicano), la primera cita olímpica del baloncesto porque pocos meses antes un gallego bajito le dio por triturar la democracia de todos. El letón sucumbió en el intercambio de tiros de la Segunda Guerra Mundial. En los típicos rotulitos de ‘que fue de…’ que sitúan el futuro de los personajes en los minutos finales se descubre el desenlace de los jugadores balcánicos, unos asesinados por los nazis, otros por los soviéticos en Siberia, en el frente o defendiendo la resistencia. Una de esas historias calladas de nuestro baloncesto que no deberíamos olvidar.

Pueden comprar la película aquí

El equipo letón a su llegada a Riga tras vencer el primer Europeo

El equipo letón a su llegada a Riga tras vencer el primer Europeo

25
mar
14

Sin rescate ni memoria


Sonaba el teléfono. Existía ese riesgo. Al otro lado un compañero de una redacción en una ciudad no tan lejana. Te vendía la primicia. Había escuchado que el club de marras ponía en el mercado su plaza ACB y los ‘euromaños’ de Zaragoza sonaban como compradores. Normalmente era un cebo por si picaba la institución de turno para ingresar la subvención que aliviara la deuda para tirar hacia adelante. Nunca el CAI tomó este desvío rápido, prefirió la paciencia para consolidar un proyecto que vive sano y ejemplar porque ha sabido subir la escalera del éxito paso a paso.

Los jugadores del Bilbao Básket han dicho basta. Se plantan. Recuerdan su calidad de trabajadores del baloncesto para denunciar su estado de impago con una huelga. Si no hay reacción no jugarán más partidos de la ACB y se pondrá fin a un proyecto que ha pretendido ser grande de Europa porque ‘yo lo valgo’. La afición de Miribilla en pie en la despedida, las lágrimas compartidas y un campeón haciendo pasillo simbolizaron un epílogo bello en solidaridad y amargo en frustración y franqueza. Este es el cuadro de la dignidad de en un mundillo que se admira como una élite y que arrastra los mismos males que los simples humanos: retrasos en los salarios, huelgas  y EREs, cinturones apretados, profesionales que emigran a la fuerza…

El grifo institucional se ha recortado también en el deporte. No había rescate posible. Ahora está mal visto. El populismo político de invertir en deporte, la foto en el salón de plenos tras la victoria, la rentabilidad turística  del patrocinio institucional, quedaba todo marchito ante la mala prensa de privilegiar el espectáculo del domingo por las necesidades primarias de lunes a viernes. Fue una de las primeras burbujas en explotar. Sin la pasta pública, el Ayuntamiento, la Diputación o el Cabildo como mecenas detrás de los votos que te paguen una ronda o dos, no hay quien pueda fichar y despedir a gusto. Los cadáveres se agolpan en la cuneta del apoyo perdido y los zombies mantienen su cansina marcha hacia la nada bajo la presión de la deuda fiscal o el miedo a la intervención.

Fue un mes de julio cuando, una de esas llamadas de auxilio, procedía de Valladolid. Ofrecían su sitio en la ACB al mejor postor. La puja gastó tinta en la prensa de Zaragoza por unos días, pero el CAI siguió en LEB y el Fórum Filatélico (recuerden como terminó ese pufo antes de precipitarnos en la crisis) rascó unos millones salvadores del presupuesto público sobre la bocina. No ha cambiado tanto la cosa por Pucela.

El Consejo Superior de Deportes ratificó esta semana la gestión que está realizando el CB Valladolid, colista en la Liga Endesa con dos triunfos en 24 partidos. El Ayuntamiento de la ciudad castellana es el propietario de una entidad que decidió salir en la máxima categoría otra temporada más con el tiempo agotado y un presupuesto mínimo. El CSD apoya el intento de la sociedad de sanear sus cuentas, ponerse al día con sus proveedores y dar viabilidad  económica y deportiva a una referencia del baloncesto en las últimas décadas. La visión externa no avala este respaldo. El equipo ya ha utilizado una veintena de jugadores, que entran y salen del vestuario como si de una pasarela del despropósito se tratara.

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El Valladolid y el Bilbao no son casos aislados. Once de 18 clubs se agolpan en la cola de los números rojos con sus jugadores, persiguiendo una empresa suicida que invierta en deporte para romper las facturas retrasadas que se amontonan en los cajones. Sólo las cuentas de las multinacionales del fútbol, las últimas cajas que han sobrevivido al rescate bancario y algún filántropo loco mantienen a flote proyectos no tan sólidos como antes o menos que los dinerales que se gastan por Turquía, Rusia o Grecia.

Siempre he pensado que el CAI Zaragoza tuvo la suerte de no caer en la trampa. Nada más nacer, en el 2002, compró la plaza de LEB Oro del Sondeos del Norte de La Coruña. La idea era que sirviera de moneda de cambio con la que atraer a uno de los equipos ACB con problemas. Se negoció con Cáceres, que finalmente se refundó para terminar igual (descendido). Ni las llamadas de Tenerife, Valladolid… se contestaron a tiempo y se siguió con el tortuoso camino de lograr el ascenso deportivo y ajustar el balance sin depender en exceso de las rentas políticas. En esa espera Valladolid se ha ido mutando en un extra de The Walking Dead y Bilbao pasó como el rayo de los infiernos hasta la Euroliga para electrocutarse ahora en la realidad del ahogo financiero.

La ejemplar situación (con sus peros, como todo)  del CAI Zaragoza procede del bien hacer de sus jefes y del recuerdo reciente de ver como se disolvía la grandeza del CBZ (desaparecido de la ACB en 1996 por problemas económicos). La lección aprendida sirvió para iniciar ese lento ascenso contracorriente del pelotazo deportivo que era lo normal  y que ahora arrastra a tantos al declive o la desaparición, como ha pasado siempre con otros (revisen las hemerotecas de Granada, Menorca…). La memoria sirvió de referente para el CAI donde tienen que estar la obligación y el sentido común de los que mandan en el deporte: hacer cumplir las leyes y sancionar a los que no cumplen. Medidas tan impopulares como vitales para estabilizar el negocio del deporte y no convertirlo en un pozo sin fondo. Anular el canon de ascenso que mantiene cerrada la competición y permite el rescate sin fin de sociedades agonizantes podría ser un movimiento arriesgado para las arcas de la ACB, pero necesaria para promulgar un plan B y no llevar a la condena a quien pasa por apuros. Bajar de categoría no es el fin. Seguir recto sin solucionar nada, repitiendo errores, si lo es. Y en esas estamos. Con la ACB peleándose por saber quién es capitán de un barco con graves vías en la zona de flotación. Hundiéndose.

12
feb
14

Lo normal


“La normalidad”. Cuando Ichiro pregunta cuál es el valor del buen entrenador, Carlos Jiménez se baja de nuevo con sus palabras a jugar en pantuflas a un recodo de la calle Urgel. Gastadas las suelas de volar tan alto, ahora con zapatos de ejecutivo, su zancada sigue siendo cauta y prudente, transmitiendo el mismo saber hacer en la pose que cuando era el amo de los intangibles. “He estado en Japón en dos ocasiones. Es un país que me encanta”. Sus orígenes carabancheleros y sus presentes guinderos trazan esa línea recta del ser corriente, al que Carlos señala en respuesta al técnico ideal por el que le pregunta este alegre japonés.

Pepu se cruza en el paso. Ha sido él quien ha ido a su encuentro. Tan normal. Ha reconocido a quienes hace unos meses le preguntaban los secretos del éxito de Saitama. Apretón de manos y sonrisas sin interés escondido entre los dientes. Recoge el calendario de San Fermín y se preocupa por los chavales que andan por el barrio sin una minibásket a la que echarle el triple. Sigue su camino sin decirle a nadie que no a una foto.

Lucas es un apellido. Es la cara B de un club profesional. Vive en la sombra que cobija al obrero que curra a destajo con humildad para que los focos alumbren a otros. Bien formado informa bien. Ha preparado una presentación especial para los japoneses. Nadie se lo había pedido. El aforo de nipones apunta al detalle lo que cuenta.

Sato está en tercera fila. Escucha en silencio para no perderse ni una gota de la explicación. Habla poco y se esconde detrás de una pequeñas gafas. Se arrima al señor Sasaki con el cariño ancestral por los mayores que conserva su pueblo y ofrece su atención cuando el maestro toma la palabra. “Tuvimos que acoger a los equipos en nuestra zona. Cerca de la costa no se podía jugar”. Relata el dolor que vivieron en Fukushima, su región, y la solidaridad de todos los clubs con aquellos que se vieron afectados con el desastre nuclear.

Sasaki-san tiene 74 años. Es entrenador de minibásket. Lleva más de cuatro décadas entre disciplinados renacuajos, pero ha venido hasta la Copa del Rey de Málaga a “aprender”. El cansancio no evita que se eche alguna cabezada entre partido y partido en el Carpena. La última noche anda con más destreza. La cena de pescaíto y cervecita desplaza la postura honorable de todo anciano japonés a una dimensión más cercana. Rápido se abraza a su guía español y tartamudea una palabra que ha aprendido estos días: ‘Gracias’.

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Juan Carlos carga la maleta de la emisora. Acaba de llegar al pabellón. Coloca los bártulos sobre la pequeña mesa. Empieza el partido. Vocaliza las canastas con la precisión que le dan los años de profesión y cierra el puño con cada acierto de su equipo. Ha viajado a última hora y dormirá esa noche en un hotel apartado. La radio ha hecho recortes y desplazado a un compañero a Informativos. Ya solo son dos en Deportes. Historias similares se desperdigan por la zona de prensa, punto de reencuentro anual de muchos periodistas precarios que cenan en el cátering montado en un gimnasio de taekwondo.

La peluca roja se le desparrama por un lado de la cara. Sin embargo, la sonrisa de Pascual no descarrila. Ni se acuerda que su equipo ha perdido hace unas horas. Se aleja del grupo con un objetivo. “Tengo que cambiar mi bufanda por una del Gran Canaria”. Desaparece entre la niebla de cánticos y tragos compartidos. Atmósfera de buen rollito entre todos los aficionados otro año más. Esta es la Copa real. Pascual reaparece al rato. La tela amarilla en su cuello simboliza una nueva victoria. “El año que viene la Copa en bañador”.

Francis atiende a la llamada con una disculpa. ‘Estamos en huelga’. Secunda el parón de sus colegas taxistas y no trabajará durante la Copa. Medida de presión para buscar una solución con la Junta. El sábado en las pistas exteriores de Los Guindos verá jugar a su hija Aída rodeado de amigos. Está preocupado por el futuro de uno de ellos, pero pronto alarga los chistes cuando se ve entre el aforo apropiado.

Dentro no cabe ni un alfiler en la final de la Minicopa. La gente se aprieta para dejar pasar a uno más. Unos señores de Valladolid cabecean cuando se les pregunta por su club, del que fueron directivos. “Todos los años venimos a la Copa”. El speaker lanza un ‘konichiwa’ a los trece japoneses que desde la grada se visten de verde antes de que Jaume se acerque a saludarles tras impartir un clinic modélico de entrenar divirtiendo y comunicar de forma positiva. A su lado los padres de un jugador del Unicaja aplauden deportivamente el triunfo del Madrid. Por sus bocas no ha salido ni un alarido de mala educación en todo el partido. “Ahora a animarle y a que siga estudiando”. Otro clínic modélico de comportamiento.

Kenji tiene la agenda ocupada. El triple de Llull solo es el preámbulo de otra carrera. Pronto al hotel para tomar su maletón y pirarse a Lituania. “Hago escala en Helsinki y luego a Vilnius. Estaré diez días en la academia de Sabonis”. De Tautvydas al original en menos de una semana. Espera en la única cafetería abierta a esas horas a que abran el mostrador para embarcar su equipaje. A su alrededor somnolientos viajeros no se pueden imaginar que aquel grandullón era seleccionador de Japón.

A sus compañeros de viaje les quedan unas cuantos horas para volver a Tokio. En sus maletas no cabe todo lo que han vivido estos cinco días en Málaga. Agradecidos, su último ‘Arigato’ precede un abrazo y una invitación para volver para el Mundial. Pasan por el control de seguridad. Si no fuera por sus rasgos asiáticos nadie les identificaría. Se pierden por las tiendas del Duty Free entre la gente normal. Esa normalidad de la que hablaba Carlos y engarza a cada uno de estos personajes en una joya de Copa.

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P.D: Efectivamente, en la Copa estuve acompañando a un grupo de 13 entrenadores japoneses, donde Unicaja fue un anfitrión perfecto ofreciendo todo su interés para que su visita estuviera llena de detalles.

07
ene
14

El romántico


Cuando no conoces a alguien realmente dibujas una opinión por filias y fobias. Esta es una sociedad en la que la comunicación nos absorbe hasta hacernos diminutos en un mundo lleno de conexiones universales y ausente de relaciones personales. Enchufados al aparato, a la red que sea, nos desconectamos del vecino del quinto, del primo de Burgos, del compañero de turno, del ciudadano hipotecado y precario como tú. Nos tiramos al anonimato y desde esa placentera posición de poder tirar la piedra (verbal) y esconderse todos nos creemos gigantes. La calle asusta. La pantalla es la mejor trinchera.

Esto lo digo desde un blog y con un nick que no me identifica. Tiene huevos. Y lo digo para hablar de Pau Gasol. Que también tiene huevos y muy gordos. Perdón. No es que quiera ser grosero ni hablar de los genitales del ‘laqueado’. Es que el zagal es un romántico que ni Lord Byron en plena Guerra Civil griega (la primera, que la segunda la ganó la Troika). El mayor de la saga está empecinado en amar por encima de todas las cosas a los Lakers. Y sabe que los días de vinos y rosas, de champanes y anillos, se terminaron hace tiempo. Pero él prefiere la nostalgia y la grandeza de lo que fue, el sabor lejano de los primeros besos, los bailes de la victoria junto a Kobe… a la realidad de dormir en camas separadas por la derrota, a la frialdad de la caricia de los aficionados y a los insistentes rumores de que tu pareja te la quiere pegar con otro. Y él, bendito, en un vilo. Y España detrás de su sombra como una madre que sufre con el corazón partido de su niño más guapo.

Esta vez ha sido un lío de faldas con Andrew Bynum. Un perdido. No te creas que te iban a cambiar por unas frescas piernas del tipo Chris Paul o Dwight Howard, sino era todo por dinero. Todo traer y largar a la concubina con la que compartiste a Kobe Bryant y patearon por una mala rodilla y un rollo con un Superman que acabó en divorcio. Que les sales muy caro, dicen. A Gasol lo siguen vendiendo a precio de saldo por su alto precio de contrato. El impuesto de lujo es un lujo ahora para los Lakers, aunque lleven seis años superando la frontera del límite salarial. Ahora Pau ya no es un intercambio para traer otra estrella al Staples sino un estorbo económico que hay que canjear para cuadrar el balance. Y tú llorando por las esquinas y por tus postes bajos.

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Desde hace tiempo, dos años y medio para ser justos, a Pau se le añade en cualquier ‘transfer’ que tenga a los Lakers sentados en un lado de la mesa. Que si a Houston, que si a New Orleans o a pasar frío a Minnesota, que si a Chicago o New York. Ahora te meto en Brooklyn para luego colocarte con el lazo en Cleveland. Solo hubo una firma y la NBA la echó para atrás por injusta competencia. Mientras, lesiones de rodilla de Kobe Bryant mediante, Pau ha perdido a su mejor aliado en la pista y fuera de ella: “¿Qué más se supone que tengo que hacer para apoyar a alguien? Podría hacer una bandera de Pau y cabalgar con la bandera de España pintada en mi cara, cómo si fuera el William Wallace español, o algo así. No sé que más hacer”. Y mientras Pau dejando atrás un par de años mozos para competir en otro equipo… Qué pena más grande.

Mi ‘affaire’ con Pau

Solo he hablado una vez con Pau Gasol cara a cara. Fue en una rueda de prensa, tras su primer año en la NBA. Hacía una gira promocional con una marca de bebidas y paró por Zaragoza para entrenar con unos mañicos. Hace tiempo de ello. Fue breve pero intenso. Ninguno de los dos tenía barba. Tampoco ninguno de los dos había triunfado en Japón hasta entonces. Pero el tipo ya me cayó estupendamente. Recuerdo como trataba a los chicos y chicas que estaban en la pista del clínic, con pura humildad y ni un gesto de estrella o de personaje famoso que sabe que está en un acto con centenares de cámaras. Era natural. Esa sencillez la ha sabido transmitir en mil actos de solidaridad, pero también dentro y fuera de un vestuario. Una marca que ha contagiado al baloncesto español y simbolizado los éxitos de la selección.

Este año Pau Gasol no ha recibido ni un solo voto en la elección del mejor deportista del año que siempre hace El País por Navidad, premio que ha ganado en tres ocasiones. Tampoco estuvo en el Eurobásket. Mantiene sus peores estadísticas desde que era rookie y está más que lejos de alcanzar su quinto All-Star. Sin embargo, su cara ha sido reconocible en dos anuncios de carácter solidario durante los intermedios publicitarios de todas las vacaciones navideñas. Será como sea en su intimidad, pero a mi Pau Gasol me cae fenomenalmente, por mis filias y mis fobias.

Por eso Pau déjame que te dé un consejo. Visto que tu carrera en televisión, sí, cuando te dio por salir en CSI. Modern Family o en Numbers, no te va a llevar a ganar un Emmy, me iría haciendo a la idea que tu ‘starlet’ de Hollywood ya no te mira con ojillos y que se le escapan las pupilas detrás del culo de otro ala-pívot. Pero no estás de mal ver, aún tienes cualidades, eres un líder y posees una experiencia de campeón que nadie te puede quitar. ¿Por qué no largar a tu chica y buscarte otra que mejor que convenga? Quizá no tendrá el brillo del oro, pero sí te querrá como al que más y de vuestra relación pueda salir un anillo. ¿O no te ves con unas espuelas o alcanzado por un trueno? Señor Gasol, este verano serás libre te pongas como te pongas, estarás con tus amigotes de/con Rodríguez por el Mundial  y podrás elegir a tu amor entre muchos pretendientes. «Si hay rumores quiere decir que hay gente que me quiere. Si nadie me quisiera, no estaría envuelto en esos rumores». Parece que lo vas comprendiendo, amigo. Entonces serás tú el que decidas entre todos. El romanticismo se apagará y brotará la lujuria de unos últimos años de juerga… Porque todos sabemos que tu final será acabar en los brazos de tu amor de adolescencia.

Porque después de ir a LA… terminarás con tu cádillac en una ladera del Tibidabo.

19
dic
13

Básket es respeto


ImagenEste domingo (22 diciembre) voy a participar con un equipo de San Fermín en un torneo de baloncesto con un motivo que nunca un campeonato debería reivindicar porque todo aquel que decide educar, sea en deporte o en otro ámbito, debería enarbolar la bandera del respeto que merece cualquier ser vivo: Básket es respeto.

Raúl Moreno, un entrenador de Estudiantes y de Vallecas, ha montado esta reivindicación que centra el mensaje en los buenos valores, el único objetivo realmente importante de la práctica deportiva. El Magariños y la Nevera vivirán un día de amistosos (9:00-12:00 y 15:00-21:00) y de mesas redonda donde jugadores, entrenadores, familiares y todo tipo de aficionados se juntarán para hablar de concienciación.

Os esperamos a todos.

11
oct
13

Ander y los demás


Laberinto de los vestuarios de Fuenlabrada. Ander salió con el trofeo en una mano. Con el brazo libre agarraba feliz a quien se le pusiera por delante. Acababa de debutar con el equipo de su vida, con el Estudiantes ACB, y andaba loco de contento. Cien por cien ramireño, la primera bola que tuvo se ‘cascó’ un triple. Esa noche, la única de esta pretemporada en la que el Estu ha celebrado una victoria, fue especial para Ander Martínez, que sabe que su siguiente paso es asentarse en el EBA, rodarse en minutos, aprender en un camino que le llevará donde su sacrificio y la suerte le conduzcan. Eso y salir airoso de los vaivenes universitarios fuera del Ramiro.

Ander es el futuro. En Estudiantes el baloncesto se conjuga en el tiempo que vendrá. En el será. Los presentes se agotan como los euros en la caja registradora. El ahora vale pasta. No queda más que el ‘Carpe Diem’ y mañana que pague la cuenta el que venga. Paradojas para un club donde las piedras hablan de historias y tradición, de un lema de vivir o de sobrevivir. Porque ese Estudiantes que mira conscientemente a lo próximo se asienta en sus principios de siempre. En los Ander y todos esos chavales que corretean por una nevera con el corazón caliente de básket.

A mitad de verano un amigo me enviaba un mensaje. ¿Pero vamos a fichar a alguien? Las salidas se amontonaban en la puerta del Magariños y en la entrada solo se veían a los obreros que corrían para finalizar a contrarreloj el gimnasio de la planta de abajo. De repente alguien dio un portazo y dejó entrar el aire fresco. Ese Xavi Rabaseda que plantó a Fuenlabrada porque con un año basta, ese Bebé al que le quitaron la teta de la NBA, ese Colom descubriendo su lugar en el baloncesto. Y Txus tiró de agenda. Llamó al que hizo grande en Alicante y le salió el gemelo. ¿Ivanov al habla? Kaloyan no está. Pues que se ponga su hermano Dejan. Y luego tocó conferencia a Rusia. ¡Marko, vente pal Magata! Impaciencia cerrada. Dani, tenemos equipo.

Juancho levanta a Dejan Ivanov // Planetacb.com

Juancho levanta a Dejan Ivanov // Planetacb.com

Pero miren por el retrovisor. Se han ido del club los cuatro soportes de la mesa sobre la que se cenó un año nuevo, el I después del descenso. Gabriel, Kirksay, Granger y English, los que pilotaron la nave a Vitoria y al mar de la tranquilidad. Y con ellos Himar, el arquitecto. “Pero plantamos la semilla”, confesaba el canario en la misma pista del Magariños durante la presentación de la Liga Endesa.

Esa semilla es de la que germina esa ilusión de Ander en Fuenlabrada, la mirada inquieta de Nico en la banda, las ansias de Jaime por dejar de ser una promesa o de Vicedo y de Guerra por ganarse su lugar en la Liga Endesa, o Juancho y Dario por dar un salto que no es tan imposible. Es la de la fila de niños y niñas que pintan de celeste sus sueños.

Un amigo que de márketing sabe un poco me decía el otro día que el Estudiantes es una de las marcas que mejor se venden en la ACB. “Esa frescura que desprende encaja con la publicidad de muchas empresas. Caen bien”. Esa identidad de chavalería descarada, de simpatía demente, edita los vídeos de promoción cada verano y da cuerpo a la filosofía que ha propagado Txus Vidorreta: plantilla imberbe desde dentro (Jaime, Lucas, Edgar, Dario, Juancho y Fran) y desde fuera (Kuric, Rabaseda o Colom). Solo Ivanov y Banic se salen del tiesto para plantarse en la zona y Andrés Miso porque será el barbudo del grupo y el único treintañero. La doctrina de juego circula por unas piernas frescas, arriesgar en defensa y ser menos predecibles en ataque. El Estu de siempre dicen los viejos del lugar.

Sanadas las heridas del descenso por otra vía menos arriesgada, esa vuelta a los orígenes es una necesidad económica (3 millones de presupuesto) y un sentir como marca que pone perrete a la grada. ¡Qué jueguen los chavales! gritan desde el fondo. Y lo seguirán jaleando aunque ‘no ganemos ni a las canicas’. No sé si el Estudiantes repetirá el brindis de la Copa con Málaga Virgen o vivirá en tugurios menos luminosos, pero la juerga no le faltará. Al menos en Málaga comienza el viaje. La apuesta pasa por, como decía el sabio Himar, dejar crecer la simiente, dejar que los Ander sigan saliendo con una sonrisa y un trofeo debajo del brazo. Como un niño más en el patio del Ramiro.

08
oct
13

Georgia on my mind


Pillar en un renuncio a Antoni Daimiel es como ver un aprobado raspado en Mates a Einstein. Pero ocurrió en medio del Eurobásket en plena retransmisión de Cuatro. Y el desliz es de la naturaleza del que dice que se va de vacaciones a Austria y le piden que le traigan un canguro de peluche. Comprensible cortocircuito geográfico entre ‘Yioryia’ en inglis pitinglis y la Georgia soviética de Eduard Amvrósiyevich Shevardnadze. ¿Qué no saben situarla en el mapa? Anoten estas coordenadas. Un pedacito cae por el Príncipe Felipe. La nueva Georgia de Zaragoza. Victor Sanikidze y Giorgi Shermadini han abierto consulado en Aragón.

Al CAI se le reconocía por escarbar en ligas de segunda fichajes de indudable valía. Calcular hasta el último euro para no colarse por el sumidero del déficit. No ha ido mal la cosa porque Willy Villar se ha cualificado como un director deportivo con ojo clínico, veloz para llegar el primero hasta el país ‘mágico’ de Adetokunbo (400.000 euros en caja sin pasar por el Pilar) y ajustado al presupuesto. El paso ha sido firme desde la Adecco Oro y hasta alargado sin pretenderlo con un tercer puesto en una temporada de fábula. El listón se alza al ritmo de la cautela de la calculadora que ahora cambia de manos gerenciales. Nuevas cuentas avalan entrar en la Eurocup y dar un giro de tuerca a la táctica de fichajes. Recuerden que hace un año no se quiso hipotecar el futuro para traer a Batista. Pero esta vez Villar no solo ha ido a la profundidad de la liga belga o alemana, también ha tirado por la alfombra roja de la aristocracia. Los dos grandes fichajes, Sanikidze y Shermadini  proceden de Euroliga: de Siena, campeón en Italia, y Olympiacos, campeón continental. No es trabajo de minero del scouting. Es un paso al frente para cargar de experiencia el debut continental y asentar al equipo entre la clase media de una Liga Endesa que se iguala en la precariedad.

Victor Sanikidze y Giorgi Shermandini son esos hombres que perfilan un ligero cambio de maniobra donde en realidad hay un canto por la continuidad. No solo Abós y su cuerpo técnico abordan su quinto curso sin pausa, sino que el CAI ‘solo’ ha sufrido las deserciones de Pablo Aguilar y Sam Van Rossom (y sus sueldos) y ha sabido amarrar a piezas que meses antes parecían perdidas por su revalorización (Damjan Rudez). Renovar y/o conservar a un quinteto como Pedro Llompart, Michael Roll, Jon Stefansson, Joseph Jones del ‘playoff’ o el propio Rudez establece una garantía ante una campaña donde la exigencia desde fuera y dentro se eleva. El CAI deja de cobijarse bajo el factor sorpresa.

los4fichajes

El día del Pilar, en Bilbao, arranca una temporada para el CAI Zaragoza que amanece marcada por la carga de prestigio y cansancio del Europeo. La presencia en Eslovenia de caístas parece haber perjudicado los planes de inicio de José Luis Abós. La ausencia de tres de los cuatro fichajes (Tabu y los georgianos) más el gasto en las piernas del croata Rudez han reducido la fase de adaptación de piezas clave como son los nuevos interiores. Este proceso, que descuenta sus tiempos escrupulosamente, no ha tenido el poso suficiente para cristalizar en lo que ha puesto al CAI en esta ambiciosa dimensión: una defensa coordinada e intensa de piernas y cabeza, definición de EQUIPO. La presentación ante el Baskonia, sin ritmo y con rachas inconexas, fue un síntoma de esta realidad intermitente que reconoce el técnico aragonés y que será el primer obstáculo a allanar. La racha de amistosos (6-5 y 2-5 ante ACBs) señala hacia esta carencia a subsanar en plena competición.

La inoportuna lesión de tobillo de Michael Roll no ha facilitado las cosas y ha acortado la rotación exterior, dejando a Jon Stefansson como el único dos puro con el parche de Jonathan Tabu. El CAI ha acumulado muchos aleros altos. La salida de Daniel Clark, porque más vale prevenir que curar (un tobillo, una rodilla, un juanete…), y la entrada de Sanikidze no es un intercambio natural. El inglés se acoplaba a la plaza de especialista para abrir el campo como ‘cuatro’, mientras el georgiano ocupa más espacios por su movilidad y capacidad para jugar de cara. Es más alero y parecido (que no igual) a Rudez y a Pere Tomás, el ‘más’ exterior del trío, pero curiosamente el que más veces veremos jugar al poste. El CAI no solo ha crecido desde el ‘tres’ porque Shermadini da la talla para competir en Europa y apuntalar la zona aragonesa. Cuando se reincorporé al Henk Norel de la temporada pasada, Abós dispondrá de una de las parejas de pivotes más complementaria de la Liga Endesa y podrá reconfigurar una rotación con muchas bisagras (Jones pasaría al cuatro, Sanikidze y Rudez se moverán por dentro y fuera y Stefansson puede camuflarse como tres bajo) para que una lesión no suponga un cataclismo en una temporada con dos partidos semanales.

El reto está servido. El CAI está donde reclamaba la nostalgia de unos aficionados en aumento (superados los 8.000 abonados): en Europa y pretendiendo la Copa y el playoff como una necesidad vital y no como una casualidad anual. La calma y la humildad con la que se han llegado hasta este punto no deben confundirse con una ambición que se percibe en la mejora de la plantilla y la calidad de los fichajes. El CAI mira a Europa. Y tiene a Georgia en su cabeza.

02
oct
13

Luz, estrellas, baloncesto


Siempre he sido fan del huevo gamba. A mi la tapa de diseño como que no me va. Soy más de fritanga en el plato y palillo en el suelo. Manías o nostalgia del bocata de calamares del Tubo. No sé. El catering de la presentación de la Liga Endesa zigzagueaba entre los clásicos de toda la vida y un toque de cocina de autor minimalista. Los periodistas, buenos catadores de lo gratis, hincaron el diente con la grabadora ya en ‘off’. Hora de escarbar primicias, afilar la exclusiva y tejer contactos entre salmorejo y cuadraditos de queso.

Estos son las bambalinas de un evento que cumple con una deficiencia clara del baloncesto español y cumple también tres años. Ha dejado de gatear para ponerse en pie. Endesa y la ACB montan este tinglao desde que pactaron un acuerdo de patrocinio (a cinco millones de ‘eurelios’ el kilo de temporada) que seguramente ha salvado la, aún autoconsiderada por número de Eurobásketboleros (35) de este curso, la mejor liga del continente. El acto se vende solo, porque está bien organizado y apunta al espectáculo en formato concentrado. La escenografía esta vez perdió el marco privilegiado de la sede de Endesa en el Parque de las Naciones y se alquiló el coqueto ‘Magata’ del Ramiro. Nada que ver, pero acontecimientos internos de la compañía obligaban al traslado a las estrecheces y clima de tradición del Magariños.

Menos espacio, pero no por ello menos decibelios, menos luces y tinieblas perfectamente coordinadas al gas de estrellas concentradas. Que no se diga que Turquía, Grecia o Rusia nos quitan los jugones. Allí estaba ‘pirata’ Navarro a la pata coja, el Chacho y su barba (tiene narices que Iturriaga haga chistes sobre su grosor), un Carlos Suárez que no recordaba la última vez que le aplaudieron, Pablo Aguilar en medio de la mudanza, Llompart en una esquina como si el CAI no hubiera sido tercero en la última Liga, Panagiotis Vasilopoulos con su camiseta limpia de publicidad del CB Valladolid, Kim Tillie llegando sobre la bocina… uno por equipo. Uniforme limpio y aseados.

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El guión se centró en ir al grano. Chistes ‘antiDemencia’ del Itu (pena que los infantes del Ramiro presentes no identifiquen a ese señor viejuno como el ‘Palomero’ vikingo), paseíllo de los protagonistas aunque alguno aún no lo conozca ni el tato (o al menos el tato que conozca el mundillo al dedillo), discursos de los que ponen y reciben la pasta, de los que ponen el espectáculo y reciben los aplausos, los bailecitos de las cheerleaders del Barcelona profanando la virgen esencia del Estudiantes, y los concursos de tiro y de 3×3 para darle contenido deportivo. Este toque All Star queda deslucido por las pocas ganas de los chicos a lesionarse e inteligentemente ACB recortó la agonía (de 5 a 3 minutos de pachanga a trote de cuarentón de Municipal).

Como si fuera la escenificación de una batalla, a un lado se sentaban los gerifaltes de los clubs y en la otra esquina la plana de la prensa, invitada y traída con el billete pagado de todos los rincones del estado (buen lugar para reencontrar viejos amigos), inteligente medida para dar difusión. Hasta los chicos de blogs y webs de segunda, repudiados como leprosos en Ben Hur por algunos jefes de prensa de la Liga, tenían su silla reservada. Un aplauso para quien decida estas cosas. Agentes que no falten en la trama, otros patrocinadores y empresas asociadas, amigos e invitados, gente del Estu entre las sombras… todos presentes como si la cena de Noche Vieja de la familia del básket hispano se tratara. Alguna ausencia hubo, cómo no, en todas las casas pasa.

El veredicto es claro. Este evento no puede eliminarse. Quizá darle un reverso en forma de torneillos más vivos y menos de ir andando. Uno de pocha, qué se yo. Más competitivos para que den chispa a los que están detrás de la pantalla. Porque lo que es el ritmo de la presentación y el envoltorio son exquisitos, de calidad, y deberían ser un referente para exportarse al localismo de los equipos. No suele ser la norma. La mercadotecnia cae en el exceso de la simpleza, de la fórmula conocida, de completar el tiempo del partido con el pim, pam, pum de siempre (de siempre de principios de los 90: la mascota y la danzarina enseñando cacha) y campañas del 1+1=2. Falta imaginación, arriesgarse o ser creativos para saber que estu si, estu no vale para hacer marca. No todo es poner un pantallón colgado del techo y hacer que el foro se de besitos o poner el himno compuesto por el abuelo a toda tralla mientras la charanga deja sordo al niño. Ideas y buen hacer. Es lo que Hace falta para llevar a la gente a llenar los pabellones, sumar euros al presupuesto e identificar con valores qué es el club, porque no todos son lo mismo. La presentación de la Liga Endesa es un paso en mitad del vacío. Sin huevo gamba. Qué le vamos a hacer.




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