Author Archive for Sergio Ruiz Antorán

26
nov
14

Aragonesas y dementes


Rocío y Alicia se llevan de maravilla. Sus sonrisas cómplices las delatan. Son amigas. Su juventud se enreda en sus miradas confidentes y en las anécdotas divertidas de sus primeros meses de convivencia. Su piso en Cuatro Caminos debe ser una fiesta, un escenario rebosante de esa energía vital de cualquier veinteañera ‘de provincias’ que se ha ido a la capital para progresar con su carrera. Pero ellas encima son algo más ‘especiales’ de lo normal. Son estudiantes al cuadrado… por culpa del baloncesto. Estas simpáticas mañicas son jugadoras del mítico club colegial de Madrid.

Rocío Torcal Barba recogió la pasada temporada el testigo aragonés de la montisonense Pepa Castán y este verano Alicia Lapuente Casanova se le unió en el grupo de Liga Femenina-2 del Tuenti Móvil Estudiantes. El origen del viaje tiene nombre propio. Fue el técnico Sergio Josa quien apuntó a ambas en la misma dirección. “Es mi entrenador de toda la vida, Sergio Josa, el que se pone en contacto con varios equipos que estaban interesados, entre ellos, el Estudiantes. Desde el momento que pisé Magariños supe que ese seria sin duda mi nuevo equipo”, explica Torcal, que promedia 11 puntos y es titular en la presente campaña. Extrovertida y dicharachera, esta zagala de Escolapios ha introducido a Alicia, dos años menor que ella, en una entidad especial que encima este curso celebra el 25 aniversario de su sección de baloncesto femenino.

De clase a la pista

Deporte y estudios. Una ecuación que es inviolable y más en un mundo como el baloncesto femenino, de presupuestos mínimos y oportunidades raquíticas. Rocío cursa un grado superior de educación deportiva y Alicia se ha matriculado en la Complutense porque quiere ser criminóloga. Combinan las horas de ‘codos’ con los entrenamientos, normalmente a última hora, bajo las órdenes de Adolfo ‘Fito’ González. Estar juntas ayuda. Y mucho. “Vivir juntas ha ayudado mucho a llevar mejor tanto entreno y tanta clase. Para mi es muy importante en mi día a día”, explica Alicia, natural y orgullosa de Tarazona.

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Saben que la posibilidad de ganarse la vida con el baloncesto es una quimera y más en Aragón, pero ellas quieren intentar jugar al máximo nivel, aunque ello suponga salir de su entorno. “Las chicas de mi generación que destacábamos nos hemos tenido que ir fuera. En Zaragoza sólo hay un equipo de élite. Hay pocos huecos y el resto son de un nivel inferior. Si quieres progresar tienes que salir”, dice Alicia Lapuente, que en su etapa de formación ya tuvo que marchar a Navarra a jugar en el Arenas de Tudela. Para ambas vivir lejos del entorno familiar es una nueva experiencia. “Tengo días en los que echo mucho de menos mi casa, a mis padres, mi hermano, mi abu, mis amigas… y tener la comida hecha”, ríe Lapuente. Pero la independencia y una ciudad tan grande y con tanta oferta de ocio como Madrid tiene su lado positivo. “Al principio cuesta adaptarse porque es una ciudad muy grande y con mucha gente, pero todo hay que decirlo… la capital mola y ¡¡¡mucho!!! –suelta la sonriente Rocío– Pero los Pilares no nos los perdimos”.

Su procedencia salta en el habla. Su acento maño es más cerrado que el de Alicia “y eso que la de pueblo soy yo”, afirma Lapuente. Rocío se crió en el CB Almozara antes de pasar al Mann Filter, donde no coincidió por ser de diferente generación con ‘Ali’ aunque sí se enfrentaron en varias ocasiones. “Yo era muy mala de pequeña. Pero era muy grande y me captó la federación aragonesa. Después de estar en Tudela me fichó el Mann Filter”, afirma esta alero de 180 que la pasada temporada compitió con Helios. Su hermano pequeño Sergio juega en el cadete B del CAI Zaragoza que entrena… Sergio Josa.

Un lugar especial

Su imagen fresca ha encajado a la perfección en un club con una estirpe canterana interiorizada como en pocos lugares. El Estudiantes es en esencia el patio del colegio Ramiro de Maeztu, es mil jugadores correteando por un rincón histórico del baloncesto español, es tradición de formación. “No es un club cualquiera, no solo es un sitio donde formarte como jugador sino como persona. Transmite magia. Ser del Estu es un sentimiento que se contagia”, dice la ‘demente’ Rocío. “Es un club con un ambientazo especial y en el que te acogen desde el minuto uno”, avala Alicia Lapuente. Su involucración es tal que ellas fueron las modelos que presentaron las nuevas equipaciones del Tuenti Móvil Estudiantes y a los equipos femeninos del club en un reportaje de televisión.

A 200 metros de la entrada de Magariños se encuentra la Casa de Aragón, el centro regional en la capital. “Sí, nuestro entrenador nos ha hablado de él. Tenemos que ir”, dice Rocío. Una fotografía inmensa del Pilar gobierna un comedor donde se bebe Ambar y se sirve ternasco y pollo a la chilindrón. En el salón de arriba hay una foto autografiada de Paco Martínez Soria, el icono del inmigrante aragonés durante la grisacea y triste España franquista. “Yo también soy de Tarazona, pero no vine con las gallinas”, sonríe Alicia Lapuente. Sin gallinas ni choricicos y en colores vivos de una ilusión y una sonrisa enorme, unas ganas de triunfar y experimentar contagiosas se han venido pa’Madrid estas dos mañicas para plantar la bandera de Aragón en mitad del Estudiantes.

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16
nov
14

‘Yo los vi jugar’, acercándonos al pasado


En mi anterior entrada os quise hablar de una de las ideas que me rondan por la cabeza en relación a la falta de valor que dan los equipos de baloncesto españoles a su historia. En concreto, hacía referencia al casi uso de equipaciones retro que hay en el mercado español, cuando son un buen enganche de mercadotecnia en el mercado NBA.
Justo esta semana leía en el Diario Sur que el retorno a los colores originales del Unicaja, aquellos que tiñen la bandera de Málaga, el verde y el morado, estaba siendo un éxito de ventas para la marca Spalding. Esta noticia anula aquella teoría que dice que los clubs no se ‘mojan’ en estos productos porque no rentan económicamente.
Así lo han debido de ver los creadores de la Agencia TR3S25 que desde hace unos meses han arrancado con un proyecto de diseño y venta de camisetas antiguas de nuestro baloncestos. La web ‘Yo los vi jugar’ les sirve de escaparate. OAR Ferrol, Licor 43 de Santa Coloma, el mítico CBZ, el Cáceres CB, el Lobos Cantabria, el Coren Ourense, el Askatuak o el Elosua León son nombres que pretenden recuperar de la memoria en forma textil.
–¿Cómo nace la idea de ‘Yo los vi jugar’ y cómo se pone en marcha?
–La idea llevaba mucho en mente. Tenemos una agencia de gestión deportiva (agencia TR3S25) y estamos constantemente buscando productos nuevos y novedosos que ofrecer a nuestros clientes. La chispa saltó justo después del Informe Robinson de Nate Davis. Somos de Ferrol y el OAR era nuestro ‘tester’ perfecto. Así que en el partido homenaje sacamos a la venta las camisetas y ¡pum! se vendieron como churros. 

–¿Cómo elaboráis los productos? Veo que son por encargo…

–Aunque visualmente son iguales a las camisetas originales, después de mucho debatir, nos decidimos por hacer una patrón más actual y un tejido de última tecnología. ¿Por qué? Pues por la simple razón de que queremos que se use. Queremos ver a Essie, Magee, Nate… en las canchas de las ciudades. Pero si fuesen igual que las originales nadie las pondría. Sientan fatal y el algodón es poco agradecido para el deporte. La gente cuando las ve, se queda impresionado con la calidad. 
El tema del encargo es por la técnica que utilizamos para elaborarlas. Cada camiseta se fabrica única y exclusivamente para cada comprador. Esto es porque evitamos stock innecesario (ya que no todas se venden bien) y como el club no asume ninguna gasto, hacerlo de tantísimos equipos sería inviable económicamente. 

–Entonces… ¿Cómo decidís qué equipos y qué jugadores ofertáis?

–Nosotros llamamos a los clubes, les presentamos la propuesta y ellos dicen si o no. Actualmente la propuesta está encima de los 45 clubes que formaron la ACB. Los jugadores… nosotros planteamos unos que tenemos en mente, pero es el club el que decide, ya que saben mejor que nosotros qué jugadores dejaron más huella en la ciudad. 
 
–¿Cuáles son los futuros productos que tenéis en mente?
–Europa y selecciones. Probablemente cuando se publique esto… ¡ya estarán a la venta!

–¿Y de la etapa anterior a la ACB?
En realidad nos centramos en los 80 y principios de los 90. No es que distingamos ACB o la antigua 1ª. Pero si es verdad que a partir del 85 hay mas fotografías y documentos en los que basarnos para los diseños.
 
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–¿Habéis recibido propuestas de aficionados que os pidan alguna camiseta o jugador en particular? 

A diario. Pero es imposible satisfacer todas las necesidades. Pero el ansia por tenerlas juega a nuestro favor. Tenemos muchas campañas en mente, y muchos equipos que serán un auténtico bombazo.


–¿No tenéis problemas con los derechos de imagen? ¿Cómo solucionáis este obstáculo?

–Los derechos es el mayor problema. Localizar al club, a los patrocinadores, etc… Es un trabajo complicado, los clubes se mueven poco y las empresas tienen mucho trabajo como para pararse a analizar pros y contras para otorgar el permiso…


–Dicen que ustedes se ponen contacto con los clubs, ¿pero ha sucedido el recorrido contrario?
–El año pasado el COB Ourense jugó su último partido con la camiseta que tenemos a la venta de ellos. La del 25 aniversario de su ascenso a ACB. Algún club más se interesó pero al final no llegó nada a buen puerto. Pero bueno, esperemos que poco a poco los equipos vayan entrando y vean que lo retro puede ser un enganche para sus aficionados. También hay que decir que algún club nos copió la idea y la hizo por su cuenta, pero no vamos a tenerlo en cuenta (jajajaja).

–¿Pensáis en poder llegar a acuerdos con clubes actuales para hacer encargos especiales para ellos?
–Pues creemos que algo del tipo Ourense sí que se hará. Pero las marcas actuales de los clubes tienen unos contratos muy fuertes y blindados que nos dejan fuera completamente del mercado.
 

–¿Es rentable el negocio o puede ser rentable?

–La verdad, como un producto paralelo a nuestra actividad, sí. Lleva muchas horas, esfuerzo y quebraderos de cabeza, pero la satisfacción personal es elevada ya que somos ‘basketlovers’, pero a nivel económico como producto individual no es que sea un maná. Piensa que los equipos llevan una comisión por camiseta vendida y es más de lo que nosotros ganamos. Ellos no hacen absolutamente nada, más que una presentación oficial y poco más. Es una pena que no se muevan más porque podrían ganar mucho dinero con ello, pero bueno, ahí ya no le podemos hacer nada.

–¿Cuántas habéis vendido?
–Pues la verdad es que la web nació por mayo, con muy pocos equipos, y en una fase beta, para ver la demanda y fue mucho mejor de lo esperado. Ahora empezamos a mejorar la web, trabajar redes sociales y parece que empezamos a ser conocidos. Un dato es que del OAR llevaremos unas 250 camisetas. Lleva un año a la venta y al haber tantas en la calle la gente las ve y las quiere. Pero ELOSUA o Askatuak tienen mucho tirón.
 
–¿Por qué pensáis que los equipos ACB no ponen más hincapié en realizar este tipo de productos retro?
–Porque son las marcas las que deciden todo sobre sus productos. Firmaron contratos demasiado exigentes y ahora están pagando las consecuencias.
 
Nota: Las camisetas del CBZ aún no están a la venta, pero afirman que lo estarán en breve.
01
nov
14

Decretos contra la mala educación


El Diario de Navarra recogía el pasado lunes una noticia con un titular que invitaba a su lectura. “Un decreto permitirá sancionar a padres en eventos deportivos”. El cuerpo de la información confirmaba la curiosidad del primer impacto. El decreto foral, aún en fase de estudio y pendiente de modificaciones, pretende multar a aquellos aficionados que tengan un comportamiento “desproporcionado o totalmente opuesto al espíritu educativo”.

Tengo un amigo que dice que sueña con entrenar a un equipo de un orfanato. El chiste entronca con el problema que solemos tener los entrenadores de peques con algunos progenitores. Esta realidad hace que sea habitual en los cursos técnicos las charlas sobre cómo afrontar ciertas situaciones incómodas. Las exigencias exageradas sobre los menores, vistos como futuras estrellas en construcción, las actitudes violentas contra árbitros y rivales desde la grada, la intención de ‘meterse’ en el banquillo… son escenas que reconocerán los educadores deportivos de diferentes disciplinas. La imitación del mundo profesional, con la obtención de la victoria por encima de todo valor, suele ser el virus que provoca estas desviaciones del sentido común.

La intención del Gobierno de Navarra de dar un paso más me parece una buena idea, aunque también sea la evidencia de que algo no va bien cuando es necesario imponer sanciones en un ámbito educativo. Sin embargo, las graves agresiones que se producen en los últimos años y la creiente atmósfera asfixiante que se vive en campos de juego cada fin de semana dan argumentos para legislar estas malas conductas.

los-padres-de-los-jugadores-de-baloncesto-01Más complicado me parecerá su cumplimiento. Quién será quien ‘denunciará’ estos actos. ¿Es necesario que haya policia en todas las instalaciones? O simplemente se mediará cuando se supere un límite de agresividad. La norma, por lo tanto, puede servir en casos extremos o tener un carácter preventivo. Es bienvenida por su efecto, pero no obstante, el ordenamiento de leyes no puede ser la herramienta principal para corregir ciertas actitudes. Ésta debe seguir siendo la educación deportiva de todos los actores que intervenimos en la formación de los pequeños, desde entrenadores, directivos, árbitros, padres y madres y todos los espectadores. Saber de nuestra responsabilidad para construir futuras personas con sanos valores debe ser el primer pensamiento de todos cuando nos acercamos a una cancha o vemos un partido profesional con nuestros jugadores o hijos e hijas. Evitar expresiones de rivalidad extrema, legitimizar acciones antideportivas o trampas solo por obrar un éxito deportivo, idolatrar de forma desmedida a deportistas profesionales, generar un enfrentamiento gratuito… son rutinas de nuestro día a día que debemos analizar para obrar en una consecuencia para nuestros pequeños, que son además los futuros adultos. Ver el deporte como un acto social y educativo, como un lugar de convivencia, de beneficio común, saludable y lúdico, y no como una lucha por ganar o perder. Y en este punto, nosotros, los periodistas, quizá debamos hacer la reflexión más profunda. O alguien debería ir pensando ir redactando otro decreto.

24
oct
14

Va de retro


La promoción del baloncesto español no es un motivo de orgullo para nuestra familia. El producto estrella de la marca es la selección, que arrastra a anunciantes y audiencias. La Liga Endesa se queda atrapada en un segundo o tercer plano en el panorama deportivo y no se sintoniza con la importancia que se presiente de este deporte en los patios de colegio cada mañana de sábado o en los ‘shares’ en los partidos importantes.

Algunos departamentos de márketing de los clubs ACB, y el de la propia asociación, han estado en el punto de mira por no ayudar a potenciar el asunto. Falta de creatividad, de riesgo, repetición de viejas fórmulas poco atractivas, presupuestos bajos que les permiten poca maniobrabilidad… son excusas o acusaciones que se vierten sobre ellos. El reflejo de la NBA y el sentimiento del ‘show-business’ americano en un sentido moderno se calca con dificultad, en ocasiones tarde, pero en otras a tiempo, aunque sea a cuenta gotas y sobre la bocina.

Esta temporada percibo un giro que me agrada hacia el ‘vintage’. Lleva ya años explotando la liga americana el recuerdo de las dinastías doradas del pasado, con sus estrellas retiradas viajando a España a una ‘fan zone’ en pleno Mundial, editando videos de las mejores jugadas o sacando camisetas de equipos de leyenda. Es en el sector textil donde esta temporada la ACB se ha acercado a su homóloga estadounidense, buscando un abrazo a la nostalgia de esos niños o adolescentes que ahora son padres que llevan a sus hijos al básket y tienen en la cartera dinerito para gastar.

Unicaja ha recuperado este año la franja morada en su uniforme, aceptando la reclamación de los aficionados que pedían que la bandera de la ciudad volviera a ser referentes. Este regreso al pasado se acerca a la memoria de Mayoral Maristas o del triple de Mike Ansley en el Ciudad Jardín.

La identidad de otro tiempo mejor reluce en la combinación negra y amarilla del tercer equipaje del Tuenti Móvil Estudiantes. Los colores corporativos de Caja Postal han sido rescatados por Joma en un guiño bien acogido por los dementes. Pena que con la camisola no venga un nuevo Pinone que ponérsela.

Quizá sea el CB Canarias el que más empeño está poniendo en asemejarse a la moda de su gloria pasada. Quizá sea el club tinerfeño el que mejor se ha adaptado a la moda ‘vintaje’ y ha sabido potenciar este valor. Recuperaron su elástica ochentera para jugar la Copa del Rey de Málaga y mantienen los tonos aurinegros en la actualidad como símbolo de identidad. El Iberostar siguió la estela del Valencia, que conmemoró el 25 aniversario de su ascenso con la venta de una reposición de su histórica camiseta el año pasado.

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Equipos como el CAI, Manresa, Gran Canaria, Penya, Real Madrid, Barcelona o Murcia siguen fieles a unos colores y Andorra también ha recuperado la categoría con los mismos colores con los que se le recordaba. Son en las segundas equipaciones donde se va de un tinte a otro por razones comerciales. Porque suelen ser las marcas deportivas y los patrocinadores las que imponen unas normas en esta configuración cromática. El cambio de unas y otras, la ausencia de esponsor a largo plazo impiden esta reedición (bueno, el Real Madrid retoma a Teka). Ese punto, esos intereses y los derechos de imagen, cortan lo que podría ser una bonita colección retro a modo NBA en los armarios de los aficionados más apasionados de nuestro baloncesto. ¿No podría haber una solución? ¿No sería una buena forma de ingresos extras y de identificación con el pasado? ¿Por qué es más fácil comprar una camiseta de Fernando Martin con Portland que una con el Real Madrid?¿Por qué el CAI no puede ir un día con el azul de Helios Skol o la Penya hacer un homenaje al Huracán Verde de los cuarenta? ¿Por qué un chaval conoce mejor a Larry Bird porque sale en un videojuego que a Chicho Sibilio? ¿Por qué nos cuesta honrar tanto a nuestro pasado? Si alguien quiere contestar…

21
oct
14

Puta vida


Escuchar su sabiduria emociona. Las palabras de José Luis López Zubero no suenan huecas. Las ha rellenado en horas de pensamiento propio o amasado en lecturas y experiencias personales. He conocido pocos hombres cuya existencia tenga tantas razones para ser  contada. En su discurso, recordando con nostalgia y pasmosa concreción, resumía que su vida no son nada más que azares engarzados, situaciones nacidas de cierta suerte cósmica que nos trasladan a la siguiente casilla. En muchas no hay opciones para tomar una desición, para desviarse por un camino u otro. Relata así como gracias al baloncesto, y en un viaje a París, conoció a un americano que le dijo que si quería ser buen médico, debía irse a Estados Unidos. Así lo hizo y se convirtió en un talentoso oftalmólogo y, de paso, España consiguió en su hijo Martín la primera medalla de oro de su natación olímpica.

Hace unos meses un amigo me llamaba para contarme que José Luis Abós tenía cáncer y que la cosa pintaba chunga. Apenas unas semanas atrás había mantenido un encuentro con él en la gala de Gigantes, donde recogía el premio al mejor entrenador de la anterior temporada. Bromeamos con el equipo desigual que saldría del quinteto de aragoneses que estábamos perdidos por esa sala de Tribunal, curiosamente, a unos cien metros de la casa del otro José Luis, de López Zubero.

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Por fortuna, sin quererlo, en una reciente visita a Zaragoza, me topé en una charla cervecera con otro emigrante del Arrabal que había vuelto a casa para celebrar un aniversario especial. Hacía 30 años que él, con un grupo de amigos, había ganado el campeonato junior de España. Ese equipo de 1984 lo entrenaba un chico de La Salle que apenas era un par de primaveras más mayor que sus jugadores. Ese precoz ‘mister’ era José Luis Abós. “Era uno más”, me explicaba Rafa Termis.  “Empezamos la temporada y tuvimos algún problema en el campeonato local, por lo que estuvieron a punto de destituirlo, porque lo veían muy joven. Pero enlazamos una buena racha y lo mantuvieron”, recuerda Termis, que pocas horas después se reencontraría con su entrenador y sus antiguos compinches en un restaurante del centro de la ciudad.

No sé que hubiera sido de la vida de José Luis Abós si hubiera sido cesado en ese primer año y nadie lo sabrá. Luego llegarían dos campeonatos y un subcampeonato junior, su paso como ayudante del ACB, un giro vital al dejar su puesto en General Motors, su periplo americano y balear… y el retorno a casa para lograr la doble pirueta con tirabuzón sobre el resbaladizo banquillo del Príncipe Felipe: ser hijo pródigo en una tierra tan cruel con los suyos como es Aragón.

Esa ‘no destitución’ cambió la vida de un hombre y del baloncesto maño. Esos pequeños detalles que transforman todo. Esa suerte que no se alió con ‘Pepelú’ cuando aún mantenía muchas metas personales y profesionales por conseguir, aunque él quiso seguir entrenando cuando le diagnosticaron el maldito cáncer. Ese azar le esquivó en mala hora. Puta vida.

Es una responsabilidad para todos los que amamos este deporte en Aragón honrar como merece a una persona que colocó al CAI Zaragoza donde debe estar por historia y por afición. Se lo debemos.

01
oct
14

Echaré de menos…


Echaré de menos a todos los jugones que se han pirado por pasta a otras Ligas de medio pelo.

Echaré de menos (y espero) que esto no sea una cosa de dos.

Echaré de menos más información de básket en los medios convencionales.

Echaré de menos que TVE dé una mayor publicidad y una mejor cobertura de calidad a los derechos que ha vuelto a renovar.

Echaré de menos a algún compañero periodista con acreditación para que le dejen trabajar de una vez.

Echaré de menos un espectáculo que no sea tan casposo en los tiempos muertos y más innovación más allá a la copia barata de la NBA.

Echaré de menos un mayor impulso de los patrocinadores y que no me repitan el mismo anuncio mil veces en todos las retransmisiones de partidos.

Echaré de menos siempre a Andrés Montes.

Echaré de menos que se ponga en valor y se haga conocer la historia de nuestro baloncesto.

Echaré de menos que la Copa del Rey (y su buen rollo entre aficiones) no sea todos los días.

Echaré de menos a ‘Bebe’ Nogueira.

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Echaré de menos a Burgos, porque se lo ha merecido.

Echaré de menos a alguien que ayude a Rodrigo San Miguel a levantar la bandera de Aragón. Y más en el CAI.

Echaré de menos saber cuando se juegan los partidos de mi equipo y que no me los cambien jornada a jornada.

Echaré de menos que vayan a la Euroliga los que se lo han merecido.

Echaré de menos que se ayude a que las familias y los pequeñajos puedan ir a los pabellones a precios asequibles.

Echaré de menos aquellos tiempos en los que no me tenía que aprender el nombre de la mitad de jugadores de la competición.

Echaré de menos a todos los técnicos españoles que se han tenido que ir a otro país a currar porque no se les dan oportunidades aquí.

Echaré de menos que esto sea más un deporte que un negocio.

Echaré de menos a gente creativa y arriesgue en todos los contextos de la Liga.

Echaré de menos un cambio de reglas que favorezca al baloncesto bonito y el espectáculo.

Echaré de menos (me temo) no ver a Ander Martínez/Marcos Portález jugar lo que me gustaría.

Echaré de menos que se pague mes a mes a todos las plantillas.

Echaré de menos a más entrenadores como Aíto, Sito, Ponsarnau… que apuestan por poner a los chavales. Echaré de menos a Pepu.

Echaré de menos más acciones sociales de la Liga y casi todos los clubs, que se acerquen a la calle.

Echaré de menos que se ponga fin al cachondeo de los pasaportes COTONOU.

Echaré mucho, mucho de menos a José Luis Abós, aunque volverá pronto.

29
sep
14

Es sólo puntería


Será ese silencio que no calla el rumor de la historia. Será el chasquido de ese parqué por cuyas grietas se esconden sudores de gigantes. Será que uno es pasto de sus recuerdos y de sus mitos. Pero llegar al Magariños vacío, estremece. Me pasó esa mañana de junio, persiguiendo un sueño ajeno y una búsqueda infructuosa. Por la tarde el Madrid recibía al Barcelona en la final de la Liga Endesa. La temporada para el Estudiantes había cerrado gris y en las oficinas no había ni Cristo. Al entrar percibí el bote solitario de una pelota. Detrás vino otro. Y otro. Y otro. Una serie precedida por el roce de una malla que acaricia el acierto. De reojo reconocí el perfil de Alberto Corbacho. A su vera de triplista esbelto se encogían varios cámaras que repetían el enfoque del movimiento de la mecánica del balear y el arco del balón hasta la canasta. Estaban grabando un vídeo.

Mi misión en el Estudiantes cambió. Invitado a seguir la grabación, pasé más de dos horas viendo como el alero del Obradoiro probaba una y otra vez establecer una marca de triples anotados sobre cien lanzamientos. “Quiere anotar más de noventa”, delató un empleado de marketing del club. “Ha hecho una de 80 y pico”, inserta con acento catalán uno de los camarógrafos en un intermedio. En los descansos el ‘shooter’ se seca las manos con una toalla y los ayudantes aprovechan para rebajar el mono de canasta con algunos tiros menos profesionales. Los intentos van sucediéndose entre rachas de veinte bombas sin error con otros frenados antes de terminar por la frustración del fallo. Llega la hora de comer y la rendición se asoma como los rezagados estudiantes del Ramiro por una puerta entre abierta del pabellón. “Otra más. La última”, afirma Corbacho como si estuviera en la barra de un bar en mitad de una noche sin fin. Siempre sabemos que la última es la penúltima. La marca se frena en 89. ACB.com ha sacado hoy las pruebas de lo que digo es verdad.

Cuando me acercó a él al final del rodaje, Alberto Corbacho me identifica tras presentarme. Ya hace tiempo que yo era periodista en Zaragoza y él solo un tirador cedido en el CAI por el Unicaja. Una temporada atrás había remontado el solito un partido en el Príncipe Felipe con el Huelva. Su año en mi ciudad no fue excelente, pero sí un pasito más en su carrera y periodo suficiente para demostrar que era un lanzador puro y con un enorme potencial. Luego llegó a Santiago y su fortuna cambió. Su consagración como un auténtico bombardero desde la línea de 6,75 llegó en Galicia, donde le dieron tiempo para madurar y, sobre todo, confianza. Corbacho simboliza el desperdicio de grandes jugadores que se desaprovecharon en esa etapa del CAI y, en general, la falta de oportunidades que se les da a las jóvenes promesas del baloncesto español en la Liga Endesa.

El diario Marca publicaba hace cuatro días un informe sobre la presencia de jugadores españoles. La política de cupos y los intereses de los mercados arrincona al deportista autóctono a una presencia que pocas veces supera el límite de cuatro presencias por plantilla. Solo nueve de los 18 clubs de la ACB tienen más de cuatro fichas de ‘formados en canteras FEB’. El equipo con más es precisamente el Estudiantes, con 8 de 11, aunque uno de ellos es el nacionalizado Federico Van Lacke y otros tendrán una presencia simbólica en los partidos. La media esta temporada ha bajado al 39% del total de jugadores, dato que sigue descendiendo (cuatro puntos desde la anterior campaña) y es el más bajo de la historia de la competición. Entre los participantes de Euroliga se reduce el porcentaje hasta un ridículo 24,6. Unicaja con 2 de 12, precisamente el criadero que desaprovechó a Corbacho y que la temporada pasada lo intentó repescar, es el bloque con menos producto nacional. La salida hacia las ligas universitarias de Estados Unidos de decenas de buenos jugadores en los últimos veranos es otro síntoma de que algo no marcha en el baloncesto del ‘Método FEB’, por no nombrar los nubarrones ante la renovación de la selección que se perciben tras la frustración del último Mundial.

Para acabar la conversación en Magariños, le pregunto a Alberto Corbacho por sus hermanos, también excelsos tiradores, y la relación genética de tanto empacho de triple. “Es solo puntería”, dice el ’33’ del Obradoiro. No me creo nada. No soy tan incrédulo. Ponerla dentro del aro no es sólo cuestión de buen ojo. Esa humildad quizá tenga que ver, como seguro que detrás de ese acierto hay horas y horas de trabajo, sacrificio y empeño. Y porque alguien decidió ponerle, quizá porque el eslovaco que querían era más caro, quizá porque alguien vio en él que podría ser él, pero le pusieron. Eso sí que fue buena puntería.




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