Archivos para 29 junio 2012

29
jun
12

El viaje de Norio


Jacobo Rivero ha escrito un libro. Quien no se haya enterado ya está tardando en entrar en su blog o ir a la libreria más cercana a devorarlo (y comprarlo). Porque no se lee, se devora y se disfruta. Pero esa es otra historia de la que he hablado y hablaré, aquí y en otras plazas, en otro momento. En ‘El Ritmo de la Cancha’, el creador de Sputnik, compañero e instigador de proyectos y amigo nos conduce por un viaje por el mundo persiguiendo una pelotita naranja para contarnos historias de vida, lucha, rebeldía, de satisfacción por hacer lo que a uno le gusta… son lugares comunes entre personajes sin uniones en el primer vistazo, pero con inumerables encrucijadas similares, humanas.

Cuando Norio Sassa me mandó su primer email pensé ‘la que me ha caído encima’. Mi amigo Yoshihiro Tomita (lo conoceréis si sois seguidores de Puertatrás) me había puesto en contacto con este entrenador profesional de Japón. Pocos datos tenía de él. Solo que era bicampeón universitario de su país, asistente en la selección U20 y profesional con los Hitachi Sunrockers, el cuarto mejor equipo de la JBL y dónde jugaba un conocido, Christian Maraker. En su primera nota me comunicaba su deseo de ver ‘entrenamientos profesionales’ y una fecha de llegada de un vuelo procedente de Munich que, por supuesto, no había negociado conmigo. El aterrizaje llegó tarde. Con semanas de retraso. Las mismas que fluían las lágrimas del descenso del Estudiantes, lo que dificultaba sus deseos de seguir de cerca al equipo en ACB. Tras algún movimiento por mi parte, estirando contactos, esquivando otros, le planteé otras alternativas que aceptó, no sé si entendiéndolas o acatándolas sin más.

Gracias a la predisposición de Pablo Borrás y José Domingo, conseguí que Norio se hospedase en la Residencia del Estudiantes junto a los becados del club y a Martín, un anfitrión extraordinario. Pronto, Javier Medori se encargó de ser su ‘ciccerone’. Un lujo. La ‘Resi’ quedaba cerca del ‘Magata’ por lo que las visitas matutinas para ver las sesiones magistrales de Ángel Goñi se hicieron obligadas. al igual que las charlas entre platos en la Casa de Aragón. Norio empezó a pronunciar los nombres de Jaime Fernández, Edu Martínez, Jayson Granger, Víctor Serrano, Javier Beirán… y hasta a mi me procuró un reencuentro con mi pasado caísta al cruzarme con Charly Martínez diez años después.

Alguna tarde tomamos el tren regional para ir a Fuenlabrada y contemplar el trabajo de postemporada de los jóvenes del club ACB gracias a la coordinación de Jorge Sanz y una noche nos convertimos en halcones de Palacio para ver el Real Madrid-Banca Cívica del playoff. Pero casi todo el tiempo se agotó en la calle Serrano. Más allá del profesionalismo, la curiosidad de Norio le llevó a querer seguir desde los entrenamientos del EBA hasta el último ejercicio de un mini del Ramiro y el ‘lujazo’ de echarse una pachanga en el patio con Edu y otros amigos dementes. Siempre con la pregunta afilada, comprendió la organización del básket formativo español y se le abrieron los ojos al saber que en la casa había más de 50 equipos. En Japón la distribucción es como en Estados Unidos (colegios, institutos y universidades) y las competiciones son escasas, asi como el nivel de entrenadores. Ahora, Norio memorizaba palabras como cadete, benjamín o sub’21, mientras calzaba una cara de asombro al saber que chicos de 8 años competían cada fin de semana y entrenar era más un juego divertido que una repetición mecánica de tecnicismos.

Y la guinda llegó el fin de semana, con un viaje hasta Zaragoza para ver las finales del Campeonato de España junior, charlar con Manuel Aller (con Manuel Castro como traductor) y otro componentes de la Federación Española, ser entrevistado por Raquel Machín e Ibón Landa y conocer a otros entrenadores y amigos del baloncesto español… incluido Rudy Fernández, que se interesó por la visita de mi, ya entonces, buen amigo Norio.

A esas horas, mientras compartíamos una ensalada y un plato de pasta en La Birosta, se aventuró a fantasear con llevar a Japón a los Juegos Olímpicos o reproducir el sistema de cantera que había percibido esos días en sus propio club. Todo apuntado en su libreta, todo llevado a preguntas y respuestas. Norio ya no era un desconocido ‘japo’ ni un mero entrenador de baloncesto, si no un amante de de este deporte que, como yo, como tantos, había agarrado esta pasión al vuelo de Jordan (su infancia la pasó en Chicago, donde vio a MJ en directo). Yo le enseñé lo poco que sé y él me abrió las puertas de su realidad, de la pobreza organizativa del baloncesto de su país, los métodos arcáicos que retienen los entrenadores nipones, la falta de competiciones de cantera, de cómo jugadores o técnicos de allí podrían completar su formación allí… En esas charlas nos fuimos conociendo y desveló que detrás de ese técnico hambriento había una persona alegre y curiosa, que comprendía sin traducción las palabras apasionadas con las que Ángel Goñi en el Ramiro o Carlos Iglesias en Azúa delimitaban la invisible frontera entre baloncesto, vida y aprendizaje o que no dudó ni un momento en descartar una tarde de su viaje con la visita a una destartalada cancha en el Sur de Madrid con unos chicos y chicas que nunca esperaban esa visita.

Comprendí entonces, en ese detalle, en esa pista de aros torcidos y tableros marcados, que como tan bien retrata Jacobo en su libro, ese espacio podría haber sido cualquier otra cosa, cualquier escenario o cualquier mesa, cualquier mundo compartido, cualquier lugar común en el que las palabras y los hechos no necesitan de traductores. Donde la vida es un viaje con múltiples caminos, que se suben y se bajan como una montaña, con la guía de la felicidad, el sentido común y el amor. El amor al baloncesto. El amor por la vida.

28
jun
12

Pat Cummings, sigue la ‘maldición’ de los ex pívots del antiguo CAI


Seguimos ‘en racha’ con jugadores de la NBA de los 80 fallecidos prematuramente. El caso de hoy es el de Pat Cummings, un pívot blanco que jugó en cinco equipos de la NBA (Bucks, Mavs, Knicks, Heat y Jazz) un total de 12 temporadas. Era un buen talento ofensivo que hizo alguna temporada llamativa, aunque desde luego nunca se acercó al All Star. Pero siempre me ha fascinado más la tropa, el secundario, que la super estrellita. Sin uno no puede brillar el otro. Por citar a unos cuantos, Cummings compartió pista con grandes como Bob Lanier, Bernard King, Pat Ewing, Mark Aguirre, Rony Seikaly, Karl Malone o John Stockton.
Gigantes

Gigantes

Lo que me llama la atención del adiós de Cummings es que se prolonga una morbosa casualidad. Por supuesto, nadie se ha puesto a hacer el ranking, pero el antiguo CAI Zaragoza –el club de los 80 y que desapareció de la élite a mediados de los 90 por las deudas— es el seguramente la franquicia ACB que más exjugadores fallecidos contabiliza. Así, a vuela pluma, me salen otros seis: Rafa Sansegundo, Eugene McDowell, Bobby Phills, Aleksander Belostenny, Mel Turpin y Kevin Magee. Pocos dudan en la capital del Ebro que este último es el norteamericano más importante de su historia baloncestística.

Seis de los siete fallecidos eran, además, pívots, como Cummings, que fue el sustituto precisamente de Belostenny en la temporada 89-90. Curioso cambio aquel, visto con el tiempo: el entonces soviético, un 2,14 especialista en el tapón y el rebote, había sido importante en la consecución del que sería último título de la historia del club, una Copa del Rey ganada en Canarias al Joventut. Sin embargo, parece que se demandaba más producción ofensiva de cara a los ‘playoffs’ y el norteamericano, en una época en la que los travases desde la NBA eran más habituales que ahora, llegó para disputar 8 partidos de liga regular y 3 de las eliminatorias. Según se publicó en su momento, cobró 30.000 dólares. “Tenía varias ofertas para seguir en la NBA, pero me atraía más venir a Europa, porque en mi país las ofertas no me aseguraban minutos de juego y eso es precisamente lo que más deseo en estos momentos. Todavía es pronto para hablar, pero pienso que puedo ayudar al CAI en el final de temporada”, decía en su presentación (Gigantes nº 231).
Su mejor partido fue en una victoria aragonesa en la pista del Real Madrid (83-100). Él anotó 29 puntos y capturó 9 rebotes (5 ofensivos) en 31 minutos. Sus promedios fueron de 14,2 puntos y 8,8 rebotes. Al menos en cuanto a números, no lo hizo mal, pero los maños no consiguieron su objetivo de ‘asaltar’ el poder también en la liga. Después tuvo otra breve etapa europea, esta vez en Varese, antes de regresar fugazmente a la NBA con los Jazz y concluir su carrera en la CBA.
Descanse en paz.
Artículo de Javier Ortíz (@bujacocesto), redactor de El Periódico de Extremadura y del blog RetroACB
01
jun
12

Adiós a Woolridge: otro trozo de carpeta arrancado


Cada vez que muere un jugador de la NBA de los 80, ya sea una súper estrella o un banquillero irredento, algo muere también dentro de muchos de nosotros. Nos pasó recientemente con Manute Bol o Armen Gilliam, tipos que se habían instalado en nuestro imaginario adolescente porque, de mejor o peor manera, pasaban por ahí cuando una generación empezamos a ver baloncesto americano los viernes por la noche, en aquellos partidos grabados varios días antes y emitidos a horas de peli porno y justo después de una interminable función de ópera.

Primo de un ‘grande’ como Willis Reed, no era ni una estrella ni un banquillero, pero también tenía su encanto Orlando Woolridge, el último que nos ha dejado de aquella NBA que nos ofrecía descubrimiento tras descubrimiento. Nacido en Bernice (Lousiana), nunca llegó a ser All Star, pero sí llamaba la atención porque era uno de esos jugadores nacidos para el espectáculo y la diversión (ver campaña de PONY con Spud Webb). Criado en la universidad de Notre Dame –en el baloncestístico estado de Indiana– junto a futuras figuras como Bill Laimbeer y Kelly Tripucka, Woolridge fue elegido en el número 6 del ‘draft’ de 1981 por Atlanta. Enseguida, los Hawks le enviaron a los Chicago Bulls pre-Jordan. Se trataba de un ’3′ muy fuerte, rápido, con salto, aunque no mucha mano desde el exterior. Con cierta facilidad promedió los 20 ‘chinos’ por partido en un equipo claramente perdedor, que año tras año esperaba que le tocase el gordo de la lotería. Esto se produjo en 1984 con el advenimiento de su alteza ‘Air’.

Jordan y Woolridge coincidieron un par de años bajo el techo del viejo Chicago Stadium, pero no mostraron mucha compatibilidad y el ahora finado salió volando hacia los New Jersey Nets. Le sobrevino entonces el infierno de lo que los cursis llaman ‘sustancias prohibidas’ y estuvo un tiempo suspendido, intentando reconstruirse. En 1988, Pat Riley le dio la oportunidad de reinsertarse en el juego en unos Lakers que eran campeones, pero que asistían al imparable ascenso de los Detroit Pistons. Con nuestro hombre como ‘sexto hombre’, al menos consiguieron plantarse en la final, pero ahí los ‘Bad Boys’ no perdonaron y les clavaron un 4-0 que coincidió con el final de la carrera de Kareem Abdul-Jabbar.

Woolridge estuvo un año más de púrpura y sin duda se revalorizó. Con 31 años firmó los mejores números en cuanto a anotación de su carrera (25.8 en aquellos locos Nuggets), pero a partir de ahí su carrera en América no dio más que bandazos (Detroit, Milwaukee, Philadelphia…). Era el fin de 13.623 puntos, 3.696 rebotes y 1.609 asistencias en 851 partidos.

Era el momento de pillar algunos dólares europeos. La Benetton de Treviso manejaba buena pasta entonces y le convirtió, junto a Petar Naumoski y Stefano Rusconi, en la base de un equipo que atormentó a Josean Querejeta y Manel Comas en la final de la Copa Saporta (la Recopa de toda la vida, vamos) de 1995. Al 94-86 de aquella noche negra para el Taugrés en Estambul colaboró Orlando con 26 puntos (11/17 en tiros de dos). Aún aguantó un año más en Italia, en la entonces potente Virtus/Buckler de Bolonia, con la que consiguió una Coppa y decidió jubilarse.

Desde entonces, no se desvinculó del basket. De hecho, entrenó dos años a la versión femenina de los Lakers, Los Angeles Sparks, y también a equipos de la nueva ABA como los Houston Takers y los Arizona Rhinos. Sin embargo, una de las últimas noticias públicas sobre su vida, en febrero de este año, no daba buenos síntomas: había sido sorprendido robando una tubería de aluminio. Tras pagar la fianza, fue puesto en libertad.

Descanse en paz. Otro trozo de un imaginario póster de los que poníamos en nuestra carpeta colegial de los 80 queda arrancado.

 

Artículo de Javier Ortiz (@bujacocesto), redactor de El Periódico de Extremadura y creador de Bujacocesto




Únete a otros 3.691 seguidores

Nuestro twitter

Actualizaciones de Twitter

Nuestro Facebook

El Calendario

junio 2012
L M X J V S D
« may   jul »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930  

El Mundial

BlogESfera Directorio de Blogs Hispanos - Agrega tu Blog
TOP 100 BASKETBALL SITES

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 3.691 seguidores

%d bloggers like this: