Archivos para 29 febrero 2012

29
feb
12

El mejor quinteto de 10 años del Basket Zaragoza 2002: el base

Como homenaje al décimo aniversario del equipo de mi ciudad, el CAI Zaragoza, me gustaría que jugásemos a elegir cuál ha sido el quinteto inicial que en esta década llena de penurias y alegrías, derrotas y victorias, trofeos y finales perdidas, lágrimas y celebraciones nos ha llenado más. No tenemos por qué decidirnos por el mejor en términos baloncestísticos, sino dejarnos llevar por el alma, por los recuerdos, por la entrega, por la actitud y no solo por la aptitud. Barra libre.

La selección la he hecho con buena fe, aunque siempre habrá ausencias para unos y sobrantes para otros. Me he dejado llevar por mi conciencia y en ocasiones no tanto por el  papel que hicieron dentro del equipo, sino su significado o el desarrollo de sus posteriores carreras, por poner dos razones aunque hay más. Lo mismo se puede decir con la decisión de una posición u otra en casos de jugadores polivalentes. Para ser justos y no querer dejarnos a nadie en el tintero tendréis a vuestra disposición los comentarios y la opción ‘others’ para añadir a quién queráis, incluidas coñas.

Empecemos por los bases.

21
feb
12

Wat Misaka, mi querido enemigo (1)

Las calles eran polvo. Todo era polvo. Arriba el sol y abajo las piedras, el mismo desierto infinito en el que los conquistadores españoles buscaron la imaginaria ciudad dorada de Cíbola. Allí no hay más que la nada. La única riqueza la reflectaba el brillo sílice de la cúspide del Topaz, cuya lejana sombra era un alivio que no cruzaba el perímetro de la alambrada. Cerca del espino no hacia mucho había muerto abatido por las balas James Wakasa. Tras el incidente las medidas de seguridad se habían suavizado para calmar los ánimos y los internos podían salir a trabajar o ir a la universidad fuera del ‘campo de relocalización’. En el último recuento eran más de 8.000, la quinta población más grande del estado de Utah en esa primavera del 1943. Wat Misaka sólo cruzó una vez los controles para ver a su amigo Masateru ‘Tut’ Tatsuno, interno con su familia tras ser obligados a malvender su casa en San Francisco. Ambos jugaban al baloncesto en el equipo de la universidad estatal, pero en raras ocasiones lo hacían juntos. Si alinear a uno ya resultaba conflictivo, tener dos nisei (americanos de origen japonés) en el mismo equipo podría resultar una provocación intolerable para cualquier aficionado. El entrenador Vadal Peterson no quería arriesgarse. Todos tenían un familiar, un vecino, un amigo en la Guerra. Todos habían llorado por Pearl Harbor. Por eso cuando en 1944 los ‘Utes’ fueron al Madison Square Garden a jugar el Torneo de la NCAA, ‘Tut’ se quedó en casa, en un campo de piedras, en medio desierto rodeado por la alambrada. La gloria aguardaba a Wat en New York.

Porque 68 años antes de que Jeremy Lin iluminara el cubo de la 7ª Avenida otro pequeño base de ojos rasgados escuchó el aplauso desbordado de los neoyorquinos. La actual explosión en el juego del estadounidense de origen taiwanés y la onda expansiva que ha originado en medios y redes sociales tuvo su chispazo en este menudo base japonés. Una pequeña llama que rompió las barreras de la segregación y el racismo convirtiéndose en el primer jugador no caucásico en competir en la NBA en un tiempo en el que más de 110.000 japoneses o americano-japoneses fueron desplazados por miedo al sabotaje de la costa Oeste y encerrados en campos de concentración en plena Segunda Guerra Mundial. Un periodo de batalla en el que Wat y los suyos eran ‘japos’, ‘amarillos’, el enemigo. Pero esta historia empieza mucho antes y un lugar lejano de escalofriante recuerdo: una pequeña granja cerca de Hiroshima.

Funeral de James Wakasa, abatido en el campo de Topaz

Huyendo de la dureza de la tierra, huérfano, Fusaichi ‘Ben’ Misaka tomó un barco hacia Estados Unidos para trabajar en la construcción del ferrocarril en 1902. Tenía 19 años. Al poco tiempo se instaló en Ogden (Utah) y abrió una peluquería junto a su mujer, Tatsuyo, con la que se había casado en 1922 en un breve retorno a su país. Poco después, en la semana previa a la Navidad de 1923, nació su primogénito, al que llamaron Wat. La calle 25 de Ogden no era el mejor sitio para criar a un niño. Hasta once prostíbulos se alineaban entre fumaderos de opio y tabernas de mala fama, centros de delincuencia, violencia y asesinato en un área donde se agolpaba la población inmigrante discriminada por los barrios pudientes de mayoría blanca y mormona. Los Misaka sabían que siempre serían los últimos en ser atendidos en una tienda o que en el cine deberían ocupar los peores asientos. Pero Wat vivió ajeno a esa realidad. Era buen estudiante, sociable y echaba una mano en el negocio familiar sino estaba practicando atletismo o béisbol, siempre en las ligas exclusivas para japoneses. “Mientras hiciera mis tareas, me quedase fuera de problemas e hiciera mis deberes, todo estaba bien”, recordaba a una entrevista de un diario de Salt Lake City. Él, simplemente, era feliz. Esa calle era su patria.

Cuando Ben murió en 1939, Tatsuyo se vio acorralada sin trabajo y con una familia que mantener. Volver a Hiroshima era una alternativa para escapar del hambre y el estigma de una mujer sola cuidando de sus tres hijos. Pero Wat, con 15 años, se negó a volver a una tierra de la que su padre había escapado y que no sentía como suya. “Usted puede tomar a mis hermanos e irse. Pero yo me quedo”. Su cabezonería, seguramente, le salvaría de la bomba que pulverizó la ciudad nipona y le permitió cumplir su sueño de estudiar ingeniería en la universidad mientras seguía jugando al baloncesto. Un ‘amigo blanco’ pagó la licencia de la peluquería y la madre aprendió el oficio de su difunto marido, mientras Wat seguía echando una mano mientras acudía al college local de Weber State, donde ya había ganado fama de escurridizo defensor en varios campeonatos y notaba menos los efectos de la xenofobia en un ambiente culto y tolerante. Así, un 7 de diciembre de 1941, mientras barría el suelo de flequillos y melenas cortadas, puso la radio para entretener la rutina. La noticia hizo saltar por los aires la tranquilidad. Cazas japoneses habían atacado Pearl Harbor. La guerra era inminente.

Jóvenes llenaron las oficinas de reclutamiento pidiendo venganza. Voluntarios para una carnicería en Midway, Guadalcanal, Guam, Peleliu o Iwo jima. Las filas de nuevos reclutas vaciaron las aulas y los gimnasios. Con un solo becado, Vadal Peterson, entrenador de la Universidad de Utah, no quería echar a perder la temporada y cancelar el programa de baloncesto como habían hecho otros centros. Se vio obligado a poner un anuncio para completar su plantilla con los pocos alumnos que no habían corrido al frente (los estudiantes de ingeniería y medicina estaban exentos). Wat y Matsudo, interno en Topaz aunque tenía un permiso para ir a las clases, por cuya genética no podían alistarse, respondieron a este otro reclutamiento. Otro ‘paleto’ de Ogden, un fuerte mormón excluido del servicio militar por un problema de rodilla y que nunca se había atrevido a pisar la calle 25, jugaría con ellos. Se llamaba Arnie Ferrin, apellido inscrito en la primera gran dinastía de la NBA: ganaría dos títulos de la NBA con los Lakers de Minneapolis de George Mikan.

Equipo de la Universidad de Utah de la temporada 1943-44 con Misaka (21) y Tatsuno (17)

La temporada fue buena pese a todas las barreras. Su pabellón, el Einar Nielsen Field House, había sido por el ejército como cuartel y debían habilitar el gimnasio femenino para entrenar y jugar en pabellón en Salt Lake City cuyas dimensiones no eran reglamentarias. Peterson se adecuó a lo que tenía dado que todos los jugadores eran de 30 kilómetros a la redonda y los mejores físicos vestirían durante un par de temporadas el uniforme caqui del ejército. Ideó un equipo correoso, pegajoso en defensa y que explotaba las habilidades ofensivas de Arnie Ferrin. Si no eran pocas las dificultades del momento, la hostilidad de las aficiones rivales al ver a un nisei en el rival no ayudaba, por lo que Peterson evitaba ponerlo en el quinteto para ‘suavizar’ su entrada. Japs go home! Los insultos eran constantes e incluso en medio de un partido Misaka fue ‘secuestrado’ durante un ataque por un grupo de hinchas del adversario que lo retuvieron tras la banda. El miedo a estos incidentes llevó hasta a situaciones cómicas, como en la previa de un importante encuentro. Misaka no aparecía y sus compañeros pensaron que habría sufrido alguna represalia racista. Sin embargo, al volver a su habitación lo encontraron plácidamente echando una cabezada. Se había quedado dormido. “Seguramente nunca fuimos conscientes de todas las adversidades que tuvo que pasar en esos días por jugar con nosotros”, se sincera Ferrin en un documental sobre su compañero. “Yo simplemente prefería no escuchar lo que me decían y seguir jugando al baloncesto”, contestaba Misaka en una entrevista.

Con todas las incomodidades en los desplazamientos, solo tres derrotas (18-3), casi todas ante potentes academias militares ‘reforzadas’ por soldados ilustres, les llevaron a obtener la invitación para el prestigiono NIT que se celebraría en Nueva York. Un esguince de tobillo en el partido anterior del pívot y estrella Fred Sheffield permitió a Wat Misaka, especializado como ‘sexto hombre’, jugar más minutos de lo habitual en la primera ronda ante los Wildcats de Kentucky. Sus rasgos orientales y su rapidez, su habilidad defensiva pese a su altura (1.70), iniciaron un idilio con la afición del MSG y la prensa de la Gran Manzana que fraguaría su destino. “Su juego espectacular provocó rugidos de aprobación. Viéndole uno se pregunta cuál sería la reacción de una multitud de Tokio en un evento deportivo en este momento, si uno de los jugadores se llamara Kelly o Doolittle”, se preguntaba Wilbur Wood en el New York Sun, según recogía un artículo de ESPN. Pero su presentación en NY no fue suficiente, así como el informe técnico que Vadal Peterson había comprado por 25$ a un ‘experto’ y que había resultado ser un engaño, y los Utes perdieron ante el imponente quinteto de Adolph Rupp (46-38).

Wat lucha un balón ante Kentucky

Tras unos días  asistiendo al Copacabana, tocando el cielo desde el Empire State Building o paseando por los muelles repletos de barcos de guerra (“Te imaginas que subo corriendo gritando Banzai”, bromeaba Wat con Arnie Ferrin), con las maletas hechas para volver a casa, el infortunio ajeno les abrió una puerta inesperada para convertirse en la primera “Cenicienta” de la NCAA. Un mortal accidente de tráfico de la expedición de Arkansas (un directivo muerto y dos titulares gravemente heridos) provocó su abandono prematuro del cuadro final del torneo universitario y la organización decidió cubrir su baja con los chicos de Utah. Tres largas jornadas de viajes desde New York les llevarían a Kansas City para disputar la fase regional. Ni el cansancio pudo con el espíritu de un equipo que logró derrotar a Missouri (45-35) y a Iowa (40-31) para volver a la Capital del Mundo como campeón del Oeste y disputarse el título nacional con Dartmouth, nutrida por estrellas universitarias reclutadas por los Marines que deberían volver a filas al terminar el partido fuese cual fuese el resultado.

El 28 de marzo de 1944, el cosmopolita Madison estaba a reventar. Unos 15.000 espectadores, récord hasta entonces en el deporte universitario, aguardaban entusiasmados a los ‘granjeros’ de Utah y, sobre todo, a su japonés (algunos periódicos lo ‘camuflaron’ como hawaiano inducidos por el propio Vadal Paterson para apaciguar los ánimos). Las apuestas eran 7-1 en su contra. El juego alegre y veloz, intenso en defensa, volteó los pronósticos y llevó por primera vez a una final universitaria a la prórroga en medio de la nube de humo que envolvía la pista. La bruma del tabaco casi impidió ver cómo el último tiro entraba en el aro y los Utes se proclamaban campeones de una nación en Guerra con un ‘enemigo’ como aliado. Era la victoria de “los niños abandonados de la postemporada”, como escribiría Irving Marsh en el New York Herald Tribune. Con 22 puntos Arnie Ferrin sería proclamado MVP del torneo y el equipo pasaría a la historia como “The Whiz Kids”.

Dos días después volverían a un Garden entregado para disputar el partido de la Cruz Roja, promovido para recaudar fondos para la Guerra (40.000$ esa noche), y ganar ante los locales de St.John’s, campeones del NIT. Y Misaka volvería a ser ovacionado pese a que el rival jugaba en casa. “Fuese real o no, sentí menos prejuicios contra mí en Nueva York que en otros sitios. Los neoyorquinos son grandes fans de los oprimidos y realmente sentí su apoyo, incluso en el partido ante St.John’s”, contaba Wat Misaka en NBA.com.

En el viaje de vuelta a Utah el responsable de los ferrocarriles acomodó a la expedición en un lujoso coche cama y agasajó a los héroes con fresas y carne, manjares difíciles de hallar en la carestía de los tiempos bélicos. En una parada del trayecto, ‘Coach Peterson’ llamó a Masateru Tatsuno para que se pusiera su mejor traje y se incorporase al desfile en coches descapotables que serviría de celebración a su llegada a Salt Lake City. Nada más pisar el andén, Wat Misaka se encontró a su madre con una carta sellada con el membrete del ejército. Wat debía incorporarse en un mes al servicio militar para ser enviado donde años atrás no quiso ir. El ‘Tío Sam’ veía el final de la Batalla del Pacífico tras sus avances en Filipinas y necesitaba traductores japoneses para recabar toda la información posible de los capturados antes del desembarco final. Ya no importaba tanto el color de la piel y los nisei eran expuestos ahora como un símbolo de la libertad americana (dos regimientos de nisei habían liberado cerca de Munich el campo de concentración de Dachau). Durante una larga instrucción en Minneapolis y Alabama demostró su buena puntería y conoció la caída de Berlín cuando viajaban hacia California para ser embarcados hacia su primer destino: Manila. En mitad de la eterna travesía en barco, Misaka y su batallón fueron informados de la explosión de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki. El 14 de agosto del 1945 se firmaba la rendición incondicional en medio de la algarabía que se formó en la cubierta del buque. Su misión sería en tiempo de paz.

Nada más llegar fueron internados en un circuito de carreras. Toda una paradoja. “Era muy parecido a los campos de internarnamientos en los que vivían los nisei en Estados Unidos”, ironizaba en una entrevista a una radio de Utah. El soldado Misaka fue asignado a un campo de prisioneros gracias a la mediación de otro ‘nip’ de Ogden (unos 3.000 vivían en el Norte de Utah). Allí realizando labores de traducción en los interrogatorios, juicios y otras actividades para el servicio de inteligencia, que utilizó a más de 3.000 nisei durante la contienda. En la enorme prisión de Luzón (unos 150.000 prisioneros) entabló relación con alguno de los altos mandos del Ejército y Marina Imperial japonés, de los que guarda palabras de admiración. Quedó impresionado con el orgullo marcial de los generales Homma y Yamashita, hombres cultos que entregaban todas sus pertenencias a soldados de menor rango sabedores de que morir fusilados era la única opción honorable antes de la vergüenza de volver a Japón como perdedores. Wat cuenta que guarda con cariño una carta que Homma le escribió de su puño y letra agradeciéndole el trato recibido en su cautiverio. Fue fusilado el 3 de abril de 1946.

Pero también conoció la otra cara de la moneda, a chicos como él, nacidos en Estados Unidos que habían emigrado a Japón antes de Pearl Harbor y habían sido alistados voluntariamente o a la fuerza para defender las posesiones del Emperador Hirohito. A uno de ellos, que conocía porque su padre era el encargado de comerciar con productos nipones en Ogden y tenía nacionalidad estadounidense, lograron incluso ‘salvarle’ la vida al corroborar su origen ante las autoridades.

Unos meses después fue enviado a Japón. Allí permanecería nueve meses. En un principio se encargó de comprobar que las ediciones de los periódicos en japonés no se saltasen los límites de la censura, pero pronto recibió otra misión que le acercó a la realidad. Debería formar parte del destacamento de interrogadores que redactaban informes sobre el efecto moral de los bombardeos en los civiles. Wat fue trasladado a diferentes partes de la isla principal, incluído Hiroshima en la provincia natal de su familia. “Solo se mantenían en pie los esqueletos de los árboles carbonizados”, relataba Misaka. Comprobó en primera personal la devastación nuclear y felizmente como su tozudez adolescente de quedarse en Estados Unidos seguramente había salvado la vida a toda su familia. Lo verificó al visitar la casa de un tío detrás de una colina. Allí comió ostras, desconociendo los efectos de la radiacción en ese momento, y almuerzo al que más tarde culparía de que no pudiera tener hijos hasta doce años después de su matrimonio. Fue una de sus pocas excursiones fuera de su tarea militar porque cuando pisaba la calle notaba en las miradas que allí, otra vez, sus rasgos le condenaban. “No importa donde mirase, yo era un traidor a los ojos de la gente [...] Era un hombre sin país, porque los japoneses me veían como un traidor y los americanos no confiaban en mí porque veían a un japonés”.

Licenciado del ejército, volvió a Estados Unidos donde su historia de superación a las barreras del racismo y la discriminación no había hecho más que comenzar, sin saber que volvería pronto al Garden y que una camiseta de los Knicks le aguardaba con su nombre, el nombre del enemigo que era coreado por los neoyorquinos. “Yo no intentaba hacer nada fuera de lo normal, ignoraba cualquier discriminación y evitaba la confrontación. Todos en el equipo eran blancos y simplemente actuaba como uno de ellos, como si no hubiera diferencia”.

Continuará…

18
feb
12

¿Quién será el primer español de la NBA en hacer un triple doble esta temporada? (encuesta)

Hacer un triple doble se ha convertido en un rasgo de excelencia en el baloncesto moderno. Pieza de coleccionista en Europa, hay verdaderos expertos en este arte en la NBA. Acaparadores de estadísticas actuales como Jason Kidd, Lebron James, Rajon Rondo o Grant Hill o monstruos históricos como Oscar Robertson (181, único en promediarlo durante una misma temporada), o Magic Johnson (138) han sido verdaderos especialistas. El único español que ha logrado entrar en esta categoría es Pau Gasol, que ha completado cuatro actuaciones de al menos ’10-10-10′ en sus 10 años de carrera. Su primer triple doble fue registrado en el libro de patentes el 8 de marzo de 2006, cuando se enfrentó a los recolocados Sonics de Seattle como miembro de los Grizzlies (21 puntos, 12 rebotes y 12 asistencias). El siguiente fue el 24 de enero de 2007, también en Memphis, con 17 puntos, 13 rebotes y 12 asistencias. El tercero, ya como miembro de los Lakers, tuvo lugar el 17 de febrero de 2009, contra los Hawks, con 12 puntos, 13 rebotes y 10 asistencias. Ningún compatriota logra una de estas joyitas desde que el alapívot de los Lakers se marcara uno al principio de la campaña pasada ante los Blazers (20 puntos, 14 rebotes y 10 asistencias). El próximo se resiste para la saga hispánica que dispone de simientes suficientes para sumar en cualquier jornada una de estas pequeñas perlas estadísticas que consagran al partido completo. Pau y Marc Gasol, Ricky Rubio, Serge Ibaka y José Calderón lo han rozado tras desenredarse el lockout sin conseguirlo por poquito. ¿Quién será el próximo?

Su nueva ubicación en la ofensiva de Mike Brown hace que Pau no disponga del balón tanto como en sus tiempos en Grizzlies o con Phil Jackson. Eso tiene una consecuencia directa sobre el número de asistencias que está dando y lo que reduce sus opciones de sumar más triples dobles. Mientras sus dobles dobles en puntos y rebotes suelen ser una marca de la casa (19, 3º en toda la Liga), en este curso sólo ha logrado un partido de dobles figuras en pases de canasta, precisamente el día que más cerca ha estado de rozar su quinto hito numérico: 8 puntos, 8 rebotes y 10 asistencias (Indiana, 22 de enero).

Quizá sea su hermano Marc el que lo ha tenido más cerca de las puntas de sus dedos. Sería un premio magnífico para una temporada inolvidable que quedará marcada por su presencia en el All Star. Su trascendencia dentro de los Grizzlies queda expresada en los boxscores. Es el ‘osezno’ que más juega, el que más rebotea, tapona y doble dobles realiza (8º en NBA con 15), además del segundo anotador y asistente. La pelota orbita sobre él cuando está en pista, lo que hace además que sea uno de los interiores con mayor capacidad de pase de toda la NBA y un candidato magnífico para el completar un triple doble. El mejor ejemplo lo dejó ayer por la noche (17 de febrero) ante los Nuggets con un soberbio (16 puntos, 14 rebotes  y 8 asistencias). No es la primera vez que se queda con la miel en los labios: 22 puntos, 13 rebotes y 7 asistencias ante New Orleans el 18 de enero y 21 puntos, 11 rebotes y 6 tapones frente a Utah el 6 de enero. Pero si queremos ser ambiciosos, Marc puede ser la mejor baza del baloncesto español para firmar una hazaña al alcance solo de unos elegidos. Hablamos de consagrarse con la rareza de un cuádruple doble. Esta temporada, el 21 de enero ante Sacramento, aunque aún lejano, se fue hasta una estadística remarcable de 20 puntos, 11 rebotes, 5 asistenticas y 6 tapones. Solo cuatro jugadores han logrado un cuádruple doble en la historia de la NBA: Nate Thurmond, Alvin Robertson, David Robinson y Hakeem Olajuwon.

Las comparaciones más sobadas con Ricky Rubio le quieren encajar en la silueta deportiva de Pete Maravich, Jason Kidd o Rajon Rondo, los tres verdaderos estandartes del playmaker capacitado para hacer muchas cosas y, por lo tanto, sumar triples dobles. El actual campeón con Dallas es tercero en el ránking histórico (107) en esta faceta. Las similitudes con el base del Masnou nacen en buena medida de ese concepto global, de ese juego que le ha hecho en varias ocasiones rozar el triple doble más precoz para el baloncesto español. Su consecución parece cosa de poco tiempo, pero se está resistiendo. En varias ocasiones ha estado a un par de cifras más de obrarlo. Lo especial del ‘flequi’ es que su dimensión le permite realizar varias combinaciones diferentes. Aunque la que más explota es la tradicional de puntos, rebotes y asistencias (18-8-11 ante Houston el 30 de enero ó 9-8-8 ante Sacramento el 16 de enero), también podría hacerlo con la opción de robos de balón (10-10-6 ante los Nets el 3 de febrero). RR es el 20º en el listado de doble dobles (11), siendo el tercero entre los bases y el primer rookie.

Una senda poco transitada es por la que puede llegar la sorpresa. No hay que olvidarse de Serge Ibaka y su descomunal producción en tapones como opción más que seria. Este mes de febrero ‘Air Congo’ suma dos actuaciones con diez ‘chapelas’ lo que, a poco que mire el aro, hace que pueda añadir su nombre a esta categoría sin dificultades. Sin embargo, en ambas participaciones, no lo logró por la misma circunstancia: 4 puntos, 11 rebotes y 10 tapones ante Dallas (1 de febrero) y 6 puntos, 9 rebotes y 10 tapones frente a Sacramento (9 de febrero). Con un máximo de 2 asistencias por partido un plan B parece improbable para Ibaka.

A lo largo de sus seis temporadas en la NBA, el extremeño José Calderón se ha ido varias veces de la cancha con la sensación de habérsele escapado el triple doble por un pelo. No pudo estar más cerca de ello el año pasado, el 15 de enero del 2011, cuando sólo un rebote le apartó de la efeméride ante Washington (21 puntos, 15 asistencias y 9 rebotes). Siendo la actual su temporada más prolífica en rebotes (3.3), no es utópico pensar que la marca podría caer en breve. Sus recientes aproximaciones así lo demuestran: 8 puntos, 17 asistencias y 8 rebotes el 3 de febrero ante Washington y 25 puntos, 9 asistencias y 7 rebotes el 14 de febrero ante Knicks.

El rol en el que se ha encasillado (o lo han encasillado) Rudy Fernández provoca que sea el español que viva más lejos del triple doble, cuando en sus estancias europeas es uno de los aspirantes con más méritos y aptitudes para lograrlo. Con los Nuggets aún no ha hecho ningún doble doble esta temporada, por lo que pasar al siguiente nivel parece fruto solo de la imaginación de sus más fanáticos. No será por cualidades. Su mejor partido este año lo ha retratado como una pieza completa: el 11 de enero antes los Nets hizo 11 puntos, 8 asistencias y 5 rebotes.

12
feb
12

Reflexiones sobre el baloncesto base

Lo primero que quiero dejar claro es que mi intención no es hablar desde ningún pulpito, ni dar lecciones a nadie, ni servir de ejemplo, ni conquistar almas. Tan sólo soy un viejo entrenador de base con casi 30 años de experiencia y muchas de las cosas que voy a comentar pasan en mi entorno más cercano y a pesar de mis ideas, a veces por cobardía, por no tener problemas o porque no tienes claras las soluciones no las afrontas plenamente.

En continuación con el artículo de la semana pasada observo que en los últimos años ha crecido la crispación en el baloncesto base. Evidentemente estamos a años luz del futbol donde contínuamente se producen incidentes que en baloncesto serían inimaginables. Creo que es obligación de todos preservar ese ambiente de paz y concordia como regla general, exceptuando los escasos casos que siempre han sucedido.

Como todo en la vida nadie es inocente del todo ni hay un único culpable. No me gustaría demonizar a los padres, ni todos son iguales ni se comportan de la misma forma. Creo que se puede educar a los padres y donde no llega el diálogo, deben estar las normas.

Ejerciendo una sana autocrítica, los coordinadores y entrenadores no asumimos la parte educacional de nuestro trabajo, el control de las emociones tanto de niños como padres, empezando porque a veces somos incapaces de controlar las propias. Debemos intervenir cuando los padres superan los límites de la educación deportiva y proponer un código de conducta que plantée derechos y obligaciones de padres, niños y entrenadores.

A veces se produce un tsunami de conductas que empieza en el comportamiento excesivo o violento del entrenador y se transmite al jugador y a los padres. El entrenador de base no es sólo un enseñante del baloncesto, es un educador que debe preocuparse del niño de forma integral desde los estudios, la actitud de sus padres hacia el deporte y el comportamiento dentro y fuera de la cancha.

Los padres no son público que pagan una entrada. En caso negativo son un arma de destrucción masiva de ilusiones. Cuando su ejemplo es positivo centuplica el buen trabajo de un formador.

La actitud del entrenador hacia los árbitros también marcará mucho la actuación que los padres tendrán también hacia ellos. Cuando observo a esos jóvenes árbitros machacados por adultos hechos y derechos en mucho casos padres de hijos de parecida edad, además de sentir una vergüenza ajena incontenible, me pregunto dónde está nuestra empatía, en qué rincón de la subjetividad la perdimos, qué ejemplo estamos dando a nuestros hijos, futuros padres. Por qué nos perdonamos tan fácil nuestros errores y somos intransigentes con los de los demás. También es cierto que hablo de una minoría que siempre puede a una mayoría silenciosa que calla por evitar situaciones desagradables.

La actitud de los padres hacia el deporte de sus hijos es fundamental. Los ejemplos de la elite no son buenos, son excepciones, un Nadal, un Alonso, un Gasol es la suma de tantos componentes genéticos, familiares, sociales, culturales que su repetición es imposible. Ni me gustan los padres que traen tarde a sus hijos a los partidos o fallan al partido cuando hace frío o no les apetece ir, sin transmitir a sus hijos la palabra compromiso, como aquellos que se obsesionan con el partido, el resultado, el llevarle la bebida isotónica al banquillo, los minutos que juegan, se acercan al descanso a darles las últimas instrucciones a sus hijos, recriminan los fallos de los demás, censuran a los árbitros o eternizan de camino a casa las criticas a sus propios hijos.

Por mi experiencia esos niños tan observados y presionados son carne de retirada en cuanto adquieran una cierta independencia emocional. Aquí también la actitud del entrenador y la información que filtra a los padres es fundamental. Debemos dejar claro con nuestros mensajes y nuestro comportamiento que el baloncesto es un complemento único para su formación. Pero sólo un complemento, un medio, no un fin. Una forma de desarrollarse físico, psíquica y socialmente, de aprender valores que en el aula no se enseñan. Hasta aquí todos los entrenadores tendrán una contractura de cuello de tanto afirmar mis palabras. Pero el problema es el tránsito de la palabra al hecho. Ahí se quedan las intenciones. La competición es la vida, pero según el sesgo ético que le demos se convierte en una fuente de enseñanzas o en una trituradora de principios. Os voy a hacer unas preguntas y sinceramente contestarlas, yo muchas veces he traicionado alguno de mis principios por ganar un partido y no estoy orgulloso por ello pero sí por reconocerlo. Al final os daréis cuenta que en cualquier decisión técnica o táctica en la base hay una postura ética previa. Todas estas preguntas van dirigidas a entrenadores de formación, jamás de competición (eso no entra en mi negociado):

1.- Si voy ganando de uno y quedan 10 segundos y mi mejor jugador lleva la pelota y está solo el peor le pides que le pase la pelota o dejas que se la juegue.

2.- El mejor jugador ha estado sin entrenar toda la semana por diferentes motivos. ¿Le dejarías sin jugar? ¿Y si fuera el peor?

3.- Todos han entrenado esta semana con buena actitud y cada uno con su aptitud. ¿Vas a jugar igual con todos sea cual sea el resultado?

4.- Una fuera clarísima se produce delante de tí y el árbitro no la ha visto. ¿Estas dispuesto a decirle la verdad aunque te perjudique y te estés jugando el partido?

5.- ¿Presionas al débil y flotas al fuerte?

6.- ¿Dejas que cualquier jugador sea cual sea tire de tres puntos si el tiro es correcto tácticamente?

7.- ¿A la hora de botar la pelota discriminas a algún jugador en función de su habilidad?

8.- ¿Juzgas las posiciones de los jugadores en función de su altura u otra calidad física?

9.- ¿Alguna de tus decisiones estás convencido que te perjudican deportivamente a corto plazo pero estas convencido que beneficiarán a largo plazo a tus jugadores?

10.- ¿Tu filosofía defensiva se basa en potenciar las cualidades de tus jugadores o en aprovecharte de los fallos formativos (físicos, técnicos y tácticos) de tus rivales?

11.- Cuando mandas un 2×1 contra el botador, ¿estás convencido que lo haces para mejorar a tus jugadores? ¿Y cuando planteas una zona?

12.- Y por último, ¿crees que has traicionado alguna vez tus principios baloncestísticos en función de la importancia del partido?

Y unas últimas reflexiones de un veterano entrenador:

1.- Nunca te pongas por encima de tus jugadores, vales tanto como el peor de ellos y el peor de tus resultados.

2.- Ser serio no es ser aburrido, ser responsable no es ser soso, el polo y la pizarra no hacen al entrenador. El aburrimiento es el principal enemigo del aprendizaje.

3.- No por entrenar más entrenas mejor.

4.- Tan importante es tener técnica como saberla usar. Intenta que al entrenar la técnica lo hagas mediante juegos o competiciones para que no sea tan árida, se puede y se debe hacer.

5.- Si tus jugadores no son felices entrenando no serán felices jugando.

6.- Sonreír entrenando no es síntoma de dejadez o falta de compromiso, significa que se lo están pasando bien.

7.- Jugar simple es lo más complejo que existe, jugar, pasar y cortar, ocupar un planeta de posibilidades.

8.- No pidas a un pájaro que nade, a un elefante que vuele ni a un niño que haga algo que no has entrenado.

9.- El protagonista es el jugador, padres y entrenadores son secundarios de lujo que pueden hacer caerse la película.

10.- Si en un partido todos chillan, tú calla, que seguro que tus jugadores te escuchan.

11.- Si exprimes una pequeña naranja tienes un pequeño zumo, deja que la naranja crezca y que la exprima otro cuando tenga todo el zumo. La naranja, el padre de la naranja y el exprimidor quizás no te lo agradezcan pero habrás cumplido tu deber.

12.- La buena educación es el mejor arma contra la mala educación, parece evidente pero no lo es.

13.- Un entrenamiento no es una conferencia en la Sorbona ni la presentación de una tesis doctoral. Habla poco, corrige lo justo y que corran. Si les chillas siempre, siempre piensan en el chillido, si les hablan piensan, en la palabra. No siempre lo último visto en un clinic es lo que corresponde. Aplica el sentido común, adecúa el entrenamiento al nivel de tus jugadores.

14.- El baloncesto es sprint y stop, pensar en el stop, es mecanizar para crear.

15.- El lenguaje es fundamental. No le digas lo que tienen que hacer, apúntales caminos y que elijan el incorrecto muchas veces para que al final recuerden todos los caminos. No les digas pasa, diles levanta la cabeza, no les digas tira, diles que miren.

16.- Ser coherente con tu filosofía, no significa que presiones siempre aunque vayas ganando de 100, eso es ser intransigente y poco inteligente. Ser coherente es aplicar la misma filosofía pero variándola en cada situación. El juego se compone de ataque posicional, defensa posicional, rebote y juego en carrera. Presionar, robar debajo del aro y hacer una bandeja es como decir que el Quijote es un libro de caballerías, una simplificación extrema de tan hermoso juego.

17.- Sin empatía nunca serás entrenador de baloncesto, si vas ganando de 50 y los otros niños de 11 años no pueden ni sacar de fondo piensa cómo se sentirán y si realmente a tu equipo le sirve de algo.

18.- Y por último y más importante, ser entrenador de base es la mayor fuente de satisfacciones que puede tener un ser humano, pues los premios mas importantes ni se compran ni se venden ni se alquilan, ni se guardan en salas de trofeos.

Artículo de Willy Tisaire (@willytisaire), coordinador de baloncesto en el Colegio Público Doctor Azúa de Zaragoza. Este texto salió publicado en la Revista FAB

08
feb
12

La medida de Jorge Sanz

Es en ese preciso momento, entre esas ocho estrofas de silencio y respeto, cuando Jorge encuentra su pausa. Entonces su curiosa mano rasca su bolsillo y halla la caricia confidente del tejido. En ese instante, cuando el pabellón escucha callado o canta ‘The Star-Spangled Banner’ es cuando él comprende dónde está, lo que está viviendo. Es ahí cuando entiende que esa vorágine merece la pena plenamente. Agarrado a su bandera, a su inseparable medida de la Virgen del Pilar, en mitad del himno americano, este zaragozano echa la mirada hacia atrás y recuerda ese día que llegó a Boca Raton para cumplir su sueño: ser entrenador en la NCAA.

Juguetona. La pelota que le tiraron sus hermanos Queco y Andrea le rebotaba en la cabeza encerrado en esa oficina. No paraba de despertarle del letargo del trabajo. Debía liberarla. Un día abrió la puerta para que saliera esa naranja traviesa y detrás de ella se lanzó él a perseguirla como si aún estuviera en el patio de Compañía de María o en el recreo de Tiempos Modernos, en la pista del CBZ o en la ribera del Helios. Cuatro años trabajando para una multinacional de cosmetica habían sido suficientes para entender que allí no era feliz y que solo sabía y quería hacer otra cosa. Baloncesto.  Jorge Sanz se cansó de esa vida. Quería, como esa pelota, ser libre. “Lo hablé con mi familia y mi pareja y decidí buscar suerte en Estados Unidos”. Buscó y buscó su lugar en el mundo y siguió buscando hasta que encontró tres palabras. Florida Atlantic University. “Fue casi por casualidad. Busqué por diferentes estados y por motivos de trabajo mi esposa y yo nos centramos en un principio en el área de Nueva York. Luego me dí cuenta de que encontrar trabajo no era tan fácil y busqué la vía de los estudios. Salió la opción de Florida, donde me convalidaban casi toda la carrera y tenía sólo que hacer un año más para obtener el título americano. Y además hay vuelos directos a España desde Miami”, relata Jorge. Así, un 24 de julio hizo las maletas y se plantó en Boca Raton.

Jorge Sanz, segundo por la izquierda y agachado, en su etapa en el Helios de Primera Nacional

No se encerró en las aulas. Como buen base, buscó con inteligencia el camino más claro hacia la canasta. Decidido, se plantó en el pabellón durante un entrenamiento del equipo y dijo que quería ayudar. La acogida fue buena. De discreto ‘voyeur’ pasó a tener un papelito en la obra como ‘student manager’. “Comencé grabando los entrenamientos del equipo, desde lo alto de las gradas. Los ratos que no estaba en clase los pasaba en el pabellón y cada vez fui cogiendo más responsabilidades: intercambio de vídeo con otras universidades, edición de vídeo, acompañé al equipo en varios desplazamientos y acabé haciendo un par de scoutings”. Pese a no cobrar ni un dólar, pero sintiéndose útil, aprovechó este primer curso para ganarse la confianza de todos y completar las asignaturas con las que conseguiría el título americano de su carrera (ESIC).  “¡Estaba viviendo desde dentro cómo trabajaba un equipo de la División I de la NCAA!”.

No era solo eso. Su trabajo no fue baldío. Cuando el asistente Matt McCall se marchó a la vecina y potente Universidad de Florida para ser ayudante de Billy Donovan quedó vacante la plaza de Director de Operaciones. Nadie en la FAU dudó de quién era el mejor para cubrir ese hueco. Jorge Sanz aparecería en la foto oficial de la temporada como un ‘búho’ (Owl) más. Porque a nuevo cargo, nuevas responsabilidades. Jorge se levanta pronto cada mañana, sobre las cinco y cuarto, y una hora más tarde ya está en la oficina, comprobando los mensajes y enviándolos a otros departamentos, charlando con los profesores para ponerse al día sobre las notas y obligaciones de los jugadores (“Si no estudias, no entrenas. Si no entrenas, no juegas. Sin excepciones”) o informándoles de que llegará tarde a una clase porque el entrenamiento se ha extendido un poco, coordinando actividades con los voluntarios, revisando que no haya cambios en los vuelos o en las reservas de hotel, realizando algún scouting o confeccionando un repaso estadístico… Y de 8.00 a las 11.00 se va al entrenamiento. “No tengo responsabilidad directa en aspectos técnicos, pero me gusta tomar notas mentales y plantearme que decisiones tomaria yo si tuviera dicha responsabilidad”, comenta.

La plantilla de Florida Atlantic de la temporada 2011-12 con Jorge Sanz, primero de pie por la izquierda

La plantilla de Florida Atlantic de la temporada 2011-12 con Jorge Sanz, primero de pie por la izquierda

Seattle, Washington, Tampa, Lawrence (Kansas)… La temporada es larga. 16 largos viajes en total de una punta a otra de Estados Unidos. “Me dicen que tengo mucha suerte porque viajo mucho, pero si te digo la verdad los viajes son frenéticos y no se ve nada. De la cancha al hotel y de nuevo al avión”. Aunque intenta tenerlo cerrado todo antes de empezar la temporada, siempre hay detalles sueltos o cambios en el último momento. Jorge es el encargado de que todo salga perfecto, que los jugadores cumplan sus responsabilidades académicas y sólo tengan que centrarse en hacerlo correctamente en la pista. “En cada viaje tenemos horas asignadas para el estudio y tutores que ayudan para que los jugadores no vayan retrasados y pese a los largos desplazamientos no pierdan materia y estén al día. Además se adaptan horarios y calendarios lectivos para que los jugadores puedan cumplimentar sus obligaciones académicas. Se retrasa o adelanta la entrega de un trabajo. El número de horas lectivas es el mismo”. Y durante el partido, siempre atento y predispuesto, siempre echando una mano, es un ojo más para que no se escape nada. Es él quien se encarga de recoger todo aquello que las estadísticas no registran. “Anoto, por ejemplo, las buenas ayudas que realiza un jugador o quién corre o no el contraataque. También marco el nombre de las jugadas del rival, porque, claro, en los vídeos no hay audio y es esencial para poder ajustar rapidamente durante el partido”.

Siempre hay algo que hacer. De todo menos una cosa. Descansar. Echarse en el sofá es una alternativa poco probable para Jorge, aunque al menos la presencia de su mujer Franchesca desde el pasado mes de abril alivia el trajín y aplaca cualquier brote de soledad o nostalgia. “Durante la temporada, cuando tenemos un par de días seguidos en casa es siempre entre semana y debido a que mi mujer trabaja entonces, como mucho me escapo al gimnasio. No hay mucho tiempo libre”. Lo atestigua Puertatrás. Esta entrevista se realizó el Día de Acción de Gracias, en uno de sus escasos días de vacaciones, que pasó “adelantando temas” en su oficina en el pabellón. Y sin pavo.

Verano. Florida. ¡Tiempo de playa! Pregunten a Lebron. Nada de eso. ‘Summertime’ no da tregua para este aragonés con tesón. En junio se encarga de coordinar el Mike Jarvis Team Camp, un torneo donde se disputan 150 partidos en menos de tres días y se reúnen 48 equipos de instituto diferentes. Entonces… será en julio y agosto cuando tendrá un respiro. ¡Qué va! Porque entonces se alarga el tiempo del ‘recruit’ y él debe encargarse de la logística desde su oficina, de que los entrenadores tengan todo solucionado para poder seguir por los rincones de los 50 estados de la nación a los jugadores de instituto que se pretenden engatusar para la causa. “Mayoritariamente, basamos nuestras incorporaciones en jugadores del estado de Florida, pero en la plantilla actual te encuentras otros seis estados y tres nacionalidades diferentes”, explica Jorge.

Un programa global de 140 nacionalidades

Jorge Sanz trabajando desde el banquillo de la FAU

Porque Florida Atlantic no es uno de los principales programas deportivos dentro de la NCAA, lejos de la pompa de Kansas, Kentucky, North Carolina, Duke o UCLA, lejos de las parrillas de las cadenas estatales. “No somos conocidos a nivel nacional”, se lamenta Jorge. Es una universidad pequeña (29.000 estudiantes) peleando en un universo de gigantes. Un dato lo dice todo. Ningún jugador ‘owl’ ha sido drafteado o jugado en la NBA. Pero eso se explica porque su pasado es corto, dado que no entró en el cuadro de baloncesto masculino hasta 1988 y sólo cinco años después logró su ascenso a la Division I universitaria, pasando finalmente en 2006 de la Atlantic Sun Conference a la Sun Belt actual. En todo este tiempo el equipo sólo ha logrado una presencia en el Torneo Nacional de la NCAA, en el 2002, perdiendo en primera ronda con Alabama. Entonces era el entrenador Sidney Green, excompañero de Michael Jordan en los Chicago Bulls y padre de Taurean Green, bicampeón de la NCAA con los Florida Gators, exbase del Gran Canaria y CAI Zaragoza y nativo de Boca Raton. Un vistazo al ‘Hall of Fame’ de FAU aclara otras razones. Allí figuran principalmente estrellas de la natación, el beisbol y el golf y sólo Yolanda Griffith se salta la norma a lo grande. Allí cursó un año la MVP de la WNBA en 1999, MVP de las Finales y campeona en 2005, dos oros olímpicos con USA en Sydney 2000 y Atenas 2004. No es un mal ejemplo a seguir.

Pero la dirección del departamento de deportes de Florida Atlantic quiere cambiar su suerte, entrar en el mapa y para ello contrató hace un par de temporadas a Mike Jarvis, un ‘coach’ de prestigio nacional después de su paso por Boston University, George Washington, St. John’s y la selección nacional U22 (Mundial de 1993 de España con Eddie Jones, Corliss Williamson, Theo Rattlif…) y en cuyo extenso currículo tiene el honor de haber trabajado con técnicos como Jim Calhoun o Tom ‘Satch’ Sanders y entrenado a jugadores como Michael Jordan (Torneo McDonalds para mejores jugadores de high school), Pat Ewing o Ron Artest. “En estas universidades con menor tradición la labor de los técnicos es casi mayor porque no disponemos de jugadores que marquen la diferencia individualmente y el trabajo colectivo debe ser mayor”.

Bajo su mando, la temporada pasada los ‘Owl’ alcanzaron por primera vez el mejor registro (13-3) de su conferencia en la fase regular. Pese a caer pronto en el torneo final (North Texas), lograron una plaza para el Torneo NIT en el que perdieron con Miami (85-62). La única pérdida relevante del alapívot senior Brett Royster, que actualmente juega en los Riders Leicester de la Liga inglesa, presagia que esta temporada puede fortalecer la progresión del ‘roster’ y el asalto al Torneo Nacional. Confeccionando un calendario más exigente, con visitas a tres Top25 (Kansas, Mississippi State y Harvard) y sólo cuatro partidos ‘non-conference’ en el FAU Arena, ‘Coach’ Jarvis y los Owls mantienen un balance negativo de victorias-derrotas en la temporada (9-14) y sólo un 5-5 en sus enfrentamientos de Conferencia a falta de seis partidos para que comience el Torneo final de Sun Belt en Hot Springs (Arkansas).

Entrenamiento de FAU en el Allen Fieldhouse, mítica pista de Kansas

Los buenos resultados han hecho que los estudiantes vuelvan a The Burrow, ‘La Madriguera’, el pabellón de 3.000 localidades que en estas dos últimas temporadas ha roto recórds de asistencia. El magnífico ambiente que contagia cualquier partido de la NCAA empieza a vivirse con pasión en este punto del sureste de Estados Unidos. Y más cuando se enfrentan con Florida International, en lo que se puede llamar el ‘derby estatal de la Sun Belt’. Ese día los PrOWLers, como se hacen llamar los aficionados de FAU, han ideado el ‘Burry the burrow in red’, con lo que se pretende teñir las gradas de rojo, aunque en otras ocasiones especiales se han vestido todos de azul o de blanco, como en la última excitante victoria ante Western Kentucky. La que nunca falla es Hera, la mascota. “En el campus principal sólo viven permanentemente unos 3.000 estudiantes, por lo que llenar un aforo de 3.000 es todo un logro”, afirma Jorge. “Nos ayuda que el equipo de fútbol americano no esté pasando una buena racha…”.

La universidad cuenta con siete campus diseminados por todo el estado, aunque el principal y más grande está situado junto al aeropuerto de Boca Raton. El departamento de castellano es uno de los más prestigiosos a nivel nacional y da una muestra de la apertura internacional de un centro que congrega a 140 nacionalidades. En el mismo equipo de baloncesto masculino hay un argentino (el cordobés Pablo Bertone) y un croata (Dragan Sekelja). Y Jorge, claro. “No he conocido aún a otro extranjero en un cargo similar al mío en la Liga, aunque desde que estoy aquí he recibido varios emails de entrenadores españoles interesados en conocer mi experiencia y saber qué hay que hacer para llegar aquí. No es fácil. Incluso ahora con la crisis hay técnicos del ámbito de la NBA que ven en la NCAA un nuevo horizonte laboral”, dice Jorge, sorprendido al conocer el precedente aragonés que siguen sus pasos sin saberlo. El actual entrenador del CAI Zaragoza, José Luis Abós fue asistente de Dave Odom en los ‘Demon Deacons’ de Wake Forest durante la temporada 1999-2000.

La presencia de ‘inmigrantes’ en plantillas de la NCAA es habitual desde hace décadas, aunque la apertura de la NBA al mercado europeo gracias al éxito de pioneros como Petrovic, Sabonis, Divac, Parker, Nowitzki o Gasol hace que la universitaria ya no sea vista como la puerta exclusiva de entrada al baloncesto profesional estadounidense. Eso no evita que Jorge anime a los jugadores del ‘Viejo Continente’ a probar en América. “Antes el jugador europeo estaba infravalorado y ahora quizás se les exige demasiado pronto competir con los mejores. Todos quieren tener al nuevo Petrovic o al nuevo Nowitzki”. Pero la opinión de Jorge va más allá de la rentabilidad competitiva o del hecho de benficiarse de las modélicas instalaciones o condiciones de trabajo y se adentra en las ventajas académicas y formativas que conjuga la NCAA con la práctica deportiva, un plus que en Europa, aunque circulen paralelas, no está tan potenciado en el sistema de clubs. “Cuando Navarro tenía 18 años ya se sabía que él iba a llegar, pero hay una enorme clase media que debe pensar qué hacer si no alcanza ese nivel o si, desgraciadamente, se lesiona. En ese sentido la NCAA ofrece un colchón, porque además de desarrollarte deportivamente te da la oportunidad de formarte y obtener un titulo universitario. Pero hay que saber elegir el programa adecuado, tanto a nivel deportivo como académico, porque hay una amplia posibilidad de alternativas y hay que decidirse por el más conveniente. Cuando yo veía con mi hermano los partidos en Sportmania nos quedábamos alucinados porque nos parecía un mundo inalcanzable, pero ahora hay mucha más información, lo que lo hace más accesible”, aconseja este zaragozano de 28 años. El caso del propio Rafa Vidaurreta es paradigmático. Tras su retirada ha potenciado las habilidades en comunicación que aprendió en Wake Forest para reconducir su carrera profesional dentro de la infraestructura del Club Estudiantes.

FAU arena o The Burrow

No es tan fácil para un entrenador. Un abismo filosófico separa a las pizarras de cada lado del Atlántico, pese a que el respeto y admiración por el trabajo que se hace en ‘la otra orilla’ es comprobable por el intercambio de conocimientos. Jorge es un ejemplo de ello. Su mentalidad europea del baloncesto es gratamente recibida por Mike Jarvis. Su presencia en los entrenamientos no es para nada testimonial y su punto de vista es bien valorado. “Yo no tomo la iniciativa, en el sentido de que no me meto donde no me llaman, pero cuando me preguntan, opino sinceramente”, aclara. Jorge matiza que la estricta legislación de la NCAA en cuanto a entrenamientos (están reducidos por el número de partidos y largos desplazamientos y limitados al curso escolar, por lo que no se permiten en postemporada) restringe el desarrollo táctico de los jugadores. “El baloncesto europeo está muy bien visto, tanto a nivel de fundamentos defensivos como de técnica individual y, en general, de juego sin balón. El sistema competitivo de Estados Unidos hace que por activa o por pasiva se potencie el uno contra uno. En Europa entramos más en los detalles. Se puede decir que aquí los jugadores tienen quizás mayor talento o, sobre todo, capacidades atléticas, pero tácticamente les cuesta mucho más desarrollarse porque no lo abordan adecuadamente antes de llegar a la Universidad. Por poner un ejemplo, en Europa las rotaciones defensivas son algo natural, mientras que a muchos jugadores aquí hay que hacerles un croquis”, advierte este aragonés con conocimiento de causa porque antes de ir a Florida ya había cursado un año en una high school de Pennsylvania. Desde la experiencia Jorge aclara, para los interesados, que no disponer de la titulación española sobre baloncesto no es un impedimento en Estados Unidos, porque para “entrenar además de saber de baloncesto hay que pasar un test que acredita que conoces el reglamento de la NCAA, sobre todo, en cuanto a la regulación de reclutamiento de jugadores y el sistema amateur de la competición”.

A Jorge le encantaría pasar este verano ese examen. Eso querría decir que ha entrado con todas las credenciales en el staff técnico de Florida Atlantic. Lo que tiene claro es que no es un futuro imposible. “La mayoria de los entrenadores asistentes vienen de abajo, han llevado el agua, pasaron a analizar video, siguieron cogiendo experiencia y han ido aprovechando las oportunidades que salen. Con lo que de momento, voy por el buen camino”. Pese a que echa de menos a la familia y “la comida de mi madre”, sabe que su aventura americana acaba de comenzar. “¿Volver a España? Si acabo de llegar”. Porque él sigue persiguiendo esa pelota juguetona, libre, como debería ser la vida de cada uno de nosotros a pesar de todo. Su libertad le encadena voluntariamente al esfuerzo de convertirse en ‘Coach’ Sanz. Y en ello está. Y encima tiene la suerte de que si algún día se olvida de cuánto le ha costado llegar hasta allí, de lo que ha dejado atrás, sólo tiene que meter su mano en el bolsillo para hallar la medida de su sueño.

*A este reportaje se le añade un artículo de opinión publicado en la Revista de la FAB que podéis leer aquí




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