Los actores cuando realizan una obra de teatro se preparan detrás del escenario repasando el guión y, acabada la representación, cuentan la asistencia de público que ha habido y cómo lo han hecho ellos, entre otras cosas.
Pues bien hay un BA-LON-CES-TO (gran Pepu) que tiene muchas similitudes con el teatro y unas diferencias que lo distinguen abismalmente. No sé si ya lo saben pero se trata del que se juega sentado en una silla de ruedas, cuyas diferencias con el de a pie son mínimas. Simplemente les digo la más ‘impactante’: cada quinteto tiene que sumar 14,5 puntos distribuidos entre los cinco jugadores que dependen de su discapacidad y van desde 1 a los 4,5 (más y menos afectación, respectivamente).
Lo realmente importante es lo que engloba a un partido BSR. Empezaré por el apoyo de la afición, es decir, los familiares y amigos (no hay más gente a penas) que tienen que desplazarse con todos los gastos que eso conlleva. Siguiendo por el hotel y los ratos libres donde haces amistades y ‘novios/as’, visitas de la ciudad… vives el día a día.
Llega el partido: Subes al bus por una rampa que se puede estropear (pasa a menudo, por eso lo cuento) o una furgoneta, llegas, te cambias a una silla especial para jugar con la ayuda de los auxiliares y entrenadores (que cumplen una gran labor) y lo demás es básket puro y duro. Acabas con ampollas en las manos debido a empujar la silla.
Y si ganas, bien. Si no, otra vez será, pero con lo que siempre te quedas es con el esfuerzo realizado a diario para lograr el objetivo: Ser el mejor en todos los ámbitos de la vida. Quédense con esto último sobre todo. Vale la pena, se lo aseguro.
Alejandro Jordán (@bskbcr16) tiene 16 años. Es jugador de baloncesto en silla de ruedas desde los seis años cuando empezó en la escuela del Cai Deporte Adaptado. Actualmente juega en el sub20 y en la Selección Aragonesa sub18. Gran apasionado del basket y otros deportes y futuro estudiante de Periodismo.




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