La irrupción del Caja Laboral en el mercado invernal está revolucionando el gallinero de la ACB. El ‘zorro’ Josean Querejeta firmó un cheque de 800.000 euros y lo mandó con remite a Fuenlabrada para que le enviaran en paquetería exprés al ‘gallo’ Esteban Batista, el interior por el que suspiraba Dusko Ivanovic. Al Sur de Madrid ni se lo pensaron. Con lacito y todo. Sin patrocinador y con la sombra de la Ley Concursal detrás de la oreja, el dinerito calentito valía más que el MVP del equipo y quizá de la Liga. “De fuerza mayor” calificó José Quintana, presidente del Fuenla, la venta de su estrella. Unas semanas antes el Barcelona había hecho algo parecido con Joe Ingles y el CB Granada. El Cebé cedía gustoso a su mejor jugador para cubrir el agujero económico con 450.000 euros blaugrana y así paliar las deudas que mantiene con Hacienda, que embargó la cantidad ganada por el traspaso. La baja del alero australiano ha mermado considerablemente la racha deportiva del conjunto de Trifon Poch, en el pozo de la clasificación desde su salida, pero aliviado la cuenta negativa de su cartilla de ahorros. Ambas operaciones han abierto un debate sobre la necesidad de un cambio en la regulación de traspasos entre clubs de la ACB en la misma temporada, dado que, según los críticos, los equipos con mayor poder económico ‘alteran’ la competición con estas operaciones.
Tras pescar a Bautista, en Vitoria han puesto ahora los ojos en Carlos Cabezas (también se habla del francés Florent Pietrus), el base al que no quisieron fichar en verano por una diferencia no muy elevada y que terminó firmando por el CAI Zaragoza por una cantidad cercana a los 300.000 euros tras quedar libre del Khimki y que ningún Euroliga accediera a firmarle lo que pretendía. Con el filo del cierre de inscripciones del Top 16 (en una semana, el día 18), el Caja Laboral debería pagar ahora una compensación mayor al club aragonés, que ha abierto la puerta a una posible salida de su internacional si la oferta es buena.
El CAI no es el Fuenlabrada y el Granada. Cuenta con una economía saneada, un patrocinador sólido y una masa social copiosa (aunque esta temporada ha bajado, mantiene una cantidad de abonados de primer nivel en Europa) que le convierten en una entidad con potencial en la élite si logra edificar los cimientos de un equipo solvente.
La incorporación de Cabezas, añadida a la codiciada cesión de Pablo Aguilar aparentaba ser el inicio de este anclaje a la clase media de la categoría, incluso en el club valoraban su irrupción como un anzuelo para enganchar nuevos inversores y promotores. La ‘Marea Roja’ percibió ese esfuerzo y recordó las imágenes del pasado en las que el CAI luchaba como un grande más.
Pero si se produce ahora el traspaso del marbellí a Vitoria, ¿quizá esa imagen quede debilitada y el CAI pierda crédito? Pero… y si a cambio de Cabezas se logra ingresar un pico para apuntalar la plantilla en verano (se da por segura la marcha de un referente como Quinteros) o, por defecto, se añade un descarte de Vitoria (el Periódico de Aragón y Noticias de Alava hablaban hoy de la posible cesión de Pau Ribas). La otra incógnita, más peligrosa, afecta a pensar qué efectos sobre la marcha de la plantilla podría tener la salida de su base titular y si se podría repetir el efecto negativo que vivió Granada con Ingles. Desde mi punto de vista, el peso de Cabezas sobre el juego colectivo del CAI no ha alcanzado esa ascendencia, aunque José Luis Abós, al que la victoria en Alicante ha ayudado a aliviar las voces críticas, si perdería una referencia importante, su único director de juego puro, un buen defensor (no anda sobrado de ellos) y una mano con temple para los últimos minutos. La posible incorporación de Ribas reduciría estos inconvenientes.
La margarita está sobre la mesa de Reynaldo Benito y Willy Villar y ante ellos una dulce duda: ¿Mantener a Cabezas y afianzar una posición de prestigio en la ACB o sacar una buena tacada de un jugador cuya renovación será casi imposible? La respuesta nunca será madre de un problema.




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