Archivos para 17/02/10

17
feb
10

Atracón de Kobe


Kobe Bryant acapara titulares y portadas sin necesidad de tener que botar una pelotita. Lesionado, a los Lakers no les está viniendo tan mal este periodo de desintoxicación del veneno de balón de la Mamba Negra y hasta parece una liberación para aquellos ‘segundas espadas’ que ahora pueden salir al ruedo a recibir los aplausos que antes absorvía el jefe. Sin embargo, Kobe sigue brillando más que nadie y las informaciones en LA giran entorno a cuándo volverá a jugar. Hasta en el All Star, donde se tuvo que ausentar por ese mismo motivo, fue el centro de muchos de los focos que se instalaron en el grandioso Cowboy Stadium. Kobe, incluso, fue el protagonista de la anécdota más surrealista del fin de semana de ‘exhibicionismo basketbolero’. Resulta que una mujer sentada cerca de la posición que ocupaba el divo de los Lakers, cerca de la pista, le reclamó durante casi todo el partido su ausencia, insistiéndole que había pagado 8.000 dólares por estar en esa butaca de Dallas. La policía desalojó a la demandante en el tercer cuarto por su molesta insistencia y Kobe, al ser preguntado por el corbatudo Craig Sager sobre el incidente, contestó: “Ella no debe tener SportCenter”, en alusión a un programa de información deportiva de ESPN.

Más extensamente, Kobe Bryant ha sido el centro de una amena entrevista en la edición de marzo de la revista GQ en Estados Unidos, incluida una sesión fotográfica de lo más curiosa y de la que forma parte la instantánea que ilustra esta entrada. La entrevista está estructurada ingeniosamente por la referencia de las lesiones que ha pasado el jugador a lo largo de su carrera, empezando por la última de su dedo. El autor es J. R. Moehringer, conocido por haber sido biógrafo de Agassi. Además de estar muy bien escrita, desvela diferentes detalles sobre la dimensión de la estrella de los Lakers, designado como el mejor de la primera década del siglo por los visitantes de NBA.com. Entre las curiosidades de las cinco páginas virtuales de entrevista destacamos un detalle que parece sibarita, un despilfarro. Kobe y su familia utilizan un helicóptero para llegar al Staples Center los días de partido. La razón no es simple narcisismo, sino que Bryant lo justifica aludiendo a su maltrecho cuerpo y a que saldría entumecido del trayecto de dos horas que separa su casa en Orange County del pabellón de los Lakers.

Foto singular de Kobe Bryant con la que se ilustra el reportaje que protagoniza en la versión americana de GQ

No es la única perla que deja el cuestionario de GQ. Kobe habla de sus problemas de insomnio, de las ansias de su cuerpo de permanecer en actividad continua, lo que le obliga a echar cabezadas de no más de dos horas. Dice que no duerme más de cuatro cada día. En mitad de la noche tiene que despertarse y ¿a qué se dedica? Pues generalmente a ver cine de Quentin Tarantino, especialmente, las dos cintas de Kill Bill, una de sus películas favoritas por su afición a las artes marciales, como se puede observar en el último diseño de sus Nike. Y muestra su enorme afán de superación y hambre de victoria hasta en el hogar, donde desarrolla eternas batallas jugando con su mujer a simples juegos de mesa. Declara que su mejor amigo es su hijo mayor, que se llevará a la tumba las conversaciones habituales que tiene con Michael Jordan, al que niega copiar, y sinceramente desvela que no se ve en un futuro cenando tranquilamente con Shaquille O’Neal después de los chuzos de punta que han caído entre ellos. En la entrevista se quiere dibujar un perfil huidizo del escolta, reconocerle como ser humano que, fuera de la pista, intenta no sacar a la luz su privacidad, torpedeada tras la acusación de acoso sexual de Colorado en 2003, de la que salió indemne tras ser enterrado como culpable por la sociedad americana y que se compara ahora con la persecución que sufre Tiger Woods (los dos escándalos salieron a la luz tras sendas operaciones de rodilla). Bryant pretende eliminar ese episodio de su relato vital, pero tampoco airea historias personales que le llenarían de grandeza al rebosar bondad, como aquella vez que llevó a un niño que lo idolatraba a ver Disneyland pocos días antes de morir de cáncer o las cantidades de dólares que gasta en su fundación o dona a otras entidades benéficas. Y cómo se sintió entre iguales durante las Juegos de Pekín, donde estaban “los mejores de los mejores”. “Me sentí como Harry Potter entrando en Hogwarts”, dice.

10.000 Kobes

No es la única información llamativa que en estos últimos días he encontrado sobre la estrella de los Lakers. Hay otra que también me hizo esbozar una sonrisa. Resulta que su nombre, Kobe, el que sus padres le pusieron en alusión a la ciudad japonesa, es uno de los más utilizados por los progenitores de Estados Unidos para bautizar a sus hijos. En total son más de 10.000 en los últimos 13 años, desde que ese chico de un instituto de Philly saltó a la primera plana, una curiosidad que denota la popularidad del jugón y su ascendencia en el Star-Sistem yankee. En un reportaje de The Press Enterprise se muestran varias historias de padres que decidieron llamar a sus hijos e hijas con el extraño nombre de su ídolo.“Es un honor. Significa que estoy siengo seguido en un nivel mucho más profundo que el del baloncesto. O eso, o simplemente que el nombre es genial. De cualquier manera, me siento cómodo”, afirma el jugador dentro de un párrafo. Resalto un par de  historias. La primera narra la historia de un reverendo de Florida que puso a su hijo Cobe, con C. En un partido de los Lakers, se sentaron cerca del banquillo angelino y el niño iba con una pancarta en la que decía ‘Mis padres me pusieron Cobe por tí’. Bryant, al verlo, invitó a la familia al vestuario y se hizo fotos con ellos. Ahora el niño quiere cambiar la C por la K y añadir como segundo nombre Bryant. Y, sobre todo, otra con la que empieza el artículo y que habla sobre la apuesta que una pareja hizo mientras veían un partido de los Lakers en la televisión. El encuentro se consumía en los últimos segundos y el equipo angelino disponía de la posesión final para remontar y ganar. La mujer apostó con su marido que le pondrían el nombre de Kobe, como él quería, al hijo que esperaban en un par de semanas, si Bryant anotaba la canasta sobre la bocina. ¿Saben que nombre lleva el niño?

17
feb
10

La razón real por la que Marbury juega en China


No nos movemos de China. Y seguimos pisando fuerte. Aunque esta vez nos cambiamos las zapas y nos calzamos unas Starbury. Bajo esta marca se esconde una de las mejores cosas que ha hecho Stephon Marbury en su alocada vida: una línea de calzado de bajo coste (menos de 30 dólares) al alcance de aquellos que no pueden gastarse los cuartos en unas Nike o unas Adidas. Tras la estrella que sirve como símbolo a la empresa y que Stephon se tatuó en el craneo, reside el motivo por el que el newyorker se marchó hace unas semanas a jugar en la Liga China. La promoción de esta marca en un mercado con tanto potencial como el chino es la verdadera causa por la que el Loco de Brooklyn se enroló en los nefastos Shanxi Zhongyu Brave Dragons, según desvela un formidable artículo publicado en Sport Illustrated, y por la que no le importaría estar otro añito más en el purgatorio asiático si la cosa funciona. La pela es la pela.

“Quería algo nuevo. Quería jugar al baloncesto para los aficionados chinos. Que fuera parte de mi historia. También estoy muy contento de llevar mi marca a los niños para que puedan al baloncesto si no pueden pagar zapatos caros”, dice Marbury en este reportaje de SI. El objetivo deportivo del base es llevar a su equipo al playoff, una realidad complicada porque desde su llegada ha ascendido algún puesto, pero ha falta de diez partidos aún tienen una diferencia de cuatro con el que marca el límite de las eliminatorias. La adaptación del jugador a la Liga parece ir incrementándose a cada partido. Pese a que en su debut solo firmó 15 puntos, en los últimos tres ha elevado su promedio hasta los 33 puntos, 8 rebotes y 10 asistencias por partido y ha elevado el juego colectivo de su equipo.  “Vamos a ayudarle a promocionar su marca y generar oportunidades de negocios en China”, dijo Zhang Beihai, gerente general de Shanxi. “Nunca pensamos en que podría venir hasta que se dio la oportunidad. Nos dio una oportunidad después de conocer un estudio sobre el potencial del mercado en China”. El propietario de los Brave Dragons no es un cualquiera: un empresario que ha invertido 15 millones de dólares en el equipo en los últimos años y que tiene como constumbre ‘asesorar’ al técnico para elaborar los quintetos y sobre la necesidad de pedir un tiempo muerto durante los partidos.

La popularidad de Marbury en China es grandiosa y se cifra en datos cibernéticos. Desde su fichaje, su cuenta en twitter ha ascendido en 35.000 seguidores. Tras un partido de Pekín, el dísloco jugador tuvo que ver cómo una marabunta de aficionados se agolpaban para recibir su autógrado. En poco más de dos horas, se vendieron 500 pares de sus zapatillas. Sin embargo, parece que los cálculos de ventas no están alcanzando las cifras esperadas para empezar, porque el mercado ya está saturado por marcas estadounidenses como Nike y locales, como Li Nang (la que patrocina a Baron Davis) o Peak, que ha entrado en Estados Unidos gracias a Ron Artest, Jason Kidd o Shanne Battier. Esta última marca ofreció a Marbury entrar dentro de su catálogo de promotores, pero el jugador prefirió mantener su marca pese a que sus socios iniciales hace dos años que se presentaron en bancarrota. Ahora, Marbury busca nuevos socios en China para reflotar su negocio y, de paso, dar los últimos pasos en una carrera que arruinó su cabecita loca.

17
feb
10

Baron Davis pasa de pantalla


Vimos hace unas semanas cómo Baron Davis caminaba tranquilamente por las calles de Nueva York esquivando a los viandantes y circulando por los rincones de la capital del universo pegado a una pelota de baloncesto. El vídeo parece esconder a una marca que en España tiene la simpatía asegurada porque es el espónsor de la selección campeona del Mundo. Marca china. Por eso la última travesura de uno de los compañeros de travesuras fílmicas de Steve Nash se marcha a la otra parte de la bola planetaria para marcarse el último vídeo curioso de la temporada. El Clipper aparece en mitad de Shanghai con un balón intentando pasar de nivel como si de un juego ochentero se tratara, música de agudos sintetizados incluída. ‘Too Easy’ tiene que sortear varios niveles driblando a transeuntes, papeleras, coches, bancos, macetas, pasando por avenidas transitadas e incluso entrando en el abarrotado metro de la ciudad, todo, sin dejar de botar la pelotita. Solo al final se sabe el destino de su extraño viaje. Una forma muy curiosa de promoción. Sencilla, barata y divertida. Made in China.




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