Dallas, esa ciudad que espero quede derruida en mis pensamientos diarios después de esta semana de All Star… Decía que Dallas está de enhorabuena. No solo porque quieran meter en un partido de básket a 100.000 aficionados, los que caben en el estadio de los Cowboys donde se celebrará el día 14 el partido de las Estrellas, si no por un asunto mucho más gordo. Resulta que hay una leyenda o realidad, no se sabe, que circula por la NBA y que dice que Zach Randolph suele organizar fiestas por todo lo alto en eventos de este tipo. Y como Big-Z tiene muchos motivos para la celebración tras ser convocado para su primer All-Star, muchos en la capital de Tejas se están frotando las manos no sea que el exJail Blazer les apunte con el dedo y les invite a sus dos habitaciones de hotel. Porque dicen que Randolph suele reservar un par de suites cuando viaja con sus colegas. La primera la llaman El tanque de almacenamiento, que es donde se desarrolla el fiestorro con el grupo privado de amiguetes y las chicas que quieran acompañarlos. La segunda estancia tiene un nombre mucho más machista: El tanque de los tiburones y sería el lugar donde se consagra la lujuria.
Lo que si está confirmado es que Randolph ha comprado 500 entradas para el partido de las Estrellas que repartirá entre los aficionados del FeDex Forum de Memphis en el próximo encuentro de los Grizzlies en casa, el día 9 ante los Hawks. El jugador quiere agradecer de esta manera el apoyo que los ciudadanos han brindado al equipo y que le ha permitido debutar en el All Star después de nueve temporadas en la NBA. Lo que no sabemos es si con la entrada se dará una de las 3.000 camisetas que los Oseznos mandaron hacer con el numerito de Iverson y que terminaron por África.




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